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El imperio contra Dios Por: Pily B.

Pocas veces me guío del texto incluido en las contraportadas de cualquier libro; lo leo, sí, porque soy de las que normalmente revisa hasta la última línea, pero suelo hacerlo hacia el final o más bien hacia la mitad, cuando la trama está prácticamente desarrollada y ya no tengo miedo de que se revele demasiado… En esta ocasión, lo reconozco, me he visto obligada a ello dado que nada más dar comienzo a esta pintoresca historia, ya me encontraba en serias dificultades a la hora de saber qué raza era una y qué raza era la otra. Para qué negarlo, cuando se mezclan nombres raros y algo parecidos (no habiéndose especificado mucho aún sobre uno u otro), me enredo que es un primor.

Y esto, en un comienzo, no estimula demasiado…

Pero insisto, a pesar de que no suelo guiarme a ciegas de los pequeños resúmenes traseros que, impepinablemente, han de extraer de manera somera lo mejor de su interior, sí que es cierto que la síntesis de esta historia me pareció tremendamente atractiva: Una historia donde no aparecían humanos… ¿Dos razas enfrentadas?, ¿una de ellas lógica y la otra religiosa? Y el título (muy adecuado, por otra parte), que además lo resume perfectamente: El Imperio contra Dios. ¡Tremendo! Lo que me esperaba durante la lectura de este grueso volumen, parecía ser entretenido cuanto menos.

No obstante y, a pesar de sentirme deslumbrada por ese comienzo en el que uno de los personajes principales despacha fuerza y morbosidad a partes iguales; en esa situación que se desprende: un mundo caótico, rebosante de resquemor e incertidumbre, donde una poderosa potencia ha caído y otra ha tomado el poder utilizando quién sabe qué artimañas, donde, insisto, este individuo misterioso aparece en el peor de los momentos buscando a alguien que aparentemente no viene a cuento, la trama empieza a desvirtuarse a pasos agigantados… y lo hace a partir del momento en que ya ubicamos a la mayoría de los personajes principales y éstos llegan al planeta Nargal.

Cierto es que Andrés Díaz maneja la narrativa como le place, y la Space Opera, para más señas, como le da la gana, pero tal vez ese pequeño resumen y mi propia imaginativa crearon desde el principio unas expectativas que, finalmente, no han terminado cumpliéndose.

Pero no me malinterpretéis. En El Imperio contra Dios, encontraremos aventura a espuertas (de esto no falta en casi ningún momento); pasaremos de las situaciones más trekkies, a las más heinlianas, acercándonos incluso por la mente del ilustre Verne. No faltarán naves de magníficas configuraciones insectívoras, entre otras, capaces de mil y una virguerías; también nos toparemos con criaturas de las más diversas formas y creencias (en esto, en la descripción e invención de formas de vida muy diferentes entre sí, es Andrés diestro autor). Hay venganzas, fuego y cabriolas estelares. Una huída constante y un asedio que no para de estresar, pero aun así, El Imperio contra Dios no deja de beber de todas las fuentes conocidas, con momentos maravillosos, por supuesto, pero con una filosofía general que no termina de convencer si lo que se busca es algo más que aventura y aventura.

Los personajes, a diferencia de la novela del mismo autor: El camino del acero, la mayoría son poco representativos, simples herramientas que sirven de guía a la historia. Los diálogos, tremendamente explicativos, a veces resultan un tanto pueriles, dado que orientan demasiado al lector. También, encontramos constantes peripecias que en la mayor parte del tiempo estarán demasiado masticadas… y tal vez todo esto le reste credibilidad.

Aun así, insisto en que si lo que se quiere es pasar unas cuantas horas entretenidas, dejando que la tecnología punta ribetee muchos de nuestros momentos; insólitas criaturas se manifiesten de mil y una formas (revelándonos diversas y exóticas morfologías, filosofías y costumbres), donde además observemos qué se desprende del enfrentamiento entre dos poderosas culturas: una de ellas federativa, la otra religiosa y, a veces, al más puro estilo borg (de lo más llamativo es la diferencia entre sus sexos, cuatro son estos: el masculino estéril guerrero. El femenino estéril obrero. El masculino fértil y el femenino fértil (las sacerdotisas)), reitero que esta es una buena opción.

Desde luego aquí se dan cita la más pura Space Opera junto a la aventura continuada, por lo tanto, el entretenimiento (por el puro entretenimiento) está más que asegurado.

 

publicado en febrero de 2008

|Andrés Díaz Sanchez | Editorial: Transversal (sello edit. Equipo Sirius) | Portada: Calderón Studio | Año 2007 |
| ISBN: 9788496554313 | 544 páginas | 21, 90 € |
 
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