| Lo
primero que me gustaría establecer,
Sergio, es que dentro de los escritores
chilenos de literatura fantástica
que conozco, tú eres quien demuestra
un mayor compromiso con la ciencia, con
escribir ciencia ficción propiamente
tal sin encubrimientos ni eufemismos que
la hagan pasar por otra cosa. Más
aún, tu cf es lo que se denomina
ciencia ficción ‘dura’.
¿Cuál es tu aproximación
a la ciencia como autor?
La ciencia sin lugar
a dudas tiene un rol preponderante en
mi obra. Ahora bien, como conversábamos
anteriormente lo que era la ciencia en
el mundo romano no lo es en el mundo bizantino
y tampoco lo es en la Edad Media ni el
Renacimiento. Hay que considerar también
que no existía el concepto científico
hasta que aparece Mary Shelley y lo populariza
en su novela de 1810. Por eso Newton publica
todo su trabajo de física como
filósofo natural y no como científico.
Como muy bien ha pronosticado Thomas S.
Kuhn, cada cierto tiempo se van produciendo
cambios en la percepción del estudio
del universo, de nuestro análisis
de la ciencia. Kuhn ha estudiado cómo
en la historia de la humanidad son siempre
ciertos revolucionarios, con ciertas características,
los que empiezan a cambiar el paradigma
con gran seguridad arriesgando su prestigio
e incluso su propia vida al crear estas
nuevas visiones de lo que es la ciencia
y el mundo en que se vive, visiones que
luego se trasladarán al resto de
la comunidad y a la población toda.
¿Según
tú percepción la ciencia
es la fuente de la cual se nutre la humanidad?
Hasta cierto punto sí, ya que
cuando hablo de ciencia me refiero al
afán por desentrañar los
misterios clásicos de la Humanidad:
de dónde venimos, hacia dónde
vamos, qué es lo que estamos haciendo
aquí…
Algo
que hacen las artes también.
Por supuesto, pensemos
que en la antigüedad un científico
y un artista podían convivir en
la misma persona. Tengamos en cuenta que
los grandes artistas del renacimiento
también fueron, además de
grandes sabios, grandes científicos.
Es en el siglo XIX cuando se produce la
escisión entre el mundo científico,
el mundo religioso y el artístico.
Sin embargo siguen existiendo a lo largo
del siglo XX grandes anomalías.
Pensemos en un Teilhard de Chardin, por
ejemplo, un arqueólogo jesuita
que desarrolla una concepción científica
que tiene mucho que ver con la de Frank
Tipler y que denomina ‘Cristogénesis’.
La búsqueda de la evolución
humana para salir de la biosfera, del
estado animal y convertirnos en seres
puramente espirituales o mentales y evolucionar
hasta estratos superiores de la noosfera,
conectándonos finalmente al llamado
Punto Omega, que es la divinidad creadora
que está fuera del espacio y del
tiempo.
Estaríamos
entonces asistiendo a un cambio completo
de la visión del universo, del
ser humano y el lugar que ocupa en este.
¿No es así?
Absolutamente. Si
en el siglo XX la gran revolución
fue la teoría de la relatividad
de Einstein, después aparece la
mecánica cuántica, que penetra
en un territorio invisible, mucho más
místico y esotérico. En
el mundo sub-atómico se entra en
las nubes de partículas y comienza
la gran discusión de si existen
realmente las partículas como materia
o lo que existe son simplemente estados
de ondas, y aparece la famosa teoría
de cuerdas como derivado de la mecánica
cuántica para explicar el universo.
En ese sentido toda la materia estaría
en un constante estado de vibración
de onda, lo que permitiría el nacimiento
de las moléculas y que estas moléculas
lleguen a conformar distintos estados
de materia serían simples cambios
en el estado de vibración de onda.
A
partir de esto arribamos entonces a esta
concepción nueva que es el paradigma
holográfico.
Así es. Más
allá de la teoría de cuerdas,
de la teoría de membranas, de esta
explicación de los universos paralelos
y cómo chocan e interactúan
entre sí y se crean constantemente
arribamos a esta visión, la visión
del paradigma holográfico donde
si realmente la mente humana funciona
como un gran holograma y esto es un espejo
de la realidad que nos circunda, es decir
que todo el universo funciona también
como un enorme holograma, y si todo está
en esta función de onda, perfectamente
cada uno de nosotros, cada una de las
partes del holograma puede tener conciencia
y puede participar del holograma principal.
En
ese sentido científicamente se
estaría corroborando la capacidad
mística de contactarse con la información
superior del espacio que puede estar a
millones de años luz de distancia,
algo así como los archivos Akhásicos
del misticismo hindú.
Absolutamente, y
esta toma de conciencia nos permite un
salto cuántico en la evolución
de la humanidad, porque podemos desarrollar
poderes insospechados, tomando conciencia
de ellos. Actualmente hay una ebullición
de superhéroes, primero en los
cómics y luego en la televisión,
en el cine, en la literatura. No hay quien
no se involucre ahora con el tema de los
metahumanos.
Frank
Herbert, por ejemplo, creía que
la existencia de superhéroes sería
desastrosa para la humanidad. Herbert
decía que los héroes son
dolorosos, pero los superhéroes
son una catástrofe. Sus errores
envolverían a demasiados de nosotros
en el desastre.
Esto parte de la
sospecha intrínseca de Herbert
por las estructuras de poder y quienes
lo detentan, por supuesto. Herbert nos
invita a no derogar todas nuestras facultades
críticas a aquellos en el poder,
no importa cuán admirables estas
personas parezcan ya que bajo la fachada
del héroe siempre encontraremos
a un ser humano que comete errores humanos.
 |
Volviendo
al tema de los ‘metahumanos’,
creo que esto tiene mucho que ver con
el Principio de Causalidad de Arriba hacia
Abajo en contraposición a la Causalidad
de Abajo hacia Arriba ligada a la concepción
mecanicista del mundo. Concepción
que como bien sabes, plantea que la física
determina la química, la química
la biología, la biología
la psicología y la psicología
la sociología. El Principio de
Causalidad Inversa resultaría entonces
en que la Mente podría actuar sobre
la biología y sobre la materia
en general, a través de la intención
o voluntad. Eso podría explicar
desde las habilidades paranormales hasta
los milagros y ciertamente, los superpoderes.
Así es. En
distintos niveles está apareciendo
la conciencia de que estamos cambiando,
de que evolucionamos. Ya no nos reímos
de estos conceptos sino que están
empezando a ser validados. Como dijo algún
crítico de la obra de William Gibson
en su momento, las cosas están
en el aire y Gibson es simplemente el
meteorólogo. Todo esto está
ayudando a confirmar que vivimos en un
gran holograma. Teoría que por
lo demás hasta Stephen Hawkins
ha aceptado incluir en su famoso libro
“El universo en una cáscara
de nuez”.
Es
como cuando Miguel Ángel decía
que la forma está contenida en
el trozo de mármol y él
simplemente saca lo que la está
aprisionando allí.
Por supuesto, es
más, esta nueva concepción
del universo nos lleva a conclusiones
tan revolucionarias como que ninguno de
nosotros puede estar equivocado. Podemos
confundirnos, pero las ideas arquetípicas
de la humanidad siempre van a repetirse
porque nacen de la matriz universal del
cosmos. De tal forma que cuando la kabbalah
hebrea está trabajando con los
enlaces de los árboles sefiróticos
no es de sorprenderse que los enlaces
de las estructuras moleculares en química
sean tan similares porque el arquetipo
es el mismo.
En
el modernismo, un escritor ‘decimonónico’
como tú habría sido un anacronismo.
El posmodernismo, en cambio, posibilita
que un autor de estas características
sea absolutamente actual.
Esa es la gracia
del steampunk. Por ejemplo, cuando vemos
La Liga Extraordinaria, adaptación
del cómic de Alan Moore, nos encontramos
con tecnologías avanzadas como
el superautomóvil y el hipersubmarino,
amén de la tecnología de
ADN, que conviven con personajes románticos
del pasado y de culturas distintas. Ahora
bien, en este punto de inflexión
en el que nos encontramos, en que el siglo
XXI es muy diferente a lo que nos imaginábamos
iba a ser, el steampunk es un estilo literario
que más que una moda pasajera tiene
que ver con la señal del rumbo
a seguir por el arte y la literatura.
Pensemos que esta desmesura estética,
llamada carnavalesca o polifónica,
se presenta en autores que no se consideran
de ciencia ficción, como Bolaño,
Italo Calvino, William Burroughs, Thomas
Pynchon y el propio Borges, autores que
combinan épocas, espacios, tecnologías,
consideraciones filosóficas...
En
ese sentido Frank Herbert en Duna también
demuestra una sensibilidad steampunk.
Por supuesto, Herbert
está creando un universo medieval
donde el lenguaje es de origen semítico,
árabe o hebreo. Las conceptualizaciones
religiosas que utiliza lo son también,
el pueblo Fremen representa al pueblo
judío que anda errante esperando
a su mesías. Como tú lo
has dicho, Duna tiene una sensibilidad
steampunk como también la tiene
William Burroughs en el Expreso Nova.
Son obras de temáticas francamente
steampunk que prepararon el camino. Nosotros
ahora podemos volver al pasado, retomar
toda nuestra historia y reconstruirla.
Tomar personajes y temáticas que
antes eran tremendamente aburridas y actualizarlas.
Pensemos por ejemplo en La segunda enciclopedia
de Tlön, en Newton y Leibnitz. Personajes
sumamente aburridos, autores de áridas
fórmulas que de pronto cobran vida
con una sensibilidad punk, personajes
que andan con exoesqueletos, contestatarios
y revolucionarios, que desarrollan grandes
luchas con tecnologías impensadas
a nivel cósmico, convirtiéndose
en verdaderos héroes de manga japonés.
Hablemos
de uno de los conceptos claves de tu novela,
la mónada holográfica.
El concepto de la
mónada holográfica es para
mí el que más orgullo me
produce dentro de la trama de La segunda
enciclopedia de Tlön, esta es la
gran obra finalmente a la que el genio
de Leibnitz y Newton acceden de la misma
forma como históricamente arribaron
al cálculo diferencial por distintas
vías. Ambos están en una
búsqueda. Newton representa el
mal en mi novela, o al dios de la razón,
Urizen, cegado por alcanzar un grado superior
de manera egoísta. Leibnitz, que
derivó al mundo científico
del humanismo y la filosofía, que
perteneció a los rosacruces y que
se llevaba siempre la peor parte en su
rivalidad con Newton, representa lo contrario
pero el concepto al que ambos arriban
es finalmente el mismo, el de mónada
holográfica. Aquí hago un
juego con la Mónada jeroglífica
de John Dee, este genio bibliotecario
de la reina Isabel, alquimista famoso
que se comunicaba con ángeles a
través de espejos mágicos
y que además acuña para
Inglaterra el término ‘imperio
británico’. Dee en la Mónada
jeroglífica resume y sintetiza
todo el conocimiento esotérico
de su época en una obra de muy
pocas páginas, llena de símbolos.
Lo mismo que buscaba un Giordano Bruno
para quien la magia se dividía
en distintos tipos de magia, existía
una magia simpática que era más
bien de tipo psicológico o de sugestión
que es la empleada hoy en día por
los psiquiatras a través de la
hipnosis, y estaba la magia artificial
real que permitía fabricar androides
y maquinarias. Todo esto formaba parte
de la doctrina que debían estudiar
los antiguos magos. Dee lo sintetiza todo
en un solo símbolo donde está
el hombre, donde está el universo,
la lucha entre el bien y el mal, el eterno
femenino, el tiempo y el espacio, etc.,
todo contenido en un símbolo que
es la comunión de diversos símbolos
alquímicos anteriores y a este
símbolo él lo llama “mónada
jeroglífica”.
En La segunda enciclopedia
de Tlön creamos la nueva “mónada”,
basándonos en el revolucionario
paradigma holográfico desarrollado
por el físico David Bohm, discípulo
de Einstein, que trabaja con la teoría
de que el universo completo estaría
existiendo en estados de vibración
de onda y por Karl Pribram Jr., un neurocirujano,
que tratando de descubrir cómo
se almacena la memoria en el cerebro llega
a la conclusión que esta se mantiene
de forma holográfica, que está
en todas partes del cerebro. Luego Pribram
deduce que si el cerebro es un holograma
es porque el mundo que interpreta también
lo es. El Paradigma holográfico
surge del encuentro de Pribram y Bohm
y dictamina que el universo entero es
una gran matriz holográfica de
la cual formamos parte. Es como decía
el Leibnitz histórico en su elegante
“Monadología”. En ella,
Leibnitz sostiene que existirían
distintos tipos de mónadas, unidades,
que se diferencian entre las que no tienen
conciencia y las que la tienen desde grado
básico a superior. Esto sería
lo que diferencia a las diversas entidades
que existen en el universo.
Pues bien, Leibnitz
dice otra cosa revolucionaria: cada una
de estas mónadas refleja y es a
su modo la totalidad del universo. Lo
mismo que afirma el paradigma holográfico.
El problema en Leibtniz es que dice que
las mónadas no tienen ventanas,
no tienen comunicación intersubstancial
entre ellas. Cada mónada refleja
al universo entero pero está aislada.
En el caso del paradigma holográfico
no es así, las mónadas sí
tienen ventanas y son capaces de conectarse
a la totalidad del sistema. Cada uno de
nosotros es un fragmento del holograma
principal y refleja el universo entero
y es el universo entero en sí.
¿Será que esto nos está
explicando por qué existe la conciencia?
¿Será que esto es lo que
nos dará finalmente la llave para
entender por qué buscamos una trascendencia,
por qué buscamos o creemos en Dios?
William
Burroughs en el “prefacio atrofiado”
de El almuerzo desnudo dice que su novela
“…es un Manual de Bricolage
que extiende los planos de la experiencia
al abrir la puerta al final de una gran
sala… Puertas que se abren en silencio…”
También observa que se puede acceder
a El almuerzo desnudo “en cualquier
punto de intersección”. Tú
me dijiste algo similar con respecto a
La segunda enciclopedia de Tlön,
como cualquier lector puede entrar en
cualquier página y encontrar algo
ahí, que por lo demás tiene
mucho que ver con el paradigma holográfico.
Por supuesto, absolutamente
toda mi novela está hilada entre
sí, no hay una sola frase del libro
que no esté conectada con la totalidad
misma. Cada parte del libro es a su modo
una mónada. Tú puedes entrar
en cualquier parte de La segunda enciclopedia
de Tlön, y encontrar una frase o
un episodio que sea inquietante y que
te entusiasme para querer abrir esa puerta
al final de la sala que menciona Burroughs.
Por
lo que me has comentado el escribir La
segunda enciclopedia de Tlön fue
como un proceso alquímico al cabo
del cual surgió un nuevo Sergio
Meier. Un Sergio Meier que cree firmemente
en las teorías y especulaciones
de su novela.

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Sí,
hay algunas certezas que finalmente
uno empieza a descubrir, como la
certeza de que todas las mentes
comparten visiones y arquetipos
similares. Que por la propia estructura
de nuestro cerebro estamos condicionados,
condenados diría alguien,
a percibir el universo de determinada
forma, a formularnos determinadas
preguntas, a intentar resumir el
universo y encontrarle un sentido.
Y estas visiones arquetípicas
básicas de toda la humanidad,
que están en la esencia de
toda la mitología y religión,
está expresada en La
segunda enciclopedia de Tlön.
Finalmente he llegado a la conclusión
de que quizás sea imposible
equivocarnos. Puede que nuestro
lenguaje esté limitado, pero
las visiones originales no pueden
equivocarse. En ese sentido La
segunda enciclopedia de Tlön,
aunque engañosamente por
el título estaría
más relacionada con Jorge
Luis Borges, en realidad su verdadero
motor e inspiración central
es la obra de William Blake.
Muchos han
analizado a Blake como un gran poeta,
considerándolo incluso un
pre-romántico antes de Wordsworth
y de Coleridge. La obra de Blake,
sin embargo, es una obra que construye
su propia mitología y que
va más allá del cristianismo.
Es una mitología propia,
que en el fondo representa la problemática
de la evolución humana. En
Blake la Caída bíblica
es la separación del tiempo
y del espacio. Es la aparición
de las religiones autoritarias,
de las grandes conceptualizaciones
cerradas, academicistas, del dios
Urizen; este dios de la razón
que nos impide guiarnos, como el
genio o el artista puro, por el
propio instinto y la imaginación.
De allí que para Blake el
único camino para retornar
a la unidad original sea a través
de Los. Los es la Imaginación,
que fue dividido y que originalmente
era Urthona, parte del estado original
en el que estábamos conectados
a la sabiduría totalizante
de la divinidad pura. |
Las divinidades
de Blake evolucionan constantemente y
esto confunde mucho a los estudiosos,
porque un dios mayor o menor, que en una
determinada obra representa algo, el bien
o el impulso creativo, la bondad o la
ternura, de pronto en otro poema se ha
transmutado y representa un furor destructor
y eso es sumamente confuso. Lo que no
se entiende es que William Blake es en
cierto sentido un poeta cuántico,
un hombre adelantado a su época.
El universo está mutando constantemente
en su obra, que viaja a la esencia del
universo a través de viejos símbolos
de alquimia, a través de embeberse
de la obra de esotéricos como Boheme
o Swedenborg, lo que se ve plenamente
reflejado en “El matrimonio del
cielo y del infierno”. Blake destruye
todas las categorías. Pasa por
encima de la conceptualización
tradicional de Dios, del dios hebreo y
del dios cristiano. En “El matrimonio
del cielo y el infierno” hay una
realidad ocultista, donde el camino del
exceso conduce al palacio de la sabiduría,
donde los pecados tradicionales ya no
son tales y donde la principal caída
del hombre está en haberse reducido,
no sólo físicamente, como
el Adam Kadmon del Génesis, sino
por haber perdido la capacidad de Ver.
Sus sentidos han sido empequeñecidos
al nivel de los de los reptiles, de los
insectos. Pero algún día,
dice Blake, las puertas de la percepción
se abrirán y todo aparecerá
ante el hombre tal cual es. De alguna
forma es la gran profecía de la
mecánica cuántica, de la
teoría de cuerdas, de los universos
paralelos y del paradigma holográfico.
Junto a Blake, como
influencia, debo citar a Roger Penrose,
autor de un libro fundamental para la
creación de La segunda
enciclopedia de Tlön, titulado
“La nueva mente del emperador”,
donde postula que la mente humana funcionaría
a nivel cuántico y que es imposible,
mientras no se haya construido un ordenador
completamente cuántico, emularla.
La mente humana realmente funcionaría
a nivel de distintas dimensiones. Penrose
se embarca en una tremenda diatriba en
contra de la IA fuerte como ha sido promovida
hasta hace poco, utilizando todos sus
conocimientos físicos y matemáticos
para probar este punto e incluso se asesora
por filósofos y neurólogos
para estudiar el tema de la conciencia
y el funcionamiento del cerebro humano.
Volviendo
a Borges, él pareciera adelantarse
al paradigma holográfico en su
cuento El aleph.
Absolutamente cierto,
no solamente Borges sino una gran cantidad
de autores ya se habían adelantado.
Pensemos en un genio como Lovecraft que
muchos ven solamente como un autor de
terror cuando realmente es un absoluto
genio. Un hombre tremendamente lógico
y racional que no pudo ser científico
como deseaba pero sí desarrollar
su genio a través del arte, de
la literatura. Quizás no pudo ser
científico, pero toda su genialidad,
su tempranísima comprensión
de la teoría de la relatividad
de Einstein, de los universos paralelos,
etc., la introduce en la enorme mitología
de la cual él era heredero que
es la tradición fantástica
del terror preternatural.
Sé
que estás trabajando actualmente
en una novela que posee como eje central
al Gólem, criatura mítica
que sirvió de base para la novela
del escritor austriaco Gustav Meyrink
y su versión cinematográfica
de 1920 que impresionaron grandemente
al joven Borges, mucho antes aún
de conocer los estudios de Gershom Scholem.
¿Qué puedes revelarle al
público de este nuevo trabajo?
“Memorias
de un gólem” es un intento
por explorar las leyendas del mundo hebreo
y la verdadera kabbalah. Mi afán
es escribir una novela que sea eminentemente
de ciencia ficción, pero a partir
de los textos originales de la cultura
hebrea, que tiene una riqueza de tradiciones
que van más allá del propio
gólem y que incluyen diversas categorías
de homúnculos, dibbuks, ángeles
y demonios, etc. “Memorias de un
gólem” es una novela que
intenta dar un paso más allá
dentro de los universos paralelos y el
paradigma holográfico. Estilísticamente
es una obra mucho más intimista
después de los excesos de La segunda
enciclopedia de Tlön, contada desde
el punto de vista de un gólem que
es de carne y puede hablar. Este gólem
descubre que su maestro trabaja con un
relojero alquimista, con el cual se dedica
a construir máquinas de kabbalah,
convertidas en ordenadores cuánticos
que se abren a otras dimensiones y mundos
paralelos. Tú sabes que cada letra
del hebreo posee un valor numérico
y todas las palabras con el mismo valor
numérico tienen por lo tanto significados
equivalentes, Ach D por ejemplo, es decir
‘unidad’, es igual a A (1)
+ Ch (8) + D (4), o sea, 13, al igual
que AHBH (amor) pues A (1) + H (5) +B
(2) + H (5) suman 13; por lo tanto unidad
es amor y amor es unidad, lo que nos lleva
al sagrado Nombre de Dios (YHVH) que suma
26, o 13 X 2, Dios es amor + unidad. 7
de las 22 letras hebreas corresponden
a los planetas, esta proporción
de 22/7 es muy importante ya que es...
El
valor de pi.
En efecto, el valor
de pi o la relación del radio de
un círculo con su circunferencia.
Alguien recordará que esto ya ha
sido esbozado en el film Pi, Fe en el
Caos, de Aronofsky. De cualquier modo,
todo lo que te he contado es sólo
el principio de “Memorias de un
gólem”, que después
se abre al concepto de los universos cantgotu
(de Cantor, Gödel y Turing). El tema
de “Memorias de un gólem”
es cómo evolucionaría un
ser aparentemente humano que no lo es.
A qué tipo de evolución
paralela y conocimientos puede ser capaz
de acceder.
Mantienes
inédita una novela titulada Una
huída hacia la muerte, ¿que
podrías contarnos de este trabajo?
¿Por qué decidiste publicar
La segunda enciclopedia de Tlön y
no esta otra novela?
“Una huída
hacia la muerte” es una novela que
terminé de escribir a los veinticinco
años y que de alguna forma es mi
“Finnegans Wake”. Fue la novela
que me permitió dar el salto después
de haber acumulado cierta cantidad de
lecturas y de confirmarme a mí
mismo si podía ser escritor o no.
Es quizás mi novela más
íntima, personal y autobiográfica,
dónde también se trata el
tema de un universo paralelo relacionado
con este. Por una promesa personal que
hice al ser a quien va dedicada esta novela,
antes que falleciera, es que publicaré
primero La segunda enciclopedia de Tlön
y sólo después “Una
huída hacia la muerte”. |