Y
bien, vayamos al contenido. El primero de los
doce cuentos, «Se le oía
cantar», es una impactante historia
de ciencia ficción donde la humanidad verdaderamente
parece haber evolucionado. Nuestra sociedad, se
entiende a sí misma, se respeta y lucha
por su estilo de vida sano, limpio, transparente,
pacífico... Eso sí, esto ha de volver
a hacerlo tras vérselas con otra raza,
la tauri, que en un primer momento no opina lo
mismo pero que, poco a poco y tras ser doblegada
por los humanos, empieza a hacerlo. Dicha historia
gira en torno a los pensamientos de un historiador;
cómo analiza éste el pasado de la
humanidad, la posterior lucha contra la raza tauri,
la actualidad en la que intentan convivir como
mejor saben, pero sobre todo, es una historia
que gira en torno a esa manía que tenemos
de juzgar sin saber, de creernos la historia según
nos la cuentan. Nachob, saca además a relucir
la hipocresía humana, los intereses por
encima de todo, pero también nos habla
de los verdaderos héroes, de la nobleza,
de la esperanza…
En «El tirano»,
nos encontramos una especie de agente secreto
cuya misión es terminar con la existencia
del gran tirano, un auténtico dictador
que ha aprovechado la división creada por
dos bandos políticos para hacer de las
suyas. Cuando intenta cumplir con su misión,
se topa con su igual en el otro bando y ambos
unen fuerzas para intentar terminar con tan indeseable
personaje. ¡Qué bonito, qué
idílico! Salvo que dentro de la imaginación
de Nachob las cosas nunca son lo que parecen.
Así, nada sale como se espera y los dos
protagonistas iniciales deben pasar por aquello
que otros pasaron, o esa es la idea porque, hasta
aquí, contemplaremos toda una historia
de aventuras y descubrimientos, después,
el lado oscuro y más cruel de la humanidad.
Aquel que sale a relucir cuando se dispone de
poder; el gusto por abusar de los más débiles.
Aunque, como siempre, todo sufrirá una
nueva vuelta de tuerca y nada será lo que
parece, ni nadie será quién cree
ser…
La tercera en discordia, como
se suele decir, es «El encuentro»,
donde el narrador de los acontecimientos se cruza
y de paso recuerda la vida y relación que
tuvo con un extraño individuo. El típico
personaje excéntrico del que nadie quiere
saber nada, con quien nadie quiere estar, y del
que todo el mundo se ríe por el simple
hecho de ser distinto… No se puede decir
mucho más de «El encuentro»,
puesto que se trata de una historia bastante corta
y sin más trama que el pasado de ambos
(lo que resulta bastante atractivo de por sí),
aderezado con un final de nuevo inesperado.
«No hay prisa»
vuelve a mostrarnos cómo Nachob gusta de
enredar la madeja y jugar, tanto con las situaciones
que maneja como con los sentimientos del lector.
Tenemos al protagonista; un hombre vencido por
la vida, y esa misma noche, por la tormenta. Éste,
decide parar y hospedarse en un motel. Por accidente,
termina encontrando la cartera del anterior ocupante
de la habitación y empieza a estudiar la
personalidad de su dueño. Éste,
tenía la cartera llena de fotos, recortes
de periódicos, anotaciones… ¿quién
se puede esconder tras tanto escrúpulo?
Lo averiguaremos, por supuesto, y también
que a veces el destino pone al gato donde, irremediablemente,
ha de ser cazado.
«Dios es un cruel
amante», sin embargo, aunque también
es una historia de misterio y con terroríficos
puntos que coinciden con nuestra grotesca realidad,
es tierno, triste, y por supuesto aleccionador
(o como poco hace reflexionar). En él,
nos encontramos en una sala llena de incubadoras
y en ellas, pequeños prematuros con problemas
de salud. Los narradores, son los padres de un
bebé que observan y terminan conociendo
la historia de otro bebé, próximo
al suyo, y por extensión la historia de
la madre. Ésta, una mujer venida de los
países del este, pasará por todo
tipo de penurias, conociendo a toda clase de tipos,
algunos realmente increíbles y milagrosos…
De nuevo Nachob configura una historia donde tira
de los sentimientos y la realidad, plasmándolos
en una historia por momentos conmovedora, por
momentos espeluznante, en todo momento cautivadora.
En «Reflejos en
un espejo cóncavo» damos
con otra situación que, desgraciadamente,
hoy en día se da mucho: el protagonista
se ha separado de su mujer y dada la situación
económica en la que ha quedado, se ve obligado
a volver a vivir en la casa de sus padres. Cuando
vuelve a ésta, le ocurre lo que a todos
los que nos independizamos, pero multiplicado
por mil: todo es más pequeño, lúgubre,
viejo de lo que recordaba, por ello empieza a
sentirse mal, a tener pesadillas. Su antigua casa
le transmite muy malas vibraciones, y todo se
complica cuando, en un ataque de curiosidad, el
protagonista pregunta a sus progenitores por qué
en su habitación siempre hubo dos camas…
Magnífico relato, donde
el autor describe, como siempre, con gran verosimilitud
las sensaciones que la casa transmite a su personaje,
sin contar y, ni qué decir tiene, el sufrimiento
y el terror…
En el «Odio»,
a pesar de que desde un primer momento se desvela
el terrible final, tal vez tengamos una de las
historias más desgarradoras. Con menos
sangre que otras. Menos vísceras, sí,
pero más visceral. El «Odio»
habla de una situación catastrófica,
de un matrimonio de pueblo: él, alcohólico,
ella, huraña y amargada. Habla de las apariencias,
de las cosas que no se dicen, de los sentimientos
que se callan o reprimen, de cómo nos dejamos
llevar a veces hasta llagar a cavar nuestra propia
tumba.
Es inquietante, real, triste,
muy, muy triste.
«Ratas»
también es de lo mejorcito, aunque cierto
es que elegir lo mejorcito en «Un
año de palabras» es un tanto
difícil. El protagonista de la historia
es más que el simple policía corrupto.
Es una auténtica sanguijuela: mujeriego,
alcohólico, perverso hasta decir basta...
Lo peor de todo, es saber de primera mano no solo
que es una mala persona, sino que le gusta serlo
y hace todo lo posible por ello, metiendo en líos
a todo aquél que puede e intentando sacar
además beneficio. Pero, hete aquí
que todo cambia cuando el próximo lío
en el que se ve inmerso parece enredarle cada
vez más: encuentran a una prostituta con
la que estuvo hacía horas, totalmente destrozada…
y eso es solo el principio, el iceberg de la auténtica
pesadilla que se esconde detrás de lo que
le espera.
«Donde anidan los
mirlos» es, tal y como describe
su presentación, la historia de David y
Goliat. 2 líderes. 2 bandos. El enfrentamiento
final donde, el gigante, como es de suponer, lleva
todas las de ganar… La historia de Nachob
refleja la humanidad, la humildad y el sufrimiento
del que se sabe perdedor. También habla
de cómo la suerte y el destino pueden dar
un duro revés a aquél que se confía.
Cierto es que «Donde
anidan los mirlos» no es de mis
preferidas, pero eso no implica que no sea bella,
como el resto.
«Un segundo de
vida» se deshace, se hace, y se
vuelve a deshacer, y entre medias, nos enseña
que cada decisión importa; que aquellos
sentimientos que entregamos y recibimos, son fundamentales,
sobre todo, en nuestros primeros años de
vida. Vicente, Susana, y Emilio, son tres sufridores
natos. Personas que durante la mayor parte de
su existencia se han sentido solas, se han hecho
a sí mismas; moldeándose merced
al sufrimiento, al olvido, a la soledad. Tres
historias que se unen a bordo de un avión,
cuando un sobresalto les hace sentirse humanos
y requerir a otros como ellos…
«Máquinas
y hombres» es un lujo a nuestro
alcance, al menos al alcance de aquellos que bebemos
los vientos por las historias asimovianas; por
las historias de robots. Se trata de cinco cuentos
futurianos: «As time goes by (el
dolor no es bueno)», donde desaparece
un ser humano (cosa harto imposible dado que todos
llevan un implante que impide su pérdida),
o incluso en teoría podría haber
sido asesinado. Un detective junto con su robot,
ha de personarse en el lugar del crimen... «La
mala hierba» habla de una inteligencia
artificial denominada CAO, diseñada para
el cuidado de los seres humanos. CAO ha de hacer
nuestra vida más fácil; impedir
incluso la toma de dificultosas decisiones, trasladándonos
así, de algún modo, al paraíso
en la Tierra. Bien, cuando intentan poner a CAO
en funcionamiento, ésta, en pocos segundos,
termina fundiéndose…
En «Una decisión
lógica» también tenemos
la participación de una maravillosa inteligencia
artificial: ARES. Ésta, es diseñada
para evitar una invasión extraterrestre.
Su objetivo: salvar al ser humano, derrotar al
enemigo. Pero hay formas tan penosas de esperar
a que una misión termine de ser cumplida…
Por el contrario, en «Mundo
humano (almas de metal)», tenemos
una historia oscura, llena de sufrimiento y perversidad.
Un planeta en terraformación deja de comunicarse
con La Flota. Por esta razón,
envían un comando de rescate que, desgraciadamente,
sólo se encuentra edificios en ruinas,
restos de máquinas… caos absoluto.
Por último, venido de
un bebé fruto de la unión de una
pareja hippie, nace en «Evolución»
Lucifer; un pobre hombre que a pesar de todo evoluciona,
eso sí, pasando por todos los estados y
sectas, probando toda clase de drogas… aun
así, de un modo un tanto casual, llega
al futuro, a la hipertecnificación y a
las macromentes, y una vez aquí, volvemos
a empezar.
«Cómo decirle
que le quiero» es el último
de los doce relatos que, ya nada tiene que ver
con las historias de robots o, incluso, con las
otras diez entregas. Éste, es el único
de los doce que no es presentado salvo por el
autor. Se trata de fantasía pura, dedicado
a una persona que, ahora nos consta, es fantástica
e imprescindible para este autor. Desde luego
es divertida, ocurrente, y tierna, y como cabe
esperar, tiene moraleja y una gran verdad: al
autor de este simpático cuento le huelen
los pies, seguro.
Tras los doce cuentos, llegan
las novelas cortas, o relatos bastante extensos...
En primer lugar, en «Horda»,
todos los pueblos de la Tierra se unen para combatir
a un enemigo común: la Horda.
La contienda final, tendrá lugar en la
Capital del universo, en la ciudad de Asgarmunt,
Centro del mundo. «Horda»
nos desvela, entre otros misterios, el cruento
enfrentamiento entre el bien y el mal, del que
se destila odio, mucho odio, y deshumanización
por encima de todo. Pero también todo lo
contrario, y además, sacrificio, amor…
«Horda»,
pasaje a pasaje, personaje a personaje, termina
transformándose en toda una belleza; aquello
que la fantasía épica debería
darnos, además aquí, de manera concentrada.
«Vlad»
tuve la suerte de leerlo y seleccionarlo junto
a mis compañeros para la antología
Fabricantes de sueños de este año
2008. Al principio me sorprendió porque
contaba una historia que conocía hasta
la saciedad. La historia de Vlad Draculea,
pero contado a lo Coppola, tan a lo Coppola,
que el inicio de la película está
perfectamente calcado. Eso sí, la historia
continúa siguiendo su propio camino; el
camino de la oscuridad, el sufrimiento, el anhelo,
pero también la muerte y la sangre, sobreviviendo,
el personaje, a lo largo de los años; la
historia, a lo largo de las páginas, todo
ello, a lo largo de un par de géneros.
«Invasión»
también he tenido tiempo de disfrutarlo
fuera del papel. Es una historia impactante sobre
viajes en el tiempo, invasiones tal vez alienígenas,
asesinatos, fenómenos físicos, e
injusticia: injusticia y egoísmo por parte
de un pueblo hacia otro. La intención de
sobrevivir a toda costa...
Tras Las series, van los Retazos;
«Cerezos en flor»,
«La mirada de los muertos»,
«Fría luna de invierno»,
«Retrato en gris»,
«Los otros dioses»,
«Y una suave inconsciencia al apretar
el gatillo», «La
tormenta», «Le gustaba
verla sonreír», y «Lo
sublime», pero por no hacer del
comentario de «Un año de palabras»
todo un testamento, habría que decir de
ellos que pocos pertenecen a nuestros géneros
pero que, igualmente, nos muestran esa genialidad
de Nachob tanto contándonos historias de
amor y derrota samurai, como aquellas que nos
cuentan cómo son y qué transmiten
las miradas de los soldados que se saben a punto
de morir; pasando por los pensamientos de un hombre
desolado, al borde del suicidio, la desesperanza
de los héroes, y de aquellos otros que
terminan siéndolo dadas sus decisiones
desesperadas… De extraños dioses
que hacen negocio de sus creaciones, o el colmo
del rizo; construir una historia creada a partir
de 3 imágenes, otra, inmersa en el género
que a Nachob pero se le da: el lírico,
pasando por un relato totalmente musical: con
imágenes y sonido, y que podría
ser un hecho real (¿por qué no?),
hasta llegar por último a la última
historia, construida partiendo de tres premisas:
incluir en ella a un enano, un ruso, y un dinosaurio…
Casi por último…
cuenta Juan Laguna en su prólogo que a
pesar de que tal vez podría resultar excesivo
incluirlo absolutamente todo en un único
volumen, sin hacer criba, sin trampa ni cartón,
él no lo ve así. Tras su lectura,
yo opino exactamente igual: no hay nada que dejar
fuera. De haberlo hecho, «Un año
de palabras» hubiera perdido sentido.
El esfuerzo y la tenacidad, no se percibirían
del mismo modo. También el efecto que consigue
crear en el lector, el poso imaginativo que deja,
se desvirtuaría; perdiéndose asimismo
alguna de sus bellas historias o incluso su acompañamiento,
que por otro lado resulta sublime, conmovedor;
me refiero a las presentaciones de casi todos
los trabajos, por distintos autores y/o lectores
de OcioJoven,
y también gracias a sus impresionantes
ilustraciones.
«Un año
de palabras» es pues un trabajo
excepcional en todo su conjunto. Y Nachob, un
contador de historias como la copa de un pino.
publicado en
diciembre de 2008
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