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Reflejos de identidad Más sobre Rafael Rius Sánchez

Estaba despertando de un sueño. Pese a ello, no sentía aquella reconfortante relajación que en otras ocasiones, tras un buen descanso, invadía todo su ser con una agradable sensación de bienestar. Se trataba de todo lo contrario; inquietud, incomodidad, temor... Todo le hacía indicar que había escapado de una pesadilla o, por lo menos, de alguno de esos sueños cuya desagradable sensación te acelera tu ritmo cardíaco, aumenta tu sudoración, tensa tus músculos y crea un angustioso entorno claustrofóbico del que sólo el despertar te puede rescatar. Pero había algo más. Aturdidos sus sentidos, no conseguía aclarar la situación en que se encontraba; si la pesadilla había acabado ¿Dónde estaba? ¿Por qué no recordaba nada? ¿Por qué reinaba la oscuridad? Inquietudes que la asaltaban y que si quería recuperar su razón debía encontrarles respuestas.

Lo último que conseguía recordar era un viaje; nave pequeña, pocas personas... Era extraño, pero esa imagen le era muy familiar. Debía estar acostumbrada a ello, debía conocer a aquellas personas..., debía recordar más. Aunque sentía algo de dolor en su cuerpo éste no era intenso, así que más que algún tipo de golpe que le causara algún traumatismo físico, debía ser por la quietud que estaba obligada a mantener; entumecimiento y agarrotamiento..., calambres, eso era lo que sentía. Lentamente, algunos recuerdos iban aflorando. Recordó quien era ella, lo que ya era algo, y consiguió identificar a algunos de sus acompañantes, sobre todo al bueno de Mark, su asistente personal, eficaz donde los haya; buena parte de la coordinación de su buen hacer en el trabajo se lo debía a él. Con ellos también iban dos hombres, si no lo recordaba mal tenían la misión de protegerla; aunque sus rostros no le eran tan familiares como el de su asistente, la sensación de la protección sí que lo era. Alguien más, quizá los pilotos... No llegaba a recordar, de momento, a nadie más.

Con la poca movilidad que las limitaciones sufridas por su cuerpo le llegaban a permitir, intentó averiguar dónde se encontraba. Algo sí tenía claro, se encontraba tumbada en un confortable sillón ya que notaba los posabrazos de éste y cierta mullidez bajo su espalda. De pronto una terrible idea la inquietó, ¿y si había perdido la vista? ¿Y si se había quedado ciega? Pero si así era... ¿Cómo? No conseguía recordar bien que fue lo último que le había ocurrido y aunque se encontrase aturdida y bastante entumecida, no sentía ningún tipo de dolor por su frente, alrededor de sus ojos o en el resto de su cabeza. Su falta de visión debía ser motivada por otro factor, pues no entendía que una ceguera absoluta fuera tan repentina sin haber sufrido algún tipo de contusión, y eso sí que lo notaría.

Hizo un tremendo esfuerzo por recordar y le agradó ver que sus pensamientos se iban poblando cada vez de más imágenes, de recientes recuerdos..., de explicaciones. La pequeña nave era una patrullera del CS... SP... ¿Cómo era? Sí, el Cuerpo de Seguridad para el Sistema Planetario. La idea de que una patrullera la transportara no le resultó extraña, de hecho entendió que era lo más habitual. ¿Cuál había sido su destino? Su destino... Sí, ya se acordaba; se trataba de la estación minera Nomis, en órbita sobre el helado y fangoso Ganímedes, en donde tenía una reunión, algo importante... creía; aún pequeñas lagunas inundaban su mente. No sin esfuerzo, intentó decir algo con la intención de hacerse notar, pero le fue del todo inútil; sus palabras se perdieron antes de emitir sonido alguno. Aunque no pudiera ver nada, aunque sus fuerzas le impidieran pedir ayuda, al menos su sentido del oído no estaba dañado; un suave y constante zumbido se sumaba a su ya acelerada respiración... El ruido residual de la estación. Un nuevo intento la llevó a articular la palabra “ayuda”, de forma forzada lo consiguió. Con aquella palabra mostraba la condición de desprotección que en ese momento sufría, pero la llevó a comprender que estaba recuperándose de su pérdida del habla y que, a un ritmo mayor, sus pensamientos encontraban el orden que poco antes les habían negado.

Sus ojos, abiertos en la oscuridad, fueron sorprendidos por una luz que los dejó ciegos de forma momentánea. Pese a sus temores iniciales, ella lo sabía. Había intuido que el no ver no era consecuencia de una ceguera y se alegró cuando la luminosidad se fue suavizando paulatinamente conforme se iba acostumbrando a ella. Tras unos instantes, tomó conciencia de que se encontraba en una pequeña habitación..., un pequeño laboratorio por lo extraño del instrumental que allí la rodeaba. Un fuerte temor la invadió ¿Qué hacía ella en un laboratorio? ¿Y por qué se encontraba sujeta por anclajes y presillas metálicas? Consiguió recordar un desmayo. Aquella gigantesca estación contaba con un innovador sistema para la creación de fuerzas gravimétricas... Gravedad artificial; algo que en la patrullera del CSSP era inexistente. El brusco cambio de estados le había provocado un ligero desfallecimiento en la sala de adaptación, posiblemente como consecuencia del gran número de viajes que últimamente había realizado para promover su campaña. Oyó un siseo, una inconfundible apertura de puerta, y entonces un hombre entró en el pequeño laboratorio. Aquel sujeto parecía pertenecer a aquel lugar; bata aséptica en blanco, pelo castaño con poblada perilla cuyos matices grisáceos denotaba su adentrada edad, estatura media algo encorvado y, sorprendentemente, gafas de gruesa montura.

-Gracias a Dios -se desahogó ella como si fuera su salvador-, hace tan sólo un rato que me he... despertado, sí, eso es. Todo era extraño y debo reconocer que me he asustado mucho...

-Tranquilícese -dijo él con suave voz-, no se altere. Ahora no debe preocuparse. Me llamo Albert, aunque aquí todos me llaman Dr. Crooke -sonrió-. ¿Cómo se siente?

-Supongo que bien... Bueno, me duelen los brazos -respondía mientras el doctor le examinaba los ojos con una pequeña linterna- y siento todo el cuerpo entumecido, aunque es más intenso por las piernas...

-Eso se debe a las presillas... ¿Muy fuertes quizás?

-Y tanto... ¿No podría aflojarlas un poco? Creo que me están haciendo llagas.

-Parece que su estado en general es bueno... ¿Así está bien? -preguntó mientras le aflojaba las sujeciones- Aún no puedo quitárselas del todo, pero no se preocupe por eso, no creo que tarde.

-Eso espero, porque son bastante incómodas.

-Sí, lo sé. Y dígame congresista Henderson ¿Qué es lo último que recuerda?

-Recuerdo... Bueno, la verdad es que creo que todo. Llegamos aquí..., porque sigo estando en Nomis ¿verdad?

-En efecto. Ahora mismo se encuentra en una de sus secciones -dijo con tranquilizadora sonrisa-, siga por favor.

-Bien, pues... tenía aquí una reunión con el capataz, el Sr. Hamplet, así que una patrullera del CSSP nos acercó a mí, a mi asistente y a un par de escoltas... Por cierto ¿dónde están?

-Esperándola fuera. Pero no debe pensar en ellos, están bien. Es usted la que nos preocupa ahora.

-De acuerdo. Cuando llegamos, como es obligado en estos casos, estuvimos un tiempo en la sala de adaptación. Allí empecé a sentirme algo mareada, me sentí floja... y creo que me desmayé. Eso es todo lo que puedo recordar.

-Bien, su memoria no le falla. Ahora vamos a charlar un poco, sólo para que así se relaje.

-Eso me encantaría doctor. Pero si cree que me encuentro ya bien, debería volver a mis obligaciones. La agenda de un político suele estar bastante completa.

-Lo supongo. Pero le aseguro que aún disponemos de tiempo. Se está reponiendo de un desafortunado mareo, por lo que no creo que nadie le vaya a meter prisas. En cambio, deberíamos hablar de cierto asunto que considero importante. Lo es para mí, lo es para usted tanto por congresista como por persona, y lo es, o más bien lo será, para mucha gente.

-¿A qué se refiere? ¿De qué me está hablando? -su sonrisa, presente desde que apareciera el doctor, dejó paso a un rostro de curiosa preocupación. Algo en su interior empezaba a hacerle dudar de lo casual del mareo sufrido- ¿Qué es eso tan importante?

-Mire, usted tiene formulada una opinión sobre el tema y, como congresista, defiende una ideología que en determinados casos puede llegar a ser acertada; hasta ahí ambos estaríamos de acuerdo. Pero dentro de un concepto más generalizado, esa forma de pensar suya es del todo errónea. Me explicaré. Usted apoya una legislación que condena a miles de seres humanos... y precisamente ese apoyo es lo que espero se empiece a replantear a partir de esta visita. Me refiero concretamente a la actual ley sobre clonación cuyas bases parten de las resoluciones dictadas por el Comité Global para la Bioética y la Clonación, del cual es usted la presidenta.

-Así que se trata de eso. Es uno de esos alborotadores que alzan la voz contra la replicación genética, mientras se niegan a entender que dichas leyes ayudan a salvar vidas humanas... ¿Es eso, verdad?

-Se equivoca, de hecho soy un ferviente partidario de la clonación. Lo que no lo soy tanto es del trato que llega a recibir el “producto” una vez ha sido finalizado. Soy médico, y creo de forma plena en la clonación como medio de producción de proteínas para su posterior uso terapéutico, como generadora de tejidos y órganos para salvar vidas con sus transplantes; como persona, creo totalmente en la clonación como forma de consuelo hacia una familia que ha perdido a un ser querido y hasta veo bien el replicar a un ser humano porque su labor beneficia a algún sector de la ciencia o de la sociedad... Como puede ver, mis ideas están bastante a favor de tal práctica. Pero esa misma ideología choca con una única realidad, ésta es que los seres que son generados mediante ella distan mucho de ser creados para tales fines. Por eso irremediablemente debo condenarla, no por la práctica en sí, sino por la ley que la regula.

-Entiendo... Todo esto lo ha montado porque no está de acuerdo con el uso que se le da a esas réplicas aquí, en la estación minera.

-No sólo aquí en Ganímedes, sino en prospecciones geológicas, submarinas, expediciones de reconocimiento a zonas hostiles o de atmósfera venenosa... Cualquier lugar que suponga un peligro para el ser humano, allí son enviados los clones.

-¡Para eso son creados! Sus patrones genéticos son modificados a fin de soportar más fácilmente tales condiciones.

-¡Condiciones genocidas! -gritó el doctor ante el asombro de la congresista-. Algunos son modificados, cierto, pero cree que eso les facilita mucho las cosas... ¿Sabe cuántas réplicas trabajan en Nomis, entre las prospecciones de allí abajo y el personal de soporte de tareas aquí arriba? Más de cuatro mil quinientos seres clonados, seres modificados, seres que están vivos y que a diario pierden de diez a quince de sus propios hermanos..., todo porque son prescindibles y sale económica su reposición. Con la tecnología actual podemos crear una réplica en tan sólo diez horas. En Nomis tenemos veinte tubos biorregeneradores trabajando sin descanso; uno de cada tanda suele salir con algún pequeño defecto, aceptado en humanos pero no en un pobre clon que sin entender por qué, debe ser... ¡Asesinado! Para reciclarlo en otro nuevo... Son tan seres humanos como nosotros, pero viven en condiciones de absoluta esclavitud.

-¡Salvan vidas! Si ese trabajo no lo hiciesen ellos, esas pérdidas serían de vidas humanas.

-¡Falso! La única pérdida sería económica. Se descuida la seguridad sólo por el hecho asumido de que si se pierde una, diez o cien réplicas, no ocurre nada. Si el mismo trabajo fuera realizado por personal cualificado, con maquinaria apropiada y respetando las medidas habituales de seguridad, es posible que saliese más caro, pero el número de accidentes sería considerablemente inferior.

-Mire doctor -hizo una pequeña pausa con el fin de calmar a su interlocutor-, esos seres son creados por nosotros con un solo propósito, atender nuestras necesidades más extremas. No son seres humanos, son sólo el producto de una... excelente mezcla de residuos orgánicos, carentes de identidad propia. A diario ven a cientos de réplicas suyas y saben que son uno más entre tantos y que su misión en la vida no es otra que trabajar para nosotros. Lo saben y así lo tienen asumido. No son seres humanos...

-¿Tan segura está de eso? De veras lo lamento.

 

Con tranquilos movimientos, liberó las manos de la mujer al aflojar los anclajes que las mantenían atrapadas. La miró a los ojos y ella, de manera instintiva, apartó su mirada para posarla sobre sus manos. La sensación que entonces sintió la abrumó tanto que hasta el llanto que quiso salir le desgarró el pecho y un gélido sudor la dejó helada y confusa cuando en sus dedos destacó el color azul de las uñas... Entonces comprendió; sólo existía una razón para que ella pudiera verlas así, y un nuevo grito quedó ahogado mientras le arrancaba las lágrimas.

-Bienvenida al mundo, congresista Dennis “Clon” Henderson.

 

La conversación se desarrollaba con agradable fluidez; y es que lo que pensaban tenía más en común de lo que ambos podían imaginar. Por expresa petición de la congresista, su inseparable asistente y sus dos escoltas permanecerían durante toda la reunión fuera de la salita con el fin de garantizar la privacidad de lo que allí se dijera. Por su parte el Sr. Hamplet no necesitaba de nadie. Nomis era su terreno, su casa, su hogar, conocía a la perfección toda la estación y por eso había elegido, para aquella reunión informal, una pequeña y acogedora sala cuyo fantástico ventanal mostraba la más asombrosa y maravillosa visión de Ganímedes. Las dos copas sobre la mesita habían ya sido rellenadas varias veces y el tema de la charla ya se encontraba totalmente encarrilado hacia el terreno que a él le interesaba.

-No, no, no -dijo exagerando la voz a la vez que sonriendo-, quizás no me he expresado correctamente, Dennis. Sólo digo que la figura de la creación, réplica de un ser humano, destinada para ciertos usos es algo que se acepta totalmente en la sociedad actual.

-Calificarlo de total aceptación sería exagerar el término. Pero lo que sí es cierto es que poco a poco se va consiguiendo aumentar ésta gracias en parte a la propagandística que el Comité se está encargando de mantener.

-Por eso mismo el siguiente paso es claro. Al principio de nuestro despertar biológico, sólo los más aventurados se entregaban a prácticas de clonación casi en la más absoluta clandestinidad. El tiempo transcurrido desde entonces y algunas mejoras biotecnológicas más, nos han hecho comprender que su producción en serie es más que ventajosa para nuestra sociedad. ¿Por qué entonces debemos estancarnos ahora? Demos un paso más hacia el futuro, seamos innovadores... Sea la artífice de una nueva época. Si las tareas peligrosas son asignadas a los clones con el fin de evitar muertes... ¿No sería igual de beneficioso designarlos a actividades militares? Podríamos así impedir que nuestros seres queridos lucharan en guerras, a veces sin sentido, y se evitarían miles, que digo miles, cientos de miles, millones de víctimas humanas.

-Sabe tan bien como yo que lo que insinúa no es tarea fácil. Convencer al público general para que asuma situaciones que impliquen el término “Guerra”, sobre todo teniendo en cuenta el gran número de conflictos habidos en los últimos tiempos, resulta trabajoso y muy, muy costoso..., además de no garantizar ningún tipo de éxito.

-Razón de más. Es comprensible que la aceptación inicial no sería la deseada, por eso mismo debe empezarse cuanto antes. Hay que hacerles entender que de esta manera nuestros jóvenes, nuestros hijos, nuestra pareja, todos ellos evitarían participar en esos mismos conflictos; de eso se encargarían las réplicas.

-Parece una postura bastante razonable, y en ella encontraríamos una posible estrategia a seguir. De todas formas hay algo que no acabo de entender y es el por qué de su interés por esta cuestión. ¡Por el amor de Dios, dirige una estación minera!

-Una estación minera con una sección de investigación cuyo único interés es la clonación. Personal cualificado y con experiencia. ¿Cuál es mi motivación en esto? La misma que todos seguimos, el dinero. Lo único que le pido es que recapacite sobre la posibilidad de reformar la actual ley a favor de una producción más... marcial de nuestros clones. Cualquier pequeño avance en este sentido sería todo un logro para nosotros y, por supuesto, también para usted.

-¿A qué tipo de logro se refiere?

-Digamos que si la satisfacción de hacer lo que sabe es acertado no la acaba de convencer..., una bonita suma extra en la cuenta que usted desee para, por ejemplo, ayudar a la promoción de su campaña, puede que sí lo consiga.

-Veo que ahora sí hablamos el mismo idioma. Aun así, no puedo prometerle nada de antemano.

-Sólo el hecho de proponerlo ya sería un logro para nosotros. Una vez destapada la liebre, la carrera llega hasta el final. Aunque su propuesta no gozase de un éxito inicial, habría conseguido algo importante, plantar la semilla. Habremos inculcado en la mentalidad de mucha gente nuestras propias ideas, la opinión pública empezará a aceptar nuestra verdad y otros la seguirán; tarde o temprano se acabará firmando una nueva resolución auspiciada por su Comité y todos habremos ganado. Aquí, ahora, con nuestro acuerdo, nos encontramos decidiendo el futuro de nuestro Mundo. Es un acontecimiento que bien se merece un brindis.

-Un brindis... -chocaron con suavidad los bordes de ambas copas y su sonido permaneció efímero en la pequeña sala-, y una celebración. Dígame, ¿existe una Sra. Hamplet en algún lugar de este sistema?

-Sí, existe. Pero se encuentra en La Tierra, allí tenemos nuestra residencia y es dónde pasa la mayor parte del tiempo.-

Entonces debe sentirse muy solo...

-No siempre lo estoy.

-Yo tampoco. De hecho entre Mark y mis escoltas, acompañándome a todos los sitios, son pocos los momentos que puedo disfrutar de algo de intimidad.

-Si lo que desea es intimidad, se encuentra en el lugar adecuado. Aquí nadie la puede ver, salvo mis ojos; ni nadie la podrá oír, salvo mis oídos; y absolutamente nadie nos molestará -él cogió sus copas y las dejó sobre la mesita. Después, acercó su cara a la de ella, a una distancia ostensiblemente corta-, y conozco una buena manera de celebrar este acuerdo.

-Déjeme adivinar... -ella sonrió y se fusionaron en un apasionado beso. La celebración daba comienzo.

La imagen era buena, se podría incluso calificar de excelente. Las minicámaras, estratégicamente ubicadas, habían estado captándolo todo durante la larga conversación, y no se iban a detener precisamente ahora. Bajo la atenta supervisión de William Speak, considerado por algunos la mano derecha de John Hamplet, todo estaba quedando grabado en la memoria del riguroso sistema de vigilancia que tenían montado. Junto a él se encontraba una mujer de unos treinta años, de fibroso cuerpo y complexión atlética. De pelo corto, teñido de blanco, y piercing en la nariz, Cynthia Stein había sido militar hasta que entró en Nomis; sus características físicas y sus ambiciones personales la llevó a ascender de manera meteórica hasta ser la mano izquierda de John en sus oscuros negocios. Ambos sonreían.

-No sé cómo diablos lo consigue -comentó él-, tiene que tener un don especial con las mujeres, porque entonces no me lo explico.

-Tiene el jodido atractivo de un tío maduro. Tiene carácter, buen cuerpo y un culo estupendo. Si me dijeran que es el resultado de un experimento de manipulación genética, me lo creería sin dudarlo.

-Es asombroso. Hace tan sólo diez minutos charlaba con esa mujer sobre legiones de clones militares y ahora mírales..., los dos tumbados en el sofá medio desnudos, echando un polvo, mientras nosotros estamos aquí encerrados, poniéndosenos los dientes largos...

-Por eso él es el jefe y tú sigues de segundón.

-¡Vamos! Lo que ahora está haciendo también lo puedo hacer yo... ¡Oye, oye, oye! ¿Qué es eso? -señaló un punto de la imagen- Ahí ¿Lo ves?

-¿Qué ocurre? ¿Dónde...?

-Parece... Amplía esta zona de aquí, donde están los pies de ella.

-Un momento -poco a poco un detalle de los dedos de uno de los pies se fue agrandando, aun así seguía manteniendo una calidad excelente de imagen.

-¡Joder, no es posible!

-Sí así es, no es nada bueno.

-¡La jodida congresista Henderson es un puto clon!

 

El Dr. Crooke observaba, con macabra satisfacción, la palidez de la congresista mientras se resistía a aceptar su nueva realidad. Sabía el sufrimiento que le reportaba el negarse a creer que ella ya no era la misma mientras intentaba quitarse el color de sus uñas con la vana esperanza de poder demostrar que todo se trataba de una absurda y pesada broma del humor más negro y retorcido que podía imaginar. Pequeñas raspaduras de sus arañadas uñas la hundían cada vez más en su miseria. Las esquirlas, los restos de sus propias rozaduras, le indicaban que por mucho que quisiera no creerlo, su color era natural; irremediablemente de color azul.

-Puede llegar a arrancárselas si ese es su deseo -comentó el doctor-, pero eso no cambiará las cosas y sí las empeorará para usted.

-¿Cómo... es posible? -su tono de voz reflejaba lo confusa que en ese momento se sentía- ¿Cómo ha podido...?

-¿Acaso no lo ve claro? Usted es el resultado de un poco de ciencia aderezada con una pizca de toque poético. Somos lo que somos, y aunque haya personas que piensen que eso no se puede cambiar, yo creo firmemente en lo contrario... Pero no sin un procedimiento adecuado. Comprendo que ahora le sea complicado entender algunas cosas pero por eso mismo se encuentra aquí.

-¿Cómo... se ha... atrevido?

El Dr. Crooke observaba, con macabra satisfacción, la palidez de la congresista mientras se resistía a aceptar su nueva realidad. Sabía el sufrimiento que le reportaba el negarse a creer que ella ya no era la misma mientras intentaba quitarse el color de sus uñas con la vana esperanza de poder demostrar que todo se trataba de una absurda y pesada broma del humor más negro y retorcido que podía imaginar. Pequeñas raspaduras de sus arañadas uñas la hundían cada vez más en su miseria. Las esquirlas, los restos de sus propias rozaduras, le indicaban que por mucho que quisiera no creerlo, su color era natural; irremediablemente de color azul.

-Puede llegar a arrancárselas si ese es su deseo -comentó el doctor-, pero eso no cambiará las cosas y sí las empeorará para usted.

-¿Cómo... es posible? -su tono de voz reflejaba lo confusa que en ese momento se sentía- ¿Cómo ha podido...?

-¿Acaso no lo ve claro? Usted es el resultado de un poco de ciencia aderezada con una pizca de toque poético. Somos lo que somos, y aunque haya personas que piensen que eso no se puede cambiar, yo creo firmemente en lo contrario... Pero no sin un procedimiento adecuado. Comprendo que ahora le sea complicado entender algunas cosas pero por eso mismo se encuentra aquí.

-¿Cómo... se ha... atrevido?

-De momento quiero que se relaje mientras le cuento una historia que empezó hace bastante tiempo; no se preocupe, no es muy larga y le servirá para comprender mejor su situación. Existió un muchacho que desde muy temprana edad se sintió atraído por la microbiología y, mas concretamente, por la rama de la genética. Estaba maravillado por todo lo que se podía llegar a conseguir combinando secuencias de aminoácidos, de todos los logros que para la Humanidad se podían llegar a alcanzar. Como era natural, cuando su época universitaria llegó se matriculó en ingeniería genética; estudiar esta ciencia se convirtió en su obsesión, en su vida, pero no le importaba en absoluto ya que era algo que le apasionaba. Por aquel entonces, la clonación por sustitución del núcleo celular se había impuesto como fundamento básico de la clonación reproductiva. Como bien sabe, tal procedimiento consistía en la sustitución del núcleo celular del óvulo por el núcleo de una célula madura o el núcleo celular de un embrión precoz. Este método proporcionaba, en el mejor de los casos, clones que debían desarrollarse desde su proceso embrionario, por lo que contar con un ejemplar adulto era cuestión de años y se veía limitado a costosos casos concretos. Pero en el último año de carrera de este joven universitario ocurrió un importante descubrimiento informático que revolucionó para siempre el concepto de clonación tanto reproductiva como no reproductiva..., los DMI. Estos soportes minerales de información, con miles de millones de Teras de almacenaje, permitieron guardar toda la información biológica de un sujeto; célula a célula, molécula a molécula, átomo a átomo, en una sola unidad DMI. Se diseñaron y desarrollaron distintas interfaces de escaneo biológico que proporcionaban toda la información de un ser humano. La nanotecnología gozó de un avance paralelo y de tal desarrollo surgieron los biobots, microscópicas máquinas que interpretaban los datos almacenados en los DMI para después, dentro de un tubo de biorreconstrucción, crear un ser idéntico a otro, pero ya en su estado adulto... Toda una señora revolución en Biotecnología.

»Al principio, el proceso era algo más lento; el tiempo mínimo para conseguir un clon era de unos quince días. Ahora los biobots microscópicos han evolucionado a picoscópicos, su rendimiento se ha visto muy mejorado, y en tan sólo diez horas es más que suficiente. Aquel joven se convirtió en un excelente ingeniero experto en clonación, tanto que quería..., no, esa no es la palabra, deseaba..., necesitaba saber qué sentían en realidad aquellas réplicas; saber hasta qué grado de exactitud emocional se había llegado a alcanzar. Así que creó un clon de sí mismo. De qué mejor manera que con sus propias palabras para resolver sus inquietudes, o eso era lo que él pensaba. Entonces fue cuando se dio cuenta. Su réplica pensaba que era él y que él era su propia réplica, no había diferencias, la similitud era total al cien por cien. Hasta ese momento sólo se habían implantado algunos identificadores en el ADN, pero exteriormente se carecía de ellos; el clon y el ser original eran idénticos. Entonces surgió la disputa entre los jóvenes doctores ya que ambos pensaban que no eran la copia; se comprobó el ADN y como resultado uno de ellos tuvo que desaparecer, aunque no lo hizo voluntariamente. El doctor que sobrevivió, pese a su pasión por la genética, comprendió que la creación en serie produciría mucho sufrimiento y que él no se encontraba exento de responsabilidad moral. Entonces llegó el día en que sus predecesores del Comité Global para la Bioética y la Clonación pronunciaron el vigente estatuto sobre la carencia de derechos de las réplicas y su campo de utilización; aquel doctor, con su experiencia a cuestas, comprendió que la única manera de enfrentarse a la actual situación era afiliarse al único movimiento contrario a su Comité. Soy genetista por vocación... y neohumanista por convicción.

-¿Así que ese traumatizado doctor era usted?

-Se podría decir que éramos la misma persona.

-¿Y por qué me está haciendo esto?, ¿cómo venganza?

-¿Venganza? ¡Oh, no! No, créame. Esto no es venganza. Es más bien una terapia de choque individual diseñada exclusivamente para su persona, destinada a que comprenda como se ve todo desde el punto de vista de una réplica.

-¿Y qué se piensa que va a conseguir con esto? Si de verdad yo soy un maldito clon no podré hacer nada. Mi... original seguirá haciendo sus gestiones y llevará a cabo su campaña tal y como tenía previsto -hizo una pequeña pausa-, y vosotros los neohumanistas no habréis conseguido nada. Sois unos estúpidos.

-¿Es eso lo que piensa en realidad? -le soltó las presillas que aún quedaban cerradas.

-¿Me va a dejar marchar?, ¿así, sin más?

-No se haga la ingenua. El problema estriba en que aquí atada no puede trabajar.

-¿Trabajar? ¿Pero qué demonios...?

-Ahora eres un clon, no la congresista Henderson. No te mereces respeto; estás falto de derechos y careces de vida anterior, por lo que no tienes ni familia ni amigos. Has nacido hace tan sólo un par de horas y tu única función en todo lo que te resta de vida es trabajar en ambientes hostiles durante dieciocho horas al día, todos los días, hasta que un puto accidente o una jodida enfermedad acabe con tus sufrimientos. ¡Y ahora a moverse! No has sido creada para descansar.

La mujer no alcanzaba a creérselo... ¿De verdad le estaba pasando esto a ella? ¡Dios mío! ¡Todo era real! Un terror totalmente humano se apoderó de todo su ser, su tensión emocional no aguantó más y una flojera invadió todo su cuerpo ya debilitado hasta el punto de caer aturdida sobro el sillón. Aquello que estaba viviendo era una pesadilla y no encontraba la manera de salir de ella.

 

Entró como una exhalación en el pequeño cuarto de pantallas. Allí le aguardaban sus dos fieles colaboradores; William, al que llamaba Bill, y Cynthia. Le habían mandado un mensaje por comunicación restringida y John, de no muy buen humor, buscaba con su mirada la razón de tan importante urgencia. En la pantalla principal, de dimensiones considerablemente mayor que el resto, se apreciaba la imagen fija de unos desnudos pies, algo que él no acababa de comprender.

-¿Qué es eso tan importante que me teníais que decir? Os dejé bien claro que no quería interrupciones salvo que fuera algo verdaderamente grave, y no parece que la estación se esté saliendo de su órbita...

-Puede que la estación no -dijo la mujer en actitud bastante seria-, pero sí es posible que algo se nos esté yendo de las manos.

-Además, ya habías acabado ¿No? -expresó con tono burlón Bill- Aunque creo que serás tú el que se salga de su órbita cuando veas esto..., no te va a gustar -desvió su mirada hasta los ojos de Cynthia y ésta asintió con un suave gesto de su cara. Después volvió de nuevo a mirar a su jefe-. Hemos descubierto que tu nueva amante es un clon.

-¿Qué? -dijo con incredulidad- ¿Te estás refiriendo a la congresista?

-Entiendo que es un palo conociendo la aversión que sientes hacia el sexo con réplicas, pero así es. Mira, durante tu sesión con la damisela hemos reparado en este pequeño detalle -le indicó la unión de varios dedos de los pies.

-Sabemos que te encontrabas bastante entretenido en otros... menesteres, pero para eso estamos nosotros -dijo ella-. Al descubrir esa deformidad hemos querido asegurarnos que no fuera algo natural de ella; no son muchos los casos pero sí se dan algunos. Así que recurrimos a los filtros en las minicámaras. La confirmación nos la ha dado el filtro Maxwell de 457nm, o lo que es lo mismo, la longitud de onda del color azul. Lo puedes ver claramente en sus uñas. No cabe duda John, acabas de tirarte a un clon y eso no es lo peor de todo; alguien se ha tomado muchas molestias para intentar que creyéramos todo lo contrario.

-¡Mierda!

-Antes de que empieces a maldecir tienes que saber que aún hay más -comentó Bill con cierto fastidio-. Hemos querido comprobar que quien llegó a la estación era esa misma réplica, así que hemos pasado el mismo filtro por las imágenes que grabamos de ella en la sala de adaptación, y como puedes observar... da un resultado negativo; no existe reacción azul. A Nomis llegó una verdadera congresista y alguien nos ha dado el cambiazo en nuestras propias narices.

-Sí... -afirmó John algo pensativo-, y se me está ocurriendo quién puede ser... ¡Joder! Ese maldito neohumanista, supe desde el principio que a la larga nos causaría problemas...

-¿Te refieres al Dr. Crooke?

-Sí Bill, me refiero a ese jodido entrometido. Localizadle y traedlo enseguida, quiero hablar lo antes posible con él, hay que descubrir que narices pretende y averiguar qué ha hecho con la verdadera Dennis. Yo mientras... volveré con la réplica. Hasta que no encontremos a la verdadera no quiero que la sospecha invada a los dos escoltas ni a ese afeminado de Mark. Informadme en cuanto le tengáis... No hace falta que os diga todo lo que está en juego, ¿verdad?

-Estate tranquilo. Aquí en Nomis, no hay hueco en que pueda esconderse de nosotros.

-Con ello cuento, Bill -y tras decir estas palabras, John Hamplet abandonó aquella pequeña sala de vigilancia.

-Ese tipo nos va a causar problemas, ya verás.

-Te equivocas Cynthia, los problemas se los ha creado él y nosotros se los vamos a solucionar. Veamos -tecleó de forma rápida en una pequeña consola-... No, no se encuentra en su laboratorio, pero según el registro de accesos, no ha abandonado la sección de investigación ¡Un error amigo mío! Ahora te negamos tu acreditación y... ya eres nuestro.

-Entonces no perdamos tiempo. Avisa a los de seguridad y diles que se reúnan con nosotros en el control C de investigación, yo ya salgo hacia allá.

 

Pocos minutos después, un grupo de ocho agentes del servicio de seguridad de la estación les estaban esperando en el convenido lugar. Se agruparon por parejas, ya que de esta manera les era más fácil inspeccionar todo el sector de investigación. Sin ser éste uno de los más extensos, sí contaba con una buena cantidad de pequeños laboratorios repletos de aparatoso instrumental y complicado acceso, dificultando de esta forma la búsqueda del doctor. Tardaron algo más de lo previsto en inspeccionar algunos de aquellos pequeños laboratorios, siempre ante la curiosa e intrigante mirada del personal científico, y la poca cautela inicial que mostraron se había esfumado dando paso a una confianza alimentada por el conocimiento de la propia superioridad. Ya se había registrado más de las tres cuartas partes de la sección cuando al camino que habían tomado tanto Bill, como el agente que le acompañaba, sólo le quedaba una estancia. En ella, miles de DMI permanecían cuidadosamente ordenados, archivados por diferentes números de serie, cada uno perteneciente a un ser vivo; un hombre con bata blanca examinaba uno de ellos meticulosamente.

-¿Dr. Crooke? -al oír su nombre se giró; se encontraba sentado en una banqueta acolchada y se extrañó al ver allí a aquellos dos hombres. Bill avisó inmediatamente por radio tanto a Cynthia como a los demás miembros de seguridad y les indicó, de forma apresurada, que se encontraban en el depósito principal de DMI- Dr. Crooke, debe dejar lo que esté haciendo y acompañarnos...

-¿Usted es William, verdad? ¿Qué es lo que ocurre?, ¿tan urgente es? Lo digo porque me encuentro en medio de un asunto importante y dejarlo ahora me supondría perder una valiosísima información -dijo éste con calmada voz.

-Doctor, no se trata de una petición. Debe acompañarnos ahora. Así que por favor, levántese.

-La verdad, no entiendo a qué viene tanta urgencia...

-Viene a que sabemos lo que ha hecho, y por eso mismo debe dejarlo todo tal y como está y acompañarnos.

-¿Saben lo que he hecho?, ¿seguro?

-Sin lugar a dudas...

-Ya veo. Sinceramente, han tardado menos de lo que esperaba.

-No somos tan ineptos como pensó... Y ahora no se lo repetiré más, levántese y acompáñenos.

-En fin, siempre lo he dicho, las prisas nunca traen nada bueno. ¿Cómo lo descubrieron?

-Eso no debe preocuparle; hágalo más por su futuro... ¿Quiere colaborar o vamos a tener que llevarle por la fuerza?

-Los pies, eso debió de ser; sus dedos... Me interesa saberlo, ya sabe, la curiosidad de quien comete errores. ¿Sabe? Supe desde el principio que esa malformación me delataría, pero no pensé que sería tan rápido. ¿Cómo lo descubrieron?, ¿cómo se dieron cuenta?, ¿es que acaso se quitó los zapatos?

-¡Ya está bien! Ahora vendrá con nosotros -se acercó a Albert y le agarró por su bata al tiempo que lo levantaba de la banqueta. Se descuidó. El doctor ya se encontraba prevenido y con un hábil movimiento roció la cara del joven con un pulverizador que escondía en uno de sus bolsillos; Bill vaciló ante tan inesperada respuesta- ¿Pero... qué es esta mierda?

-¡Oh! Sólo es agua destilada, aunque es el medio ideal para que mis pequeños biobots se filtren en su organismo a través de la epidermis. Están programados para provocar la obturación de las arterias coronarias, lo que me garantiza el inmediato infarto de su corazón. Mis chicos trabajan rápido y son muy efectivos -Bill empezó a apretarse el pecho con una de sus manos ya que un fuerte dolor había hecho aparición mientras Albert hablaba-. En normales circunstancias una autopsia desvelaría como un infarto natural las causas de la muerte, pero la lástima es que tengamos un espectador...

-¡No se me acerque! -gritó el agente mientras le apuntaba con su arma. Bill, ya tumbado en el suelo, empezó a convulsionarse, con fuertes e intensos espasmos, hasta que el ritmo se ralentizó y una palidez total se asomó a su rostro, acompañando su último aliento... En ese preciso instante llegó Cynthia, seguida por varios agentes más.

-¡Le ha matado! Ha sido con ese pulverizador, no deje que la rocíe...

-¡Bill! -gritó ella con un tenso gesto en su cara- ¡Suéltalo! -le ordenó mientras apuntaba su arma- ¡Suelta ese maldito cacharro!

-Sabes que no puedo hacerlo..., es mi única oportunidad...

-Si no lo sueltas te mataremos... ¡Suéltalo joder! De aquí no puedes escapar...

-Te equivocas. Cuando uno ya ha conseguido lo que desea, siempre encuentra una salida.

-Ni se te ocurra... No te haremos nada, pero debes venir con nosotros.

-Claro, y cuando sepáis dónde se encuentra... ¿Tampoco me haréis nada? Ni en sueños, tengo la perfecta solución para joderos.

Se acercó el spray y pulverizó sobre su propia cara, entonces ella disparó sobre el brazo del doctor. Lo hizo de forma inmediata, igual que si hubiese querido evitar que los biobots pudieran llegar a filtrarse por su piel. Éste soltó de golpe el pulverizador con el grito que provocó el dolor de recibir un disparo. Pero lo que sucedió a continuación era algo que no habían previsto, el factor humano. Uno de los agentes entendió que no sólo podía, sino que debía disparar sobre él, y así lo hizo. Otro de los agentes, al ver como su compañero hacía blanco en el pecho, descargó también su arma. Al instante una lluvia de balas atravesaba el cuerpo del idealista genético... La fuerza de los impactos era lo único que le mantenía en pie.

-¡No! -gritó ella mientras veía cómo, tras los breves segundos que duró la ejecución, aquel cuerpo sin vida caía bruscamente sobre el frío suelo del depósito- ¡No! No... ¡El Sr. Hamplet lo quería vivo! ¡Lo necesitaba!... ¿Pero qué coño os ha pasado? ¡Fuera de aquí! ¡Largo! Iros todos... Dejadnos solos... Solos... -La actitud de Cynthia causó desconcierto entre los agentes, que optaron por lo más fácil; seguir las órdenes de su superiora y abandonar el depósito mientras apartaban a los empleados que intentaban satisfacer sus ansias de curiosidad. Una vez sola, la rabia e impotencia se vieron reflejadas en ella conforme se acercaba al yaciente cuerpo del doctor. Se arrodilló junto a él y, con suavidad, una de sus manos acarició la ensangrentada frente del hombre-. Lo siento Albert..., de verdad, lo siento mucho; esto no debería haber acabado así... -conocía el plan, lo diseñaron juntos, y ahora sabía que ni el ejército de biobots que en el interior de aquel hombre intentaban arreglar las obturaciones de las coronarias, ya nada podrían hacer ante tal destrozo. Ella lo sabía, y el dolor y la culpa liberaron una densa lágrima que, tras deslizarse por su mejilla, fue a precipitarse sobre un charco de tibia sangre.

Su rostro permaneció impasible mientras ella le contaba todo lo que había sucedido. Le habló de la manera en que el Dr. Crooke contaminó a Bill con biobots asesinos mediante un pulverizador y como los agentes, en un acto de precipitación, le abatieron antes de que éste confesara la localización exacta de la congresista Henderson. Cuando acabó su disertación, los penetrantes ojos de John Hamplet se cerraron, de forma pensativa, durante un momento. Tras abrirlos, se centraron exclusivamente sobre su ayudante.

-Ese mal nacido neohumanista, va a jodernos por su estúpido idealismo...

-¿Qué sugieres que hagamos? -preguntó ella-. Si este informe está en lo cierto... debió realizar más de un clon de ella.-

No sé..., no lo acabo de ver claro.

-Pues parece que allí sí. En el informe lo pone bien claro..., se ha visto a un clon de la congresista trabajando en uno de los muelles de carga, el número siete.

-¿Seguro que es otra réplica?

-Eso aseguran. Según ellos sus uñas, aunque han intentado disimularlo, reaccionan al color azul vistas a través del visor...

Dicen no tener dudas.

-Dos réplicas... ¿Cuántas más Dr. Crooke? ¿Cuántas más?

-Si nos centramos en distintos propósitos, quizás podríamos dar con el acertado y encontrar a la verdadera Congresista.

-No hace falta divagar, yo sé bien lo que se proponía... ¿Sabes qué es lo que quería, Cynthia? ¡Jodernos! Eso es lo que el muy cabrón quería. ¿Dónde se encuentra la Congresista? No me extrañaría que la hubiera matado y se hubiera deshecho de su cuerpo en uno de nuestros tubos de biorreconstrucción.

-Pero eso no tendría sentido. Quiero decir que no entiendo que beneficio podía esperar haciendo algo así.

-Él era un idealista, lo que le hacía actuar era más poderoso que el simple dinero, su compensación no era económica sino personal. Este tipo de personas llegan a inmolarse, a infringirse un daño que le lleva hasta la muerte con tal de conseguir su propósito. El buen doctor ayudó en la síntesis de patrones genéticos de algunas de las unidades modificadas, y por lo tanto sabía de su existencia. Era consciente de que la reunión con la Congresista sólo buscaba una finalidad; establecer los nuevos términos de una propuesta que ampliase el campo de la producción en serie de réplicas cara a disposiciones militares. Sabía que este paso era ya un hecho de por sí y que no tardaría en aprobarse. Tenemos ocultas quinientas unidades ilegales de réplicas genéticamente modificadas que muy pronto podrían convertirse en cinco mil unidades legales de eugenesia militar..., y la principal, la más importante, la única persona capaz de promover nuestra estrategia... ¡Es una maldita clon!... Un ser sin derechos, vetado de cargos políticos... ¡No me sirve!..., y ese hijo de puta lo sabía bien. Ahora quiere jugar con nosotros haciendo aparecer más réplicas, el muy cerdo. De momento ha ganado este asalto, pero aún no ha acabado el combate...

-Pero ya no podemos valernos de la Congresista.

-No, cierto. Pero el bueno de Albert Crooke va ha hacernos un último favor. Debemos prepararlo todo para que parezca un atentado... Haremos volar la patrullera del CSSP cuando esté recogiendo a la Congresista y a sus acompañantes. Si lo hacemos cuando aún esté enganchada a la esclusa dará más golpe de efecto. Deberá perecer también algún personal de la estación, eso daría veracidad a los hechos y pasaríamos también a ser víctimas. Después anunciaremos que los servicios de seguridad de Nomis localizaron al terrorista tras cometer su terrible acto y, al hacerles frente, no tuvieron más opción que abatirle. Luego se hablará de él; un descontento genetista neohumanista, cuyas desavenencias con los estatutos del Comité Global para la Bioética y la Clonación le llevó a cometer tal acción contra su Presidenta. Soltaremos la idea de que ella iba a proponer una remodelación de dichos estatutos a favor de la eugenesia militar y que él lo sabía... Eso abrirá el debate social sobre la conveniencia o no de esta práctica. El volumen de gente que está en contra del movimiento Neohumanista es muy grande... Algo a lo que los neohumanistas se opongan, ellos apoyaran sin ni siquiera planteárselo. La acción del doctor ha variado el camino, pero nuestra finalidad se cumplirá igual. Aunque tardemos un poco más, la semilla ya ha sido plantada y sólo nos falta esperar a que madure.

-¿Y que hay de la réplica que ha aparecido en el muelle de carga siete? Con la supuesta verdadera Congresista ya son dos réplicas localizadas, y no sabemos si sólo se limitó a estas dos.

-Creo que lo he dicho bien claro, vamos a matar a una congresista y a muchas más personas... ¿De verdad crees que me preocupan unas jodidas réplicas? Las iremos eliminando según vayan apareciendo más, tanto a ella como a los clones que hayan entrado en contacto con ella. Nadie debe saber lo que ha pasado hoy aquí... Se me ocurre que el grupo de seguridad que ha cazado a nuestro doctor se merece el honor de escoltar a la congresista Henderson hasta la patrullera, no se sabe cuando pueden atentar contra su vida y ya hoy hemos sufrido un desagradable incidente en los laboratorios -una maliciosa sonrisa apareció en su rostro contrastando con el estado de preocupación que había sentido al principio-. Sí, eso sería perfecto. Te dejo a ti a cargo de todo, nada debe ya salir mal ¿De acuerdo? Yo volveré con mis invitados..., no deben llegar a sospechar nada.

-Tranquilo, la patrullera tiene prevista la llegada en unas ocho horas; me encargaré del clon del muelle siete y haré todos los preparativos. Cuando esté todo a punto, te avisaré.

No se habló nada más. Tras mirarse ambos con cierta complicidad se separaron; cada uno ya sabía lo que tenía que hacer. Cynthia atravesó por un par de solitarios pasillos y se detuvo en un punto en que sabía se encontraba fuera de los ángulos de visión de las ocultas cámaras de vigilancia existentes por toda la estación. Sacó una unidad portátil grabadora de DMI que llevaba oculta en su cinturón y comprobó, sobre el lugar, que el pequeño piercing que llevaba en su nariz había captado perfectamente todo lo que había sucedido hasta ese momento. Entonces sonrió.

-¡Jódete cabrón!

 

Se encontraba cansada, abatida; físicamente agotada y literalmente extenuada. Acababa de completar su sexta jornada de trabajo en un helado, oscuro y solitario paraje de la superficie de Ganímedes y ella, junto a sus otros ocho compañeros, se dirigían de vuelta al módulo de permanencia; un cubículo con un espacio útil de apenas veinticinco metros cuadrados. Si el resto de su existencia iba a ser como su última semana, entonces deseaba desde lo más profundo de su corazón ser descubierta. Sin entender bien cómo, la velocidad en que los rumores corrían era la misma que en todos los demás lugares, y eso que prácticamente se encontraban aislados. A sus oídos llegó la noticia de que a dos clones, idénticos a la congresista Henderson, idénticos a ella, de los que uno trabajaba allí mismo, en un túnel del sector quince, y el otro en un muelle de carga en la propia Nomis, los habían hecho desaparecer junto con lo completo de su cuadrilla. Comprendía que ni una palabra sobre su ubicación actual saldría de la boca de sus compañeros ya que en ello les iba la vida. Pero empezaba a desear que ese descuido, mortal de consideración, se produjera y le hicieran acabar con su sufrimiento.

Cansados, con pesado caminar, su grupo llegó al módulo de permanencia pero lo que allí encontraron los dejó inmóviles. Junto a él, un imponente transporte de la estación contrastaba con lo diminuto de éste y un grupo de varios hombres con armas se encontraban desplegados frente a ellos..., la habían localizado. Lo trabajadores no se atrevían a avanzar más, aunque sabían que retroceder, huir, tampoco les serviría de nada; aun consiguiendo alejarse de ellos, el equipo autónomo de su traje sólo les abastecería durante apenas una hora más, luego éste se agotaría y se asfixiarían... En el mejor de los casos se congelarían de manera inmediata si alguno intentaba quitarse la escafandra. No tenían opción. Uno de ellos carecía de armas, al menos de manera visible, y fue ése precisamente el que se acercó a ella. Con algo de dificultad por lo oscuro del cristal del casco, pudo comprobar que se encontraba delante de otra mujer; le indicó que se dirigiese hacia la nave y, tras un pequeño titubeo, le hizo caso. Ya nada le importaba, sólo quería un final rápido, acabar cuanto antes; de haber contado con el suficiente coraje ya habría abierto con anterioridad su escafandra, pero se había dado cuenta que en realidad era una cobarde, que por sí sola no podía tomar esa decisión, quizás porque la creencia de que algún día la sacarían de aquel lugar avivaba su esperanza. Al subir al transporte, le siguieron todos los hombres armados y éste despegó. Un pensamiento dedicó entonces a sus compañeros; quizás para ellos hubiese sido mejor que les hubieran disparado, tal y como había ocurrido en anteriores casos... Sabía que alguno también prefería la muerte a sufrir en vida aquello, pero al igual que ella, confiaba en que algún día su situación podía cambiar.

A indicaciones de la mujer, que parecía ser la que allí mandaba, se quitó el traje de seguridad para exteriores dejando ver unos sucios pantalones, un agujereado jersey de largas mangas y un empapado pañuelo que se encontraba anudado alrededor de su frente y que intentaba evitar que el sudor la cegase impidiéndole trabajar; olía mal y se encontraba sucia. Ante su asombro, aquella mujer le quitó el pañuelo de la cabeza y le ofreció una toalla, limpia y seca, para que se secara su sudor. Al principio dudó en aceptársela, pero al final la cogió; si le iban a pegar un tiro en su cabeza, que menos que ésta estuviera algo adecentada. Poco más tarde, la misma mujer se la acercó con una pantalla portátil y se sentó frente a ella.

-¿Cómo se encuentra? -su voz era dura a la vez que neutral, carente de sentimientos. Sabía que se trataba de un mero formalismo, que de seguro no le importaba lo más mínimo su estado actual.

-¿Importa acaso eso? -Contestó con cierto desprecio. Desconocía las intenciones de aquel grupo y, por lo tanto, no se sentía con ánimos de ser correcta. Si la iban a matar... ¿A qué narices estaban esperando? ¿Por qué tanta... cortesía?

-Importa, y mucho. Debería sentirse mal..., agotada, hambrienta, bastante desesperada y con la terrible duda golpeándole en su mente de si voy a pegarle un tiro en su cabeza... o no. ¿Es así como de verdad se siente? -no pudo mas que mirarla con absoluto desprecio. Su descripción era de lo más acertado con respecto a cómo ella se sentía... ¿Qué quería esa mujer entonces?, ¿seguir torturándola emocionalmente?-. Veo que no dice nada, eso significa que no me he equivocado en mucho. Bien, tengo un mensaje para usted, así que quiero que preste mucha atención ¿De acuerdo?

Dennis asintió con un ligero movimiento de cabeza, entonces Cynthia conectó la pantalla. La imagen de un Dr. Crooke sonriente apareció en ella ante sus atónitos ojos. Ese hombre... otra vez.

“Hola Dennis -empezó a decir el doctor- ¿Sorprendida de verme? Bueno, no se alarme..., y créame, preferiría estar ahí con usted, hablando cara a cara, de la misma manera que hicimos en el laboratorio. Pero si ahora me está viendo en esta grabación, es porque algo de todo este enrevesado plan ha salido mal y seguramente, aunque no me guste admitirlo, yo ya esté muerto. No es algo que me agrade pensar, pero creo necesario explicarle una serie de cosas y pienso que la persona adecuada para hacerlo soy yo..., de aquí lo melodramático de este mensaje.

»Seguramente me odie por todo lo que le he hecho pasar, no la culpo por ello, pero ha sido del todo necesario que usted tuviera que sufrir todo lo que sin duda ha sufrido para que pudiera comprender. Como sabrá, para que una réplica se distinga de su original, al ser creada se le implanta una serie de identificadores, tanto internos como externos. ¿Qué hace que un clon tenga las uñas de color azul ante sus propios ojos y ante nuestros visores? Cuando se desarrolla su patrón genético, le implantamos una proteína sintetizada a partir de un virus concreto, ésta reacciona ante los retroiluminadores de neón existentes en nuestros visores y, de manera natural, en las retinas de los clones. Noticia buena Dennis, usted no es una réplica sino la original, la verdadera congresista Henderson -Dennis se llevó las manos a su boca; la emoción producida por lo que acababa de oír era tal que no pudo evitar romper a llorar, aunque lo más silenciosamente posible, para no perderse nada del resto del mensaje-. El color en sus uñas es resultado de un especial cultivo de dicho virus en ellas y unos fotorreceptores de neón que le fue injertados en sus ojos gracias a mis inestimables biobots. Pero no se preocupe, el virus no tardará en desaparecer y los fotorreceptores... considérelos un regalo.

»Ahora llegamos a la razón de tanto suplicio. Como poco a poco comprenderá, se hacía necesario que sufriera lo mismo que sufren las réplicas que, en este caso concreto, se crean en Nomis. Nació clon, con su desconcierto inicial, sus miedos y temores. Fue tratada de la misma desagradable manera con que son tratados y finalmente, acabó viviendo como ellos; dieciocho horas de duro y peligroso trabajo diario, pésimas condiciones higiénicas, mala alimentación... Sólo de esta manera comprendería lo injusto del trato hacia estos seres que, como habrá podido comprobar, sienten y padecen como usted o como yo. Creo que la experiencia vivida la hará reflexionar acerca de la actual legislatura sobre clonación. Ha podido comprobar que la vigente ley es genocida por lo que cambiar tal situación está ahora en sus manos. Sólo el hecho de que lo intente merece la pena. Tanto yo, como el resto de la comunidad neohumanista, esperamos que tome la decisión adecuada. Por mi parte es todo, pero la decisión final es suya... Hágalo bien y todo habrá valido la pena. Adiós Dennis, haga que haya sido un honor el haberla conocido.”

La imagen del doctor desapareció de la pantalla y ésta se apagó de manera automática. La Congresista permanecía aún algo confusa, se veía claramente. Miró a Cynthia y antes que pudiera decir algo, ella le tendió un dispositivo DMI.

-Aquí encontrará pruebas sobre las actividades ilegales de John Hamplet relacionadas con réplicas eugenésicas para fines militares. También encontrará grabaciones en las que el propio Sr. Hamplet ordenó un atroz atentado en el que más de veinte personas murieron; una réplica suya era su principal objetivo..., quiso deshacerse de usted con la intención de promover una reforma que haga de sus oscuros negocios un comercio legal. También aparece mandando el asesinato de dos réplicas suyas y de otras diecinueve sólo por el hecho de conocer su existencia. Como ve, podría acabar con la carrera de un despiadado hombre y, si modifica la vigente ley, salvar la vida de muchos otros. Muchos han muerto para otorgarle esta oportunidad, así que dígame... ¿Qué quiere hacer ahora? -la miró fijamente, veía como trataba de asimilar todo lo que estaba ocurriendo y el por qué le había pasado; al final, tras pensarlo con la meticulosidad que la apremiante situación exigía, contestó.

-Debo entender entonces que soy yo..., que toda mi vida anterior, mi familia, mis logros..., todo sigue como siempre...

-En efecto.

-Puedo modificar los actuales estatutos a favor de otros más éticos, e incluso puedo proponer nuevas mociones de ley...

-Sí, al menos tiene la posición para intentarlo.

-De acuerdo -dijo pausadamente, casi pensativa mientras su mente seguía asimilándolo todo-. ¿Pueden llevarme de vuelta a La Tierra?

-Podemos acercarla a la estación base del CSSP. Una vez allí ellos se encargarán de su transporte.

-Entonces no perdamos tiempo. Tengo mucho que decir y aún queda mucho por hacer. Millones de seres han esperado pacientemente este momento.

-Perfecto -sonrió. Ella era militar pero pese al pensamiento popular, no todos en el ejército se encontraban a gusto con la eugenesia militar. Esa fue la razón de que dos años antes fuera enviada a Nomis, para controlar y espiar a John Hamplet. Allí conoció a Albert, genetista idealista neohumanista, con quien compartió algo más que una finalidad común. Ahora habían avanzado en su lucha, él estaría contento y ella lo sabía-. Entonces rumbo al CSSP.

-Eso es, rumbo... hacia la libertad.

No tardó la congresista en quedarse sola. El viaje aún duraría unas horas y, tras asearse, le permitieron que se echara un rato para descansar. Pese haber sufrido una dura jornada de trabajo y fuertes emociones, no podía conciliar el sueño. Su activa mente ya había sacado una conclusión de todo lo que le había ocurrido y ya, por fin, lo tenía claro. Cierto era que tenía mucho que decir y mucho que hacer, empezando por hundir a ese engreído de John Hamplet que tan ruinmente quiso librarse de ella. Más tarde le llegaría el turno al neohumanista... La secuestró, la torturó psicológicamente, la maltrató físicamente y ahora pretendía que le diera las gracias ¡Estaba loco aquel tipo? Se encargaría de empañar su reputación de tres al cuarto y acabaría con todos los que la ayudaron en su secuestro, aquella mujer de pelo corto la primera. Tenía que servir como ejemplo para los restantes colectivos neohumanistas, así les bajaría los humos a todos esos alborotadores. Lo tenía más claro, todo lo que había pasado no se lo deseaba a ningún otro ser humano. ¿Cómo iba a modificar la ley sobre réplicas y permitir que personas pasaran por todo aquello para que pudieran dar de comer a sus familias? ¿Pero qué clase de monstruo se creían que era? Incluso la idea de la eugenesia para minimizar el sufrimiento y mejorar el rendimiento de los clones le empezaba a parecer algo bueno; quizás la finalidad de todo lo que había vivido en aquella última semana no era otra que convencerse sobre el fundamental papel de las mejoras genéticas en las réplicas y el gran servicio que estos seres podían hacer a la Humanidad. Ciertamente tenía que agradecer una cosa a ese loco de Crooke, y era que le abriera los ojos con la verdadera situación actual de los clones.

Aún quedaba, efectivamente, mucho por hacer.

 
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