| No había transcurrido
más de un minuto desde que Gómez se había
sentado en el asiento del copiloto, cuando se escuchó
una voz por la radio del automóvil.
- Patrulla 2. Incidencia en calle
Carlos IV. Una señora dice que le están
atacando unos monstruos.
- Ok. Vamos para allá.
Al alcanzar dicha calle, localizaron
inmediatamente dónde tenía lugar la agresión.
Dos hombres-lobo habían acorralado a una anciana,
que, aterrada, suplicaba ayuda para librarse de aquellos
abominables seres. Nada más ver salir del coche-patrulla
a los tres policías, blandiendo sus porras, los
hombres-lobo huyeron.
Se disponían a entrar en el
coche, cuando se oyeron gritos. Corrieron hacia la fuente
de los alaridos. Resultó ser un puti-club, del
que salía un maremagnum de chillidos y gruñidos.
En el interior, un ser cadavérico, espectral,
collage de huesos, vísceras y epitelios putrefactos,
bramaba estentóreos rugidos proclamando la masiva
llegada de los muertos vivientes, y amenazaba con infligir
espeluznantes tormentos a los allí presentes.
No vacilaron ni un segundo los agentes
del orden, y se abalanzaron sobre el espectro para inmovilizarlo.
El monstruo intentó librarse de ellos, arañándoles
con sus garras y profiriendo maldiciones. En uno de
esos lances, Gómez sintió un agudísimo
dolor en el pecho. Las afiladas uñas del asqueroso
ser le habían alcanzado. El torso del policía
presentaba 4 sangrantes surcos.
Tras unos segundos de pelea, consiguieron
tumbar e inmovilizar al espectro. Gómez jadeaba,
apoyado en la pared, secando las gotas de sangre que
se escapaban de los arañazos frontales.
Pero la pesadilla no había
terminado. Al salir del local, fueron asaltados por
una manada de zombies, rebosantes de viscosidades, necrosis
y babas. No podían con ellos. Iban a ser vencidos
por aquellos bichos.
En ese momento, numerosas sirenas
atronaron la zona. Poco después varios coches
de policía frenaban con estruendo frente al puti-club.
Los zombies, al verles, huyeron entre gritos y carcajadas.
La mayoría de los policías les siguieron
a la carrera, pero unos cuantos atendieron a Gómez,
y esposaron al monstruo detenido.
Gómez, aún resoplando
y jadeando, pudo descansar en el asiento trasero de
uno de los coches-patrulla, mientras susurraba una maldición:
- Cómo odio hacer el turno
de noche en la noche de Halloween. Todos los pirados
y frikis de la ciudad disfrazados, haciendo el gilipollas
y jodiendo la marrana… Puto Halloween.
publicado en enero de 2008
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