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El sentimiento más profundo Más sobre Rafael Rius Sánchez

Al igual que le ocurría últimamente, el agudo zumbido del puntual despertador no le sobresaltó en absoluto. Hacía ya rato que se encontraba despierto, acostado sobre el lado izquierdo de su cuerpo observando como los tenues haces luminosos del amanecer se colaban por debajo de la ventana anunciando un nuevo día. Se tomó con calma lo de apagar el despertador, quizás con un poco de suerte Wendy, su mujer, se despertase y le diese los buenos días como hacía hace hoy diez años. Puede que incluso le preparara un desayuno rico en hidratos que llenase de energía su cuerpo cansino y amargado. Eso estaría bien.

Poco a poco se fue incorporando en silencio, no con la intención de no hacer ruido, eso le daba lo mismo, pero es que sus fuerzas y sus ánimos no le permitían hacerlo de otra manera. Ya de pie, echó una ojeada a la cama donde tumbada y profundamente dormida descansaba ella. Su subconsciente había aprendido a distinguir el diferente sonido de su avisador y a asociarlo, según su reloj biológico, con hora y media más tarde. Sólo en caso de algún estruendo monumental abriría los ojos antes de ese momento, y hoy, aunque fuera el día de su décimo aniversario, no sería ninguna excepción.

Joel se dirigió al aseo donde una refrescante ducha intentaría aclarar un poco sus hasta ese momento dormidos pensamientos. Hoy debería hacer algunas horas extras en el trabajo si quería completar el cupo señalado para el día veinte. Cada mes se hacía una estimación global de la asignación de labores en los operarios de planta en la farmoquímica en la que él trabajaba, para así premiar a quienes rebasaban con creces dicho cupo y recriminar, por consiguiente, a los que no llegasen a el. Él no deseaba premios, no porque el dinerillo extra le viniese mal, todo lo contrario, pero lo que intentaba evitar era una sanción por no alcanzar su cuota de analíticas por tercer mes consecutivo. Si pudiera hacer hoy algunos análisis más de los que habitualmente solía hacer, pero tal hazaña la veía difícil, casi imposible a juzgar de las fuerzas que disponía para ello. Hoy se cumplían diez años desde aquel caótico día en que contrajo matrimonio con la mujer que había conquistado su corazón, pero ahora dudaba de que así hubiese sido. Su relación con ella se deterioró al poco tiempo de casados, ella esperaba más de él y él, en fin, sólo esperaba que ella le comprendiera, y poco a poco lo que parecían unos lazos sólidos y estables, se fueron minando irremisiblemente hasta el día de hoy; con tal panorama para que molestarse en comprarle algo si ella ni siquiera lo sabría apreciar.

Paró un momento delante de la puerta de su cocina y decidió pasar de largo al igual que hacía la mayoría de las mañanas. Quizá ese fuera precisamente el primer paso de su decrépito estado; entonces recordó el paquete recibido la noche anterior. Se trataba de un bulto envuelto con un feo papel reciclado de color verde y cuyo remitente era la IFSM, Industrias Farmoquímicas Saint Marlene, la fábrica en la que ambos trabajaban. La caja era de dimensiones considerables y aunque llegó la noche anterior lo hizo tarde por lo que ni se molestó en abrirla. Cuando llegó su mujer, bastante más tarde y por su aspecto cansada, ni siquiera se debió de dar cuenta de su existencia ya que éste permanecía aún intacto. Como destinatarios figuraban los dos, así que no consideró que cometía ningún delito si lo abría esa misma mañana; total, cinco minutos más o menos no se notarían en la media hora larga que generalmente le tocaba esperar antes de poder ubicarse definitivamente en su puesto de trabajo. Un cuchillo de cocina le sirvió para rasgar la vistosa cinta adhesiva que mantenía cerrado el paquete para más tarde desplegar cuidadosamente las amplias solapas de la caja. Fruta, una espléndida y vistosa cesta de deliciosa y apetitosa fruta, junto a ella, envuelta en papel celofán naranja, una breve pero significativa nota, "La directiva de Industrias Farmoquímicas Saint Marlene se enorgullece al desearles un feliz décimo aniversario. Atentamente, Peter Dempsey, Director del Departamento de Recursos Humanos". La dedicatoria le cogió un poco de sorpresa, pues no tenía conocimiento de que tales obsequios fueran habituales aunque a decir verdad no le extrañaba, seguro que iba mas bien dirigido a Wendy que a él mismo.

Acostumbrado a los productos precocinados carentes de vitaminas, algo de fruta fresca no le vendría nada mal, además, quien hubiese sido el que preparara el envío, había seleccionado concienzudamente su contenido ya que, aun siendo poco habituales en ésta época del año, predominaban las naranjas y las fresas, las primeras le encantaban a él, y las fresas... Tomó una de la cesta y la peló de manera habilidosa. Aunque últimamente fueran bastante escasas en su dieta de niño habían sido su pasión adquiriendo entonces gran destreza en dicho arte, el de mondar una naranja. Aún no se había acabado ésta cuando ya se estaba preparando otra, quizás hoy el día no fuera tan malo al fin y al cabo, pensó. Iniciación afirmativa del experimento.Elemento pasivo A en desarrollo.

 

Un suave sonido la devolvió paulatinamente al estado consciente. Tendió su brazo y tras un suave roce de sus dedos en el lugar adecuado, el sonido cesó. Observó la claridad que entraba por la ventana y no pudo reprimir una sonrisa, Joel siempre subía las persianas antes de marcharse porque suponía que a ella le molestaba, y no se imaginaba lo equivocado que estaba. En diez años de matrimonio nunca había conseguido conocerla como ella le conocía a él, y de eso se había valido en multitud de ocasiones. Se levantó de la cama con ágiles movimientos, en su cabeza ya planeaba lo que iba a desayunar después de la ducha que pensaba darse antes de ir a la factoría. Hoy era un día clave en su carrera, una importante reunión, un posible contrato millonario con una empresa europea de exportación, eso significaba ampliar el marco demográfico en la venta de sus productos, y el éxito en tales diligencias significaba el respeto de sus compañeros de cargo, de sus iguales que no hacían más que jactarse ante ella de sus millonarias gestiones y que por desgracia para ella, hasta la fecha aún no había podido conseguir.

Dedicó más tiempo del habitual en arreglarse, no es que necesitara mucho para sentirse atractiva pero quería causar las mejores de las impresiones a los miembros de la reunión, y eso incluía también su aspecto físico. Al poco ya se encontraba casi lista para salir, sólo le faltaba ponerse una blusa, la blusa que apartó con sumo cuidado la noche anterior, así que decidió que era mejor tomarse algo antes de ponérsela no fuera a estropearse con alguna inoportuna mancha. Al entrar en la cocina vio la caja con la cesta de frutas y se sorprendió de que Joel no le hubiera comentado nada; aunque eso no era de extrañar, apenas mediaron palabra en el escaso ratito en que coincidieron. Hacía ya mucho tiempo que no mantenían una comunicación ni en su forma más simple. Observó con detenimiento la cesta de frutas y se alegró al ver el predominio del rojo fresón sobre el resto de las piezas. Lo que había pensado antes de la ducha pasó a segundo plano, ese día cambiaría su desayuno. Elemento pasivo B inicia desarrollo.

Tras la habitual espera le llegó su turno para poder embutirse. Así es como llamaban familiarmente al proceso mediante el cual se colocaban las batas, los gorros, los guantes, las mascarillas y los patucos, todos ellos de plástico verde medio transparente, que servían para preservar las sustancias tratadas de posibles partículas contaminantes provenientes de las ropas o del propio manipulador. Sabían que todo ello era obligatorio por las reglamentaciones estatales de seguridad e higiene laboral, y mas aun tratándose de una fábrica de medicamentos, pero ello no les evitaba el agobio y las molestias que durante los largos turnos de trabajo les acababan acarreando por muy acostumbrados que hubieran estado.

Revolvió entre la pila de informes de productos que descansaban en su dispensador y tomó uno de los que poseían la fecha más atrasada. Se trataba de unas píldoras vasodilatadoras, especialmente recomendadas para afecciones coronarias. Examinó sus indicaciones en el ordenador y preparó de forma meticulosa la muestra que debía depositar en el analizador espectométrico, el cual se ocupaba de calcular tanto los componentes como las proporciones de estos existentes en la sección de pastilla que él había seleccionado. Este trabajo le venía a suponer al analizador entre cinco y siete minutos, tiempo que Joel empleaba para iniciar los aspectos más superficiales del informe que debía redactar y una vez el análisis fuese acabado, debía utilizar los resultados para realizar algunas complicadas formulaciones químicas que debían dar como resultado exacto las indicaciones suministradas por el ordenador. Pero aunque hoy debía concentrarse más que nunca si quería avanzar el trabajo pendiente, algo le rondaba por la cabeza, algo que le mantenía incómodo, algo que no le permitía la dedicación necesaria y ese algo no era ni más ni menos que su aniversario de boda. A la entrada de la fábrica había hecho algunos comentarios sobre su situación a sus compañeros más cercanos, y se sorprendió bastante de las respuestas que obtuvo. Todos ellos, casi sin excepción, sentían algo parecido hacia sus parejas, en mayor o menor medida, pero ese sentimiento de rechazo se encontraba presente en la mayoría de ellos. Este hecho le preocupó lo bastante como para imposibilitarle la concentración. ¿Acaso era ese el estado natural al que debían desembocar las relaciones de pareja? y de ser así ¿qué sentido debía tener entonces dicha unión? No, no podía estar todo limitado a que una felicidad inicial se fuese degradando con el transcurrir del tiempo hasta no quedar un ápice de amor y dicha en una relación; no, no le parecía el proceso lógico. Si tal degeneración se producía debía de tener su origen en algún tipo de patología en la que aún nadie había podido reparar en ella, pues la base de los matrimonios se cimentaba en los sentimientos de amor y amistad y eso era algo que, por mucho que algunos opinasen lo contrario, no se podía erosionar de una forma tan rápida y sistemática. ¿Por qué lo que sentían sus compañeros era tan similar a lo que él sentía por Wendy? Pero en realidad todo aquello le llevaba a otra cuestión, ¿cual era ese verdadero sentimiento que permanecía retraído en su interior?, ¿de verdad se había acabado toda la atracción que sintió hacia su mujer? Él pensaba que no. Wendy era una mujer que pese a estar entrada ya en los treinta conservaba aún su encanto juvenil, era activa e inteligente y todo ello la seguía haciendo atractiva a sus ojos, así que eso no era..., ¿entonces el qué?

Esa mañana, entre analíticas e informes, el análisis del momento actual de su relación con Wendy ocupó gran parte de su atención. Fase Génesis en elemento pasivo A completada.

 

La reunión no se desarrollaba todo lo positivamente que ella esperaba. Los representantes europeos poseían unas ideas muy claras sobre la manera de explotar los productos de la Saint Marlene y del porcentaje en los beneficios que les debía corresponder, algo que ella ya suponía de antemano pero cuyas cifras diferían por completo con las que podía barajar a priori, por lo que las conversaciones pasaban por un momento de incertidumbre. Planos de distintas ciudades de diferentes países, diagramas de costes y gastos, estudios estadísticos demográficamente organizados, papeleo que cada uno aportaba y que ya cubría en su totalidad la extensa mesa de nogal. Tras varias horas de reunión se llegó a la decisión, única unánime hasta ese momento, de hacer un alto en las conversaciones para reponer las fuerzas, ya que la hora del almuerzo había pasado inexistente y los síntomas de agotamiento y estrés empezaban a hacer su aparición. Wendy debía tomarse un respiro. La responsabilidad de ese acuerdo estaba sobrecargando de manera considerada su espalda, se sentía incómoda por la manera en que estaba llevando todo ese asunto y, por vez primera en mucho tiempo, sintió miedo con la idea del fracaso.

Hasta hace bien poco, toda su carrera se había desarrollado de forma ascendente. Joel, que por aquel entonces aún ejercía de novio, le habló sobre la posibilidad de cubrir una vacante de secretaria en el departamento de personal. Por aquel entonces la Saint Marlene llevaba pocos años funcionando y los cambios de situación dentro de la empresa se encontraban a la orden del día.

A ella la trasladaron a un puesto administrativo en el departamento comercial, mientras que a su marido lo mandaron a control de calidad... Pero Joel no prosperó más, se quedó allí estancado mientras ella luchaba por su ascensión dentro de la propia empresa. Así le llegó el puesto de ayudante de uno de los comerciales más destacados del departamento. Aprendió bastante de él y compartieron algo más que trabajo, pero la cosa no duró, aunque buen profesional, su carácter egoísta y su egocentrismo le apartó de su lado. Lo aprendido le sirvió para conseguir un puesto de comercial, ahora era ella la que tendría ayudantes, ahora sería a ella a quien admirarían y respetarían, o eso fue lo que entonces pasó por su cabeza. Pequeños clientes con escasos beneficios para la empresa era todo lo que había aportado en todo este tiempo, parecía que se hubiese especializado en ellos. Pero por fin llegó la oportunidad de hacer algo grande, un acuerdo que le proporcionase la importancia que se merecía dentro del departamento, que le diera un nombre dentro de la estructura jerárquica de la Saint Marlene; ahora tenía esa oportunidad esperada durante tanto tiempo y lo estaba fastidiando todo.

Wendy se sintió sola por vez primera en mucho tiempo y rebuscó en sus pensamientos a alguien que le aportara esa pizca de confianza que ahora necesitaba, pero no halló a nadie. La lista mental de aquellas personas a las que podía explicarles sus problemas era muy corta y se asombró al descubrir que aquellos en los que se había apoyado hasta ahora, aquellos en los que últimamente confiaba, eran aquellos que esperaban su tropiezo, su error, su caída y poder así arrebatarle el contrato con los europeos y echar por tierra todo el trabajo que le había costado llegar hasta ese punto. No, no podía confiar en ellos, ¿pero en quién entonces? ¿Quién era esa persona que le prestaría su apoyo sin esperar nada a cambio? Pensó en alguien que la ayudó desde el principio, alguien a quien ella le había importado de verdad y recordó ese momento últimamente tan olvidado en que se unió a una persona hacía ahora diez años, y una lágrima resbaló por su apagada mejilla. Fase Génesis en elemento pasivo B completada.

La proporción de analíticas e informes realizados había aumentado considerablemente respecto a días anteriores. Absorto en su trabajo, excitado a la vez que concentrado, Joel tenía la mente dividida en dos obsesiones diferentes. Una de las cosas que le obsesionaba era adelantar lo suficiente su atrasado trabajo para poder así llegar al cupo establecido para el día veinte. La otra obsesión era diferente. Había analizado a su mujer, analizar era algo que se le daba muy bien, y sus conclusiones le llevaban a aceptar que junto a él dormía a diario una de las personas más encantadoras, maravillosas y atractivas que él había conocido en su vida, y ahí lo sorprendente, la única razón de que su matrimonio fuera mal se debía achacar a la falta de comunicación que existía entre ambos. Hacía ya mucho que no hablaban y había decidido poner fin a tan lamentable situación, daba lo mismo si lo hablado era un tema trivial o si al contrario se trataba de algo de suma importancia, hablaría con ella, salvaría su relación, su futura felicidad dependería de ello. Sabía que le iba a costar pues su mujer se había distanciado bastante de él, pero no quería acabar engrosando la lista de matrimonios fracasados, no, ellos no acabarían así.

La excitación experimentada por su reciente decisión llenó de vitalidad todo su cuerpo. Hoy se cumplían sus diez años y la sorprendería con ese detalle que le compraría al salir del trabajo. Ya lo había decidido, sus vidas iban a cambiar desde ese mismo día, de eso estaba seguro. Fase de acción en elemento pasivo A. Extrapolación Positiva.

Tras despedirse cerró la puerta y permaneció junto a ésta, inmóvil, durante unos segundos. En ese tiempo una sonrisa empezó a distinguirse en su cara desvelando su estado anímico. Se encontraba bien. Al final se consiguió firmar el acuerdo, no era precisamente el esperado por ella, pero si más de lo que en un principio ofrecían los representantes de la empresa exportadora europea; ambos tenían intereses en el acuerdo y al final eso fue lo que lo hizo posible. Había conseguido serenarse después de una leve comida y se aprovechó de ello para poner un poco de orden en sus ideas, intentando colocarlas por prioridades. Casi sin darse cuenta, esa escala de intereses había sufrido un cambio. Si antes la Saint Marlene se encontraba en la cúspide de la pirámide, ahora había sufrido un revés y se encontraba justo por debajo de su matrimonio. Aquellos buenos y hermosos momentos vividos juntos, el apoyo incondicional y desinteresado recibido por su aquel entonces mejor amigo. Quizás en alguno de esos recuerdos se encontraba la clave de dicho cambio, no lo podía explicar con plena seguridad, pero lo que sí tenía claro es que en este día había comprendido que lo verdaderamente importante en su vida era aquel hombre que en su día atendió a sus preocupaciones y temores, aquel hombre en el que siempre encontró refugio, cariño y sobretodo amistad. ¿Dónde quedó todo aquello? Pues más cerca de lo que al empezar el día se hubiera podido imaginar. Pese a su comportamiento, presentía, sabía con seguridad que aún albergaba algún buen sentimiento hacia ella, resquicio que sería la semilla para un nuevo brote de amor y felicidad que ella se encargaría de regar y cuidar todos los días. Tal decisión fue la que le proporcionó la tranquilidad y apoyo suficiente que necesitaba para afrontar la segunda parte de la reunión, quizás por el hecho de no importarle tanto el resultado de la misma.

A partir de ahora el trabajo se le multiplicaría pero eso sería a partir de mañana. Hoy era su décimo aniversario de boda y quería empezar por sorprender a su recuperable marido con una buena cena que prepararía en cuanto llegase a casa, para ello pediría un par de horas a la empresa, o mejor aun, se las tomaría ella por su cuenta, total, lo que ahora más le importaba lo encontraría en su hogar y no en su despacho. Fase de acción en elemento pasivo B. Extrapolación positiva.

Informe previo CITOSININ 2020

Expediente 24086/23 de 50

Elemento pasivo A Joel Huntkins

Elemento pasivo B Wendy Huntkins

Evaluación Prueba Empírica (E.P.E.):

Positivo al 78% en elemento A,

Positivo al 67% en elemento B.

Dosificación:

250 mg en elemento A,

160 mg en elemento B.

Sinopsis:

Administración por vía oral de CITOSININ 2020 en dosis indicadas. Efectos inmediatos. Inicio de remodelación neuronal una hora aproximadamente después de asimilación de sustancia. Terminada remodelación a los 196 minutos desde inicio en elemento A y a los 234 minutos desde inicio en elemento B. Observación de estados de euforia y excitación, alto grado de vitalidad en ambos elementos. Mejora de autoconfianza y optimización de las funciones psicomotoras (39% en elemento A, 23% en elemento B). Aumento de estabilidad emocional con consiguiente mejora en el rendimiento laboral (42% en elemento A, 28% en elemento B).

Evaluación final:

Positiva con carácter general en un 84%

Recomendación:

Producto bastante fiable sin conocidos efectos secundarios. Se recomienda repetir experimento pasado quince días del primer contacto. Posible recomendación de comercialización del producto.

Industrias Farmoquímicas Saint Marlene

División de Terapia Génica del Comportamiento (D.T.G.C.)

Departamento de experimentación.

 
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