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Curioseando en tus inicios, ¿cómo conociste nuestros géneros? ¿Qué autor u obra te atrapó?



A base de leer todo lo que me encontraba por casa. Supongo que el punto de no retorno llegó en torno a los ocho años, con mi primera lectura de El señor de los anillos (seguirían varias recaídas anuales) y El hobbit. A Tolkien pronto se le unió Ende con las ediciones del Círculo de Lectores de La historia interminable y Momo. Otros de mis libros preferidos desde entonces son Las aventuras de Alan Quatermain de Haggard (no leí Las minas del rey Salomón hasta casi dos décadas después) y Narraciones extraordinarias de Poe. Mi primer contacto con la cifi creo que fue con una recopilación de relatos de Asimov, aunque el golpe de gracia lo propinó la Saga de los Aznar, cuya segunda edición casi completa “heredé” de mi s padres. Por supuesto, por aquella época, también cayó mucho Verne y no poco Salgari (que es, en esencia, fantasía épica). Quitando de Poe (y Bécquer), no volví al terror hasta muchos años después, cuando leí, casi por falta de opciones, Cementerio de animales de Stephen King.

Actualmente, ¿qué autores te influyen?

¡Todos! En serio, cada vez leo de forma más analítica, a dos o tres niveles. Por un lado está la historia y por otro la estructura y el estilo (contemplado desde un punto de vista funcional). Podría ser una cruz, pero a decir verdad, disfruto casi tanto con la historia en sí como analizando la forma en que me la están contando. Quizás por ello me regodeo de forma casi indecente con Umberto Eco o con James Ellroy. El tercer nivel es el formal, y me temo que desde que me dedico esporádicamente a corrector ortosintáctico ya no puedo leer un texto sin verlo de este modo (por primera vez en mi vida me fijo en la calidad de la traducción; antes, si me daba cuenta de algo, se quedaba en segundo plano).

Ateniéndome al fantástico, quizás mi referente más directo en ciencia ficción sea Greg Egan, aunque los huesos que echo al potaje son de lo más variado (David Brin, John Varley, destilado de Clarke y Asimov... son demasiados libros y autores para que ninguno alcance ya demasiado peso). Y estoy deseando añadir algunos a la lista: Vernor Vinge, Charles Stross, Peter Watts, Carl Schroeder.

Por no extender mucho más, en fantasía pese a mi veneración hacia Tolkien (o quizás precisamente por causa suya) me distancio bastante del “High Fantasy” y tiendo más hacia la fuente original, con la espada y brujería clásica de Howard (no la versión contaminada de Sprague de Camp y Lin Carter). En autores más modernos, me decantaría por Tim Powers (aunque su estilo es inimitable sin caer en el plagio) o David Gemmell.

Para leer, ¿Cifi, fantasía, o terror?

Quizás la mejor forma de contestar a esta pregunta sea apuntando que en mi biblioteca se reparten en una proporción 64:24:12.

¿Y para escribir?

Pues aunque pueda resultar chocante para quien sólo me conozca a través de lo que he ido publicando estos últimos años, lo cierto es que en mi producción (sobre todo la reciente) predomina la fantasía. Eso sí, en relatos gana por goleada la ciencia ficción y mis proyectos más ambiciosos se dirigen en esa dirección. No quiero, sin embargo, dejar de lado al terror, que aun siendo minoritario está ahí, aguardando su oportunidad para saltar a la palestra.

Dentro del género de la ciencia ficción, ¿es cierto que te encuentras más cómodo con el hard? ¿Crees que ser biólogo influye? ¿Si fueras pizzero seguirías escribiendo cifi hard?

No es sólo que me encuentre más cómodo con el “hard”, sino que no concibo la ciencia ficción de otra forma. Puedo disfrutar de un “space opera” o de cualquier otro subgénero si el libro es bueno, pero mi imaginación sólo se mueve por los caminos que marca la ciencia (en el fondo, no es una gran restricción). Igual que hay enamorados de la historia que escriben novela histórica, en mi caso creo que escribo ciencia ficción porque estoy enamorado de la ciencia y me gusta empujarla un poquito para ver hasta dónde puede llegar. Incluso cuando me dedico a otros géneros el método hipotético-deductivo está presente, formando parte del esqueleto de la narración.

Respecto a la segunda pregunta, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Ser biólogo influye sin duda para que me incline por disciplinas un tanto inusuales como la genética o la bioquímica (aunque no le hago ascos a la física o la astronomía, dentro de mis limitaciones), pero la visión científica de la realidad era, o al menos eso creo, una condición preexistente. Si fuera pizzero (¿quizás como Hiro Protagonist en “Snow Crash”?) esa curiosidad seguiría estando ahí. A lo mejor no especularía con el problema del origen de la vida, pero la ciencia (y por consiguiente el “hard”) me ha atraído desde mucho antes que se me ocurriera siquiera pensar hacia dónde se encaminaría mi vida.

Háblanos de tus primeros trabajos. ¿Cómo y cuándo decidiste que querías contar historias?

Pues bastante tarde. Mi primer cuento completo lo escribí a los diecisiete o dieciocho años (va a salir publicado en breve... tras sufrir un buen lavado de cara). Hasta entonces me había faltado la disciplina necesaria para sentarme y organizar mis ideas. Supongo que estaba demasiado ocupado leyendo para pensar que también podía situarme del “otro lado”. Claro que una vez experimentada la satisfacción de comprobar cómo todo encaja en su lugar y surge algo nuevo de tus manos ya es tarde para dar marcha atrás.

Aunque el proceso de aprendizaje ha sido continuo, los últimos cuatro años han sido los del empujón definitivo. Ahora casi no concibo el no escribir (aunque la frustración a veces me pueda y me queda bastante abatido una temporada).

¿Cómo ves tu evolución? Descríbenos en qué has cambiado básicamente como autor. Cosas que hayas aprendido o cambiado radicalmente…

En todo y en muy poco. Me costó algo más de una década recuperar al autor de mi primer cuento, que se había perdido entre barroquismos innecesarios, pedantería y mal gusto en general. De hecho, buena parte de mi aprendizaje ha consistido en una labor de poda para extirpar vicios. Aparte de este proceso (por el que supongo que todo el mundo debe pasar), los últimos años han sido de ir puliendo poco a poco pequeños detalles técnicos (en plan casi autodidacta) y, argumentalmente, de ir proporcionando mayor peso o profundidad a mis historias y personajes. También he ido desarrollando un estilo propio, partiendo de la socorrida imitación de mis primeros relatos. En “El rayo verde en el ocaso” se podría apreciar claramente la evolución en estos aspectos con sólo que se ordenaran cronológicamente los textos (algo que dejo a la suposición del lector). Por cierto, el más reciente de éstos es de mediados del 2006, o sea que hay dos años de evolución extra desde entonces.

De todo lo escrito hasta el momento, ¿de qué obra te sientes más orgulloso?

Pues la verdad es que aquéllas obras de las que estoy más orgulloso están todas inéditas (y sólo una con edición casi firmada), así que me da cierto reparo hablar de ellas. Me limitaré a comentar que son una novela corta, una novela juvenil y una novela (sin otro calificativo), y que sólo una de ellas es cifi “hard”.

¿Y de la que menos?

Bueeeeno… Todos tenemos pecadillos de juventud. El problema con Internet es que no se esfuman piadosamente en el olvido, sino que siguen accesibles como recordatorio de lo que llegaste a considerar como “la leche de bueno”. No daré títulos, que tampoco hay que darles publicidad. Además, hasta es posible que alguno de estos pecadillos acabe redimiéndose como semilla de algo nuevo.

¿Premios?

Poca cosa (algo más si se incluyen los ¡uuuuyyy!, pero sin que sea para echar cohetes). El Gandalf de 2005 y un par de finalistas al Pablo Rido y el UPC en el 2006.

En realidad, mi relación con los premios es ambigua. Considero al mismo tiempo que no significan casi nada y que son imprescindibles. Lo primero surge de haber sido jurado de unos cuantos y de conocer la mecánica interna y el enorme grado de subjetividad que conllevan (por no hablar de lo errático de los filtros previos en muchos casos y del tufillo sospechoso de algunos certámenes). Sin embargo, al mismo tiempo, les reconozco su enorme potencial dinamizador y el gustazo que debe dar coleccionarlos. Por ahora me han supuesto más decepciones que alegrías.

Sobre la edición en papel en España, ¿qué opinas?

Que la cosa está fatal, sobre todo para determinados géneros o estilos. Restringiéndonos al fantástico, editoriales que apuesten por autores “novatos” se pueden contar con los dedos de una mano. Suele preferirse gastar una pasta en comprar los derechos de un autor foráneo (al que además hay que traducir), antes que apostar por el producto nacional. La verdad es que no sé si la “culpa” es de los editores que no cambian el chip o de los lectores que no se fían y no lo apoyan, pero en general, el autor español siempre conseguirá tiradas menores (lo cual implica menor distribución) y colecciones menos consolidadas, y así no hay forma de romper la percepción. Muchas editoriales ni se plantean introducir autores españoles en sus colecciones, otras se atreven con algún que otro consagrado muy de tanto en tanto y sólo unas pocas (muy meritorias, entre ellas AJEC) se lanzan al ruedo. Quizás la solución pase por el mestizaje con otros géneros y la “colonización” de editoriales no especializadas (por ese camino han encontrado un éxito notable escritores como José Carlos Somoza, Albert Sánchez Piñol o más recientemente Javier Negrete, claro que esa opción no es válida para las propuestas más extremas, como la ciencia ficción “hard”.

No quisiera cerrar este punto sin referirme al relato fantástico. En pocas palabras: está agonizando. En papel, hoy en día y salvo omisión por mi parte, tenemos el fanzine Miasma, Historias Asombrosas y un par de iniciativas editoriales: el Melocotón Mecánico de AJEC, la única editorial, por cierto, que se atreve con las antologías de autor y los volúmenes de Libro Andrómeda (a añadir, quizás algún tomo de Espiral, aunque suele preferir novela). No hay bastantes opciones para que puedas plantearte la escritura de cuentos con una expectativa razonable de poder llegar al público con ellos (ya abundaré sobre ello en la siguiente pregunta) y si son largos, apaga y vámonos. Ah, se me olvidaba el Visiones, pero está dirigido a autores noveles, luego se supone que hay que pasar al siguiente nivel, sólo que en estos momentos surge la pregunta: ¿A qué otro nivel?

Y en Internet, ¿cómo lo ves actualmente y cómo ves el futuro?

En estos momentos bastante mal también. Suele pensarse que Internet multiplica las opciones de publicar pero eso no sólo es falso, sino que, aun siendo verdadero, no supondría absolutamente nada. En vez de potenciar la difusión, parece como si favoreciera la formación de grupúsculos de donde no entra ni sale nada. En los dos últimos años han echado el cierre más ezines de los que han surgido (quizás, con las más recientes incorporaciones lleguemos a un equilibrio). Predominan los foros donde no hay filtro editorial, tal vez porque hay más escritores que lectores. No quiero decir que no surjan también ahí grandes autores y cuentos, pero ¿cómo los encuentras sin que el proceso absorba todo tu tiempo de lectura? Internet no puede constituir por sí sola, al menos a día de hoy, la cantera de nuevos autores. En estos momentos es un callejón sin salida, sin conexión con la “otra” edición (la profesional en papel).

A lo mejor todo esto cambia en el futuro (algo tiene que cambiar, sin duda, no sé si será un cambio en los formatos o en la percepción de lo electrónico), pero no veo cómo ni cuándo. Primero tendremos que arrastrarnos por esta fase de transición que se va a hacer muy cuesta arriba… y resignarnos a la ausencia de cuentos de más de 7.000 palabras.

Sobre autores patrios o de habla hispana, ¿quiénes merecen que te quites el sombrero?

Cualquiera que haya logrado superar todas las dificultades hasta alcanzar suficiente libertad creativa para tomarse el tiempo necesario con sus proyectos, con independencia de que me gusten o no. En literatura fantástica ya he mencionado a Somoza, Sánchez Piñol y Negrete, pero también podría incluir a Laura Gallego o a Juan Miguel Aguilera (por desgracia sobre todo en el mercado francés) o a escritores anteriores como Joan Manuel Gisbert. Eso sí, mi admiración incondicional se dirige hacia Pascual Enguídanos Usach o George H. White (si hubiera sido americano no quiero ni pensar hasta dónde hubiera podido llegar).

A nivel de estilo y contenido no me atrevo a dar nombres porque aún me falta mucho por leer (me voy poniendo al día poco a poco), así que cualquier lista sería parcial e injusta.

Por cierto, no puedo dejar de pedirte que nos hables de tu actividad dentro del proyecto “Rescepto”, y ya puestos, cuéntanos cómo van las cosas...

Fue bonito mientras duró.

Cuando llegamos a la conclusión de que estábamos perdiendo el tiempo miserablemente porque a casi nadie le importaba lo más mínimo lo que hacíamos (ni una sola crítica para los cuatro números y en la Hispacón de Sevilla incluso llegaron a nuestros oídos frases del estilo de “Rescepto no es una revista”) nos dio el bajón y lo abandonamos. Costaba demasiado trabajo para tan nula repercusión y además los tres coeditores atravesábamos una época difícil por diversos motivos. Me remito a la percepción de la publicación electrónica que comentaba unas preguntas antes. Sólo en maquetación nos tirábamos al menos doce horas por número y a eso había que añadir toda la labor de lectura, valoración, corrección, búsqueda de ilustradores, escritura de artículos... Llegó un momento en que dejó de compensarnos. Y es una pena, porque creemos sinceramente que publicamos algunos de los mejores cuentos del 2006 (los seleccionadores del Fabricantes 2007, aunque aún no se ha anunciado, estuvieron de acuerdo con nosotros). Si lo lamentamos por algo es sobre todo porque pensamos que “nuestros” autores se merecían haber alcanzado un público más amplio.

Ahora parece que mis compañeros empiezan a sentir el mono de hacer algo y quieren retomar el proyecto, pero yo aún no estoy por la labor. Por el momento, me conformo con llevar el blog (http://rescepto.wordpress.com). Existe también la inquietud de pasarnos al papel, aunque sea a nivel local, y hay un proyecto en marcha al respecto (al margen por completo del fándom). Veremos si cuaja.

¿Has participado en alguna otra locura más, tanto en el pasado como en el futuro, para contribuir a la divulgación de nuestros géneros? ¿Eres o no un chico Sedice.com?

Supongo que puede considerarse locura el asociacionismo. Durante dos años fui presidente de la Comisión de Literatura de la Sociedad Tolkien Española y otros dos vocal de la junta directiva de la AEFCFyT. Ahora, además, se une NOCTE, la naciente Asociación Española de Escritores de Terror. De vez en cuando me da por preparar una conferencia y además está la faceta de articulista, que actualmente desempeño sobre todo en el portal Scifiworld con una columna semi-semanal. También me he ocupado de labores de corrector, para amigos y en un puñado de libros editados, y no me desagradaría probar como traductor (del inglés). Tengo a medio traducir una novela de George Griffith de 1895 como carta de presentación, aunque para completarla tengo que sacar tiempo de otros proyectos y, siendo por ahora un trabajo a fondo perdido, su nivel de prioridad fluctúa bastante. Por último, sí, estoy metido en Sedice, aunque estos últimos meses con una participación testimonial (apenas un par de artículos reciclados en portada). Por añadidura, la selección del Visiones se ha comido todas mis energías por lo que respecta a lectura y valoración de cuentos, así que he estado bastante contenido.

¿Soma, Logosoma? Háblanos de otras inquietudes inteligentes tuyas…

¿Inteligentes? Uf, no lo llamaría así. Además, Logosoma está muerto y enterrado. Fue mi primer blog, pero no sobrevivió a cierta crisis personal. Quizás en ese sentido pueda apuntar a cierta labor de divulgación científica, aunque desde la cancelación de Rescepto no he tenido muchas oportunidades de dedicarle tiempo y esfuerzos. Un día de estos saldrá publicado un artículo de esas características en Alfa Eridiani. La verdad es que es una faceta que me gustaría cultivar más a menudo; mis dos caballos de batalla son la ciencia y la ortografía, y cualquier contienda a favor de uno de ellos puede contar conmigo en las trincheras.

Actualmente perteneces al colectivo seleccionador del Visiones 2008, ¿no es así? ¿Cuéntanos, cómo está resultando la experiencia?

En realidad no muy diferente de otras similares (como seleccionador para Rescepto o jurado de diversos certámenes). De hecho, ya había participado bastante en la parte editorial del proceso en alguno de los volúmenes que editó la AEFCFyT durante mi época de vocal. Además, nunca he estado demasiado alejado de la producción de base (bien sea en Sedice o en otros muchos foros), así que no ha habido grandes sorpresas. Lo importante de nuestra experiencia es quizás que por primera vez se ha encargado del trabajo un comité (los miembros de la Tertulia Valenciana), lo cual nos ha permitido gestionar el trabajo (han sido 242 los relatos presentados) con cierta facilidad (y flexibilidad; por motivos laborales, por ejemplo, yo no he podido participar en la última fase de selección, pero ello no ha sido óbice para que saliera adelante con plenas garantías). Quizás se haya perdido algo en personalidad de la antología, pero creo que la variedad lo compensa con creces. Ahora “sólo” nos resta repasar y maquetar y esperamos que en breve esté a disposición del público para que pueda apreciar el trabajo de todos estos autores que están buscando hacerse un huequecito en el mercado editorial.



Vayamos a tu última antología, “El rayo verde en el ocaso”, ¿cómo surgió la oportunidad de publicar con Grupo A.J.E.C.?

Fui a la Hispacon de Dos Hermanas, en el 2006, con la intención de buscar editor para ella. Tras un pequeño análisis de mercado me había decantado por probar primero con AJEC (por ser una antología de relatos de ciencia ficción hard), así que busqué a Raúl, el responsable de la editorial, a quien no conocía por aquel entonces, y se lo comenté. Al volver a casa recopilé los relatos y se los envié. Era la primera vez que intentaba publicar un libro propio.

Algunos meses después me contestó aceptando la edición pero descartando (con muy buen ojo) unos pocos cuentos. Yo contraataqué incluyendo en el pack la novela corta “Cuarenta siglos os contemplan”, que en el ínterin había conseguido una mención (sin que ello conllevara publicación) en el premio UPC, y un par de relatos nuevos. A partir de ahí, fue cosa de ir cubriendo etapas, hasta desembocar en la tan ansiada publicación.

¿Por qué el título de la antología? Cuéntanos de tu admiración por el fenómeno del rayo verde.

La antología se titula como el primer cuento, que es además el segundo en longitud (la otra opción hubiera sido titularla como la novela corta: “Cuarenta siglos os contemplan”). Es, también, mi relato preferido.

En realidad, el fenómeno que da pie al título poco tiene que ver con el rayo verde común, que es un espejismo provocado por la difracción de los rayos luminosos a la puesta del Sol en un cielo perfectamente diáfano. Las condiciones atmosféricas en mi cuento son justo las contrarias, así que todo parecido es mera coincidencia. En realidad, tanto en el relato como refiriéndose a la antología en su conjunto, el rayo verde en el ocaso tiene un sentido metafórico: es un rayo de esperanza justo cuando empiezan extenderse las sombras de la noche.

Por supuesto, también es un pequeño homenaje a Julio Verne, el gran precursor de la ciencia ficción “hard”, aunque de entre su producción no sea precisamente “El rayo verde” una de mis novelas preferidas.

¿Qué ha sido más divertido de toda la etapa de preparación de la antología?

Supongo que la configuración del volumen, decidiendo el orden en que se dispondrían los relatos, y el proceso de maquetación en sí. Le propuse a Raúl que me encargaría yo de preparar el PDF y fue divertido aprender a utilizar el QuarkXpress (ya tenía algo de experiencia indirecta por las sesiones de maquetación de Rescepto). Incluso cuando cambió de formato a pocos meses de su salida (iba a ser un libro tamaño bolsillo), fue entretenido repetir todo el proceso y luchar con el proyecto para ajustar el número de páginas. Siempre he sido muy de la escuela de hágaselo-usted-mismo (a no ser que tenga que inclinarme a regañadientes ante mis obvias limitaciones) y AJEC me ha permitido hacer de “El rayo verde en el ocaso” un proyecto muy personal. También la ilustración de portada la elegí yo, aunque el trabajo de adecuación y diseño es de Estudio AJEC (una de las limitaciones a las que me refería).

¿Ha habido algún momento frustrante?

Esperar a que le tocara el turno de salir después de tenerlo todo listo y ahora esperar a ver cómo funciona la distribución, cómo lo recibe el público, las primeras críticas...

Descríbenos en pocas palabras el contenido de “El rayo verde en el ocaso”. Sé un buen padre, un vendedor honrado, un charlatán sincero…

Voy a autoplagiarme un poquito:

“El rayo verde en el ocaso” no explora el futuro que será, sino que analiza el que ya es una promesa (o una amenaza) en nuestras mentes y un proyecto esbozado por los científicos. Porque la ciencia ficción no trata en realidad del mañana, sino que explora las esperanzas y temores del presente, algo muy evidente en la rama conocida como “sofá”, pero no siempre apreciable en el “hard”, circunstancia que deseo evitar en esta antología.

La ciencia es un vástago del ser humano, uno que de vez en cuando miramos con recelo, como si fuera a volverse contra nosotros. Con “El rayo verde en el ocaso” os invito a abrazarla, a contemplar (siguiendo una larga tradición dentro del género) nuestros peores miedos materializados y, por último, a mirar más allá de ellos, hacia las maravillas que se ocultan tras ellos.

(…)

Claro que quizás todo este rollo sobre catarsis y aceptación no sea más que una excusa para justificar el que vaya a regodearme en vuestros temores, ofreciéndoos una buena ración de pesadillas científicas.

Sólo por añadir un poco más de leña al fuego: quisiera recalcar que “El rayo verde en el ocaso” no es fantasía, sino ciencia ficción; por muy especulativo que sea, todo cuanto se narra en sus páginas podría llegar a acontecer.

¿Deseáis echar un vistazo al futuro?

¿Proyectos para un futuro próximo?

Para este verano, completar dos volúmenes de muy distinta índole (uno ciencia ficción “hard” y el otro fantasía) y ver de conseguir que lo que guardo en el disco duro bajo la etiqueta de inédito empiece a hacer mudanza. Además, pegarle un empujón a un par de proyectos de terror (uno de ellos para NOCTE). Los dos últimos agostos han sido meses muy productivos, a ver si se repite la historia.

Deseos…

Ha caído una barrera (la primera publicación), a ver si caen otras y por fin me encuentro en el estado de ánimo adecuado para abordar una novela de ciencia ficción dura que es mi proyecto más ambicioso y personal y me ronda desde hace casi dos años. Pero como el objetivo es publicarla luego, no vendría nada mal que antes “El rayo verde en el ocaso” se vendiera razonablemente bien.

Unas palabritas para NGC y a modo de despedida, por favor.

Unas palabritas siempre serán insuficientes. NGC es una luz brillante en el oscuro firmamento de la edición fantástica. No diré que siga así, porque es evidente que cada día va a más y mejor. Tan sólo lamento si me he enrollado demasiado en alguna pregunta, sólo puedo aducir en mi defensa que ha sido todo un placer y un honor contestarlas. Muchas gracias.

 

publicado en julio de 2008

 
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