Y para empezar, he de
decir que en “Cuento actual, en el tiempo de Duendes”,
una vez más volví a encontrarme una historia
cargada de sentimientos, como ya ocurrió en “Sombras
de un mismo sol”, de pequeñas vivencias
paralelas surgidas esta vez de la memoria de los protagonistas:
historias o hazañas que terminan dándole
más vida, más matices, y cada vez más
sentido a ese escenario principal que dicho sea de paso,
sorprende por su simplicidad: “Cuento actual,
en el tiempo de duendes”, me sorprendió
entre muchas otras cosas porque cuenta con poquísimos
personajes y acontece en un entorno de lo más
reducido, aun cuando al principio pueda llegar a engañar
y hacer pensar que la narración se sucederá
en dos lugares distintos, recreados por las mentes de
sus protagonistas principales mientras éstos
permanecen en su actual entorno. No obstante, y a pesar
de la curiosa configuración de la historia, ésta
no se hace en ningún momento monótona
o previsible. Nada de eso, es sorprendente y a veces
tan real como la vida misma. Está además
llena de sabiduría, de encanto, de humanidad...
Por supuesto esta primera novela de
David (la primera que concluyó), cuenta con nuevos
héroes, o mejor dicho, un nuevo héroe
que no tiene nada que ver con ninguno de los perfiles
más habituales, ni siquiera con el de su heroína
de “Sombras de un mismo sol”. Liu, no es
un tipo rudo y sin corazón que se limite a cumplir
con lo que él cree que es su deber mientras busca
justicia por las bravas: tampoco es aquel héroe
cuya dura fachada oculta a un ser sensible, de gran
corazón, y unos sentimientos de lo más
nobles: y ni mucho menos es el típico héroe
torpe que nos hacer reír con sus patochadas,
y que aunque no deja de meter la pata, por suerte siempre
acaba haciendo lo correcto y todo acaba bien... No,
Liu es un ser humano, una persona que necesita respuestas,
y después de esto, un guerrero, pero guerrero
casi a la fuerza, o por herencia, según se vea...
Como se puede deducir del mismo título,
“Cuento actual, en el tiempo de Duendes”
quiso decantarse hacia el lado de la Fantasía,
y es que David Calleja no sólo sabe moverse dentro
de la CF como quiere, sino que con la Fantasía,
en esta ocasión, hace lo que le da la gana (y
perdón por la expresión).
Por supuesto
le pregunté al respecto y esto es lo que me contestó:
«Creo que Fantasía
y CF no son más que excusas, ambientaciones casuales
para desarrollar las historias y los pensamientos de
unos personajes. Me importa lo que sienten, me aterra
que sean planos. Está claro, eso sí, que
hay géneros en los que uno se siente más
cómodo que en otros. Yo crecí con la Fantasía.
Fueron los libros de Tolkien primero, la Dragonlance
y algunos otros después. Y los juegos de rol,
por supuesto, siempre ambientados en un mundo de fantasía
medieval. Puede que sea gracias al rol que hoy pueda
describir con facilidad tabernas, castillos y grutas
siniestras. Escribir Fantasía tiene la ventaja
de que nadie puede discutirte lo que pones. El "es
imposible" no tiene cabida».
Además de Tolkien, motor principal
que impulsó a David a fantasear y a escribir
en una de las etapas clave de todo ser humano (la pubertad),
también es un ferviente admirador de autores
tales como Aldous Huxley, Philip K. Dick , Julio Verne,
Lovecraft, y Theodore Sturgeon entre otros.
Respecto a la CF,
a su relación con ella, comenta:
«Yo pensaba que mi relación
con la CF era escasa, pero últimamente he meditado
algo sobre el asunto y me he dado cuenta de que he visto
muchas películas y leído más de
lo que creía. La mayor influencia la recibo del
cine, eso está claro, y los libros que he leído
no son precisamente los clásicos. Aun así,
tengo la sensación de que no sé nada de
CF (bueno, en realidad de que no sé nada de nada,
pero esa es otra historia)».
Yo desde luego discrepo de esta última
afirmación, puesto que tras la lectura de cualquiera
de sus obras al menos para mí es evidente que
David sabe desenvolverse a la perfección, que
sabe transmitir y desarrollar sus ideas utilizando este
género como herramienta, entonces, ¿no
es eso entender de CF, o por el contrario se trata de
leer libros y memorizarlos? Bueno, sea como fuere, lo
que sí tengo claro después de leer dos
novelas suyas y de haber mantenido correspondencia “emiliana”
con él, es que David es un hombre de lo más
modesto...
Pero no nos desviemos.
En cuanto a sus primeros pasos dentro de estos dos géneros,
ahí tenéis su respuesta:
«Lo mejor será que
empiece por el principio, por la primera historia que
escribí. Recuerdo que antes prefería dibujar,
así que no entiendo muy bien porqué me
decidí a redactar aquella pequeña aventura
de una lanzadera espacial inteligente. Era un crío.
Puede que acabara de ver en el cine “2001: Odisea
del espacio”. Tuve la nefasta idea de dar a la
máquina de mi cuento un nombre complejo y largo
que se repetía línea tras línea.
Era algo así como: "XTWS2385 aceleró
para escapar de la lluvia de meteoritos. Entonces una
gigantesca piedra golpeó los motores de XTWS2385
y XTWS2385 tuvo que reducir la velocidad". Un desastre,
pura redundancia. También escribí sobre
las peripecias de una patata arrugada que iba de contenedor
de basura en contenedor. Tras estas breves experiencias
seguí intentando contar historias bajo la forma
del cómic. Nunca fui demasiado brillante en esta
disciplina, pero te puedo asegurar que me entretenía
mucho.
Creo que no volví a escribir
hasta que un profesor del colegio tuvo el acierto de
sustituir las clásicas redacciones por narraciones
que salieran de nuestras propias cabezas. Terminé
entonces mi ¿tercer? cuento, que trataba de un
viejo que vivía solo en su cabaña. Me
tocó a mí leerlo en alto, de espaldas
a la pizarra, enfrentado al resto de los compañeros.
Había disfrutado elaborándolo y no me
disgustó el sonido de las palabras entrelazadas.
Tendría unos quince o dieciséis años,
había descubierto una buena diversión...»
Y así explica
sus avances en la ardua tarea de escribir literatura
de Fantasía y CF:
«Seguí escribiendo
durante muchos años, movido por grandes ambiciones
e ilusiones, sufriendo también grandes fracasos.
Empecé un par de historias largas que nunca llegué
a terminar porque releía lo hecho y no me agradaba.
Pude haber perdido las ganas pero tuve la suerte de
completar unos pocos relatos cortos. Fue una buena manera
de continuar en la brecha. Había dado final a
un principio, había conseguido cerrar con coherencia
esos cuentos. Porque ese fue mi primer motor como escritor:
dar forma y dar sentido a la acumulación de palabras.
El resultado puede ser mejor o peor pero válido
en cualquier caso. Es como el escultor que arranca un
busto a un trozo de piedra o que del barro hace una
figura...».
Y es que a esto, he de añadir
que es una persona de lo más perfeccionista.
De hecho él mismo lo evidencia no sólo
al admitir que ha empezado un sinnúmero de cuentos
y no ha sido capaz de acabarlos, quizá porque
algunos quiso pulirlos tanto que acabó cansándose
de ellos, sino al contestar a otra de mis preguntas;
¿Cómo te gusta
escribir?
«Ahora mismo de una forma
bastante vulgar: en silencio y delante de mi ordenador
(que, por cierto, es un iMac azul que poco a poco va
envejeciendo). Cierro la puerta, me siento en pijama
y abro el QuarkXPress. Me gusta el silencio. Leo y releo,
cambio palabras de lugar, borro frases continuamente,
trato de ser preciso, claro, conciso. Un rollo. Antes
tenía más encanto, cuando repudiaba estos
montones de silicio. Hubo un tiempo en que yo no tenía
ordenador. Escribía a mano, en folio blanco y
con lápiz. Sí, con lápiz, así
podía borrar lo que no me gustaba. Hoy es todo
mucho más cómodo pero también más
aburrido, es decir, menos digno de ser contado».
Sobre el estilo,
su estilo, nos cuenta:
«Mi primer paso consciente
fue evitar la redundancia, el segundo aumentar el vocabulario
y el tercero evitar la repetición sonora (o redundancia
sonora, no sé, esto tiene un nombre pero no lo
recuerdo). Me gusta introducir palabras poco comunes,
quizá porque me gusta encontrarlas en los libros
que leo. No me importa recurrir al diccionario. Es más,
lo considero positivo, educativo y enriquecedor. Leyendo
a ciertos autores me doy cuenta de que no tengo ni idea
del idioma que empleo, y que por muchos años
que pasen seguiré sin tener ni idea. Así
son las cosas. Por eso me parece una locura el empeño
que hay por aprender otros idiomas cuando nos queda
tanto por descubrir en el nuestro. Bueno, en parte lo
entiendo, sé que se trata de una cuestión
práctica».
Y el crecimiento
literario para David Calleja es...
«Opino que en el crecimiento
literario hay varias fases. La primera es la que acabo
de referirte (dar forma y sentido a la acumulación
de palabras). La segunda es que alguien te lea y disfrute.
La tercera es publicar. La cuarta es tener éxito.
Las dos últimas son prescindibles. Publicar me
ha hecho mucha ilusión, desde luego, pero las
que realmente me han llenado han sido las dos primeras
fases. Bien, no sé si llamarlo crecimiento literario
es correcto, pero creo que me entiendes. Digo esto porque
se me ocurren otras visiones del crecimiento literario
como la estilística o la narrativa».
Una de mis últimas
cuestiones fue cómo configuraba David las historias:
«Los comienzos de mis historias
son curiosos. No es que me ponga a pensar sin más
sobre lo que podría escribir. Son ideas que surgen
de repente observando algo, imágenes poderosas
que aparecen sin que yo las llame, muchas veces en sueños.
Pero esto es sólo el embrión, el germen
que me parece atractivo y sobre el que empiezo a dar
vueltas. ¿Nunca te ha ocurrido que vas por la
calle, ves lo que sea y te pones a fantasear? Yo medito
las posibilidades en momentos de tranquilidad, sobre
todo al acostarme. Mis historias evolucionan noche tras
noche, y comienzo a escribirlas antes de que estén
definitivamente atadas. En Cuento Actual (¡NGC-censura!)...
todo dependía de cómo evolucionaran los
acontecimientos. Los personajes son libres, actúan
según la lógica interna de la narración
y a menudo me sorprenden. En “Sombras de un mismo
sol” yo viajaba con ellos hacia lo desconocido.
No sabía con exactitud lo que se iban a encontrar
ni cómo conseguirían escapar del planeta
desierto. Al grano: la respuesta es que no sé
el final hasta unos pocos capítulos antes (lo
de los relatos es diferente, al ser más cortos
los completas antes en la mente). Improviso, aunque
procuro hacerlo con coherencia...».
Respecto a otras
particularidades de su vida, estudió periodismo
porque según él, quería escribir
mejor, lo que significa que este hombre lo vive. Eso
sí, también afirma que ha descubierto
que hay periodistas que escriben muy bien, pero él
piensa que no es porque hayan aprendido a hacerlo en
la facultad...
«El crecimiento narrativo
reside, supongo, en mantener el interés y la
expectación, conducir al lector sin que se pierda
y describir los ambientes y situaciones cada vez un
poco mejor».
Después estudió diseño
gráfico, y actualmente trabaja en la Diputación
de Vizcaya. Por otra parte, y una vez más haciendo
gala de su modestia, asegura que no le atraen demasiado
los concursos, aunque reconoce haber participado en
alguno sin obtener muy buenos resultados...
Sobre sus trabajos,
afirma que por el momento cuenta con algunos cuentos
absurdos, cuentos humanos, incluso con cuentos violentos;
dos libros inacabados y parece ser que por el momento
inacabables, y dos libros acabados. ¿Le parecerá
poco?
«En el cajón guardo
muchas letras. La mayoría no tiene final ni coherencia,
pero aun así diré que todo me ha sido
de provecho. ¿Por qué? Porque para escribir
y sacar algo en limpio no importa lo que se escriba.
Sólo hay que escribir, sólo así
se avanza».
Y ya para despedirme, desde aquí
le deseo la mejor de las suertes y por supuesto fuerzas
para continuar con la bella tarea de «dar forma
y sentido a sus acumulaciones de palabras», porque
una cosa es cierta, si continúa como hasta el
momento y además le dan la oportunidad de hacerlo,
David Calleja Cuñado, no sólo nos cautivará
con un sin fin de curiosas historias, sino que además,
dará mucho que hablar dentro del fándom,
y si no, al tiempo.
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