| «También
es mala suerte» pensó Jiménez, mientras
bufaba y simultáneamente intentaba apartar con
la mano las gotas de sudor que se acercaban a las cejas.
«El último día antes de irme de
vacaciones y me tocan todas las catástrofes juntas».
***
Tuvo que volver unas páginas atrás, al
inicio del anterior episodio. Hacía tanto tiempo
que no escribía nada en el libro, que ya no se
acordaba de cuál era el número de capítulo
que tocaba.
***
Un terremoto, y no un simple temblor, en Cádiz.
Una tromba bestial de agua en Valencia. Un mini-huracán
en Galicia. Rayos como bazokas que habían caído
en Barcelona, ocasionando incendios y jorobando todo
el sistema eléctrico. El centro de San Sebastián
anegado por una salva de olas descomunales. Y él,
de coordinador general de Protección Civil...
***
El escritor hizo un esquema de todos los hechos que
tenían que reflejarse en aquel capítulo.
Cada acontecimiento incluido en la historia tenía
un significado simbólico. Fue preparando con
esmero el argumento del episodio, ya que se trataba
del desenlace de la obra.
***
-Eh... Jiménez... Perdone que le moleste en este
momento, pero me han llamado desde el Centro Astronómico
Nacional. Los tíos están atacados. Dicen
que han detectado que están estallando decenas
de supernovas por toda la galaxia... Eso, ¿tiene
importancia?
***
Sólo quedaban unas líneas por redactar.
Después vendría un epílogo. Pero
el cuerpo central tocaba a su fin. El autor meditaba
cada una de las frases, antes de escribirlas.
***
Todos los miembros del equipo de Protección Civil
se habían quedado petrificados delante del televisor.
No se sabía quién había sido el
que empezó, y quién el que respondió.
Ya daba lo mismo. Cientos de misiles surcaban los cielos
con dirección a EEUU, a Rusia, a Arabia, a Europa...
a España.
***
Por fin, Dios terminó el capítulo, escribiendo
seguidamente las cuatro últimas palabras del
libro.
Fin
de
« La Biblia »
publicado en febrero
de 2009
|