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Supe
que publicaste tu primer libro, Espada y Taberna
a los 14 años. Esto para mí
es algo sorprendente teniendo en cuenta que
muchos de los escritores de "mi generación"
(que vendría siendo supongo también
la tuya) han publicado bastante más
tardíamente, pero también es
cierto que ninguno de nosotros hizo de la
literatura su leit motiv como tú, ninguno
de nosotros estudió Literatura y mucho
menos aún tiene doctorados. O bien
nos dedicamos a otras cosas antes de proponernos
escribir en serio, o simplemente no teníamos
nada que decir antes de llegar a cierta edad
(como es mi caso). Publicar un libro a los
14 años puede denotar una gran confianza
y seguridad en el oficio, un provocador desparpajo,
o ambas. A mí me parecen encomiables
cualquiera de las dos alternativas. ¿Qué
me puedes contar sobre los procesos que te
llevaron a publicar siendo un adolescente
tu primer libro y, por supuesto, que me puedes
contar del libro en sí que no he tenido
aún la fortuna de leer?
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Creo que implica una gran retrospección,
una revisión de la letra impresa y también
de lo no dicho. Dos lecturas podrían hacerse
al respecto. La primera de ellas, sería afirmar
que se trata de un "pecado de juventud",
pues esos poemas son primerizos y algunos bastante
pretenciosos. No obstante, creo que el segundo cuadro
también existe. Esos primeros textos anunciaban
preocupaciones que todavía me resultan muy
vitales, como el hecho de sentir que el acto de
creación literaria tiene constantemente algo
de tragedia griega y de oráculo. Por un lado,
se asume un destino vinculado a la escritura y constantemente
recurrimos a los fantasmas redentores del pasado,
nuestros autores, nuestras obras de culto.
“Espada y taberna”
surge en un círculo literario donde confluimos
un grupo de autores. Yo era el más joven
y neófito. Tenía la cabeza llena de
espectros, a la manera del cuadro de Goya. Trataba
de escribir todos los días y leía
con desparpajo y desorden, de manera especial novelas
de aventuras (no he dejado de leerlas). En eso,
se propuso armar una colección y fundar una
editorial magallánica que bautizamos con
el nombre de Eolírica, por nuestra cercanía
climática con el temido dios del viento de
la mitología griega. Yo publiqué en
esa editorial que no alcanzó a completar
una colección. Allí estaba también
el libro del poeta magallánico Juan Magal
que se llamaba "La lira amordazada".
Recuerdo en aquel tiempo mi
encuentro en la Biblioteca del Colegio con la poesía
de Pablo de Rokha. Me deslumbró esa escritura
torrencial, revolucionaria y metafísica a
la vez. Era la voz aguardentosa del Chile no penetrado
por la modernidad, la voz de Raimundo Contreras,
el macho anciano, el huaso de Licantén. Nunca
olvidaré aquello de "comprendo y admiro
a los líderes pero soy el coordinador de
la angustia del universo."
Eran otros tiempos y todos
teníamos la necesidad de comunicar algo.
De hecho, Chile salía de una dictadura feroz
y quien más, quien menos tenía su
propia apuesta de los derroteros futuros. Yo era
de los ingenuos. Creía que en Chile venían
cambios políticos muy progresistas y una
economía más justa. Ahora cuando veo
en un canal de televisión, a cierto "progresista"
(que en su juventud debe haber protestado contra
la guerra de Vietnam frente a la embajada de Estados
Unidos) afirmar con total desfachatez que "la
pobreza y la desigualdad son consecuencia del desarrollo"
pienso en ese tiempo, en esa lectura de la realidad.
Posteriormente me fui a estudiar
pedagogía en Castellano en la Mesopotamia
sureña. Es decir, Valdivia. Qué más
iba a estudiar. En cuarto medio lo único
que me gustaba era leer libros e ir al cine.
Le tengo un enorme cariño
a los años de estudiante en la Universidad
Austral de Chile, donde comencé a escribir
mis primeros cuentos en el Grupo Mangosta que dirigía
nuestro profe Oscar Galindo. Ahí salió
un cuento que luego Rafael Cheuquelaf hizo cómic
y un texto que todavía aprecio mucho titulado
"El tirano recitaba a Pushkin" donde aparecía
como personaje nada menos que el controvertido mariscal
Tito.
En general, había buenos
profesores y compañeros con los cuales me
une aún, una amistad inclaudicable. Se guitarreaba
y bebía como cosacos. Con el profesor Iván
Carrasco siempre discutíamos amistosamente
sobre Borges. Por cierto, en aquellos años
hice teatro con Jorge Torres, un gran poeta que
escribió uno de mis libros preferidos titulado
"Poemas renales". Además de sus
noches de bolero y su humor punzante.
Luego,hice post grados en
Literatura y en Educación, respectivamente.
Pero bueno, nada de esos acontecimientos son tan
importantes como profesar una pasión por
la literatura, no exenta de decepciones, sobre todo
en un país como el nuestro donde la fantasía
y el derecho a soñar se encuentran en la
pieza de los muebles en desuso y las chucherías.
¿Por
qué razón crees que ocurre esto? He
escuchado ya varias teorías y cada quien
parece tener una igual de válida que las
otras.
Porque
impera un modelo económico donde se espera
que la realidad ridiculice a la fantasía.
Desde que comencé a leer, me di cuenta que
la literatura es intrínsecamente subversiva,
en el sentido de que subvierte cualquier esquema
fijo e inamovible, siempre va más allá
de todos los sistemas, incluso de los más
progresistas y revolucionarios. Si tuviésemos
generaciones de estudiantes que leyeran sistemáticamente
a Parra, a Díaz Casanueva, a Maquieira, a
Pepe Cuevas, etc. ¿Qué pasaría?
Es probable que las reformitas educacionales chilensis
naufragaran ante la mirada crítica de los
alumnos, ya no se les podría seguir engañando
con la retahíla que "la educación
es lo primero". Quienes detentan el poder saben
esto.
La égloga
de los cántaros es un poema dedicado
al Río de las Minas que atraviesa Punta Arenas.
La Minas, que por lo general tenía un caudal
bastante discreto, se desbordó cual Escila
furiosa en 1997 o 98, ¿recuerdas ese aluvión?
El registro civil fue prácticamente destruido
y ni te cuento mi casa. Yo vivía a una cuadra
de Cheuquelaf según me contó recientemente
y el agua comenzó a entrar por debajo de
las puertas, como la mancha voraz, y pronto cubría
todo el suelo. Gracias a unos vecinos que tenían
un bote y un camión de mudanzas pudimos salvar
parte del mobiliario. Y así, de un día
para otro nos quedamos sin casa, damnificados. Yo
me fui donde mi tía Maria Ester que tenia
un local en la Zona Franca llamado Orvil Regalos,
y los demás miembros de mi familia a la casa
de un amigo. Por suerte mi viejo se movió
rápido y dos días después ya
teníamos casa nueva, en Lautaro Navarro con
Angamos, al lado del cementerio. Pero la sensación
de desamparo, de pérdida… uff. Yo perdí
muchos libros, dibujos, verdaderos incunables que
terminaron absorbidos por el lodo. No puedo olvidar
la imagen de mi viejo cargando en brazos a nuestro
perro que se había subido sobre su casa cual
Snoopy y los bomberos (varios de ellos compañeros
míos del liceo) que ayudaban a sacar los
muebles, aumentando mi ignominia. ¿Estabas
en Punta Arenas para este desastre? De ser así,
¿como lo viviste? (en mi caso no sólo
lo viví, sino que lo sobreviví) ¿Recuerdas
que lo causó y como es que no pudo prevenirse?
Por lo visto fue una circunstancia bien extraordinaria
ya que nunca volvió a ocurrir otro aluvión
según tengo noticia.
| Cómo
olvidar ese aluvión que se parecía
al Apocalipsis de San Juan y el riachuelo
insignificante ahora convertido en un torrente
desbocado que se llevaba hasta casas. Yo no
vivo muy lejos de las calles que mencionas,
así que al parecer fuimos vecinos alguna
vez. Pero quisiera aludir a dos hechos que
motivaron "La égloga de los cántaros
sucios". Libro que estuvo guardado por
muchos años.
En la enseñanza
media, nos hicieron confeccionar un folleto
turístico en inglés. Como dice
Enrique Lihn "los hados me castraron
el inglés cuando nací".
Yo tomé el modelo de un texto que decía
"Londres, ciudad a orillas del río
Támesis". Yo puse "Punta
Arenas, ciudad a orillas del río de
las Minas". La profesora me dijo "¡Cómo
se le ocurre publicitar la imagen de nuestra
ciudad a los turistas con ese riachuelo ordinario!".
Ese fue el comienzo del libro.
Un año después,
cuando regresaba del colegio cerca de la plaza
Sampaio, veo al río alzándose
furioso y destrozando los puentes, ingresando
a la ciudad como el kraken que amordazaba
a los navíos en los viejos grabados.
La égloga tiene
mucho de poesía política. Yo
sentía, en ciertas épocas, que
el río se llevaba un rumor de sueños
rotos hacia el mar. En muchas ciudades, los
ríos son depositarios de la historia,
receptáculos de los deshechos y también
vertedero de sus utopías. En el río
de las Minas, se encuentran perros muertos,
lavadoras, latas de coca cola Ese río
sucio que en otrora se llamó río
del Carbón representaba para mí,
la estampa de una historia varada, de una
sociedad que se abandonó en su propia
autocomplacencia. También se fueron
arrojando al cauce turbio y anémico,
la memoria como un artículo en desuso
más.
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Luego incorporé al texto
a Bernardo O'Higgins indicando con su dedo al estrecho,
Heráclito, el barquero Caronte, etc. También
un diálogo burlesco entre el Rhin y el río
de las Minas. Imagínate, el río de
las sagas germánicas dialogando compasivamente
con el río donde vomitan los borrachos.
Un querido amigo, el poeta
Tomás Harris escribió unas palabras
en la contraportada. Tomás resaltó
la idea de inmovilidad que alimenta ese estero degradado,
cuando la esencia de un río es el fluir.
De ahí la paradoja.
Como verás todos, de
una u otra manera, fuimos damnificados por el sueño
de una historia trunca y todos de cierta forma,
hemos aprendido a vivir con eso.
El protagonista
de El diccionario de las veletas… y
Cuentos para Murciélagos…,
que aparentemente no posee nombre como el viajero
del tiempo de H. G. Wells, tiene una firma vocación
de parroquiano de bar, pero es altamente promiscuo
a la vez: le vemos frecuentar la casona donde la
Hermandad de la Costa celebra sus fiestas quincenales,
el bar El Partenón, el clandestino que funcionaba
en el subterráneo del sindicato de estibadores,
el bar a tres cuadras de la tienda de libros usados
donde conoce a su Dulcinea, los cafetines olorosos
a tabaco del barrio de la pescadería, el
Café Caissa, el bar ubicado frente al paseo
peatonal, la fuente de soda frente al hotel Torquemada,
etc. En mi época de estudiante universitario
solía frecuentar también muchos boliches,
mientras más rascas, mejor: el Talagantino
que estaba cerca de la Plaza Búlnes, el bar
de la tía en la Plaza Brasil, el 777, la
Piojera… pero nuestro bar predilecto, al que
volvíamos una y otra vez, era la Quinta Ecuador
que estaba frente a un estudio donde grababan programas
para la tele. Memorable fue aquella vez en que con
un par de amigos (poetas ambos) nos tomamos doce
litros de chelas mientras agarrábamos pal
hueveo y bolseábamos cigarros al Sr. Retamales
de "Los Venegas", a Pepe Tapia y algún
otro actor que no recuerdo. Avanzado el tiempo y
convertido en un "joven profesional" cambié
esos tugurios por pubs más cuicos donde no
hay mística alguna y mucho menos personajes
interesantes.
Recientemente
y a propósito de los Carnavales Culturales
de Valparaíso, nos reunimos con Néstor
Flores (antologado igual que nosotros en "
Años Luz"), el poeta Henricksonn, el
poeta Pohlhammer y Ricardo Huidobro (bisnieto de
Vicente Huidobro). Luego de la charla de Novoa andábamos
en busca de un bar y Henricksson prometió
llevarnos al peor tugurio que existe en Valpo. Caminamos
muchas cuadras desde la Biblioteca Severin hasta
llegar a un boliche donde los borrachos dormían
sobre las mesas a la una de la tarde, el problema
fue el olor a orina de gato. Pohlhammer dijo algo
así como "está bien que sea pintoresco
pero, algo de dignidad, ¡por favor!"
Y nos fuimos a un bar una cuadra mas allá
igual de "pintoresco" pero libre de aromas
desagradables. Para qué te cuento, fue como
revivir aquellos días de universidad cuando
parecíamos disponer de todo el tiempo del
mundo para enfrascarnos en largas discusiones sobre
los Beatles, Ramakrishna, Camiroaga y Shopenhauer,
amenizadas por botellas que como por magia parecían
no vaciarse nunca.
¿Que
bares que hayas visitado aquí, en el mundo
"real" inspiraron aquellos de Puerto Peregrino?
Cuéntame un poco sobre la experiencia del
parroquiano o contertuliano de bar o café,
que parece algo abandonada hoy en día donde
el tiempo es plata y la plata no se malgasta.
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Uf, Teillier
dijo una vez que veía con tristeza
la desaparición de los bares. Tiene
toda la razón, los bares son puntos
de reunión y a veces, hasta confesionarios
(todo el mundo dice la verdad) En definitiva,
los bares de Puerto Peregrino tienen mucho
que ver con algunos lugares que recorrí
en ciertos momentos como apelando a una ritual
de peregrinación. En Magallanes, visitaba
asiduamente el Círculo Social Sargento
Aldea, un lugar con mesas de madera. Poetas
como Marino Muñoz Lagos y Rolando Cárdenas
alguna vez se aparecieron por ahí en
tiempos pretéritos.
En Punta Arenas, está
el Zurich (al lado del río de las Minas),
el ya mítico Barrilito, el Saturno
y la siempre bien ponderada Sociedad de Empleados.
Recuerdo que la primera vez que vino el escritor
Guido Eytel a Punta Arenas lo llevamos en
procesión por alguno de esos templos.
Recuerdo los bares valdivianos,
algunos ya desaparecidos: El Mavis, el Paula,
La Bomba y el nunca olvidado Nápoles.
Quedaba en una esquina, a metros del Mercado
Fluvial. Concurrían estudiantes de
humanidades y pescadores. No pocas noches
había escenas pendencieras y botellazos.
Para qué decir
Salamanca. Tiene alrededor de ciento cincuenta
mil habitantes y dos mil quinientos bares,
es decir en algunos casos, veinte bares por
cuadra. Disfruté mucho la bohemia de
esa ciudad maravillosa, donde aún se
rescata en las noches infinitas algo de la
mística goliardesca. Era habitué
en el Bar Jarama, administrado por un señor
llamado Pichardo, Alcalde de un pequeño
pueblo llamado "El Arco". Se discutía
hasta que el sol nos sorprendía con
insolencia.
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Luego visité algunos
bares en lugares muy remotos. Recuerdo un bar de
Zagreb donde unos croatas gigantescos entonaban
una especie de himno muy gutural. Tampoco olvido
un apacible bar en Atenas que estaba lleno de gatos
que parecían unos parroquianos más.
En la hermosa ciudad de Puebla
(México) ingresé cierta vez a un bar
que tenía un cactus muy kitsh en la vitrina
y que se llamaba El Comisario. Al calor de los tequilazos,
unos hombres salidos de algún cuento de Juan
Rulfo cantaban rancheras muy tristes, acerca de
amores desafortunados apoyados en un wurlitzer.
Una vez en Coyhaique, invitado
a un encuentro de escritores patagónicos,
me llevaron a un bar espectacular donde se servían
unos caldillos de amanecida para resucitar a cualquiera.
Desgraciadamente no retuve el nombre.
Me gusta también el
City Bar, donde se deja caer muchas veces el detective
Heredia.
Creo, que Puerto Peregrino
está construido sobre ese espíritu.
Me llama la atención aquellos nombres solemnes
como 'Partenón' y dentro es un tugurio. A
ciertas horas, cuando ya desfilaron algunos litros,
pueden aparecer las Señoras del Ejército
de Salvación vendiendo su boletín
"El grito de guerra", un tipo que hace
malabarismo, un fotógrafo. Todo lo irreal
se pone cotidiano. Si de repente, uno se da cuenta
que Napoleón y Pericles se están tomando
un pipeño en la mesa de al lado, lo observa
con toda normalidad.
En uno de tuscuentos
el Capitán Gaspar dice que el mar "es
la personificación del espanto". Luego
dices que en el Eclesiastés se menciona al
mar como el lugar de residencia del espíritu
de la maldad. Me pareció interesante la forma
en que muestras como aquel insondable reino de agua
puede no ser tan romántico y esplendoroso
como lo pintan otros marinos. También me
hizo pensar en la repugnancia que Lovecraft tenía
por el mar (la cual comparto) y cómo coloca
la tumba del más notorio de sus Primordiales,
Chtulhu, en el fondo del océano. Recordé
al Solares de Lem, por supuesto, ese vasto océano
conciente con el cual los humanos trataban vanamente
de comunicarse. El mar además cuenta con
toda una carga simbólica, es el sitio del
origen de la vida en la Tierra, y lo que los antiguos
habitantes debían atravesar para explorar
otros mundo y bodly go where no man has gone before
(como en el slogan de Star Trek). El mar también
es lo que puede hacer de un sitio algo único
y especial como lo son las Islas Galápagos
con su flora y fauna única, Australia que
siendo tan grande no deja de ser una isla, y Puerto
Peregrino, por supuesto.
Lo del Eclesiastés tiene
mucho que ver con la moral judaica del Viejo Testamento
que veía en el océano, una fuente
de desdicha. Diametralmente opuesto a la noción
griega que veía el mar como un espacio de
plenitud y gozo, de ahí por ejemplo, las
nereidas y tritones.
En lo personal, el mar me llega
mucho. La novela marinera ha sido una influencia
fundamental en todo lo que escrito. Conrad, Marryat
y por supuesto, nuestro entrañable Francisco
Coloane son un referente obligado en mi escritura.
Me costaría vivir en una ciudad que no tenga
mar. Afortunadamente vivo a tres cuadras del estrecho
y admiro mucho las gestas de Hernando de Magallanes
y Drake.
Hay un poema de Rolando Cárdenas
que se titula "El fantasma del Faro Evangelistas"
que en fragmento reza así: "La muerte
era aquí un presagio violento,/ un material
indispensable que respiraba en las sombras/ torciendo
el buen rumbo de las embarcaciones,/ alejándolas
del soplo blanco del faro/ que desafiaba verticalmente
la negra altura/ entre amuralladas y grises paredes
de granito."
Es increíble cuanto
del imaginario gótico radica en los "relatos
de mar, por ejemplo en el relato de Coloane"
El fantasma del Leonora basado en la existencia
del pontón Alejandrina. O la famosa leyenda
del Holandés errante. Quiero decir que la
patria oceánica se me revela como la fuente
de la dicha y la desesperación a la vez,
como la lucha del hombre por doblegar la furia de
los elementos.
En La ruptura
de los tristes espejos aparece la figura del
Marqués Erasmo de la Gleba, que se bate en
duelo con el poeta Saratoga. ¿Te inspiraste
en el Marqués de Cuevas para este cuento?
Cuevas es un personaje fabuloso, que además
de todas sus hazañas, se batió a duelo
en 1958 con el coreógrafo Serge Lifar. Pero
aquel duelo fue con espadas y nadie salió
gravemente herido. Los contendores incluso de dieron
la mano profesándose mutua admiración
tras el lance. Una suerte muy distinta corre el
Marqués de la Gleba, sellando su destino
trágico.
“La ruptura de los tristes
espejos” integra varias tentativas por traducir
las profundas contradicciones que alimentan a varios
personajes. Erasmo de la Gleba es un poeta que tiene
una fe inconmensurable en el poder redentor de la
palabra y en alguna medida, su vida y su perfil
algo edípico se funda en ese pacto férreo
con el numen y la revelación de la metáfora.
De la Gleba desciende de ese bagaje culterano, erudito,
casi monárquico. Su vocación de mujeriego
lo precede.
En su contraparte está
Aníbal Saratoga, un poeta que manifiesta
una desconfianza absoluta en el lenguaje. El descreimiento
y en alguna medida, la idea que la figura del escritor
no hace otra cosa que confirmar un destino de derrota,
alimentan a este personaje que habita muchos de
mis relatos.
Tanto la confianza como la
precariedad de la palabra tensan la mecánica
de ese cuento. Por ello se resuelve en un duelo,
donde se confrontan dos ideas diametralmente opuestas
en el parque Las Almenas. El Marqués de la
Gleba aparentemente se lleva la peor parte del asunto,
pero tiendo a creer que la muerte le significa un
estado de pasión, es decir 'paso a otra dimensión',
a ese mundo de las ideas que todo el tiempo está
convocando.
Saratoga aún sigue en
Puerto Peregrino y de repente me envía algunas
cartas relatándome su accidentada suerte.
La idea del duelo la arrastro
desde mi devoción por las novelas de Alejandro
Dumas y Eugene Sue, donde los personajes suelen
asumir ese viejo tópico que el canon literario
ha denominado 'las armas y las letras'.
Pensé mucho en un poeta
que admiro profundamente cuando escribí ese
cuento, en Vicente Huidobro.
También supe que alguna
vez Enrique Lihn y Jorge Teillier se quisieron batir
a duelo por una mujer. Ignoro si es del todo cierta
esta anécdota.
También
la he oído. Me ha dicho Cheuquelaf que eres
un experto en David Herbert Lawrence (entre otros
autores). Eduardo Anguita, un poeta y ensayista
que admiro y ha sido de gran influencia para mí,
consultado alguna vez sobre cuál es la obra
que le hubiese gustado escribir contestó
que "El amante de Lady Chatterley". ¿Existe
alguna obra que te hubiese gustado escribir y por
qué?
Tanto como experto en Lawrence,
no lo sé. De partida, para conocer ampliamente
la obra de un autor creo que se debería poder
leerla en el idioma original y desgraciadamente,
no es mi caso.
Estoy totalmente
de acuerdo con eso. Ahora estoy leyendo "La
guerra de los mundos" original y estoy seguro
que me perdería de mucho si la leyese traducida.
Hay una indiferencia, una parsimonia tan inglesa
por decirlo de alguna manera en la prosa de Wells
y en la historia misma. Yo viví dos años
en Inglaterra por lo que sé bien que la forma
en que actúan los ingleses ante la invasión
marciana está muy bien descrita. Mientras
los trípodes están destruyendo el
countryside, en Londres beben té como si
nada.
Tienes toda la razón,
Wells tiene mucho de la flemática inglesa
en su narrativa.
Pero volviendo
a D. H. Lawrence…
Lawrence es un autor que me
marcó profundamente, de manera especial en
la última fase de vida universitaria. Desde
entonces lo he leído minuciosamente y he
disfrutado cada una de sus etapas.
Por ejemplo su primera novela
"El pavo real blanco", es una fuente inagotable
de simbolismos.
Entre las novelas de gran alcance
El arcoiris y su continuación en "Mujeres
enamoradas" representan, a mi modo de ver,
un abordaje al problema de la existencia y al desmoronamiento
de una sexualidad normada por superestructuras de
comportamiento. Pero también, tengo especial
predilección por sus novelas breves como
"El zorro", donde este triángulo
amoroso se traduce también en la persistente
erosión vital de nuestra civilización
cristiana occidental.
Lawrence tuve una gran cercanía
con el mundo de los etruscos, una interesante cultura
que la expansión romana terminó eclipsando
casi en su totalidad. A esta cultura, le dedica
un texto de difícil clasificación
entre novela y ensayo, titulado "Crepúsculo
en Italia".
Sin olvidar que no solo fue
novelista, también escribió poesía,
ensayo, dramaturgia y cuento. Tengo mi antología
personal con algunos de sus cuentos más representativos
como "El Oficial prusiano, Un ramo de crisantemos,
Una mujer partió a caballo y El escarabajo".
Recomiendo siempre leer su
magistral libro de correspondencia, recopilado por
Aldous Huxley. En un fragmento de una carta enviada
a Katherine Mansfield dice "Ningún viejo
mundo se desmorona sin que haya otro más
joven empujándolo. En verdad, nosotros nacimos
viejos; toda nuestra generación, todos los
muertos y todos los soldados, y toda la gente buena,
nacieron con los cabellos grises".
Se sabe bien que "El amante
de Lady Chatterley" viene a ser un resumidero
de muchas de las preocupaciones que alentaron su
obra. Esto se aprecia en la fabulosa diversidad
que ofrecen las otras dos versiones: La primera
lady Chatterley y la historia de Lady Jane y Juan
Tomás. Me gusta la idea que cuando los amantes
se encuentran en la espesura, ingresa en el cuerpo
de ella el espíritu del bosque domando a
la Inglaterra industrial.
Comprenderás que me
interesa el trabajo de Lawrence y creo que es un
autor axial, multifacético, de variadas aristas.
En el relato
"La cofradía de la tierra plana",
vemos con violenta ejemplaridad como se pueden matar
las utopías con una bala. En ese cuento aparecen
el general Morbius y Bielovia, que tengo entendido
ya habían sido mencionados en un libro anterior.
Si bien es cierto que Morbius y el feroz sistema
capitalista implementado en su nación se
asemejan mucho a Pinochet y el Chile de la dictadura,
es con otro personaje y otra nación (ambos
ficticios) con los cuales le relaciono: el Dr. Victor
von Doom (alias Dr. Doom a secas) y Latveria. Morbius,
por otro lado, es el nombre de un villano de Spider-Man.
¿Admites influencia de los cómics
en tu proceso escritural?
En “La cofradía
de la tierra plana” intentaba realizar una
crítica al neoliberalismo y al pensamiento
único, a través de la literatura fantástica.
El personaje del general Morbius tiene algunos nexos
con Pinochet y su imposición forzada de un
modelo económico que ha sembrado la desigualdad.
Pero no sólo eso, también la dictadura
como un discurso omnipresente, en este caso, una
dictadura de seguridad nacional que no tuvo ningún
reparo en eliminar a quienes pensaban diferente.
Desgraciadamente,
se ha heredado de ese patético régimen
la idea de una especie de "gobierno científico",
de un paradigma económico de libre
mercado que todos los días nos hipoteca
como ciudadanos.
En realidad Bielovia
y el general Morbius aparecen en mi primer
libro de cuentos titulado "La ira y la
abundancia" que publicó la Editorial
Mosquito en 1997.
Me preguntas por el cómic
y te diría que tengo una enorme pasión
por ese género. Reconozco la influencia.
Me parece que es un soporte muy interesante
para entender los textos literarios.
Por supuesto, que Morbius
tiene mucho del Dr. Doom. Tengo por ahí
unos relatos inéditos sobre el sistema
político de Bielovia, que algún
día saldrán a la luz.
El cómic
es una forma de narrativa bastante menospreciada
en Chile. "Monitos" para niños.
Los que hemos leído, los que estamos
metidos en el tema sabemos que es mucho más
que eso, lo mismo que con la ciencia ficción.
Pero existe un estigma al que un autor "serio"
podría exponerse si reconoce sus influencias
comiqueras. Pero como tú no tienes
problemas en admitir tu filia por el género,
te pregunto cuáles son tus lecturas
predilectas, autores favoritos o personajes.
Cheuquelaf es un gran lector de Alan Moore
y Neil Gaiman, nombres inevitables a la hora
de referirse a cómics como obras de
arte… |
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Al igual que Cheuquelaf profeso
gran admiración por Neil Gaiman y por un
Alan Moore.
Siguiendo
con los cómics, hay un personaje de los X-Men
que es una delicia. Se llama Saurón y es
una especie de licántropo con poderes hipnóticos
pero no se transforma en lobo sino en un Pterodáctilo
(siempre que haya drenado suficiente energía
vital mutante). Tengo entendido que "Terodáctilo"
es justamente el apelativo por el cual se te conoce
dentro de una selecta cofradía de tipos con
apodos avícolas. ¿A qué se
debe este apelativo?
He trabajado varios años
en el Colegio Británico de Punta Arenas y
dirigí entre comillas un taller literario
llamado "la bandada", que alguna identificación
le atribuí a la idea del "pajarístico"
de Juan Luis Martínez. Digo entre comillas
porque siempre me he sentido muy cercano a ellos,
muy hermano de sus preocupaciones estéticas.
Yo era, por inercias del destino, el pájaro
más viejo y los muchachos me pusieron terodáctilo.
No todos los vuelos de ese depredador aéreo
de la prehistoria me enorgullecen, pero sí
es gratificante saber que la literatura es un factor
de constante recambio que une las impresiones del
pasado con las comarcas del futuro.
Por último
y para cerrar esta agradable charla, me gustaría
rememorar nuestro reciente e insospechado encuentro
en la Feria del Libro del Parque Forestal. Aunque
era obvio que nos pudiésemos encontrar allí
ya que yo iba a presentar el poemario de un amigo
y tú el libro que cierra la trilogía
de Puerto Peregrino. ¿Por qué decides
"cerrar" este universo?
Nada en este universo es absolutamente
definitivo. Comencé con el Diccionario de
las veletas, luego vino "Cuentos para murciélagos
tristes" y posteriormente "Remoto navío
con forma de ciudad". Saratoga descubre su
certeza en el vientre de la propia precariedad y
llegamos a la conclusión que Puerto Peregrino
-más que una ciudad- es un barco que navega
por los temperamentos de la noche y la alegoría.
En todo caso, ya llegará el momento en que
aquella ciudad emerja nuevamente desde el fondo
de una copa.
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