«Los
favores se pagan» es la continuación
de una antología en la que las sensaciones
de un relato a otro, se borran de un plumazo y
a la fuerza, puesto que pasamos rápidamente
de un estado de ánimo al siguiente y, como
sucede en este caso, seguramente no tendrá
nada que ver con el anterior. «Los
favores se pagan» es como la pluma
del autor: traviesa y con sentido del humor, a
pesar de su comienzo. Tomás, el típico
individuo anodino asqueado de su existencia, está
dispuesto a suicidarse. No obstante, cuando va
a poner en práctica su plan y quitarse
de una vez la vida, se le aparece su ángel
de la guarda (un absoluto descarado), y le convence
para que no lo haga. ¿Será mejor?
¿Será peor?
Y tal y como decía, de
las desgracias de Tomás, el anterior protagonista,
pasamos a «La escena definitiva»,
donde dos de sus personajes principales, están
un tanto obsesionados con el sexo. Se trata de
dos jóvenes compañeros de piso;
uno con pareja, viviendo su vida ajeno al otro
pero sí alucinado por el estilo de vida
de su compañero. El solterón, un
auténtico viciosillo, inmerso por completo
en su mundo erótico sin otra compañía
que él mismo y sus películas pornográficas.
Y bien, a pesar de lo que pueda
parecer, «La escena definitiva»
tiene su lado misterioso, enfocado dentro del
mundo del sexo, claro está, pero misterioso
al fin y al cabo. Es entretenido, excitante, una
auténtica locura carnal…
«La luz del diablo»
quizá sea uno de los relatos con mayor
componente de terror. En él, sabremos qué
se siente cuando se pierde a la persona a la que
se ama (sin haber tenido la oportunidad de compartir
nada con ella), y poco después, se conoce
a una persona que nos la recuerda exageradamente.
En «La luz del diablo»
será este el caso. Ese, y el de descubrir
en la segunda persona a alguien tremendamente
misterioso, sobrecogedor, que podría llevarnos
por senderos de tortura, de oscuridad, de sufrimiento.
«La fiesta»
tal vez sea el cuento con menos atractivo de esta
selección. Es una travesura onírica;
no demasiado extensa pero cargada de situaciones
y personajes, como cabe esperar, sin pies ni cabeza.
Tiene principio y fin, pero, en mi humilde opinión,
no aporta demasiado.
«Ojos extraños»
fue finalista en el primer certamen de relatos
de la, desgraciadamente desaparecida, publicación
Nitecuento.
Por aquél entonces tuve la ocasión
de leerlo y me gustó. En esta segunda lectura,
por supuesto, ha vuelto a hacerlo pero, claro,
el misterio de la situación se perdió.
Eso sí, una vez más, he tenido la
ocasión de comprobar cómo se desenvuelve
Roberto Malo; cómo genera situaciones en
las que se entremezclan a la perfección
la ingenuidad de los protagonistas, su juventud,
sus ganas de saber a toda costa, la atracción
por el sexo, y el misterio, mucho misterio. «Ojos
extraños», se desarrolla
dentro de un bar donde, dos amigos, son incapaces
de verle el rostro a una atractiva mujer que parece
ajena al mundo que la rodea.
«Contactos»
no tiene nada de terrorífico, pero sí
lo tiene todo de morboso. Es breve, pero intenso.
Roberto Malo nos describe los pensamientos de
una mente algo trastornada, obsesionada con el
sexo pero encerrada dentro de un cuerpo semideforme.
Lo impactante de «Contactos»,
asimismo, es la fuerza y la manera narrarlo; casi
todo él es desarrollado a través
de provocadores anuncios de periódico.
«Billete mortal»
también tuve ocasión de leerlo con
anterioridad pero, sinceramente, no recuerdo dónde.
Como le sucede a «Ojos extraños»,
«Billete mortal»
pierde algo de gracia dado que conoces el final
perfectamente, pero, eso sí, siguió
sin dejar de entretenerme y ponerme de los nervios
dada la situación: Raúl se deja
llevar por su imaginación y, echando estúpidas
cuentas entre las cifras del billete de autobús
y el número de alumnos en la lista de clase,
descubre quién va a ser víctima
de la próxima desgracia. Desde luego tiene
huasa la situación, dado lo paranoico,
pero desde luego, gracia en sí tiene tirando
a poca, dado que Raúl no puede evitar ejercitar
tu mente y saber que eso traerá la siguiente
desgracia y lo que es peor aún, a quién.
«Lluvia sangrienta»
es aquella que, definitivamente, más me
ha complacido. Se trata de una auténtica
pesadilla que se inicia con el presentimiento
de uno de sus protagonistas a cerca de la muerte.
Éste presentimiento tiene que ver con un
repentino y amenazador cielo rojo, que evoca la
fatalidad y la sangre, sobre todo esto último…
«Lluvia sangrienta»
es una carrera contrarreloj por salvar la vida;
por buscar un lugar donde refugiarse mientras
todo el entorno se vuelve caótico, mortífero,
sanguinolento.
«La revista acusadora»
nos lleva casi al final de una antología
donde, a pesar de que queda claro ya a lo largo
y ancho de ésta, se demuestra una vez más
que también tiene cabida el humor. En «La
revista acusadora», contemplaremos
a unos padres totalmente paranoicos ante el hecho
de encontrar en el cuarto de su hijo una revista
erótica y muy, muy gay. Desde luego es
amena, por momentos ingenua, pero en todo momento
desternillante. Eso sí, sin fantasía,
sin horror, sin ciencia ficción.
«El cuento mutilado»
es la historia de un autor muy cercano a muchos
de nosotros. Un autor que está loco porque
lo publiquen, por ganar un certamen de relatos,
y de aquellos que además se aferran a su
máquina de escribir contra viento y marea.
«El cuento mutilado»
nos describe a un autor que finalmente parece
tener algo de suerte, pero precisamente con la
obra que menos pensaba. A partir de ahí,
vienen las aventuras y desventuras que, podrían
tener lugar en la vida real, o simplemente dentro
de su, cada vez más destartalada cabeza
y la de su compañera. Desde luego no lo
pasa uno mal sufriendo junto a este pobre
autor desesperado, pero tal y como ocurrió
en «La fiesta», cuando
terminé su lectura me quedé casi
como si nada: ni demasiado frío ni demasiado
calor.
«La revelación»,
por último, ocupa un bien merecido segundo
lugar en mi ranking particular respecto a esta
selección de Roberto Malo: Emilio, decide
alquilarse un apartamento en el mismo lugar donde
veranea su novia. Justo en el momento en que llega
a la habitación dispuesto a dejar sus pertenencias,
se le cuela el inquilino de al lado y desde ese
momento, el típico chuloplayas,
le hace la vida imposible de un modo u otro. «La
revelación», es un relato
como siempre divertido, realista, pero también
siniestro, enrevesado, cruel. Con un final que
a uno le deja un tanto pasmado.
Por último y, como decía
al principio, «La luz del diablo»,
la selección, vuelve a darnos aquello que
esperamos de Roberto Malo; genialidad, entretenimiento,
credibilidad (incluso dentro de lo increíble)
y, por supuesto, algunos de nuestros géneros
predilectos.
publicado en diciembre
de 2008 |