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José Antonio Suárez
es, indiscutiblemente, uno de los grandes. Lo
demuestra una y otra vez configurando cada nueva
historia; empleando la ciencia ficción
hard de manera instructiva, entretenida,
comprensible. Por tanto él es un crack…
En el caso de La luz del
infinito, nos enfrentamos a un Sol que
ya empieza a agonizar y a una Tierra que busca
escapar de algún modo; debe encontrar
una solución al problema que (y esto
es real) se avecina aquí más temprano
que tarde.
Y bien, este es uno de los
puntos fuertes de esta nueva aventura de José
Antonio Suárez: la realidad. Así
es, la coherencia es una parte indispensable
en cada nuevo escenario de este autor. Asimismo,
lo es la investigación: ir más
allá arrastrando grandes dosis de imaginación
y de nuevo coherencia. Pero también es
cierto que, La luz del infinito, a
pesar de tener brillo propio se acerca bastante
a Pórtico, de Frederik Pohl.
En la novela de José Antonio Suárez,
además de una civilización desesperada
por encontrar recursos fuera del Sistema Solar,
viéndose obligada incluso a llevar a
cabo una alianza con otra raza que ni siquiera
considera humana (imaginad pues el cariño
que se tienen), encontraremos los restos tecnológicos
sabiamente aprovechados de una civilización
altamente evolucionada pero desaparecida: los
krenyin.
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A
pesar de ello, La luz del infinito ofrece
un espectacular resplandor por sí misma.
A saber: por un lado, seremos testigos del egoísmo
humano, observando nuevamente los resultados de
éste sobre un planeta que no les pertenece.
Por otra parte, conoceremos la existencia altamente
curiosa (y otra vez próxima a Pórtico),
de los errantes. Estos seres, que viven
vida tras vida merced a un implante en su cerebro
que les permite preservar en esencia sus pensamientos,
personalidad y vivencias, van cambiando de cuerpo
según el anterior llega a su fin (sean
cuales sean las circunstancias). Para ello, también
han de dedicarse al «cultivo» de cuerpos
humanos, acto que por supuesto les resulta ético
y natural. Pero además, estos individuos
que incluso a veces llevan a cabo lo que ellos
llaman Comuniones (uniones al más puro
estilo borg), a pesar de ser personalidades aparentemente
centradas se encuentran divididas en dos facciones:
por un lado, están los errantes habitantes
de Utopía, en alianza con la Tierra. Por
el otro, se hallan los suryanos quienes, según
parece, son egoístas, despiadados y esclavistas.
Pero las distintas formas de
pensar y ver la vida no terminan aquí.
También existe otro pequeño grupo
denominado Tercera Vía (también
compuesto por individuos errantes). Éste,
va por libre y como el resto se cree en posesión
de la verdad y la justicia. Y es que en La
luz del infinito todos llevan su parte de
razón, pero también todos quieren
tomar su porción de pastel.
Además de las intrigas
políticas e incluso terroristas que, no
serán pocas, sentiremos cercana la pena
de esa raza marina, los narvales, que ha vivido
en sus propias carnes la casi extinción.
También la manipulación de algunos
de sus miembros para extraer de ellos información
sobre los krenyin… Por otra parte, seremos
testigos de las relaciones interpersonales entre
individuos de distintas especies, o miembros de
una misma familia con ideales y sentimientos muy
dispares. Pero el auténtico summun
de La luz del infinito, residirá
en el morbo e interés que despertará
en nosotros la raza krenyin; esa raza que ha hecho
posible los saltos controlados a distintos lugares
del espacio, y tantos escalones en el ascenso
de la evolución de todas estas razas de
una manera u otra enfrentadas (abiertamente o
de forma velada).
Y por si las intrigas fueran
pocas, también viajaremos al Limbo; ese
lugar donde se cree existe el planeta de los krenyin
pero que, en mi humilde opinión, termina
creando una expectativas demasiado altas, dado
que podría haber dado mucho más
de sí.
También observaremos el
desconcierto de los errantes al descubrir que
algunos implantes nanomeds contaminados
les transmiten un virus que puede terminar con
sus vidas. Esto, lógicamente, les obliga
a enfrentarse a un pensamiento que aborrecen,
que temen, que quieren apartar por encima de todo:
la mortalidad también puede alcanzarlos
a ellos.
Constantemente suenan tambores
de guerra en la nueva aventura de José
Antonio Suárez. ¿Quién es
el bueno? ¿Quién es el malo? ¿Qué
misterios quedan aún por desvelar de la
raza krenyin? Y los más inquietantes: si
éstos eran tan superiores, ¿por
qué desaparecieron? ¿Sucederá
lo mismo con las razas existentes?
Como he dicho al principio José
Antonio Suárez vuelve a hacer gala de su
talento, ofreciéndonos un magnífico
escenario en el que todo despierta nuestro interés:
los personajes, los distintos tipos de vida, los
avances tecnológicos, incluso los ideales
(incluyendo aquí las distintas formas de
ver la religión).
Cierto, no me extenderé
más porque no acabaría en muchas,
muchas líneas, así que volveré
a repetirme: Juan Antonio Suárez, es un
crack.
publicado en febrero
de 2009
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