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Turno de noche Más sobre Ricardo Manzanaro

No había transcurrido más de un minuto desde que Gómez se había sentado en el asiento del copiloto, cuando se escuchó una voz por la radio del automóvil.

- Patrulla 2. Incidencia en calle Carlos IV. Una señora dice que le están atacando unos monstruos.

- Ok. Vamos para allá.

Al alcanzar dicha calle, localizaron inmediatamente dónde tenía lugar la agresión. Dos hombres-lobo habían acorralado a una anciana, que, aterrada, suplicaba ayuda para librarse de aquellos abominables seres. Nada más ver salir del coche-patrulla a los tres policías, blandiendo sus porras, los hombres-lobo huyeron.

Se disponían a entrar en el coche, cuando se oyeron gritos. Corrieron hacia la fuente de los alaridos. Resultó ser un puti-club, del que salía un maremagnum de chillidos y gruñidos. En el interior, un ser cadavérico, espectral, collage de huesos, vísceras y epitelios putrefactos, bramaba estentóreos rugidos proclamando la masiva llegada de los muertos vivientes, y amenazaba con infligir espeluznantes tormentos a los allí presentes.

No vacilaron ni un segundo los agentes del orden, y se abalanzaron sobre el espectro para inmovilizarlo. El monstruo intentó librarse de ellos, arañándoles con sus garras y profiriendo maldiciones. En uno de esos lances, Gómez sintió un agudísimo dolor en el pecho. Las afiladas uñas del asqueroso ser le habían alcanzado. El torso del policía presentaba 4 sangrantes surcos.

Tras unos segundos de pelea, consiguieron tumbar e inmovilizar al espectro. Gómez jadeaba, apoyado en la pared, secando las gotas de sangre que se escapaban de los arañazos frontales.

Pero la pesadilla no había terminado. Al salir del local, fueron asaltados por una manada de zombies, rebosantes de viscosidades, necrosis y babas. No podían con ellos. Iban a ser vencidos por aquellos bichos.

En ese momento, numerosas sirenas atronaron la zona. Poco después varios coches de policía frenaban con estruendo frente al puti-club. Los zombies, al verles, huyeron entre gritos y carcajadas. La mayoría de los policías les siguieron a la carrera, pero unos cuantos atendieron a Gómez, y esposaron al monstruo detenido.

Gómez, aún resoplando y jadeando, pudo descansar en el asiento trasero de uno de los coches-patrulla, mientras susurraba una maldición:

- Cómo odio hacer el turno de noche en la noche de Halloween. Todos los pirados y frikis de la ciudad disfrazados, haciendo el gilipollas y jodiendo la marrana… Puto Halloween.

 

publicado en enero de 2008

 
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