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El niño que bailaba bajo la luna Por: Pily B.

 

Lo sé, me viene que ni pintada la típica frase de «llegaré tarde. Llegaré tarde…» repetida hasta la saciedad por el dichoso conejo de Alicia en el país de las maravillas, pero es que en esta ocasión creo que, ciertamente, llego tarde: voy a hablar de una novedad del año 2004. Casi nada…

Y bien, como también me conviene estupendamente ese maravilloso refrán que dice «más vale tarde que nunca», creo que siempre será mejor descubrir ahora esta pequeña maravilla que no hacerlo jamás. ¿No os parece?

Estupendo. Como veo que estamos de acuerdo, vamos a ella.

Bajo el poético título El niño que bailaba bajo la luna, tenemos un trabajo que, una vez terminada su lectura y siendo muy, pero que muy objetiva, podría decir que damos de lleno con un cuento de misterio al uso. Lógicamente no diré por qué ni en qué podría resumirse, pero así es. No obstante, dejando a un lado ese lado escrupuloso, quisquilloso, cuadriculado, que cualquiera podría mostrar en modo-crítico en un momento dado, nos encontramos con un trabajo innovador y distinto en muchos sentidos. El primero de ellos, y salta a la vista, es el formato de este entrañable cuento de terror: su novedoso formato es la impresión en papel de plástico, con lo que tendríamos una bella y oscura historia que, además, no se arruga, no se mancha… Una maravilla vaya.

Asimismo, la historia del, por otra parte, excelente narrador Juan Laguna Edroso, está traducida al francés, con lo que aquellos amantes del idioma gabacho podrán disfrutar de lo lindo leyendo a la par esta otra versión.

También cabe destacar el excelente trabajo del ilustrador Jean Gilbert Cap que, si bien no aparenta querer plasmar destello alguno de belleza, si es cierto que ha sabido ser un excelente seguidor del principito de la oscuridad. Jean Gilbert Cap es, en definitiva, un simpar plasmador de esa oscuridad, melancolía y tristeza que el pequeño protagonista de esta historia de plástico irremediablemente siente.

Por último… ¿por último?, indicar la manera tan exquisita en que Juan Laguna Edroso ha sabido transmitirnos el mundo nocturno de un chiquillo tan encantador como travieso; su soledad, su incertidumbre… En el fondo, sus buenos deseos y sus inquietudes. Y es que esto es precisamente lo que más brilla dentro de tanta negrura: la credibilidad de los pensamientos infantiles de esta historia morbosa y sobrenatural, además de sus actos, que son perfectamente acordes a cualquier infante de la edad de este solitario bailarín de la noche.

Por otra parte, la oscuridad que transmite Juan Laguna Edroso es una encantadora oscuridad poética, sentimental, bella… y ésta, por supuesto atrapa al lector, lo hipnotiza, lo envuelve (como debe ser), de soledad y ternura.

Por lo tanto, ¿se le puede pedir más a esta breve oscuridad plastificada? Yo creo que no y, sinceramente, perdérsela, siendo un amante del morbo, la melancolía y lo gótico, incluso de las ideas novedosas como es este novísimo formato, sería toda una locura: una oscura y siniestra locura.

 

publicado en noviembre de 2008

| Juan Ángel Laguna Edroso | L´enfant qui Dansait pour la Lune | Editorial: Nuevos soportes gráficos | Noviembre 2004 |

| Traducción al francés: Eléonore Jacquiau-Chamska | Ilustraciones: Jean Gilbert Cap | 60 págs.| D.L.: Z-3510/04 |
 
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