Contacta con NGC 3660
 

Todobyte Más sobre Ricardo Manzanaro

Miguel contempló con satisfacción desde la puerta del despacho el nuevo ordenador que le acababan de instalar. En principio, su aspecto no difería con respecto al anterior. La joya moraba en su interior, en el disco duro. Alojados en dicha estructura estaban el software para el funcionamiento, y “alado” la unidad de memoria.

Esta última era la nueva versión del sistema de almacenamiento de datos más avanzado que se había creado. La versión definitiva. En aquel diminuto espacio cabía todo. Su disco de memoria atesoraba toda la información del mundo, todos los datos del universo conocido. Todo, todo, absolutamente todo. Aquellos escasos centímetros abarcaban los billones de años luz de todo el cosmos. La obra completa de todos los poetas turcos de cualquier siglo. La estatura de todos los que han vivido en España desde 1947. Todas las piezas para clavicordio escritas nunca. Las dimensiones, características y año de construcción de todos los edificios erigidos en el planeta.

Necesitaría aproximadamente 60 años, con sus días y sus noches, para leer todos los relatos de ciencia-ficción publicados, y que allí venían contenidos; 165 años en oír todas las canciones pop-rock incluidas; y 70 años en ver todas las ilustraciones que contenía el disco, dedicando un segundo a cada una de ellas. Estaba todo.

Por ello, a partir de su aparición ya no se decía que el ordenador tenía tantos miles de gygabytes de memoria, tantas decenas de cosmobytes. ¿Tenemos una unidad que acumula toda la información del mundo? Pues digamos que tiene un todobyte. Y se quedó con ese nombre.

Además, tal denominación estaba asegurada, ya que jamás se rebasaría ese límite. El sistema se actualizaba permanentemente. Cada segundo, vía Internet, el disco recibía los últimos datos surgidos: los últimos resultados deportivos, las últimas canciones radiadas, los últimos nacimientos y muertes acaecidas. Todo lo nuevo que acababa de ocurrir. Se aseguraba que pasaría mucho tiempo hasta que los nuevos contenidos rebasaran la capacidad del disco. La propaganda decía que cabía 20 veces más que el material actual; 20 veces más que todos los datos del mundo actual. De esta manera, el ordenador tenía ahora y siempre tendría 1 todobyte.

Miguel se relamió de gusto al imaginar la cara de sus amigos, al revelarles su nueva adquisición. Ellos siempre tenían lo más reciente de lo último. Cada vez que él anunciaba que se iba a comprar tal equipo o tal programa, ellos salían con las mismas frases: “¿Eso? Buff. Yo ya lo tengo desde…” o “¡Qué dices! Si eso es muy antiguo”. Pero en la presente ocasión estaba seguro de que si no antes que ellos, había adquirido el nuevo sistema al menos a la vez que la gente de su cuadrilla. En la tienda donde lo compró, le juraron y perjuraron que acababa de salir al mercado.

Volvió a contemplar unos instantes el ordenador, y, con semblante de satisfacción, salió del domicilio, dirigiéndose al bar donde había quedado con sus amigos para la cotidiana cena de los viernes.

 

***

 

Nervioso y de mala leche, Miguel falló varias veces en el propósito de insertar la llave en la cerradura. Cuando lo consiguió, abrió la puerta con celeridad, y seguidamente la cerró sin miramientos, ocasionando un considerable estruendo. Se dirigió como un rayo de luz directo al ordenador, mientras susurraba “Mierda, me han engañado, me han engañado”.
Cuando comenzó la reunión con sus amigos, Miguel no tardó más de dos minutos en anunciar su nueva adquisición, su flamante disco de memoria de 1 todobyte. Observó con satisfacción que, aunque todos mencionaban su interés en adquirir tal avance, ninguno de ellos lo tenía. Fue entonces, mientras Miguel henchía de orgullo, cuando José pronunció la terrible frase.

Si, está muy bien, pero creo que te va a durar poco; lo vas a tener que cambiar enseguida. He visto que en Estados Unidos ya hay discos de memoria que llevan 20 todobytes de datos y con capacidad para 500 todobytes.

Miguel rió con ganas: “Ja, ja, ja, qué broma más buena” exclamó “Eso es imposible”. Sin embargo, unos minutos más tarde, la línea de su boca había perdido la forma curva y adoptado formato recto. Estaba preocupado y angustiado. José Mari le aseguraba con vehemencia que no estaba contando ningún chiste. Y el resto de la cuadrilla confirmaba haber oído o visto acerca de discos con capacidad de 100 ó 200 todobytes. Si efectivamente era así, en la tienda donde había adquirido la unidad de memoria le habían engañado. No podía haber aumentado de 1 a 20 todo bytes en dos días. Además no tenía sentido. Se suponía que iba a ser siempre 1 todobyte, que lo tenía todo.

Tras teclear en el buscador el nombre de la empresa que comercializaba el dispositivo de memoria de 500 todobytes, esperó ansioso, intranquilo, la conexión con la página. Pasaron milésimas de segundo entre la aparición de la web y el veloz movimiento del cursor hacia el apartado de “Discos de memoria”.

Miguel fue leyendo con detenimiento lo que venía en ese apartado. Poco a poco fue entendiendo en qué consistía el sistema, y simultáneamente tranquilizándose.

Su disco de memoria estaba bien. Lo que ofrecía aquella empresa era algo diferente. Incorporaba un sistema inteligente cuya función era combinar para crear. Fabricaba nueva información. Combinaba 4 cuadros de El Greco para conseguir otro nuevo. Mezclaba un relato de Raymond Chandler y dos de Dashiel Hammet, y obtenía 20 variantes diferentes. Cogía el ritmo de una canción de los Beatles, la melodía de una de los Shadows, y la letra de una de los Rolling, y archivaba el nuevo contenido en el disco de memoria. Probablemente el nuevo cuadro fuera infame; la novela no tuviera ni pies ni cabeza; y el tema musical fuera una porquería. Pero eran más bytes. Ahora ya no había límite. La unidad creaba contenidos sin cesar. Y cada vez lo haría más rápido. Dentro de poco habría miles de todobytes, millones de gygatodobytes. Sin límite. Sin fin.

Miguel ya no mostraba expresión de disgusto, más bien al contrario, de interés, de pasión, de caérsele la baba.

-Qué guay… A ver si lo sacan pronto aquí -susurró.

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc[arroba]ngc3660.es