| Escrito por Pily
B
Al restregar el vaho de uno de los
espejos del baño comunitario veo mi menudo rostro
más apesadumbrado que de costumbre... Sé
que algo terrible ocurrirá esta noche, cuando
Javel contraiga matrimonio con la que deberá
elegir como su nueva esposa de entre toda la nobleza
ilidiana, o minutos después, cuando ambos sean
coronados reyes... Lo sé, esos sueños
no han dejado de indicármelo, además está
eso que dicen de que las cosas no van demasiado bien
ahí fuera y que han aprovechando la muerte del
anciano rey para organizar alguna que otra revuelta.
Desgraciadamente, desde la tienda no podemos saber exactamente
qué ocurre salvo por lo que nos cuentan los que
van y vienen, pero básicamente, el problema reside
en que el pueblo ilidiano ya no cree en la monarquía,
no quiere un nuevo rey que como el reciente difunto
no intente encontrar un remedio a sus cada vez más
inminentes problemas... ¿Pero, y qué problemas
puede tener un pueblo que vive en la abundancia lo quiera
o no admitir? ¿Un pueblo cuyo principal hobby
es el secuestro de alienígenas de distintas razas
para convertirlas después en sus mascotas? Problemas...
¡Qué sabrán ellos de problemas!
 |
Ilustración
Isabel Sánchez |
Por fin ha llegado mi turno. A una señal del
robot cuidador me meto en la ducha que me corresponde
y abro el grifo. Tengo dos minutos escasos para empezar
y acabar, y a pesar de las prisas, del jaleo de los
que esperan su turno, y la frialdad del agua, no puedo
quitarme esa oscura premonición de encima. ¿Pero
porqué esta inquietud si tal vez no sean más
que paranoias mías? En fin, yo... quizá
sea porque, para colmo de males, esta noche sí
que no he podido pegar ojo dentro de ese maldito nicho
que mis compañeros insisten en llamar dormitorio
individual. En realidad, y ahora que lo pienso, no lo
he hecho en condiciones desde que llegué aquí.
Desde luego al principio tenía una buena excusa,
no sólo me lo impedían esos demoledores
sueños sino que además necesitaba mantenerme
despierta para poder conservar mi vida a pesar de la
presencia de los robots cuidadores, pero ahora que Tanja
se ha convertido en mi protector y maestro y terminó
de enseñarme las técnicas de psicodefensa
personal, podría hacerlo perfectamente. Sé
cómo mantenerme a la expectativa mientras descanso
e incluso cómo evadir esos sueños, no
obstante esta noche sí que no he podido pegar
ojo ni un minuto; ¿cómo hacerlo si la
noche que dará fin al día de hoy es la
noche?
Mientras algunos de mis compañeros
ya se disponen a ir a tomar el escaso y para nada nutritivo
desayuno de siempre, yo prefiero peinar mi escaso cabello,
vestirme con este diminuto vestido que me entregaron
ayer acompañado de un –“tus nuevas
galas humana Laura”–, e ir a mi puesto directamente.
Sé lo que piensan algunos mientras
les veo cómo me observan dirigirme hacia uno
de los robots humanoides para pedirle permiso y poder
quedarme dentro del escaparate mientras los demás
van al salón-comedor; como si no tuviera suficiente
con pasar prácticamente veinte horas de pie entre
focos y música estridente...
Estoy segura de que si no fuera porque
aún no ha despertado la ciudad y la jornada laboral
no da comienzo hasta dentro de unos minutos, incluso
habría quien pensase que lo que quiero es exhibirme
en solitario para ser comprada lo antes posible. En
fin, poco me importa lo que opinen los demás
¡y qué diablos, no me apetece comer nada!
Al fin conseguí que el cuidador
número uno me encerrase en el escaparate para
poder estar sola y meditar. Es curioso, llevo aproximadamente
un mes en la tienda –desde el mismo día
en que me revendió esa babosa repugnante, harta
de mis continuas agresiones cuando intentaba copular
conmigo–, y aunque nunca he tenido la oportunidad
de ver amanecer desde aquí, sé exactamente
cómo lo hará o debería hacerlo
al otro lado del cristal: Con los primeros rayos del
sol, los que ahora asoman, se debería apagar
el alumbrado público... Efectivamente acaba de
hacerlo. Ahora, lo próximo en hacer acto de presencia
deberían ser las luces de aquellos escaparates
inorgánicos puesto que su mercancía nunca
deja de estar en su lugar. Yyyyyy ¡ahí
están, ya empiezan a resplandecer sus focos y
neones! Sin embargo en los escaparates que como el mío,
sólo tienen a la venta a seres alienígenas
de todas las razas y características fisiológicas
similares, no sucederá de la misma forma. Aquí,
en primer lugar deberemos ocupar nuestros correspondientes
sitios, y sólo cuando la mercancía orgánica
esté en su puesto, será cuando se enciendan
las luces y suene la música...
Vaya, precisamente de los veinticuatro
individuos que tienen que entrar por esa puerta para
empezar ya, el primero que aparece tras el robot es
Kanirh. ¡Mierda!, no soporto a ese dragyano. Hace
un día que llegó y casi desde el primer
momento me la tiene jurada. Dicen las malas lenguas
que es porque una raza prima suya antiguamente pobló
la Tierra, y terminó por extinguirse, ¿pero
y qué maldita culpa tengo yo si también
se dice que fue merced a un capricho del destino?
–¿Cómo estás
hoy, tengo la sensación de que has vuelto a pasar
la noche en vela? –Dejo de observar a mi eterno
enemigo y miro hacia abajo, al lugar exacto del que
proviene esa voz que, como el resto, no tiene más
remedio que intentar pronunciar lo mejor posible el
idioma del planeta Ilidia.
El diminuto Tanja sonríe pícaramente
desviando su mirada hacia la reptil figura de Kanirh,
después, con un mohín burlón, me
tira sin previo aviso la pieza de fruta que ha debido
sustraer de su propio desayuno. Para no hacerle un desprecio,
la cojo en el aire y la guardo en mi pequeño
e inútil bolso por supuesto con un –“más
tarde, ahora no tengo apetito”–, y por último,
me levanto de mi blanca e impoluta tarima y bajo al
suelo para poder cogerle entre mis brazos.
–Te puedes imaginar cómo
me siento –le susurro, sosteniéndole sin
ningún esfuerzo como si de un bebé se
tratase–. Como ya te dije sé que va a ocurrir
algo y será esta noche, ¿el qué?,
no lo sé, Tanja, pero lo que sea que ocurra lo
hará conmigo presente. Sé que suena estúpido
pero así lo presiento.
Tras escuchar atentamente mis últimas
palabras, Tanja cruza los dedos de sus pequeñas
manitas con forma de pezuña y como haría
cada mañana si estuviera en el suelo, comienza
a desplegar su ala derecha para proceder a estirar las
plumas de ésta con su seudopezuña inferior.
Yo le observo esperando a que entre tanto me diga algo
tranquilizador, pero en vez de abrir su caprino hocico,
simplemente me regala una nueva sonrisa mientras las
uñas de su patita, estiran bien sus plumas rosáceas
temblando de una forma realmente graciosa cuando llegan
a las puntas de éstas. Una vez ha terminado con
su ala derecha, comienza a hacer lo mismo sobre la izquierda.
Así que mientras espero a que madure una respuesta
cargada de resignación, pienso que nunca llegaré
a entender por qué se acicala tan temprano si
ahora deberá situarse en su gigantesca tarima,
una de las más altas no sólo por su ubicación
sino por su reducido tamaño, y sólo deberá
exhibirse cada cierto tiempo cuando, al otro lado del
cristal, los posibles compradores se detengan a observarnos
y comprueben que nuestros respectivos precios se ajustan
a lo que están viendo.
De pronto, sus pupilas se clavan en
las mías y me deslumbran con su nuevo fulgor:
–Laura, preciosa, no te inquietes
–mientras me habla, mi pequeño amigo comienza
a asearse mediante continuos y briosos lametazos, ¿es
que los handromintas no saben lo que es una ducha?–.
Si tu mal presentimiento tiene algo que ver con la próxima
boda-coronación, y dices además que sabes
que estarás allí presente cuando lo que
deba ocurrir ocurra –deja de lado su babeado pelaje
rosado y me mira fijamente–, entonces no has de
temer nada, mi niña. Perdona que sea tan directo,
pero a menos que hoy decidan comprarte y regalarte como
obsequio de boda a nuestro futuro rey...
–¡Vuestro, Tanja, vuestro
futuro rey! –siento ponerme así con él
pero es que no soporto que nadie intente someterme a
Javel incluso cuando, lo reconozco, el tipo me parece
uno de los personajes más interesantes y atractivos
del planeta–. Yo soy de la Tierra ¿recuerdas?
Esta gente y sus costumbres no me incumben para nada
excepto porque fui arrancada de mi planeta natal, y
no me queda más remedio que mal vivir aquí...
–Eh, eh, eh, tampoco es el mío
querida, pero seamos realistas, a no ser que ocurra
algún milagro, éste será nuestro
planeta hasta el fin de nuestros días. Hazte
a la idea pequeña –Tanja me mira como lo
hace siempre que no quiere que me enfade, haciendo que
sus pupilas brillen cambiando de un tono suave a otro
más suave aún, al mismo tiempo que sus
cuernecillos membranosos situados a ambos lados de la
cabeza, se mueven adelante y atrás dando paso
a los cambios de tono pupilares. Por último consigue
hacerme sonreír.
–Está bien, ¿y?
–Pues eso, que salvo que te compren
como obsequio para el futuro rey, no creo que puedas
estar presente, y, no te enfades conmigo cariño,
pero honestamente no creo que eso llegue a suceder,
no sólo porque esta no es una de las tiendas
de lujo de alienígenas-ornamentales, sino porque
aun habiendo pocos humanos en Ilidia, por el momento
a ninguno de los pasados reyes parece haberles interesado
demasiado tu raza. En pocas palabras, que aun en el
improbable caso de que alguno de los invitados a la
boda-coronación decidiera comprar aquí
su regalo, seguramente jamás haría que
tú fueras incluida dentro de su lote. No eres
mercancía favorita, querida Laura, así
que tranquilízate.
Recapacito sobre lo que ha dicho mientras
le dejo en el suelo. Supongo que lleva razón,
es absurdo que esté tan segura de... Kanirh ha
aprovechado para pasar a nuestro lado y ha golpeado
mi hombro todo lo fuerte que ha podido.
–¿Ocurre algo? ¿Tienes
algún problema, te-rres-tre? –me dice el
muy animal moviendo nerviosamente su cola de lagarto.
–Sí, tengo un problema.
¡Tú, palurdo! –por supuesto no me
amedrentan ni su mayor estatura ni su imponente corpulencia.
–¿A quién has llamado
palurdo? –Me dice mostrando más de lo necesario
esa asquerosa lengua viperina.
–A ti.
Acerco mi nariz a su escamosa boca
-que por supuesto él ha puesto a mi altura intentando
intimidarme-, dispuesta a propinarle mi primer derechazo
sin más, cuando noto una de las manitas de Tanja
sobre mi muslo. Mi pequeño amigo handromita se
ha interpuesto entre Kanirh y yo en un abrir y cerrar
de ojos, justo al mismo tiempo que uno de los dos robots
cuidadores acaba de asomarse desde el interior de la
tienda al escaparate:
–Vosotros tres ¿qué
ocurre?
–Nada –respondemos Kanirh
y yo al unísono sin dejar de mirarnos.
–Pues por favor, tomen sus correspondientes
puestos. La jornada laboral empieza dentro de cinco
minutos y el escaparate tiene que estar listo antes,
ya lo saben. Además, están interceptándoles
el paso al resto de sus compañeros.
Después de la advertencia el
robot cuidador desaparece tras la blanca pared que limita
el también blanco escaparate, mientras que Tanja,
aprovechando las palabras de éste, se ha terminado
por meter entre mis piernas y las dos patas de Kanirh.
Acaba por separarnos.
El dragyano no tiene más remedio
que darse por vencido, aunque eso sí, antes de
marcharse levanta su índice mostrándome
su amenazadora garra:
–No te has confundido te-rres-tre,
soooy tu problema.
Tanto Tanja como yo por supuesto ignoramos
sus palabras, y una vez ha desaparecido de nuestra vista
la figura del detestable lagarto, miro a mi alrededor
y me percato de que casi todos los especimenes están
en sus puestos. Hasta la última de las luces
ha terminado de encenderse y la música empieza
a sonar. ¡Hay que espabilarse!, pero de buenas
a primeras Tanja se precipita de un salto sobre mi pecho
sin molestarse en desplegar sus alas, y yo me veo obligada
a sostenerle rápidamente antes de que vuelva
a caer al suelo. En un acto reflejo, el handromita deposita
un beso en mi mejilla y acerca después su hocico
a mi oído:
–En fin Laura, respecto a lo
que hablábamos antes, recuerda, tus posibilidades
son casi nulas, así que tranquila mi niña.
Después de haberme dicho esto
sus alas se abren camino entre mis manos y se elevan
por encima de nuestras cabezas. Con toda suavidad y
por detrás de sus riñones, deshace mi
abrazo con sus manitas y en vez de intentar caer al
suelo poniéndose en pie, se dirige hacia su tarima
agitando las alas con cuidado de no importunar a nadie.
Suspirando, también yo tomo
posiciones sin dejar de mirar al lugar donde ahora se
muestra la semicaprina figura de Tanja. Dos filas de
tarimas por encima de la mía en el extremo opuesto
del escaparate: Todas las tarimas están colocadas
por filas y columnas en sentido descendiente según
nuestra perspectiva, y en este preciso momento, empiezan
a dar muy lentamente vueltas unas hacia un lado y las
contiguas hacia el contrario, mientras nosotros, las
criaturas que las habitamos, ponemos la nota de color
siendo exhibidas y vistas desde todos los posibles ángulos.
Vaya... y cuando ya casi me había
olvidado de él, Kanirh vuelve a asomar su cara
de reptil apresuradamente y se sube de un salto a su
tarima también en marcha. Por supuesto, desde
su posición tres tarimas más allá
entre la pareja mutante y yo, no pierde su tiempo en
dejar de mirarme sin ocultar el odio que sus actos sí
deben esconder. ¡El muy puerco!, cuando ha entrado
en la tienda ha debido pedir que le cambiasen sus nuevas
galas. Y lo han hecho, ¡menudo traje se ha adjudicado
esa lagartija humanoide! ¿Cómo lo habrá
conseguido?
Tras él acaba de entrar uno
de los dos robots cuidadores, el de antes, ¡el
de siempre!, y como cada mañana, toma asiento
a un lado del escaparate tras un biombo que además
de ocultarle, sirve como pantalla donde se muestran
al público nuestras imágenes tomadas en
directo por un par de molestas cámaras levitantes.
***
Miro por enésima vez los relojes
ubicados frente a nosotros, en la parte alta donde da
fin el cristal del escaparate. Las horas pasan lentamente,
tanto, que aún quedan un par de ellas para el
primer cierre y la comida. Por si fuera poco además
de no dejar de pasar gente que se para frente al cristal
durante una eternidad -lo cual significa que no podemos
abstraernos con ninguna de las proyecciones que emiten
las pequeñas bandapantallas instaladas junto
a los relojes-, se acaba de estropear el acondicionador
del aire y tenemos que permanecer perfectamente erguidos
como si nada. ¡Estupendo! Supongo que el segundo
robot cuidador, el que debe dirigir la tienda y llevar
a cabo las transacciones, se estará encargando
de arreglarlo, porque si no es así y el cretino
de nuestro guardián continúa en la silla
como si nada, se va a armar una buena.
En un acto reflejo miro hacia lo lejos
a Tanja, y veo que en este momento está girando
de espaldas a mí con las alas totalmente desplegadas.
Debe de estar harto el pobre... En general, creo que
todos padecemos el mismo aburrimiento. Al principio,
cuando llegas a uno de los múltiples puntos de
venta de alienígenas-ornamentales, no eres capaz
de aburrirte ya que normalmente vienes expulsado de
la casa de algún perturbado y esto te parece
un auténtico paraíso, pero cuando los
días van pasando y la rutina de estar aquí
termina por penetrar en tu alma, cada hora se hace interminable,
aunque para ser sincera conmigo misma, yo prefiero estar
aquí y que mis días duren años,
antes que caer en manos de cualquier puerco como lo
era mi último amo... Desgraciadamente esta situación
no puede durar eternamente, según dice Tanja,
si después de un tiempo prudencial no somos comprados,
todos iremos siendo vendidos por los auténticos
dueños de este negocio a otra tienda donde lleven
los artículos rebajados o tarados, ya que es
el único modo de poder introducir nueva mercancía.
Lo que viene a significar que tendría aún
más probabilidades de ser comprada finalmente
por algún amo zafio con aires de grandeza.
¿Eh? Frente al escaparate acaban
de detenerse un par de ricachones ilidianos con aspecto
de bufones, ¡menuda pinta tienen, con esas vestimentas
fluorescentes rematadas por ridículas asimetrías!
¿Y por qué no dejan de señalarnos
riéndose como auténticas hienas? ¡Si
hasta puedo oírles desde aquí dentro con
música incluida! Dan asco... Es tal la borrachera
que llevan que no se dan cuenta del ridículo
que están haciendo. ¡Vaya! Tengo que esperar
a dar la vuelta completa para volver a verlos.
¡Ahí están de nuevo!
Son patéticos, revisándonos uno a uno
entre continuas carcajadas mientras son abanicados por
sus dos robots de compañía, uno increíblemente
larguirucho y otro pequeño como un tapón,
exactamente iguales a sus amos: Grande uno y pequeño
el otro, esquelético el primero y orondo el segundo.
Y en el caso de los ilididanos de carne y hueso, encarnado
el alto y bitono el enano, y a pesar de sus diferencias,
con las mismas enormes cabezas provistas según
dicen de un cerebro gigante.
Otra vez dejé de verlos. Pero,
¿por qué narices no se conforman con sus
robots y dejan de hacernos sufrir a aquellas especies
que lo hacemos? ¿Por qué tenemos que soportar
no sólo el ser arrancados a la fuerza de nuestros
respectivos planetas para terminar siendo aquí
objetos meramente decorativos, sino que además,
nos vemos obligados a sufrir las continuas aberraciones
tanto físicas como psíquicas que a ellos
se les antojan?
¡Ahí están otra
vez! ¡Mierda, me están señalando!
–¿Qué pasa con
el acondicionador? –doy un respingo al sorprenderme
a mí misma preguntando aquello.
–Shhh –contesta el robot.
¡Genial! Vuelvo a mirar hacia
los cristales y afortunadamente veo que los dos payasos
se han marchado ya.
¡Eh, me estoy mareando...! Acabo
de darme cuenta del hambre que tengo y que no nos está
permitido comer mientras haya posibles clientes frente
a los cristales. Además no dejo de sudar. Me
mareo...
–La humana llamada Laura... –le
oigo decir al robot encargado desde la puerta del escaparate
a nuestro impertérrito cuidador.
Éste se levanta y aún
detrás del biombo alza la voz:
–¿Humana Laura? Enhorabuena,
acabas de ser adquirida como regalo para la boda-coronación
de nuestro próximo rey.
Después de oír aquello
y precisamente cuando noto el primer chorro de aire
frío, caigo redonda al suelo ya sin sentido.
***
Me cuesta una barbaridad abrir los
ojos, siento los párpados como si estuvieran
completamente pegados... «¿Laura?»
Los abro de golpe cuando oigo la voz
de Tanja.
–¿Dón... dónde
estoy?
–Tranquila, mi niña –revoloteando
sobre mí, mi amigo handromita intenta hacer que
me tranquilice poniendo una de sus extrañas manitas
caprinas sobre mi pecho –, todo está bien.
–Pero... –me incorporo
sobre mi ajeno lecho y me doy cuenta de que tanto la
enorme cama sobre la que me encuentro, adoselada con
inacabables y huidizas colgaduras en oro y raso blanco,
como las paredes de oscuros espejos e incluso el suelo
de frío mármol opalescente, me están
diciendo a voz en grito que no estoy donde debería–
¿dónde estamos Tanja?
–En palacio.
–¿En pa...? –de
pronto me acuerdo. Había sido comprada como obsequio
para la boda-coronación justo antes de mi desmayo.
¿Pero qué hacía entonces en palacio
y no en casa de aquél o aquellos que me obtuvieron?
¿Y qué hacía Tanja allí?
¡Qué alegría verle de nuevo!
–Así es, un momento antes
de que te desmayases fuimos adquiridos por un par de
ayudantes de nuestro próximo rey. Tú fuiste
la primera en ser escogida, pero yo... –de pronto
noto una turbación que no es usual en él–...
en realidad aún no sé cuál será
mi auténtico cometido en la corte...
–¿Bromeas? ¿Qué
misión vamos a tener siendo alienígenas
"ornamentales"? Los ilidianos coleccionan
a otras especies sólo para deleitarse con su
presencia y para exhibirlos ante sus amistades. ¡No
nos quieren para otra cosa, Tanja, parece mentira que...!
–Shhhh, ¡déjame
hablar!
Tanja me mira preocupado. Le contemplo
sintiendo el familiar nudo en el estómago que
no pude disolver ni durante la noche ni la mañana
de ese día.
–Cuando te desmayaste esos dos
hombres acababan de adquirirnos. Sus robots cargaron
contigo y junto con Kanihr vinimos...
–¡Kanihr!
–Sí, Laura, Kanihr, ¡Kanihr!
Tanja pliega sus alas y se sienta en
la cama junto a mí. Su peluda cara denota que
antes de continuar está intentando armarse de
paciencia, además tengo la sensación de
que rehuye mi mirada. ¡Algo gordo está
pasando!:
–Cuando llegamos a palacio no
sé qué hicieron con él o dónde
lo llevaron, parece ser que su lugar no está
junto al nuestro, así que ahora no creo que sea
ningún problema para ninguno de los dos ¿de
acuerdo? –asiento en silencio–. Bien, como
intentaba decirte, según uno de aquellos dos
hombres, el rey sólo quería que tú
y yo permaneciésemos juntos, y que, llegadas
las diez horas, te despertase en caso de que tú
no lo hubieses hecho de forma natural para que ambos
comiésemos algo, nos aseásemos, y después
esperásemos a que nos trajeran nuestra vestimenta
para esta noche.
–¿Lo ves? Entonces vamos
a ser exhibidos delante de toda la corte durante la
ceremonia.
–Me temo que no, querida.
–¿Cómo que no,
por qué estás tan seguro? –me estoy
asustando por momentos, y mucho.
–Porque además de nuestra
cena de esta noche, tú debes beberte el contenido
de aquella cápsula.
Miro hacia el rincón donde,
sobre una mesa rectangular rebosante de todo tipo de
manjares, está esperándome una pequeña
botellita con un sonrosado contenido fluorescente.
–¿Qué... qué
narices es eso? –Busco algo de tranquilidad en
la mirada de Tanja, pero éste sigue rehuyendo
la mía.
–No lo sé, preciosa, ojalá
lo supiera, aunque supongo que será algún
tipo de tranquilizante. ¿Qué otra cosa
iba a ser sino?
–Pe, pero ¿para qué
necesito yo un tranquilizante Tanja?, dime, ¿quién
sabe salvo tú que he tenido esos sueños,
esas... esas oscuras premoniciones, eh? –vuelve
su mirada hacia mí y por primera vez desde que
lo conozco, veo sus pupilas de un color realmente desagradable
y tan oscuro que es capaz de despertar de golpe mis
anteriores miedos y aquellos que estuviesen por venir–
Laura, cariño... verás, a las trece horas
de esta noche vas a ser coronada reina de Ilidia.
|
Ilustración
Isabel Sánchez |
–¿¡Cómo!?
¡Pero eso es imposible, Tanja, yo soy una alienígena!
¿No es necesario que ambos monarcas sean de raza
ilidiana?
–Efectivamente, cielo, y yo estoy
tan sorprendido como tú, pero cualquiera sabe
qué tiene el nuevo rey en la cabeza. Quizá
esté dispuesto ha cambiar algunas de sus pretéritas
costumbres. ¡Qué sé yo!
De pronto llaman. Insegura, miro a
Tanja y éste me hace señas para que tome
la iniciativa:
–Puede pasar.
Pero en vez de entrar por la puerta,
la holografía de uno de aquellos dos bufonescos
ilidianos que vinieron a buscarnos, se hace visible
a los pies de ¿mi cama?
–Buenas tardes, querida princesa,
ya veo que ha despertado. ¿Ha cenado ya?
–Eeeh ¡no!
–Pues ha de hacerlo, señora
mía, ya que dentro de poco irán con su
atuendo.
Miro al regordete bufón que
ahora lleva un ropaje algo más solemne y parece
haberse recuperado de su antigua borrachera.
–Oiga, perdóneme, ¿esto
es una broma verdad que sí?
El sujeto pone buen cuidado en no reírse,
aunque observo en su mirada holográfica un destello
de divertimento.
–Por supuesto que no, mi señora,
pero ande, sacie su apetito y no olvide tomarse su medicamento.
Dentro de una hora irán a prepararla y a asegurarse
de que todo está bien.
–¡Oiga! –el holograma
da muestras de estar a punto de desaparecer– ¡Espere
un momento! ¿Qué clase de medicamento
es ese, yo no estoy enferma?
-Ande, ande, no sea chiquilla y tómeselo,
es por su bien, esta noche será una gran noche,
ya lo verá.
–Pero ¿por qué
yo, por qué...?
Y me quedo con tres palmos de narices
contemplando la pared a lo lejos, donde antes estuvo
mi reciente súbdito.
–Ya lo has oído, cielo.
Me vuelvo hacía Tanja que ha
comenzado a revolotear de nuevo a mi alrededor, aun
a riesgo de que sus alas se topen con las cascadas de
tela que hacen del lecho un auténtico refugio.
–¿Bromeas, crees que me
voy a tomar esa... esa pócima o lo que sea?
–Por supuesto que no, querida,
pero sí has de comer algo, en eso lleva razón
nuestro nuevo amigo –me guiña un ojo, que
ha cambiado aunque no por completo de color–.
¡Venga, y ya veremos qué hacemos con el
medicamento! –por último, mira con picardía
hacia el cuarto de baño.
***
Observo mi imagen delante del espejo
del tocador, todavía llevo el vestido de finas
láminas iridiscentes que me entregaron en la
tienda a la espera de que me traigan los ropajes para
mi boda. ¡Por Dios mi boda! Me doy la vuelta para
comprobar que, efectivamente, Tanja está revoloteando
tras de mí como la imagen del espejo indica.
Me sonríe y guiña un ojo haciendo el tonto
con sus cuernecillos. Eso me tranquiliza un poco, pero
en el momento en que me giro y vuelvo a verme sentada
ante el espejo con esa eterna expresión de languidez
en el rostro -mi reciente delgadez y mi cabello castaño
anteriormente rasurado algo más largo-, vuelvo
a desorientarme. ¡Soy tan joven para pasar por
todo lo que he pasado y ahora casarme con tan sólo
veinte años! ¡Y, y... con un rey! ¡Yo,
una simple estudiante de bellas artes!
Me vuelvo cada vez más inquieta
hacia mi querido handromita:
–¿Y qué hacemos
ahora, Tanja?
–Esperar, querida, ¿qué
otra cosa debemos hacer? En cuanto lleguen con nuestra
ropa, supongo que las damas de honor te prepararán.
–Ya... –empiezo a morderme
las uñas, hábito que había dejado
hacía tiempo– ¿y cómo se
supone que deberé comportarme cuando lleguen,
no sabemos para qué servía esa porquería
enfrascada?
Pensativo, Tanja se sienta en una esquina
sobre la mesa del tocador:
–Es cierto, pues no sé,
la verdad, creo que lo mejor sería que te mostrases
lo más serena posible y que procurases hablar
poco. Tal vez nos convendría que te comportases
de una forma más amigable –sus pupilas
cambian a un color encarnado– ¡tú
ya me entiendes! Supongo que sea lo que fuere lo que
había en el frasquito, no podía ser otra
cosa que un tranquilizante, ¿qué sino,
algo para que estés más bella? ¿Y
qué saben ellos sobre los cánones de belleza
femenina humana? Además, tú eres preciosa
sin necesidad de nada.
Sonrío desde luego sin ninguna
gana. No puedo creerme que vaya a ser la compañera
de Javel además de convertirme en la reina de
un planeta que, para más inri, ni siquiera es
el mío. Jamás volveré a la Tierra...
¡Alguien llama! Tanja me hace
rápidamente señas bajándose al
suelo para que vuelva a ser yo quien conteste. También
me pongo en pie y alzo la voz en todas direcciones:
–¡Adelante!
En esta ocasión se abre la puerta
descubriendo a un par de mujeres ilidianas y a media
docena de varones portando algunos ropajes y un pequeño
invento del que cuelgan infinidad de cables con apariencia
de... de... ¿¡qué demonios es eso!?
Se cierra la puerta tras ellos justo
en el momento en que mis piernas empiezan a temblar.
¡Voy a necesitar ir al baño de un momento
a otro!
–Buenas noches –dicen todos
al unísono–. ¿Señor? ¿Mi
señora? –hacen una reverencia.
Nosotros inmediatamente les imitamos.
–Muy bien, esto es para usted
–después de librarse del invento cuya visión
tapa por completo mi propia corte, uno de los ilidianos,
el más alto de todos, se agacha y le tiende un
traje un tanto estrambótico a Tanja.
–¿Y usted, mi señora,
ha tomado su cena y el “elixir”?
–Por supuesto.
Mientras el que me ha interrogado se
mantiene frente a mí con una estúpida
sonrisa en la cara, otro de los varones, se me acerca
y extrae de uno de sus bolsillos un pequeño dispositivo
que pasa alrededor de mi cara:
–Me temo que no lo ha hecho,
mi señora.
–¿¡Qué!?
–intento parecer ofendida–. ¿Me está
llamando embustera?
El del dispositivo suspira y guardándolo
de mala gana, me coge de un brazo mientras el más
largo de ellos y otro más me agarran del otro
brazo y del cuello. Inmovilizada y muerta de pánico,
veo cómo Tanja está a punto de tomar cartas
en el asunto, pero es inútil, los otros tres
hombres e incluso las mujeres, le cierran el paso y
le inmovilizan sujetándole inclusive de las alas.
Está rodeado y yo perdida, lo sé, lo presentía,
¡lo presiento!
Cuando me vuelvo hacia uno de mis opresores,
veo que éste extrae una ampolla de su bolsillo
y tras romperla, me deja ver su cabeza coronada por
una fina aguja durante un momento. Después me
pincha con ella en el cuello y la exprime, e inmediatamente
empiezo a notar una extraña sensación
que se apodera de mí cuando... ¡Oh Dios
mío, pero...! ¿Qué me van a hacer?
Ahora puedo verlo, puedo ver eso que transportaban y
es una especie de, de... ¿un casco? ¿Qué
clase de invento del demonio es ese, qué quieren
hacerme?
***
–Despierta, querida, ya hemos
terminado con la transferencia y todo ha salido bien.
Aunque intento con todas mis fuerzas
obedecer a esa voz, me es casi imposible salir de esta
especie de ensueño y más aún cuando
ahondo en mis pensamientos y me doy cuenta de que lo
recuerdo todo. ¡Todo! El momento en que fui drogada
y metieron mi cabeza dentro del casco biotransferente;
cómo se llevaron a Tanja preso quién sabe
dónde. Mi traslado y posterior conexión,
tanto a la gran computadora dragyana como al casco que
pertenecía a la próxima reina de Ilidia,
y por supuesto el momento en que mis neuronas y toda
la información que éstas contenían
fueron trasladadas al gran cerebro de la que será
la nueva esposa del rey, previa y parcialmente vaciado
para la ocasión.
Sí, lo recuerdo... asimismo
puedo leer toda la información a cerca del proceso
en el cerebro artificial de la computadora aún
conectada a mí y al que fue mi anterior cuerpo
ahora sin vida; soy capaz de visualizar perfectamente
todos los datos concernientes tanto a la desatomización
de mis neuronas, como a los de su posterior conversión
en neuronas ilidianas portando consigo la pretérita
información, funcionamiento y conocimiento, e
incluso aquellos datos que no sólo hacen referencia
al momento de su transferencia, sino a su ubicación
exacta dentro del enorme cerebro de la futura reina
de Ilidia.
¡Es increíble! Lo sé
todo, y aunque no comprendo demasiado de ello, sí
sé que el material neuronal ha sido ensamblado
a la perfección. Lo sé porque puedo reconocer
mis pensamientos dentro de las neuronas ilidianas. Mi
cerebro ahora alienígena invadido por dos mentes,
por dos personas distintas, por dos mujeres asustadas
pero con ansias de dominación... Efectivamente
el cerebro está ya casi listo, ¡qué
buen trabajo ha realizado la maldita computadora dragyana!
A pesar del miedo y del dolor, algo
dentro de mí, ¿o vuelve a ser la voz de
antes?, me induce por segunda vez a que despierte.
Abro los ojos poco a poco y compruebo
que lo único que puedo ver a mi alrededor son
sólo bultos. ¡Dios mío estoy prácticamente
ciega!
–Tranquila, querida, enseguida
tendrás una visión más nítida
–es la voz de Javel, mi amado me susurra mientras
sube la visera de mi casco. ¿He dicho mi amado?
¡Por el amor de Dios, no!– Según
los dragyanos todo lo que ahora te ocurre es normal,
así que mantente ahí calmada ¿lo
entiendes? Lo único que tienes que hacer es asimilarla
por completo, controlarla mientras la necesitemos dentro
de tu mente... Te quiero dominando sus pensamientos,
querida Lussa. Fuiste entrenada para ello y no quiero
que ahora me falles, que falles a nuestro pueblo ¿me
escuchas?
Acierto a asentir, aunque no sé
si soy yo quien asiente o la recién llegada...
–Muy bien, querida Lussa, sabes
perfectamente lo que tienes que hacer y por qué
lo hacemos de esta manera, ¿verdad? Yo no podía
ponerme en peligro pero te compensaré por ello,
lo prometo. Nuestro pueblo te compensará cuando
recuperemos de nuevo su confianza y lo hagamos como
si se tratara de un don divino entregado a ti. Ya sabes
que nuestros planes deben desarrollarse como si se tratara
de simple intuición real, intuición divina
donada por alguna razón a la nueva realeza, querida,
a ti y a mí... los nuevos reyes de Ilidia demostraremos
que aún se puede confiar en nosotros, que estamos
dispuestos a liberarlos de su principal problema sin
tener que renunciar a su mayor placer.
–¡Su majestad!, me temo
que según los datos de la computadora no es la
mente de su futura esposa la que está durante
todo el tiempo por encima de la otra, así que
le recomiendo que por el momento no se deshaga demasiado
en explicaciones.
–¡Qué! ¿No
significará eso que se ha confundido en los cálculos,
verdad Kanihr? Ya le advertí que si fallaba...
¡Oh Dios mío, Kanihr!
Pero ¿entonces? ¡Estoy perdida, lo estoy
de verdad, ese tipo me odia...!
–No señor, la mente de
su futura esposa es perfecta para ello. De hecho esta
clase de experimento sólo podía llevarse
a cabo en una mente ilidiana, puesto que es la única
capaz de vivir con el mayor número de zonas amputadas
prácticamente como si nada, perdiendo algunas
capacidades, eso sí, pero no volviéndose
un ser vegetativo o comatoso. Realmente no saben lo
increíble que es su cerebro, no entiendo cómo
no intentan desarrollar más su capacidad... pero
en fin, eso no es asunto mío, el caso es que
ahora mismo el cerebro de la futura reina se está
readaptando y es muy posible que tarde aún unos
minutos en ser lo que será; en tomar la personalidad
de Lussa para pensar y actuar como ella, así
como la información que vaya precisando de la
antigua mente humana cuando ella lo requiera a petición
suya, pero...
¿Qué están tramando?
¡Dios mío, qué! ¡No les oigo!
¿Qué pasa ahora? Percibo los bultos con
mayor nitidez y desde luego puedo ver cómo se
alejan pero no puedo distinguirlos aún del todo.
¡Maldita sea, debí machacarle la cabeza
a ese lagarto cuando aún pude hacerlo!
–En fin, querido Kanihr, sólo
espero que lleve razón y que el proceso tarde
lo que dice porque dentro de... dos horas exactas, hemos
de acudir al altar para poder empezar cuanto antes con
nuestros planes de futuro, querido socio.
Se acercan... ¡De qué
se ríen! ¡Qué hace Kanihr! ¿Qué...?
¡Aaaaaaah, mi cabeza! Por el amor de Dios ¿qué
ocurre ahora? ¿Qué ocurre, quién
está ahí, quién está...?
–Bien, ¿lo ve Javel?,
su querida Lussa ya parece que vuelve a la conciencia
para quedarse. Mire, acérquese y mire el color
de los gráficos. Está machacando a la
intrusa, sus pensamientos empiezan a pisar a los de
la humana.
–Estupendo, Kanihr, estupendo.
–Ya le dije que sólo necesitaba
tiempo para readaptarse, pero mire, ¿lo ve, ya
está casi con nosotros? ¡No falta prácticamente
nada, la tiene dominada!
–Perfecto, como muy bien dijiste
una vez, acabas de demostrarme que eres el mejor de
tu categoría allá en tu planeta.
–Así es, lo soy.
–Bien, entonces supongo que ya
puedo preguntártelo, ¿vendrás finalmente
con nosotros, Kanihr? ¿Te gustaría acompañarnos
en nuestra luna de miel a la Tierra? Al fin y al cabo
tú me trajiste la luz la primera vez que te adquirí
no sólo dándome la idea de cómo
acabar con la crisis que se avecinaba antes de que ésta
tuviese lugar, sino procurándome este invento
tuyo y por supuesto una alianza transitoria con los
tuyos. Mereces no sólo que tú y todos
tus congéneres seáis devueltos a tu planeta,
además de lo que pactamos concederos tras haber
concluido todo esto, sino ver cómo nos apoderamos
de la Tierra para acabar con un problema que parece
preocupar en exceso a mi pueblo, ¡este maldito
exceso de población que se nos avecina!
–Majestad se lo agradezco enormemente,
y es más, no sólo iré con usted
si lo quiere así, sino que también, si
fuera necesario, podré poner a nuestras tropas
a su entera disposición. Hace unas horas me puse
en contacto con los altos mandatarios de Dragya, y se
han ofrecido para transportar directamente a los humanos
a nuestro planeta.
–¡Vaya, supongo que eso
sería estupendo, nos ahorrarían mucho
trabajo! Pero, Kanihr, ¿les dejaría claro
a sus jefes que queremos los ejemplares más atractivos
para nosotros, no es así? Aunque pretendamos
apoderarnos de la Tierra queremos conservar algunos
ejemplares, y más teniendo en cuenta los planes
que tienen ustedes para la raza humana. ¡No olvides
que los ilidianos somos coleccionistas casi por necesidad!
Además, sería una auténtica lástima
que esta raza se extinguiese por completo. Por cierto
¿por qué precisamente los humanos? ¿Por
qué elegiste este ejemplar denominado Laura?,
podría haber sido otro ejemplar y otra raza,
ya sabes que en este caso en concreto no tenemos ninguna
preferencia si no es por su planeta.
–Eeeeh, efectivamente, ¡por
eso, su majestad! La Tierra me ha parecido el planeta
ideal puesto que aún no está en muy mal
estado... Además, este espécimen me pareció
el más indicado, es fácilmente maleable,
pude comprobarlo cuando me informé de que ese
pequeñajo, Tanja, se había hecho rápidamente
amigo suyo apoderándose prácticamente
de su mente. Son uña y carne majestad, ella le
consideraba no sólo su único y mejor amigo,
sino su maestro y mentor. Por eso la elegí a
ella, creo que la naturaleza de la raza humana es la
idónea para sus planes, se dejan llevar fácilmente.
Además tratándose de este espécimen
podría decirse que tenemos un as guardado en
la manga.
–¿Por qué lo dices?
–Porque he aconsejado apresar
también al handromita. En caso de tener problemas,
siempre podremos chantajear a la mente de esa terrestre
con la vida de su amigo...
–¡Cómo! ¿Qué
insinúas? ¿Es que es posible que el experimento
falle aún? ¿Si es así qué
necesidad tenía de poner en peligro a Lussa si
puedo coaccionar a la mente humana con su amigo handromita?
¡Kanihr no se trata de eso y lo sabes! Necesitamos
desentrañar la naturaleza de la raza humana desde
dentro, nada de historias, nada de vivencias, lo necesitamos
todo, su pasado, su futuro, sus creencias, ¡todo!
Debemos conocer a los seres humanos mejor de lo que
ellos se conocen. Sólo así podremos hacer
que nos reverencien y que nuestro pueblo observe cómo
los domesticamos.
–Lo sé perfectamente,
señor, quizá me expresé mal. Quise
decir que es conveniente tener al handromita aún
a buen recaudo, para soltarle siempre hay tiempo...
–¡Javel, querido mío!
–¡Lussa!
¡Veo, puedo ver la dorada cara
de mi amado!
–Por fin estoy de vuelta, dispuesta
a compartirlo todo contigo.
–¿Estás segura,
Lussa? ¿Te encuentras con suficiente energía
como para reunirte conmigo en el altar y empezar con
nuestra nueva vida lo antes posible? Si es necesario,
podemos esperar un poco más. Tal vez necesites
recuperar fuerzas.
–Sí, estoy segura, querido
Javel. Estoy dispuesta a hacer lo que acordamos por
amor a ti y a mi pueblo. Ahora me encuentro con fuerzas.
Puedo dominar ya de forma continua a la que ahora se
encuentra dentro de mi mente y utilizarla a mi antojo
para someter a su pueblo causando los mínimos
desperfectos en su planeta. Justo como tú quieres
y necesitamos...
–Querida, yo...
–Estoy preparada, Javel, no te
miento. Sé que llegado el momento seré
capaz de simular que entiendo a los humanos como si
fuera una más de ellos. Ya lo verás, haré
que crean en mí como si de una presencia divina
se tratara. Cuando tomemos contacto, seré ese
ser de las estrellas que tanto ansían que llegue
para poder liberarlos de sí mismos, de sus antiguos
errores, de sus miedos, y todo gracias a la información
que podré extraer de mi propia mente. Desnudaré
el alma de los humanos gracias a la ayuda de mi nueva
inquilina, y cuando realmente confíen en la que
vino del espacio junto a su pareja y sus súbditos,
entonces habrá llegado el momento de que nuestras
tropas subyuguen a su raza. Conseguiré para ti
no sólo un nuevo planeta donde poder vivir y
continuar con nuestras costumbres, sino una corona segura.
Nuestro pueblo nos idolatrará como tú
quieres, querido Javel. Prometí que lo haría
y lo haré. Además, será divertido
sentir el sufrimiento de un ser humano que presencia
cómo se invade a sí mismo sin poder hacer
nada por evitarlo. Lo pasaré realmente bien...
- Capítulo 2 -
|