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Acabo de descubrir que, a veces, los autores
dicen la verdad, toda la verdad, y nada más
que la verdad. Recientemente, también
he descubierto que David
Jasso es uno de esos autores (nunca lo dudé,
pero por vender más, quién sabe
lo que se puede llegar a engordar un libro).
Y bien, hace unos días asistí
a la presentación conjunta de Santiago
Eximeno (daba a conocer su recién
estrenada antología «Bebés
jugando con cuchillos»), y David
Jasso, llevando este último de la
mano a su último thriller, sí,
llamémoslo así, Día
de perros. En la presentación,
David
se mostró como lo que es, un autor apasionado
por el terror, por la acción, y por encima
de todo por aquellas historias contadas con
el corazón; narraciones con fundamento.
También en dicha presentación
y, de hecho, fue quien colaboró hablando
directamente sobre la trama de Día
de perros, estuvo presente otro
prometedor autor; Ismael Biurrun. Éste,
a grandes rasgos, nos contó qué
encontraríamos en la novela de Jasso;
de cómo se van enredando las cosas, casi
siempre de la manera más tonta, hasta
llevar a los distintos personajes a una situación
realmente desesperada.
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Y
es que todo empieza de manera casual, casi absurda,
con una estúpida idea; se pone en marcha
una especie de broma que, salvo porque aquellos
que la llevaban a cabo pretenden sacar tajada,
resulta de lo más infantil y más
o menos bienintencionada: un grupo de amigos secuestra
un perrito de pedigree, delante mismo
de su despistada dueña, dispuesto a pedir
en pocas horas una recompensa. A pesar de que
la intención de los muchachos es poder
pegarse un buen verano con la cantidad que pretenden
sacar del secuestro, éstos olvidan que
hay algo llamado entorno, y éste, lo quieran
o no, interactúa. Asimismo existen las
personas, en sus diferentes circunstancias, llevando
mejor o peor la vida que les tocó llevar…
y por encima de todo, los secuestradores olvidan
que esas personas tal vez lleguen a tener sentimientos,
y precisamente por éstos, puedan llegar
a ser capaces de cualquier cosa a la hora de recuperar
aquello que creen más preciado.
Por todo esto, y porque el grupito
no puede impedir precisamente que otras personas
(y sus corazones) intervengan; al igual que son
incapaces de ver que están tomando decisiones
estúpidas y sobre todo precipitadas, es
que terminan viendo peligrar su vida…
Y bien, a pesar de que parece
que he contado algo, en realidad no he dicho mucho
más de lo que se habló en la presentación
de la novela. Esto es solo el principio. Se trata
de ver, de vivir de primera mano, la causa principal
por la que todo termina saliéndose de madre
en la vida de unos pocos. Y es que David
Jasso, a raíz de una reacción
tan infantil, teje una historia espeluznante (básicamente
hacia el final). Como se suele decir en toda descripción
de un thriller que se precie, describe
la sucesión de los hechos de manera trepidante.
Y ni qué decir tiene que también
lo hace de manera sobrecogedora. Pero además
de todo esto hay otras cuestiones que llaman muchísimo
más la atención en esta novela:
cómo David
Jasso desarrolla todo lo que acontece en tiempo
real; de qué forma nos enreda para que,
o bien viviendo en la piel del extorsionador,
o bien viviendo en la piel del extorsionado, seamos
incapaces de aburrirnos. Es imposible. Del mismo
modo lo es no pensar qué haría uno
en una u otra situación, ya que en Día
de perros, somos perfectamente conscientes
de que se pueden desarrollar situaciones que nos
arrastren al abismo de la forma más casual
e ingenua (y no tiene por qué ser uno mismo
quien la provoque, y sin embargo, sí estar
en el bando de los malos).
… Impresionante, de igual
modo, cómo David
consigue que todo ello vaya de manera tan rodada,
muy natural, a la vez que cercana y creíble
(es una característica siempre implícita
en las obras de
Jasso). Asimismo, la belleza de Día
de perros reside en el mundo interior
de uno de sus protagonistas; en sus ideales, incluso
en su jerga, dado que es quien relata la historia.
Pero no se queda lejos tampoco en la descripción
de los hechos; del resto de los personajes, tanto
de los castigadores como de las víctimas,
o de los sentimientos de todos ellos y su manera
de razonar.
Todo esto, más que la
historia por momentos espeluznante o sencillamente
tensa, es lo que le da un inmenso valor a Día
de perros. Sí, ésta,
describe de manera apasionada un día que
resulta ser de perros para todos (para algunos
mucho antes que para otros), pero también
nos relata historias de amor (preciosas, sí,
aunque quede ñoño decirlo), de desamor,
y por encima de todo, una bonita historia de amistad.
De las de ahora. De las actuales.
Aun así, siendo sincera,
de las tres novelas de Jasso
(una de ellas escrita a medias junto a Santiago
Eximeno), esta es la que menos me ha asustado
(pero también lo pretende). No obstante,
es la más cercana al corazón del
lector. Cercana al mío lo ha estado al
menos. Y es que en ella el autor muestra su lado
más humano, más empático…
David
Jasso pues, no es solo uno de los maestros
del terror cuando lo pretende, es un maestro en
general; maestro de aquellas historias construidas
con el corazón, basadas en la experiencia,
en la realidad. Maestro en la configuración
de esas historias que asustan más porque
se pudieran llegar a dar lugar, que por cualquier
causa sobrenatural. Y eso, amigos, no es moco
de pavo, no.
publicado en febrero
de 2009
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