¿Cómo fue que caíste
de lleno en este, nuestro querido fándom?
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El
género fantástico me tiraba desde
que era muy pequeñito. En vez de jugar
al fútbol, dedicaba el recreo a inventarme
marcianadas con mi amigo Javi Ullán,
mientras él me contaba los libros que
iba leyendo de las series de Dune y el Mundo
del Río. Durante una gripe de las de
dos semanas en cama me leí El hobbit,
El Señor de los Anillos y el Silmarillion.
Un primo mío de Barcelona me iba pasando
libros de Robert Sheckley, Isaac Asimov y Frederik
Pohl y en un momento dado se puede decir que
ya estaba enganchado a la ciencia ficción.
Mi contacto con el fándom
llegó en 1985. Tiene mérito, porque
en aquella época no había prácticamente
fándom. Le escribí una serie de
cartas a los directores de colecciones para
que me recomendaran libros y sólo me
respondió Alejo Cuervo, que estaba de
director de las colecciones de fantástico
de Martínez
Roca. Me envió un ejemplar del número
1 de su entonces fanzine Gigamesh,
me suscribí y durante unos cuantos números
fui el friki del fanzine, les enviaba cartas
chorras y supongo que debía de tenerlos
mareados. También tuve la suerte de que
en aquella época salió la colección
de ciencia ficción de Orbis,
que costaba cuatro duros y estaba al alcance
incluso de un quinceañero como yo. Con
Orbis y las cositas que salían
en Ultramar empecé a
tener una base de lecturas bastante interesante.
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| Cosa
de un año más tarde leí
en Gigamesh
un anuncio que habían puesto Julián
Díez, Héctor Ramos y Susana Vallejo,
buscando gente para formar una tertulia de ciencia
ficción en Madrid. Respondí al
llamamiento y allí que me planté
un viernes por la tarde en la Cervecería
Alemana de la Plaza de Santa Ana. La primera
persona del mundillo con quien contacté
físicamente fue el ya desaparecido Ignacio
Romeo. Luego llegaron los demás y me
enganché a las tertulias, que se solían
celebrar en la cafetería Punto y Coma,
también en la plaza de Santa Ana, y hacíamos
nuestros rollos asociativos, con la Asociación
Antares, de la que una vez llegamos
a hacer un organigrama más que curioso:
todos teníamos algún cargo, excepto
UN socio de base. En aquellas tertulias había
dos clases de aficionados: los más maduros,
que habían estado en las hispacones de
los años setenta (Ignacio Romeo, Agustín
Jaureguízar, Frank G. Rubio, Carlos Saiz
Cidoncha o Francisco Arellano) y la sangre nueva,
que cuando aquello dejó de dar de sí
nos lo montamos por nuestra cuenta, con los
añadidos de José María
Faraldo y Adalberto de Osma. Hacia el 91 nos
juntamos con los Licántropos
Asociados (Eugenio Sánchez Arrate,
Eduardo Escalante, Carlos Díaz Maroto
y Manolo Aguilar), que también venían
rebotados de otra asociación, el
Círculo de Lhork, se nos juntó
León Arsenal, que estaba recién
llegado de sus singladuras como marino mercante,
y ya establecimos la TerMa
(tertulia de Madrid) y centralizamos la primera
junta de la AEFCF,
con Alberto Santos de presidente y Juanma Barranquero
de vicepresidente.
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Lo que vino a continuación ya es parte de la historia
del fándom que está más
o menos documentada. Recuerdo con mucho cariño
la historia de aquel fándom con el que
me enganché, las reuniones en las catacumbas,
en una cafetería en la que nos servían
croquetas crudas como tapa o asistíamos
atónitos a los brotes de mala leche entre
nuestros «mayores», o las reuniones
en casa de Faraldo para degustar comida de supervivencia
de estudiante universitario mientras echábamos
una partidita de rol. Visto en perspectiva,
aquello parece un pasaje de La colmena. El caso
es que sirvió para que se nos aclararan
las ideas e intentásemos luchar por un
fándom mejor. |
Empezaste a escribir y…
¿dónde has publicado? ¿Ganaste
algún premio? (No te olvides de revelarnos
cuáles fueron aquell@s autores/as que te inspiraron,
que también interesa, también. :-))
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Yo escribía
desde que tenía siete años o así.
Llegué a escribir alguna novelita, del
Oeste, pero las tiré con quince años,
en un ataque de megalomanía. Luego empecé
a escribir ultracortos, casi todos nefastos,
que Julián ya no sabía ni cómo
rechazarme. El primer cuento medio presentable
que escribí apareció en Blade
Runner Magazine. Era “El que
acecha en las escaleras”, una parodia
lovecraftiana que luego salió reeditado
en Qliphoth,
y recuerdo que cuando salió publicado
hicimos una kedada de emergencia en casa de
Faraldo para celebrarlo. Después vinieron
los cuatro relatos finalistas en las tres primeras
ediciones del concurso Aznar (hoy Pablo Rido),
que por aquel entonces organizaba la AEFCF.
Uno de ellos, “Recuerda, aquello, sueños,
nosotros tres”, apareció en el
primer Visiones,
el que seleccionó Julián. Otro,
“Confesiones de un papanatas de mierda”,
en el Visiones
de Javier Redal. Los otros dos, “El hombre
del Quinto Centenario” y “Protégete
de la onda expansiva de mi cerebro”, terminaron
publicándose en Gigamesh.
Al Parsifal de José
Luis Rendueles envié el único
ultracorto publicable de cuando era adolescente,
“Fuegos artificiales”, y una reescritura
en clave de cf de los tres primeros capítulos
de una novela que empecé y que estaba
ambientada durante la Movida Madrileña:
“El nacimiento de Venus”.
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| Aquellos cuentos
eran lo que Theodore Sturgeon llamaba «escritura
terapéutica», es decir, cuentos
escritos en arranques, sin demasiado esquema,
muy automáticos y que eran muy perfeccionables
desde el punto de vista literario. “El
que acecha en las escaleras” era puro
Lovecraft. “Recuerda...” tenía
mucho del Más que humano de Sturgeon
y de la película Arrebato de Iván
Zulueta. “Confesiones...” mezclaba
dos de mis fijaciones de toda la vida: Philip
K. Dick y la guerra civil (y en cierto modo
fue una de las primeras ucronías sobre
la guerra civil, que luego han proliferado).
“El hombre del Quinto Centenario”
nació de la vena izquierdista que nos
inculcaron en la Facultad de Filosofía
y Letras y que había mamado en casa,
además de ser un ajuste de cuentas con
Islas en la red de Bruce Sterling (me cargo
a la protagonista) y un homenaje a Rubén
Blades. Es un batiburrillo, como lo es “Protégete
de la onda expansiva de mi cerebro”, que
es un cuento caótico en el que meto todas
las referencias que puedo, pero que es el que
más me gusta, porque lo releo y me veo
tal como era cuando lo escribí. |
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Después de aquella racha sólo
terminé de escribir un cuento, allá
por 1996: “Tierra de venados”.
Era un encargo de Elia Barceló para
una antología de relatos hispano mexicana
que no llegó a publicarse. Como era
un encargo me lo tomé más en
serio que los otros cuentos. Me curré
un esquema, planifiqué personajes y
desarrollo de la acción. Se trataba
de una ucronía que se narra mediante
las cartas que Felipe II recibe de las personas
involucradas en la construcción de
un canal en México que debía
unir las costas caribeña y pacífica.
Me pasé tres meses documentándome
para escribir un cuento de veinte páginas.
El cuento quedó bien e incluso fue
finalista del Ignotus.
Después de aquello no volví
a escribir. Me embarranqué en unas
oposiciones, luego anduve enfermo, después
empecé a escribir ensayos y críticas
y abandoné mucho la producción
literaria. Tenía algún cuento
empezado, pero soy demasiado perfeccionista
y los terminaba dejando porque no veía
que fueran a estar a la altura de lo que quiero.
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Hace unos meses empecé a asistir a un taller
literario que imparte el guionista de cómic
Jorge Zentner en su domicilio. En cierto modo me ha
cambiado el chip, porque estoy empezando a disfrutar
del mero hecho de escribir, sin importarme la calidad
de lo que escribo. El funcionamiento es muy automático,
da mucha importancia a las emociones y el punto de
vista y ahora me descubro escribiendo ultracortos
mucho más frescos y desnudos. Traigo entre
manos un cuento tan ambicioso como “Tierra de
venados”, y supongo que ahora es el momento
de volver a escribir, después de ocho años
de sequía. También estoy maquinando
una novela juvenil a medias con Álex Vidal,
mi compañero de trabajo en Gigamesh,
y como él es mucho más metódico
que yo, estoy casi seguro de que terminaremos escribiéndola.
Cuéntanos cómo
has vivido la evolución del fándom,
¿cuál es tu punto de vista respecto
al panorama actual de éste? ¿Crees que
hemos evolucionado?
Ha evolucionado, por supuesto:
hace quince años éramos cuatro gatos
y ahora somos ocho.
No, en serio. El término «fándom»
es demasiado inconcreto y abarca varios grupos de
aficionados no siempre compatibles. Si nos referimos
al fándom literario que consume fanzines y
revistas y opina en voz alta sobre los libros que
leen en colecciones especializadas, veo una curiosa
dialéctica entre evolución y estancamiento.
Voy a las hispacones y veo a la misma gente que había
hace catorce años. Al mismo tiempo, me muevo
con gente recién llegada. A primera vista,
podría parecer que unos se van y otros llegan,
pero el fándom sigue igual, como diría
Julio Iglesias. La realidad es algo más compleja.
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El fándom,
como cualquier organismo vivo, se renueva. Funciona
por oleadas. En un primer momento estaban los
aficionados supervivientes del naufragio de
los años ochenta. Luego se sumaron los
que se conectaban vía BBS. Luego nos
superpusimos los que no estábamos en
aquella batalla, pero la observamos de cerca
y pasábamos por allí cuando el
boom de primeros de los noventa. Luego se añadieron
los que llegaron durante los noventa, gracias
a los prólogos de Miquel Barceló
para Nova,
las hispacones y la tertulia de Madrid. Después
empezó a llegar gente procedente del
IRC y las listas de Yahoogroups. Más
tarde, gracias al fenómeno Cyberdark.
También ha habido aficionados que eran
multidisciplinares, cuya mayor preocupación
no era la ciencia ficción escrita sino
la audiovisual (trekkies, warsies, fivers) y
de otros ámbitos del género que
no son propiamente fándom (tolkiendili,
roleros) y han ido implicándose progresivamente
en las actividades fandomitas. Las tertulias |
han sido muy importantes. La presencia femenina
es más acusada ahora que hace unos años.
Los dos ejemplos que pongo al respecto son que
desde que hay chicas en las hispacones ya no
se celebran las mesas redondas sobre sexo y
ciencia ficción (uno de los asuntos recurrentes
de las primeras hispacones, junto con las mesas
redondas tituladas «Escribir ciencia ficción
en España», que tampoco se celebran
desde que la ciencia ficción española
se publica con regularidad dentro y fuera de
nuestras fronteras) y que en las hispacones
de hace diez años no había chicas,
apenas alguna despistada o alguna mujer de escritor,
mientras que ahora son las chicas quienes llevan
a sus novios a las hispacones. |
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No es un ejemplo casual. El público lector
es mayoritariamente femenino, y el hecho de que las
mujeres se hayan ido integrando en el fándom
es una muestra de que éste se está abriendo
a la realidad del mercado editorial. Es una diferencia
muy positiva entre el fándom de los últimos
años ochenta y el fándom actual.
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También
es un fándom más sano. La entrada
de gente joven ha limado un tanto el ambiente
de confrontación que vivíamos
en aquella época. Teníamos un
fádom muy polarizado entre «bemitas»
y «cenobitas», en una guerra de
guerrillas que ya no importa quién empezara
o quién dejara de empezar, pero que enrareció
el ambiente y en cierto modo espantó
a mucha gente valiosa. Ahora hay luchas, por
ejemplo con todo el asunto Pulp, pero no percibo
tanta polarización. No hay dos opciones
principales, sino un fándom más
descentralizado y pacífico, en el que
cada cual puede hacer lo que le da la real gana.
Hay un proceso de semiprofesionalización.
Hace diez años hubiera sido impensable
que tuviéramos cerca de una docena de
autores fandomitas publicando en colecciones
de fuera de género y siendo traducidos
a otras lenguas como el polaco, el francés
y el alemán. Ésta es la primera
generación de escritores conscientes
de pertenecer a un fándom que han llegado
lejos sin renegar del fándom e incluso
reconociendo abiertamente que le deben muchas
cosas. Me parece una actitud valiente. El que
Elia Barceló haya publicado El secreto
del orfebre en Grecia no es obstáculo
para que luego escriba críticas para
Gigamesh.
También vivimos un buen momento en lo
relativo a publicaciones. Ahora que Artifex
empieza a pagar los relatos, hay cinco publicaciones
profesionales en el mercado: Gigamesh,
Artifex,
Asimov,
Solaris
y Galaxia.
Somos fándom, porque es la base de lectores
y colaboradores, pero miramos más allá,
porque hay un mercado más amplio que
el fándom al que llegar. Todavía
no se puede vivir de la escritura de ciencia
ficción en publicaciones y colecciones
especializadas, pero ya hay una docena de autores
que ganan lo suficiente como para pagarse las
vacaciones o algún mes de hipoteca del
piso. |
También hay diferencias que me resultan
intranquilizadoras. Notaba más espíritu
crítico en las reuniones de hace unos
años. Ahora hay mayor conformismo y
falta de implicación en el fándom:
es algo que está allí, que ya
estaba allí cuando los nuevos fandomitas
llegaron. Por otro lado, si este fenómeno
hace que haya menos mala leche entre aficionados,
bienvenido sea.
Paralelamente, veo que se escribe más
de cara a la galería. Un efecto de
Internet es que se está perdiendo el
concepto de publicación generalista.
Internet produce inmediatez, ya no hay que
esperarse unos meses a que aparezca publicada
tu reseña o tu relato o tu opinión
en las revistas y fanzines: para eso tienes
tus blogs, foros y listas de correos. El fándom
jerarquizado en revistas y fanzines, en colaboradores
fijos y simples lectores, se está yendo
al garete. Es más democrático
en este aspecto. Con esto pasa como con las
publicaciones en papel, que el tiempo dirá
cuáles se mantienen y cuáles
no. Pero el proceso es muy interesante, y
creo que es el fenómeno más
destacable que se ha producido en el fándom
durante los últimos años. En
última instancia, ha servido para que
lleguen más lectores, que es de lo
que se trata.
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Actualmente, ¿qué
borrarías del fándom y qué añadirías?
Pese a todo lo que he dicho, veo que hay algo que
no funciona en el fándom. Estoy demasiado implicado
como para analizarlo con objetividad, pero básicamente
añadiría más gente joven, que
todavía no se siente representada por el fándom
actual. No tenemos gran cosa que ofrecerle a alguien
de diecinueve años que lee ciencia ficción,
fantasía o terror y que lo único que
ve desde fuera son broncas o reuniones de aficionados
que se conocen de siempre y en las que a duras penas
pueden integrarse, porque no hay un interés
real por integrarlos. Seguimos siendo muy excluyentes,
y ésa no es la actitud más adecuada
para atraer a gente nueva. Esto es aplicable a las
hispacones y los fanzines.
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También
intentaría abrir las miras del fandom,
tanto del nuevo como del viejo. La ciencia ficción,
y la literatura fantástica en general,
es un género muy interesante, que ofrece
una visión del mundo innovadora que en
cierto modo ha cambiado el mundo real en mayor
medida que ninguna otra literatura de género,
pero la literatura no se acaba allí.
Hay que intentar leer más y relacionarse
con gente de otros ámbitos. Por eso le
veo tanto valor a las Asturcones
que se celebran durante la Semana
Negra y a los festivales Kosmopolis:
durante una semana te puedes divertir y aprender
con la literatura en general y, lo que es más
importante, ponerte en contacto con gente a
la que le gusta la literatura fantástica
y que no tiene el menor interés por el
fándom. En estos tiempos de mestizaje,
atrincherarse en el ghetto (en cualquier ghetto)
tiene muy mal futuro. Entre otras cosas, porque
terminas perdiendo el contacto con la realidad.
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La espinita… “Núcleo
Úbik”
Un buen día, Julián y yo decidimos
poner en marcha un fanzine, y se nos sumaron Héctor
Ramos, Eugenio Sánchez y Paco Canales. A primeros
de los noventa se hacían muy buenos fanzines
(BEM, Sueño del Fevre,
Elfstone, Tránsito,
Opar, Parsifal,
Kenbeo Kenmaro...), pero queríamos
algo distinto. Tal vez nos pusimos muy pesados con
la experimentación y el tono incendiario que
le quisimos dar al invento, siguiendo la lógica
de aquellos tiempos de enfrentamiento nos dedicamos
a tocar las narices todo lo que pudimos, pero a pesar
de todo quedan los contenidos, que eran más
que dignos. Fuimos de los primeros en concederle importancia
a una maqueta clarita, sin floripondios ni fanzinadas
tales como utilizar siete tipos distintos de letra
y meter dibujitos para rellenar páginas, vinieran
o no a cuento. También éramos muy exigentes
con los contenidos. La división del número
en ficción y no ficción, y dentro de
ésta en unas cuantas secciones fijas, denotaba
que aquello estaba pensado con cabeza. Ahora parece
de cajón, pero entonces no lo era tanto. Nunca
quisimos dejar de ser un fanzine, pero teníamos
una mentalidad más seria de lo que se estilaba.
Veo que los Gigamesh
que dirigió Julián y, posteriormente
Artifex,
tienen mucho de aquel espíritu.
Pero por algún motivo aquello no funcionó.
El segundo número fue un calvario en
cuanto a maquetación, nos tiramos cerca
de un año con ello. El número
4 no llegó a salir pese a que llevaba
meses maquetado. Cada uno estaba con sus cosas
y era imposible tirar adelante. Así
que un día lo hablamos Julián
y yo y decidimos cerrar el fanzine. Habíamos
recuperado dinero, con lo que pudimos darnos
el gustazo de devolver el importe de las suscripciones,
y todavía sobró para montar
un sarao en casa de León Arsenal, aprovechando
que Elia Barceló había ganado
el premio Edebé y andaba por España.
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Núcleo Ubik fue el ejemplo
del quiero y no puedo en que recaen los aficionados
del fándom. Hay ideas, pero luego faltan los
medios para llevarlas a la práctica y, sobre
todo, la constancia para seguir editando. Si lo hubiéramos
seguido sacando puede que hubiéramos marcado
una época, porque editábamos relatos
muy innovadores (los de Joaquín Revuelta, Ian
McDonald o Thomas M. Disch), teníamos una personalidad
muy definida como fanzine DE ciencia ficción
y la apuesta era valiente. Personalmente, yo aprendí
a no autopublicarme relatos (un defecto habitual en
todos los fanzines, contra el que tanto Julián
como yo hemos luchado en todas las historias en las
que hemos estado metidos), a cribar textos con criterio,
a trabajar en equipo y a no polemizar porque sí.
Fue una pena que Núcleo Ubik
no saliera adelante, pero todavía hoy lo considero
un buen aprendizaje.
Etapa Gigamesh… y cambio
de formato.
 |
A Gigamesh
llegué por una serie de circunstancias
muy favorables. Por un lado, estaba en el lugar
adecuado en el momento oportuno y, por otro,
mi perfil se adecuaba bastante a lo que Julián
y Alejo querían, alguien que ya conociese
la revista desde dentro y que comulgase con
sus inquietudes: ofrecer buena literatura de
género, estudios analíticos y
razonados y autoindulgencia cero. Antes de todo
eso había estado enfermo, cerca de un
año fuera de juego, con lo que abandoné
mis oposiciones y me dediqué al mundo
de las bibliotecas. Me salió un curso
del paro y en aquella época Alejandro
Salamanca dejó Stalker,
la revista sobre cine que editábamos,
porque sus horarios de trabajo eran criminales
y no podía compatibilizarlos con la revista.
Julián me ofreció dirigir la revista,
pero me negué, porque estaba muy metido
en el curso. Después, León Arsenal
dimitió de Solaris y también me
la ofreció, pero también me negué,
por idénticos motivos. Un par de meses
después, Julián volvió
a llamarme para ofrecerme la dirección
de Stalker.
Estaba más desahogado de tiempo, me habían
salido unas prácticas en la Biblioteca
Nacional, me apetecía el reto, estaba
convencido de que si rechazaba el ofrecimiento
iba a adquirir fama de borde y nadie me iba
a hacer más ofertas de aquel tipo, y
esta vez acepté. Fueron unos meses formativos
muy intensos, yendo y viniendo a casa de Alejandro
para que me explicara el funcionamiento de la
revista, aprendiendo a maquetar y organizar
tareas. |
También fueron meses muy ingratos,
porque las revistas sufrieron un parón
(al salir a la vez Gigamesh,
Stalker
y Yellow
Kid, si una de ellas se retrasaba, el
retraso afectaba a las otras) y durante cerca
de un año casi todas mis labores como
director de Stalker
consistían en tranquilizar a los colaboradores
y lectores de la revista y asegurarles que
la cosa iba encauzándose. Así
pues, mi primer número de Stalker
fue un aprendizaje fundamental, tanto por
el buen hacer de Alejandro como por ir aprendiendo
a manejar los resortes de una revista. Yo
venía del otro lado de la historia,
el del ensayista y crítico que trabaja
siguiendo órdenes, y descubrí
que la tarea de director es mucho más
complicada.
|
 |
Algunos meses después, Julián dimitió
como director de Gigamesh.
Hizo una ronda de consultas entre varios posibles
candidatos y yo era el que mayor disponibilidad tenía.
Con Gigamesh
me pudo más la presión: era LA revista,
cargaba con el peso de los tres números que
había dirigido Alejo y los veintiocho de Julián,
y hasta hace poco tiempo no he aprendido a disfrutar
y sufrir haciendo la revista que tengo en la cabeza,
al margen de lo que hubieran hecho antes Alejo y Julián,
dos de los personajes fundamentales en la historia
de la ciencia ficción española. Dirigir
Gigamesh
también tiene una parte de politiqueo que no
existía en Stalker,
que era más “outsider” dentro del
mundillo de la crítica especializada en cine
fantástico.
 |
Puestas así
las cosas, yo estaba dirigiendo Stalker
y Gigamesh
cuando me llamó Alejo, un día
de diario a las tantas de la noche. Òscar
Buenafuente se iba de la librería para
afincarse en Brasil con su esposa y, para amortizar
su puesto de trabajo, se le había ocurrido
contratarme y que trabajara en el despacho de
la editorial, junto con Álex Vidal, que
se encarga de maquetar y coordinar la edición
de los libros, y con Enric Pinyol, el contable
de Gigamesh
(lo que incluye la editorial, la venta de mayor,
la librería y la tienda de juegos de
cartas). Así podríamos centralizar,
racionalizar y optimizar el trabajo. Ni lo dudé.
Un minuto después de la proposición
estábamos discutiendo cuándo me
incorporaba al trabajo. Luego vino todo el rollo
de irme a vivir a otra ciudad, adaptarme en
lo personal y profesional y aprender los secretos
de Gigamesh. |
A pesar de todo, las revistas seguían
sin arrancar. Alejo hizo cuentas y vio que
cualquier posibilidad de mantener el negocio
a flote pasaba por cerrar Stalker
y Yellow
Kid y potenciar Gigamesh,
que al fin y al cabo siempre ha sido la revista
que mejor nos funcionaba. El formato libro
se había comentado en alguna ocasión,
y contaba con muchas ventajas: mejor distribución,
al sacarle ISBN se puede vender como libro,
al tener mayor tirada las portadas se pueden
incluir en las mismas planchas que algunos
de nuestros libros, el lomo hace de ella un
objeto coleccionable (a diferencia del lomo
grapado de la revista), se puede aumentar
el número de páginas sin tocarle
mucho el precio y, en definitiva, era el cambio
cualitativo que necesitábamos para
seguir creciendo. A mí me dejó
planchado el cierre de Stalker,
porque le tenía mucho cariño
a la revista, y me aseguré de que David
Panadero se hiciese cargo de la misma. Periódicamente
nos movemos en busca de editor, porque es
un proyecto muy defendible, ya tenía
prestigio entre los críticos y cineastas,
ocupaba un hueco que ninguna otra publicación
ha llenado todavía y David le puede
sacar más partido que yo porque se
mueve mejor en el mundillo cinematográfico.
|
El cambio de formato de Gigamesh
es un gran acierto, cada vez me gusta más
y me deja tiempo para maquetar libros, que
era otro de los objetivos que buscábamos:
de este modo, Álex tiene un refuerzo
y podemos poner en marcha la colección
de libros de ensayo. Además, el nuevo
formato es muy cómodo para trabajar.
Aunque tímidamente, va funcionando
en lo relativo a ventas, y así nos
podemos permitir aumentarle la paginación
a partir del número 39. Le aumentaremos
un cuadernillo (32 páginas más,
hasta 160) sin tocar el precio.
|
 |
Esta pregunta es casi obligatoria,
¿cuál es tu método de trabajo?
¿Qué es lo que más valoras o
te llama la atención del material que recibes,
para después seleccionarlo?
Intento planificar el número de antemano. Siempre
hay contenidos «de su padre y de su madre»
que no sabes muy bien en qué número poner,
pero lo normal es que haya cierto hilo conductor. En
función de eso, cuadro el número y encargo
material si no lo tengo. Por supuesto, esto sólo
es válido para números especiales (como
el 33, especial Sapkowski, el 35, especial cf europea,
el 39, especial Philip K. Dick) y con los contenidos
más o menos uniformes (el 37 es casi de fantasía,
el 38 es casi policíaco).
 |
Básicamente
intento normalizar la periodicidad de la revista,
porque tengo mucho material pendiente de aparición
y, mientras transcurran dos años o más
entre que me entregan el material encargado
y éste termina apareciendo, resultará
muy difícil que pueda encargar más
material o aceptar el material no solicitado
que me llega. A pesar del aumento del número
de páginas, todavía hay material
para seis o siete números, prácticamente
todo el año 2005, y me sabe realmente
mal no agilizar el contacto con los autores
que nos envían sus relatos o ensayos.
Ésa es mi gran asignatura pendiente,
el contacto directo con los colaboradores, y
lo seguirá siendo hasta que Gigamesh
no sea de hecho una revista bimestral. |
Cuando este contacto se ha producido en condiciones
favorables, lo que solemos hacer es fijar una serie
de directrices, cuando estoy encargando el material,
o valorarlo, cuando me llega de una manera espontánea.
En ambos casos, comentamos qué está
bien y qué no está tan bien, qué
cambios habría que introducir, en qué
aspectos habría que insistir e intentamos hablar
con el autor sobre posibles líneas temáticas
que se le hayan escapado (o que se me hayan escapado
a mí). En resumen, hacer una labor de edición.
Luego viene la fase de corrección del texto.
Esto es especialmente complicado con las reseñas
y críticas, porque, pese a que hay una serie
de normas de estilo básicas, éstas no
están recopiladas aún en un Libro de
Estilo (Natalia Cervera está trabajando en
él) y hay que uniformizar los textos, sin que
pierdan su personalidad. Una vez corregido, empieza
la premaqueta. Como no siempre te encuentras con que
los contenidos ocupan la extensión que le tenías
asignada de antemano, a veces se le pide al colaborador
que recorte o aumente el texto. Allí empieza
la maquetación, jugar con el track para evitar
que haya líneas viudas y huérfanas,
ver en qué páginas incluimos las ilustraciones
de los relatos, discurrir las entradillas y entresacados,
escanear las portadas de los libros reseñados
y, luego, el gran coñazo: elaborar el listado
de novedades de la librería. Puedo perder hasta
una semana con ello.
Una vez maquetado el número, se escribe el
editorial y se rellena la página de cortesía.
Con el número ya maquetado, Alejo efectúa
una última corrección del texto, me
da truquitos de maquetación y corrección
que se me hubieran escapado en su momento. Una vez
incorporados los últimos cambios, corrijo la
maqueta, ésta vuelve a las manos de Alejo y
él le da el visto bueno definitivo. Entonces
llevo la revista a fotomecánica, le doy el
visto bueno a los láseres y entramos en imprenta.
En los originales que recibo y el material
que selecciono valoro que el autor tenga algo
que contar, que lo haga bien (no me estoy
refiriendo sólo a la corrección
ortográfica o gramatical, sino a que
sepa expresarse, explicarse y tenga las ideas
claras) y que sepa ofrecer un punto de vista
nuevo en lo que escribe, que sepa reinterpretar
la temática sobre la que escribe. En
igualdad de condiciones, valoro más
un relato, un ensayo o una crítica
que me hagan sorprenderme y llegar a la conclusión
de que el autor está abriendo un camino
nuevo que nadie más había hollado
antes. Por supuesto, esto no quiere decir
que admita cualquier cosa sólo por
el hecho de ser original, pero valoro la audacia,
el saber ofrecer un punto de vista distinto,
el tener una voz propia.
|
 |
¿Qué autores has
descubierto o vaticinaste que llegarían lejos?
No me gusta ejercer de profeta a posteriori, porque
así es muy fácil acertar.
Tanto como descubrir autores... No creo que haya
llegado a eso. Me gusta mucho la evolución
de David G. Panadero como ensayista, tanto en Stalker
como en Gigamesh.
Creo que hemos encajado muy bien, trabajamos en equipo
(unas veces, yo a sus órdenes; otras, él
a las mías) y que he ayudado a encauzar su
talento, siempre partiendo de la base de que él
tiene las ideas muy claras.
Como autores de literatura fantástica, básicamente
todos los que a primeros de los años noventa
afirmaba que iban a llegar lejos lo han conseguido:
Elia Barceló, César Mallorquí,
Félix J. Palma, Javier Negrete, León
Arsenal y Rafael Marín. Igual no supe ver en
su momento todas las posibilidades de Rodolfo Martínez.
De las hornadas posteriores, en Núcleo Ubik
publicamos los primeros o segundos trabajos de Joaquín
Revuelta, Eduardo Vaquerizo y Daniel Mares.
De los que empiezan, reconozco que tengo debilidad
por lo que escribe José Antonio del Valle,
tanto por las temáticas que maneja como por
su manera de escribir. De la gente a la que seleccioné
en el Visiones
2002, parece que acerté con Santiago Eximeno,
Lorenzo Luengo y Víctor Conde, que dieron el
salto en el año y pico que transcurrió
entre que seleccioné sus textos y apareció
la antología. Tengo mucha fe en las posibilidades
de Sergio Parra, Carlos Martínez Córdoba
y sobre todo Luis Astolfi, si nos ceñimos a
los autores a quienes seleccioné en el Visiones,
y Juan Antonio Fernández Madrigal, entre los
que no aparecieron en la antología.
¿Cómo fue que te
engañaron para seleccionar un Visiones? ¿Qué
tal resultó la experiencia?
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Es lo malo de
salir de copas los viernes por la noche. Habíamos
hecho una kedada para ir al cine con gente de
la lista Cienciaficcion de Yahoogroups y, justo
cuando estábamos esperando el autobús
nocturno para recogernos, Gorinkai me soltó
que si quería seleccionar el Visiones.
La idea me apetecía, porque Julián
me había seleccionado en el primer Visiones,
creo que realmente sirvió para dar a
conocer a autores noveles y quería comprobar
qué tal escribe la gente nueva. Así
que no me lo pensé dos veces. |
Me dio mucha pena no poder dedicarle más tiempo
al Visiones.
Me coincidió con una etapa muy chunga en lo
personal (entre un trabajo muy absorbente en una subcontrata
de la Biblioteca Nacional y la mudanza a Barcelona,
que me costó más de lo que hubiera querido)
y no pude contestar a los autores uno por uno. Lo
que sí me gustó más fue que,
una vez realizada la selección, hubo buena
comunicación con los autores ya seleccionados.
Les comentaba cómo marchaba la selección,
qué problemas me encontraba en la corrección
y la maquetación, les pedía el visto
bueno al redactar las entradillas... Creo que logramos
crear un buen equipo y estoy satisfecho con los resultados.
Ahora hay algunos cuentos que tal vez hubiera
dejado para Gigamesh:
el de Paula Ruggeri y el de Lorenzo Luengo,
por ejemplo. Pero creo que la selección
quedó bien, porque intenté que
me saliera muy compensada por géneros,
porque todos los autores escribían
desde las entrañas y porque ellos respondieron
mejor que bien, y me parecía prioritario
que se sintieran a gusto y quedaran contentos
con el resultado final. Aparte, es uno de
los últimos Visiones
más publicitados, han aparecido bastantes
reseñas, y eso siempre es enriquecedor
y útil, tanto para los autores como
para el seleccionador.
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¿Qué consejos le
darías a todo escritor principiante?
Les pediría dos cosas: modestia y tenacidad.
Tener buenas cualidades para escribir no lo es todo,
hay que tener capacidad para darle muchas vueltas
a un texto, dejar fuera cosas que nos gustan pero
que no aportan nada a la trama principal o que rompen
el ritmo. En resumen, hay que saber controlarse. Algunas
veces se nos ocurrirán ideas geniales, pero
éstas no sirven de nada si no encajan en la
historia. Otras veces nos atascaremos con un aspecto
concreto de la obra (una trama complicada, un personaje
respondón, un diálogo imposible), y
para eso es fundamental tener capacidad de trabajo,
repetir una y otra vez hasta que salga bien.
Siempre es bueno dejar reposar lo escrito durante
un tiempo para adquirir mayor perspectiva. Cuando
acabas de escribir un cuento o una novela estás
demasiado contaminado, por eso es muy conveniente
dejársela leer a otras personas que puedan
aportar una visión externa, o dejarla una temporada
en barbecho para poder juzgar con mayor ecuanimidad.
Otro consejo para cualquiera que quiera escribir:
leed. Un buen escritor suele ser casi siempre un buen
lector.
Y otro consejo más: vivid y observad. No queráis
estar encerrados en casa esperando a que llegue la
inspiración. Se puede aprender mucho hablando
con la gente, viendo actuar a los demás, experimentando
nuevas sensaciones...
Y no nos vamos a quedar en los
autores principiantes… ¿qué obras
recomendarías a aquellos lectores de Cifi que
aún no se ha iniciado en la nuestra, la Cifi
autóctona, la Cifi de pata negra?
Todo dependería de cada lector, de sus lecturas
previas y de sus intereses. Para iniciar a un adolescente
en la cf, lo intentaría con El juego de Ender,
de Orson Scott Card, o la serie de las Fundaciones,
de Isaac Asimov, que está bastante comprobado
que sirven para enganchar lectores. A un público
un poco más formado lo atacaría por
dos frentes. El primero, el de la ciencia ficción
slipstream, es decir, aquella que fue publicada en
colecciones generales pero que es de género:
Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1984, de George
Orwell o La guerra de las salamandras, de Karel Capek.
El segundo sería el de los clásicos
contrastados: El hombre demolido, de Alfred Bester,
Solaris, de Stanislaw Lem o Ubik, de Philip K. Dick.
Pero ya digo, todo dependería de la persona
a la que recomendar libros. Por ejemplo, a una chica
de mi edad intentaría engancharla con Oveja
mansa, de Connie Willis.
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Ay, qué
tontería, si no me habías preguntado
eso. Bueno, yendo a la ciencia ficción
española, te respondería exactamente
lo mismo: depende del lector. En principio hay
dos antologías: la Antología de
ciencia ficción española. 1980-2002
y la Antología 10, ambas recopiladas
por Julián Díez. Ahí están
prácticamente todos los nombres importantes
de la ciencia ficción española
reciente. A partir de ahí dejaría
que cada cual fuera decantándose por
los autores que más le hayan gustado.
Los libros que recomendaría sin temor
a equivocarme son Lágrimas de luz, de
Rafael Marín, El Señor de la Rueda,
de Gabriel Bermúdez (por favor, en las
ediciones de Orbis o Albia), El Círculo
de Jericó, de César Mallorquí
y Nox perpetua, de Javier Negrete.
Títulos recientes: tanto
El secreto del orfebre, de Elia Barceló,
como Rihla, de Juan Miguel Aguilera, son de
lo más recomendable. |
Por cierto, ¿qué
autores españoles son tus predilectos?
Gabriel Bermúdez Castillo. Me parece
admirable la fluidez con que se lee, el tono
socarrón que le impregna a sus escritos
y el haberse adelantado a la ciencia ficción
«cañí» o de «cachava
y boina» que ha proliferado últimamente.
Es una maestro.
De fuera del fándom, pero que escriban
género fantástico de una manera
asidua: Pilar Pedraza y José María
Merino.
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De los autores del “boom”, los más
completos me parecen Elia Barceló, César
Mallorquí y Javier Negrete. Los tres son muy
versátiles, con el tiempo han ido adquiriendo
un control completo sobre lo que escriben y cómo
lo escriben, su amplitud de miras es notable y me
parecen los más valiosos de su generación,
sin menospreciar a Juanmi Aguilera, Rafa Marín,
Rudy Martínez, Javi Cuevas, León Arsenal,
Félix Palma o Joaquín Revuelta.
De los que están empezando ahora, le veo muchas
posibilidades a José Antonio del Valle. Sólo
le falta escribir (y publicar una novela) para dar
el salto, y él lo haría muy bien. También
me muero de ganas de ver alguna novela publicada de
Ramón Muñoz.
¿Y extranjeros, en la
actualidad?
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Estoy enganchadísimo
con Canción de Hielo y Fuego, de George
R.R. Martin, la serie de Geralt de Rivia, de
Andrzej Sapkowski, y los cuentos de Ted Chiang.
A grandes rasgos, creo que son los autores más
interesantes del cambio de siglo. Siempre es
bueno seguirle los pasos a Paul McAuley, Greg
Egan, Kelly Link y David Marusek.
Estoy empezando a descubrir la ciencia ficción
europea no anglosajona. Eschbach y Sapkowski
son los autores punteros, porque ya han aparecido
traducidos al castellano, pero hay por ahí
gente húngara o finlandesa que también
está escribiendo cosas interesantísimas. |
¿Has realizado alguna
otra actividad a parte de escribir, publicar un fanzine,
dirigir una revista, y contestar a este rollo de cuestionario?
Pese a mi aversión a hablar en público,
últimamente me estoy dejando liar para dar
conferencias o realizar presentaciones de libros.
Cada vez me siento más a gusto en ese terreno.
Guardo muy buenos recuerdos de los tres libros de
ensayo en los que he estado metido: De profundis:
Antología crítica de literatura fantástica,
que seleccionamos Ramón Muñoz y yo,
Porque yo tengo un arma y tú no, un ensayo
sobre el cine y la guerra de Yugoslavia que firmamos
a medias José Miguel Pallarés y yo,
y Las 100 mejores novelas de ciencia ficción
del siglo XX, que coordinó Julián Díez.
Alguna que otra vez me han tirado los tejos para que
amplíe a libro la sección Mentidero
Cinco, que son los cotilleos sobre el fándom
que escribí en Bibliópolis durante año
y pico, pero no me dejo. De vez en cuando sale la
posibilidad de colaborar en algún ensayo colectivo,
y esa clase de actividades me gusta especialmente,
porque veo que sirven para difundir el género.
Cuéntanos aquella o aquellas
experiencias que más te han enriquecido.
¿Relacionadas con la ciencia ficción?
Los primeros años de la TerMa, en los que aquello
era un hervidero de ideas y creatividad. Todos los
libros colectivos en los que he participado. Mi experiencia
en Ediciones
Gigamesh, desde mi primer Stalker
hasta el último Gigamesh
y la edición de los cuentos completos de Fredric
Brown, con los que he aprendido un montonazo. Todo
es un proceso acumulativo del que extraigo buenas
enseñanzas, tanto cuando sale muy bien como
cuando es un fracaso.
¿Qué olvidarías
de toda tu trayectoria?
La inconstancia. Nunca he funcionado mucho tiempo
seguido al cien por cien, con lo que jamás
he llegado a rendir como me hubiera gustado. Tal vez
me hubiera gustado ser algo menos impulsivo y no meterme
en todas las broncas en las que podía meterme.
De todos modos, como no se puede cambiar el pasado,
casi me da igual lamentarme: lo hecho, hecho está,
y a pensar en el futuro.
HispaCones, ¿tienen futuro?
;-)
Siento ser pesimista, pero si siguen con
el planteamiento actual no les veo el menor
futuro. Seguiremos yendo los mismos de siempre
y corremos el riesgo de que, si por determinadas
circunstancias, dejan de celebrarse hispacones
durante uno o dos años, después
no exista el menor interés por recuperarlas.
Por eso es importante que sigan celebrándose,
pese a que todos sepamos que la fórmula
no da más de sí: siempre será
mejor lamentarnos una y otra vez por la oportunidad
perdida nuevamente que por no habernos podido
reunir, después de catorce o quince
años haciéndolo.
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En la última hispacón moderé
una mesa redonda que versaba precisamente sobre el
futuro de las convenciones, y pude comprobar cuál
es su auténtico problema: carecemos de una
visión, unos objetivos y un método.
Nos limitamos a hacer lo que siempre se ha hecho,
sin ser conscientes de que así no vamos a enganchar
a nuevos aficionados. En la mesa redonda se planteó
que las hispacones tienen que dejar de intentar acaparar
a otros sectores del fantástico (sobre todo,
los del audiovisual), porque está claro que
no son un factor aglutinante, y limitarse a los aspectos
literarios. Aun así, hay demasiadas vías
que explotar y que hasta ahora se han abordado de
una manera muy tangencial: el mundo de la docencia
(nunca se ha planteado una hispacón como un
congreso académico, pese a que ofrece muchas
posibilidades al respecto), los géneros afines
(el policíaco o el histórico) y los
campos en los que están los lectores del fantástico
(el slipstream y la narrativa juvenil). Salvo algún
acto aislado en la Barnacón
2002 y Xatafi
2003, estos aspectos son arrinconados sistemáticamente
por los organizadores de las hispacones.
Cómo ves el horizonte.
Lo veo cada vez más difuso, con un fándom
cada vez más diluido dentro de un fenómeno
más amplio: el de los lectores de literaturas
de género. No creo que desaparezcan las colecciones
especializadas (aunque el exceso de saldos de los
últimos meses me hace augurar un par de años
difíciles) ni las publicaciones especializadas
(aunque haya cinco revistas profesionales, ello enmascara
la casi total desaparición de los fanzines)
ni la conciencia de fándom, pero sí
percibo que están dejando de ser importantes
y que lo que prima es el interés por hacer
las cosas bien. Veo que las nuevas generaciones de
lectores están menos implicadas con la creación,
pero al mismo tiempo son más críticas.
En resumen, veo un futuro inmediato con muy buenos
lectores, mejores que los aficionados de hace una
década, pero con problemas serios de creatividad
si falla algún autor o no surgen recambios.
Y ya que estamos, deseos para
el futuro…
Poder asistir a una Eurocon con
la sensación de que conozco a todos los autores
y aficionados porque hablamos en un lenguaje narrativo
común y nos unen los mismos intereses.
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