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La bala de la nada Por: Pily B.

Siempre es grato tener entre las manos una obra como esta. Una obra algo distinta, donde se habla de los futuros misterios en París: un París bello, un París místico…

Desde luego, en La bala de la nada se disfruta en muchos sentidos; su atractiva trama, el escenario y el atrezzo, sus personajes… De entrada, nos encontramos con un asesinato algo peculiar dado que, a simple vista, es casi imposible -si las pistas que hay son las que son-, que éste se haya producido: un inminente científico es asesinado en la habitación de un hotel, pero la puerta de su habitación está cerrada por dentro; también la ventana, y no hay indicios de haber habido otra presencia humana en el momento y lugar del crimen.

Lo admito, este tipo de intrigas me fascinan y lo hacen mucho más cuando asimismo se entremezclan continuamente novela negra y ciencia ficción. Y es que, tras el quid de la cuestión, Roland C. Wagner entre humor y situaciones macabras, nos presenta así al detective privado Templo Sagrado del Alba Radiante, aunque todos podemos llamarle Tem; un mutante con un particular poder psi: el de poder pasar desapercibido.

Ciertamente, este es otro de los puntos donde reside el atractivo de La bala de la nada; el encontrarnos con muy diversos y extraños individuos, y también con sus particulares cualidades psi. De hecho y, sin ir más lejos, el cadáver conseguía que aquellos que lo rodeaban le estimaran así sin más. Nadie era capaz de odiarle, sin embargo…

Y es que suena muy bien eso de tener poderes psi, pero también hay que saber controlarlos, cosa que sabe, a duras penas, nuestro entrañable Tem. Éste, vive constantemente entre los pros y los contras de ser más bien invisible. Es positivo para su misión; es capaz de husmear allá donde quiera. Pero a la hora de interrogar a sus víctimas… eso ya es otra historia. Y muy entretenida para el lector, por cierto, observar cómo se las tiene que arreglar este desgraciado individuo para llamar la atención y procurar que la gente no se olvide de él incluso delante de sus propias narices.

Asimismo, la historia es peculiar porque, se podría decir, el mismo Tem aprende a ser detective sobre la marcha. No es torpe, no es inepto, sencillamente no tiene experiencia y se guía únicamente de instinto y de las lecturas de otros que en la ficción sí son verdaderos detectives.

Además, La bala de la nada está granada de otros personajes también atractivos: aquella mujer que lo contrata, la hermana de la víctima. Científicos, incluso la exótica y coqueta Inteligencia Artificial de Tem: Gloria.

Por otra parte, no podemos olvidarnos de ese París perfumado de misticismo (parecen salir sectas hasta de debajo de las piedras); un mundo donde no existen las guerras, ni prácticamente la violencia.

La bala de la nada es una aventura semiopiácea, donde prima la espiritualidad, los avances científicos, la conspiración y la intriga. No se trata una de esas historias de las que quedas prendado y cuesta dejar de pensar en ella, eso tampoco, pero sí que es cierto que te ayuda a pasar momentos curiosos, y te introduce en el, a veces espeluznante mundo de las sectas y los poderes psi.

Para finalizar, Roland C. Wagner lo hace a través del relato «Si él no viviera» que, si no fuera porque se aprecia por un apunte al abrir el volumen, cualquiera diría que sencillamente es la continuación-final de todo lo anterior.

Muy apto. Un futuro muy misterioso para este París que Wagner nos describe.

publicado en noviembre de 2008

| Roland C. Wagner | Por la tangente | Diseño de la cubierta: Jordi Sàbat | Ilustración de la cubierta: Alejandro Terán |
| Traducción: Hèctor Cesena | Número de páginas: 168 / 18€ | ISBN: 978-84-934889-2-5 | Octubre 2008 |
 
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