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Sonrisas y asteroides Por: Pily B.

 

 

 

Hacer reír es una tarea harto difícil y más si el medio a emplear es el texto. No obstante, cuanto te presentan una antología dedicada a ello, imaginas que ha habido quien lo ha conseguido y además, tratándose de lo dicho (una antología), una cantidad considerable de autores.

Bien, “Sonrisas y asteroides”, a pesar de una prometedora introducción por medio del artículo de Gabriel Trujillo: “Humor y ciencia ficción: un viaje hacia nosotros mismos”, viene a corroborar lo que acabo de decir, y esto es que hacer reír, o incluso sonreír, es extremadamente dificultoso. Cierto es que, en su conjunto, se trata de una recopilación de historias curiosas, pícaras, atrevidas, también en ocasiones divertidas, pero chistosas, lo que se dice chistosas o hilarantes, no demasiado. Eso sí, las hay que sobresalen y mucho, y he aquí los ejemplos.

El primero, y no en orden de aparición pero sí por su sentido del humor, es “Pensamiento caótico”, de José Ángel Menéndez Lucas. Este relato, que parece haber inspirado la portada de este volumen, trata de aventuras en otros planetas; accidentes en los mismos, historias de amor e inclusión de criaturas algo particulares. “Pensamiento caótico”, narra las peripecias de un investigador que es de todo menos hábil, y tal vez también de todo menos pícaro. Éste, la lía y la relía intentando utilizar (fidelizar) a una extraña criatura para conseguir llevar a cabo un experimento, y entre lío y lío, pone en peligro su vida y la de todo aquel que lo acompaña, léase revueltas ¿alienígeas?, encierros varios y demás descalabros. Su protagonista y, si me apuran, los desvaríos en los que llega a verse envuelto; el sentido del humor que se destila de éstos, recuerda sobremanera al que derrocha la tremendísima serie Futurama. De lo mejorcito de esta antología.

Otro grato ejemplo es “El Felón agujereitor o la teoría del Big Crunch”, de José Luis Baños Vegas. Cargado de ironía, como la mayoría, pero con una pizquita más que otros, cuenta asimismo con buenos chistes. Por otra parte, se trata de cifi más o menos hard, dado que se investigan (y de una manera verdaderamente amena), las consecuencias del posible engullimiento por un agujero negro de nuestra adorada Tierra. El brete en el que José Luis Baños pone a sus personajes, tiene su miga. Sí, señor.

El tercero de los ejemplos, “El evento Ros-Huelitán o… y el ovni cayó”, de F. G. Hanghenbeck, vendría a girar en torno al subgénero denominado como cachava y boina: Ciencia ficción de la de pueblo. Con raíces. De esa que nos llega a todos, de la que tiene gracia por fuerza, no solo por la situación, sino por lo embrutecido de los personajes.

Otro ejemplo, y se van acabando, es “Explorando la Tierra”, de Juan José Tena. Éste, resulta divertido por el hecho de tratarse de un individuo perteneciente a una raza alienígena que aterriza en nuestro planeta dispuesto a investigar. Para ello, ha de meterse en el pellejo de un humano, pasando, además de pellejo en pellejo, de aventura en aventura (sin pies ni cabeza desde su punto de vista, claro).

Por último, otro de los más simpáticos es “Un asunto de huevos”, de Javier Vivanco: con trío de piratas incluido, haciendo lo propio para tener cien años de perdón (ya sabéis el refrán: quien roba a un ladrón… ¿Podría pasar lo mismo con los piratas?), con telequinesia incluida y asuntos de faldas.

Y aquí terminan los ejemplos de aquello que pudiera hacernos reír. Después, vienen los que en una tímida medida podrían hacernos sonreír, pero sobre todo mostrar las cualidades de sus autores; su ingenio a la hora de trasladarnos a curiosas historias de ciencia ficción, con su ración de socarronería, claro, pero de ahí a que merezcan ser incluidos en una antología de humor…

Y bien, entre estas historias está “El día que me dejó mi mujer”, de Magnus Dagon. Ésta es una de viajes en el tiempo, con pizquita de gracia en determinados momentos, de acuerdo, pero una pizquita muy escasa. Eso sí, el interés del lector no decae en ningún momento.

También, entre las curiosidades, está “Superhéroes”, de Diana Eguía, otra de las que más me ha cautivado pero, insisto, no porque tenga demasiada gracia, sino por la historia en sí y cómo se desenvuelve Diana como autora: tres personas son alcanzadas por un rayo y sus vidas cambian de la noche a la mañana. Desde luego sarcástica lo es, y peculiar…

Otro ejemplo de curiosidad entrañable es “El ombligo del mundo” de Aster Navas Martínez. “El ombligo…” se nos descuela con un fenómeno meteorológico que vuelve rarísima a la gente, incluyendo a la mujer, eso sí, bigotuda, del protagonista…

Entretenidas también son “La escabechina”, de Juan José Castillo, ésta tal vez con algo más de sentido del humor que las anteriores, pero sin llegar a destacar demasiado.

Una belleza, pero no chistosa, es “Planos de divergencia”, de Claudio Landete Anaya. El autor, le ha dado aquí la vuelta a los conceptos sobre la belleza, dejando ésta de serlo para pasar a ser algo aburrido. Así, un investigador privado cobarde y patético, se ve envuelto en un viaje que le llevará a un mundo donde no se ven las cosas, ni mucho menos, como se ven en nuestra sociedad…

También singulares son “Los invasores”, de Gutavo Estoris y “El embarazo de Carlitos”, de Julio César Orga. La primera sobre un auténtico paranoico que ¿cree, o es cierto?, que somos invadidos por extraterrestres, y la segunda ya lo dice su título, así que no desvelaré más.

Bye, bye, Plutón”, de Elsa Kleiser, “Cosquillas virtuales”, de Ángel Larena y “Las penas del joven Faustino” de José Javier Bataller, son sencillamente entrañables. De esas historias de perdedores (en alguna más perdedores que en otras); incluyendo experimentos científicos… no todos demasiado ortodoxos…

Por último, “¡Me parece que vi un lindo extraterrestrito!”, de Diego Darío López Mera, es más adecuado para una antología Halloweeniana, con un toque de humor, eso sí, pero con tintes terroríficos (y tampoco demasiados) al más puro estilo gremlin.

Para finalizar, incidir en que ya sabemos que hacer reír es difícil, no sé si más o menos que aterrorizar a la gente, pero, en vista de toda la literatura de terror que existe, y lo que mucha de ésta consigue despertar en el lector, es posible que el primer género, o no esté muy trabajado aún, o sea algo más complicado. De todos modos, sea como fuere, siempre es un placer investigar y compartir un proyecto como el que Libro Andrómeda pone en nuestras manos. Otras antologías han resultado y seguro resultarán más redondas que esta, entre tanto, contando con los relatos de este volumen dieciséis o sin ellos, sonriamos y miremos a los asteroides porque, al fin y al cabo, la ciencia ficción no ha parado tampoco aquí. Eso seguro.

 

publicado en octubre de 2008

| Varios Autores | Libro Andrómeda | Colección Ciencia Ficción 16 | Antologistas: Claudio Landete y Juan José Castillo |
| Ilustración y Diseño de Portada: Jordi Armengol | ISBN: 978-84-933878-7-7 | 178 pág. | Agosto 2008 | 12 € |
 
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