| -¿Tienes
algún problema, Paz? Sabes que puedes confiar
en mí.
De esta forma comenzó el interrogatorio
por parte de Brenda. «Puedes confiar en mí»,
aseguraba. ¿Era posible acaso para Luvah confiar
en Brenda, en Tharmas, en alguien? No estaba segura
de nada, su percepción espacio-temporal era tan
limitada... imaginen la esencia de un ser humano trasvasijada
al cuerpo de una cucaracha, no es necesario siquiera
imaginarlo, basta leer a Kafka para entender lo limitado
que Luvah se sentía. Atrapado en la carne, desprovisto
de todas las habilidades angélicas. ¿Era
esta una misión o un castigo? Sólo Urizen
lo sabía, y Urizen es Todo-en-uno y uno-en-todo
y para Él no existen limitaciones ni de tiempo
ni de espacio. Urizen es la fuente y el origen, Urizen
es un padre celoso y castigador y todos sus hijos le
respetan y temen. Pero incluso Urizen tiene un padre
del que sigue buscando aprobación tras eones
y eso Luvah lo sabe, y Tharmas y Urthona lo saben. Juntos
los tres podrían haber derrocado a Urizen, pero
el vil rastrero y cobarde de Urthona jamás tendría
el valor de enfrentar a su padre. «Tal vez nos
ha delatado con Urizen», pensaba Luvah, «tal
vez por eso nos ha enviado a esta misión absurda
aprisionándonos en la materia, en el tiempo y
la palabra».
-¡Dios, hay que ver cómo
es la gente de desconsiderada! -exclamó
Brenda atrayendo nuevamente la atención de su
amiga-. Espérame aquí, ya regreso.
Brenda se levantó de la mesa
donde ambas estaban disfrutando sus daikiris de frutas
y una tabla que incluía cinco variedades de queso
mientras Luvah fijaba su atención en los recién
llegados. Una pareja joven se había sentado en
una de las mesas contrarias. ¿Qué había
molestado tanto a Brenda? Luvah observó a la
pareja pero no pudo detectar nada fuera de lo común.
Ambos eran atractivos y jóvenes, con toda una
vida por delante como Adán y Eva hasta que lo
arruinaron todo comiendo el fruto prohibido del árbol
de la ciencia.
-Me he quejado con el administrador
-dijo Brenda bloqueando la vista de Luvah y tomando
asiento. Antes que ella pudiese preguntarle a su amiga
cuál era el motivo de su queja vio cómo
el mesero se acercaba a la pareja y les decía
algo. Ambos apagaron sus cigarrillos y se fueron a instalar
a las mesas de la entrada. La chica le prodigó
una mirada de odio a Luvah, ¿qué culpa
tenía él en todo esto?
-Me pregunto cuándo van
a promulgar esa dichosa ley-antitabacos.
-Estaban fumando -dijo
Luvah cayendo en cuenta de lo ocurrido-. Eso es
lo que te molestó, ¿verdad?
-¡Por supuesto!, pedí
sector no-fumadores, ni tú ni yo fumamos. Entonces
no tenemos porqué soportar el humo de nadie en
nuestros pulmones.
-Podrías haber hablado
con ellos para que dejaran de fumar.
-No, son adictos. Los adictos
no entienden razones. Por lo demás es responsabilidad
del local que les permite fumar dóode no deben.
Cuando la nueva ley se promulgue, todos los pubs y restoranes
deberán decidir si son para fumadores o no-fumadores.
No habrá ambientes separados ya que eso como
ves, en la práctica no sirve de nada.
Luvah se encogió de hombros
y dio otro sorbo a su daikiri de frambuesa. Brenda era
así, severa e inflexible en cuanto a las normas,
cualidades muy positivas en el trabajo que ambas desempeñaban.
-Antes que esos nos interrumpieran
te estaba preguntando qué te ocurre -dijo
Brenda.
-¿A mí? -preguntó
Paz.
-Sí, a ti, tu proceder
y actitud son cada vez más erráticos y
distantes. Como si tu mente en realidad estuviera en
algún remoto plano existencial.
-¿Tú crees? -respondió
Luvah y apresuró otro trago del daikiri mientras
pensaba en ese lugar donde su mente efectivamente estaba
la mayor parte del tiempo. Porque esta vida que ahora
vivía era como un pálido sueño,
un pobre simulacro de la realidad que ella y Tharmas
conocían, una realidad tan vasta que pocos en
la Tierra habían siquiera podido entrever un
infinitesimal fragmento de ella mediante el orgasmo
o el delirio. Porque para penetrar en Golgonooza el
ser humano debe vaciar su mente y dejarse caer de un
sueño a otro y otro hasta alcanzar la zona del
terror cósmico, donde los instintos cortan todos
los puentes, donde laten las fuerzas del inconsciente;
esa zona donde circulan las secretas fuentes de lo insospechado,
donde la poesía busca sus raíces. La mística
y la metafísica no eran sino pálidas emanaciones
de ese recóndito mundo, así como pálidas
imitaciones de los Zoas eran estos seres que ahora habitaban.
Urizen había otorgado a Luvah
la identidad de la físico teórico Paz
Carvajal, quien se desempeñaba como investigadora
asociada en el Departamento de Plasma Termonuclear de
la Comisión Chilena de Energía Nuclear.
Paz, además, era profesora de laboratorio de
física en la Universidad de Chile, mantenía
un gato de nombre Beck que era el amo y señor
de su casa, estaba haciendo un postgrado y practicaba
Tai Chi. Era como si Urizen le hubiese dado a propósito
el cuerpo de la mujer con más ocupaciones del
mundo para que no tuviese tiempo libre como para preocuparse
sobre la misión o el paradero de Tharmas. Pero
ya se habían cumplido once meses desde que Luvah
y Tharmas fueran transplantados desde la majestuosa
y eterna Golgonooza a la patética esfera terrestre.
Once meses y Luvah, comenzaba a impacientarse. Cierto
es que la tarea que Urizen les encomendó era
la de mezclarse entre la gente y pasar desapercibidos
hasta que él los sacara de sus sueños,
pero aun así la ansiedad carcomía a Luvah.
Necesitaba contactar a Tharmas, debía encontrarlo
como fuese y juntos hallarían la manera de contactar
a Urizen. Sin embargo la tarea era bastante difícil
ya que Luvah no poseía el menor indicio sobre
la identidad que le había sido asignada a su
hermano y mucho menos el sitio donde fuera Urizen le
había ordenado establecerse.
-¿Quieres otro daikiri,
Paz? -preguntó Brenda-, te lo has
bebido casi de un trago.
-Eh, sí -respondió
Luvah regresando al aquí y al ahora.
-¿No preferirías
mejor un margarita?
-Lo que tú quieras -dijo
Luvah y notó que una ligera sonrisa se esbozaba
en el rostro de su amiga al tiempo que su ritmo cardíaco
aumentaba.
Brenda llamó al mesero y pidió
dos margaritas, pese a que aún no terminaba su
daikiri de mango. Una vez arribaron los nuevos tragos,
retomó la pregunta inicial que Luvah aún
no respondía:
-¿Cuál es el problema,
Paz?
-¿Problema? -repitió
Luvah saboreando la sal pegada al borde de la copa-
¿Por qué lo dices?
-Últimamente estás
actuando de forma extraña. Digo, más extraña
que de costumbre.
-¿Consideras que actúo
de forma extraña?
-Sí, y tienes la mala
costumbre de responder las preguntas personales con
otras preguntas.
-No me había dado cuenta
de ello.
-Son muchas cosas de las que
no te has dado cuenta. Como por ejemplo la forma en
que te mira el Dr. Osses.
-¿Cómo me mira?
-¿Ves? Ya lo estás
haciendo de nuevo.
-Disculpa pero, ¿te ha
dicho algo el Dr. Osses?, ¿está inconforme
con mi desempeño laboral?
-No se trata de eso, tonta.
El Dr. Osses te mira con deseo, hasta con lujuria me
atrevería a decir.
-Pero él es un hombre
casado, ¿no? Tiene tres hijos, habla de ellos
todo el tiempo.
-Eso demuestra que estás
con la cabeza en cualquier parte. César abandonó
a la bruja de su mujer hace dos meses y desde entonces
que está intentando ganar tu atención.
¿No te has dado cuenta o no te interesa en absoluto?
-La verdad es que no soy muy
buena para las relaciones interpersonales. Preferiría
que hablásemos de otro tema.
-¿De qué quieres
que hablemos, Paz?, ¿del trabajo?, ¿de
los procesos de ionización en descargas transientes
de cátodo hueco?, ¿de la generación,
extracción y transporte de haces de partículas
cargadas?, ¿de tu gato tal vez?
-Sí, digo... no.
-Disculpa -dijo Brenda
posando su mano izquierda sobre la mano derecha de Paz
mientras ella se preguntaba de qué se estaría
disculpando su colega-. Estoy algo nerviosa...
yo...
En vez de terminar la frase, Brenda
se bebió el margarita de un sorbo para luego
posar la copa de golpe sobre la mesa. Se produjo un
silencio. Paz no sabía si hablar o no ni qué
decir. Pero Brenda se adelantó:
-¿Hace cuánto
estás sola, Paz?
Una pregunta curiosa, pensó
Luvah. ¿Tan evidente era su descontento? Decidió
responder con la verdad aunque sin proporcionar datos
comprometedores.
-Estoy sola hace once meses
-respondió Paz-, aunque tengo la
sensación que ha sido más, mucho más.
El tiempo se arrastra tan lentamente...
-¿Y no lo has vuelto
a ver?
-¿A quién?
-¡A tu galán, tonta!
-¿Mi galán? No,
no he sabido nada de él desde... desde que nos
separamos.
-Pero ardes en deseos por verlo
nuevamente, ¿no es así? Sigues enamorada,
lo puedo ver en tus ojos. Los ojos no mienten.
-¿Enamorada? -rió
Luvah-. No, en absoluto. Él y yo éramos
sólo... amigos.
-¿Amigos con ventaja?
-No sé a qué te
refieres.
-¿No me digas que nunca
lo hicieron?
-¿Hacer qué?
-¡Por Dios!, eres increíble,
Paz.
-¿Lo crees así?
-Ahí estás de
nuevo respondiéndome con preguntas. Me recuerdas
a ese software primitivo programado para pasar por humano.
-¿Qué software
era ese?
-ELIZA, un programa elaborado
a fines de los 1960's.
-¿Qué te hace
pensar que yo actúo de esa forma?
-¿Ves? Esa es la típica
respuesta que daría ELIZA.
-Pues no soy ELIZA, te lo aseguro,
soy un ser humano de carne y hueso.
-Pues gran parte del tiempo
no parece que seas humana. Te mueves con tanta gracia,
con tanta eficiencia y lo que dices y lo que haces siempre
es tan perfecto. Sólo al hablar de tu vida personal
te vuelves humana, te complicas, te contradices, te
tornas vulnerable. El resto del tiempo parece como si
fueras...
-¿Una máquina?
-No, no una máquina sino
un ángel. Eres tan bella... pero no pareces percatarte
de ello y eso... eso te hace aún más hermosa.
-¿Lo crees así?
-Por supuesto. ¿Sabes
Paz?, el Dr. Osses no es el único enamorado que
tienes en el Departamento de Plasma Termonuclear.
-¿No?
-Mira, llevo semanas intentando
encontrar la forma de confesarte esto porque la verdad
es que, bueno, en realidad es algo complicado ya que
nunca había...
Una expresión desconcertada
se dibujó en el rostro de Luvah mientras intentaba
descifrar lo que su colega intentaba decirle.
-Disculpa, sabía que
iba a ocurrir esto -dijo Brenda excusándose
al tiempo que sacaba una pequeña libreta de su
bolso-. Por eso es que decidí ponerlo en
papel, ¿puedo leértelo?
Luvah asintió.
-¿Qué tal si apostamos
a lo fortuito? Elevamos lo cotidiano y lo...
En ese momento comenzó a sonar
el teléfono móvil de Brenda.
-...hacemos extraordinario -continuó
Brenda pero el celular sonaba cada vez más fuerte
al interior de su bolso.
-¿No vas a contestar
eso? Puede ser importante -observó Luvah.
-Sí, tienes razón
-dijo Brenda levantándose mientras se encaminaba
hacia el baño de damas.
En ese momento apareció un
tipo alto y rubio que se sentó junto a Paz y
dijo con voz sugerente:
-Hola preciosa. ¿Qué
haces tan sola?
-No estoy sola -comenzó
a decir ella cuando fijó sus ojos en los de él.
El reconocimiento fue mutuo.
-¿Tharmas?
-¿Luvah?
-Esto está mal -dijo
Tharmas incorporándose a toda prisa-, no
se supone que...
Brenda apareció entonces interrumpiendo
a Tharmas.
-¿Te está molestando
este tipo? -dijo con los brazos en jarras.
-No, Brenda, él es...
él es mi exnovio.
Un gesto de sorpresa se esculpió
en el rostro de la joven doctorada en Física
Atómica en la Universidad Católica de
Lovaina.
-Vaya, qué coincidencia
que se encontraran justo ahora -comentó
algo frustrada.
-Sí -afirmó
el hombre-, de hecho aún no nos recobramos
de la impresión. Soy el Dr. Landsburg, Cristóbal
Landsburg a sus órdenes.
-Será mejor que los deje
solos -dijo Brenda ignorando al recién
llegado e inclinándose para besar a su amiga
en la mejilla-. Imagino que tienen mucho de que
hablar. Te veo el lunes, Paz. Yo pago la cuenta a la
salida.
Tharmas no despegó los ojos
de Brenda hasta que abandonó el pub.
-Me gusta tu amiga -dijo
finalmente-, pero a ella no le interesan los hombres.
-¿Cómo lo sabes?
-Lenguaje corporal, me he convertido
en un gran estudioso del lenguaje corporal de las mujeres.
Por cierto, tú no estás nada de mal tampoco.
Urizen te proporcionó una anatomía muy
agraciada.
-Sí, suelo escuchar eso,
sobre todo cuando paso junto a algún edificio
en construcción. Pero los recipientes en los
que estamos contenidos en estos momentos son lo último
que me importa discutir contigo. Necesitaba verte, Tharmas,
ya no soporto más la incertidumbre...
-No existe razón alguna
para preocuparse, Luvah, después de todo ser
un durmiente se trata justamente de eso, infiltrar el
objetivo e irse a dormir por un tiempo.
-Pero pueden ser años
o siglos -protestó Luvah.
Tharmas se encogió de hombros
y, resignado, respondió:
-Con Urizen nunca se sabe. Puede
que transcurra un milenio o puede que nos llame mañana.
Él es el jefe.
-Es más que eso, es nuestro
padre, y un padre no abandona a sus hijos.
Tharmas estalló en carcajadas.
-¿Que es lo tan gracioso?
-preguntó Luvah.
-¿No te has enterado
de lo que le pasó a Jesús? Porque algo
habrás oído sobre el medio hermano de
Urizen, ¿no es así?
-Sí, pero él y
su padre no me interesan.
-Su padre es nuestro abuelo...
-¡Deberíamos contactar
a Urizen, Tharmas!
-¿Cómo? Nos ha
despojado de nuestra omnisciencia. Además se
supone que los durmientes no deben jamás comunicarse
con sus superiores ni obtener información que
no provenga del dominio público. Pero por sobre
todo, no deben comunicarse con otros agentes que es
justamente lo que estamos haciendo ahora.
-¿Crees que este encuentro
es casual como dijo Brenda? Bien sabes que las coincidencias
no existen. Puede que esto sea obra de Urizen y parte
del plan.
-Cómo también
puede que no. Lo más adecuado es que continuemos
esta charla en otro sitio.
-¿Qué sugieres?
-Vamos a mi casa, tengo el auto
estacionado fuera. ¿Andas en vehículo?
-No poseo medio de transporte
personal. Llegamos aquí en el de mi amiga.
-Brenda, sí. La que quiere
comerte el coño.
-¿Perdón?
-Eso, que tu amiga quiere contigo,
Luvah, y no la culpo. ¿Cuántas relaciones
sexuales has tenido desde que estamos en la Tierra?
-Ninguna, no me interesa. Me
limito a cumplir con las órdenes de Urizen.
-Siempre tan predecible, Luvah.
Aunque adoptes forma humana no cambias.
-Más que predecible prefiero
pensar en mí como alguien confiable. No por nada
Urizen me eligió para bajar a la Tierra. Lo que
sigo sin entender es la razón por la cual te
incluyó a ti, siempre has sido impredecible y
rebelde.
-No es necesario fingir, Luvah.
Sabes muy bien que estamos cumpliendo un castigo. Es
obvio que Urthona nos traicionó y le fue con
el cuento a papi. No existe misión alguna, pero
si él cree que esto es un castigo esta muy equivocado
ya que yo por lo menos me lo estoy pasando en grande.
Pero marchémonos de aquí de una vez por
todas.
Ambos caminaron fuera del bar y cuando
Luvah volteó la cabeza para hablarle a Tharmas,
vio que éste caminaba detrás con la vista
enfocada directamente en su trasero.
-Una excelente carrocería
la que tienes -comentó sin apartar la vista.
-¡Por Urizen, qué
hice para merecerme este flagelo! -protestó
Luvah alzando las manos hacia las estrellas.
-No te pongas melodramática
-dijo Tharmas tomándole de la mano-,
bien sabes lo que hicimos, o intentamos hacer. Aquí
está mi vehículo, ¿qué te
parece?
Frente a ellos aparcado junto a la
acera se encontraba un automóvil rojo que brillaba
cual rubí bajo la luminaria pública.
-No sé mucho de vehículos
-respondió Luvah- pero supongo que
este es caro, ¿no?
-¿Caro? Por supuesto.
Es un 599 GTB Fiorano, el ferrari de 12 cilindros de
mayor desempeño jamás fabricado -dijo
Tharmas mientras muy galantemente le abría la
puerta del coche a Luvah-. Los colecciono, ¿sabes?
-¿Coleccionas automóviles?
-Sólo ferraris -respondió
Tharmas y encendió el motor para luego alejarse
a toda velocidad-. 5.999 cc de desplazamiento,
poder específico de 103 caballos de fuerza por
litro, poder máximo de 620 caballos de fuerza
a 7,600 revoluciones por minuto.
-Has de ganar mucho dinero.
-Sí, soy cirujano plástico
y tengo mi propia clínica, por cierto, cuentas
con unas preciosas extremidades inferiores.
Luvah se miró el vestido que
se había colocado para salir esa noche con Brenda
y notó que al sentarse sus piernas habían
quedado completamente descubiertas.
-¿No vas a dejar de molestarme,
Tharmas?
-Bueno, no es mi culpa que Urizen
te destinara a un cuerpo femenino tan atractivo y a
mí a uno masculino tan cachondo. ¿Realmente
no has probado aún el sexo, ni siquiera con tu
amiga del bar?
-¿Con mi amiga? ¡Cómo
podría si ella también es hembra!
Tharmas rió estruendosamente
por un largo rato. Cuando por fin se calló dijo:
-Veo que no has aprendido mucho
en el tiempo que llevamos aquí, Luvah. Pero yo
podría enseñarte algunas cosas.
-Por lo pronto me gustaría
que intentásemos contactar a Urizen.
-¡Ya te dije que eso es
justamente lo que no se supone que hagamos, cabeza hueca!
Además, él nos despojó de nuestras
habilidades. ¿Cómo pretendes llamar su
atención, con señales de humo?
Luvah guardó silencio presa
de la frustración. Tharmas notó esto e
intentó disculparse:
-Mira, lamento el insulto. Es
que estoy acostumbrado a tratar así a la gente.
Soy un tipo exitoso, atractivo y con mucho dinero. Eso
despierta la envidia de todos los hombres y el deseo
de gran parte de las mujeres. Una vez que lleguemos
a mi casa veremos cómo hablar con Urizen, ¿de
acuerdo?
Luvah asintió parcamente con
la cabeza y fijó su vista en el paisaje urbano
nocturno que se desplegaba fuera de la ventanilla.
Por el camino, Tharmas no dejaba de
mirar a Luvah que hubo de advertirle que estuviese atento
a la carretera o de lo contrario iban a estrellarse.
Tharmas le confesó a Luvah que no podía
apartar la vista de ella y entonces posó suavemente
la mano derecha sobre su falda. Luvah sintió
un escalofrío recorrer todo su cuerpo pero como
le gustaba la forma en que su hermano le acariciaba
no dijo nada. Tharmas lo notó y poco a poco subió
su mano hasta llegar al interior de los muslos de Luvah
y rozar levemente su sexo que comenzaba a humedecerse.
Tharmas sonrió al ver que Luvah no le apartaba
y continuó acariciándole las piernas y
tocando más veces su sexo, jugando a separar
los labios vaginales con sus dedos por encima de las
bragas.
-¿Te gusta? -preguntó
Tharmas- ¿ves lo agradable que se siente?
Luvah con la cabeza inclinada hacia
atrás emitió un leve gemido e instintivamente
llevó su mano a la entrepierna de Tharmas. Al
notar su endurecido miembro debajo del pantalón
abrió los ojos y miró a su compañero.
-¿Es esto correcto? -preguntó.
-¿La lujuria, el deseo
sexual entre humanos? Claro que sí. Estos no
somos nosotros, son meras cáscaras que de momento
nos contienen. Podemos jugar y divertirnos mientras
estemos aquí.
Luvah respondió agachándose
bajo los brazos de Tharmas, que sujetaban el volante.
Entonces Tharmas gritó: «¡Mierda!»
y perdió el control del volante subiéndose
al bandejón central, derribando un árbol
y embistiendo finalmente un poste de acero que llegó
a ser doblado por la violencia del impacto. El ferrari
dio un giro y terminó literalmente abrazado a
un pilar de cemento que afirmaba una pasarela peatonal.
Debido al impacto, Tharmas salió expulsado de
la cabina y quedó tendido como una marioneta
rota en la pista contraria. Como si esto no fuera suficiente,
un camión que no consiguió frenar a tiempo
le pasó por encima reduciendo su fracturada anatomía
a poco menos que un guiñapo sanguinolento.
Luvah estaba entre los retorcidos
despojos del ferrari, como si carne y metal se hubiesen
fundido para formar una nueva criatura. La mitad de
su torso sobresalía por sobre la ventana delantera,
no sentía sus piernas pero sí algo que
le atascaba la garganta provocándoles náuseas.
Luvah vomitó sangre, piezas dentales y algo que
a todas luces era el glande del pobre Tharmas. El dolor
era insoportable. Fracturas cervicales y en la pelvis,
piernas y cadera quebrada, trauma órbito-facial
izquierdo. Luvah apenas podía mover la cabeza
y con su único ojo bueno vio que de otros vehículos
se bajaba gente para prestarles ayuda. Pero las personas,
a excepción de un niño pequeño,
estaban inmóviles como estatuas.
El niño de unos cuatro años
vestía un traje azul Van Dyke muy a la moda a
principios del siglo XIX en la corte del Rey Jorge.
Su cabello rubio ceniza estaba recogido en unos bucles
a los costados de su carita redonda que habría
sido del todo angelical de no poseer aquellos ojos negros
sin pupilas que helaban la sangre. El niño se
acercó a Luvah con una amplia sonrisa dibujada
en el rostro.
-¿Cuáles son los
tres principios fundamentales que actúan en la
constitución del mundo, mi querido retoño?
-Padre -gimió Luvah.
-¡Te he dicho que no me
llames así, criatura ingrata y malcriada! ¡Ahora
responde!, ¿cuáles son los tres principios
fundamentales que actúan en la constitución
del mundo?
-La materia... -contestó
Luvah antes de evacuar nuevamente sangre y fluidos por
la boca.
-Sí, la materia pura
que corresponde al principio hylico, la vida animal
que corresponde al principio psíquico, y la vida
espiritual que corresponde al principio pneumático
-agregó el pequeño de azul-.
Los tres principios forman partes iguales en la constitución
de los humanos y se desarrollan en virtud de cómo
éstos los cultiven; existiendo de esta forma
humanos hylicos, humanos psíquicos y humanos
pneumáticos o espirituales. Me temo que Tharmas
se convirtió en un hombre demasiado hylico llegando
a comprometer la misión que os he encomendado
con sus excesos. Tú te comportaste mejor pero
lo arruinaste todo con tu impaciencia. Es mi culpa,
debí haberos introducido antes en el negocio
familiar en vez de dejarles perder el tiempo en los
jardines del Golgonooza.
Luvah quiso responder pero sólo
consiguió un lastimero balbuceo.
-No se puede charlar contigo
en esas condiciones -dijo el niño y con
un gesto de su mano restauró la mandíbula
de Luvah. -Ahora sí, ¿decías?
-Por favor, Urizen dame otra
oportunidad...
-¿Por qué razón
habría de hacerlo?, mírate, mira cómo
has dejado ese hermoso cuerpo que te otorgué.
Un verdadero desastre. Y ni hablar de ese sexópata
de Tharmas, esa clase de actitud es justamente lo que
me ha dado mala fama a través de los siglos.
La materia es imperfección decían los
platónicos, la materia es maldad sostenían
los gnósticos. Es así que como creador
y ordenador del mundo material me han convertido en
encarnación del mal, aprisionando a los humanos
y encadenándolos a las pasiones materiales. Él
se hace carne en mis dominios y contamina todo con su
mensaje de amor y fraternidad. ¡Cómo odio
que Él se meta con mis cosas!, ¡no tiene
derecho! Y cuando finalmente me decido a revertir esta
ignominia de la cual he sido objeto, ustedes lo arruinan
todo con sus bajezas pasionales.
-Yo no... Fue Tharmas... Tharmas
me...
-Tharmas te incitó a
los placeres de la carne y a probar del fruto prohibido.
¡Y vaya si lo probaste!, buen mordisco le has
dado al fruto -acotó Urizen riendo-.
No delegues toda la culpa en el inútil de Tharmas.
Eres tan responsable como él.
-Pero nuestro encuentro de esta
noche no fue concertado. No pretendíamos desobedecerte,
Urizen. Se trató de una casualidad...
-¿Casualidad? Las casualidades
no existen, Luvah. Tú deseabas encontrarte con
Tharmas y él, aunque no te lo haya dicho, anhelaba
lo mismo. De esta forma influyeron inconscientemente
en los campos probabilísticos forzando un encuentro.
¡Y mira nada más en lo que ha terminado
este encuentro!
-¿Es que acaso aún
poseemos nuestra habilidad de manipulación cuántica?
-Sólo a nivel subconsciente,
aunque en realidad el uso de este término sea
más del lenguaje lego que del léxico psicológico.
Pero ni tú ni yo somos psicólogos, ¿no?
Tú eres físico teórico y yo el
niño azul de Gainsborough.
-¿Si no era tu voluntad
el que nos encontrásemos por qué nos pusiste
en la misma ciudad, Urizen?
-Porque debían encontrarse,
sí, pero no aún y tampoco en estas circunstancias.
Me identifico con Gainsborough, ¿sabes? Él
pintaba más guiado por observación que
aplicando reglas académicas. ¡Ah la sensibilidad
poética de su pintura!
-¿Qué será
de Tharmas?
-¿Tharmas?, ¿te
atreves a mencionar al bueno para nada de tu hermano
cuando estoy hablándote de uno de mis pintores
favoritos?
-Urizen, aún tengo múltiples
fracturas, el dolor se me hace insoportable y pronto
perderé el conocimiento. ¿Qué será
de nosotros ahora?, ¿de la misión?
-Tharmas será destituido.
Enviaré a algún otro. A ti te perdonaré
pero si vuelves a fallarme te enviaré a tu habitación
sin postre y nada de mesada ni salir a fiestas durante
todo un yuga, señorita. No sabes todo el trabajo
que tendré que realizar ahora para reescribir
la realidad... Abandonaremos este continuo y te depositaré
de regreso en aquel bar con tu amiga.
-¿Pero entonces no volveré
a encontrarme con Tharmas?
-No. Esta noche debías
pasarla con Brenda Baeza y no con el Dr. Cristóbal
Landsburg. Es crucial para la misión que os he
encomendado.
-¿Cómo puede ser
crucial el que me deje seducir por otra hembra?
-No entiendes nada del funcionamiento
de esta esfera, mi dulce e ignorante retoño.
Las cosas no son como en Golgonooza, pero una vez más
yo soy responsable de esto. Debí educaros mejor
a ti y tus hermanos pero regir el Koinos Kosmos requiere
de mucho esfuerzo, incluso para alguien como yo... Te
ofreceré un ejemplo, mi amado Luvah. ¿Sabes
por qué el rey Ricardo III gritaba: «¡Un
caballo! ¡Mi reino por un caballo!?» Pues
por la falta de un clavo. Sí, por falta de un
clavo fue que la herradura se perdió, por falta
de una herradura que el caballo se perdió, por
falta de un caballo fue que el caballero se perdió,
por la falta del caballero fue que la batalla se perdió,
y así como la batalla, fue que un reino se perdió.
Y todo porque fue un clavo el que faltó. Al fin
de cuentas, herrar es humano y perdonar es equino. Ahora
cuenta conmigo, Diez, nueve, ocho, ¡tresdosuno!
Luvah estaba de regreso en el Ruby
Tuesday. Sin un sólo rasguño en el cuerpo
y sin memoria de lo ocurrido.
-... pero no pareces percatarte
de ello y eso te hace aún más hermosa
-decía la mujer junto a ella. ¿La
conocía? ¡Por supuesto!, era su colega
y amiga Brenda.
-Disculpa, no te estaba prestando
atención, ¿decías?
-Que deberías sacarle
mejor partido a tu belleza.
-¿Para qué? No
soy modelo de pasarela ni actúo en telenovelas.
-Paz, llevo semanas intentando
encontrar la forma de decirte esto porque la verdad
es que, bueno, en realidad es algo complicado ya que
nunca había...
-¿No preferirías
leérmelo? -dijo de pronto Luvah como iluminada
por un fulminante déjà vu.
-¿Cómo sabes que
te escribí algo?
-Ahora eres tú la que
responde con preguntas como ELIZA -respondió
dulcemente Luvah-. Vamos, quiero escuchar lo que
escribiste.
Brenda extrajo una pequeña libreta
de su bolso y leyó:
-¿Qué tal si apostamos
a lo fortuito? Elevamos lo cotidiano y lo...
En ese momento comenzó a sonar
el teléfono móvil de Brenda intensificándose
la sensación de déjà vu. Brenda
dudó unos segundos como si fuese a contestar
pero vio en los ojos de Paz algo así como una
súplica, «no te detengas», parecía
decir con esos grandes ojos de Bambi.
-Disculpa -dijo Brenda
apagando el celular-. Comienzo de nuevo. ¿Qué
tal si apostamos a lo fortuito?, ¿elevamos lo
cotidiano y lo hacemos extraordinario?, ¿invitamos
a la inspiración a quedarse con nosotras, a ser
manera sin ser sistema? ¿Qué tal si de
golpe y por pura casualidad matamos la costumbre?
Brenda concluyó su lectura
buscando los ojos de su amiga y los vio conmovidos,
casi al borde de las lágrimas.
-Es hermoso -dijo Paz.
-Lo que intento decirte es que...
Antes que Brenda siguiera, Paz le
interrumpió emulando las mismas palabras que
le dijera Tharmas:
-Lo más adecuado es que
continuemos esta charla en otro sitio.
-¿Qué sugieres?
-preguntó Brenda.
-Vamos a mi casa -dijo
tomándola de la mano.
La pareja abandonó el Ruby
Tuesday del brazo y parecían caminar sobre nubes.
Antes de abordar el auto de Brenda,
Paz vio a un pequeño niño vestido de azul
en el otro lado de la vereda. El niño alzó
una mano para saludarla y luego se hundió entre
las sombras del callejón.
-¿Qué miras? -dijo
Brenda.
-Nada es sólo que...
no es nada. ¿Brenda?
-¿Sí?
-Te deseo -dijo Paz sujetando
con sus manos el rostro de Brenda, besándola
apasionadamente, con furia y desesperación, como
si no fuese a existir otro día. Luego de un tiempo
que pareció extenderse una eternidad sus lenguas
se liberaron de aquel húmedo abrazo, sus labios
se separaron y Brenda dejando escapar un suspiro dijo:
-¡Eso fue...!
-Fantástico -la
interrumpió Paz.
Brenda sonrió poniendo el motor
en marcha y apretando el acelerador.
Y Urizen, que observaba todo, sonrió
satisfecho. Y aquel que a su vez observaba a Urizen,
también sonrío. Y aquella sonrisa se multiplicó
cual galería de espejos hasta el infinito...
publicado en noviembre
de 2008
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