| La habitación
se heló repentinamente, hasta el punto en el
que el vaho del ambiente dejaba pequeñas esquirlas
de hielo en nuestros rostros. Temblamos por el frío,
sobre todo temblamos por el miedo, y el entumecimiento
de nuestras manos nos brindó una punzada dolorosa
en el instante que nos soltamos. Miré sus caras,
intenté digerir el miedo de sus ojos, pero no
pude; mi propio temor me lo impedía. No se trataba
de mi primera sesión, pero sí de la única
que parecía haber funcionado. Me fijé
en el tablero, sobre él descansaba la plancheta,
inmóvil, reposando tras el trabajo realizado.
Uno de ellos dio un respingo hacia atrás, les
miré de nuevo; el terror que ahora sentían
era profundo, ancestral… ahora sí lo notaba.
Me observaban, mejor dicho, miraban por encima de mis
hombros, miraban tras de mí… Pito,
pito, gorgorito… Yo había sido el
hilo conductor, el canal psíquico, lo que fuese
vendría por mí, no por ellos. ¿Dónde
vas tú tan bonito?… Noté el
frío contacto de su energía, detrás
de mí, sentí su gélido aliento
expelido en mi nuca mientras recitaba… A la
era verdadera… Aquel ser me sujetó
la cabeza; en ese instante todos los esfínteres
de mi cuerpo se aflojaron… Pim, pam…
Vi correr y gritar a mis amigos; yo no pude, ni
correr, ni gritar… Fuera… Y entonces
le vi, sólo fue un instante, cuando mi cabeza
había sido vuelta con un crujir de vértebras,
y lo más horroroso de todo fue ver que aquel
monstruo, era yo.
Abrí de nuevo los ojos, recordaba
todo lo que había pasado, delante de mí,
inmóvil sobre la mesa, esperaba el tablero ouija.
Entonces entramos en la habitación, mis amigos,
yo, igual que había ocurrido tantas veces; comprendí
entonces horrorizado lo que iba a pasar, el infierno
que iba a vivir; comprendí que el castigo seguiría
por toda la eternidad, por jugar con cosas que escapan
a mi comprensión… Sé que en el momento
en que tome asiento sobre mí mismo, todo volverá
a empezar, y todo se volverá a olvidar…
una vez más…
-¿Qué? -dije-, ¿empezamos?
publicado en julio de 2008
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