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Adolfo y sus monstruos Por: Pily B.

Más que describirlo, tal vez lo adecuado sería contemplarlo; admirarlo tranquilamente, ser consciente de cada detalle. Todo eso podría ser en sí mismo una experiencia de lo más satisfactoria. Quién sabe, puede que incluso más que leerlo. “Adolfo y sus monstruos”, lo que empezó siendo el proyecto de fin de carrera de su autor, el auténtico, Joaquín Rosado, es una maravilla visual. Pero maravilla de verdad, aunque aberrante en su mayor parte dado el tipo de criaturas que aparecen en él.

Como decía, “Adolfo y sus monstruos” fue en el pasado el proyecto de fin de carrera de su autor, y su primer trabajo publicado, dicho sea de paso. Por lo tanto, y desde aquí; enhorabuena al autor.

Adolfo y sus monstruos”, por otra parte, está presentado como un cuaderno de fantasía, e incluso de terror, donde podremos disfrutar de la exasperada imaginación de un niño; de su mundo interior y, puede, incluso exterior.

Pero sin lugar a dudas, el formato de la historia es lo que más llama la atención. Y es que es tremendamente original…

Como digo, se trata de un universo presentado a modo de cuaderno infantil (fotocopiado): apaisado, ilustrado de cabo a rabo, e incluso escrito a mano; con sus rayitas y margen incluidos: como en los cuadernos de verdad, vaya. ¡Y qué letra tan bonita y cuidada! (¿Será un formato a modo de escritura manual? Desde luego nada tiene que ver con la de la portada, por otra parte mucho más creíble...)

Es bello, muy bello. Cumpla éste nuestras expectativas o no, desde luego es un magnífico regalo para la vista.

Ahora bien, volviendo a las expectativas, desde luego “Adolfo y sus monstruos” sobre la imaginativa y la belleza, a cerca de la fantasía y la onírica, es muy superior. La narración también es hermosa, aun cuando su forma de expresarse en ocasiones llegue a ser un poco más adulta de lo esperado: aun así, es extraordinaria tanto por el nivel de detalle como por el mundo que visualiza el pequeño protagonista: oscuro, enfermizo, deformado, pero con un toque de magia positiva, siempre ingenua, que es lo que en definitiva más lo refuerza.

Así las cosas, y tal y como decía, si lo que se espera es terror puro (yo así lo hacía), desde luego no se va a encontrar, a no ser que una servidora haya perdido la capacidad de asustarse fácilmente (cosa que dudo).

Pero, ¿por qué? ¿Por qué esperar aterrorizarse por medio de un libro infantil?

Para empezar, por esto:

Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
y hay cuatro monstruos
que de noche me aguardan

El de mi izquierda,
con su modo de reír,
siempre provoca
que me haga pipí.

Dos a mis pies
que me vigilan,
ellos no ríen sólo me miran

Maldicen mis sueños
con canciones extrañas
que hablan de ratas,
serpientes y arañas

Si nos ponemos en el pellejo de aquel niño que éramos; en la mente de aquel o aquella que hace años aún mojaba la cama, entonces llegaremos a la conclusión de que la poesía se las trae…También, por la imagen que transmite en sí el cuaderno. Todo él, tras una rápida ojeada, se muestra lúgubre, deteriorado, viejo. Asimismo, el lector es informado de que va leer las notas de un niño que está muerto: su diario de un año atrás hasta la fecha de su muerte. Por lo tanto, ¿no son estas causas más que suficientes para pensar que se va a leer terror?

No obstante, esta preciosidad -entretenida e ingeniosa: un albergue de lo más adecuado para la imaginación de niños y grandes-, no supera salvo el listón de la fantasía. Por tanto e, insisto, si lo que se espera es disfrutar de los pensamientos y visualizaciones (nada corrientes) de un infante, rodeado de esclarecedoras ilustraciones: entretenimiento puro y duro, “Adolfo y sus monstruos” es el volumen adecuado. Pero si por el contrario se busca terror, e, insisto, a no ser que yo haya perdido esa capacidad de asustarme, “Adolfo y sus monstruos” no es el libro más adecuado. Aunque, bien mirado, tal vez Joaquín solo busque el terror infantil, en cuyo caso no puedo opinar sino del lado fantástico de, repito, este maravilloso regalo visual: esta siempre agradable experiencia, una experiencia cargada asimismo de amistad y cariño, lo que siempre es humano y bello, a pesar de los monstruos que nos rodeen.

Y ahora que lo pienso, ¿es que hay algo más terrorífico que descubrir la soledad?: ¿las espaldas de tus amigos, sean estas feas y deformes? ¿La propia inadaptación al mundo que nos rodea?

Ciertamente, me he debido confundir. Seguramente si uno toma tal cual la lectura de “Adolfo y sus monstruos”, sin géneros preconcebidos, extrayendo asimismo su lado más infantil, se deleitará en las aberraciones imaginadas por la mente de este niño, llegando a una certera conclusión: qué bella y efímera fantasía oscura es este cuadernillo póstumo.

Así es, con susto o sin él, cuánto lo he disfrutado.

| Joaquín Rosado | Ilustración y diseño de cubierta: Joaquín Rosado | ISBN: 978-84-96013-43-8 | Octubre 2007 |
| Grupo Editorial A.J.E.C | 68 páginas | 9 € |
 
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