| Estaba despertando de
un sueño. Pese a ello, no sentía aquella
reconfortante relajación que en otras ocasiones,
tras un buen descanso, invadía todo su ser con
una agradable sensación de bienestar. Se trataba
de todo lo contrario; inquietud, incomodidad, temor...
Todo le hacía indicar que había escapado
de una pesadilla o, por lo menos, de alguno de esos
sueños cuya desagradable sensación te
acelera tu ritmo cardíaco, aumenta tu sudoración,
tensa tus músculos y crea un angustioso entorno
claustrofóbico del que sólo el despertar
te puede rescatar. Pero había algo más.
Aturdidos sus sentidos, no conseguía aclarar
la situación en que se encontraba; si la pesadilla
había acabado ¿Dónde estaba? ¿Por
qué no recordaba nada? ¿Por qué
reinaba la oscuridad? Inquietudes que la asaltaban y
que si quería recuperar su razón debía
encontrarles respuestas.
Lo último que conseguía
recordar era un viaje; nave pequeña, pocas personas...
Era extraño, pero esa imagen le era muy familiar.
Debía estar acostumbrada a ello, debía
conocer a aquellas personas..., debía recordar
más. Aunque sentía algo de dolor en su
cuerpo éste no era intenso, así que más
que algún tipo de golpe que le causara algún
traumatismo físico, debía ser por la quietud
que estaba obligada a mantener; entumecimiento y agarrotamiento...,
calambres, eso era lo que sentía. Lentamente,
algunos recuerdos iban aflorando. Recordó quien
era ella, lo que ya era algo, y consiguió identificar
a algunos de sus acompañantes, sobre todo al
bueno de Mark, su asistente personal, eficaz donde los
haya; buena parte de la coordinación de su buen
hacer en el trabajo se lo debía a él.
Con ellos también iban dos hombres, si no lo
recordaba mal tenían la misión de protegerla;
aunque sus rostros no le eran tan familiares como el
de su asistente, la sensación de la protección
sí que lo era. Alguien más, quizá
los pilotos... No llegaba a recordar, de momento, a
nadie más.
Con la poca movilidad que las limitaciones
sufridas por su cuerpo le llegaban a permitir, intentó
averiguar dónde se encontraba. Algo sí
tenía claro, se encontraba tumbada en un confortable
sillón ya que notaba los posabrazos de éste
y cierta mullidez bajo su espalda. De pronto una terrible
idea la inquietó, ¿y si había perdido
la vista? ¿Y si se había quedado ciega?
Pero si así era... ¿Cómo? No conseguía
recordar bien que fue lo último que le había
ocurrido y aunque se encontrase aturdida y bastante
entumecida, no sentía ningún tipo de dolor
por su frente, alrededor de sus ojos o en el resto de
su cabeza. Su falta de visión debía ser
motivada por otro factor, pues no entendía que
una ceguera absoluta fuera tan repentina sin haber sufrido
algún tipo de contusión, y eso sí
que lo notaría.
Hizo un tremendo esfuerzo por recordar
y le agradó ver que sus pensamientos se iban
poblando cada vez de más imágenes, de
recientes recuerdos..., de explicaciones. La pequeña
nave era una patrullera del CS... SP... ¿Cómo
era? Sí, el Cuerpo de Seguridad para el Sistema
Planetario. La idea de que una patrullera la transportara
no le resultó extraña, de hecho entendió
que era lo más habitual. ¿Cuál
había sido su destino? Su destino... Sí,
ya se acordaba; se trataba de la estación minera
Nomis, en órbita sobre el helado y fangoso Ganímedes,
en donde tenía una reunión, algo importante...
creía; aún pequeñas lagunas inundaban
su mente. No sin esfuerzo, intentó decir algo
con la intención de hacerse notar, pero le fue
del todo inútil; sus palabras se perdieron antes
de emitir sonido alguno. Aunque no pudiera ver nada,
aunque sus fuerzas le impidieran pedir ayuda, al menos
su sentido del oído no estaba dañado;
un suave y constante zumbido se sumaba a su ya acelerada
respiración... El ruido residual de la estación.
Un nuevo intento la llevó a articular la palabra
“ayuda”, de forma forzada lo consiguió.
Con aquella palabra mostraba la condición de
desprotección que en ese momento sufría,
pero la llevó a comprender que estaba recuperándose
de su pérdida del habla y que, a un ritmo mayor,
sus pensamientos encontraban el orden que poco antes
les habían negado.
Sus ojos, abiertos en la oscuridad,
fueron sorprendidos por una luz que los dejó
ciegos de forma momentánea. Pese a sus temores
iniciales, ella lo sabía. Había intuido
que el no ver no era consecuencia de una ceguera y se
alegró cuando la luminosidad se fue suavizando
paulatinamente conforme se iba acostumbrando a ella.
Tras unos instantes, tomó conciencia de que se
encontraba en una pequeña habitación...,
un pequeño laboratorio por lo extraño
del instrumental que allí la rodeaba. Un fuerte
temor la invadió ¿Qué hacía
ella en un laboratorio? ¿Y por qué se
encontraba sujeta por anclajes y presillas metálicas?
Consiguió recordar un desmayo. Aquella gigantesca
estación contaba con un innovador sistema para
la creación de fuerzas gravimétricas...
Gravedad artificial; algo que en la patrullera del CSSP
era inexistente. El brusco cambio de estados le había
provocado un ligero desfallecimiento en la sala de adaptación,
posiblemente como consecuencia del gran número
de viajes que últimamente había realizado
para promover su campaña. Oyó un siseo,
una inconfundible apertura de puerta, y entonces un
hombre entró en el pequeño laboratorio.
Aquel sujeto parecía pertenecer a aquel lugar;
bata aséptica en blanco, pelo castaño
con poblada perilla cuyos matices grisáceos denotaba
su adentrada edad, estatura media algo encorvado y,
sorprendentemente, gafas de gruesa montura.
-Gracias a Dios -se desahogó
ella como si fuera su salvador-, hace tan sólo
un rato que me he... despertado, sí, eso es.
Todo era extraño y debo reconocer que me he asustado
mucho...
-Tranquilícese -dijo él
con suave voz-, no se altere. Ahora no debe preocuparse.
Me llamo Albert, aunque aquí todos me llaman
Dr. Crooke -sonrió-. ¿Cómo se siente?
-Supongo que bien... Bueno, me duelen
los brazos -respondía mientras el doctor le examinaba
los ojos con una pequeña linterna- y siento todo
el cuerpo entumecido, aunque es más intenso por
las piernas...
-Eso se debe a las presillas... ¿Muy
fuertes quizás?
-Y tanto... ¿No podría
aflojarlas un poco? Creo que me están haciendo
llagas.
-Parece que su estado en general es
bueno... ¿Así está bien? -preguntó
mientras le aflojaba las sujeciones- Aún no puedo
quitárselas del todo, pero no se preocupe por
eso, no creo que tarde.
-Eso espero, porque son bastante incómodas.
-Sí, lo sé. Y dígame
congresista Henderson ¿Qué es lo último
que recuerda?
-Recuerdo... Bueno, la verdad es que
creo que todo. Llegamos aquí..., porque sigo
estando en Nomis ¿verdad?
-En efecto. Ahora mismo se encuentra
en una de sus secciones -dijo con tranquilizadora sonrisa-,
siga por favor.
-Bien, pues... tenía aquí
una reunión con el capataz, el Sr. Hamplet, así
que una patrullera del CSSP nos acercó a mí,
a mi asistente y a un par de escoltas... Por cierto
¿dónde están?
-Esperándola fuera. Pero no
debe pensar en ellos, están bien. Es usted la
que nos preocupa ahora.
-De acuerdo. Cuando llegamos, como
es obligado en estos casos, estuvimos un tiempo en la
sala de adaptación. Allí empecé
a sentirme algo mareada, me sentí floja... y
creo que me desmayé. Eso es todo lo que puedo
recordar.
-Bien, su memoria no le falla. Ahora
vamos a charlar un poco, sólo para que así
se relaje.
-Eso me encantaría doctor. Pero
si cree que me encuentro ya bien, debería volver
a mis obligaciones. La agenda de un político
suele estar bastante completa.
-Lo supongo. Pero le aseguro que aún
disponemos de tiempo. Se está reponiendo de un
desafortunado mareo, por lo que no creo que nadie le
vaya a meter prisas. En cambio, deberíamos hablar
de cierto asunto que considero importante. Lo es para
mí, lo es para usted tanto por congresista como
por persona, y lo es, o más bien lo será,
para mucha gente.
-¿A qué se refiere? ¿De
qué me está hablando? -su sonrisa, presente
desde que apareciera el doctor, dejó paso a un
rostro de curiosa preocupación. Algo en su interior
empezaba a hacerle dudar de lo casual del mareo sufrido-
¿Qué es eso tan importante?
-Mire, usted tiene formulada una opinión
sobre el tema y, como congresista, defiende una ideología
que en determinados casos puede llegar a ser acertada;
hasta ahí ambos estaríamos de acuerdo.
Pero dentro de un concepto más generalizado,
esa forma de pensar suya es del todo errónea.
Me explicaré. Usted apoya una legislación
que condena a miles de seres humanos... y precisamente
ese apoyo es lo que espero se empiece a replantear a
partir de esta visita. Me refiero concretamente a la
actual ley sobre clonación cuyas bases parten
de las resoluciones dictadas por el Comité Global
para la Bioética y la Clonación, del cual
es usted la presidenta.
-Así que se trata de eso. Es
uno de esos alborotadores que alzan la voz contra la
replicación genética, mientras se niegan
a entender que dichas leyes ayudan a salvar vidas humanas...
¿Es eso, verdad?
-Se equivoca, de hecho soy un ferviente
partidario de la clonación. Lo que no lo soy
tanto es del trato que llega a recibir el “producto”
una vez ha sido finalizado. Soy médico, y creo
de forma plena en la clonación como medio de
producción de proteínas para su posterior
uso terapéutico, como generadora de tejidos y
órganos para salvar vidas con sus transplantes;
como persona, creo totalmente en la clonación
como forma de consuelo hacia una familia que ha perdido
a un ser querido y hasta veo bien el replicar a un ser
humano porque su labor beneficia a algún sector
de la ciencia o de la sociedad... Como puede ver, mis
ideas están bastante a favor de tal práctica.
Pero esa misma ideología choca con una única
realidad, ésta es que los seres que son generados
mediante ella distan mucho de ser creados para tales
fines. Por eso irremediablemente debo condenarla, no
por la práctica en sí, sino por la ley
que la regula.
-Entiendo... Todo esto lo ha montado
porque no está de acuerdo con el uso que se le
da a esas réplicas aquí, en la estación
minera.
-No sólo aquí en Ganímedes,
sino en prospecciones geológicas, submarinas,
expediciones de reconocimiento a zonas hostiles o de
atmósfera venenosa... Cualquier lugar que suponga
un peligro para el ser humano, allí son enviados
los clones.
-¡Para eso son creados! Sus patrones
genéticos son modificados a fin de soportar más
fácilmente tales condiciones.
-¡Condiciones genocidas! -gritó
el doctor ante el asombro de la congresista-. Algunos
son modificados, cierto, pero cree que eso les facilita
mucho las cosas... ¿Sabe cuántas réplicas
trabajan en Nomis, entre las prospecciones de allí
abajo y el personal de soporte de tareas aquí
arriba? Más de cuatro mil quinientos seres clonados,
seres modificados, seres que están vivos y que
a diario pierden de diez a quince de sus propios hermanos...,
todo porque son prescindibles y sale económica
su reposición. Con la tecnología actual
podemos crear una réplica en tan sólo
diez horas. En Nomis tenemos veinte tubos biorregeneradores
trabajando sin descanso; uno de cada tanda suele salir
con algún pequeño defecto, aceptado en
humanos pero no en un pobre clon que sin entender por
qué, debe ser... ¡Asesinado! Para reciclarlo
en otro nuevo... Son tan seres humanos como nosotros,
pero viven en condiciones de absoluta esclavitud.
-¡Salvan vidas! Si ese trabajo
no lo hiciesen ellos, esas pérdidas serían
de vidas humanas.
-¡Falso! La única pérdida
sería económica. Se descuida la seguridad
sólo por el hecho asumido de que si se pierde
una, diez o cien réplicas, no ocurre nada. Si
el mismo trabajo fuera realizado por personal cualificado,
con maquinaria apropiada y respetando las medidas habituales
de seguridad, es posible que saliese más caro,
pero el número de accidentes sería considerablemente
inferior.
-Mire doctor -hizo una pequeña
pausa con el fin de calmar a su interlocutor-, esos
seres son creados por nosotros con un solo propósito,
atender nuestras necesidades más extremas. No
son seres humanos, son sólo el producto de una...
excelente mezcla de residuos orgánicos, carentes
de identidad propia. A diario ven a cientos de réplicas
suyas y saben que son uno más entre tantos y
que su misión en la vida no es otra que trabajar
para nosotros. Lo saben y así lo tienen asumido.
No son seres humanos...
-¿Tan segura está de
eso? De veras lo lamento.
Con tranquilos movimientos, liberó
las manos de la mujer al aflojar los anclajes que las
mantenían atrapadas. La miró a los ojos
y ella, de manera instintiva, apartó su mirada
para posarla sobre sus manos. La sensación que
entonces sintió la abrumó tanto que hasta
el llanto que quiso salir le desgarró el pecho
y un gélido sudor la dejó helada y confusa
cuando en sus dedos destacó el color azul de
las uñas... Entonces comprendió; sólo
existía una razón para que ella pudiera
verlas así, y un nuevo grito quedó ahogado
mientras le arrancaba las lágrimas.
-Bienvenida al mundo, congresista Dennis
“Clon” Henderson.
La conversación se desarrollaba
con agradable fluidez; y es que lo que pensaban tenía
más en común de lo que ambos podían
imaginar. Por expresa petición de la congresista,
su inseparable asistente y sus dos escoltas permanecerían
durante toda la reunión fuera de la salita con
el fin de garantizar la privacidad de lo que allí
se dijera. Por su parte el Sr. Hamplet no necesitaba
de nadie. Nomis era su terreno, su casa, su hogar, conocía
a la perfección toda la estación y por
eso había elegido, para aquella reunión
informal, una pequeña y acogedora sala cuyo fantástico
ventanal mostraba la más asombrosa y maravillosa
visión de Ganímedes. Las dos copas sobre
la mesita habían ya sido rellenadas varias veces
y el tema de la charla ya se encontraba totalmente encarrilado
hacia el terreno que a él le interesaba.
-No, no, no -dijo exagerando la voz
a la vez que sonriendo-, quizás no me he expresado
correctamente, Dennis. Sólo digo que la figura
de la creación, réplica de un ser humano,
destinada para ciertos usos es algo que se acepta totalmente
en la sociedad actual.
-Calificarlo de total aceptación
sería exagerar el término. Pero lo que
sí es cierto es que poco a poco se va consiguiendo
aumentar ésta gracias en parte a la propagandística
que el Comité se está encargando de mantener.
-Por eso mismo el siguiente paso es
claro. Al principio de nuestro despertar biológico,
sólo los más aventurados se entregaban
a prácticas de clonación casi en la más
absoluta clandestinidad. El tiempo transcurrido desde
entonces y algunas mejoras biotecnológicas más,
nos han hecho comprender que su producción en
serie es más que ventajosa para nuestra sociedad.
¿Por qué entonces debemos estancarnos
ahora? Demos un paso más hacia el futuro, seamos
innovadores... Sea la artífice de una nueva época.
Si las tareas peligrosas son asignadas a los clones
con el fin de evitar muertes... ¿No sería
igual de beneficioso designarlos a actividades militares?
Podríamos así impedir que nuestros seres
queridos lucharan en guerras, a veces sin sentido, y
se evitarían miles, que digo miles, cientos de
miles, millones de víctimas humanas.
-Sabe tan bien como yo que lo que insinúa
no es tarea fácil. Convencer al público
general para que asuma situaciones que impliquen el
término “Guerra”, sobre todo teniendo
en cuenta el gran número de conflictos habidos
en los últimos tiempos, resulta trabajoso y muy,
muy costoso..., además de no garantizar ningún
tipo de éxito.
-Razón de más. Es comprensible
que la aceptación inicial no sería la
deseada, por eso mismo debe empezarse cuanto antes.
Hay que hacerles entender que de esta manera nuestros
jóvenes, nuestros hijos, nuestra pareja, todos
ellos evitarían participar en esos mismos conflictos;
de eso se encargarían las réplicas.
-Parece una postura bastante razonable,
y en ella encontraríamos una posible estrategia
a seguir. De todas formas hay algo que no acabo de entender
y es el por qué de su interés por esta
cuestión. ¡Por el amor de Dios, dirige
una estación minera!
-Una estación minera con una
sección de investigación cuyo único
interés es la clonación. Personal cualificado
y con experiencia. ¿Cuál es mi motivación
en esto? La misma que todos seguimos, el dinero. Lo
único que le pido es que recapacite sobre la
posibilidad de reformar la actual ley a favor de una
producción más... marcial de nuestros
clones. Cualquier pequeño avance en este sentido
sería todo un logro para nosotros y, por supuesto,
también para usted.
-¿A qué tipo de logro
se refiere?
-Digamos que si la satisfacción
de hacer lo que sabe es acertado no la acaba de convencer...,
una bonita suma extra en la cuenta que usted desee para,
por ejemplo, ayudar a la promoción de su campaña,
puede que sí lo consiga.
-Veo que ahora sí hablamos el
mismo idioma. Aun así, no puedo prometerle nada
de antemano.
-Sólo el hecho de proponerlo
ya sería un logro para nosotros. Una vez destapada
la liebre, la carrera llega hasta el final. Aunque su
propuesta no gozase de un éxito inicial, habría
conseguido algo importante, plantar la semilla. Habremos
inculcado en la mentalidad de mucha gente nuestras propias
ideas, la opinión pública empezará
a aceptar nuestra verdad y otros la seguirán;
tarde o temprano se acabará firmando una nueva
resolución auspiciada por su Comité y
todos habremos ganado. Aquí, ahora, con nuestro
acuerdo, nos encontramos decidiendo el futuro de nuestro
Mundo. Es un acontecimiento que bien se merece un brindis.
-Un brindis... -chocaron con suavidad
los bordes de ambas copas y su sonido permaneció
efímero en la pequeña sala-, y una celebración.
Dígame, ¿existe una Sra. Hamplet en algún
lugar de este sistema?
-Sí, existe. Pero se encuentra
en La Tierra, allí tenemos nuestra residencia
y es dónde pasa la mayor parte del tiempo.-
Entonces debe sentirse muy solo...
-No siempre lo estoy.
-Yo tampoco. De hecho entre Mark y
mis escoltas, acompañándome a todos los
sitios, son pocos los momentos que puedo disfrutar de
algo de intimidad.
-Si lo que desea es intimidad, se encuentra
en el lugar adecuado. Aquí nadie la puede ver,
salvo mis ojos; ni nadie la podrá oír,
salvo mis oídos; y absolutamente nadie nos molestará
-él cogió sus copas y las dejó
sobre la mesita. Después, acercó su cara
a la de ella, a una distancia ostensiblemente corta-,
y conozco una buena manera de celebrar este acuerdo.
-Déjeme adivinar... -ella sonrió
y se fusionaron en un apasionado beso. La celebración
daba comienzo.
La imagen era buena, se podría
incluso calificar de excelente. Las minicámaras,
estratégicamente ubicadas, habían estado
captándolo todo durante la larga conversación,
y no se iban a detener precisamente ahora. Bajo la atenta
supervisión de William Speak, considerado por
algunos la mano derecha de John Hamplet, todo estaba
quedando grabado en la memoria del riguroso sistema
de vigilancia que tenían montado. Junto a él
se encontraba una mujer de unos treinta años,
de fibroso cuerpo y complexión atlética.
De pelo corto, teñido de blanco, y piercing en
la nariz, Cynthia Stein había sido militar hasta
que entró en Nomis; sus características
físicas y sus ambiciones personales la llevó
a ascender de manera meteórica hasta ser la mano
izquierda de John en sus oscuros negocios. Ambos sonreían.
-No sé cómo diablos lo
consigue -comentó él-, tiene que tener
un don especial con las mujeres, porque entonces no
me lo explico.
-Tiene el jodido atractivo de un tío
maduro. Tiene carácter, buen cuerpo y un culo
estupendo. Si me dijeran que es el resultado de un experimento
de manipulación genética, me lo creería
sin dudarlo.
-Es asombroso. Hace tan sólo
diez minutos charlaba con esa mujer sobre legiones de
clones militares y ahora mírales..., los dos
tumbados en el sofá medio desnudos, echando un
polvo, mientras nosotros estamos aquí encerrados,
poniéndosenos los dientes largos...
-Por eso él es el jefe y tú
sigues de segundón.
-¡Vamos! Lo que ahora está
haciendo también lo puedo hacer yo... ¡Oye,
oye, oye! ¿Qué es eso? -señaló
un punto de la imagen- Ahí ¿Lo ves?
-¿Qué ocurre? ¿Dónde...?
-Parece... Amplía esta zona
de aquí, donde están los pies de ella.
-Un momento -poco a poco un detalle
de los dedos de uno de los pies se fue agrandando, aun
así seguía manteniendo una calidad excelente
de imagen.
-¡Joder, no es posible!
-Sí así es, no es nada
bueno.
-¡La jodida congresista Henderson
es un puto clon!
El Dr. Crooke observaba, con macabra
satisfacción, la palidez de la congresista mientras
se resistía a aceptar su nueva realidad. Sabía
el sufrimiento que le reportaba el negarse a creer que
ella ya no era la misma mientras intentaba quitarse
el color de sus uñas con la vana esperanza de
poder demostrar que todo se trataba de una absurda y
pesada broma del humor más negro y retorcido
que podía imaginar. Pequeñas raspaduras
de sus arañadas uñas la hundían
cada vez más en su miseria. Las esquirlas, los
restos de sus propias rozaduras, le indicaban que por
mucho que quisiera no creerlo, su color era natural;
irremediablemente de color azul.
-Puede llegar a arrancárselas
si ese es su deseo -comentó el doctor-, pero
eso no cambiará las cosas y sí las empeorará
para usted.
-¿Cómo... es posible?
-su tono de voz reflejaba lo confusa que en ese momento
se sentía- ¿Cómo ha podido...?
-¿Acaso no lo ve claro? Usted
es el resultado de un poco de ciencia aderezada con
una pizca de toque poético. Somos lo que somos,
y aunque haya personas que piensen que eso no se puede
cambiar, yo creo firmemente en lo contrario... Pero
no sin un procedimiento adecuado. Comprendo que ahora
le sea complicado entender algunas cosas pero por eso
mismo se encuentra aquí.
-¿Cómo... se ha... atrevido?
El Dr. Crooke observaba, con macabra
satisfacción, la palidez de la congresista mientras
se resistía a aceptar su nueva realidad. Sabía
el sufrimiento que le reportaba el negarse a creer que
ella ya no era la misma mientras intentaba quitarse
el color de sus uñas con la vana esperanza de
poder demostrar que todo se trataba de una absurda y
pesada broma del humor más negro y retorcido
que podía imaginar. Pequeñas raspaduras
de sus arañadas uñas la hundían
cada vez más en su miseria. Las esquirlas, los
restos de sus propias rozaduras, le indicaban que por
mucho que quisiera no creerlo, su color era natural;
irremediablemente de color azul.
-Puede llegar a arrancárselas
si ese es su deseo -comentó el doctor-, pero
eso no cambiará las cosas y sí las empeorará
para usted.
-¿Cómo... es posible?
-su tono de voz reflejaba lo confusa que en ese momento
se sentía- ¿Cómo ha podido...?
-¿Acaso no lo ve claro? Usted
es el resultado de un poco de ciencia aderezada con
una pizca de toque poético. Somos lo que somos,
y aunque haya personas que piensen que eso no se puede
cambiar, yo creo firmemente en lo contrario... Pero
no sin un procedimiento adecuado. Comprendo que ahora
le sea complicado entender algunas cosas pero por eso
mismo se encuentra aquí.
-¿Cómo... se ha... atrevido?
-De momento quiero que se relaje mientras
le cuento una historia que empezó hace bastante
tiempo; no se preocupe, no es muy larga y le servirá
para comprender mejor su situación. Existió
un muchacho que desde muy temprana edad se sintió
atraído por la microbiología y, mas concretamente,
por la rama de la genética. Estaba maravillado
por todo lo que se podía llegar a conseguir combinando
secuencias de aminoácidos, de todos los logros
que para la Humanidad se podían llegar a alcanzar.
Como era natural, cuando su época universitaria
llegó se matriculó en ingeniería
genética; estudiar esta ciencia se convirtió
en su obsesión, en su vida, pero no le importaba
en absoluto ya que era algo que le apasionaba. Por aquel
entonces, la clonación por sustitución
del núcleo celular se había impuesto como
fundamento básico de la clonación reproductiva.
Como bien sabe, tal procedimiento consistía en
la sustitución del núcleo celular del
óvulo por el núcleo de una célula
madura o el núcleo celular de un embrión
precoz. Este método proporcionaba, en el mejor
de los casos, clones que debían desarrollarse
desde su proceso embrionario, por lo que contar con
un ejemplar adulto era cuestión de años
y se veía limitado a costosos casos concretos.
Pero en el último año de carrera de este
joven universitario ocurrió un importante descubrimiento
informático que revolucionó para siempre
el concepto de clonación tanto reproductiva como
no reproductiva..., los DMI. Estos soportes minerales
de información, con miles de millones de Teras
de almacenaje, permitieron guardar toda la información
biológica de un sujeto; célula a célula,
molécula a molécula, átomo a átomo,
en una sola unidad DMI. Se diseñaron y desarrollaron
distintas interfaces de escaneo biológico que
proporcionaban toda la información de un ser
humano. La nanotecnología gozó de un avance
paralelo y de tal desarrollo surgieron los biobots,
microscópicas máquinas que interpretaban
los datos almacenados en los DMI para después,
dentro de un tubo de biorreconstrucción, crear
un ser idéntico a otro, pero ya en su estado
adulto... Toda una señora revolución en
Biotecnología.
»Al principio, el proceso era
algo más lento; el tiempo mínimo para
conseguir un clon era de unos quince días. Ahora
los biobots microscópicos han evolucionado a
picoscópicos, su rendimiento se ha visto muy
mejorado, y en tan sólo diez horas es más
que suficiente. Aquel joven se convirtió en un
excelente ingeniero experto en clonación, tanto
que quería..., no, esa no es la palabra, deseaba...,
necesitaba saber qué sentían en realidad
aquellas réplicas; saber hasta qué grado
de exactitud emocional se había llegado a alcanzar.
Así que creó un clon de sí mismo.
De qué mejor manera que con sus propias palabras
para resolver sus inquietudes, o eso era lo que él
pensaba. Entonces fue cuando se dio cuenta. Su réplica
pensaba que era él y que él era su propia
réplica, no había diferencias, la similitud
era total al cien por cien. Hasta ese momento sólo
se habían implantado algunos identificadores
en el ADN, pero exteriormente se carecía de ellos;
el clon y el ser original eran idénticos. Entonces
surgió la disputa entre los jóvenes doctores
ya que ambos pensaban que no eran la copia; se comprobó
el ADN y como resultado uno de ellos tuvo que desaparecer,
aunque no lo hizo voluntariamente. El doctor que sobrevivió,
pese a su pasión por la genética, comprendió
que la creación en serie produciría mucho
sufrimiento y que él no se encontraba exento
de responsabilidad moral. Entonces llegó el día
en que sus predecesores del Comité Global para
la Bioética y la Clonación pronunciaron
el vigente estatuto sobre la carencia de derechos de
las réplicas y su campo de utilización;
aquel doctor, con su experiencia a cuestas, comprendió
que la única manera de enfrentarse a la actual
situación era afiliarse al único movimiento
contrario a su Comité. Soy genetista por vocación...
y neohumanista por convicción.
-¿Así que ese traumatizado
doctor era usted?
-Se podría decir que éramos
la misma persona.
-¿Y por qué me está
haciendo esto?, ¿cómo venganza?
-¿Venganza? ¡Oh, no! No,
créame. Esto no es venganza. Es más bien
una terapia de choque individual diseñada exclusivamente
para su persona, destinada a que comprenda como se ve
todo desde el punto de vista de una réplica.
-¿Y qué se piensa que
va a conseguir con esto? Si de verdad yo soy un maldito
clon no podré hacer nada. Mi... original seguirá
haciendo sus gestiones y llevará a cabo su campaña
tal y como tenía previsto -hizo una pequeña
pausa-, y vosotros los neohumanistas no habréis
conseguido nada. Sois unos estúpidos.
-¿Es eso lo que piensa en realidad?
-le soltó las presillas que aún quedaban
cerradas.
-¿Me va a dejar marchar?, ¿así,
sin más?
-No se haga la ingenua. El problema
estriba en que aquí atada no puede trabajar.
-¿Trabajar? ¿Pero qué
demonios...?
-Ahora eres un clon, no la congresista
Henderson. No te mereces respeto; estás falto
de derechos y careces de vida anterior, por lo que no
tienes ni familia ni amigos. Has nacido hace tan sólo
un par de horas y tu única función en
todo lo que te resta de vida es trabajar en ambientes
hostiles durante dieciocho horas al día, todos
los días, hasta que un puto accidente o una jodida
enfermedad acabe con tus sufrimientos. ¡Y ahora
a moverse! No has sido creada para descansar.
La mujer no alcanzaba a creérselo...
¿De verdad le estaba pasando esto a ella? ¡Dios
mío! ¡Todo era real! Un terror totalmente
humano se apoderó de todo su ser, su tensión
emocional no aguantó más y una flojera
invadió todo su cuerpo ya debilitado hasta el
punto de caer aturdida sobro el sillón. Aquello
que estaba viviendo era una pesadilla y no encontraba
la manera de salir de ella.
Entró como una exhalación
en el pequeño cuarto de pantallas. Allí
le aguardaban sus dos fieles colaboradores; William,
al que llamaba Bill, y Cynthia. Le habían mandado
un mensaje por comunicación restringida y John,
de no muy buen humor, buscaba con su mirada la razón
de tan importante urgencia. En la pantalla principal,
de dimensiones considerablemente mayor que el resto,
se apreciaba la imagen fija de unos desnudos pies, algo
que él no acababa de comprender.
-¿Qué es eso tan importante
que me teníais que decir? Os dejé bien
claro que no quería interrupciones salvo que
fuera algo verdaderamente grave, y no parece que la
estación se esté saliendo de su órbita...
-Puede que la estación no -dijo
la mujer en actitud bastante seria-, pero sí
es posible que algo se nos esté yendo de las
manos.
-Además, ya habías acabado
¿No? -expresó con tono burlón Bill-
Aunque creo que serás tú el que se salga
de su órbita cuando veas esto..., no te va a
gustar -desvió su mirada hasta los ojos de Cynthia
y ésta asintió con un suave gesto de su
cara. Después volvió de nuevo a mirar
a su jefe-. Hemos descubierto que tu nueva amante es
un clon.
-¿Qué? -dijo con incredulidad-
¿Te estás refiriendo a la congresista?
-Entiendo que es un palo conociendo
la aversión que sientes hacia el sexo con réplicas,
pero así es. Mira, durante tu sesión con
la damisela hemos reparado en este pequeño detalle
-le indicó la unión de varios dedos de
los pies.
-Sabemos que te encontrabas bastante
entretenido en otros... menesteres, pero para eso estamos
nosotros -dijo ella-. Al descubrir esa deformidad hemos
querido asegurarnos que no fuera algo natural de ella;
no son muchos los casos pero sí se dan algunos.
Así que recurrimos a los filtros en las minicámaras.
La confirmación nos la ha dado el filtro Maxwell
de 457nm, o lo que es lo mismo, la longitud de onda
del color azul. Lo puedes ver claramente en sus uñas.
No cabe duda John, acabas de tirarte a un clon y eso
no es lo peor de todo; alguien se ha tomado muchas molestias
para intentar que creyéramos todo lo contrario.
-¡Mierda!
-Antes de que empieces a maldecir tienes
que saber que aún hay más -comentó
Bill con cierto fastidio-. Hemos querido comprobar que
quien llegó a la estación era esa misma
réplica, así que hemos pasado el mismo
filtro por las imágenes que grabamos de ella
en la sala de adaptación, y como puedes observar...
da un resultado negativo; no existe reacción
azul. A Nomis llegó una verdadera congresista
y alguien nos ha dado el cambiazo en nuestras propias
narices.
-Sí... -afirmó John algo
pensativo-, y se me está ocurriendo quién
puede ser... ¡Joder! Ese maldito neohumanista,
supe desde el principio que a la larga nos causaría
problemas...
-¿Te refieres al Dr. Crooke?
-Sí Bill, me refiero a ese jodido
entrometido. Localizadle y traedlo enseguida, quiero
hablar lo antes posible con él, hay que descubrir
que narices pretende y averiguar qué ha hecho
con la verdadera Dennis. Yo mientras... volveré
con la réplica. Hasta que no encontremos a la
verdadera no quiero que la sospecha invada a los dos
escoltas ni a ese afeminado de Mark. Informadme en cuanto
le tengáis... No hace falta que os diga todo
lo que está en juego, ¿verdad?
-Estate tranquilo. Aquí en Nomis,
no hay hueco en que pueda esconderse de nosotros.
-Con ello cuento, Bill -y tras decir
estas palabras, John Hamplet abandonó aquella
pequeña sala de vigilancia.
-Ese tipo nos va a causar problemas,
ya verás.
-Te equivocas Cynthia, los problemas
se los ha creado él y nosotros se los vamos a
solucionar. Veamos -tecleó de forma rápida
en una pequeña consola-... No, no se encuentra
en su laboratorio, pero según el registro de
accesos, no ha abandonado la sección de investigación
¡Un error amigo mío! Ahora te negamos tu
acreditación y... ya eres nuestro.
-Entonces no perdamos tiempo. Avisa
a los de seguridad y diles que se reúnan con
nosotros en el control C de investigación, yo
ya salgo hacia allá.
Pocos minutos después, un grupo
de ocho agentes del servicio de seguridad de la estación
les estaban esperando en el convenido lugar. Se agruparon
por parejas, ya que de esta manera les era más
fácil inspeccionar todo el sector de investigación.
Sin ser éste uno de los más extensos,
sí contaba con una buena cantidad de pequeños
laboratorios repletos de aparatoso instrumental y complicado
acceso, dificultando de esta forma la búsqueda
del doctor. Tardaron algo más de lo previsto
en inspeccionar algunos de aquellos pequeños
laboratorios, siempre ante la curiosa e intrigante mirada
del personal científico, y la poca cautela inicial
que mostraron se había esfumado dando paso a
una confianza alimentada por el conocimiento de la propia
superioridad. Ya se había registrado más
de las tres cuartas partes de la sección cuando
al camino que habían tomado tanto Bill, como
el agente que le acompañaba, sólo le quedaba
una estancia. En ella, miles de DMI permanecían
cuidadosamente ordenados, archivados por diferentes
números de serie, cada uno perteneciente a un
ser vivo; un hombre con bata blanca examinaba uno de
ellos meticulosamente.
-¿Dr. Crooke? -al oír
su nombre se giró; se encontraba sentado en una
banqueta acolchada y se extrañó al ver
allí a aquellos dos hombres. Bill avisó
inmediatamente por radio tanto a Cynthia como a los
demás miembros de seguridad y les indicó,
de forma apresurada, que se encontraban en el depósito
principal de DMI- Dr. Crooke, debe dejar lo que esté
haciendo y acompañarnos...
-¿Usted es William, verdad?
¿Qué es lo que ocurre?, ¿tan urgente
es? Lo digo porque me encuentro en medio de un asunto
importante y dejarlo ahora me supondría perder
una valiosísima información -dijo éste
con calmada voz.
-Doctor, no se trata de una petición.
Debe acompañarnos ahora. Así que por favor,
levántese.
-La verdad, no entiendo a qué
viene tanta urgencia...
-Viene a que sabemos lo que ha hecho,
y por eso mismo debe dejarlo todo tal y como está
y acompañarnos.
-¿Saben lo que he hecho?, ¿seguro?
-Sin lugar a dudas...
-Ya veo. Sinceramente, han tardado
menos de lo que esperaba.
-No somos tan ineptos como pensó...
Y ahora no se lo repetiré más, levántese
y acompáñenos.
-En fin, siempre lo he dicho, las prisas
nunca traen nada bueno. ¿Cómo lo descubrieron?
-Eso no debe preocuparle; hágalo
más por su futuro... ¿Quiere colaborar
o vamos a tener que llevarle por la fuerza?
-Los pies, eso debió de ser;
sus dedos... Me interesa saberlo, ya sabe, la curiosidad
de quien comete errores. ¿Sabe? Supe desde el
principio que esa malformación me delataría,
pero no pensé que sería tan rápido.
¿Cómo lo descubrieron?, ¿cómo
se dieron cuenta?, ¿es que acaso se quitó
los zapatos?
-¡Ya está bien! Ahora
vendrá con nosotros -se acercó a Albert
y le agarró por su bata al tiempo que lo levantaba
de la banqueta. Se descuidó. El doctor ya se
encontraba prevenido y con un hábil movimiento
roció la cara del joven con un pulverizador que
escondía en uno de sus bolsillos; Bill vaciló
ante tan inesperada respuesta- ¿Pero... qué
es esta mierda?
-¡Oh! Sólo es agua destilada,
aunque es el medio ideal para que mis pequeños
biobots se filtren en su organismo a través de
la epidermis. Están programados para provocar
la obturación de las arterias coronarias, lo
que me garantiza el inmediato infarto de su corazón.
Mis chicos trabajan rápido y son muy efectivos
-Bill empezó a apretarse el pecho con una de
sus manos ya que un fuerte dolor había hecho
aparición mientras Albert hablaba-. En normales
circunstancias una autopsia desvelaría como un
infarto natural las causas de la muerte, pero la lástima
es que tengamos un espectador...
-¡No se me acerque! -gritó
el agente mientras le apuntaba con su arma. Bill, ya
tumbado en el suelo, empezó a convulsionarse,
con fuertes e intensos espasmos, hasta que el ritmo
se ralentizó y una palidez total se asomó
a su rostro, acompañando su último aliento...
En ese preciso instante llegó Cynthia, seguida
por varios agentes más.
-¡Le ha matado! Ha sido con ese
pulverizador, no deje que la rocíe...
-¡Bill! -gritó ella con
un tenso gesto en su cara- ¡Suéltalo! -le
ordenó mientras apuntaba su arma- ¡Suelta
ese maldito cacharro!
-Sabes que no puedo hacerlo..., es
mi única oportunidad...
-Si no lo sueltas te mataremos... ¡Suéltalo
joder! De aquí no puedes escapar...
-Te equivocas. Cuando uno ya ha conseguido
lo que desea, siempre encuentra una salida.
-Ni se te ocurra... No te haremos nada,
pero debes venir con nosotros.
-Claro, y cuando sepáis dónde
se encuentra... ¿Tampoco me haréis nada?
Ni en sueños, tengo la perfecta solución
para joderos.
Se acercó el spray y pulverizó
sobre su propia cara, entonces ella disparó sobre
el brazo del doctor. Lo hizo de forma inmediata, igual
que si hubiese querido evitar que los biobots pudieran
llegar a filtrarse por su piel. Éste soltó
de golpe el pulverizador con el grito que provocó
el dolor de recibir un disparo. Pero lo que sucedió
a continuación era algo que no habían
previsto, el factor humano. Uno de los agentes entendió
que no sólo podía, sino que debía
disparar sobre él, y así lo hizo. Otro
de los agentes, al ver como su compañero hacía
blanco en el pecho, descargó también su
arma. Al instante una lluvia de balas atravesaba el
cuerpo del idealista genético... La fuerza de
los impactos era lo único que le mantenía
en pie.
-¡No! -gritó ella mientras
veía cómo, tras los breves segundos que
duró la ejecución, aquel cuerpo sin vida
caía bruscamente sobre el frío suelo del
depósito- ¡No! No... ¡El Sr. Hamplet
lo quería vivo! ¡Lo necesitaba!... ¿Pero
qué coño os ha pasado? ¡Fuera de
aquí! ¡Largo! Iros todos... Dejadnos solos...
Solos... -La actitud de Cynthia causó desconcierto
entre los agentes, que optaron por lo más fácil;
seguir las órdenes de su superiora y abandonar
el depósito mientras apartaban a los empleados
que intentaban satisfacer sus ansias de curiosidad.
Una vez sola, la rabia e impotencia se vieron reflejadas
en ella conforme se acercaba al yaciente cuerpo del
doctor. Se arrodilló junto a él y, con
suavidad, una de sus manos acarició la ensangrentada
frente del hombre-. Lo siento Albert..., de verdad,
lo siento mucho; esto no debería haber acabado
así... -conocía el plan, lo diseñaron
juntos, y ahora sabía que ni el ejército
de biobots que en el interior de aquel hombre intentaban
arreglar las obturaciones de las coronarias, ya nada
podrían hacer ante tal destrozo. Ella lo sabía,
y el dolor y la culpa liberaron una densa lágrima
que, tras deslizarse por su mejilla, fue a precipitarse
sobre un charco de tibia sangre.
Su rostro permaneció impasible
mientras ella le contaba todo lo que había sucedido.
Le habló de la manera en que el Dr. Crooke contaminó
a Bill con biobots asesinos mediante un pulverizador
y como los agentes, en un acto de precipitación,
le abatieron antes de que éste confesara la localización
exacta de la congresista Henderson. Cuando acabó
su disertación, los penetrantes ojos de John
Hamplet se cerraron, de forma pensativa, durante un
momento. Tras abrirlos, se centraron exclusivamente
sobre su ayudante.
-Ese mal nacido neohumanista, va a
jodernos por su estúpido idealismo...
-¿Qué sugieres que hagamos?
-preguntó ella-. Si este informe está
en lo cierto... debió realizar más de
un clon de ella.-
No sé..., no lo acabo de ver
claro.
-Pues parece que allí sí.
En el informe lo pone bien claro..., se ha visto a un
clon de la congresista trabajando en uno de los muelles
de carga, el número siete.
-¿Seguro que es otra réplica?
-Eso aseguran. Según ellos sus
uñas, aunque han intentado disimularlo, reaccionan
al color azul vistas a través del visor...
Dicen no tener dudas.
-Dos réplicas... ¿Cuántas
más Dr. Crooke? ¿Cuántas más?
-Si nos centramos en distintos propósitos,
quizás podríamos dar con el acertado y
encontrar a la verdadera Congresista.
-No hace falta divagar, yo sé
bien lo que se proponía... ¿Sabes qué
es lo que quería, Cynthia? ¡Jodernos! Eso
es lo que el muy cabrón quería. ¿Dónde
se encuentra la Congresista? No me extrañaría
que la hubiera matado y se hubiera deshecho de su cuerpo
en uno de nuestros tubos de biorreconstrucción.
-Pero eso no tendría sentido.
Quiero decir que no entiendo que beneficio podía
esperar haciendo algo así.
-Él era un idealista, lo que
le hacía actuar era más poderoso que el
simple dinero, su compensación no era económica
sino personal. Este tipo de personas llegan a inmolarse,
a infringirse un daño que le lleva hasta la muerte
con tal de conseguir su propósito. El buen doctor
ayudó en la síntesis de patrones genéticos
de algunas de las unidades modificadas, y por lo tanto
sabía de su existencia. Era consciente de que
la reunión con la Congresista sólo buscaba
una finalidad; establecer los nuevos términos
de una propuesta que ampliase el campo de la producción
en serie de réplicas cara a disposiciones militares.
Sabía que este paso era ya un hecho de por sí
y que no tardaría en aprobarse. Tenemos ocultas
quinientas unidades ilegales de réplicas genéticamente
modificadas que muy pronto podrían convertirse
en cinco mil unidades legales de eugenesia militar...,
y la principal, la más importante, la única
persona capaz de promover nuestra estrategia... ¡Es
una maldita clon!... Un ser sin derechos, vetado de
cargos políticos... ¡No me sirve!..., y
ese hijo de puta lo sabía bien. Ahora quiere
jugar con nosotros haciendo aparecer más réplicas,
el muy cerdo. De momento ha ganado este asalto, pero
aún no ha acabado el combate...
-Pero ya no podemos valernos de la
Congresista.
-No, cierto. Pero el bueno de Albert
Crooke va ha hacernos un último favor. Debemos
prepararlo todo para que parezca un atentado... Haremos
volar la patrullera del CSSP cuando esté recogiendo
a la Congresista y a sus acompañantes. Si lo
hacemos cuando aún esté enganchada a la
esclusa dará más golpe de efecto. Deberá
perecer también algún personal de la estación,
eso daría veracidad a los hechos y pasaríamos
también a ser víctimas. Después
anunciaremos que los servicios de seguridad de Nomis
localizaron al terrorista tras cometer su terrible acto
y, al hacerles frente, no tuvieron más opción
que abatirle. Luego se hablará de él;
un descontento genetista neohumanista, cuyas desavenencias
con los estatutos del Comité Global para la Bioética
y la Clonación le llevó a cometer tal
acción contra su Presidenta. Soltaremos la idea
de que ella iba a proponer una remodelación de
dichos estatutos a favor de la eugenesia militar y que
él lo sabía... Eso abrirá el debate
social sobre la conveniencia o no de esta práctica.
El volumen de gente que está en contra del movimiento
Neohumanista es muy grande... Algo a lo que los neohumanistas
se opongan, ellos apoyaran sin ni siquiera planteárselo.
La acción del doctor ha variado el camino, pero
nuestra finalidad se cumplirá igual. Aunque tardemos
un poco más, la semilla ya ha sido plantada y
sólo nos falta esperar a que madure.
-¿Y que hay de la réplica
que ha aparecido en el muelle de carga siete? Con la
supuesta verdadera Congresista ya son dos réplicas
localizadas, y no sabemos si sólo se limitó
a estas dos.
-Creo que lo he dicho bien claro, vamos
a matar a una congresista y a muchas más personas...
¿De verdad crees que me preocupan unas jodidas
réplicas? Las iremos eliminando según
vayan apareciendo más, tanto a ella como a los
clones que hayan entrado en contacto con ella. Nadie
debe saber lo que ha pasado hoy aquí... Se me
ocurre que el grupo de seguridad que ha cazado a nuestro
doctor se merece el honor de escoltar a la congresista
Henderson hasta la patrullera, no se sabe cuando pueden
atentar contra su vida y ya hoy hemos sufrido un desagradable
incidente en los laboratorios -una maliciosa sonrisa
apareció en su rostro contrastando con el estado
de preocupación que había sentido al principio-.
Sí, eso sería perfecto. Te dejo a ti a
cargo de todo, nada debe ya salir mal ¿De acuerdo?
Yo volveré con mis invitados..., no deben llegar
a sospechar nada.
-Tranquilo, la patrullera tiene prevista
la llegada en unas ocho horas; me encargaré del
clon del muelle siete y haré todos los preparativos.
Cuando esté todo a punto, te avisaré.
No se habló nada más.
Tras mirarse ambos con cierta complicidad se separaron;
cada uno ya sabía lo que tenía que hacer.
Cynthia atravesó por un par de solitarios pasillos
y se detuvo en un punto en que sabía se encontraba
fuera de los ángulos de visión de las
ocultas cámaras de vigilancia existentes por
toda la estación. Sacó una unidad portátil
grabadora de DMI que llevaba oculta en su cinturón
y comprobó, sobre el lugar, que el pequeño
piercing que llevaba en su nariz había captado
perfectamente todo lo que había sucedido hasta
ese momento. Entonces sonrió.
-¡Jódete cabrón!
Se encontraba cansada, abatida; físicamente
agotada y literalmente extenuada. Acababa de completar
su sexta jornada de trabajo en un helado, oscuro y solitario
paraje de la superficie de Ganímedes y ella,
junto a sus otros ocho compañeros, se dirigían
de vuelta al módulo de permanencia; un cubículo
con un espacio útil de apenas veinticinco metros
cuadrados. Si el resto de su existencia iba a ser como
su última semana, entonces deseaba desde lo más
profundo de su corazón ser descubierta. Sin entender
bien cómo, la velocidad en que los rumores corrían
era la misma que en todos los demás lugares,
y eso que prácticamente se encontraban aislados.
A sus oídos llegó la noticia de que a
dos clones, idénticos a la congresista Henderson,
idénticos a ella, de los que uno trabajaba allí
mismo, en un túnel del sector quince, y el otro
en un muelle de carga en la propia Nomis, los habían
hecho desaparecer junto con lo completo de su cuadrilla.
Comprendía que ni una palabra sobre su ubicación
actual saldría de la boca de sus compañeros
ya que en ello les iba la vida. Pero empezaba a desear
que ese descuido, mortal de consideración, se
produjera y le hicieran acabar con su sufrimiento.
Cansados, con pesado caminar, su grupo
llegó al módulo de permanencia pero lo
que allí encontraron los dejó inmóviles.
Junto a él, un imponente transporte de la estación
contrastaba con lo diminuto de éste y un grupo
de varios hombres con armas se encontraban desplegados
frente a ellos..., la habían localizado. Lo trabajadores
no se atrevían a avanzar más, aunque sabían
que retroceder, huir, tampoco les serviría de
nada; aun consiguiendo alejarse de ellos, el equipo
autónomo de su traje sólo les abastecería
durante apenas una hora más, luego éste
se agotaría y se asfixiarían... En el
mejor de los casos se congelarían de manera inmediata
si alguno intentaba quitarse la escafandra. No tenían
opción. Uno de ellos carecía de armas,
al menos de manera visible, y fue ése precisamente
el que se acercó a ella. Con algo de dificultad
por lo oscuro del cristal del casco, pudo comprobar
que se encontraba delante de otra mujer; le indicó
que se dirigiese hacia la nave y, tras un pequeño
titubeo, le hizo caso. Ya nada le importaba, sólo
quería un final rápido, acabar cuanto
antes; de haber contado con el suficiente coraje ya
habría abierto con anterioridad su escafandra,
pero se había dado cuenta que en realidad era
una cobarde, que por sí sola no podía
tomar esa decisión, quizás porque la creencia
de que algún día la sacarían de
aquel lugar avivaba su esperanza. Al subir al transporte,
le siguieron todos los hombres armados y éste
despegó. Un pensamiento dedicó entonces
a sus compañeros; quizás para ellos hubiese
sido mejor que les hubieran disparado, tal y como había
ocurrido en anteriores casos... Sabía que alguno
también prefería la muerte a sufrir en
vida aquello, pero al igual que ella, confiaba en que
algún día su situación podía
cambiar.
A indicaciones de la mujer, que parecía
ser la que allí mandaba, se quitó el traje
de seguridad para exteriores dejando ver unos sucios
pantalones, un agujereado jersey de largas mangas y
un empapado pañuelo que se encontraba anudado
alrededor de su frente y que intentaba evitar que el
sudor la cegase impidiéndole trabajar; olía
mal y se encontraba sucia. Ante su asombro, aquella
mujer le quitó el pañuelo de la cabeza
y le ofreció una toalla, limpia y seca, para
que se secara su sudor. Al principio dudó en
aceptársela, pero al final la cogió; si
le iban a pegar un tiro en su cabeza, que menos que
ésta estuviera algo adecentada. Poco más
tarde, la misma mujer se la acercó con una pantalla
portátil y se sentó frente a ella.
-¿Cómo se encuentra?
-su voz era dura a la vez que neutral, carente de sentimientos.
Sabía que se trataba de un mero formalismo, que
de seguro no le importaba lo más mínimo
su estado actual.
-¿Importa acaso eso? -Contestó
con cierto desprecio. Desconocía las intenciones
de aquel grupo y, por lo tanto, no se sentía
con ánimos de ser correcta. Si la iban a matar...
¿A qué narices estaban esperando? ¿Por
qué tanta... cortesía?
-Importa, y mucho. Debería sentirse
mal..., agotada, hambrienta, bastante desesperada y
con la terrible duda golpeándole en su mente
de si voy a pegarle un tiro en su cabeza... o no. ¿Es
así como de verdad se siente? -no pudo mas que
mirarla con absoluto desprecio. Su descripción
era de lo más acertado con respecto a cómo
ella se sentía... ¿Qué quería
esa mujer entonces?, ¿seguir torturándola
emocionalmente?-. Veo que no dice nada, eso significa
que no me he equivocado en mucho. Bien, tengo un mensaje
para usted, así que quiero que preste mucha atención
¿De acuerdo?
Dennis asintió con un ligero
movimiento de cabeza, entonces Cynthia conectó
la pantalla. La imagen de un Dr. Crooke sonriente apareció
en ella ante sus atónitos ojos. Ese hombre...
otra vez.
“Hola Dennis -empezó
a decir el doctor- ¿Sorprendida de verme? Bueno,
no se alarme..., y créame, preferiría
estar ahí con usted, hablando cara a cara, de
la misma manera que hicimos en el laboratorio. Pero
si ahora me está viendo en esta grabación,
es porque algo de todo este enrevesado plan ha salido
mal y seguramente, aunque no me guste admitirlo, yo
ya esté muerto. No es algo que me agrade pensar,
pero creo necesario explicarle una serie de cosas y
pienso que la persona adecuada para hacerlo soy yo...,
de aquí lo melodramático de este mensaje.
»Seguramente me odie por todo
lo que le he hecho pasar, no la culpo por ello, pero
ha sido del todo necesario que usted tuviera que sufrir
todo lo que sin duda ha sufrido para que pudiera comprender.
Como sabrá, para que una réplica se distinga
de su original, al ser creada se le implanta una serie
de identificadores, tanto internos como externos. ¿Qué
hace que un clon tenga las uñas de color azul
ante sus propios ojos y ante nuestros visores? Cuando
se desarrolla su patrón genético, le implantamos
una proteína sintetizada a partir de un virus
concreto, ésta reacciona ante los retroiluminadores
de neón existentes en nuestros visores y, de
manera natural, en las retinas de los clones. Noticia
buena Dennis, usted no es una réplica sino la
original, la verdadera congresista Henderson -Dennis
se llevó las manos a su boca; la emoción
producida por lo que acababa de oír era tal que
no pudo evitar romper a llorar, aunque lo más
silenciosamente posible, para no perderse nada del resto
del mensaje-. El color en sus uñas es resultado
de un especial cultivo de dicho virus en ellas y unos
fotorreceptores de neón que le fue injertados
en sus ojos gracias a mis inestimables biobots. Pero
no se preocupe, el virus no tardará en desaparecer
y los fotorreceptores... considérelos un regalo.
»Ahora llegamos a la razón
de tanto suplicio. Como poco a poco comprenderá,
se hacía necesario que sufriera lo mismo que
sufren las réplicas que, en este caso concreto,
se crean en Nomis. Nació clon, con su desconcierto
inicial, sus miedos y temores. Fue tratada de la misma
desagradable manera con que son tratados y finalmente,
acabó viviendo como ellos; dieciocho horas de
duro y peligroso trabajo diario, pésimas condiciones
higiénicas, mala alimentación... Sólo
de esta manera comprendería lo injusto del trato
hacia estos seres que, como habrá podido comprobar,
sienten y padecen como usted o como yo. Creo que la
experiencia vivida la hará reflexionar acerca
de la actual legislatura sobre clonación. Ha
podido comprobar que la vigente ley es genocida por
lo que cambiar tal situación está ahora
en sus manos. Sólo el hecho de que lo intente
merece la pena. Tanto yo, como el resto de la comunidad
neohumanista, esperamos que tome la decisión
adecuada. Por mi parte es todo, pero la decisión
final es suya... Hágalo bien y todo habrá
valido la pena. Adiós Dennis, haga que haya sido
un honor el haberla conocido.”
La imagen del doctor desapareció
de la pantalla y ésta se apagó de manera
automática. La Congresista permanecía
aún algo confusa, se veía claramente.
Miró a Cynthia y antes que pudiera decir algo,
ella le tendió un dispositivo DMI.
-Aquí encontrará pruebas
sobre las actividades ilegales de John Hamplet relacionadas
con réplicas eugenésicas para fines militares.
También encontrará grabaciones en las
que el propio Sr. Hamplet ordenó un atroz atentado
en el que más de veinte personas murieron; una
réplica suya era su principal objetivo..., quiso
deshacerse de usted con la intención de promover
una reforma que haga de sus oscuros negocios un comercio
legal. También aparece mandando el asesinato
de dos réplicas suyas y de otras diecinueve sólo
por el hecho de conocer su existencia. Como ve, podría
acabar con la carrera de un despiadado hombre y, si
modifica la vigente ley, salvar la vida de muchos otros.
Muchos han muerto para otorgarle esta oportunidad, así
que dígame... ¿Qué quiere hacer
ahora? -la miró fijamente, veía como trataba
de asimilar todo lo que estaba ocurriendo y el por qué
le había pasado; al final, tras pensarlo con
la meticulosidad que la apremiante situación
exigía, contestó.
-Debo entender entonces que soy yo...,
que toda mi vida anterior, mi familia, mis logros...,
todo sigue como siempre...
-En efecto.
-Puedo modificar los actuales estatutos
a favor de otros más éticos, e incluso
puedo proponer nuevas mociones de ley...
-Sí, al menos tiene la posición
para intentarlo.
-De acuerdo -dijo pausadamente, casi
pensativa mientras su mente seguía asimilándolo
todo-. ¿Pueden llevarme de vuelta a La Tierra?
-Podemos acercarla a la estación
base del CSSP. Una vez allí ellos se encargarán
de su transporte.
-Entonces no perdamos tiempo. Tengo
mucho que decir y aún queda mucho por hacer.
Millones de seres han esperado pacientemente este momento.
-Perfecto -sonrió. Ella era
militar pero pese al pensamiento popular, no todos en
el ejército se encontraban a gusto con la eugenesia
militar. Esa fue la razón de que dos años
antes fuera enviada a Nomis, para controlar y espiar
a John Hamplet. Allí conoció a Albert,
genetista idealista neohumanista, con quien compartió
algo más que una finalidad común. Ahora
habían avanzado en su lucha, él estaría
contento y ella lo sabía-. Entonces rumbo al
CSSP.
-Eso es, rumbo... hacia la libertad.
No tardó la congresista en quedarse
sola. El viaje aún duraría unas horas
y, tras asearse, le permitieron que se echara un rato
para descansar. Pese haber sufrido una dura jornada
de trabajo y fuertes emociones, no podía conciliar
el sueño. Su activa mente ya había sacado
una conclusión de todo lo que le había
ocurrido y ya, por fin, lo tenía claro. Cierto
era que tenía mucho que decir y mucho que hacer,
empezando por hundir a ese engreído de John Hamplet
que tan ruinmente quiso librarse de ella. Más
tarde le llegaría el turno al neohumanista...
La secuestró, la torturó psicológicamente,
la maltrató físicamente y ahora pretendía
que le diera las gracias ¡Estaba loco aquel tipo?
Se encargaría de empañar su reputación
de tres al cuarto y acabaría con todos los que
la ayudaron en su secuestro, aquella mujer de pelo corto
la primera. Tenía que servir como ejemplo para
los restantes colectivos neohumanistas, así les
bajaría los humos a todos esos alborotadores.
Lo tenía más claro, todo lo que había
pasado no se lo deseaba a ningún otro ser humano.
¿Cómo iba a modificar la ley sobre réplicas
y permitir que personas pasaran por todo aquello para
que pudieran dar de comer a sus familias? ¿Pero
qué clase de monstruo se creían que era?
Incluso la idea de la eugenesia para minimizar el sufrimiento
y mejorar el rendimiento de los clones le empezaba a
parecer algo bueno; quizás la finalidad de todo
lo que había vivido en aquella última
semana no era otra que convencerse sobre el fundamental
papel de las mejoras genéticas en las réplicas
y el gran servicio que estos seres podían hacer
a la Humanidad. Ciertamente tenía que agradecer
una cosa a ese loco de Crooke, y era que le abriera
los ojos con la verdadera situación actual de
los clones.
Aún quedaba, efectivamente,
mucho por hacer.
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