| El ser llegó a un nudo
de comunicaciones del que nacían cientos de caminos que
alcanzaban sendas unidades destino. Ya era habitual el verse dominado
en aquellos momentos por una incontenible excitación, al
contemplar el extenso elenco de víctimas, y el inconmensurable
placer que le iba a proporcionar el ataque consecutivo a cada
una de ellas.
Nanosegundos después se plantaba ante
el ordenador escogido. La inhabilitación de las defensas
de la víctima resultó muy sencilla. La protección
de aquella unidad era ridícula y anticuada. Prácticamente
sin gastar un solo bit, el camino a la memoria del disco duro
quedó expedito. Se abalanzó con frenesí hacia
la víctima y comenzó a sorber los preciados megabytes.
En escaso tiempo, la unidad quedó sin memoria.
***
-Pero, ¿qué te pasa?
-Que… que no encuentro esos archivos…
No puede ser. Me ha desaparecido todo lo que tenía en “Mis
documentos”… No, por Dios, no… Me lo ha borrado
todo.
***
Durante el periodo de placidez que siguió
al ataque, el espectro recordó la mejoría experimentada
en su vida, con respecto a su anterior estatus. Aún se
estremecía, rememorando las dificultades para sobrevivir;
con largas jornadas buscando víctimas asequibles y que
supusieran escaso riesgo de ser capturado; y luego acosándolas
hasta encontrar el momento adecuado.
Todo cambió cuando un día, mientras
acechaba a una joven informática, escuchó la conversación
de ésta con un profesor universitario. En dicha charla
surgió la palabra clave, que iba a revolucionar su propia
naturaleza: digitalización.
Pasaron luego meses de estudio, tras los cuales
llegó la transformación. El príncipe de las
tinieblas, el rey de los vampiros adoptó, y nunca mejor
dicho en esta ocasión, una nueva configuración.
El ser, que erróneamente todos creían de ficción,
e inventado por los escritores de terror, mutó sus células
por bits. Drácula se había digitalizado.
Desde entonces, su identidad se vio multiplicada
por miles de copias que pululaban por el ciberespacio, de forma
semejante a la conciencia global de un hormiguero. Había
sustituido la hemoglobina por los megabytes. A cada terminal informática
que elegía como víctima, le hincaba su software,
y seguidamente le sorbía la información, hasta quedar
ahíto. A su lado, los pusilánimes virus creados
por hackers eran Hermanitas de la Caridad.
El espectro ya estaba frente a su nueva unidad-víctima.
Comprobó que la defensa en este caso era mucho más
voluminosa y sofisticada. La vampírica copia “sonrió”.
Le gustaban los retos. Puso en marcha sus programas, e inició
el ataque.
***
-Ay, Dios mío. ¿Qué le está
pasando al ordenador?
***
La lucha fue prolongada, dura y compleja, pero
finalmente las ciber-dentelladas vampíricas lograron fracturar
las defensas de aquel resistente enemigo. Drácula supuso
que tan armadas barreras debían esconder un valioso cúmulo
de datos. Cuando finalmente el antivirus de la unidad se desplomó,
el ser babeó digitalmente al comprobar el suculento botín
que atesoraba aquel ordenador.
***
-No, nada, nada. La protección que tenía
parece que no ha servido para nada, porque mire lo que está
pasando… ¿Ah, sí? ¿Me lo pueden enviar?...
Sí, le doy la dirección.
***
Súbitamente, el espectro se apercibió
de la presencia intrusa. Inmediatamente lo reconoció. Era
su más acérrimo rival. No tuvo tiempo de activar
las defensas. El programa enemigo se abalanzó sobre él,
mientras le clavaba un afilado software en el corazón de
su gigabyte. La estaca digital hirió de muerte al vampiro,
que en décimas de segundo sucumbió y se disgregó
en el magma telemático.
***
-Ay, gracias, muchísimas gracias. Ya creía
que no tenía remedio. Tenía una congoja pensando
que lo había perdido todo.
-Sí, nuestra empresa está especializada
en la protección frente a este peligroso virus. Los programas
de otras marcas no son efectivos frente a él.
-Y, ¿cómo me dijo que se llamaba
su compañía?
-Antivirus Van Helsing.
publicado en diciembre de
2007
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