Lo normal sería comenzar preguntándote
cómo empezaste a interesarte por el mundo de la ciencia
ficción y la fantasía, pero es inevitable, ¿qué tal
te ha sentado el premio Minotauro? (¡Por cierto,
ENHORABUENA! :-))
Pues, como puedes suponer, estupendamente.
No hace falta que explique por qué, supongo: la publicación
con Minotauro, el esfuerzo promocional importante
que la editorial está haciendo, la posibilidad de
llegar a un público más amplio del habitual, la dotación
económica, el reconocimiento que supone a mi trayectoria
como escritor… En fin, te lo puedes imaginar.
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Háblanos de “Los sicarios del cielo”. ¿Cómo
fue concebida?
La historia nació un poco por
casualidad, hace ya unos cuantos años. Allá
por 1997 y mientras iba a trabajar fui dándole
vueltas a unas cuantas ideas que tenía en la
cabeza: poco a poco fueron encajando y, en unos
minutos, tenía las líneas básicas de la novela
completamente resueltas.
A partir de ahí era cuestión
de ir probando hasta dar con el enfoque, con
el “tono narrativo” adecuado para la novela.
Generalmente esto suele requerirme un par de
intentos fallidos, pero en este caso no fue
así: di con ello a la primera y la novela fue
escribiéndose con facilidad, sin problemas.
Sin embargo, un par de meses más tarde y cuando
tenía escrito aproximadamente una cuarta parte
de lo que sería la novela terminada, me detuve.
No estoy muy seguro de por qué: no tenía dudas
en cuanto al desarrollo posterior de la historia,
pero de algún modo tenía la sensación de que
me faltaba algo.
Así estuve varios años (durante
los que escribí algunas otras cosas). De vez
en cuando volvía a lo que tenía escrito, lo
repasaba, le daba vueltas, pero no terminaba
de encajar.
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| Finalmente, en el 2003,
se produjo la conexión. Vi qué elementos necesitaba
la novela y cómo integrarlos en ella. A partir
de ahí, las cosas volvieron a fluir y en unos
meses rematé la primera versión, no muy distinta
de la que se ha publicado estos días. Los cambios
fueron, en general, asuntos menores: pequeñas
correcciones, alguna ampliación de alguna secuencia,
este tipo de cosas.
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¿Y después del
premio Minotauro, qué? ¿Cuál es tu próxima meta,
tus nuevos proyectos…?
Como ya sabréis, en mayo sale
a la venta “Sherlock Holmes y las huellas del
poeta”, en Bibliópolis Fantástica. Es una de
las novelas que más he disfrutado escribiendo
(y que, como me pasa casi siempre que me enfrento
con un trabajo holmesiano, parece haberse escrito
sola) y creo que es uno de mis trabajos más
logrados, entretenidos y mejor acabados.
Para el futuro… bien, hay un
par de ideas para una novela que aún estoy terminando
de encajar adecuadamente, así que de momento,
no diré nada.
Y para terminar con el apartado “premios”
(y sobre todo para aquellos que aún no conozcan
tu currículum en profundidad), ¿qué otros premios
has recibido y de cuál de todos ellos te sientes
más satisfecho?
Todos me han producido satisfacción
de algún tipo. Un premio es, sobre todo, un
reconocimiento al trabajo que haces. Y eso,
por supuesto, siempre es importante y agradable.
En cuanto a los premios que
he recibido, no sé si es conveniente ponernos
ahora a hacer una especie de “lista de la compra”.
Así que intentaré ser breve: están los Premios
Ignotus, que he ganado varias veces en las categorías
de mejor novela, mejor novela corta y mejor
cuento. El premio Asturias de novela que la
Fundación Dolores Medio concedió a la primera
versión de “La sabiduría de los muertos”. El
UPV de relato breve fantástico. El UPC de novela
corta, donde nunca he podido obtener el premio
principal (es una de esas espinitas que uno
tiene clavadas) pero donde sí obtuve el segundo
premio en una ocasión y del que quedé finalista
varias veces. Y, por supuesto, el Premio Minotauro
de novela.
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Tengo un apartado especial
en mi aprecio para los premios Ignotus, concedidos
anualmente por la Asociación Española de Fantasía,
Ciencia Ficción y Terror. Es un premio que
quizá en términos objetivos no es demasiado
relevante (no es muy conocido fuera del mundillo
de aficionados) pero que para mí significa,
en cierto modo, el reconocimiento de “los
míos”, de “mi gente”. Y eso, por supuesto,
implica una carga emocional que otros premios,
quizá más importantes, no tienen.
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| Eso no significa que de
menos importancia a otros premios, por supuesto,
sino que no tienen el mismo contenido emocional
(casi diríamos que sentimental) para mí. Y,
por supuesto, recibir el Premio Minotauro ha
supuesto una de las mayores satisfacciones que
me ha proporcionado (y me está proporcionando)
mi labor como escritor.
Y ahora sí, le damos la vuelta
a la entrevista :-). ¿Cómo fue que te interesaste
por la literatura de cifi y fantasía?
Casi tendría que decir que
fue ella la que se interesó por mí.
Hablando en serio, llegué a
ella a través de dos caminos, distintos pero
complementarios.
El primero fue el cómic. El
tebeo de superhéroes atrajo mi atención desde
la primera vez que, para mi desgracia, posé
la mirada en una portada. Si no recuerdo mal,
en un quiosco en una estación de tren de Algorta,
en Vizcaya. No tendría más de seis o siete años.
Y era un “Conan”. A partir de ahí me convertí,
aunque, entonces aún no conocía el término,
en un auténtico “Marvel-zombi”. Con los años,
sin embargo (y aunque el material de los 60-70
de Marvel me sigue gustando mucho) me he ido
orientando cada vez más hacia la DC.
El segundo camino fue a través
de mi padre, lector habitual de ciencia ficción.
Inevitablemente, me atrajeron aquellos libros
que leía y desde que yo mismo leí el primero,
estuve perdido. Asimov, Clarke y Dick cayeron
en mis manos casi sin solución de continuidad.
Recuerdo (tendría unos nueve años) que la primera
novela de Dick que intenté leer fue “Tiempo
de Marte” (titulado “Tempo marciano” en la edición
de Vértice que mi padre puso en mis manos) y
supuso un auténtico calvario: no terminaba de
entender que el protagonista era un esquizofrénico
y que la novela estaba contada muchas veces
desde su punto de vista. No comprendía qué pasa,
ni por qué, y me resultaba muy difícil seguir
adelante. Sin embargo, de algún modo, no podía
evitar seguir leyendo. La terminé, y el universo
hostil, irracional y paranoico de Dick me atrapó
para siempre.
¿Cuáles son tus autores favoritos
y por qué? ¿Y género?
Es muy difícil de decir. Son
muchos los autores que he leído, me han gustado
y me han influido y, según el momento en que
me pilles, te puedo mencionar unos u otros.
Destacaría a Robert Graves,
cuyas novelas de Claudio son para mí lectura
y relectura inevitable desde antes de la adolescencia.
A John le Carré, cuya disección del alma y el
carácter ingleses me parecen insuperables. A
John Steinbekc, un novelista sensible y, al
mismo tiempo, duro como pocos.
A Borges, cuyos milimetrados
relatos fantásticos captaron mi atención en
una época muy temprana. A García Márquez, desbordante,
vital, deslumbrante y sobre todo con una capacidad
asombrosa para hacer que lo mágico parezca cotidiano
y lo cotidiano, mágico. A autores de cómic como
Neil Gaiman y Alan Moore, cuya integración de
los elementos más cultos de la tradición fantástica
en la narración tebeística es modélica. A Philip
K. Dick, ya mencionado, cuya irracionalidad
atormentada me fascina. A…
En cuanto a los géneros. Ciencia
ficción, fantasía, terror, policíaco, novela
negra, novela histórica, novela de aventuras,
el folletín, el western… La literatura de género,
en realidad, casi diría que de cualquier género.
Es cierto eso que leí de que
fuiste descubierto por los editores de Tránsito.
¿Cuándo te publicaron por primera vez? ¿Cómo
fue, cómo te sentiste? ¿Alguna vez tuviste la
certeza de que llegarías a donde has llegado?
Lo primero, decir que no he
“llegado” a ninguna parte. De hecho, espero
no “llegar” nunca a ninguna parte, porque entonces
el viaje se habrá acabado y, francamente, no
es una idea que me resulte muy agradable.
En cualquier caso, mi primera
publicación no fue Tránsito, sino en otro fanzine
de la misma época, Maser, que editaba Juan José
Parera. Aunque sí que es cierto que Tránsito
fue uno de los primeros sitios donde colaboré
de forma asidua.
Contacté con Maser en su momento
porque vi un inserto de publicidad sobre el
fanzine donde se anunciaba un relato de Rafael
Marín, un autor al que envidiaba furibundamente,
porque estaba haciendo lo que a mí me habría
gustado hacer y que aún no sabía. Después de
leer varios números, me pareció que era el sitio
adecuado al que enviar mis relatos y artículos.
Juan José, para mi sorpresa, los aceptó, y así
se inició una colaboración que duró varios años
y una amistad que aún dura hoy.
Verme publicado por primera
vez, aunque fuera en las páginas de un fanzine
más bien humilde y no muy vistoso fue… Es difícil
de describir: la sensación de que, por fin,
estás donde debes, de que has dado el primer
paso en la dirección adecuada, el placer de
sostener con tus manos un ejemplar de la revista
donde aparece tu cuento… Son sensaciones irrepetibles.
Certezas nunca he tenido. Ni
aún hoy. Siempre tuve, eso es cierto, confianza
en mis posibilidades. Sin dejar de ser autocrítico
(una característica que me parece fundamental
en cualquier escritor: uno debe ser siempre
el juez más implacable de su propia obra) al
mismo tiempo siempre confié en mí mismo.
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¿Cuál es tu método
de trabajo?
Mi método es que no tengo método.
Eso no es del todo cierto,
pero digamos que me enfrento con cada novela
como si fuera la primera, intentando adaptarme
a lo que la historia me pide. No tengo una “fórmula”,
una serie de pasos y técnicas que aplico siempre,
escriba lo que escriba, sino que muchas veces
es la historia que estoy contando la que me
impone una técnica, un tono, un proceso distinto.
Sí hay ciertas directrices
comunes, por supuesto: tener siempre claro hacia
dónde quieres llevar la novela, aunque no estés
seguro de cómo llegar allí, por ejemplo.
Generalmente empiezo con una
idea que me parece atractiva y a la que doy
vueltas en la cabeza unos días. Luego, cuando
creo que está lo bastante madura, me siento
a escribir sin tener demasiadas ideas preconcebidas:
más bien tanteando, a base de prueba y error,
si el tono, el modo de narrar que estoy usando
es el adecuado para la historia. A veces lo
es, y todo va bien. A veces no, y tengo que
empezar de nuevo hasta que lo encuentro.
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¿De qué obra te
sientes más satisfecho y de cuál reniegas?
No reniego de ninguna. Eso
sería como renegar de mi propio pasado, no aceptarlo.
Algunas, evidentemente, las
escribiría hoy de otro modo, quizá contando
las cosas de otra manera, resolviendo los problemas
de otra forma. Pero todas fueron, en su momento,
la historia que quería contar. Todas son parte
de mí, o lo fueron en el pasado. Y, por tanto,
las acepto y las asumo todas, con todos los
defectos que puedan tener (que los tienen).
Mencionaré tres que son, quizá,
las que considero más redondas: “El sueño del
rey rojo”, “Los sicarios del cielo” y “Sherlock
Holmes y las huellas del poeta”. Son tres novelas
muy distintas (un ciberpunk, una fantasía oscura
y una fantasía histórica con elementos de policíaco),
pero creo que las tres están entre mis obras
mejor acabadas, más maduras y más interesantes.
¿Y ese amor hacia Sherlock Holmes, cómo y cuándo
surgió? ¿Y cómo fue que empezaste a escribir
historias ambientadas en este apasionante universo?
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Surgió muy temprano, en la
infancia. A través de una serie de televisión
de la BBC donde Peter Cushing interpretaba
a Holmes. A partir de ahí, sentí interés por
leer las historias de Conan Doyle. Y, desde
aquel momento, Holmes fue para mí una voz
familiar, un rostro conocido, casi como si
fuera un personaje propio.
Dar el salto y empezar a
escribir sobre él resultó casi inevitable.
De hecho, empecé a hacerlo en la adolescencia,
una época en la que pasaba buena parte de
mi tiempo como escritor pergeñando continuaciones
de libros o películas que me habían gustado.
De todos esos intentos, no sobrevivió ninguno,
pero el personaje de Holmes siguió empeñado
en hacerse un hueco en mi obra, hasta que
finalmente lo consiguió.
¿Alguna
anécdota digna de mencionar a cerca de “Sherlock
Holmes y la sabiduría de los muertos”?
Algo que ya he dicho otras
veces: siempre me sorprende que la novela
que menos tiempo y esfuerzo me llevó escribir
(entre una y dos semanas) sea al mismo tiempo
una de las favoritas del público.
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| No quiero decir que la novela
no me guste, o que no comprenda por qué gusta
a los demás, pero me deja perplejo la contradicción
de que el esfuerzo y los resultados no guarden
relación.
Y por supuesto, otra pregunta de rigor; ¿cómo
ves el panorama actual de la cifi española?
¿Es cierto que estamos viviendo uno de los
mejores momentos en cuanto a publicación de
autores españoles? ¿Crees que se escribe buena
cifi?
Editorialmente estamos viviendo
un buen momento, sin duda. No todo lo bueno
que sería deseable o posible, pero sin duda
mucho mejor que cualquier momento en el pasado.
Y, sobre todo, con buenas perspectivas de futuro,
de que la tendencia a ir mejorando y llegando
a públicos cada vez más amplios se vaya manteniendo
en el tiempo y no sea una cosa pasajera.
Y por supuesto que se escribe
buena ciencia ficción y fantasía. Yo diría que
incluso muy buena. Vamos, que podemos afirmar
sin faltar a la verdad que estamos, por fin,
al mismo nivel literario que otros países de
nuestro entorno. Y que, en realidad, lo único
que falta es que el mercado responda como queremos
a nuestros autores, que sin duda tienen calidad
suficiente para ser apreciados por el público.
¿Qué
es exactamente Avalon y desde cuándo perteneces
a dicha asociación?
Diría que pertenezco a ella
desde 1999, que es cuando se constituye oficialmente
como asociación. En realidad, desde 1993, que
fue el año en que empezamos a reunirnos en el
bar de ese nombre, y que es cuando nace la tertulia
de literatura fantástica de Gijón, núcleo del
que surge Avalón.
La creamos como asociación
cuando decidimos organizar la HispaCon del año
2000: necesitábamos tener una base organizativa
para acceder a subvenciones.
En cuanto a qué es: básicamente
el colectivo que organiza las AsturCones, los
encuentros de ciencia ficción y fantasía que
tienen lugar dentro de la Semana Negra de Gijón.
AsturCon, háblanos de ella
y dinos hasta qué nivel estás implicado.
Implicado, tanto como cualquier
otro de los miembros de Avalón. La AsturCon
se organiza entre todos, todos toman las decisiones
y el trabajo se reparte entre los distintos
miembros, de acuerdo a su disponibilidad de
tiempo, capacidad o intereses.
En mi caso, mi tarea principal
es hacer de “enlace” con la organización de
la Semana Negra y consensuar con ellos el programa
de actividades, transmitirles las peticiones
que tengamos, proponerles alguna idea, sugerir
la posibilidad de invitar a este autor o al
otro… este tipo de cosas.
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Como ya decía antes, la AsturCon son básicamente
unos encuentros dedicados al fantástico y articulados
en base a mesas redondas, conferencias, firma
de libros y algunas otras actividades, como
el juego de rol en vivo o, este año, la exposición
de ilustraciones.
Y, por supuesto, el acontecimiento
principal es la “espicha”: una celebración tradicional
asturiana. Básicamente una cena informal que
tiene lugar en un “llagar” (donde se hace la
sidra) y que nosotros hemos reconvertido en
una suerte de cena de disfraces de temática
fantástica. El año pasado el tema fue el medievo,
y ahora le va a tocar el turno a la época victoriana.
Si me permites la publicidad,
puedes encontrar toda esa información, y algo
más, en la página oficial de la AsturCon: www.asturcon.org
¿Y
Estación de nieblas, es el nuevo fenómeno verdinegro?
¿La tabla de salvación fandomita? Por cierto,
¿cómo eres capaz de abarcar tanto?
No somos la tabla de salvación
de nadie, eso que quede claro. Ni vamos a sustituir
a nadie, ni a reemplazar a nadie, ni a relevar
a nadie, ni mucho menos a heredar el manto de
nadie. Estación
de nieblas es, sencillamente, un
portal dedicado al fantástico, articulado en
torno a una serie de foros temáticos y completado
con material como artículos, reseñas de libros
y algunas cosas más que irán apareciendo en
el futuro.
Es cierto que sin la desaparición
de cYbErDaRk.NeT
no nos habríamos planteado nunca la creación
de algo como Estación
de nieblas: digamos que nos cerraban
un lugar de reunión y, en vez de irnos a otro,
decidimos abrir el nuestro propio. Pero no es
menos cierto que nunca pretendimos ser los herederos
ni los sucesores de nadie. Y que, desde el primer
momento, intentamos marcar nuestra web con una
personalidad propia y diferenciada.
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Y creo que lo vamos consiguiendo, y que
la gente así lo entiende y está respondiendo
favorablemente a ello.
En cuanto al tiempo… no soy
más que uno en un equipo de nueve personas,
así que si repartes bien las tareas, en realidad
no es mucho el trabajo que implica.
Unas
palabras para los lectores de NGC 3660…
Pues, simplemente, agradecer
vuestra paciencia por haber seguido leyendo
esta entrevista hasta el final y esperar que
no os haya resultado demasiado duro.
Y, por supuesto, no puedo despedirme
sin comentar que es un placer asomar por aquí.
Creo que tenéis una web de lo más apañada y
espero que, poco a poco, vaya creciendo y tomando
la relevancia que se merece. |
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