| El sueño es
perezoso, se retrasa mientras observas en la oscuridad
sombras que se desplazan ante tu ciega mirada. Te estremeces
al pensar en horrores sólo creados por tu imaginación;
te encojes, quizá así te sientas a salvo…,
qué ingenua. Intentas relajarte, lo consigues.
Sabes que es imposible, que sólo existen en tú
cabeza, y maldices a aquellos escritores que alimentan
tu imaginación y provocan tus pesadillas. Intentas
razonar lo irracional, sabes que de darse el caso no
tendrías miedo; su mente es dominante y su beso…
suave narcótico. Te vuelves a estremecer, pero
esta vez no es por el miedo. Aceptas su delicada caricia
con excitación, el roce de la muerte es bello
y bienvenido, como si del más lujurioso de los
amantes se tratase. Entonces reconoces el extremo placer
de su mente mancillando tu ser, sientes el deleite cuando
sus dientes violan tu cuerpo, y sabes que éste
es el fin… Sí, es el fin, pero es que es
un final tan dulce.
publicado en febrero de
2009
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