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David Calleja autor de "Sombras de un mismo sol" (Espiral CF nº 29)

Al terminar de leer el segundo capítulo me di cuenta de que si no lo hacía al llegar a casa, en un futuro podría tener algún que otro remordimiento. «¡Este chico es un genio!» Pensé. Y no es que lo hubiera dudado en ningún momento, ya que cuando leí su novela “Sombras de un mismo sol”, (publicada en Espiral CF, y de la cual ya hice un comentario en NGC), percibí algo, «madera» lo llaman, y además de la buena. Pero por otro lado, lo reconozco, también llegué a pensar que tal vez pudiera ser que de todo lo que había escrito hasta ese momento, lo único que realmente merecía la pena era “Sombras de un mismo sol”, y por eso esta novela había sido publicada y del resto de sus trabajos, ¡ni rastro! Pero afortunadamente llegó a mis manos “Cuento actual, en el tiempo de Duendes”, novela que David me prestó amablemente para que pudiera leer durante estos días de vacaciones, y ésta, se empeñó en sacarme de dudas, demostrándome durante su lectura que aquella impresión que tuve al leer “Sombras de un mismo sol” era la correcta.

Su nuevo préstamo, además, me convenció de que no podía dejar pasar esta maravillosa oportunidad, que tenía que decir algo al respecto, porque aquello era demasiado bueno como para que quedase en una simple lectura y un mail de vuelta a su autor, ya sabéis, con las típicas palmaditas en la espalda... Y bueno, es por ello que ahora me tenéis aquí describiendo brevemente su primera novela, que por cierto aún no ha sido publicada, y contando algunas curiosidades a cerca de su autor.

Y para empezar, he de decir que en “Cuento actual, en el tiempo de Duendes”, una vez más volví a encontrarme una historia cargada de sentimientos, como ya ocurrió en “Sombras de un mismo sol”, de pequeñas vivencias paralelas surgidas esta vez de la memoria de los protagonistas: historias o hazañas que terminan dándole más vida, más matices, y cada vez más sentido a ese escenario principal que dicho sea de paso, sorprende por su simplicidad: “Cuento actual, en el tiempo de duendes”, me sorprendió entre muchas otras cosas porque cuenta con poquísimos personajes y acontece en un entorno de lo más reducido, aun cuando al principio pueda llegar a engañar y hacer pensar que la narración se sucederá en dos lugares distintos, recreados por las mentes de sus protagonistas principales mientras éstos permanecen en su actual entorno. No obstante, y a pesar de la curiosa configuración de la historia, ésta no se hace en ningún momento monótona o previsible. Nada de eso, es sorprendente y a veces tan real como la vida misma. Está además llena de sabiduría, de encanto, de humanidad...

Por supuesto esta primera novela de David (la primera que concluyó), cuenta con nuevos héroes, o mejor dicho, un nuevo héroe que no tiene nada que ver con ninguno de los perfiles más habituales, ni siquiera con el de su heroína de “Sombras de un mismo sol”. Liu, no es un tipo rudo y sin corazón que se limite a cumplir con lo que él cree que es su deber mientras busca justicia por las bravas: tampoco es aquel héroe cuya dura fachada oculta a un ser sensible, de gran corazón, y unos sentimientos de lo más nobles: y ni mucho menos es el típico héroe torpe que nos hacer reír con sus patochadas, y que aunque no deja de meter la pata, por suerte siempre acaba haciendo lo correcto y todo acaba bien... No, Liu es un ser humano, una persona que necesita respuestas, y después de esto, un guerrero, pero guerrero casi a la fuerza, o por herencia, según se vea...

Como se puede deducir del mismo título, “Cuento actual, en el tiempo de Duendes” quiso decantarse hacia el lado de la Fantasía, y es que David Calleja no sólo sabe moverse dentro de la CF como quiere, sino que con la Fantasía, en esta ocasión, hace lo que le da la gana (y perdón por la expresión).

Por supuesto le pregunté al respecto y esto es lo que me contestó:

«Creo que Fantasía y CF no son más que excusas, ambientaciones casuales para desarrollar las historias y los pensamientos de unos personajes. Me importa lo que sienten, me aterra que sean planos. Está claro, eso sí, que hay géneros en los que uno se siente más cómodo que en otros. Yo crecí con la Fantasía. Fueron los libros de Tolkien primero, la Dragonlance y algunos otros después. Y los juegos de rol, por supuesto, siempre ambientados en un mundo de fantasía medieval. Puede que sea gracias al rol que hoy pueda describir con facilidad tabernas, castillos y grutas siniestras. Escribir Fantasía tiene la ventaja de que nadie puede discutirte lo que pones. El "es imposible" no tiene cabida».

Además de Tolkien, motor principal que impulsó a David a fantasear y a escribir en una de las etapas clave de todo ser humano (la pubertad), también es un ferviente admirador de autores tales como Aldous Huxley, Philip K. Dick , Julio Verne, Lovecraft, y Theodore Sturgeon entre otros.

 

Respecto a la CF, a su relación con ella, comenta:

«Yo pensaba que mi relación con la CF era escasa, pero últimamente he meditado algo sobre el asunto y me he dado cuenta de que he visto muchas películas y leído más de lo que creía. La mayor influencia la recibo del cine, eso está claro, y los libros que he leído no son precisamente los clásicos. Aun así, tengo la sensación de que no sé nada de CF (bueno, en realidad de que no sé nada de nada, pero esa es otra historia)».

Yo desde luego discrepo de esta última afirmación, puesto que tras la lectura de cualquiera de sus obras al menos para mí es evidente que David sabe desenvolverse a la perfección, que sabe transmitir y desarrollar sus ideas utilizando este género como herramienta, entonces, ¿no es eso entender de CF, o por el contrario se trata de leer libros y memorizarlos? Bueno, sea como fuere, lo que sí tengo claro después de leer dos novelas suyas y de haber mantenido correspondencia “emiliana” con él, es que David es un hombre de lo más modesto...

 

Pero no nos desviemos. En cuanto a sus primeros pasos dentro de estos dos géneros, ahí tenéis su respuesta:

«Lo mejor será que empiece por el principio, por la primera historia que escribí. Recuerdo que antes prefería dibujar, así que no entiendo muy bien porqué me decidí a redactar aquella pequeña aventura de una lanzadera espacial inteligente. Era un crío. Puede que acabara de ver en el cine “2001: Odisea del espacio”. Tuve la nefasta idea de dar a la máquina de mi cuento un nombre complejo y largo que se repetía línea tras línea. Era algo así como: "XTWS2385 aceleró para escapar de la lluvia de meteoritos. Entonces una gigantesca piedra golpeó los motores de XTWS2385 y XTWS2385 tuvo que reducir la velocidad". Un desastre, pura redundancia. También escribí sobre las peripecias de una patata arrugada que iba de contenedor de basura en contenedor. Tras estas breves experiencias seguí intentando contar historias bajo la forma del cómic. Nunca fui demasiado brillante en esta disciplina, pero te puedo asegurar que me entretenía mucho.

Creo que no volví a escribir hasta que un profesor del colegio tuvo el acierto de sustituir las clásicas redacciones por narraciones que salieran de nuestras propias cabezas. Terminé entonces mi ¿tercer? cuento, que trataba de un viejo que vivía solo en su cabaña. Me tocó a mí leerlo en alto, de espaldas a la pizarra, enfrentado al resto de los compañeros. Había disfrutado elaborándolo y no me disgustó el sonido de las palabras entrelazadas. Tendría unos quince o dieciséis años, había descubierto una buena diversión...»

 

Y así explica sus avances en la ardua tarea de escribir literatura de Fantasía y CF:

«Seguí escribiendo durante muchos años, movido por grandes ambiciones e ilusiones, sufriendo también grandes fracasos. Empecé un par de historias largas que nunca llegué a terminar porque releía lo hecho y no me agradaba. Pude haber perdido las ganas pero tuve la suerte de completar unos pocos relatos cortos. Fue una buena manera de continuar en la brecha. Había dado final a un principio, había conseguido cerrar con coherencia esos cuentos. Porque ese fue mi primer motor como escritor: dar forma y dar sentido a la acumulación de palabras. El resultado puede ser mejor o peor pero válido en cualquier caso. Es como el escultor que arranca un busto a un trozo de piedra o que del barro hace una figura...».

Y es que a esto, he de añadir que es una persona de lo más perfeccionista. De hecho él mismo lo evidencia no sólo al admitir que ha empezado un sinnúmero de cuentos y no ha sido capaz de acabarlos, quizá porque algunos quiso pulirlos tanto que acabó cansándose de ellos, sino al contestar a otra de mis preguntas; ¿Cómo te gusta escribir?

«Ahora mismo de una forma bastante vulgar: en silencio y delante de mi ordenador (que, por cierto, es un iMac azul que poco a poco va envejeciendo). Cierro la puerta, me siento en pijama y abro el QuarkXPress. Me gusta el silencio. Leo y releo, cambio palabras de lugar, borro frases continuamente, trato de ser preciso, claro, conciso. Un rollo. Antes tenía más encanto, cuando repudiaba estos montones de silicio. Hubo un tiempo en que yo no tenía ordenador. Escribía a mano, en folio blanco y con lápiz. Sí, con lápiz, así podía borrar lo que no me gustaba. Hoy es todo mucho más cómodo pero también más aburrido, es decir, menos digno de ser contado».

 

Sobre el estilo, su estilo, nos cuenta:

«Mi primer paso consciente fue evitar la redundancia, el segundo aumentar el vocabulario y el tercero evitar la repetición sonora (o redundancia sonora, no sé, esto tiene un nombre pero no lo recuerdo). Me gusta introducir palabras poco comunes, quizá porque me gusta encontrarlas en los libros que leo. No me importa recurrir al diccionario. Es más, lo considero positivo, educativo y enriquecedor. Leyendo a ciertos autores me doy cuenta de que no tengo ni idea del idioma que empleo, y que por muchos años que pasen seguiré sin tener ni idea. Así son las cosas. Por eso me parece una locura el empeño que hay por aprender otros idiomas cuando nos queda tanto por descubrir en el nuestro. Bueno, en parte lo entiendo, sé que se trata de una cuestión práctica».

 

Y el crecimiento literario para David Calleja es...

«Opino que en el crecimiento literario hay varias fases. La primera es la que acabo de referirte (dar forma y sentido a la acumulación de palabras). La segunda es que alguien te lea y disfrute. La tercera es publicar. La cuarta es tener éxito. Las dos últimas son prescindibles. Publicar me ha hecho mucha ilusión, desde luego, pero las que realmente me han llenado han sido las dos primeras fases. Bien, no sé si llamarlo crecimiento literario es correcto, pero creo que me entiendes. Digo esto porque se me ocurren otras visiones del crecimiento literario como la estilística o la narrativa».

 

Una de mis últimas cuestiones fue cómo configuraba David las historias:

«Los comienzos de mis historias son curiosos. No es que me ponga a pensar sin más sobre lo que podría escribir. Son ideas que surgen de repente observando algo, imágenes poderosas que aparecen sin que yo las llame, muchas veces en sueños. Pero esto es sólo el embrión, el germen que me parece atractivo y sobre el que empiezo a dar vueltas. ¿Nunca te ha ocurrido que vas por la calle, ves lo que sea y te pones a fantasear? Yo medito las posibilidades en momentos de tranquilidad, sobre todo al acostarme. Mis historias evolucionan noche tras noche, y comienzo a escribirlas antes de que estén definitivamente atadas. En Cuento Actual (¡NGC-censura!)... todo dependía de cómo evolucionaran los acontecimientos. Los personajes son libres, actúan según la lógica interna de la narración y a menudo me sorprenden. En “Sombras de un mismo sol” yo viajaba con ellos hacia lo desconocido. No sabía con exactitud lo que se iban a encontrar ni cómo conseguirían escapar del planeta desierto. Al grano: la respuesta es que no sé el final hasta unos pocos capítulos antes (lo de los relatos es diferente, al ser más cortos los completas antes en la mente). Improviso, aunque procuro hacerlo con coherencia...».

 

Respecto a otras particularidades de su vida, estudió periodismo porque según él, quería escribir mejor, lo que significa que este hombre lo vive. Eso sí, también afirma que ha descubierto que hay periodistas que escriben muy bien, pero él piensa que no es porque hayan aprendido a hacerlo en la facultad...

«El crecimiento narrativo reside, supongo, en mantener el interés y la expectación, conducir al lector sin que se pierda y describir los ambientes y situaciones cada vez un poco mejor».

Después estudió diseño gráfico, y actualmente trabaja en la Diputación de Vizcaya. Por otra parte, y una vez más haciendo gala de su modestia, asegura que no le atraen demasiado los concursos, aunque reconoce haber participado en alguno sin obtener muy buenos resultados...

 

Sobre sus trabajos, afirma que por el momento cuenta con algunos cuentos absurdos, cuentos humanos, incluso con cuentos violentos; dos libros inacabados y parece ser que por el momento inacabables, y dos libros acabados. ¿Le parecerá poco?

«En el cajón guardo muchas letras. La mayoría no tiene final ni coherencia, pero aun así diré que todo me ha sido de provecho. ¿Por qué? Porque para escribir y sacar algo en limpio no importa lo que se escriba. Sólo hay que escribir, sólo así se avanza».

 

Y ya para despedirme, desde aquí le deseo la mejor de las suertes y por supuesto fuerzas para continuar con la bella tarea de «dar forma y sentido a sus acumulaciones de palabras», porque una cosa es cierta, si continúa como hasta el momento y además le dan la oportunidad de hacerlo, David Calleja Cuñado, no sólo nos cautivará con un sin fin de curiosas historias, sino que además, dará mucho que hablar dentro del fándom, y si no, al tiempo.

 

 
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