| Una vez sentado, Martínez
procedió a colocarse el arnés de seguridad.
Justo después de oírse el último
“clic” de cierre de los seguros, se encendió
una luz roja en el frontal del compartimento, alado
del rótulo “Hiperespacio”. No habían
pasado más de 30 segundos cuando una súbita
y descomunal fuerza le aplastó contra su asiento,
mientras comenzaba a notarse una potente vibración
en toda la estancia.
La presión y la sensación
de velocidad duraron 7 minutos. Un nuevo aviso luminoso,
esta vez de color verde, comenzó a parpadear.
Martínez soltó las protecciones, salvo
el cable de sujeción que le mantenía cerca
del suelo, contrarrestando la ingravidez. Se movió
con habilidad por el compartimento y luego, tras salir
de la nave, por el pasillo de atraque del espaciopuerto.
Un pequeño motor en la espalda le permitió
avanzar con celeridad por el corredor.
Finalmente alcanzó su objetivo,
un departamento con el rótulo “Tel 3”.
Tras insertar una tarjeta, la puerta se abrió.
Saludó a los oficiales presentes, mientras seguía
desplazándose con rapidez por pasillos y habitaciones,
anclado al suelo por el correaje que surcaba el conducto
central del suelo. Presentó el carnet a un ciborguardia,
tras lo cual accedió a una cámara tubular.
Se situó frente a la pantalla de control del
centro del compartimento, la cual mostró la frase
“Unidad de teletransporte T3. Marque destino”.
Al cabo de 72 segundos, Martínez comenzó
a disgregarse de forma progresiva, y finalmente desapareció.
La estancia que vió Martínez
tras rematerializarse era idéntica a la anterior,
salvo que el rótulo marcaba “Tel 21”.
Abandonó la unidad de tele-transporte, y enfiló
el pasillo central. Al final del mismo, mostró
su tarjeta mensual al robot revisor, y accedió
al ascensor espacial. El descenso hasta la estación
de Chamartín duró 6 minutos.
A pesar de todo, tuvo que correr para
llegar en punto al trabajo. Faltaban 40 segundos para
el comienzo del turno, cuando Martínez fichó
en su puesto. Le dio tiempo para soltar un bufido y
pensar: “Esto de vivir en el extrarradio de la
galaxia se está poniendo cada día peor.
Cualquier día pierdo o se retrasa alguno de los
transbordos y llegó tarde al currelo”.
Sonó un pitido. Martínez
comenzó a trabajar.
|