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Un año de palabras Por: Pily B.

Hacía mucho, mucho tiempo que no leía una recopilación de relatos como esta. Tan impactante, interesante, profunda, MAYÚSCULA, venida además de la mano de un único autor. Por otra parte, hacía tiempo que no descubría un talento como el de Nachob. Un autor que lo tiene prácticamente todo: imaginativa, desparpajo, credibilidad, capacidad de improvisación, sentimiento y buen gusto.

«Un año de palabras» es estremecedor. Sí, así, tan rotundo como suena. «Un año de palabras» es lo que su propio título indica y, más tarde, lo que corrobora el magnífico prólogo venido de la mano de Juan Laguna Edroso: se trata de los doce meses en los que este autor, primero en la web OcioJoven, y ahora sobre papel, ha venido plasmando historias de todos los sabores (de los tres que nos interesan: fantasía, ciencia ficción y terror) y para todos los gustos. Crónicas de vidas futuras, pasadas, presentes, alternativas, pero siempre, siempre, cargadas de carne y hueso (aun cuando nos habla, en alguna que otra ocasión, de la rutina de la máquina), y lo que es mejor aún, con finales totalmente imprevistos, de los que descolocan; de los que a uno le dejan aún más enganchado, pensando en el porqué de aquello que trate, en sus personajes, en el mismo autor, sensitivo e inteligente.

Este «Un año de palabras» cuenta con doce cuentos, escritos uno por cada mes del año. Asimismo, tras los cuentos, viene lo que se ha denominado como Las series, con tres historias más extensas, y tras ellas, Retazos: breves que, según cuenta Juan Laguna, fueron escritos en este mismo período de tiempo en el taller de literatura de OcioJoven.

Y bien, vayamos al contenido. El primero de los doce cuentos, «Se le oía cantar», es una impactante historia de ciencia ficción donde la humanidad verdaderamente parece haber evolucionado. Nuestra sociedad, se entiende a sí misma, se respeta y lucha por su estilo de vida sano, limpio, transparente, pacífico... Eso sí, esto ha de volver a hacerlo tras vérselas con otra raza, la tauri, que en un primer momento no opina lo mismo pero que, poco a poco y tras ser doblegada por los humanos, empieza a hacerlo. Dicha historia gira en torno a los pensamientos de un historiador; cómo analiza éste el pasado de la humanidad, la posterior lucha contra la raza tauri, la actualidad en la que intentan convivir como mejor saben, pero sobre todo, es una historia que gira en torno a esa manía que tenemos de juzgar sin saber, de creernos la historia según nos la cuentan. Nachob, saca además a relucir la hipocresía humana, los intereses por encima de todo, pero también nos habla de los verdaderos héroes, de la nobleza, de la esperanza…

En «El tirano», nos encontramos una especie de agente secreto cuya misión es terminar con la existencia del gran tirano, un auténtico dictador que ha aprovechado la división creada por dos bandos políticos para hacer de las suyas. Cuando intenta cumplir con su misión, se topa con su igual en el otro bando y ambos unen fuerzas para intentar terminar con tan indeseable personaje. ¡Qué bonito, qué idílico! Salvo que dentro de la imaginación de Nachob las cosas nunca son lo que parecen. Así, nada sale como se espera y los dos protagonistas iniciales deben pasar por aquello que otros pasaron, o esa es la idea porque, hasta aquí, contemplaremos toda una historia de aventuras y descubrimientos, después, el lado oscuro y más cruel de la humanidad. Aquel que sale a relucir cuando se dispone de poder; el gusto por abusar de los más débiles. Aunque, como siempre, todo sufrirá una nueva vuelta de tuerca y nada será lo que parece, ni nadie será quién cree ser…

La tercera en discordia, como se suele decir, es «El encuentro», donde el narrador de los acontecimientos se cruza y de paso recuerda la vida y relación que tuvo con un extraño individuo. El típico personaje excéntrico del que nadie quiere saber nada, con quien nadie quiere estar, y del que todo el mundo se ríe por el simple hecho de ser distinto… No se puede decir mucho más de «El encuentro», puesto que se trata de una historia bastante corta y sin más trama que el pasado de ambos (lo que resulta bastante atractivo de por sí), aderezado con un final de nuevo inesperado.

«No hay prisa» vuelve a mostrarnos cómo Nachob gusta de enredar la madeja y jugar, tanto con las situaciones que maneja como con los sentimientos del lector. Tenemos al protagonista; un hombre vencido por la vida, y esa misma noche, por la tormenta. Éste, decide parar y hospedarse en un motel. Por accidente, termina encontrando la cartera del anterior ocupante de la habitación y empieza a estudiar la personalidad de su dueño. Éste, tenía la cartera llena de fotos, recortes de periódicos, anotaciones… ¿quién se puede esconder tras tanto escrúpulo? Lo averiguaremos, por supuesto, y también que a veces el destino pone al gato donde, irremediablemente, ha de ser cazado.

«Dios es un cruel amante», sin embargo, aunque también es una historia de misterio y con terroríficos puntos que coinciden con nuestra grotesca realidad, es tierno, triste, y por supuesto aleccionador (o como poco hace reflexionar). En él, nos encontramos en una sala llena de incubadoras y en ellas, pequeños prematuros con problemas de salud. Los narradores, son los padres de un bebé que observan y terminan conociendo la historia de otro bebé, próximo al suyo, y por extensión la historia de la madre. Ésta, una mujer venida de los países del este, pasará por todo tipo de penurias, conociendo a toda clase de tipos, algunos realmente increíbles y milagrosos… De nuevo Nachob configura una historia donde tira de los sentimientos y la realidad, plasmándolos en una historia por momentos conmovedora, por momentos espeluznante, en todo momento cautivadora.

En «Reflejos en un espejo cóncavo» damos con otra situación que, desgraciadamente, hoy en día se da mucho: el protagonista se ha separado de su mujer y dada la situación económica en la que ha quedado, se ve obligado a volver a vivir en la casa de sus padres. Cuando vuelve a ésta, le ocurre lo que a todos los que nos independizamos, pero multiplicado por mil: todo es más pequeño, lúgubre, viejo de lo que recordaba, por ello empieza a sentirse mal, a tener pesadillas. Su antigua casa le transmite muy malas vibraciones, y todo se complica cuando, en un ataque de curiosidad, el protagonista pregunta a sus progenitores por qué en su habitación siempre hubo dos camas…

Magnífico relato, donde el autor describe, como siempre, con gran verosimilitud las sensaciones que la casa transmite a su personaje, sin contar y, ni qué decir tiene, el sufrimiento y el terror…

En el «Odio», a pesar de que desde un primer momento se desvela el terrible final, tal vez tengamos una de las historias más desgarradoras. Con menos sangre que otras. Menos vísceras, sí, pero más visceral. El «Odio» habla de una situación catastrófica, de un matrimonio de pueblo: él, alcohólico, ella, huraña y amargada. Habla de las apariencias, de las cosas que no se dicen, de los sentimientos que se callan o reprimen, de cómo nos dejamos llevar a veces hasta llagar a cavar nuestra propia tumba.

Es inquietante, real, triste, muy, muy triste.

«Ratas» también es de lo mejorcito, aunque cierto es que elegir lo mejorcito en «Un año de palabras» es un tanto difícil. El protagonista de la historia es más que el simple policía corrupto. Es una auténtica sanguijuela: mujeriego, alcohólico, perverso hasta decir basta... Lo peor de todo, es saber de primera mano no solo que es una mala persona, sino que le gusta serlo y hace todo lo posible por ello, metiendo en líos a todo aquél que puede e intentando sacar además beneficio. Pero, hete aquí que todo cambia cuando el próximo lío en el que se ve inmerso parece enredarle cada vez más: encuentran a una prostituta con la que estuvo hacía horas, totalmente destrozada… y eso es solo el principio, el iceberg de la auténtica pesadilla que se esconde detrás de lo que le espera.

«Donde anidan los mirlos» es, tal y como describe su presentación, la historia de David y Goliat. 2 líderes. 2 bandos. El enfrentamiento final donde, el gigante, como es de suponer, lleva todas las de ganar… La historia de Nachob refleja la humanidad, la humildad y el sufrimiento del que se sabe perdedor. También habla de cómo la suerte y el destino pueden dar un duro revés a aquél que se confía.

Cierto es que «Donde anidan los mirlos» no es de mis preferidas, pero eso no implica que no sea bella, como el resto.

«Un segundo de vida» se deshace, se hace, y se vuelve a deshacer, y entre medias, nos enseña que cada decisión importa; que aquellos sentimientos que entregamos y recibimos, son fundamentales, sobre todo, en nuestros primeros años de vida. Vicente, Susana, y Emilio, son tres sufridores natos. Personas que durante la mayor parte de su existencia se han sentido solas, se han hecho a sí mismas; moldeándose merced al sufrimiento, al olvido, a la soledad. Tres historias que se unen a bordo de un avión, cuando un sobresalto les hace sentirse humanos y requerir a otros como ellos…

«Máquinas y hombres» es un lujo a nuestro alcance, al menos al alcance de aquellos que bebemos los vientos por las historias asimovianas; por las historias de robots. Se trata de cinco cuentos futurianos: «As time goes by (el dolor no es bueno)», donde desaparece un ser humano (cosa harto imposible dado que todos llevan un implante que impide su pérdida), o incluso en teoría podría haber sido asesinado. Un detective junto con su robot, ha de personarse en el lugar del crimen... «La mala hierba» habla de una inteligencia artificial denominada CAO, diseñada para el cuidado de los seres humanos. CAO ha de hacer nuestra vida más fácil; impedir incluso la toma de dificultosas decisiones, trasladándonos así, de algún modo, al paraíso en la Tierra. Bien, cuando intentan poner a CAO en funcionamiento, ésta, en pocos segundos, termina fundiéndose…

En «Una decisión lógica» también tenemos la participación de una maravillosa inteligencia artificial: ARES. Ésta, es diseñada para evitar una invasión extraterrestre. Su objetivo: salvar al ser humano, derrotar al enemigo. Pero hay formas tan penosas de esperar a que una misión termine de ser cumplida…

Por el contrario, en «Mundo humano (almas de metal)», tenemos una historia oscura, llena de sufrimiento y perversidad. Un planeta en terraformación deja de comunicarse con La Flota. Por esta razón, envían un comando de rescate que, desgraciadamente, sólo se encuentra edificios en ruinas, restos de máquinas… caos absoluto.

Por último, venido de un bebé fruto de la unión de una pareja hippie, nace en «Evolución» Lucifer; un pobre hombre que a pesar de todo evoluciona, eso sí, pasando por todos los estados y sectas, probando toda clase de drogas… aun así, de un modo un tanto casual, llega al futuro, a la hipertecnificación y a las macromentes, y una vez aquí, volvemos a empezar.

«Cómo decirle que le quiero» es el último de los doce relatos que, ya nada tiene que ver con las historias de robots o, incluso, con las otras diez entregas. Éste, es el único de los doce que no es presentado salvo por el autor. Se trata de fantasía pura, dedicado a una persona que, ahora nos consta, es fantástica e imprescindible para este autor. Desde luego es divertida, ocurrente, y tierna, y como cabe esperar, tiene moraleja y una gran verdad: al autor de este simpático cuento le huelen los pies, seguro.

Tras los doce cuentos, llegan las novelas cortas, o relatos bastante extensos...

En primer lugar, en «Horda», todos los pueblos de la Tierra se unen para combatir a un enemigo común: la Horda. La contienda final, tendrá lugar en la Capital del universo, en la ciudad de Asgarmunt, Centro del mundo. «Horda» nos desvela, entre otros misterios, el cruento enfrentamiento entre el bien y el mal, del que se destila odio, mucho odio, y deshumanización por encima de todo. Pero también todo lo contrario, y además, sacrificio, amor…

«Horda», pasaje a pasaje, personaje a personaje, termina transformándose en toda una belleza; aquello que la fantasía épica debería darnos, además aquí, de manera concentrada.

«Vlad» tuve la suerte de leerlo y seleccionarlo junto a mis compañeros para la antología Fabricantes de sueños de este año 2008. Al principio me sorprendió porque contaba una historia que conocía hasta la saciedad. La historia de Vlad Draculea, pero contado a lo Coppola, tan a lo Coppola, que el inicio de la película está perfectamente calcado. Eso sí, la historia continúa siguiendo su propio camino; el camino de la oscuridad, el sufrimiento, el anhelo, pero también la muerte y la sangre, sobreviviendo, el personaje, a lo largo de los años; la historia, a lo largo de las páginas, todo ello, a lo largo de un par de géneros.

«Invasión» también he tenido tiempo de disfrutarlo fuera del papel. Es una historia impactante sobre viajes en el tiempo, invasiones tal vez alienígenas, asesinatos, fenómenos físicos, e injusticia: injusticia y egoísmo por parte de un pueblo hacia otro. La intención de sobrevivir a toda costa...

Tras Las series, van los Retazos; «Cerezos en flor», «La mirada de los muertos», «Fría luna de invierno», «Retrato en gris», «Los otros dioses», «Y una suave inconsciencia al apretar el gatillo», «La tormenta», «Le gustaba verla sonreír», y «Lo sublime», pero por no hacer del comentario de «Un año de palabras» todo un testamento, habría que decir de ellos que pocos pertenecen a nuestros géneros pero que, igualmente, nos muestran esa genialidad de Nachob tanto contándonos historias de amor y derrota samurai, como aquellas que nos cuentan cómo son y qué transmiten las miradas de los soldados que se saben a punto de morir; pasando por los pensamientos de un hombre desolado, al borde del suicidio, la desesperanza de los héroes, y de aquellos otros que terminan siéndolo dadas sus decisiones desesperadas… De extraños dioses que hacen negocio de sus creaciones, o el colmo del rizo; construir una historia creada a partir de 3 imágenes, otra, inmersa en el género que a Nachob pero se le da: el lírico, pasando por un relato totalmente musical: con imágenes y sonido, y que podría ser un hecho real (¿por qué no?), hasta llegar por último a la última historia, construida partiendo de tres premisas: incluir en ella a un enano, un ruso, y un dinosaurio…

Casi por último… cuenta Juan Laguna en su prólogo que a pesar de que tal vez podría resultar excesivo incluirlo absolutamente todo en un único volumen, sin hacer criba, sin trampa ni cartón, él no lo ve así. Tras su lectura, yo opino exactamente igual: no hay nada que dejar fuera. De haberlo hecho, «Un año de palabras» hubiera perdido sentido. El esfuerzo y la tenacidad, no se percibirían del mismo modo. También el efecto que consigue crear en el lector, el poso imaginativo que deja, se desvirtuaría; perdiéndose asimismo alguna de sus bellas historias o incluso su acompañamiento, que por otro lado resulta sublime, conmovedor; me refiero a las presentaciones de casi todos los trabajos, por distintos autores y/o lectores de OcioJoven, y también gracias a sus impresionantes ilustraciones.

«Un año de palabras» es pues un trabajo excepcional en todo su conjunto. Y Nachob, un contador de historias como la copa de un pino.

 

publicado en diciembre de 2008

| Nachob (Nacho Becerril) | Editorial / Colección: VisionNet | Ilustradores: Javier Bernardino Alonso, Beatriz Iglesias |
| Edición: Rústica | ISBN: 978-84-9886-041-2 | Año publicación: 2008 | 380 páginas |
 
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