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Mientras la temperatura desciende Más sobre Ricardo Manzanaro

Anselmo se apercibió de que el nivel que marcaba el termómetro comenzaba a bajar. Mientras la temperatura iba cayendo muy lentamente, se “entretuvo” recordando todo lo acontecido hasta llegar a aquel momento.

Paradójicamente, fue Anselmo el primero en el pueblo en enterarse de la noticia. Para matar sus largas horas en la garita del bedel del ayuntamiento, leía artículos y noticias sobre variados temas en diversas páginas web. Aquel día la pantalla mostró espectaculares titulares: “La hibernación humana es posible”, “¿Quiere vivir en el futuro?”, “Reviven tras 5 años criogenizados”.

La combinación de sulfuro de hidrógeno, reductor del metabolismo, y una nueva técnica que evitaba la formación de cristales de hielo en el organismo, había conseguido mantener congelados a varios humanos voluntarios, y revivirlos sin daño alguno un lustro después. Y se anunciaba otro dato aún más espectacular. Cada uno de los individuos criogenizados padecía, al iniciar la hibernación, un tumor, que tras 5 años en “standby”, no había crecido en lo más mínimo.

El nivel de mercurio sólo había bajado un grado. “Creía que esto iba a ir más deprisa” pensó Anselmo.

Muchos sueños arrinconados en el trastero de la fantasía parecían poder hacerse realidad ahora. Echarse a dormir, y “segundos después” despertar cuando hubiera cura para el cáncer o el SIDA; cuando se pudiera rejuvenecer; o simplemente cuando aquel futuro soñado de viajes interestelares, cyborgs y ciudades infinitas fuera ya realidad.

Pocas semanas después, Anselmo comenzó a leer en las web noticias acerca de clínicas de vanguardia que ya ofrecían servicios de hibernación. Y no tardó en aparecer el esperado titular: “El primer humano criogenizado”.

“Otro grado menos”. Antes de entrar en la cabina, Anselmo se había tomado dos fármacos que le permitían asistir al descenso de su propia temperatura corporal, al menos en la primera fase.

Paradójicamente, el frío calentó a toda la sociedad. En un primer momento, la criogenización sólo estuvo al alcance de los más ricos. Pero en pocos años el precio, en consonancia con la temperatura, fue bajando. Cientos de miles de humanos mutaron en témpanos de hielo. Las cabinas conteniendo personas hibernadas ocupaban espacios ingentes, hasta el punto de que se construyeron edificios enteros para albergarlos, que la gente los empezó a llamar “Los frigoríficos”.

Todo aquello en el pueblo de Anselmo parecía ciencia-ficción. Pero entonces se difundió en los medios de comunicación una insólita iniciativa de un multimillonario. Este erigió mega-contenedores criogénicos para la gente de los países pobres. Con un sistema muy económico, se podía hibernar a millones de personas a la espera de que llegase un mundo con mayor justicia social. El tercer mundo se convirtió en el tercer congelador.

Anselmo estaba un poco aturdido, pero todavía podía recordar cómo un día vio a su vecino Damián hierático, encerrado en una pastilla acristalada. El hielo había llegado a su pueblo.

Y el hielo llevaba ya años invadiendo las ciudades, asolando las ciudades, que según pasaba el tiempo semejaba más a pueblos. Cada día más gente se congelaba, y cada vez era más difícil hallar profesionales, encontrar pareja, localizar un médico, simplemente vivir.

Las últimas imágenes de Anselmo fueron la de sus primos, antes de meterse en la cabina de hibernación preguntándole: “Pero ¿vas a seguir despierto? En este pueblo ya no vale la pena vivir”, la de la agonía de Matías, el único que quedaba con él que terminó falleciendo tras una trombosis cerebral, y las de las horas y horas que pasó sólo en el pueblo, hasta que decidió meterse en la cabina de criogenización.

Lo que no sabía Anselmo era que en los otros pueblos y ciudades del mundo aquella inevitable evolución había ido más rápido. Lo que desconocía Anselmo es que él era el último humano sin congelar. Cuando la temperatura de su termómetro descendió a los 4º C, ya todos los humanos, absolutamente todos, estaban congelados. Nadie en el planeta quedaba vigil. Miles de millones de cabinas con miles de millones de humanos dentro, hibernados. Toda la Humanidad criogenizada. ¿Qué pasaría entonces en la Tierra? ¿Alguna vez volvería a despertar?

 

publicado en julio de 2008


 
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