| Pero
yendo a la recopilación de Ronald R. Delgado,
toda ella gira en torno a un universo un tanto
curioso. Uno como el nuestro, sí, pero
todo él gobernado por y desde Meganet (Massive
Einstein-Giraud Autonomous Networks); una
red gigantesca que abarca todo nuestro sistema
solar. Una red misteriosa, pues no se sabe quién
la creó y si aún alguien la vigila
desde afuera. Tampoco hay certeza sobre si ésta
es totalmente artificial, o es otra clase de entidad
viva, puesto que parece comportarse y amoldarse
a la evolución de la sociedad.
En «El despertar
de Meganet», encontraremos pues
seis distintas perspectivas, encuentros, incluso
puede que incursiones de la propia Meganet en
las vidas de ciertos individuos o, por extensión,
de toda la sociedad del sistema solar.
La presentación viene
de la mano de «Punto de partida.»
Buen título. Buen punto de partida. De
manera directa, conoceremos y mantendremos el
primer contacto con la Megared. A raíz
de una curiosa clase de historia sobre Meganet,
viviremos de primera mano cómo se descubrió
un invento que no es humano, que, como en el caso
de Pórtico (obra del autor Frederik
Pohl), fue abandonado y aprovechado por el ser
humano…
Sin embargo, «Causal»
incluye, más que misterio, tensión
a la evolución de esta sociedad supeditada
a Meganet. En este segundo relato, aparece además
un personaje clave para otra segunda entrega,
tal vez la más brillante de esta recopilación.
Asimismo, mientras tenemos de un lado el perfil
de un aparente pirata informático, de otro
tendremos el de la ciencia y la lógica;
una catástrofe, y algo bello surgido de
ella…
«El evento de Saturno»
va todavía más lejos. Uno de los
nuevos protagonistas (prácticamente todas
las historias de Meganet están divididas
en dos escenarios), es un hacker aparentemente
inofensivo pero con muchas ganas de divertirse.
Por supuesto le toma el pelo a todo aquel que
entra en su campo de juego, y nunca mejor dicho,
mientras hace todo lo posible por meterse en el
pellejo de todo robot viviente…
Como es de esperar, las cosas se tuercen y, sin
comerlo ni beberlo, se ve metido en un buen lío.
Para salir de él y procurar que otros no
paguen por ello, tiene que sacrificar demasiado…
«La línea
que divide» es precisamente aquella
historia que fue publicada en NGC. Como en el
caso del relato que le sigue, se trata de uno
de los cuentos más brillantes. Pero primero,
vayamos a este. Tenemos aquí un verdadero
acontecimiento político y a gran escala:
el representante de los planetas interiores, hace
campaña contra el representante de los
planetas exteriores (y a la inversa, claro), y
ahí empieza la tensión, o quizá
antes, dado que tenemos la ocasión de vivir
de primera mano el backstage de ambos
candidatos a la presidencia.
«La línea
que divide» es sobre todo magnífico
en sus diálogos (impactantes); su ritmo
es frenético, su sarcasmo, y en última
instancia, desmesurada es la tensión de
las relaciones interpersonales…
Y bien, como decía, he
aquí otro de los platos fuertes: «Realidad
inmersa». Una noche cualquiera,
en el gigantesco complejo donde se archivaba la
historia de la humanidad en papel, una de las
principales terroristas de esta sociedad custodiada
por Meganet irrumpe buscando algo. Para Evan Omone,
director de aquella entidad, la paz pasó
a la historia en el momento en que fue avisado
de la incursión de dicho terrorista. «Realidad
inmersa» es atractivo por los pensamientos
de esa terrorista, también por la descripción
de la misma y, cómo no, porque tal y como
sucede con anterioridad, Ronald R. Delgado dota
a Meganet de vida; le da la oportunidad de intervenir…
Por el contrario, «El
predicador», a pesar de que, como
el resto, conforma una pieza más del puzzle
-muy valiosa, por otra parte-, dado
su componente religioso, a mí, personalmente,
es la historia que menos me atrae. A pesar de
ello es imprescindible -si se quiere cerrar
el círculo y que éste sea creíble,
no ha de faltar una historia donde el ser humano
crea a pies juntillas en aquello que parece dominarle
y no comprende del todo-, y, si se tiene
un poco más de interés del que yo
pueda tener en el asunto, entretenida. Desde luego
es un escalón más hacia el todo
que es en definitiva este número diecinueve.
Por último, Ronald R.
Delgado cierra ese círculo con un sucinto
prólogo donde, un historiador, de manera
breve y efímera, repasa la historia de
Meganet hasta que es llamado por un par de piezas
clave, y llevado allá donde ha de ir: precisamente
donde pueda comprender del todo y cumplir con
su cometido.
Ronald R. Delgado en un primer
momento pudiera parecer que nos plantea una sociedad
más sometida a una gran red; rumbo que
nosotros mismos nos empeñamos en seguir.
No obstante, la sociedad dependiente de esa misteriosa
Meganet, es una sociedad interesante y con sustancia,
que no deja indiferente al lector y lo lleva paso
a paso a través de la especulación,
de la evolución de la técnica y
la humanidad… empleando como vehículo
la ciencia ficción amena e inteligente
que, creo, a todos nos satisface.
Un número diecinueve,
sí, este Erídano, digno de tener
en cuenta. Esperemos además que sea precisamente
eso que anuncia; el despertar de Meganet. El anuncio,
la entrada, la primera parte…
publicado en octubre
de 2008
|