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Metempsicosis Más sobre Sergio Alejandro Amira

-¿Tienes algún problema, Paz? Sabes que puedes confiar en mí.

De esta forma comenzó el interrogatorio por parte de Brenda. «Puedes confiar en mí», aseguraba. ¿Era posible acaso para Luvah confiar en Brenda, en Tharmas, en alguien? No estaba segura de nada, su percepción espacio-temporal era tan limitada... imaginen la esencia de un ser humano trasvasijada al cuerpo de una cucaracha, no es necesario siquiera imaginarlo, basta leer a Kafka para entender lo limitado que Luvah se sentía. Atrapado en la carne, desprovisto de todas las habilidades angélicas. ¿Era esta una misión o un castigo? Sólo Urizen lo sabía, y Urizen es Todo-en-uno y uno-en-todo y para Él no existen limitaciones ni de tiempo ni de espacio. Urizen es la fuente y el origen, Urizen es un padre celoso y castigador y todos sus hijos le respetan y temen. Pero incluso Urizen tiene un padre del que sigue buscando aprobación tras eones y eso Luvah lo sabe, y Tharmas y Urthona lo saben. Juntos los tres podrían haber derrocado a Urizen, pero el vil rastrero y cobarde de Urthona jamás tendría el valor de enfrentar a su padre. «Tal vez nos ha delatado con Urizen», pensaba Luvah, «tal vez por eso nos ha enviado a esta misión absurda aprisionándonos en la materia, en el tiempo y la palabra».

-¡Dios, hay que ver cómo es la gente de desconsiderada! -exclamó Brenda atrayendo nuevamente la atención de su amiga-. Espérame aquí, ya regreso.

Brenda se levantó de la mesa donde ambas estaban disfrutando sus daikiris de frutas y una tabla que incluía cinco variedades de queso mientras Luvah fijaba su atención en los recién llegados. Una pareja joven se había sentado en una de las mesas contrarias. ¿Qué había molestado tanto a Brenda? Luvah observó a la pareja pero no pudo detectar nada fuera de lo común. Ambos eran atractivos y jóvenes, con toda una vida por delante como Adán y Eva hasta que lo arruinaron todo comiendo el fruto prohibido del árbol de la ciencia.

-Me he quejado con el administrador -dijo Brenda bloqueando la vista de Luvah y tomando asiento. Antes que ella pudiese preguntarle a su amiga cuál era el motivo de su queja vio cómo el mesero se acercaba a la pareja y les decía algo. Ambos apagaron sus cigarrillos y se fueron a instalar a las mesas de la entrada. La chica le prodigó una mirada de odio a Luvah, ¿qué culpa tenía él en todo esto?

-Me pregunto cuándo van a promulgar esa dichosa ley-antitabacos.

-Estaban fumando -dijo Luvah cayendo en cuenta de lo ocurrido-. Eso es lo que te molestó, ¿verdad?

-¡Por supuesto!, pedí sector no-fumadores, ni tú ni yo fumamos. Entonces no tenemos porqué soportar el humo de nadie en nuestros pulmones.

-Podrías haber hablado con ellos para que dejaran de fumar.

-No, son adictos. Los adictos no entienden razones. Por lo demás es responsabilidad del local que les permite fumar dóode no deben. Cuando la nueva ley se promulgue, todos los pubs y restoranes deberán decidir si son para fumadores o no-fumadores. No habrá ambientes separados ya que eso como ves, en la práctica no sirve de nada.

Luvah se encogió de hombros y dio otro sorbo a su daikiri de frambuesa. Brenda era así, severa e inflexible en cuanto a las normas, cualidades muy positivas en el trabajo que ambas desempeñaban.

-Antes que esos nos interrumpieran te estaba preguntando qué te ocurre -dijo Brenda.

-¿A mí? -preguntó Paz.

-Sí, a ti, tu proceder y actitud son cada vez más erráticos y distantes. Como si tu mente en realidad estuviera en algún remoto plano existencial.

-¿Tú crees? -respondió Luvah y apresuró otro trago del daikiri mientras pensaba en ese lugar donde su mente efectivamente estaba la mayor parte del tiempo. Porque esta vida que ahora vivía era como un pálido sueño, un pobre simulacro de la realidad que ella y Tharmas conocían, una realidad tan vasta que pocos en la Tierra habían siquiera podido entrever un infinitesimal fragmento de ella mediante el orgasmo o el delirio. Porque para penetrar en Golgonooza el ser humano debe vaciar su mente y dejarse caer de un sueño a otro y otro hasta alcanzar la zona del terror cósmico, donde los instintos cortan todos los puentes, donde laten las fuerzas del inconsciente; esa zona donde circulan las secretas fuentes de lo insospechado, donde la poesía busca sus raíces. La mística y la metafísica no eran sino pálidas emanaciones de ese recóndito mundo, así como pálidas imitaciones de los Zoas eran estos seres que ahora habitaban.

Urizen había otorgado a Luvah la identidad de la físico teórico Paz Carvajal, quien se desempeñaba como investigadora asociada en el Departamento de Plasma Termonuclear de la Comisión Chilena de Energía Nuclear. Paz, además, era profesora de laboratorio de física en la Universidad de Chile, mantenía un gato de nombre Beck que era el amo y señor de su casa, estaba haciendo un postgrado y practicaba Tai Chi. Era como si Urizen le hubiese dado a propósito el cuerpo de la mujer con más ocupaciones del mundo para que no tuviese tiempo libre como para preocuparse sobre la misión o el paradero de Tharmas. Pero ya se habían cumplido once meses desde que Luvah y Tharmas fueran transplantados desde la majestuosa y eterna Golgonooza a la patética esfera terrestre. Once meses y Luvah, comenzaba a impacientarse. Cierto es que la tarea que Urizen les encomendó era la de mezclarse entre la gente y pasar desapercibidos hasta que él los sacara de sus sueños, pero aun así la ansiedad carcomía a Luvah. Necesitaba contactar a Tharmas, debía encontrarlo como fuese y juntos hallarían la manera de contactar a Urizen. Sin embargo la tarea era bastante difícil ya que Luvah no poseía el menor indicio sobre la identidad que le había sido asignada a su hermano y mucho menos el sitio donde fuera Urizen le había ordenado establecerse.

-¿Quieres otro daikiri, Paz? -preguntó Brenda-, te lo has bebido casi de un trago.

-Eh, sí -respondió Luvah regresando al aquí y al ahora.

-¿No preferirías mejor un margarita?

-Lo que tú quieras -dijo Luvah y notó que una ligera sonrisa se esbozaba en el rostro de su amiga al tiempo que su ritmo cardíaco aumentaba.

Brenda llamó al mesero y pidió dos margaritas, pese a que aún no terminaba su daikiri de mango. Una vez arribaron los nuevos tragos, retomó la pregunta inicial que Luvah aún no respondía:

-¿Cuál es el problema, Paz?

-¿Problema? -repitió Luvah saboreando la sal pegada al borde de la copa- ¿Por qué lo dices?

-Últimamente estás actuando de forma extraña. Digo, más extraña que de costumbre.

-¿Consideras que actúo de forma extraña?

-Sí, y tienes la mala costumbre de responder las preguntas personales con otras preguntas.

-No me había dado cuenta de ello.

-Son muchas cosas de las que no te has dado cuenta. Como por ejemplo la forma en que te mira el Dr. Osses.

-¿Cómo me mira?

-¿Ves? Ya lo estás haciendo de nuevo.

-Disculpa pero, ¿te ha dicho algo el Dr. Osses?, ¿está inconforme con mi desempeño laboral?

-No se trata de eso, tonta. El Dr. Osses te mira con deseo, hasta con lujuria me atrevería a decir.

-Pero él es un hombre casado, ¿no? Tiene tres hijos, habla de ellos todo el tiempo.

-Eso demuestra que estás con la cabeza en cualquier parte. César abandonó a la bruja de su mujer hace dos meses y desde entonces que está intentando ganar tu atención. ¿No te has dado cuenta o no te interesa en absoluto?

-La verdad es que no soy muy buena para las relaciones interpersonales. Preferiría que hablásemos de otro tema.

-¿De qué quieres que hablemos, Paz?, ¿del trabajo?, ¿de los procesos de ionización en descargas transientes de cátodo hueco?, ¿de la generación, extracción y transporte de haces de partículas cargadas?, ¿de tu gato tal vez?

-Sí, digo... no.

-Disculpa -dijo Brenda posando su mano izquierda sobre la mano derecha de Paz mientras ella se preguntaba de qué se estaría disculpando su colega-. Estoy algo nerviosa... yo...

En vez de terminar la frase, Brenda se bebió el margarita de un sorbo para luego posar la copa de golpe sobre la mesa. Se produjo un silencio. Paz no sabía si hablar o no ni qué decir. Pero Brenda se adelantó:

-¿Hace cuánto estás sola, Paz?

Una pregunta curiosa, pensó Luvah. ¿Tan evidente era su descontento? Decidió responder con la verdad aunque sin proporcionar datos comprometedores.

-Estoy sola hace once meses -respondió Paz-, aunque tengo la sensación que ha sido más, mucho más. El tiempo se arrastra tan lentamente...

-¿Y no lo has vuelto a ver?

-¿A quién?

-¡A tu galán, tonta!

-¿Mi galán? No, no he sabido nada de él desde... desde que nos separamos.

-Pero ardes en deseos por verlo nuevamente, ¿no es así? Sigues enamorada, lo puedo ver en tus ojos. Los ojos no mienten.

-¿Enamorada? -rió Luvah-. No, en absoluto. Él y yo éramos sólo... amigos.

-¿Amigos con ventaja?

-No sé a qué te refieres.

-¿No me digas que nunca lo hicieron?

-¿Hacer qué?

-¡Por Dios!, eres increíble, Paz.

-¿Lo crees así?

-Ahí estás de nuevo respondiéndome con preguntas. Me recuerdas a ese software primitivo programado para pasar por humano.

-¿Qué software era ese?

-ELIZA, un programa elaborado a fines de los 1960's.

-¿Qué te hace pensar que yo actúo de esa forma?

-¿Ves? Esa es la típica respuesta que daría ELIZA.

-Pues no soy ELIZA, te lo aseguro, soy un ser humano de carne y hueso.

-Pues gran parte del tiempo no parece que seas humana. Te mueves con tanta gracia, con tanta eficiencia y lo que dices y lo que haces siempre es tan perfecto. Sólo al hablar de tu vida personal te vuelves humana, te complicas, te contradices, te tornas vulnerable. El resto del tiempo parece como si fueras...

-¿Una máquina?

-No, no una máquina sino un ángel. Eres tan bella... pero no pareces percatarte de ello y eso... eso te hace aún más hermosa.

-¿Lo crees así?

-Por supuesto. ¿Sabes Paz?, el Dr. Osses no es el único enamorado que tienes en el Departamento de Plasma Termonuclear.

-¿No?

-Mira, llevo semanas intentando encontrar la forma de confesarte esto porque la verdad es que, bueno, en realidad es algo complicado ya que nunca había...

Una expresión desconcertada se dibujó en el rostro de Luvah mientras intentaba descifrar lo que su colega intentaba decirle.

-Disculpa, sabía que iba a ocurrir esto -dijo Brenda excusándose al tiempo que sacaba una pequeña libreta de su bolso-. Por eso es que decidí ponerlo en papel, ¿puedo leértelo?

Luvah asintió.

-¿Qué tal si apostamos a lo fortuito? Elevamos lo cotidiano y lo...

En ese momento comenzó a sonar el teléfono móvil de Brenda.

-...hacemos extraordinario -continuó Brenda pero el celular sonaba cada vez más fuerte al interior de su bolso.

-¿No vas a contestar eso? Puede ser importante -observó Luvah.

-Sí, tienes razón -dijo Brenda levantándose mientras se encaminaba hacia el baño de damas.

En ese momento apareció un tipo alto y rubio que se sentó junto a Paz y dijo con voz sugerente:

-Hola preciosa. ¿Qué haces tan sola?

-No estoy sola -comenzó a decir ella cuando fijó sus ojos en los de él. El reconocimiento fue mutuo.

-¿Tharmas?

-¿Luvah?

-Esto está mal -dijo Tharmas incorporándose a toda prisa-, no se supone que...

Brenda apareció entonces interrumpiendo a Tharmas.

-¿Te está molestando este tipo? -dijo con los brazos en jarras.

-No, Brenda, él es... él es mi exnovio.

Un gesto de sorpresa se esculpió en el rostro de la joven doctorada en Física Atómica en la Universidad Católica de Lovaina.

-Vaya, qué coincidencia que se encontraran justo ahora -comentó algo frustrada.

-Sí -afirmó el hombre-, de hecho aún no nos recobramos de la impresión. Soy el Dr. Landsburg, Cristóbal Landsburg a sus órdenes.

-Será mejor que los deje solos -dijo Brenda ignorando al recién llegado e inclinándose para besar a su amiga en la mejilla-. Imagino que tienen mucho de que hablar. Te veo el lunes, Paz. Yo pago la cuenta a la salida.

Tharmas no despegó los ojos de Brenda hasta que abandonó el pub.

-Me gusta tu amiga -dijo finalmente-, pero a ella no le interesan los hombres.

-¿Cómo lo sabes?

-Lenguaje corporal, me he convertido en un gran estudioso del lenguaje corporal de las mujeres. Por cierto, tú no estás nada de mal tampoco. Urizen te proporcionó una anatomía muy agraciada.

-Sí, suelo escuchar eso, sobre todo cuando paso junto a algún edificio en construcción. Pero los recipientes en los que estamos contenidos en estos momentos son lo último que me importa discutir contigo. Necesitaba verte, Tharmas, ya no soporto más la incertidumbre...

-No existe razón alguna para preocuparse, Luvah, después de todo ser un durmiente se trata justamente de eso, infiltrar el objetivo e irse a dormir por un tiempo.

-Pero pueden ser años o siglos -protestó Luvah.

Tharmas se encogió de hombros y, resignado, respondió:

-Con Urizen nunca se sabe. Puede que transcurra un milenio o puede que nos llame mañana. Él es el jefe.

-Es más que eso, es nuestro padre, y un padre no abandona a sus hijos.

Tharmas estalló en carcajadas.

-¿Que es lo tan gracioso? -preguntó Luvah.

-¿No te has enterado de lo que le pasó a Jesús? Porque algo habrás oído sobre el medio hermano de Urizen, ¿no es así?

-Sí, pero él y su padre no me interesan.

-Su padre es nuestro abuelo...

-¡Deberíamos contactar a Urizen, Tharmas!

-¿Cómo? Nos ha despojado de nuestra omnisciencia. Además se supone que los durmientes no deben jamás comunicarse con sus superiores ni obtener información que no provenga del dominio público. Pero por sobre todo, no deben comunicarse con otros agentes que es justamente lo que estamos haciendo ahora.

-¿Crees que este encuentro es casual como dijo Brenda? Bien sabes que las coincidencias no existen. Puede que esto sea obra de Urizen y parte del plan.

-Cómo también puede que no. Lo más adecuado es que continuemos esta charla en otro sitio.

-¿Qué sugieres?

-Vamos a mi casa, tengo el auto estacionado fuera. ¿Andas en vehículo?

-No poseo medio de transporte personal. Llegamos aquí en el de mi amiga.

-Brenda, sí. La que quiere comerte el coño.

-¿Perdón?

-Eso, que tu amiga quiere contigo, Luvah, y no la culpo. ¿Cuántas relaciones sexuales has tenido desde que estamos en la Tierra?

-Ninguna, no me interesa. Me limito a cumplir con las órdenes de Urizen.

-Siempre tan predecible, Luvah. Aunque adoptes forma humana no cambias.

-Más que predecible prefiero pensar en mí como alguien confiable. No por nada Urizen me eligió para bajar a la Tierra. Lo que sigo sin entender es la razón por la cual te incluyó a ti, siempre has sido impredecible y rebelde.

-No es necesario fingir, Luvah. Sabes muy bien que estamos cumpliendo un castigo. Es obvio que Urthona nos traicionó y le fue con el cuento a papi. No existe misión alguna, pero si él cree que esto es un castigo esta muy equivocado ya que yo por lo menos me lo estoy pasando en grande. Pero marchémonos de aquí de una vez por todas.

Ambos caminaron fuera del bar y cuando Luvah volteó la cabeza para hablarle a Tharmas, vio que éste caminaba detrás con la vista enfocada directamente en su trasero.

-Una excelente carrocería la que tienes -comentó sin apartar la vista.

-¡Por Urizen, qué hice para merecerme este flagelo! -protestó Luvah alzando las manos hacia las estrellas.

-No te pongas melodramática -dijo Tharmas tomándole de la mano-, bien sabes lo que hicimos, o intentamos hacer. Aquí está mi vehículo, ¿qué te parece?

Frente a ellos aparcado junto a la acera se encontraba un automóvil rojo que brillaba cual rubí bajo la luminaria pública.

-No sé mucho de vehículos -respondió Luvah- pero supongo que este es caro, ¿no?

-¿Caro? Por supuesto. Es un 599 GTB Fiorano, el ferrari de 12 cilindros de mayor desempeño jamás fabricado -dijo Tharmas mientras muy galantemente le abría la puerta del coche a Luvah-. Los colecciono, ¿sabes?

-¿Coleccionas automóviles?

-Sólo ferraris -respondió Tharmas y encendió el motor para luego alejarse a toda velocidad-. 5.999 cc de desplazamiento, poder específico de 103 caballos de fuerza por litro, poder máximo de 620 caballos de fuerza a 7,600 revoluciones por minuto.

-Has de ganar mucho dinero.

-Sí, soy cirujano plástico y tengo mi propia clínica, por cierto, cuentas con unas preciosas extremidades inferiores.

Luvah se miró el vestido que se había colocado para salir esa noche con Brenda y notó que al sentarse sus piernas habían quedado completamente descubiertas.

-¿No vas a dejar de molestarme, Tharmas?

-Bueno, no es mi culpa que Urizen te destinara a un cuerpo femenino tan atractivo y a mí a uno masculino tan cachondo. ¿Realmente no has probado aún el sexo, ni siquiera con tu amiga del bar?

-¿Con mi amiga? ¡Cómo podría si ella también es hembra!

Tharmas rió estruendosamente por un largo rato. Cuando por fin se calló dijo:

-Veo que no has aprendido mucho en el tiempo que llevamos aquí, Luvah. Pero yo podría enseñarte algunas cosas.

-Por lo pronto me gustaría que intentásemos contactar a Urizen.

-¡Ya te dije que eso es justamente lo que no se supone que hagamos, cabeza hueca! Además, él nos despojó de nuestras habilidades. ¿Cómo pretendes llamar su atención, con señales de humo?

Luvah guardó silencio presa de la frustración. Tharmas notó esto e intentó disculparse:

-Mira, lamento el insulto. Es que estoy acostumbrado a tratar así a la gente. Soy un tipo exitoso, atractivo y con mucho dinero. Eso despierta la envidia de todos los hombres y el deseo de gran parte de las mujeres. Una vez que lleguemos a mi casa veremos cómo hablar con Urizen, ¿de acuerdo?

Luvah asintió parcamente con la cabeza y fijó su vista en el paisaje urbano nocturno que se desplegaba fuera de la ventanilla.

Por el camino, Tharmas no dejaba de mirar a Luvah que hubo de advertirle que estuviese atento a la carretera o de lo contrario iban a estrellarse. Tharmas le confesó a Luvah que no podía apartar la vista de ella y entonces posó suavemente la mano derecha sobre su falda. Luvah sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo pero como le gustaba la forma en que su hermano le acariciaba no dijo nada. Tharmas lo notó y poco a poco subió su mano hasta llegar al interior de los muslos de Luvah y rozar levemente su sexo que comenzaba a humedecerse. Tharmas sonrió al ver que Luvah no le apartaba y continuó acariciándole las piernas y tocando más veces su sexo, jugando a separar los labios vaginales con sus dedos por encima de las bragas.

-¿Te gusta? -preguntó Tharmas- ¿ves lo agradable que se siente?

Luvah con la cabeza inclinada hacia atrás emitió un leve gemido e instintivamente llevó su mano a la entrepierna de Tharmas. Al notar su endurecido miembro debajo del pantalón abrió los ojos y miró a su compañero.

-¿Es esto correcto? -preguntó.

-¿La lujuria, el deseo sexual entre humanos? Claro que sí. Estos no somos nosotros, son meras cáscaras que de momento nos contienen. Podemos jugar y divertirnos mientras estemos aquí.

Luvah respondió agachándose bajo los brazos de Tharmas, que sujetaban el volante. Entonces Tharmas gritó: «¡Mierda!» y perdió el control del volante subiéndose al bandejón central, derribando un árbol y embistiendo finalmente un poste de acero que llegó a ser doblado por la violencia del impacto. El ferrari dio un giro y terminó literalmente abrazado a un pilar de cemento que afirmaba una pasarela peatonal. Debido al impacto, Tharmas salió expulsado de la cabina y quedó tendido como una marioneta rota en la pista contraria. Como si esto no fuera suficiente, un camión que no consiguió frenar a tiempo le pasó por encima reduciendo su fracturada anatomía a poco menos que un guiñapo sanguinolento.

Luvah estaba entre los retorcidos despojos del ferrari, como si carne y metal se hubiesen fundido para formar una nueva criatura. La mitad de su torso sobresalía por sobre la ventana delantera, no sentía sus piernas pero sí algo que le atascaba la garganta provocándoles náuseas. Luvah vomitó sangre, piezas dentales y algo que a todas luces era el glande del pobre Tharmas. El dolor era insoportable. Fracturas cervicales y en la pelvis, piernas y cadera quebrada, trauma órbito-facial izquierdo. Luvah apenas podía mover la cabeza y con su único ojo bueno vio que de otros vehículos se bajaba gente para prestarles ayuda. Pero las personas, a excepción de un niño pequeño, estaban inmóviles como estatuas.

El niño de unos cuatro años vestía un traje azul Van Dyke muy a la moda a principios del siglo XIX en la corte del Rey Jorge. Su cabello rubio ceniza estaba recogido en unos bucles a los costados de su carita redonda que habría sido del todo angelical de no poseer aquellos ojos negros sin pupilas que helaban la sangre. El niño se acercó a Luvah con una amplia sonrisa dibujada en el rostro.

-¿Cuáles son los tres principios fundamentales que actúan en la constitución del mundo, mi querido retoño?

-Padre -gimió Luvah.

-¡Te he dicho que no me llames así, criatura ingrata y malcriada! ¡Ahora responde!, ¿cuáles son los tres principios fundamentales que actúan en la constitución del mundo?

-La materia... -contestó Luvah antes de evacuar nuevamente sangre y fluidos por la boca.

-Sí, la materia pura que corresponde al principio hylico, la vida animal que corresponde al principio psíquico, y la vida espiritual que corresponde al principio pneumático -agregó el pequeño de azul-. Los tres principios forman partes iguales en la constitución de los humanos y se desarrollan en virtud de cómo éstos los cultiven; existiendo de esta forma humanos hylicos, humanos psíquicos y humanos pneumáticos o espirituales. Me temo que Tharmas se convirtió en un hombre demasiado hylico llegando a comprometer la misión que os he encomendado con sus excesos. Tú te comportaste mejor pero lo arruinaste todo con tu impaciencia. Es mi culpa, debí haberos introducido antes en el negocio familiar en vez de dejarles perder el tiempo en los jardines del Golgonooza.

Luvah quiso responder pero sólo consiguió un lastimero balbuceo.

-No se puede charlar contigo en esas condiciones -dijo el niño y con un gesto de su mano restauró la mandíbula de Luvah. -Ahora sí, ¿decías?

-Por favor, Urizen dame otra oportunidad...

-¿Por qué razón habría de hacerlo?, mírate, mira cómo has dejado ese hermoso cuerpo que te otorgué. Un verdadero desastre. Y ni hablar de ese sexópata de Tharmas, esa clase de actitud es justamente lo que me ha dado mala fama a través de los siglos. La materia es imperfección decían los platónicos, la materia es maldad sostenían los gnósticos. Es así que como creador y ordenador del mundo material me han convertido en encarnación del mal, aprisionando a los humanos y encadenándolos a las pasiones materiales. Él se hace carne en mis dominios y contamina todo con su mensaje de amor y fraternidad. ¡Cómo odio que Él se meta con mis cosas!, ¡no tiene derecho! Y cuando finalmente me decido a revertir esta ignominia de la cual he sido objeto, ustedes lo arruinan todo con sus bajezas pasionales.

-Yo no... Fue Tharmas... Tharmas me...

-Tharmas te incitó a los placeres de la carne y a probar del fruto prohibido. ¡Y vaya si lo probaste!, buen mordisco le has dado al fruto -acotó Urizen riendo-. No delegues toda la culpa en el inútil de Tharmas. Eres tan responsable como él.

-Pero nuestro encuentro de esta noche no fue concertado. No pretendíamos desobedecerte, Urizen. Se trató de una casualidad...

-¿Casualidad? Las casualidades no existen, Luvah. Tú deseabas encontrarte con Tharmas y él, aunque no te lo haya dicho, anhelaba lo mismo. De esta forma influyeron inconscientemente en los campos probabilísticos forzando un encuentro. ¡Y mira nada más en lo que ha terminado este encuentro!

-¿Es que acaso aún poseemos nuestra habilidad de manipulación cuántica?

-Sólo a nivel subconsciente, aunque en realidad el uso de este término sea más del lenguaje lego que del léxico psicológico. Pero ni tú ni yo somos psicólogos, ¿no? Tú eres físico teórico y yo el niño azul de Gainsborough.

-¿Si no era tu voluntad el que nos encontrásemos por qué nos pusiste en la misma ciudad, Urizen?

-Porque debían encontrarse, sí, pero no aún y tampoco en estas circunstancias. Me identifico con Gainsborough, ¿sabes? Él pintaba más guiado por observación que aplicando reglas académicas. ¡Ah la sensibilidad poética de su pintura!

-¿Qué será de Tharmas?

-¿Tharmas?, ¿te atreves a mencionar al bueno para nada de tu hermano cuando estoy hablándote de uno de mis pintores favoritos?

-Urizen, aún tengo múltiples fracturas, el dolor se me hace insoportable y pronto perderé el conocimiento. ¿Qué será de nosotros ahora?, ¿de la misión?

-Tharmas será destituido. Enviaré a algún otro. A ti te perdonaré pero si vuelves a fallarme te enviaré a tu habitación sin postre y nada de mesada ni salir a fiestas durante todo un yuga, señorita. No sabes todo el trabajo que tendré que realizar ahora para reescribir la realidad... Abandonaremos este continuo y te depositaré de regreso en aquel bar con tu amiga.

-¿Pero entonces no volveré a encontrarme con Tharmas?

-No. Esta noche debías pasarla con Brenda Baeza y no con el Dr. Cristóbal Landsburg. Es crucial para la misión que os he encomendado.

-¿Cómo puede ser crucial el que me deje seducir por otra hembra?

-No entiendes nada del funcionamiento de esta esfera, mi dulce e ignorante retoño. Las cosas no son como en Golgonooza, pero una vez más yo soy responsable de esto. Debí educaros mejor a ti y tus hermanos pero regir el Koinos Kosmos requiere de mucho esfuerzo, incluso para alguien como yo... Te ofreceré un ejemplo, mi amado Luvah. ¿Sabes por qué el rey Ricardo III gritaba: «¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!?» Pues por la falta de un clavo. Sí, por falta de un clavo fue que la herradura se perdió, por falta de una herradura que el caballo se perdió, por falta de un caballo fue que el caballero se perdió, por la falta del caballero fue que la batalla se perdió, y así como la batalla, fue que un reino se perdió. Y todo porque fue un clavo el que faltó. Al fin de cuentas, herrar es humano y perdonar es equino. Ahora cuenta conmigo, Diez, nueve, ocho, ¡tresdosuno!

Luvah estaba de regreso en el Ruby Tuesday. Sin un sólo rasguño en el cuerpo y sin memoria de lo ocurrido.

-... pero no pareces percatarte de ello y eso te hace aún más hermosa -decía la mujer junto a ella. ¿La conocía? ¡Por supuesto!, era su colega y amiga Brenda.

-Disculpa, no te estaba prestando atención, ¿decías?

-Que deberías sacarle mejor partido a tu belleza.

-¿Para qué? No soy modelo de pasarela ni actúo en telenovelas.

-Paz, llevo semanas intentando encontrar la forma de decirte esto porque la verdad es que, bueno, en realidad es algo complicado ya que nunca había...

-¿No preferirías leérmelo? -dijo de pronto Luvah como iluminada por un fulminante déjà vu.

-¿Cómo sabes que te escribí algo?

-Ahora eres tú la que responde con preguntas como ELIZA -respondió dulcemente Luvah-. Vamos, quiero escuchar lo que escribiste.

Brenda extrajo una pequeña libreta de su bolso y leyó:

-¿Qué tal si apostamos a lo fortuito? Elevamos lo cotidiano y lo...

En ese momento comenzó a sonar el teléfono móvil de Brenda intensificándose la sensación de déjà vu. Brenda dudó unos segundos como si fuese a contestar pero vio en los ojos de Paz algo así como una súplica, «no te detengas», parecía decir con esos grandes ojos de Bambi.

-Disculpa -dijo Brenda apagando el celular-. Comienzo de nuevo. ¿Qué tal si apostamos a lo fortuito?, ¿elevamos lo cotidiano y lo hacemos extraordinario?, ¿invitamos a la inspiración a quedarse con nosotras, a ser manera sin ser sistema? ¿Qué tal si de golpe y por pura casualidad matamos la costumbre?

Brenda concluyó su lectura buscando los ojos de su amiga y los vio conmovidos, casi al borde de las lágrimas.

-Es hermoso -dijo Paz.

-Lo que intento decirte es que...

Antes que Brenda siguiera, Paz le interrumpió emulando las mismas palabras que le dijera Tharmas:

-Lo más adecuado es que continuemos esta charla en otro sitio.

-¿Qué sugieres? -preguntó Brenda.

-Vamos a mi casa -dijo tomándola de la mano.

La pareja abandonó el Ruby Tuesday del brazo y parecían caminar sobre nubes.

Antes de abordar el auto de Brenda, Paz vio a un pequeño niño vestido de azul en el otro lado de la vereda. El niño alzó una mano para saludarla y luego se hundió entre las sombras del callejón.

-¿Qué miras? -dijo Brenda.

-Nada es sólo que... no es nada. ¿Brenda?

-¿Sí?

-Te deseo -dijo Paz sujetando con sus manos el rostro de Brenda, besándola apasionadamente, con furia y desesperación, como si no fuese a existir otro día. Luego de un tiempo que pareció extenderse una eternidad sus lenguas se liberaron de aquel húmedo abrazo, sus labios se separaron y Brenda dejando escapar un suspiro dijo:

-¡Eso fue...!

-Fantástico -la interrumpió Paz.

Brenda sonrió poniendo el motor en marcha y apretando el acelerador.

Y Urizen, que observaba todo, sonrió satisfecho. Y aquel que a su vez observaba a Urizen, también sonrío. Y aquella sonrisa se multiplicó cual galería de espejos hasta el infinito...

 

publicado en noviembre de 2008

 
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