| Anselmo se apercibió
de que el nivel que marcaba el termómetro comenzaba
a bajar. Mientras la temperatura iba cayendo muy lentamente,
se “entretuvo” recordando todo lo acontecido
hasta llegar a aquel momento.
Paradójicamente, fue Anselmo
el primero en el pueblo en enterarse de la noticia.
Para matar sus largas horas en la garita del bedel del
ayuntamiento, leía artículos y noticias
sobre variados temas en diversas páginas web.
Aquel día la pantalla mostró espectaculares
titulares: “La hibernación humana es posible”,
“¿Quiere vivir en el futuro?”, “Reviven
tras 5 años criogenizados”.
La combinación de sulfuro de
hidrógeno, reductor del metabolismo, y una nueva
técnica que evitaba la formación de cristales
de hielo en el organismo, había conseguido mantener
congelados a varios humanos voluntarios, y revivirlos
sin daño alguno un lustro después. Y se
anunciaba otro dato aún más espectacular.
Cada uno de los individuos criogenizados padecía,
al iniciar la hibernación, un tumor, que tras
5 años en “standby”, no había
crecido en lo más mínimo.
El nivel de mercurio sólo había
bajado un grado. “Creía que esto iba a
ir más deprisa” pensó Anselmo.
Muchos sueños arrinconados en
el trastero de la fantasía parecían poder
hacerse realidad ahora. Echarse a dormir, y “segundos
después” despertar cuando hubiera cura
para el cáncer o el SIDA; cuando se pudiera rejuvenecer;
o simplemente cuando aquel futuro soñado de viajes
interestelares, cyborgs y ciudades infinitas fuera ya
realidad.
Pocas semanas después, Anselmo
comenzó a leer en las web noticias acerca de
clínicas de vanguardia que ya ofrecían
servicios de hibernación. Y no tardó en
aparecer el esperado titular: “El primer humano
criogenizado”.
“Otro grado menos”. Antes
de entrar en la cabina, Anselmo se había tomado
dos fármacos que le permitían asistir
al descenso de su propia temperatura corporal, al menos
en la primera fase.
Paradójicamente, el frío
calentó a toda la sociedad. En un primer momento,
la criogenización sólo estuvo al alcance
de los más ricos. Pero en pocos años el
precio, en consonancia con la temperatura, fue bajando.
Cientos de miles de humanos mutaron en témpanos
de hielo. Las cabinas conteniendo personas hibernadas
ocupaban espacios ingentes, hasta el punto de que se
construyeron edificios enteros para albergarlos, que
la gente los empezó a llamar “Los frigoríficos”.
Todo aquello en el pueblo de Anselmo
parecía ciencia-ficción. Pero entonces
se difundió en los medios de comunicación
una insólita iniciativa de un multimillonario.
Este erigió mega-contenedores criogénicos
para la gente de los países pobres. Con un sistema
muy económico, se podía hibernar a millones
de personas a la espera de que llegase un mundo con
mayor justicia social. El tercer mundo se convirtió
en el tercer congelador.
Anselmo estaba un poco aturdido, pero
todavía podía recordar cómo un
día vio a su vecino Damián hierático,
encerrado en una pastilla acristalada. El hielo había
llegado a su pueblo.
Y el hielo llevaba ya años
invadiendo las ciudades, asolando las ciudades, que
según pasaba el tiempo semejaba más a
pueblos. Cada día más gente se congelaba,
y cada vez era más difícil hallar profesionales,
encontrar pareja, localizar un médico, simplemente
vivir.
Las últimas imágenes
de Anselmo fueron la de sus primos, antes de meterse
en la cabina de hibernación preguntándole:
“Pero ¿vas a seguir despierto? En este
pueblo ya no vale la pena vivir”, la de la agonía
de Matías, el único que quedaba con él
que terminó falleciendo tras una trombosis cerebral,
y las de las horas y horas que pasó sólo
en el pueblo, hasta que decidió meterse en la
cabina de criogenización.
Lo que no sabía Anselmo era
que en los otros pueblos y ciudades del mundo aquella
inevitable evolución había ido más
rápido. Lo que desconocía Anselmo es que
él era el último humano sin congelar.
Cuando la temperatura de su termómetro descendió
a los 4º C, ya todos los humanos, absolutamente
todos, estaban congelados. Nadie en el planeta quedaba
vigil. Miles de millones de cabinas con miles de millones
de humanos dentro, hibernados. Toda la Humanidad criogenizada.
¿Qué pasaría entonces en la Tierra?
¿Alguna vez volvería a despertar?
publicado en julio
de 2008
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