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La lucha continúa Más sobre Ricardo Manzanaro

El ser llegó a un nudo de comunicaciones del que nacían cientos de caminos que alcanzaban sendas unidades destino. Ya era habitual el verse dominado en aquellos momentos por una incontenible excitación, al contemplar el extenso elenco de víctimas, y el inconmensurable placer que le iba a proporcionar el ataque consecutivo a cada una de ellas.

Nanosegundos después se plantaba ante el ordenador escogido. La inhabilitación de las defensas de la víctima resultó muy sencilla. La protección de aquella unidad era ridícula y anticuada. Prácticamente sin gastar un solo bit, el camino a la memoria del disco duro quedó expedito. Se abalanzó con frenesí hacia la víctima y comenzó a sorber los preciados megabytes. En escaso tiempo, la unidad quedó sin memoria.

 

***

 

-Pero, ¿qué te pasa?

-Que… que no encuentro esos archivos… No puede ser. Me ha desaparecido todo lo que tenía en “Mis documentos”… No, por Dios, no… Me lo ha borrado todo.

 

***

 

Durante el periodo de placidez que siguió al ataque, el espectro recordó la mejoría experimentada en su vida, con respecto a su anterior estatus. Aún se estremecía, rememorando las dificultades para sobrevivir; con largas jornadas buscando víctimas asequibles y que supusieran escaso riesgo de ser capturado; y luego acosándolas hasta encontrar el momento adecuado.

Todo cambió cuando un día, mientras acechaba a una joven informática, escuchó la conversación de ésta con un profesor universitario. En dicha charla surgió la palabra clave, que iba a revolucionar su propia naturaleza: digitalización.

Pasaron luego meses de estudio, tras los cuales llegó la transformación. El príncipe de las tinieblas, el rey de los vampiros adoptó, y nunca mejor dicho en esta ocasión, una nueva configuración. El ser, que erróneamente todos creían de ficción, e inventado por los escritores de terror, mutó sus células por bits. Drácula se había digitalizado.

Desde entonces, su identidad se vio multiplicada por miles de copias que pululaban por el ciberespacio, de forma semejante a la conciencia global de un hormiguero. Había sustituido la hemoglobina por los megabytes. A cada terminal informática que elegía como víctima, le hincaba su software, y seguidamente le sorbía la información, hasta quedar ahíto. A su lado, los pusilánimes virus creados por hackers eran Hermanitas de la Caridad.

El espectro ya estaba frente a su nueva unidad-víctima. Comprobó que la defensa en este caso era mucho más voluminosa y sofisticada. La vampírica copia “sonrió”. Le gustaban los retos. Puso en marcha sus programas, e inició el ataque.

 

***

 

-Ay, Dios mío. ¿Qué le está pasando al ordenador?

 

***

 

La lucha fue prolongada, dura y compleja, pero finalmente las ciber-dentelladas vampíricas lograron fracturar las defensas de aquel resistente enemigo. Drácula supuso que tan armadas barreras debían esconder un valioso cúmulo de datos. Cuando finalmente el antivirus de la unidad se desplomó, el ser babeó digitalmente al comprobar el suculento botín que atesoraba aquel ordenador.

 

***

 

-No, nada, nada. La protección que tenía parece que no ha servido para nada, porque mire lo que está pasando… ¿Ah, sí? ¿Me lo pueden enviar?... Sí, le doy la dirección.

 

***

 

Súbitamente, el espectro se apercibió de la presencia intrusa. Inmediatamente lo reconoció. Era su más acérrimo rival. No tuvo tiempo de activar las defensas. El programa enemigo se abalanzó sobre él, mientras le clavaba un afilado software en el corazón de su gigabyte. La estaca digital hirió de muerte al vampiro, que en décimas de segundo sucumbió y se disgregó en el magma telemático.

 

***

 

-Ay, gracias, muchísimas gracias. Ya creía que no tenía remedio. Tenía una congoja pensando que lo había perdido todo.

-Sí, nuestra empresa está especializada en la protección frente a este peligroso virus. Los programas de otras marcas no son efectivos frente a él.

-Y, ¿cómo me dijo que se llamaba su compañía?

-Antivirus Van Helsing.

 

publicado en diciembre de 2007

 
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