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Mi refugio en la sierra Más sobre Rafael Rius Sánchez

Me siento extraño, como si mi cuerpo flotase en una inmensa piscina, pero sin sentir ni el frío ni la humedad; en realidad no noto nada, y eso me da miedo. Recuerdo, me cuesta trabajo pero al fin he conseguido recordar…, y no me gusta lo que descubro. Me dirigía a la sierra, a mi pequeño refugio de evasión. Generalmente lo disfruto en solitario, pero esta vez iba a ser diferente, ella me estaba esperando allí. ¡Joder, a quién se le ocurre poner una reunión un sábado por la mañana! Tenía ganas de llegar, de besar sus sensuales labios, de enredar mis dedos en su lacia melena, de desnudarla lentamente al calor del hogar, sentir en mi boca el fuego de su piel, la calidez de sus pechos desnudos, la quemazón de su sexo… Sí, deseaba tanto estar con ella, sentir vibrar su cuerpo junto al mío, que lo único que en ese momento importaba era llegar cuanto antes. Ahora maldigo ese transporte que dejó caer aquel vehículo en mi camino, y a mí, que por estar con ella iba demasiado deprisa para poder esquivarlo. Abro los ojos y vuelvo a verlo todo borroso, no sé cuánto tiempo llevo así, he perdido la constancia del tiempo que pasa, y sólo puedo mirar hacia delante, a esa puerta de cristal tan pasiva como yo; la reconozco, es de mi refugio… Espera, alguien la abre, un hombre desnudo entra, le sigue una mujer, también desnuda… ¡Dios mío, es ella! Desaparecen de mi vista, no, no quiero ni pensarlo, por favor… La puerta se ha quedado entreabierta, veo…, veo mi reflejo en su cristal amigo, ¿qué es eso?, ¿una urna con líquido?, ¿cables? Un cerebro… ¡Dios mío! ¿Dónde está mi cuerpo?

publicado en diciembre de 2008

 
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