Contacta con NGC 3660
 

Descarga esta crítica en PDF
Bebés jugando con cuchillos Por: Pily B.

 

 

Esta vez, irremediablemente, voy a empezar por el final: la casi homogénea antología de Santiago Eximeno, esta misma que, según declaraciones del propio autor, resume perfectamente su trayectoria literaria; la misma que abarca desde sus inicios hasta casi la actualidad, compuesta por una inmensa mayoría de relatos publicados tanto en Internet como en papel (únicamente son tres las historias inéditas), ésta, como decía, es bellísima: BE-LLI-SI-MA.

Sí, lo sé, suena un poco raro afirmar que algo es bonito presentándose con un título como es este temerario «Bebés jugando con cuchillos» (creo que más de uno ha sentido ganas de abofetearme durante su lectura en el transporte público...). Y si además observamos la portada (la idea primigenia también vino de la mente del autor), una aberración tal como es un tierno aunque velado bebé blandiendo un cuchillo de cocina mientras gatea, insisto, decir que su contenido es bello no suena raro: suena a auténtica locura.

Pero así es, amigas y amigos, estas dieciocho historias analizadas en su conjunto, ese núcleo compuesto por vidas cercanas, por personas que son de carne y hueso aun dentro del papel, son bellas. Bellísimas. Y precisamente por ello y, conociendo como creo toda la obra del autor, aún no sé si esto es del todo mérito suyo o lo es de su seleccionador. Me explico. Pensar como yo hice en un primer momento que todo lo que «Bebés jugando con cuchillos» encierra es lo que su portada parece indicar; niños sádicos dispuestos a aterrorizarnos, o bien bebés inocentes que han de terminar defendiéndose, esperar algo así, sinceramente y una vez leída dicha antología, es esperar demasiado poco. Una selección como la que yo imaginaba, sería espeluznante, por supuesto, pero también representaría un compendio de historias venidas de la mente poco comprometida; una mente que solo pretende escandalizar, aterrorizar, sin ir más allá, buscando únicamente el lado morboso, utilizando al mismo tiempo lo que para algunos puede ser lo más puro, lo más sagrado.

No obstante la antología editada por Grupo A.J.E.C. es mucho más espeluznante que todo eso, porque haber historias sobre infantes que han de defenderse, entendedme, las hay. Pero no todo aquí es terror puro; gore sin ton ni son y, cierto, aunque Santiago Eximeno es el artífice de todo ello, bien es cierto que su conjunto, ese recorrido literario del que hablaba al principio, está seleccionado de tal modo que no solo somos incapaces de observar una evolución en las historias o incluso sentimientos del autor: desde el comienzo, desde sus primeras historias (reescritas para llegar al nivel narrativo actual de Eximeno), el autor ha evolucionado.

Y voy más allá. Eximeno tiene en su haber historias de todo tipo; de esas que no entiendes leyéndolas ni del derecho ni del revés, gore sin ton ni son, no obstante en «Bebés jugando con cuchillos» hay más, mucho más. Belleza por la autenticidad. Belleza por la proximidad. Esto es lo que realmente termina transformando a la mayor parte de sus historias en algo que asusta (siempre), aun cuando en ocasiones no se trate de terror puro: vuelvo a sus personajes, maravillosos en la mayoría de las ocasiones. Sus vivencias. Sus pensamientos. Sus miedos, que podrían ser los nuestros. Todo resulta cercano, muy humano, y por tanto cobra una fuerza increíble, por eso mismo nos tiene que aterrorizar a la fuerza.

Y una vez hecho el intento de describir esta maravilla, ésta joya de la que he disfrutado de principio a fin, este tesoro que termina siendo «Bebés jugando con cuchillos», me explayaré un poco más adelantando otro de sus puntos fuertes: la melancolía que destilan sus historias, de la primera a la última; todo «Bebés jugando con cuchillos». También es sobresaliente el trato que les da Eximeno, un autor aun muy joven, un trato perfectamente coherente, a esos personajes suyos que ya viven cercanos o bien entrada la tercera edad. Maravilloso… esto me agradó y llamó mi atención sobremanera. De todos los signos, es el más llamativo.

Por lo tanto, «Bebés jugando con cuchillos» es hermoso, y esa hermosura está tejida mediante alguna mente que roba sus vivencias a otras. También se teje descubriendo mundos en los que ya nada importa, salvo alimentar el morbo de los unos hacia los otros, llevando este deseo enfermizo hasta límites insospechados. Se entrelaza con la melancolía de un deseo; salir de nuestro planeta en el ocaso de una vida, o incluso comprando obsequios en mercados fantasmas allá en pueblos malditos. Por otra parte, continua haciéndolo a través de figuritas de papel que cobran vida y son crueles, muy crueles… o instruyéndonos sobre qué decisiones tomar al enfrentarnos a la muerte de un ser querido; qué hacer con el cuerpo… nimiedades, tonterías que nos pondrán los pelos de punta. También se tejerá esa hermosura de la que os hablaba relatándonos la historia de una pequeña que no puede abrazar, no puede besar, pues está limitada por una deformidad que hace daño tanto a los que la rodean como a ella misma. Habrá belleza, mucha belleza extraída del sabor de la miel, de ese ser que alimenta y asimila a los seres humanos por medio de este rico alimento. Pero también estarán aquellos monstruos asustados de otros monstruos… ellos también tejerán, al igual que los seres humanos manipulados en Santuario prestos a luchar contra aquella otra raza asesina de la nuestra. Pero hay más tejedores, algunos, consiguen librarse de aquellos otros que vienen en su busca precisamente porque ha llegado la hora de abandonar esta vida. Asimismo tejen una oscura belleza el testigo de un atropello y la víctima, que lo castiga una y otra vez. O incluso los que desaparecen utilizando las cuerdas; una inquietante distracción que casi deshumaniza a sus usuarios, los hipnotiza, los aficiona para después… hacer posible que la belleza llegue a través de la presencia de un exorcista, justo cuando éste regresa a un pueblo permanentemente condenado. De éste, pasaremos a otro ubicado allá en el lejano oeste, plagado de muertos vivientes. Casi por último, esa belleza será plasmada en diversas instantáneas; grotescas, demenciales, trasladándonos a la última parada de «Bebés jugando con cuchillos»; una parada que es denominada «Huerto de cruces». Aquí, están sembradas o mejor aún, sentenciadas las vidas de los habitantes de otro pueblo desgraciado, aunque el horror no puede quedar confinado en él.

Bellísima: «Bebés jugando con cuchillos», toda ella. Pero no sé si lo he dejado lo suficientemente claro. Aun así, lo intenté.

publicado en enero de 2009

| Santiago Eximeno | Grupo A.J.E.C. | Colección Albemuth 22 | Prólogo: Alberto G. Teresa | Portada: Juan del Piñal |
| ISBN: 978-84-96013-54-4 | Septiembre 2008 | Precio: 9,90 euros | Tamaño: 22x15 cm-202 págs. |
 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc[arroba]ngc3660.es