| Escrito por Antonio
Ruiz Alba
Sus ojos se encontraban en blanco.
Su masacrada faz presentaba la relajación propia de
la impotencia ante la tortura a la que lo habían sometido
sus captores. Su labio inferior presentaba cuatro perforaciones
de las que manaban sendos hilillos de sangre semi coagulada
al contacto con el fétido aire de la cerrada estancia.
***
-Joost, Hans, este es vuestro momento
de gloria, aprovecharlo bien. Ahora debo de marchar
para asistir a alguien que me necesita -dijo Tanja,
el handromita, mientras sus compañeros lo miraban con
perplejidad.
-¡Cómo nos vas a dejar! -Protestó Hans-,
¿qué va a ser de nosotros, cómo saldrás de aquí?
-No debéis de temer nada -contestó
Tanja mostrando su siempre afable rostro-, en todo momento
sabréis lo que tenéis que hacer. De un modo u otro siempre
estaré con vosotros, a vuestro lado.
Ante los atónitos ojos de los dos amigos,
sin haber contestado alguna parte de las preguntas de
Hans, la imagen de aquel extraño y pequeño alienígena
se esfumó envuelto en una lluvia de luz multicolor.
***
La imagen de aquel maltrecho despojo
de humanidad, era la representación más contundente
del dolor máximo que puede soportar un Ser Humano. En
un brevísimo instante de lucidez, entornó sus cerrados
ojos y pudo contemplar una extraña sombra que se cernía
frente a él. Una estirada forma alada y coronada por
una cornamenta, sus patas parecían de cabra. “El Diablo,
Sí, el Señor de las Tinieblas” -pensó- “Viene a por
mi preciada Alma”
***
-No os mováis repugnantes humanos,
o abriremos fuego contra vuestros miserables y rosados
cuerpos -espetó un soldado dragyano, mientras apuntaba
con su rifle de luz a las figuras de Hans y Joost.
Los dos amigos permanecieron impasibles,
como si no fuera con ellos. Recordaban las reconfortantes
palabras del misterioso Tanja. “No temáis nada, sabréis
qué hacer en todo momento”
***
Por su mente, ahora lúcida, pasaban
las imágenes de un tiempo, cercano a esta, su ahora,
lamentable situación. Esa lucidez, no obstante, no le
alcanzaba para recordar el nombre que sí sabía que tenía.
Sólo recordaba que se encontraba en algún lugar de la
montaña pasando unos días de vacaciones en compañía
de su novia y de algunos amigos con sus respectivas
parejas.
***
-¿Estos son los polizones? -Preguntó
Kanirh, mientras señalaba con sus dedos de reptil a
los humanos capturados en el interior del navío dragyano.
Tomó su desintegrador y disparó contra el Capitán de
la guardia-. Todo el mundo sabe que no hay nada, en
el cosmos, que más odie que la ineptitud y la incompetencia.
Eso sólo es propio de criaturas tan nauseabundas como
los malolientes mamíferos -carraspeó.
El miedo se reflejó en el rostro de
las criaturas humanas.
-¿Qué hacéis aquí? -Preguntó el dragyano,
mientras miraba la mancha oscura que había dejado, en
el suelo, el ahora inexistente cuerpo del Capitán de
la guardia-, hablar ahora o disparo.
-Venimos a rescatar a mi amiga Helen
-dijo Hans, sin perder la compostura y haciendo de tripas
corazón. No supo qué decir y se lo ocurrió que la verdad
podría ser la opción más acertada. Kanirh, dirigió su
horrible rostro hacia el tembloroso Host, en actitud
interrogativa como esperando algún tipo de respuesta.
-Eeeso, síí, eso es -tembló la voz
de Joost-, venimos a rescatar a Helen.
Kanirh carcajeó. El resto de dragyanos
imitaron su hilarante acción y pronto se transformó
en una especie de concierto de extraños ruidos surgidos
de sus reptilescas gargantas. Ante esa incomprensible
situación, para los jóvenes humanos, sólo cabía la posibilidad
de acompañar con sus propias risas, a los guturales
sonidos de sus agresivos anfitriones.
Pasado un corto espacio de tiempo,
Kanirh dejó de reír. Sus subordinados hicieron lo propio
y el silencio más sepulcral se instaló en aquel espectáculo.
-Llévenlos a las mazmorras -ordenó
el dragyano-, junto a los prisioneros de Ilidia. Ya
pensaré lo que hacemos con ellos. Quizá nos demos un
aperitivo con sus magras carnes; mientras tanto, que
los reyes alienígenas disfruten, por un corto espacio
de tiempo, de sus nuevas mascotas.
Los jóvenes fueron escoltados por soldados
dragyanos. Mientras tanto, por sus mentes resonaban
las dulces y agudas palabras de un pájaro con apariencia
de cabritillo “No os preocupéis de nada, de un modo
u otro, estaré a vuestro lado en las peores circunstancias”.
***
Sí, cierto, era un bello pueblo
de montaña. El verdor de las laderas era propio de una
lluviosa primavera. Esa belleza era sólo comparable,
con la exquisita actitud hacia los forasteros, por parte
de los lugareños. Sus coloridas casas de ladrillo rojo
parecían el séquito de una antigua torre medieval, donde
hace siglos debía de haberse instalado el campanario
de una pequeña iglesia visigoda. En esas casas, dignas
del país élfico de Magonia, la parte inferior era reservada
para almacenar el grano o como establo para los animales,
mientras que la parte alta estaba destinada como hábitat
de sus moradores. Por último, un cuartelillo de la guardia
civil daba cierta seguridad a quien, como ellos, por
allí veraneaban.
-Es costumbre nuestra -dijo el alcalde
con su sonriente rostro-, agasajar a los pocos visitantes
que nos honran con su presencia.
-Estaremos encantados de ser sus
invitados -alguno de los turistas dijo cortésmente.
Les llevaron por una sinuosa senda
cargada de florecillas olorosas y de vívidos colores,
hasta alejarles unos cientos de metros del centro de
la aldea. Aún se podía contemplar la pared trasera del
cuartelillo con sus ventanas enrejadas. Realmente la
seguridad parecía una de las compañeras más fieles de
aquellos amigos y de sus amables anfitriones.
Llegaron ante una amplia, más que
casa nave, cuyo tejado plano, extrañamente, estaba desposeído
de teja alguna.
-Ahora les enseñaremos el lugar
donde recibimos a nuestros más queridos visitantes -dijo
la esposa del alcalde.
Les hicieron entrar en un pequeñísimo
aunque confortable recinto. Estaba bellamente amueblado
y sus asientos eran de una comodidad, ciertamente, sobrenatural.
-Siéntense por donde puedan -les
mostró su rostro de decepción el sargento José-, creo
que hemos olvidado la llave del interior, perdonen este
despiste.
Ante aquellas personas se mostraba
una gran puerta, de pino macizo barnizado. Tan impenetrable
y cerrada como un muro de hormigón técnico.
Sus acompañantes salieron de la
estancia dejándolos allí solos. Notaron cómo la puerta
era cerrada con llave; pero en principio no supieron
calibrar la importancia de aquella acción.
***
Joost y Hans habían sido encerrados
en una oscura estancia. Al fondo podían oírse pequeños
ruidos, primero y voces después, que les dieron la certeza
de no encontrarse solos allí.
-Javel, parece que los dragyanos nos
han traído compañía -parecía una voz femenina.
Pronto los ojos de la pareja de humanos
se fueron adaptando a la poca luminosidad de aquel lugar
y pudieron contemplar, con sorpresa, las majestuosas
figuras de dos gigantes coronados por unas abultadas
cabezas cargadas de rugosidades arteriales y nerviosas.
-No nos hagan daño, por favor, somos
prisioneros de los dragyanos -dijo Hans.
-Eso resulta evidente, amiguitos -dijo
con su dulce voz, la que parecía ser la hembra-, me
llamo Laura y este es el payaso de Javel.
-¿Laura? -Protestó disgustado su compañero
mostrando verdadera extrañeza en su expresión.
-Para ti soy Lussa, estúpido -sonó
la voz de la Señora con un acento diferente, más metálico.
Tanto Hans como Joost se pusieron a
temblar cuando escucharon aquel nombre, Lussa la Diva,
aunque en un cuerpo extraño y alienígena no el postizo
humanoide que sí conocían.
Laura comprendió que aquellos muchachos
terrestres tuvieran aprensión hacia el nombre de su
afitriona; pero hizo uso de las técnicas persuasivas
que le había enseñado su maestro Tanja para destruir
cualquier posible temor.
-¿Cómo habéis llegado hasta aquí? -Interrogó
la mujer ilidiana una vez salvada, mentalmente, aquella
pequeña complicación.
-Venimos a rescatar a la novia de Hans
-contestó Joost, mientras dirigía su escrutadora mirada
hacia su compañero de calamidades.
-Buen rescate ha sido este -dijo irónicamente
Javel, todavía aturdido por la intervención psíquica
de Tanja-, ahora formaréis parte del almuerzo de estos
insaciables carnívoros. Gracias al cielo que los ilidianos
somos venenosos para su sistema digestivo.
-¡Cállate estúpido Rey de pacotilla!
-Dijo Lussa-, mira hasta dónde nos has traído por confiarte
de una estúpida mascota dragyana.
-El Prelado de Ilidia y sus tropas,
escanearán nuestra presencia aquí y vendrán a rescatarnos.
No te preocupes Lussa -dijo Javel.
-Llámame Laura, maldito imbécil. Tu
amada Lussa está en estos momentos descansando y planeando
cómo vamos a salir de aquí. No la importunes más.
Joost y Hans cruzaron sus miradas,
como extrañados, por la actitud de aquellos alienígenas
que parecían estar locos de atar.
***
Ante ellos se abrió, inesperadamente,
la puerta interior de pino y lo que encontraron sus
ojos, allí dentro, les erizó el cabello de puro terror.
La mugre era omnipresente en una
única y enorme estancia sólo habitada por enormes y
gigantescos pilares que parecían perderse en el insondable
y negro tejado. El olor era rancio como de carne chamuscada
y sangre putrefacta. El miedo, el terror y el pánico
se apoderaron de todos y cada uno de aquellos ingenuos
visitantes.
Algunos chillaron, otros se abalanzaron
contra las puertas con la vana intención de derribarlas.
Una puerta, como surgida de la nada, se abrió y entraron
algunos de los habitantes del pueblo, que les habían
acompañado tan amablemente hacia este lugar, así como
otros que no conocían de nada. Sus rostros mostraban
una extraña alegría. Por algunos de los forasteros pudo
pasar la idea de una simple aunque macabra broma.
-No temáis nada -alguien dijo-,
sólo queremos que juguéis con nosotros un ratito. Nos
lo pasaremos de campeonato -mientras miraba con complicidad
hacia el resto de sus camaradas.
Nuestros anfitriones iban semidesnudos,
tan solo vestidos con mandiles verdes y negros. Mandiles
que podían verse en los mercados de las ciudades. Mandiles
mugrientos y repulsivos como de llevar mucho tiempo
sin ser lavados. Sobre algunas de la paredes podían
verse ganchos de acero manchados de sangre. Eran, sí,
eran mandiles de carnicero.
No sé si realmente hablamos algo
con aquellos paisanos; pero sé que mis amigos fueron
saliendo de uno en uno hasta quedar yo solo en aquel
siniestro lugar. El silencio era mi compañero. No, miento,
también estaba la fetidez propia de un insano matadero.
Al cabo de algún tiempo fueron regresando
todos y cada uno de mis compañeros; pero ya no parecían
ser los mismos. Eran incapaces de reconocerme y su comportamiento
era como de animales. Sus ojos parecían como idos y
sus cuerpos parecían haber sido sometidos a tortura
y vejaciones.
De repente, me fijé en un pequeño
detalle que hasta ese instante me había pasado desapercibido.
Todos tenían afeitada la sien izquierda y un hilillo
de sangre parecía brotar de un diminuto y negro orificio
del tamaño de la cabeza de un alfiler.
Aquellos seres, mis amigos, se pusieron
a jugar como sonámbulos, hasta que cayeron en la cuenta
de que yo me encontraba allí.
***
Mientras Hans intentaba tomar confianza
con Javel, Joost hizo lo propio con Lussa, o Laura como
así quería ser llamada. No tardando mucho, una corriente
de simpatía se estableció entre el muchacho y la soberana
alienígena.
-No debéis de preocuparos, ni tú ni
tu amigo Hans -dijo Laura, el torpe de Javel y Lussa
hallarán a vuestra amiga Helen y os protegerán de esos
asquerosos reptiles, que han alcanzado la inteligencia
antes de estar preparados para hacer buen uso de ella.
-Los dragyanos están seguros de tenernos
sometidos -continuó la alienígena-, al encontrarnos
encerrados por estas paredes y el campo de fuerza; pero
están muy equivocados. Por mi maestro Tanja sé que...
Joost interrumpió, mostrando alegría.
-¿Conoces a Tanja, cómo se encuentra,
dónde está ahora? -Preguntó el joven humano.
-Por supuesto que conozco a mi Maestro
-respondió Laura-, y os aseguro que se destruiría el
Universo antes de que Tanja permitiese que nos hiciesen
daño, incluida esta cosa que tengo a mi lado -dijo,
señalando al rey Javel.
-Ah se me olvidaba -continuó-, como
habéis podido comprobar tú y tu amigo, Tanja posee unas
cualidades muy peculiares. Posee poderes psíquicos impresionantes.
Tiene la virtud de la telepatía; pero también de la
telequinésia y del teletransporte. Él se encuentra bien,
y esté donde esté podremos tenerlo, en un instante,
aquí con nosotros si él comprendiera que lo necesitamos
con urgencia.
-Ese maldito bichejo -interrumpió Javel-,
fue destruido con mi desatomizador. En realidad, jamás
entenderé por qué me comporté como lo hice. De forma
tan violenta y ajena al carácter ilidiano, con una de
mis mascotas preferidas.
-Cállate estúpido reyezuelo. Tú no
conoces el poder de mi amigo y maestro el handromita.
Estoy en permanente contacto psíquico con su mente.
Sé que te hizo creer que le habías acertado con tu arma;
pero sólo lo liberaste al romper la hebilla que él mismo
hubiese roto de haber querido. Kanirh aprovechó la confusión
en la que te había dejado sumido Tanja para poder reducirte
con tanta facilidad, sin que pudiese hacer nada para
defenderte. Yo me encuentro aquí por propia voluntad
para cumplir con la misión que me fuera encomendada
por el Maestro; porque si no, dime, de qué otro modo
hubiésemos podido desbaratar los planes de un loco maníaco
como ese Kanirh.
-Lussa, amor mío, ¿por qué hablas así,
qué te ha hecho esa miserable mascota humana, llamada
Laura? Ya veo, ¡ha logrado dominar tu poderosa mente!
-Dijo Javel con preocupación por lo que podría haberle
ocurrido a su amada.
-Cállate Javel -cambió el acento de
Lussa hacia el del espíritu humano que también moraba
en su cuerpo-, cállate y deja que Laura, nuestra Amiga,
hable.
-¿Nuestra amiga...? -Protestó Javel.
***
Se tiraban sonoros pedos. Metían
e intentaban meterse los puños en la boca de sus compañeros.
Contemplaba esos juegos como propios
de animales que habían sido desposeídos de su consciencia
e inteligencia. La que había sido mi más querida compañera,
mi novia, me desvistió e intentó poseerme allí mismo,
en medio de una multitud de pesadilla; pero yo se lo
impedí. Con sonidos guturales, ella protestó y parecía
querer decirme algo; pero sólo gruñidos salían de su
garganta. Lloré, mientras me acurrucaba en una esquina
intentando impedir que aquella cosa pudiera copular
conmigo. Sus ojos, idos, se acercaban a mi rostro y
volvían a alejarse, mientras intentaba abrir mi boca
e introducir su puño en ella.
Chillé -¡Dios mío ¿qué está sucediendo
aquí? Despiértame de esta pesadilla! -supliqué.
Eructos y sonoros escapes de metano
por doquier. Me recogí más si cabe en el rincón y cerré
los ojos como esperando despertar de aquel extraño sueño.
Todos nos encontrábamos allí desnudos esperando que
alguna bendita Entidad acabara con nuestro miserable
sufrimiento.
Sin que casi pudiese darme cuenta,
algunas personas me agarraron por los hombros y me izaron.
Quise seguir con los ojos cerrados. Los ruidos corporales
se alejaban de mí y enseguida comprendí que estaba siendo
trasladado hacia otro lugar.
-Por lo más sagrado, ¿qué queréis?
-Increpé.
-A su debido tiempo lo sabrás -alguien
me contestó. Alguien que a mi vista parecía educado
y normal.
Me sentaron en algún tipo de silla,
me revolví y fui golpeado con una estaca. Otro me hirió
con un látigo eléctrico. Forcejee una y otra vez hasta
que el dolor pudo con mi voluntad cuando alguien sujetó
mi labio inferior y lo atravesó con un tenedor roñoso
y mugriento. Durante unos instantes perdí la consciencia
y me pareció que algunos de mis captores intentaron
sodomizarme; pero, en honor a la verdad, no puedo decir
si llegaron a conseguir semejante afrenta. Sólo ahora
era capaz de entender lo que les había sucedido a mis
amigos. Allí permanecía agazapado sobre una silla de
mimbre, con los ojos en blanco, creyendo ver la imagen
del diablo que venía a por mi persona. Estaba muerto,
me sentía muerto; pero entonces sucedió algo inexplicable.
Recordé cuando era chico y desconectaba mi mente para
hacer frente al peligro de los enemigos mayores que
yo. Sí, recordaba algunas cosas, aunque fuese incapaz
de saber mi nombre.
***
-Kardhajor -vociferó el Emperador de
Dragya por el comunicador interdimensional-, ataque
inmediatamente a ese planeta y no deje bicho viviente
alguno.
-¿Pero Señor, yo...? -Titubeó el guerrero
dragyano.
-¿Algo que objetar, comandante?
-Su excelencia, por favor -contestó
Kardhajor-, ya sabéis vos que sólo me mueven la lealtad
hacia su excelencia y hacia el pueblo dragyano.
-Así me gusta -respondió el Gobernante
de Dragya-, no debemos dejar a ningún humano con vida,
sus antepasados acabaron con nuestros hermanos en la
Tierra.
-Así es excelencia -expone Kardahor-,
pero podremos caer bajo la ira de Ilidia, todo el mundo
sabe que son un pueblo invulnerable. Quien lo ha intentado
en el pasado ha sido masacrado hasta la extinción. Sus
ejércitos de robots y ciborg, construidos en Shagran
por los habitantes de Borlastria les han mantenido inmunes
a los más terroríficos ataques de otras civilizaciones
guerreras.
Detrás de la virtual y falsa imagen
del emperador de Dragya, podía verse la imagen satisfecha
de un Kanirh que pronto vería cumplido su propósito
de venganza contra la especie humana.
-¿Ponéis en cuestión mis órdenes comandante?
-Vociferó Kanirh, suplantando la personalidad del Emperador-,
es cierto que los ilidianos son un misterio en el universo,
tanto para nosotros como para cualquier otro habitante
de este cuadrante de la galaxia; pero todo gran estratega
sabe que no se debe de desmerecer aquello que no se
conoce bien. ¿Qué relación existe entre el planeta de
los debiluchos pollos handromitas y los ilidianos? ¿Cuál
es la relación que hay entre los borlastritas, constructores
tecnológicos de los robot de compañía, con los handromitas,
así como la extraña naturaleza mentaloide de esos extraños
seres similares a pollos de Andrómeda? Eso es algo,
Kardhajor, de lo que no debéis de preocuparos. La inteligencia
militar está a punto de descubrir su debilidad. Hacer
lo que os he mandado, de inmediato. Del resto me ocuparé
yo mismo. ¿Estamos?
-Vos mandáis excelencia. Las tropas
están preparadas para la acción; pero ¿qué hacemos con
los dragyanos infiltrados en la Tierra desde hace tanto
tiempo?
-Destruirlos a todos, el Dios de Dragya
sabrá compensar, en la otra vida, a todos los mártires
de nuestro pueblo.
***
Recordé que en situaciones extremas
la inteligencia, que podía ser afectada por el miedo,
el terror y el pánico, podía ser dejada de lado para
ocupar su lugar un ser primigenio y visceral. La consciencia
se fue esfumando hasta desaparecer por completo, sumiéndome
en un estado de trance y fue entonces cuando ocurrió.
Mis secuestradores me habían dado
por acabado y se disponían a perforarme la cabeza, como
hicieran con mis amigos. Mi sien izquierda había sido
afeitada y preparada para ser trepanada con un extraño
objeto parecido a un taladro eléctrico transparente.
Una especie de broca fina y flexible se fue acercando
hasta mi rostro.
Escuché un sonoro grito. Era mi
propio grito. Yo me sabía muerto. Nada tenía que perder
y mucho que ganar. Sabía lo que habían realizado con
los otros y por ello supe que acabarían haciendo lo
mismo conmigo. No había otra solución que morir luchando.
Los espectadores que allí había
se quedaron estupefactos, cuando comprobaron que la
criatura que allí tenían, sin maniatar, pero con la
voluntad quebrada, pegó un salto inhumano como catapultado
por una descarga eléctrica. La electricidad que su organismo
había podido desarrollar en un momento de conflicto
final. Su cuerpo cambió de sitio y se situó junto al
de uno de sus captores, quien poseía en sus manos una
barra hueca de acero pulido. No tuvo tiempo de reaccionar
y cuando le había quitado su arma ya era tarde. Ahora
la muerte se cernía en aquel matadero para con los matarifes.
Comencé a golpear a diestro y siniestro,
con terrible precisión y los cadáveres comenzaron a
estamparse sobre el pavimento. No dejaban de entrar
habitantes del pueblo, ataviados con sus mugrientos
mandiles de carnicero; pero sus reacciones eran demasiado
lentas frente al rápido movimiento eléctrico que involuntariamente
me había poseído.
Era la hora de la venganza. La sangre
corría como un río por la estancia. Mucha sabia que
podía ser mía; aun así, la fuerza no escapaba de mi
lacerado cuerpo; pero la mayor parte era de un color
magenta y sabía que pertenecía a las alimañas que me
habían capturado. Ellos jamás habrían esperado que un
ser débil como yo reaccionara con tal violencia. Cuando
acabé con mi tarea caí exhausto sobre la silla de mimbre
y me aferré a ella para no caer inerte sobre el encharcado
suelo. ¿Habría acabado con aquella sombra del diablo?
Allí, frente a la puerta aún abierta
de par en par y por donde entraba la claridad de una
mañana ya entrada, podía contemplarse la sombra de una
figura emplumada, con alas y patas de cabra. Parecía
una figura diminuta; pero ahora no tenía miedo. Ahora
sí, me encontraba preparado para enfrentarme a ella.
Aquello que sólo había sido una
sombra, se fue transformando en una figura tangible
en la forma de un encapuchado con hábito marrón que
fue tomando cuerpo según penetraba en la estancia. La
luz penetraba con él y cegaba mis ojos, llegando a no
poder ver más que al encorvado encapuchado y a su poderosa
aura.
Los cadáveres humanos parecieron
desaparecer para ser sustituidos por unos extraños seres
de forma humanoide; pero con apariencia de reptiles
surgidos de alguna inquietante experiencia onírica.
-Todo ha acabado, hijo mío -dijo
con unas leves y casi inaudibles palabras, mientras
un sentimiento de infinito amor llenaba todos los poros
de mi ser.
***
La tenue luz que entra por el vitral
se refracta en múltiples colores gracias a los metacristales
de color que lo conforman.
Hace tiempo que se ocultó, tras el
horizonte, Joor, la gigante estrella ilidiana; pero
la luz reflejada de los dos enormes satélites, transforman
lo que habría podido ser una noche cerrada en un interminable
y bello atardecer.
“Es lógico” -piensa el Pretor de Ilidia,
mientras termina de contemplar el magnífico espectáculo-
“Los satélites de Ilidia son otros dos planetas, que
extrañamente, orbitan el hábitat de los ilidianos en
lugar de a su sol como es lo propio en otros sistemas
estelares. Citár, incluso, es un gaseoso gigante rodeado
de un multicolor anillo de rocas y hielo; por el contrario,
Garrét, no deja de ser una miserable roca atrapada por
la poderosa gravedad de Ilidia”.
-Esto no deja de ser más que una inaudita
degeneración del noble pensamiento ilidiano, imbuido,
en nuestra historia, desde tiempo inmemorial por nuestros
Hermanos Mayores -Se dirige hacia la asamblea, tras
salir de su breve reflexión. Una asamblea reunida en
una amplia sala abovedada y construida en honor de alguien
desconocido; pero de trascendental importancia para
el futuro de la especie ilidiana-, ¿quién de vosotros,
hermanos, ha pedido un Rey, alguno de vosotros lo ha
hecho? ¡Decírmelo, porque yo no!
El silencio más sublime es la única
contestación que recibe el reverenciado Pretor a la
cuestión planteada.
-Siempre hemos sido republicanos -continúa
su disertación-, y así deberíamos de continuar, ya que
la monarquía que representa el auto elegido monarca,
Javel, es la más grave representación de la injusticia
y de la sinrazón; donde sólo unos pocos nobles tendrán
los privilegios concedidos por la monarquía. El resto,
no serán más que simples peones necesarios para crear
la riqueza necesaria para la ostentación y el boato
de la Corte.
Por cada asistente ilidiano, había
otro androide mecánico que no era más que su sirviente,
y guardián protector. En Ilidia eran conocidos como
robots de compañía. De hecho, todo habitante nacía con
un cuidador a su lado. Siempre habían estado allí y
nadie se preguntaba por qué era eso así. Jamás ninguna
potencia se había atrevido a enfrentarse a las enigmáticas
fuerzas que protegían a los ilidianos. Era como si dependiesen
de algo mayor, más sublime. Algo de lo que los ilidianos
no fueran más que una parte lárvica e infantil; pero
de trascendental importancia.
-Tenemos, hermanos ilidianos -continuó
el Pretor Maniel-, la máxima de la no violencia y nuestro
autoproclamado Rey, ¿quién se lo iba a impedir si en
Ilidia todos somos libres y con poder para auto proclamarnos
lo que sea? Ha incumplido todas y cada unas de las ordenanzas
establecidas por la razón y el respeto al otro. Sabemos
que la Tierra y sus moradores, un planeta desconocido
por la mayoría de los aquí presentes, son mamíferos
que en su día fueron manipulados genéticamente por nuestros
vecinos borlastritas; pero no dejan de ser seres inteligentes
que están pasando por un estadio de evolución primitivo.
Ellos tienen derecho a definir su propia evolución.
Más que entristecido por la actitud de nuestro monarca,
me siento avergonzado. No sé vosotros, hermanos; pero
yo no sería capaz de mirar al maestro mayor Linier,
ni a cualquiera de los otros Mayores Ocultos a la cara
-Ahora, sí , se escuchó un sonoro murmullo, como si
de algún modo todos los asistentes estuvieran de acuerdo
con las palabras pronunciadas por el Pretor.
***
El anciano retiró la capucha de
su faz, dejando ver un rostro pálido y rosa cargado
de bellas arrugas, propias de una avanzada edad. Ello
no era óbice para que el luminoso rostro del anciano
maestro reflejara, a través de su mirada, la fuerza
del Universo.
-Pobre, sin nombre, sé cuánto habéis
sufrido tú y los tuyos. De hecho siento que tu sufrir
no ha cedido. ¡Cuántas pérdidas! ¿No es cierto?
El joven hizo un breve intento por
mascullar algún tipo de palabra; pero se encontraba
como sumido en algún tipo de trance hipnótico. Sus ojos
venían y se ocultaban tras los párpados en el blanco
inmaculado de sus ojos y sus temblorosas pestañas. Sus
heridas no habían parado de sangrar y su labio inferior
traspasado estaba como sedado por el dolor producido
al ser dañado.
A su alrededor, seguían los cadáveres
de aquellas extrañas criaturas, semejantes a lagartos
de sangre fría y sacadas de algún tipo de bestiario
medieval. Parecían humanos; pero sólo de lejos. De cerca
venían a ser como saurios erectos sobres sus dos patas
posteriores. Había luchado con denuedo y los había vencido
como si de humanos se hubiese tratado. ¿Cómo habría
luchado de saber que eran seres demoníacos surgidos
del averno?; pero de su mente no se podía borrar su
reciente memoria. Todos sus amigos se encontraban peor
que muertos.
El anciano permaneció impasible
a la espera de algún tipo de reacción por parte de aquella
criatura humana, vencida por su propia vida. El sin
nombre dejó caer la brillante arma que había utilizado
para masacrar a aquellas criaturas y tomó de las manos
de una de ellas un rifle . Llevó la boca del arma hacia
la suya propia y se dispuso a apretar el gatillo, ante
la atenta mirada de su visitante.
-No lo hagas, sin nombre, así no
ganaremos nada, ni tú, ni yo ni la propia galaxia. Dime
una cosa amigo -El joven puso cara de disgusto cuando
escuchó esa palabra de labios de aquel anciano desconocido-,
¿qué se habría ganado con tu muerte, no sería más propio
que siguieses luchado por tu planeta y por tus hermanos,
contra esas verdes criaturas?
El joven reaccionó, posiblemente,
tal y como esperaba aquel extraño encapuchado de hábito
marrón.
Las manos del anciano pasaron sobre
las heridas del joven sanando de forma milagrosa.
-Dios, no sé quién soy -dijo el
joven, como preguntado a su desconocido acompañante.
Sin nombre dejó caer el rifle sobre
el ensangrentado pavimento.
-Es mejor que sea así, Sin Nombre,
nadie podrá hacer daño a tus padres, familia y hermanos.
Porque tú mismo no sabes quién eres, ni de dónde vienes.
-¿Quién eres, anciano, y por qué
me hablas con esas palabras?
-Eso sí puedo decírtelo. De hecho,
no tengo por qué ocultar mi identidad a un hombre como
tú -La cara del joven permanecía perpleja, ante el poder
que desprendían las palabras de aquel anciano del que
ahora sí, conocería su nombre-, algunos, en tu planeta,
me conocieron como Lucifer, otros, en la galaxia de
otros modos; Pero a ti te daré mi nombre principal que
es Linier. Soy uno de los Maestros guardianes de las
larvas de mi especie y vengo del planeta Shagran en
donde convivimos, en simbiosis, con la especie que os
dio la vida a vosotros los humanos. Hace mucho tiempo,
una nave de reconocimiento de Borlastria se perdió en
vuestro sistema solar y llegó hasta vuestro hermoso
planeta habitado por gigantescos saurios. Había una
raza inteligente que estaba a punto de conseguir el
remonte de la tecnología. Ellos fueron los rayptros,
descendientes de vuestros velocirraptores. Cuando la
nave de Borlastria se estrelló en vuestro planeta casi
fueron exterminados por los rayptros y tuvieron que
defenderse con sus poderosas armas. Los científicos
de la nave mutaron a algunos de vuestros antropoides,
concretamente a una especie de lémures, con el fin de
que sobreviviese su herencia genética, y vosotros sois
la consecuencia de aquello.
-Y ¿qué tienen que ver estos seres
con la historia que me estás contando? -Dijo el joven,
mientras se recuperaba, con extrema curiosidad.
En realidad, joven Sin Nombre, Los
dragyanos se habían repartido por la galaxia por medio
de esporas y los exterminados rayptros son de su misma
especie. Ellos consideran que fueron eliminados por
vosotros que sois los descendientes de los borlastritas,
cosa que ellos no saben, y os tienen un odio visceral
y arcano. Hasta ahora habían realizado otras cosas para
destruiros; pero el rencor de Kanirh, uno de los dragyanos,
ha colmado el vaso de la ignominia.
-En cierto modo es posible que tengan
razón al odiarnos -dijo el joven con total naturalidad,
mientras aún se dolía de las heridas.
El maestro Linier sonrió.
-Eso es lo paradójico muchacho.
Ni vosotros ni los borlastritas tuvisteis que ver con
su desaparición. Vosotros sólo os defendisteis; pero
la exterminación vino del espacio exterior cuando un
cometa chocó con vuestro planeta. Los mamíferos sobrevivisteis
gracias a vuestro calor corporal. Los rayptros, no estaban
capacitados biológicamente para sobrevivir. Como puedes
ver, aunque la venganza fuese una razón, que no lo es,
no hay por dónde coger ese rencor que sienten los dragyanos
hacia vuestra especie. Ahora que sabes por qué te has
encontrado metido en esta situación puedo decirte que
Sin Nombre, tú, serás mi más aguerrido capitán para
luchar contra las tropas invasoras que os acechan.
La faz de Sin Nombre fue mejorando
y tomó un color más rosado, como si su sangre se hubiese
repuesto de algún modo. Ahora empezaba a ser consciente
de lo ocurrido y el hedor de la estancia empezó a serle
insoportable.
Linier pudo darse cuenta del sentimiento
de repugnancia que invadía todo el ser de su recién
adquirido discípulo y lo ayudó a que se levantara, acompañándole
hacia la salida. La huida de aquella pesadilla, de aquella
carnicería.
Te voy a contar otra pequeña historia,
Sin Nombre -El joven siguió con su atención mientras
acompañaba al anciano que apoyado sobre su bastón le
servía de sostén al propio Sin Nombre-, vosotros creéis
que sois dueños de vuestro planeta; pero ello no es
así, ya que la mayor parte de las personas que manipulan
vuestros destinos ni siquiera es humana. -Sin Nombre
cambió su expresión hacia la extrañeza- ¿Te acuerdas
del rostro de los alienígenas a los que venciste? -El
joven asintió-, esa es su auténtica apariencia y os
vienen utilizando desde tiempo inmemorial; unas veces
como pura energía psíquica utilizable y en otras, la
mayoría, como alimento propiamente dicho. Ellos han
sido algunos de vuestros más importantes dirigentes
religiosos.
***
-Tenemos orden del Gran Maestro Linier
-dijo el Pretor-, de que protejamos con nuestras vidas,
lo que ahora mismo os voy a mostrar.
El ilidiano se retiró de su pedestal
y bajó una escalinata dirigiéndose a una especie de
altar, bellamente labrado con motivos de animales y
plantas del lugar. En realidad se trataba de un sarcófago
cubierto por una bella alfombra tejida con hilos metálicos
de oro y plata. De un solo golpe, retiró el tejido dejando
ver una tapa de metacristal transparente.
Se volvió a escuchar un murmullo. Todos
hablaban entre sí aumentando los decibelios de sonido
en la estancia.
-¿Qué extraña criatura es esta, Pretor?
-Pudo escucharse la pregunta entre el anonimato de la
multitud.
-Esta criatura, hermanos republicanos
de Ilidia, es conocida como humana. Su nombre fue Laura
y se trata de una hembra vacía de su espíritu. Fue retirada
su alma y trasvasada al cuerpo de Lussa, la esposa de
Javel. Su espíritu no permanece en este cuerpo. Es evidente
incluso sin que el Hermano Mayor Linier, quien nos lo
ha traído, nos hubiese dicho nada.
La humana estaba aparentemente muerta
y su piel blanca como la leche, permanecía arrugada
como si hubiese sido desnudada de cualquier fluido vital.
-No está muerta -continuó el Pretor-,
su espíritu, en poder de Lussa, está realizando un trabajo
por la Diosa femenina y que sólo nuestros maestros mayores
conocen. Un loable trabajo que pronto nos será desvelado.
Estas criaturas os están sirviendo, en el momento presente,
a algunos de vosotros como mascotas decorativas; pero
todavía son muy extrañas y poco conocidas.
-Nuestro amadísimo rey Javel -dijo
con tono irónico-, pretende traer miles de especimenes
hasta Ilidia para convertirlos en nuestros juguetes
preferidos; pero eso no es lo malo, siempre hemos tenido
mascotas inteligentes a las que hemos cuidado con amor.
Javel y sus secuaces nobles pretenden exterminar la
vida del planeta Tierra para aumentar el valor de estas
criaturas -volvió a escucharse un murmullo de desaprobación.
-Cuando los planes del maestro Linier
y el resto de los Hermanos Mayores se cumpla, estas
pequeñas criaturas serán libres de decidir su futuro
en nuestra compañía o sin ella, pues su evolución les
llevará hasta un estadio similar al que ocupamos nosotros
ahora. Si seguimos actuando de forma irracional nos
convertiremos en lo que ahora son ellos o peor aún,
en lo que son los dragyanos y Kanirh en particular.
Así se llama el cómplice dragyano de Javel.
***
-Te mostraré, Sin Nombre, el modo
en que podréis vencerlos. Conocerás a otros despiertos
que pueden ver la realidad como tú ahora la puedes contemplar.
-¡No, no puedo! -Dijo Sin Nombre,
volviendo su mirada hacia atrás.
-Ya sé, hijo mío, tus hermanos quedan
allí atrás, lobotomizados y desprotegidos, sin ningún
asomo de inteligencia, preparados para ser consumidos
en algún macabro banquete. Puedo leer tus más íntimos
pensamientos. No te preocupes, Amigo mío, ellos ya no
se encuentran atrapados por esos miserables lagartos.
Mi gente se ocupará de ellos y con toda probabilidad,
podrán restaurar sus conexiones neurales dañadas.
Sin Nombre sonrió. Algo había en
su interior que le hacía creer en las palabras de aquel
noble anciano y que tanto carisma desprendía. Si en
aquel instante, le hubiera dicho que matase a alguien
o que se tirara por un precipicio, lo habría realizado
sin rechistar.
El anciano sonrió intuyendo los
pensamientos de su discípulo.
***
-Zanja, Zanja -alguien gritó-, hemos
recibido el mensaje de nuestro Hermano Tanja.
Shagran era un planeta bellamente iluminado
por un astro amarillo. El color esmeralda del planeta
era debido a la densa vegetación que había prosperado
gracias a las actitudes ecológicas de las dos especies
inteligentes que simbióticamente allí habitaban.
-Sí, Janir -contestó alguno de su misma
especie-, todos hemos recibido el mensaje telepático.
Se está produciendo, en este instante, una terrible
matanza en uno de los planetas protegidos de Borlastria.
Al parecer, quien ha provocado esa anomalía ha sido
el autoproclamado monarca de Ilidia; pero quien ha tomado
el control de la situación pertenece al pueblo de Dragya.
Las sombras de la estancia se van amainando
a favor de la luminosidad que penetra por los ventanales
de metacrilato, dejando ver a dos extraños seres semejantes
a cuervos blancos, del tamaño de un búho real y con
unos cuernecillos semejantes a los de un cabritillo.
-Hermano, los guerreros de Borlastria
han sido informados y se encuentran preparados para
la intervención. Los cyborg y robots de combate están
ya en las naves de guerra y en breve serán dirigidos
hacia el Sistema Tierra-Sol y así evitar que Dragya
y Javel aumenten sus pecados sobre el Universo conocido.
-Hermano Janir, pareciera que no estés
atento. Javel se encuentra prisionero junto a su esposa
y dos humanos. Tanja nos lo ha comunicado.
-Entonces, Zanja, los humanos les servirán
a esos lagartos de aperitivo.
Poderosas naves de guerra estaban pertrechadas
y preparadas en los espaciopuertos de Shagran, para
ser transportadas hasta las inmediaciones de la Tierra.
Podía contemplarse el complicado y majestuoso paisaje
del portal hiperespacial y que en breve sería utilizado
para trasladar a la más poderosa flota de guerra del
Universo conocido en solo una pequeña fracción de tiempo.
Fueron penetrando, en el portal, todas
y cada una de las naves tripuladas por los aguerridos
borlastritas cuya apariencia, a pesar de su enorme estatura,
era completamente humana.
En un aparatoso coctel de luz humo
y sonido, los destructores fueron desapareciendo del
espaciopuerto.
La escafandra de los poderosos guerreros
de Borlastria semejaban, más que trajes espaciales indumentarias
dignas de los tiempos antiguos. El gris plata hermanaba
en perfecta conjunción con el colorido más aparatoso;
pero lo que más llamaba la atención era la majestuosidad
de las facciones de aquellos seres más que humanos.
Dioses altos de más de tres metros de estatura, tanto
como los ilidianos, delgados y ligeros como las palmeras
rojas de Shagran. Su piel tostada desprendía un áureo
brillo que sólo los de su especie y sus hermanastros
handromitas podían contemplar. Ojos que eran capaces
de desintegrar con la mirada. Rayos de luz preparados
para acabar con cualquier tipo de batalla. Borlastritas
que estarían más que emocionados de abrazar a su olvidada
progenie en la Tierra.
***
-Sólo de este modo, Sin Nombre,
podréis derrotar a las tropas invasoras. Sólo quien
ha conocido la muerte, puede enfrentarse, sin amilanarse,
a los dragyanos. Nadie huirá, Sin Nombre; porque vuestra
sangre será derramada hasta la última gota si fuera
necesario. Todos buscaréis la muerte sin encontrarla;
porque yo he encarcelado a la parca para vosotros. La
muerte -El anciano continuó su arenga mientras el navío
se mecía sobre las aguas del pacífico-, tiene su nombre
y se encuentra bajo el casco que nos cobija.
Aletas de orcas y grandes tiburones
blancos podían contemplarse, nadando bajo las aguas
y siguiendo al barco de guerra como si de algún tipo
de infantería se tratara.
Como si de un sueño fuese, Sin Nombre,
tuvo una especie de visión, una ilusión, cuando mirando
hacia atrás pudo contemplar una figura ya conocida.
La sombra de Linier parecía la de un pájaro alado y
coronado por un par de cuernecillos de cabra. Recordó
la ilusión que tuvo cuando Linier le salvó la vida en
el matadero de los lagartos y volvió a mirar al anciano
encontrándole como lo había conocido, anciano y con
su hábito marrón. Volvió a dirigir su vista hacia la
sombra encontrándola absolutamente normal.
***
-Comandante Kardhajor -llamó al dragyano
uno de sus subordinados.
-¿Qué hay de nuevo Bentiel?
-Señor, el Emperador nos ordena la
retirada inmediata de las tropas y que regresemos a
Dragya. Si no lo hacemos, Señor, todos pasaremos por
un consejo de guerra.
Entonces, Kardhajor se dio cuenta de
que había sido engañado.
-¡Maldito Kanirh! ¿Dónde se encuentra?
-Gran Comandante, en la nave de carga
rumbo a Ilidia con los humanos capturados en el estúpido
programa de Lussa.
Una pantalla holográfica tomó forma
en medio de la sala para dar forma al cuerpo del Gran
Emperador de Dragya. Tanto Kardhajor como Bentiel inclinaron
sus rodillas esperando alguna orden de su Señor.
-Incorporaos, súbditos míos. Kardhajor
¿Qué sucede en la Tierra? Habéis comenzado un ataque
que yo jamás he ordenado. Habéis caído en uno de los
engaños más estúpidos que puede existir.
-Señor, vos, yo, yo Kanirh... -tartamudeó
Kardhajor, mientras el joven Bentiel no se atrevía a
levantar su mirada para observar el rostro de su poderoso
monarca, el Señor de Dragya.
-Sé lo que ha pasado Kardhajor, el
Maestro Desconocido Linier me ha puesto al corriente
personalmente. Habéis sido miserablemente engañados.
Yo no he dado orden alguna para que procedáis al ataque.
Ahora es cuando peligra nuestra posición centenaria
de infiltración en la Tierra. Llevamos años en ese planeta
intentando, secretamente, tomar el poder para así vengarnos
de esos miserables mamíferos y plas, en un instante
llevados por una miserable emoción de rencor, lo hemos
tirado todo al espacio exterior.
-Exijo el repliegue inmediato ¿entendido?
-Sí señor -contestó con humildad el
Comandante dragyano. Cuando terminemos me podré a vuestra
disposición para ser ejecutado.
-Bien Kardhajor, eso ya se verá. Me
muestras gran fidelidad con tus palabras. Te prometo
que recibirás un juicio justo. Toma lo que te quede
de la flota y no regreses a Dragya como te dije sino
persigue a Kanirh, captúrale y tráelo ante mi presencia.
Otra cosa, no quiero ningún conflicto con Ilidia, nos
han pedido ayuda para derrocar a su Monarca e instaurar
la antigua república.
***
La punta de lanza de la flota de
Dragya, antes de recibir la orden de retirada, ya había
comenzado el ataque contra la Tierra; pero de improviso
fueron interceptadas por las luminosas naves de Borlastria
que parecían surgir de la nada. Algunas de ellas fueron
rechazadas y se replegaron ante la orden del comandante
Kardhajor; pero las que menos suerte tuvieron fueron
derribadas cayendo sobre las bravas aguas del océano
ante la vista de las tropas mandadas por Sin Nombre.
El cielo se iluminaba cuando algunas
naves dragyanas entraban en la atmósfera con un ángulo
equivocado, debido al fragor de la batalla. Otras naves
tras caer eran abandonadas por su tripulación; pero
ello no les sirvió de mucho ya que se encontraron con
una poderosa e inesperada resistencia comandada por
un hombre sin miedo y escoltada por un ejército de devoradores
insaciables.
Sin Nombre y sus tropas lucharon
con extrema crueldad, pues podían ver el auténtico rostro
de los invasores. Eran gentes despiertas. Luchaban no
por su propia vida, sino para preservar su especie en
la evolución del universo. Era la vida de la humanidad
la que estaba en juego y la crueldad pareció ser la
mejor arma puesta en marcha por Linier, en esos momentos.
Tras unas pocas horas, las agitadas
aguas del océano fueron tiñéndose con el color magenta
de la sangre de los lagartos dragyanos. Rifles, pistolas,
lanza misiles y hasta espadas servían para dar con la
vida de aquellos seres que no habían sido invitados;
sin embargo sí que habían sido invitados otros comensales.
A ras del mar, como si estuviesen
esperando en la retaguardia, los tiburones y las ballenas
asesinas pudieron darse el más suculento banquete desde
que surgió su existencia en el océano.
-No paréis -arengó Linier-, no debe
quedar ninguno de estos. Cuando acabéis con ellos iremos
a por muchos de vuestros gobernantes, banqueros y políticos.
Hasta hoy os han tenido engañados; pero vosotros seréis
el arma de vuestra supervivencia porque estáis despiertos
y lo que veis es la realidad. Vosotros no podréis ser
engañados y no conoceréis la compasión hasta que la
matanza haya concluido; pero todo, todo, tropas de Sin
Nombre, no ha hecho más que comenzar.
Sin Nombre miró, asustado ante la
magnitud de la masacre, al maestro Linier y por un brevísimo
instante volvió a contemplar aquella extraña sombra
de un Ser pequeño y alado. Por un instante oyó la voz
del Maestro en su propia mente. Otro de mis nombres,
Sin Nombre, es Tanja el handromita.
- Capítulo
6 -
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