| Escrito por Ubik
Como de costumbre, Joost realizaba
el recorrido nocturno que separaba el lugar de trabajo
de su casa. Aún quedaban resquicios de la gélida
brisa proveniente del norte, que siendo ya finales de
Abril, no había querido irse, abandonarles por
un año más.
El pedaleo encima de su vieja bicicleta
le mantenía a tono ante esta incomoda inclemencia.
Al llegar a la Den Haag Straat, decidió bajarse
y caminar por la acera asido al manillar. Siempre le
habían atraído los escaparates, el bullicio
y las luces de neón de esta parte de la ciudad,
tan anodina, simétrica y aburrida en su conjunto.
Este oasis, este vergel dentro del panorama de La Haya
le produjo inquietud y una sensación de irrealidad
al comprobarlo desierto, abandonado de actividad humana.
El recorrido por los escaparates era esta vez desalentador.
Los cierres metálicos echados y los consiguientes
carteles explicativos daban una idea de hacia dónde
se estaba encaminando todo esto...
Algo de vida surgió por fin
ante sus ojos. Un bonito gato persa, le observó
apenas unos segundos con expresión de absoluta
indiferencia a través de uno de los cristales.
-Los reptiles me gustan -Reconoció
a media voz mientras observaba una iguana con cara de
pocos amigos.
-Pero quizás no sean de fiar
-Reflexionó después.
-Quizás un loro de vivos colores
-Pero el hecho de tener que soportar a un pájaro
soltando palabras inconexas todo el día, le hizo
desistir de nuevo en sus anhelos de poseer una mascota.
Siguió su camino y a pocos metros
empezaron a llegarle transportados por el aire, ecos,
sonoridades procedentes de la luz y el humo de un local
que hacía esquina. Inevitablemente su corazón
se llenó de alegría y resueltamente aceleró
el paso asiendo firmemente su bicicleta. Aquellos ecos
fueron mutándose en atisbo de notas musicales.
-¡Sí!... ¡Música!
-Y aquellos pasos acelerados fueron transformándose
en unos pies arrastrados por la decepción.
Era el Pub de Thekla repleto de gente,
la cual pudo percibir tan solo con un vistazo de medio
segundo antes de seguir impertérrito su camino
a casa, con el desasosiego que nuevamente le invadía
desde hacía tres meses. Esa maldita sensación
y esa maldita música de la que nuevamente quería
librarse. Subió otra vez a la bicicleta y pedaleó
cada vez con más brío para alejarse, casi
fuera de sí.
Por unos momentos puso sus manos en
los oídos protegiendo su mente de la agresión,
pero no podía mantenerlas así durante
mucho rato y volvió a asir el manillar. Intentó
ocupar la mente con una pueril cancioncita infantil,
una canción que alejara el recuerdo de aquella
sintonía hace un rato escuchada. Aquella sintonía
que todo el Mundo a estas alturas conocía. Sintonía
del programa de televisión que TODO EL MUNDO
seguía, cuyo objetivo era regalar la esperanza
y el anhelo que el Ser Humano había perseguido
desde el principio de los tiempos y a lo largo de la
historia...
Operación Triunfo Celestial.
OTC era el nombre del archí
conocido programa, y Lussa su presentadora y anfitriona.
***
-Querida esta noche has estado más
que Divina. ¡Kili, kili, kili...! (risa ilidiana).
-Mi amor hacia ti incentiva mi afán
de superación querido.
-¿Quieres oír las estadísticas?
-¡Cómo! ¿Tan pronto
las tenéis ya? Sólo han pasado unos minutos.
-Cariño, Kanihr me ha pasado
el computo total de los preseleccionados en el tiempo
que lleva el programa en antena.
-¿¡Y...!?
-Llevamos un buen ritmo. Creo que en
otros tres meses terrestres, habremos completado el
proceso de pre-selección .
-¿No podría ser en menos
cariño?
-Bueno... esto...
-Por momentos empiezo a cansarme de
grabar esos malditos visuales terráqueos, con
toda esa parafernalia de seres halados elevándose
con expresión idiota entre masas de materia gaseosa
en suspensión.
Sabía que esta raza me resultaría
patética pero no hasta este extremo. ¡Kili,
kili, kili! Echo de menos Ilidia.
-Paciencia cariño. Sabes que
de regresar, sería cubiertos de gloria ante nuestro
pueblo y nuestra raza.
-Y llevándoles un gran presente...
-Sí cariño. Un cargamento
monumental de la mejor selección de especimenes
humanos.
-¡Un trabajo difícil mi
amor!
-Es un gran sacrificio cariño.
Rectificamos a tiempo. No podíamos dejar la selección
de especimenes en las garras de los Dragyanos. No tiene
el menor criterio estético. ¡Kili, kili,
kili...!
-¡Kili, kili, kili...!
-Fue estupenda tú ocurrencia
de un programa de televisión como coartada. Con
ella hemos eliminado cualquier resistencia que nos incomodara.
-Podríamos regalarlos entre
nuestro pueblo, con eso nos ganaríamos aún
más su favor.
-Otra idea genial.
-Mientras, al resto de los terráqueos
inservibles, dejaríamos a merced de las hordas
procedentes de Dragya. Ellos nos harán el trabajo
difícil de limpieza.
-Después volveremos y fundaremos
nuestro nuevo feudo sobre las ruinas de este estercolero.
-¡Uhm...! No seas desagradable
y vente al dormitorio, aún podemos aprovechar
el tiempo antes de ir a descansar hasta mañana.
Nos esperarán unas cuantas audiciones con los
humanos. Quizás podamos encontrar algunos que
merezcan la pena entre tanta morralla.
-Sacrificio cariño, sacrificio.
-Anda, vamos querido Javel...
***
Como de costumbre, Joost realizaba
el recorrido nocturno que separaba el lugar de trabajo
de su casa, pero esta vez decidió cambiar de
camino y dar un rodeo. Le llevaría mas tiempo
pero evitaría pasar por Den Haag Straat, sus
escaparates, sus comercios, pubs...
La bicicleta paró cerca de donde
se situaba Madurodam y sus reproducciones en miniatura
de una ciudad con todo lujo de detalles.
“De pequeño me imaginaba
como un gigante, como un Gulliver que pudiera pisar
impunemente todas aquellas casas y edificios -recordaba
Joost-. Al ser algo mayor y por consiguiente más
depresivo, caí en la cuenta de la desgracia de
Gulliver. Pasar de tener el Mundo a su merced, a poder
ser pisoteado en cualquier momento por una inmensa suela.”
Continuó por el paseo que recorre
el viejo Canal Prinsengracht y los sauces que le acompañan.
Esta vez le llegó el recuerdo
de Valentine. -“La pobre no pudo soportar el rechazo
en uno de tantos casting para OTC. Terminó hundiendo
su frustración en uno de los canales.”-
De repente, algo contundente golpea
en la cabeza de Joost, pierde el control y cae al suelo
aparatosamente fuera de la bicicleta, que va a parar
al agua. Retorcido en el dolor, a duras penas se incorpora.
En el paseo del canal hay poca luz pero comprueba que
afortunadamente sus manos no están manchadas
de sangre, pero el chichón duele, y mucho. Estupefacto
mira alrededor buscando la bicicleta que localiza sobresaliendo
en la superficie a orilla del canal. La recupera a duras
penas. No está en muy mal estado.
De vuelta a la carretera, busca el
motivo del shock. Aunque la poca luz y el juego de sombras
no lo permite muy bien, distingue un bulto en movimiento
sobre el asfalto.
-¿Un cuervo? ¿Una lechuza?
¿Una paloma? -Empieza a atisbar.
El golpe debió afectarle más
de lo pensado y cree tener alucinaciones.
-¡Tanja! ¡Tanja! -Repite
una voz proveniente del bulto.
-¡Ayuda a Tanja! -Continua lastimeramente
ahora sí, la criatura.
Los loros podían aprender a
decir frases repetidamente. Eso era indudable. Indudable
era también que no iban vestidos, y disfrutarán
de unas diminutas patas con pezuñas... ni cuernecitos.
Decidió refrescarse la cabeza
en el canal sin perder de vista al asombroso ser. Acto
seguido se sentó frente a él sin mediar
palabra. Aquel animal o lo que fuera, parecía
también recuperarse por momentos del encontronazo.
Joost sabía en su interior que
este iba a resultar el principio de algún problema
de magnitud. ¿Pero qué más podría
pasarle ya a él y al mundo en que habitaba?
Todo estaba solitario. Ni un alma.
Todos estarían viendo el programa OTC y soñando
con su oportunidad de “subir a los cielos”,
y él estaba sólo allí, esperando
sus propias respuestas...
- Capítulo
3 -
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