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El teatro secreto Por: Pily B.

Hace poco, durante una cena de aficionados al género, procuré transmitirle a un amigo lo que había supuesto para mí la lectura de El teatro secreto, y creo que fracasé de manera estrepitosa. Para colmo, ahora me siento mal. Y lo hago porque le doy vueltas a mi intento de explicación y me doy cuenta de que, a pesar de que lo intenté, sólo conseguí decir lo mismo una y otra vez al compás de un tonto movimiento de manos; atascándome reiteradamente en el mismo punto, sin decir lo que verdaderamente quería decir.

También, sé que no supe expresarme bien porque, al comentarle que hacia la mitad del libro tuve la necesidad de que la historia se acelerase más, mi interlocutor dijo algo así como que eso era mala señal. Y ahora soy yo la que creo que si él pensó que eso era una mala señal, es ésa la señal negativa precisamente. De algún modo, tal vez di a entender que la historia fallaba. Y no es así. Simplemente noté una especie de valle entre tanto desbordamiento imaginativo, pero eso no implica necesariamente que haya que desechar toda una historia. Ni siquiera la mitad… o un cuarto. Es posible que yo misma pusiera el listón demasiado alto y durante unos cuantos pasajes hube de bajar dicho listón dado que si algo he de echarle en cara a este cuento transformado en pesadilla, es únicamente eso: por alguna razón, hacia la mitad del camino necesité que la trayectoria de los protagonistas resultara mucho más enérgica, mucho más drástica: así, de sopetón. A pesar de que el escenario freak era perfecto, el cuerpo me lo pedía.

Cierto, lo sé, sé que no es lo habitual comenzar por aquello que quizá nos ha dejado un poco fríos, pero quién quiere hacer lo habitual. Esto ni siquiera es una crítica, comentario, o como se lo quiera llamar, sino más bien un pensamiento escrito. Y yendo al principio, El teatro secreto por supuesto es un teatro en sí mismo, y también secreto. Pero por qué lo es, es secreto…

Y antes de eso, antes del teatro y su representación ignota, llega el caos metamorfoseado en la peor de las pesadillas: el miedo de los infantes hecho realidad.

Veamos, ¿qué historia os asustaba más cuando erais niños? Es igual. Imaginad ahora el cuento de Caperucita confeccionado para mentes adultas. Un relato donde la niña continúa siendo una muchachita ingenua pero el lobo es una auténtica bestia, una de esas que sólo piensa en destruir y, a ser posible, de la peor manera (la más dolorosa): tratando de terminar con todas las caperucitas, abuelas y cazadores del mundo real. Porque se trata de terminar con el mundo real…

Pero, ¿y si además de todo el horror, nos encontramos con que este lobo malo es una criatura aterradora, sobrenatural, capaz de traspasar el Umbral de un mundo que no es sino reflejo del nuestro propio?

Aradise es ese reflejo. En concreto, es el reflejo de un Londres actual pero con pinceladas de un Londres victoriano; uno en el que fácilmente podría aparecérsenos el señor Sherlock Holmes… En él, en nuestro Londres, es donde comienzan a desarrollarse los hechos, pero en realidad, el lector querrá conocer en todo momento ese otro lado, ese mundo de hadas que se imagina pero no se sabe muy bien si existe de veras.

Entre tanto, mientras llegamos o no a Aradise, por momentos huyendo del monstruo y en otras ocasiones enfrentándonos directamente a él (qué remedio), descubriremos personajes reales y mágicos, o puede que reales y mundanos: vampiros, asesinos despiadados, niñas que sueñan con el país de las hadas… contemplaremos de cerca cómo se devalúan las vidas; sangre a troche y moche, la locura de los oráculos convirtiéndose en hiriente realidad… Todo ello irá acompañando ese sendero que ha de llevarnos a la solución, a la fórmula mágica que cerrará definitivamente los Umbrales, dejando en su lado correspondiente todo lo mágico y lo terrorífico, y también, porque El teatro secreto lo alberga, ese pequeño regustillo a ciencia ficción.

Y antes del intento final, seguramente nos encariñaremos con la historia de amor: querremos saber más sobre esa sociedad secreta que lleva tanto tiempo luchando en la sombra contra el mal. Contra todo lo que atenta el bienestar de mundo. Observando, a la par que todo lo bello que pudiera contener El teatro secreto, la aberración más absoluta incluso en el lado «de los freaks».

Y ya puestos, cabe destacar la maestría con que Víctor Conde describe personajes de pesadilla; moldeando criaturas delirantes, aberrantes en todos los sentidos, tanto en lo psicológico como en lo fisonómico. Criaturas de circo, pero de circo de los horrores. Asimismo, personajes como el femenino principal; aquella mujer denominada Luna, son simplemente excéntricas pero, a pesar de estar en el punto de mira de todos pues ha de salvar el mundo, tal vez genera falsas expectativas y termina siendo poco más o menos que una damita algo extravagante. Afortunadamente, no sucede así con otros que, como la niña del pelo morado, seguirán su mismo rumbo. Unos con las mejores intenciones, otros con las peores.

Desde luego El teatro secreto no nos deja indiferentes, y pone de manifiesto la insistencia de Ediciones Parnaso en no editar cualquier cosa: si uno quiere evadirse de la rutina del trabajo y demás, sumergiéndose, eso sí, en un mundo circense, sangriento y deformado, esta es una de las mejores opciones.


| Víctor Conde | Ediciones Parnaso | Colección vortice:11 | 22 6páginas | Julio 2008 | ISBN-10: 84-96662-44-6 |
| PVP: 14,95 € |
 
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