| Al igual que le ocurría
últimamente, el agudo zumbido del puntual despertador
no le sobresaltó en absoluto. Hacía ya
rato que se encontraba despierto, acostado sobre el
lado izquierdo de su cuerpo observando como los tenues
haces luminosos del amanecer se colaban por debajo de
la ventana anunciando un nuevo día. Se tomó
con calma lo de apagar el despertador, quizás
con un poco de suerte Wendy, su mujer, se despertase
y le diese los buenos días como hacía
hace hoy diez años. Puede que incluso le preparara
un desayuno rico en hidratos que llenase de energía
su cuerpo cansino y amargado. Eso estaría bien.
Poco a poco se fue incorporando en
silencio, no con la intención de no hacer ruido,
eso le daba lo mismo, pero es que sus fuerzas y sus
ánimos no le permitían hacerlo de otra
manera. Ya de pie, echó una ojeada a la cama
donde tumbada y profundamente dormida descansaba ella.
Su subconsciente había aprendido a distinguir
el diferente sonido de su avisador y a asociarlo, según
su reloj biológico, con hora y media más
tarde. Sólo en caso de algún estruendo
monumental abriría los ojos antes de ese momento,
y hoy, aunque fuera el día de su décimo
aniversario, no sería ninguna excepción.
Joel se dirigió al aseo donde
una refrescante ducha intentaría aclarar un poco
sus hasta ese momento dormidos pensamientos. Hoy debería
hacer algunas horas extras en el trabajo si quería
completar el cupo señalado para el día
veinte. Cada mes se hacía una estimación
global de la asignación de labores en los operarios
de planta en la farmoquímica en la que él
trabajaba, para así premiar a quienes rebasaban
con creces dicho cupo y recriminar, por consiguiente,
a los que no llegasen a el. Él no deseaba premios,
no porque el dinerillo extra le viniese mal, todo lo
contrario, pero lo que intentaba evitar era una sanción
por no alcanzar su cuota de analíticas por tercer
mes consecutivo. Si pudiera hacer hoy algunos análisis
más de los que habitualmente solía hacer,
pero tal hazaña la veía difícil,
casi imposible a juzgar de las fuerzas que disponía
para ello. Hoy se cumplían diez años desde
aquel caótico día en que contrajo matrimonio
con la mujer que había conquistado su corazón,
pero ahora dudaba de que así hubiese sido. Su
relación con ella se deterioró al poco
tiempo de casados, ella esperaba más de él
y él, en fin, sólo esperaba que ella le
comprendiera, y poco a poco lo que parecían unos
lazos sólidos y estables, se fueron minando irremisiblemente
hasta el día de hoy; con tal panorama para que
molestarse en comprarle algo si ella ni siquiera lo
sabría apreciar.
Paró un momento delante de la
puerta de su cocina y decidió pasar de largo
al igual que hacía la mayoría de las mañanas.
Quizá ese fuera precisamente el primer paso de
su decrépito estado; entonces recordó
el paquete recibido la noche anterior. Se trataba de
un bulto envuelto con un feo papel reciclado de color
verde y cuyo remitente era la IFSM, Industrias Farmoquímicas
Saint Marlene, la fábrica en la que ambos trabajaban.
La caja era de dimensiones considerables y aunque llegó
la noche anterior lo hizo tarde por lo que ni se molestó
en abrirla. Cuando llegó su mujer, bastante más
tarde y por su aspecto cansada, ni siquiera se debió
de dar cuenta de su existencia ya que éste permanecía
aún intacto. Como destinatarios figuraban los
dos, así que no consideró que cometía
ningún delito si lo abría esa misma mañana;
total, cinco minutos más o menos no se notarían
en la media hora larga que generalmente le tocaba esperar
antes de poder ubicarse definitivamente en su puesto
de trabajo. Un cuchillo de cocina le sirvió para
rasgar la vistosa cinta adhesiva que mantenía
cerrado el paquete para más tarde desplegar cuidadosamente
las amplias solapas de la caja. Fruta, una espléndida
y vistosa cesta de deliciosa y apetitosa fruta, junto
a ella, envuelta en papel celofán naranja, una
breve pero significativa nota, "La directiva de
Industrias Farmoquímicas Saint Marlene se enorgullece
al desearles un feliz décimo aniversario. Atentamente,
Peter Dempsey, Director del Departamento de Recursos
Humanos". La dedicatoria le cogió un poco
de sorpresa, pues no tenía conocimiento de que
tales obsequios fueran habituales aunque a decir verdad
no le extrañaba, seguro que iba mas bien dirigido
a Wendy que a él mismo.
Acostumbrado a los productos precocinados
carentes de vitaminas, algo de fruta fresca no le vendría
nada mal, además, quien hubiese sido el que preparara
el envío, había seleccionado concienzudamente
su contenido ya que, aun siendo poco habituales en ésta
época del año, predominaban las naranjas
y las fresas, las primeras le encantaban a él,
y las fresas... Tomó una de la cesta y la peló
de manera habilidosa. Aunque últimamente fueran
bastante escasas en su dieta de niño habían
sido su pasión adquiriendo entonces gran destreza
en dicho arte, el de mondar una naranja. Aún
no se había acabado ésta cuando ya se
estaba preparando otra, quizás hoy el día
no fuera tan malo al fin y al cabo, pensó. Iniciación
afirmativa del experimento.Elemento pasivo A en desarrollo.
Un suave sonido la devolvió
paulatinamente al estado consciente. Tendió su
brazo y tras un suave roce de sus dedos en el lugar
adecuado, el sonido cesó. Observó la claridad
que entraba por la ventana y no pudo reprimir una sonrisa,
Joel siempre subía las persianas antes de marcharse
porque suponía que a ella le molestaba, y no
se imaginaba lo equivocado que estaba. En diez años
de matrimonio nunca había conseguido conocerla
como ella le conocía a él, y de eso se
había valido en multitud de ocasiones. Se levantó
de la cama con ágiles movimientos, en su cabeza
ya planeaba lo que iba a desayunar después de
la ducha que pensaba darse antes de ir a la factoría.
Hoy era un día clave en su carrera, una importante
reunión, un posible contrato millonario con una
empresa europea de exportación, eso significaba
ampliar el marco demográfico en la venta de sus
productos, y el éxito en tales diligencias significaba
el respeto de sus compañeros de cargo, de sus
iguales que no hacían más que jactarse
ante ella de sus millonarias gestiones y que por desgracia
para ella, hasta la fecha aún no había
podido conseguir.
Dedicó más tiempo del
habitual en arreglarse, no es que necesitara mucho para
sentirse atractiva pero quería causar las mejores
de las impresiones a los miembros de la reunión,
y eso incluía también su aspecto físico.
Al poco ya se encontraba casi lista para salir, sólo
le faltaba ponerse una blusa, la blusa que apartó
con sumo cuidado la noche anterior, así que decidió
que era mejor tomarse algo antes de ponérsela
no fuera a estropearse con alguna inoportuna mancha.
Al entrar en la cocina vio la caja con la cesta de frutas
y se sorprendió de que Joel no le hubiera comentado
nada; aunque eso no era de extrañar, apenas mediaron
palabra en el escaso ratito en que coincidieron. Hacía
ya mucho tiempo que no mantenían una comunicación
ni en su forma más simple. Observó con
detenimiento la cesta de frutas y se alegró al
ver el predominio del rojo fresón sobre el resto
de las piezas. Lo que había pensado antes de
la ducha pasó a segundo plano, ese día
cambiaría su desayuno. Elemento pasivo
B inicia desarrollo.
Tras la habitual espera le llegó
su turno para poder embutirse. Así es como llamaban
familiarmente al proceso mediante el cual se colocaban
las batas, los gorros, los guantes, las mascarillas
y los patucos, todos ellos de plástico verde
medio transparente, que servían para preservar
las sustancias tratadas de posibles partículas
contaminantes provenientes de las ropas o del propio
manipulador. Sabían que todo ello era obligatorio
por las reglamentaciones estatales de seguridad e higiene
laboral, y mas aun tratándose de una fábrica
de medicamentos, pero ello no les evitaba el agobio
y las molestias que durante los largos turnos de trabajo
les acababan acarreando por muy acostumbrados que hubieran
estado.
Revolvió entre la pila de informes
de productos que descansaban en su dispensador y tomó
uno de los que poseían la fecha más atrasada.
Se trataba de unas píldoras vasodilatadoras,
especialmente recomendadas para afecciones coronarias.
Examinó sus indicaciones en el ordenador y preparó
de forma meticulosa la muestra que debía depositar
en el analizador espectométrico, el cual se ocupaba
de calcular tanto los componentes como las proporciones
de estos existentes en la sección de pastilla
que él había seleccionado. Este trabajo
le venía a suponer al analizador entre cinco
y siete minutos, tiempo que Joel empleaba para iniciar
los aspectos más superficiales del informe que
debía redactar y una vez el análisis fuese
acabado, debía utilizar los resultados para realizar
algunas complicadas formulaciones químicas que
debían dar como resultado exacto las indicaciones
suministradas por el ordenador. Pero aunque hoy debía
concentrarse más que nunca si quería avanzar
el trabajo pendiente, algo le rondaba por la cabeza,
algo que le mantenía incómodo, algo que
no le permitía la dedicación necesaria
y ese algo no era ni más ni menos que su aniversario
de boda. A la entrada de la fábrica había
hecho algunos comentarios sobre su situación
a sus compañeros más cercanos, y se sorprendió
bastante de las respuestas que obtuvo. Todos ellos,
casi sin excepción, sentían algo parecido
hacia sus parejas, en mayor o menor medida, pero ese
sentimiento de rechazo se encontraba presente en la
mayoría de ellos. Este hecho le preocupó
lo bastante como para imposibilitarle la concentración.
¿Acaso era ese el estado natural al que debían
desembocar las relaciones de pareja? y de ser así
¿qué sentido debía tener entonces
dicha unión? No, no podía estar todo limitado
a que una felicidad inicial se fuese degradando con
el transcurrir del tiempo hasta no quedar un ápice
de amor y dicha en una relación; no, no le parecía
el proceso lógico. Si tal degeneración
se producía debía de tener su origen en
algún tipo de patología en la que aún
nadie había podido reparar en ella, pues la base
de los matrimonios se cimentaba en los sentimientos
de amor y amistad y eso era algo que, por mucho que
algunos opinasen lo contrario, no se podía erosionar
de una forma tan rápida y sistemática.
¿Por qué lo que sentían sus compañeros
era tan similar a lo que él sentía por
Wendy? Pero en realidad todo aquello le llevaba a otra
cuestión, ¿cual era ese verdadero sentimiento
que permanecía retraído en su interior?,
¿de verdad se había acabado toda la atracción
que sintió hacia su mujer? Él pensaba
que no. Wendy era una mujer que pese a estar entrada
ya en los treinta conservaba aún su encanto juvenil,
era activa e inteligente y todo ello la seguía
haciendo atractiva a sus ojos, así que eso no
era..., ¿entonces el qué?
Esa mañana, entre analíticas
e informes, el análisis del momento actual de
su relación con Wendy ocupó gran parte
de su atención. Fase Génesis en
elemento pasivo A completada.
La reunión no se desarrollaba
todo lo positivamente que ella esperaba. Los representantes
europeos poseían unas ideas muy claras sobre
la manera de explotar los productos de la Saint Marlene
y del porcentaje en los beneficios que les debía
corresponder, algo que ella ya suponía de antemano
pero cuyas cifras diferían por completo con las
que podía barajar a priori, por lo que las conversaciones
pasaban por un momento de incertidumbre. Planos de distintas
ciudades de diferentes países, diagramas de costes
y gastos, estudios estadísticos demográficamente
organizados, papeleo que cada uno aportaba y que ya
cubría en su totalidad la extensa mesa de nogal.
Tras varias horas de reunión se llegó
a la decisión, única unánime hasta
ese momento, de hacer un alto en las conversaciones
para reponer las fuerzas, ya que la hora del almuerzo
había pasado inexistente y los síntomas
de agotamiento y estrés empezaban a hacer su
aparición. Wendy debía tomarse un respiro.
La responsabilidad de ese acuerdo estaba sobrecargando
de manera considerada su espalda, se sentía incómoda
por la manera en que estaba llevando todo ese asunto
y, por vez primera en mucho tiempo, sintió miedo
con la idea del fracaso.
Hasta hace bien poco, toda su carrera
se había desarrollado de forma ascendente. Joel,
que por aquel entonces aún ejercía de
novio, le habló sobre la posibilidad de cubrir
una vacante de secretaria en el departamento de personal.
Por aquel entonces la Saint Marlene llevaba pocos años
funcionando y los cambios de situación dentro
de la empresa se encontraban a la orden del día.
A ella la trasladaron a un puesto administrativo
en el departamento comercial, mientras que a su marido
lo mandaron a control de calidad... Pero Joel no prosperó
más, se quedó allí estancado mientras
ella luchaba por su ascensión dentro de la propia
empresa. Así le llegó el puesto de ayudante
de uno de los comerciales más destacados del
departamento. Aprendió bastante de él
y compartieron algo más que trabajo, pero la
cosa no duró, aunque buen profesional, su carácter
egoísta y su egocentrismo le apartó de
su lado. Lo aprendido le sirvió para conseguir
un puesto de comercial, ahora era ella la que tendría
ayudantes, ahora sería a ella a quien admirarían
y respetarían, o eso fue lo que entonces pasó
por su cabeza. Pequeños clientes con escasos
beneficios para la empresa era todo lo que había
aportado en todo este tiempo, parecía que se
hubiese especializado en ellos. Pero por fin llegó
la oportunidad de hacer algo grande, un acuerdo que
le proporcionase la importancia que se merecía
dentro del departamento, que le diera un nombre dentro
de la estructura jerárquica de la Saint Marlene;
ahora tenía esa oportunidad esperada durante
tanto tiempo y lo estaba fastidiando todo.
Wendy se sintió sola por vez
primera en mucho tiempo y rebuscó en sus pensamientos
a alguien que le aportara esa pizca de confianza que
ahora necesitaba, pero no halló a nadie. La lista
mental de aquellas personas a las que podía explicarles
sus problemas era muy corta y se asombró al descubrir
que aquellos en los que se había apoyado hasta
ahora, aquellos en los que últimamente confiaba,
eran aquellos que esperaban su tropiezo, su error, su
caída y poder así arrebatarle el contrato
con los europeos y echar por tierra todo el trabajo
que le había costado llegar hasta ese punto.
No, no podía confiar en ellos, ¿pero en
quién entonces? ¿Quién era esa
persona que le prestaría su apoyo sin esperar
nada a cambio? Pensó en alguien que la ayudó
desde el principio, alguien a quien ella le había
importado de verdad y recordó ese momento últimamente
tan olvidado en que se unió a una persona hacía
ahora diez años, y una lágrima resbaló
por su apagada mejilla. Fase Génesis
en elemento pasivo B completada.
La proporción de analíticas
e informes realizados había aumentado considerablemente
respecto a días anteriores. Absorto en su trabajo,
excitado a la vez que concentrado, Joel tenía
la mente dividida en dos obsesiones diferentes. Una
de las cosas que le obsesionaba era adelantar lo suficiente
su atrasado trabajo para poder así llegar al
cupo establecido para el día veinte. La otra
obsesión era diferente. Había analizado
a su mujer, analizar era algo que se le daba muy bien,
y sus conclusiones le llevaban a aceptar que junto a
él dormía a diario una de las personas
más encantadoras, maravillosas y atractivas que
él había conocido en su vida, y ahí
lo sorprendente, la única razón de que
su matrimonio fuera mal se debía achacar a la
falta de comunicación que existía entre
ambos. Hacía ya mucho que no hablaban y había
decidido poner fin a tan lamentable situación,
daba lo mismo si lo hablado era un tema trivial o si
al contrario se trataba de algo de suma importancia,
hablaría con ella, salvaría su relación,
su futura felicidad dependería de ello. Sabía
que le iba a costar pues su mujer se había distanciado
bastante de él, pero no quería acabar
engrosando la lista de matrimonios fracasados, no, ellos
no acabarían así.
La excitación experimentada
por su reciente decisión llenó de vitalidad
todo su cuerpo. Hoy se cumplían sus diez años
y la sorprendería con ese detalle que le compraría
al salir del trabajo. Ya lo había decidido, sus
vidas iban a cambiar desde ese mismo día, de
eso estaba seguro. Fase de acción en
elemento pasivo A. Extrapolación Positiva.
Tras despedirse cerró la puerta
y permaneció junto a ésta, inmóvil,
durante unos segundos. En ese tiempo una sonrisa empezó
a distinguirse en su cara desvelando su estado anímico.
Se encontraba bien. Al final se consiguió firmar
el acuerdo, no era precisamente el esperado por ella,
pero si más de lo que en un principio ofrecían
los representantes de la empresa exportadora europea;
ambos tenían intereses en el acuerdo y al final
eso fue lo que lo hizo posible. Había conseguido
serenarse después de una leve comida y se aprovechó
de ello para poner un poco de orden en sus ideas, intentando
colocarlas por prioridades. Casi sin darse cuenta, esa
escala de intereses había sufrido un cambio.
Si antes la Saint Marlene se encontraba en la cúspide
de la pirámide, ahora había sufrido un
revés y se encontraba justo por debajo de su
matrimonio. Aquellos buenos y hermosos momentos vividos
juntos, el apoyo incondicional y desinteresado recibido
por su aquel entonces mejor amigo. Quizás en
alguno de esos recuerdos se encontraba la clave de dicho
cambio, no lo podía explicar con plena seguridad,
pero lo que sí tenía claro es que en este
día había comprendido que lo verdaderamente
importante en su vida era aquel hombre que en su día
atendió a sus preocupaciones y temores, aquel
hombre en el que siempre encontró refugio, cariño
y sobretodo amistad. ¿Dónde quedó
todo aquello? Pues más cerca de lo que al empezar
el día se hubiera podido imaginar. Pese a su
comportamiento, presentía, sabía con seguridad
que aún albergaba algún buen sentimiento
hacia ella, resquicio que sería la semilla para
un nuevo brote de amor y felicidad que ella se encargaría
de regar y cuidar todos los días. Tal decisión
fue la que le proporcionó la tranquilidad y apoyo
suficiente que necesitaba para afrontar la segunda parte
de la reunión, quizás por el hecho de
no importarle tanto el resultado de la misma.
A partir de ahora el trabajo se le
multiplicaría pero eso sería a partir
de mañana. Hoy era su décimo aniversario
de boda y quería empezar por sorprender a su
recuperable marido con una buena cena que prepararía
en cuanto llegase a casa, para ello pediría un
par de horas a la empresa, o mejor aun, se las tomaría
ella por su cuenta, total, lo que ahora más le
importaba lo encontraría en su hogar y no en
su despacho. Fase de acción en elemento
pasivo B. Extrapolación positiva.
Informe previo CITOSININ 2020
Expediente 24086/23
de 50
Elemento pasivo A
Joel Huntkins
Elemento pasivo B
Wendy Huntkins
Evaluación Prueba Empírica
(E.P.E.):
Positivo al 78%
en elemento A,
Positivo al 67%
en elemento B.
Dosificación:
250 mg en elemento
A,
160 mg en elemento
B.
Sinopsis:
Administración por vía
oral de CITOSININ 2020 en dosis indicadas.
Efectos inmediatos. Inicio de remodelación neuronal
una hora aproximadamente después de asimilación
de sustancia. Terminada remodelación a los 196
minutos desde inicio en elemento A y a los 234 minutos
desde inicio en elemento B. Observación de estados
de euforia y excitación, alto grado de vitalidad
en ambos elementos. Mejora de autoconfianza y optimización
de las funciones psicomotoras (39% en elemento A, 23%
en elemento B). Aumento de estabilidad emocional con
consiguiente mejora en el rendimiento laboral (42% en
elemento A, 28% en elemento B).
Evaluación final:
Positiva con carácter general
en un 84%
Recomendación:
Producto bastante fiable sin conocidos
efectos secundarios. Se recomienda repetir experimento
pasado quince días del primer contacto. Posible
recomendación de comercialización del
producto.
Industrias Farmoquímicas
Saint Marlene
División de Terapia Génica
del Comportamiento (D.T.G.C.)
Departamento de experimentación.
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