Contacta con NGC 3660
 

'El despertar' - Capítulo 1 Volver a 'El Continuo'

Escrito por Pily B

 

Al restregar el vaho de uno de los espejos del baño comunitario veo mi menudo rostro más apesadumbrado que de costumbre... Sé que algo terrible ocurrirá esta noche, cuando Javel contraiga matrimonio con la que deberá elegir como su nueva esposa de entre toda la nobleza ilidiana, o minutos después, cuando ambos sean coronados reyes... Lo sé, esos sueños no han dejado de indicármelo, además está eso que dicen de que las cosas no van demasiado bien ahí fuera y que han aprovechando la muerte del anciano rey para organizar alguna que otra revuelta. Desgraciadamente, desde la tienda no podemos saber exactamente qué ocurre salvo por lo que nos cuentan los que van y vienen, pero básicamente, el problema reside en que el pueblo ilidiano ya no cree en la monarquía, no quiere un nuevo rey que como el reciente difunto no intente encontrar un remedio a sus cada vez más inminentes problemas... ¿Pero, y qué problemas puede tener un pueblo que vive en la abundancia lo quiera o no admitir? ¿Un pueblo cuyo principal hobby es el secuestro de alienígenas de distintas razas para convertirlas después en sus mascotas? Problemas... ¡Qué sabrán ellos de problemas!

Ilustración Isabel Sánchez

Por fin ha llegado mi turno. A una señal del robot cuidador me meto en la ducha que me corresponde y abro el grifo. Tengo dos minutos escasos para empezar y acabar, y a pesar de las prisas, del jaleo de los que esperan su turno, y la frialdad del agua, no puedo quitarme esa oscura premonición de encima. ¿Pero porqué esta inquietud si tal vez no sean más que paranoias mías? En fin, yo... quizá sea porque, para colmo de males, esta noche sí que no he podido pegar ojo dentro de ese maldito nicho que mis compañeros insisten en llamar dormitorio individual. En realidad, y ahora que lo pienso, no lo he hecho en condiciones desde que llegué aquí. Desde luego al principio tenía una buena excusa, no sólo me lo impedían esos demoledores sueños sino que además necesitaba mantenerme despierta para poder conservar mi vida a pesar de la presencia de los robots cuidadores, pero ahora que Tanja se ha convertido en mi protector y maestro y terminó de enseñarme las técnicas de psicodefensa personal, podría hacerlo perfectamente. Sé cómo mantenerme a la expectativa mientras descanso e incluso cómo evadir esos sueños, no obstante esta noche sí que no he podido pegar ojo ni un minuto; ¿cómo hacerlo si la noche que dará fin al día de hoy es la noche?

Mientras algunos de mis compañeros ya se disponen a ir a tomar el escaso y para nada nutritivo desayuno de siempre, yo prefiero peinar mi escaso cabello, vestirme con este diminuto vestido que me entregaron ayer acompañado de un –“tus nuevas galas humana Laura”–, e ir a mi puesto directamente.

Sé lo que piensan algunos mientras les veo cómo me observan dirigirme hacia uno de los robots humanoides para pedirle permiso y poder quedarme dentro del escaparate mientras los demás van al salón-comedor; como si no tuviera suficiente con pasar prácticamente veinte horas de pie entre focos y música estridente...

Estoy segura de que si no fuera porque aún no ha despertado la ciudad y la jornada laboral no da comienzo hasta dentro de unos minutos, incluso habría quien pensase que lo que quiero es exhibirme en solitario para ser comprada lo antes posible. En fin, poco me importa lo que opinen los demás ¡y qué diablos, no me apetece comer nada!

Al fin conseguí que el cuidador número uno me encerrase en el escaparate para poder estar sola y meditar. Es curioso, llevo aproximadamente un mes en la tienda –desde el mismo día en que me revendió esa babosa repugnante, harta de mis continuas agresiones cuando intentaba copular conmigo–, y aunque nunca he tenido la oportunidad de ver amanecer desde aquí, sé exactamente cómo lo hará o debería hacerlo al otro lado del cristal: Con los primeros rayos del sol, los que ahora asoman, se debería apagar el alumbrado público... Efectivamente acaba de hacerlo. Ahora, lo próximo en hacer acto de presencia deberían ser las luces de aquellos escaparates inorgánicos puesto que su mercancía nunca deja de estar en su lugar. Yyyyyy ¡ahí están, ya empiezan a resplandecer sus focos y neones! Sin embargo en los escaparates que como el mío, sólo tienen a la venta a seres alienígenas de todas las razas y características fisiológicas similares, no sucederá de la misma forma. Aquí, en primer lugar deberemos ocupar nuestros correspondientes sitios, y sólo cuando la mercancía orgánica esté en su puesto, será cuando se enciendan las luces y suene la música...

Vaya, precisamente de los veinticuatro individuos que tienen que entrar por esa puerta para empezar ya, el primero que aparece tras el robot es Kanirh. ¡Mierda!, no soporto a ese dragyano. Hace un día que llegó y casi desde el primer momento me la tiene jurada. Dicen las malas lenguas que es porque una raza prima suya antiguamente pobló la Tierra, y terminó por extinguirse, ¿pero y qué maldita culpa tengo yo si también se dice que fue merced a un capricho del destino?

–¿Cómo estás hoy, tengo la sensación de que has vuelto a pasar la noche en vela? –Dejo de observar a mi eterno enemigo y miro hacia abajo, al lugar exacto del que proviene esa voz que, como el resto, no tiene más remedio que intentar pronunciar lo mejor posible el idioma del planeta Ilidia.

El diminuto Tanja sonríe pícaramente desviando su mirada hacia la reptil figura de Kanirh, después, con un mohín burlón, me tira sin previo aviso la pieza de fruta que ha debido sustraer de su propio desayuno. Para no hacerle un desprecio, la cojo en el aire y la guardo en mi pequeño e inútil bolso por supuesto con un –“más tarde, ahora no tengo apetito”–, y por último, me levanto de mi blanca e impoluta tarima y bajo al suelo para poder cogerle entre mis brazos.

–Te puedes imaginar cómo me siento –le susurro, sosteniéndole sin ningún esfuerzo como si de un bebé se tratase–. Como ya te dije sé que va a ocurrir algo y será esta noche, ¿el qué?, no lo sé, Tanja, pero lo que sea que ocurra lo hará conmigo presente. Sé que suena estúpido pero así lo presiento.

Tras escuchar atentamente mis últimas palabras, Tanja cruza los dedos de sus pequeñas manitas con forma de pezuña y como haría cada mañana si estuviera en el suelo, comienza a desplegar su ala derecha para proceder a estirar las plumas de ésta con su seudopezuña inferior. Yo le observo esperando a que entre tanto me diga algo tranquilizador, pero en vez de abrir su caprino hocico, simplemente me regala una nueva sonrisa mientras las uñas de su patita, estiran bien sus plumas rosáceas temblando de una forma realmente graciosa cuando llegan a las puntas de éstas. Una vez ha terminado con su ala derecha, comienza a hacer lo mismo sobre la izquierda. Así que mientras espero a que madure una respuesta cargada de resignación, pienso que nunca llegaré a entender por qué se acicala tan temprano si ahora deberá situarse en su gigantesca tarima, una de las más altas no sólo por su ubicación sino por su reducido tamaño, y sólo deberá exhibirse cada cierto tiempo cuando, al otro lado del cristal, los posibles compradores se detengan a observarnos y comprueben que nuestros respectivos precios se ajustan a lo que están viendo.

De pronto, sus pupilas se clavan en las mías y me deslumbran con su nuevo fulgor:

–Laura, preciosa, no te inquietes –mientras me habla, mi pequeño amigo comienza a asearse mediante continuos y briosos lametazos, ¿es que los handromintas no saben lo que es una ducha?–. Si tu mal presentimiento tiene algo que ver con la próxima boda-coronación, y dices además que sabes que estarás allí presente cuando lo que deba ocurrir ocurra –deja de lado su babeado pelaje rosado y me mira fijamente–, entonces no has de temer nada, mi niña. Perdona que sea tan directo, pero a menos que hoy decidan comprarte y regalarte como obsequio de boda a nuestro futuro rey...

–¡Vuestro, Tanja, vuestro futuro rey! –siento ponerme así con él pero es que no soporto que nadie intente someterme a Javel incluso cuando, lo reconozco, el tipo me parece uno de los personajes más interesantes y atractivos del planeta–. Yo soy de la Tierra ¿recuerdas? Esta gente y sus costumbres no me incumben para nada excepto porque fui arrancada de mi planeta natal, y no me queda más remedio que mal vivir aquí...

–Eh, eh, eh, tampoco es el mío querida, pero seamos realistas, a no ser que ocurra algún milagro, éste será nuestro planeta hasta el fin de nuestros días. Hazte a la idea pequeña –Tanja me mira como lo hace siempre que no quiere que me enfade, haciendo que sus pupilas brillen cambiando de un tono suave a otro más suave aún, al mismo tiempo que sus cuernecillos membranosos situados a ambos lados de la cabeza, se mueven adelante y atrás dando paso a los cambios de tono pupilares. Por último consigue hacerme sonreír.

–Está bien, ¿y?

–Pues eso, que salvo que te compren como obsequio para el futuro rey, no creo que puedas estar presente, y, no te enfades conmigo cariño, pero honestamente no creo que eso llegue a suceder, no sólo porque esta no es una de las tiendas de lujo de alienígenas-ornamentales, sino porque aun habiendo pocos humanos en Ilidia, por el momento a ninguno de los pasados reyes parece haberles interesado demasiado tu raza. En pocas palabras, que aun en el improbable caso de que alguno de los invitados a la boda-coronación decidiera comprar aquí su regalo, seguramente jamás haría que tú fueras incluida dentro de su lote. No eres mercancía favorita, querida Laura, así que tranquilízate.

Recapacito sobre lo que ha dicho mientras le dejo en el suelo. Supongo que lleva razón, es absurdo que esté tan segura de... Kanirh ha aprovechado para pasar a nuestro lado y ha golpeado mi hombro todo lo fuerte que ha podido.

–¿Ocurre algo? ¿Tienes algún problema, te-rres-tre? –me dice el muy animal moviendo nerviosamente su cola de lagarto.

–Sí, tengo un problema. ¡Tú, palurdo! –por supuesto no me amedrentan ni su mayor estatura ni su imponente corpulencia.

–¿A quién has llamado palurdo? –Me dice mostrando más de lo necesario esa asquerosa lengua viperina.

–A ti.

Acerco mi nariz a su escamosa boca -que por supuesto él ha puesto a mi altura intentando intimidarme-, dispuesta a propinarle mi primer derechazo sin más, cuando noto una de las manitas de Tanja sobre mi muslo. Mi pequeño amigo handromita se ha interpuesto entre Kanirh y yo en un abrir y cerrar de ojos, justo al mismo tiempo que uno de los dos robots cuidadores acaba de asomarse desde el interior de la tienda al escaparate:

–Vosotros tres ¿qué ocurre?

–Nada –respondemos Kanirh y yo al unísono sin dejar de mirarnos.

–Pues por favor, tomen sus correspondientes puestos. La jornada laboral empieza dentro de cinco minutos y el escaparate tiene que estar listo antes, ya lo saben. Además, están interceptándoles el paso al resto de sus compañeros.

Después de la advertencia el robot cuidador desaparece tras la blanca pared que limita el también blanco escaparate, mientras que Tanja, aprovechando las palabras de éste, se ha terminado por meter entre mis piernas y las dos patas de Kanirh. Acaba por separarnos.

El dragyano no tiene más remedio que darse por vencido, aunque eso sí, antes de marcharse levanta su índice mostrándome su amenazadora garra:

–No te has confundido te-rres-tre, soooy tu problema.

Tanto Tanja como yo por supuesto ignoramos sus palabras, y una vez ha desaparecido de nuestra vista la figura del detestable lagarto, miro a mi alrededor y me percato de que casi todos los especimenes están en sus puestos. Hasta la última de las luces ha terminado de encenderse y la música empieza a sonar. ¡Hay que espabilarse!, pero de buenas a primeras Tanja se precipita de un salto sobre mi pecho sin molestarse en desplegar sus alas, y yo me veo obligada a sostenerle rápidamente antes de que vuelva a caer al suelo. En un acto reflejo, el handromita deposita un beso en mi mejilla y acerca después su hocico a mi oído:

–En fin Laura, respecto a lo que hablábamos antes, recuerda, tus posibilidades son casi nulas, así que tranquila mi niña.

Después de haberme dicho esto sus alas se abren camino entre mis manos y se elevan por encima de nuestras cabezas. Con toda suavidad y por detrás de sus riñones, deshace mi abrazo con sus manitas y en vez de intentar caer al suelo poniéndose en pie, se dirige hacia su tarima agitando las alas con cuidado de no importunar a nadie.

Suspirando, también yo tomo posiciones sin dejar de mirar al lugar donde ahora se muestra la semicaprina figura de Tanja. Dos filas de tarimas por encima de la mía en el extremo opuesto del escaparate: Todas las tarimas están colocadas por filas y columnas en sentido descendiente según nuestra perspectiva, y en este preciso momento, empiezan a dar muy lentamente vueltas unas hacia un lado y las contiguas hacia el contrario, mientras nosotros, las criaturas que las habitamos, ponemos la nota de color siendo exhibidas y vistas desde todos los posibles ángulos.

Vaya... y cuando ya casi me había olvidado de él, Kanirh vuelve a asomar su cara de reptil apresuradamente y se sube de un salto a su tarima también en marcha. Por supuesto, desde su posición tres tarimas más allá entre la pareja mutante y yo, no pierde su tiempo en dejar de mirarme sin ocultar el odio que sus actos sí deben esconder. ¡El muy puerco!, cuando ha entrado en la tienda ha debido pedir que le cambiasen sus nuevas galas. Y lo han hecho, ¡menudo traje se ha adjudicado esa lagartija humanoide! ¿Cómo lo habrá conseguido?

Tras él acaba de entrar uno de los dos robots cuidadores, el de antes, ¡el de siempre!, y como cada mañana, toma asiento a un lado del escaparate tras un biombo que además de ocultarle, sirve como pantalla donde se muestran al público nuestras imágenes tomadas en directo por un par de molestas cámaras levitantes.

 

***

 

Miro por enésima vez los relojes ubicados frente a nosotros, en la parte alta donde da fin el cristal del escaparate. Las horas pasan lentamente, tanto, que aún quedan un par de ellas para el primer cierre y la comida. Por si fuera poco además de no dejar de pasar gente que se para frente al cristal durante una eternidad -lo cual significa que no podemos abstraernos con ninguna de las proyecciones que emiten las pequeñas bandapantallas instaladas junto a los relojes-, se acaba de estropear el acondicionador del aire y tenemos que permanecer perfectamente erguidos como si nada. ¡Estupendo! Supongo que el segundo robot cuidador, el que debe dirigir la tienda y llevar a cabo las transacciones, se estará encargando de arreglarlo, porque si no es así y el cretino de nuestro guardián continúa en la silla como si nada, se va a armar una buena.

En un acto reflejo miro hacia lo lejos a Tanja, y veo que en este momento está girando de espaldas a mí con las alas totalmente desplegadas. Debe de estar harto el pobre... En general, creo que todos padecemos el mismo aburrimiento. Al principio, cuando llegas a uno de los múltiples puntos de venta de alienígenas-ornamentales, no eres capaz de aburrirte ya que normalmente vienes expulsado de la casa de algún perturbado y esto te parece un auténtico paraíso, pero cuando los días van pasando y la rutina de estar aquí termina por penetrar en tu alma, cada hora se hace interminable, aunque para ser sincera conmigo misma, yo prefiero estar aquí y que mis días duren años, antes que caer en manos de cualquier puerco como lo era mi último amo... Desgraciadamente esta situación no puede durar eternamente, según dice Tanja, si después de un tiempo prudencial no somos comprados, todos iremos siendo vendidos por los auténticos dueños de este negocio a otra tienda donde lleven los artículos rebajados o tarados, ya que es el único modo de poder introducir nueva mercancía. Lo que viene a significar que tendría aún más probabilidades de ser comprada finalmente por algún amo zafio con aires de grandeza.

¿Eh? Frente al escaparate acaban de detenerse un par de ricachones ilidianos con aspecto de bufones, ¡menuda pinta tienen, con esas vestimentas fluorescentes rematadas por ridículas asimetrías! ¿Y por qué no dejan de señalarnos riéndose como auténticas hienas? ¡Si hasta puedo oírles desde aquí dentro con música incluida! Dan asco... Es tal la borrachera que llevan que no se dan cuenta del ridículo que están haciendo. ¡Vaya! Tengo que esperar a dar la vuelta completa para volver a verlos.

¡Ahí están de nuevo! Son patéticos, revisándonos uno a uno entre continuas carcajadas mientras son abanicados por sus dos robots de compañía, uno increíblemente larguirucho y otro pequeño como un tapón, exactamente iguales a sus amos: Grande uno y pequeño el otro, esquelético el primero y orondo el segundo. Y en el caso de los ilididanos de carne y hueso, encarnado el alto y bitono el enano, y a pesar de sus diferencias, con las mismas enormes cabezas provistas según dicen de un cerebro gigante.

Otra vez dejé de verlos. Pero, ¿por qué narices no se conforman con sus robots y dejan de hacernos sufrir a aquellas especies que lo hacemos? ¿Por qué tenemos que soportar no sólo el ser arrancados a la fuerza de nuestros respectivos planetas para terminar siendo aquí objetos meramente decorativos, sino que además, nos vemos obligados a sufrir las continuas aberraciones tanto físicas como psíquicas que a ellos se les antojan?

¡Ahí están otra vez! ¡Mierda, me están señalando!

–¿Qué pasa con el acondicionador? –doy un respingo al sorprenderme a mí misma preguntando aquello.

–Shhh –contesta el robot.

¡Genial! Vuelvo a mirar hacia los cristales y afortunadamente veo que los dos payasos se han marchado ya.

¡Eh, me estoy mareando...! Acabo de darme cuenta del hambre que tengo y que no nos está permitido comer mientras haya posibles clientes frente a los cristales. Además no dejo de sudar. Me mareo...

–La humana llamada Laura... –le oigo decir al robot encargado desde la puerta del escaparate a nuestro impertérrito cuidador.

Éste se levanta y aún detrás del biombo alza la voz:

–¿Humana Laura? Enhorabuena, acabas de ser adquirida como regalo para la boda-coronación de nuestro próximo rey.

Después de oír aquello y precisamente cuando noto el primer chorro de aire frío, caigo redonda al suelo ya sin sentido.

 

***

 

Me cuesta una barbaridad abrir los ojos, siento los párpados como si estuvieran completamente pegados... «¿Laura?»

Los abro de golpe cuando oigo la voz de Tanja.

–¿Dón... dónde estoy?

–Tranquila, mi niña –revoloteando sobre mí, mi amigo handromita intenta hacer que me tranquilice poniendo una de sus extrañas manitas caprinas sobre mi pecho –, todo está bien.

–Pero... –me incorporo sobre mi ajeno lecho y me doy cuenta de que tanto la enorme cama sobre la que me encuentro, adoselada con inacabables y huidizas colgaduras en oro y raso blanco, como las paredes de oscuros espejos e incluso el suelo de frío mármol opalescente, me están diciendo a voz en grito que no estoy donde debería– ¿dónde estamos Tanja?

–En palacio.

–¿En pa...? –de pronto me acuerdo. Había sido comprada como obsequio para la boda-coronación justo antes de mi desmayo. ¿Pero qué hacía entonces en palacio y no en casa de aquél o aquellos que me obtuvieron? ¿Y qué hacía Tanja allí? ¡Qué alegría verle de nuevo!

–Así es, un momento antes de que te desmayases fuimos adquiridos por un par de ayudantes de nuestro próximo rey. Tú fuiste la primera en ser escogida, pero yo... –de pronto noto una turbación que no es usual en él–... en realidad aún no sé cuál será mi auténtico cometido en la corte...

–¿Bromeas? ¿Qué misión vamos a tener siendo alienígenas "ornamentales"? Los ilidianos coleccionan a otras especies sólo para deleitarse con su presencia y para exhibirlos ante sus amistades. ¡No nos quieren para otra cosa, Tanja, parece mentira que...!

–Shhhh, ¡déjame hablar!

Tanja me mira preocupado. Le contemplo sintiendo el familiar nudo en el estómago que no pude disolver ni durante la noche ni la mañana de ese día.

–Cuando te desmayaste esos dos hombres acababan de adquirirnos. Sus robots cargaron contigo y junto con Kanihr vinimos...

–¡Kanihr!

–Sí, Laura, Kanihr, ¡Kanihr!

Tanja pliega sus alas y se sienta en la cama junto a mí. Su peluda cara denota que antes de continuar está intentando armarse de paciencia, además tengo la sensación de que rehuye mi mirada. ¡Algo gordo está pasando!:

–Cuando llegamos a palacio no sé qué hicieron con él o dónde lo llevaron, parece ser que su lugar no está junto al nuestro, así que ahora no creo que sea ningún problema para ninguno de los dos ¿de acuerdo? –asiento en silencio–. Bien, como intentaba decirte, según uno de aquellos dos hombres, el rey sólo quería que tú y yo permaneciésemos juntos, y que, llegadas las diez horas, te despertase en caso de que tú no lo hubieses hecho de forma natural para que ambos comiésemos algo, nos aseásemos, y después esperásemos a que nos trajeran nuestra vestimenta para esta noche.

–¿Lo ves? Entonces vamos a ser exhibidos delante de toda la corte durante la ceremonia.

–Me temo que no, querida.

–¿Cómo que no, por qué estás tan seguro? –me estoy asustando por momentos, y mucho.

–Porque además de nuestra cena de esta noche, tú debes beberte el contenido de aquella cápsula.

Miro hacia el rincón donde, sobre una mesa rectangular rebosante de todo tipo de manjares, está esperándome una pequeña botellita con un sonrosado contenido fluorescente.

–¿Qué... qué narices es eso? –Busco algo de tranquilidad en la mirada de Tanja, pero éste sigue rehuyendo la mía.

–No lo sé, preciosa, ojalá lo supiera, aunque supongo que será algún tipo de tranquilizante. ¿Qué otra cosa iba a ser sino?

–Pe, pero ¿para qué necesito yo un tranquilizante Tanja?, dime, ¿quién sabe salvo tú que he tenido esos sueños, esas... esas oscuras premoniciones, eh? –vuelve su mirada hacia mí y por primera vez desde que lo conozco, veo sus pupilas de un color realmente desagradable y tan oscuro que es capaz de despertar de golpe mis anteriores miedos y aquellos que estuviesen por venir– Laura, cariño... verás, a las trece horas de esta noche vas a ser coronada reina de Ilidia.

Ilustración Isabel Sánchez

–¿¡Cómo!? ¡Pero eso es imposible, Tanja, yo soy una alienígena! ¿No es necesario que ambos monarcas sean de raza ilidiana?

–Efectivamente, cielo, y yo estoy tan sorprendido como tú, pero cualquiera sabe qué tiene el nuevo rey en la cabeza. Quizá esté dispuesto ha cambiar algunas de sus pretéritas costumbres. ¡Qué sé yo!

De pronto llaman. Insegura, miro a Tanja y éste me hace señas para que tome la iniciativa:

–Puede pasar.

Pero en vez de entrar por la puerta, la holografía de uno de aquellos dos bufonescos ilidianos que vinieron a buscarnos, se hace visible a los pies de ¿mi cama?

–Buenas tardes, querida princesa, ya veo que ha despertado. ¿Ha cenado ya?

–Eeeh ¡no!

–Pues ha de hacerlo, señora mía, ya que dentro de poco irán con su atuendo.

Miro al regordete bufón que ahora lleva un ropaje algo más solemne y parece haberse recuperado de su antigua borrachera.

–Oiga, perdóneme, ¿esto es una broma verdad que sí?

El sujeto pone buen cuidado en no reírse, aunque observo en su mirada holográfica un destello de divertimento.

–Por supuesto que no, mi señora, pero ande, sacie su apetito y no olvide tomarse su medicamento. Dentro de una hora irán a prepararla y a asegurarse de que todo está bien.

–¡Oiga! –el holograma da muestras de estar a punto de desaparecer– ¡Espere un momento! ¿Qué clase de medicamento es ese, yo no estoy enferma?

-Ande, ande, no sea chiquilla y tómeselo, es por su bien, esta noche será una gran noche, ya lo verá.

–Pero ¿por qué yo, por qué...?

Y me quedo con tres palmos de narices contemplando la pared a lo lejos, donde antes estuvo mi reciente súbdito.

–Ya lo has oído, cielo.

Me vuelvo hacía Tanja que ha comenzado a revolotear de nuevo a mi alrededor, aun a riesgo de que sus alas se topen con las cascadas de tela que hacen del lecho un auténtico refugio.

–¿Bromeas, crees que me voy a tomar esa... esa pócima o lo que sea?

–Por supuesto que no, querida, pero sí has de comer algo, en eso lleva razón nuestro nuevo amigo –me guiña un ojo, que ha cambiado aunque no por completo de color–. ¡Venga, y ya veremos qué hacemos con el medicamento! –por último, mira con picardía hacia el cuarto de baño.

 

***

 

Observo mi imagen delante del espejo del tocador, todavía llevo el vestido de finas láminas iridiscentes que me entregaron en la tienda a la espera de que me traigan los ropajes para mi boda. ¡Por Dios mi boda! Me doy la vuelta para comprobar que, efectivamente, Tanja está revoloteando tras de mí como la imagen del espejo indica. Me sonríe y guiña un ojo haciendo el tonto con sus cuernecillos. Eso me tranquiliza un poco, pero en el momento en que me giro y vuelvo a verme sentada ante el espejo con esa eterna expresión de languidez en el rostro -mi reciente delgadez y mi cabello castaño anteriormente rasurado algo más largo-, vuelvo a desorientarme. ¡Soy tan joven para pasar por todo lo que he pasado y ahora casarme con tan sólo veinte años! ¡Y, y... con un rey! ¡Yo, una simple estudiante de bellas artes!

Me vuelvo cada vez más inquieta hacia mi querido handromita:

–¿Y qué hacemos ahora, Tanja?

–Esperar, querida, ¿qué otra cosa debemos hacer? En cuanto lleguen con nuestra ropa, supongo que las damas de honor te prepararán.

–Ya... –empiezo a morderme las uñas, hábito que había dejado hacía tiempo– ¿y cómo se supone que deberé comportarme cuando lleguen, no sabemos para qué servía esa porquería enfrascada?

Pensativo, Tanja se sienta en una esquina sobre la mesa del tocador:

–Es cierto, pues no sé, la verdad, creo que lo mejor sería que te mostrases lo más serena posible y que procurases hablar poco. Tal vez nos convendría que te comportases de una forma más amigable –sus pupilas cambian a un color encarnado– ¡tú ya me entiendes! Supongo que sea lo que fuere lo que había en el frasquito, no podía ser otra cosa que un tranquilizante, ¿qué sino, algo para que estés más bella? ¿Y qué saben ellos sobre los cánones de belleza femenina humana? Además, tú eres preciosa sin necesidad de nada.

Sonrío desde luego sin ninguna gana. No puedo creerme que vaya a ser la compañera de Javel además de convertirme en la reina de un planeta que, para más inri, ni siquiera es el mío. Jamás volveré a la Tierra...

¡Alguien llama! Tanja me hace rápidamente señas bajándose al suelo para que vuelva a ser yo quien conteste. También me pongo en pie y alzo la voz en todas direcciones:

–¡Adelante!

En esta ocasión se abre la puerta descubriendo a un par de mujeres ilidianas y a media docena de varones portando algunos ropajes y un pequeño invento del que cuelgan infinidad de cables con apariencia de... de... ¿¡qué demonios es eso!?

Se cierra la puerta tras ellos justo en el momento en que mis piernas empiezan a temblar. ¡Voy a necesitar ir al baño de un momento a otro!

–Buenas noches –dicen todos al unísono–. ¿Señor? ¿Mi señora? –hacen una reverencia.

Nosotros inmediatamente les imitamos.

–Muy bien, esto es para usted –después de librarse del invento cuya visión tapa por completo mi propia corte, uno de los ilidianos, el más alto de todos, se agacha y le tiende un traje un tanto estrambótico a Tanja.

–¿Y usted, mi señora, ha tomado su cena y el “elixir”?

–Por supuesto.

Mientras el que me ha interrogado se mantiene frente a mí con una estúpida sonrisa en la cara, otro de los varones, se me acerca y extrae de uno de sus bolsillos un pequeño dispositivo que pasa alrededor de mi cara:

–Me temo que no lo ha hecho, mi señora.

–¿¡Qué!? –intento parecer ofendida–. ¿Me está llamando embustera?

El del dispositivo suspira y guardándolo de mala gana, me coge de un brazo mientras el más largo de ellos y otro más me agarran del otro brazo y del cuello. Inmovilizada y muerta de pánico, veo cómo Tanja está a punto de tomar cartas en el asunto, pero es inútil, los otros tres hombres e incluso las mujeres, le cierran el paso y le inmovilizan sujetándole inclusive de las alas. Está rodeado y yo perdida, lo sé, lo presentía, ¡lo presiento!

Cuando me vuelvo hacia uno de mis opresores, veo que éste extrae una ampolla de su bolsillo y tras romperla, me deja ver su cabeza coronada por una fina aguja durante un momento. Después me pincha con ella en el cuello y la exprime, e inmediatamente empiezo a notar una extraña sensación que se apodera de mí cuando... ¡Oh Dios mío, pero...! ¿Qué me van a hacer? Ahora puedo verlo, puedo ver eso que transportaban y es una especie de, de... ¿un casco? ¿Qué clase de invento del demonio es ese, qué quieren hacerme?

 

***

 

–Despierta, querida, ya hemos terminado con la transferencia y todo ha salido bien.

Aunque intento con todas mis fuerzas obedecer a esa voz, me es casi imposible salir de esta especie de ensueño y más aún cuando ahondo en mis pensamientos y me doy cuenta de que lo recuerdo todo. ¡Todo! El momento en que fui drogada y metieron mi cabeza dentro del casco biotransferente; cómo se llevaron a Tanja preso quién sabe dónde. Mi traslado y posterior conexión, tanto a la gran computadora dragyana como al casco que pertenecía a la próxima reina de Ilidia, y por supuesto el momento en que mis neuronas y toda la información que éstas contenían fueron trasladadas al gran cerebro de la que será la nueva esposa del rey, previa y parcialmente vaciado para la ocasión.

Sí, lo recuerdo... asimismo puedo leer toda la información a cerca del proceso en el cerebro artificial de la computadora aún conectada a mí y al que fue mi anterior cuerpo ahora sin vida; soy capaz de visualizar perfectamente todos los datos concernientes tanto a la desatomización de mis neuronas, como a los de su posterior conversión en neuronas ilidianas portando consigo la pretérita información, funcionamiento y conocimiento, e incluso aquellos datos que no sólo hacen referencia al momento de su transferencia, sino a su ubicación exacta dentro del enorme cerebro de la futura reina de Ilidia.

¡Es increíble! Lo sé todo, y aunque no comprendo demasiado de ello, sí sé que el material neuronal ha sido ensamblado a la perfección. Lo sé porque puedo reconocer mis pensamientos dentro de las neuronas ilidianas. Mi cerebro ahora alienígena invadido por dos mentes, por dos personas distintas, por dos mujeres asustadas pero con ansias de dominación... Efectivamente el cerebro está ya casi listo, ¡qué buen trabajo ha realizado la maldita computadora dragyana!

A pesar del miedo y del dolor, algo dentro de mí, ¿o vuelve a ser la voz de antes?, me induce por segunda vez a que despierte.

Abro los ojos poco a poco y compruebo que lo único que puedo ver a mi alrededor son sólo bultos. ¡Dios mío estoy prácticamente ciega!

–Tranquila, querida, enseguida tendrás una visión más nítida –es la voz de Javel, mi amado me susurra mientras sube la visera de mi casco. ¿He dicho mi amado? ¡Por el amor de Dios, no!– Según los dragyanos todo lo que ahora te ocurre es normal, así que mantente ahí calmada ¿lo entiendes? Lo único que tienes que hacer es asimilarla por completo, controlarla mientras la necesitemos dentro de tu mente... Te quiero dominando sus pensamientos, querida Lussa. Fuiste entrenada para ello y no quiero que ahora me falles, que falles a nuestro pueblo ¿me escuchas?

Acierto a asentir, aunque no sé si soy yo quien asiente o la recién llegada...

–Muy bien, querida Lussa, sabes perfectamente lo que tienes que hacer y por qué lo hacemos de esta manera, ¿verdad? Yo no podía ponerme en peligro pero te compensaré por ello, lo prometo. Nuestro pueblo te compensará cuando recuperemos de nuevo su confianza y lo hagamos como si se tratara de un don divino entregado a ti. Ya sabes que nuestros planes deben desarrollarse como si se tratara de simple intuición real, intuición divina donada por alguna razón a la nueva realeza, querida, a ti y a mí... los nuevos reyes de Ilidia demostraremos que aún se puede confiar en nosotros, que estamos dispuestos a liberarlos de su principal problema sin tener que renunciar a su mayor placer.

–¡Su majestad!, me temo que según los datos de la computadora no es la mente de su futura esposa la que está durante todo el tiempo por encima de la otra, así que le recomiendo que por el momento no se deshaga demasiado en explicaciones.

–¡Qué! ¿No significará eso que se ha confundido en los cálculos, verdad Kanihr? Ya le advertí que si fallaba...

¡Oh Dios mío, Kanihr! Pero ¿entonces? ¡Estoy perdida, lo estoy de verdad, ese tipo me odia...!

–No señor, la mente de su futura esposa es perfecta para ello. De hecho esta clase de experimento sólo podía llevarse a cabo en una mente ilidiana, puesto que es la única capaz de vivir con el mayor número de zonas amputadas prácticamente como si nada, perdiendo algunas capacidades, eso sí, pero no volviéndose un ser vegetativo o comatoso. Realmente no saben lo increíble que es su cerebro, no entiendo cómo no intentan desarrollar más su capacidad... pero en fin, eso no es asunto mío, el caso es que ahora mismo el cerebro de la futura reina se está readaptando y es muy posible que tarde aún unos minutos en ser lo que será; en tomar la personalidad de Lussa para pensar y actuar como ella, así como la información que vaya precisando de la antigua mente humana cuando ella lo requiera a petición suya, pero...

¿Qué están tramando? ¡Dios mío, qué! ¡No les oigo! ¿Qué pasa ahora? Percibo los bultos con mayor nitidez y desde luego puedo ver cómo se alejan pero no puedo distinguirlos aún del todo. ¡Maldita sea, debí machacarle la cabeza a ese lagarto cuando aún pude hacerlo!

–En fin, querido Kanihr, sólo espero que lleve razón y que el proceso tarde lo que dice porque dentro de... dos horas exactas, hemos de acudir al altar para poder empezar cuanto antes con nuestros planes de futuro, querido socio.

Se acercan... ¡De qué se ríen! ¡Qué hace Kanihr! ¿Qué...? ¡Aaaaaaah, mi cabeza! Por el amor de Dios ¿qué ocurre ahora? ¿Qué ocurre, quién está ahí, quién está...?

–Bien, ¿lo ve Javel?, su querida Lussa ya parece que vuelve a la conciencia para quedarse. Mire, acérquese y mire el color de los gráficos. Está machacando a la intrusa, sus pensamientos empiezan a pisar a los de la humana.

–Estupendo, Kanihr, estupendo.

–Ya le dije que sólo necesitaba tiempo para readaptarse, pero mire, ¿lo ve, ya está casi con nosotros? ¡No falta prácticamente nada, la tiene dominada!

–Perfecto, como muy bien dijiste una vez, acabas de demostrarme que eres el mejor de tu categoría allá en tu planeta.

–Así es, lo soy.

–Bien, entonces supongo que ya puedo preguntártelo, ¿vendrás finalmente con nosotros, Kanihr? ¿Te gustaría acompañarnos en nuestra luna de miel a la Tierra? Al fin y al cabo tú me trajiste la luz la primera vez que te adquirí no sólo dándome la idea de cómo acabar con la crisis que se avecinaba antes de que ésta tuviese lugar, sino procurándome este invento tuyo y por supuesto una alianza transitoria con los tuyos. Mereces no sólo que tú y todos tus congéneres seáis devueltos a tu planeta, además de lo que pactamos concederos tras haber concluido todo esto, sino ver cómo nos apoderamos de la Tierra para acabar con un problema que parece preocupar en exceso a mi pueblo, ¡este maldito exceso de población que se nos avecina!

–Majestad se lo agradezco enormemente, y es más, no sólo iré con usted si lo quiere así, sino que también, si fuera necesario, podré poner a nuestras tropas a su entera disposición. Hace unas horas me puse en contacto con los altos mandatarios de Dragya, y se han ofrecido para transportar directamente a los humanos a nuestro planeta.

–¡Vaya, supongo que eso sería estupendo, nos ahorrarían mucho trabajo! Pero, Kanihr, ¿les dejaría claro a sus jefes que queremos los ejemplares más atractivos para nosotros, no es así? Aunque pretendamos apoderarnos de la Tierra queremos conservar algunos ejemplares, y más teniendo en cuenta los planes que tienen ustedes para la raza humana. ¡No olvides que los ilidianos somos coleccionistas casi por necesidad! Además, sería una auténtica lástima que esta raza se extinguiese por completo. Por cierto ¿por qué precisamente los humanos? ¿Por qué elegiste este ejemplar denominado Laura?, podría haber sido otro ejemplar y otra raza, ya sabes que en este caso en concreto no tenemos ninguna preferencia si no es por su planeta.

–Eeeeh, efectivamente, ¡por eso, su majestad! La Tierra me ha parecido el planeta ideal puesto que aún no está en muy mal estado... Además, este espécimen me pareció el más indicado, es fácilmente maleable, pude comprobarlo cuando me informé de que ese pequeñajo, Tanja, se había hecho rápidamente amigo suyo apoderándose prácticamente de su mente. Son uña y carne majestad, ella le consideraba no sólo su único y mejor amigo, sino su maestro y mentor. Por eso la elegí a ella, creo que la naturaleza de la raza humana es la idónea para sus planes, se dejan llevar fácilmente. Además tratándose de este espécimen podría decirse que tenemos un as guardado en la manga.

–¿Por qué lo dices?

–Porque he aconsejado apresar también al handromita. En caso de tener problemas, siempre podremos chantajear a la mente de esa terrestre con la vida de su amigo...

–¡Cómo! ¿Qué insinúas? ¿Es que es posible que el experimento falle aún? ¿Si es así qué necesidad tenía de poner en peligro a Lussa si puedo coaccionar a la mente humana con su amigo handromita? ¡Kanihr no se trata de eso y lo sabes! Necesitamos desentrañar la naturaleza de la raza humana desde dentro, nada de historias, nada de vivencias, lo necesitamos todo, su pasado, su futuro, sus creencias, ¡todo! Debemos conocer a los seres humanos mejor de lo que ellos se conocen. Sólo así podremos hacer que nos reverencien y que nuestro pueblo observe cómo los domesticamos.

–Lo sé perfectamente, señor, quizá me expresé mal. Quise decir que es conveniente tener al handromita aún a buen recaudo, para soltarle siempre hay tiempo...

–¡Javel, querido mío!

–¡Lussa!

¡Veo, puedo ver la dorada cara de mi amado!

–Por fin estoy de vuelta, dispuesta a compartirlo todo contigo.

–¿Estás segura, Lussa? ¿Te encuentras con suficiente energía como para reunirte conmigo en el altar y empezar con nuestra nueva vida lo antes posible? Si es necesario, podemos esperar un poco más. Tal vez necesites recuperar fuerzas.

–Sí, estoy segura, querido Javel. Estoy dispuesta a hacer lo que acordamos por amor a ti y a mi pueblo. Ahora me encuentro con fuerzas. Puedo dominar ya de forma continua a la que ahora se encuentra dentro de mi mente y utilizarla a mi antojo para someter a su pueblo causando los mínimos desperfectos en su planeta. Justo como tú quieres y necesitamos...

–Querida, yo...

–Estoy preparada, Javel, no te miento. Sé que llegado el momento seré capaz de simular que entiendo a los humanos como si fuera una más de ellos. Ya lo verás, haré que crean en mí como si de una presencia divina se tratara. Cuando tomemos contacto, seré ese ser de las estrellas que tanto ansían que llegue para poder liberarlos de sí mismos, de sus antiguos errores, de sus miedos, y todo gracias a la información que podré extraer de mi propia mente. Desnudaré el alma de los humanos gracias a la ayuda de mi nueva inquilina, y cuando realmente confíen en la que vino del espacio junto a su pareja y sus súbditos, entonces habrá llegado el momento de que nuestras tropas subyuguen a su raza. Conseguiré para ti no sólo un nuevo planeta donde poder vivir y continuar con nuestras costumbres, sino una corona segura. Nuestro pueblo nos idolatrará como tú quieres, querido Javel. Prometí que lo haría y lo haré. Además, será divertido sentir el sufrimiento de un ser humano que presencia cómo se invade a sí mismo sin poder hacer nada por evitarlo. Lo pasaré realmente bien...

- Capítulo 2 -

 

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc[arroba]ngc3660.es