| La agradable temperatura
de aquel atardecer hizo que el tiempo no pesara en exceso
sobre los asistentes a aquella despedida. Días atrás
el calor en la zona había sido sofocante y, pese a ello,
aquella tarde se había levantado una leve brisa; de
esta manera aquel lugar también quería dar su adiós
a ese hombre que tanto había hecho por los demás. Estaba
en su hogar, se encontraba en su tierra, y no porque
naciese en aquellas áridas y secas arenas del desierto
de Thar, no; ese lugar era suyo porque se lo había ganado.
Jamás había sido nominado al Nobel de la paz, tampoco
le importó mucho; después de todo, pocos eran los que
sabían de él y de su desinteresada labor humanitaria.
Pero todas esas personas, que en número no llegaban
al centenar, se encontraban precisamente allí, acariciados
por la misma agradable brisa, dándole el adiós a ese
amigo que acababa de marcharse; otro desconocido más
para el mundo, un simple hombre al que muchos le debían
su propia existencia, un extraño incluso para algunos
de su propia sangre, como era el caso de su nieto de
nueve años de edad, llamado Pierre.
Para aquel mocoso de grandes ojos castaños,
este no era su primer viaje a la India. A la edad de
cuatro años ya viajó a fin de conocer a su abuelo, pero
aquel recuerdo no cuajó lo suficiente en su infantil
y frágil memoria de entonces; una breve y fugaz imagen
de aquel hombre era lo único que podía asociar a las
fotos y grabaciones que de él tenían en casa. Ahora
ya no lo podría conocer mejor. Pese a la distancia que
separaba aquel apartado paraje en el noroeste hindú
de su hogar al norte de Paris, no consideraba demasiado
el tiempo que habían invertido en aquel viaje... Entonces
por qué se había pasado cinco años sin ver de nuevo
a su abuelo; los comentarios de su padre hacia éste
le permitía, incluso a él, entenderlo. Cuando años atrás
su abuelo decidió venirse a vivir a este lugar, lejos
de su familia, le dolió profundamente y no le llegó
a perdonar.
Le observó en silencio. En ese momento,
que pese a todo entendía duro para él, buscaba el íntimo
apoyo de su familia. El simple hecho de ir agarrado
de la mano de su mujer mientras reposaba la otra mano
sobre su hombro parecía ser suficiente. Tras el silencio
que había marcado aquella emotiva despedida, sus pasos
les guiaban directos al coche.
-Ha sido un oficio precioso -comentó
la mujer.
-Sí que lo ha sido -le contestó el
hombre-. Siempre fue una persona querida en este lugar...
No es de extrañar que se hayan volcado en su adiós.
-Oye papá -dijo Pierre con la curiosidad
natural de quien con nueve años no comprende y busca
aclaración a sus dudas-, ¿por qué hay tanta gente en
el entierro del abuelo?
-Bueno -sonrió el padre-, porque tu
abuelo era un gran hombre, había hecho cosas buenas
y muchos así se lo reconocieron.
-Pero tú estabas peleado con él...
-Es cierto, pero más que peleado era
enfadado..., algo disgustado con él. Cuando tu abuelo
decidió venirse a vivir aquí yo estaba empezando a encarrilar
mi vida en París. Allí tenía a mis amigos, la universidad
e incluso ya conocía a tu madre... No me resultaba agradable
la idea de abandonarlo todo para venirme aquí, al desierto
a vivir. Así que efectivamente discutimos ya que yo
no acababa de entender sus razones y él parecía no querer
comprender las mías. Yo le quería, y me consta que él
a mí también, pero los motivos que cada uno tenía nos
impulsaban a hacer lo que creíamos correcto; al final
nuestros caminos se separaron y bueno... desde entonces
no nos hemos visto mucho.
-Pero el abuelo... ¿Era bueno, no?
-Claro que lo era, pero ya te he dicho
que simplemente llevábamos caminos diferentes.
-¿Y toda esa gente... eran sus amigos?
-Sí, todos ellos. En mayor o menor
medida, con sus acciones se había ganado el respeto
y la amistad de muchas personas, más de las que puedes
ver hoy aquí.
-¿Más todavía? Pero... esto es el desierto,
aquí hay mucha arena, y no veo apenas casas... ¿Cómo
se pueden hacer amigos dónde no hay gente?
-Buena pregunta renacuajo -no pudo
evitar una sonrisa-. Mira, tu abuelo dedicó su vida
a ayudar a los demás; durante toda una vida se conoce
a mucha gente. Pero la forma de hacerlo no siempre fue
la misma. Durante gran parte de su vida fue una persona
ejemplar, que pudo ayudar y dar esperanza a muchos que
lo necesitaron... Pero hasta llegar a eso, su vida,
su actitud, todo lo que le rodeaba, aun manteniendo
su misma filosofía, había sido... ¿Cómo llamarlo...?
Diferente, más alocado e impulsivo...
-¿Y...?
-Pues que fue precisamente eso, su
forma de ser, lo que le llevó a participar en aquella
locura...
-¿Qué locura? Cuéntamelo papá.
-No creo que ahora te apetezca oírlo...
-Vamos cariño -dijo la madre-, cuéntale
lo que ocurrió.
-Pero si ya se lo conté una vez.
-Pero no ves que no se acuerda. Además,
te vendrá bien contárselo para que recuerdes lo que
él hizo... Creo que te hace falta.
-Está bien, pero que conste que no
me hace tanta falta -dijo mirando a su esposa-. Veamos...
¿Ves ese coche de ahí?
-Sí -dijo el niño.
-¿Y podrías decirme que es lo que lo
mueve?
-Un motor.
-Un motor... Bien. ¿Pero qué es lo
que mueve ese motor? ¿Qué es lo que mueve los motores
de todos los vehículos?
-El hidrógeno.
-¿Y eso es algo normal?
-¿No lo es? -dijo extrañado por la
pregunta de su padre.
-Claro que sí, por eso hasta un pequeñajo
como tú lo sabe. Es lo normal hoy en día, a nadie le
resulta extraño. Pero hubo un tiempo en que no fue así.
-¿Ah, no?
-No. Por aquel entonces todo era impulsado
por combustibles derivados de una sustancia que se encontraba
bajo la tierra, era el petróleo.
-¿Petróleo?
-Sí, petróleo. Esa sustancia viscosa
y oscura era casi lo más valioso en la sociedad, las
economías de los países dependían directamente de él;
el quehacer diario en las ciudades dependía de sus derivados
y de hecho algunos países se erigieron como potencias
mundiales gracias a su posesión y, por lo tanto, al
poder que esto representaba. Pero al contrario que el
hidrógeno, energía renovable y prácticamente inagotable,
el petróleo había necesitado millones de años y condiciones
especiales para que se formara, y en apenas siglo y
medio las reservas mundiales se empezaron a agotar.
-¿Agotar es acabarse?
-Así es. Por eso se buscó otras fuentes
de energía alternativas, limpias y renovables, que fueran
sustituyendo al cada vez más escaso petróleo.
-¿Entonces hicieron el hidrógeno?
-No hijo. El hidrógeno no se hace,
es un elemento que se encuentra en la naturaleza en
tales cantidades que se considera inagotable; mismamente
el mar está lleno de él.
-¿El mar?
-Sí, el agua es potencialmente hidrógeno.
Por eso lo que sí hicieron fue desarrollar la tecnología
adecuada para poder conseguir de él energía y poder
así compensar la falta de combustibles procedentes del
petróleo.
-Y eso... ¿Qué tiene que ver con el
abuelo? ¿Él fue quién inventó esa tecnología?
-No, que va, ni mucho menos. Él, por
aquella época, era un pacifista, un activista que se
dejaba llevar por sus locas ideas y que luchaba e impulsaba
causas perdidas. Se embarcaba en proyectos en los que
rara vez no terminaba con sus huesos en prisión o en
un hospital. Así que, como no era de extrañar, cuando
la época dorada del petróleo llegó a su fin, tu abuelo,
junto con otros dos amigos igual de locos e idealistas
que él...
***
El reducido habitáculo se encontraba
suficientemente iluminado por una tenue luz azulada;
una mayor intensidad supondría un gasto mayor de energía
y no era lo más adecuado si querían completar con éxito
aquella locura. Philippe observó a Marcel, su rara colocación
en el asiento le hacía parecer como si hubiera caído
sobre éste desde un segundo piso, con los brazos estirados
por encima de su cabeza, una pierna encogida y la otra
apoyada sobre uno de los paneles de control y, su cabeza
en aparente dislocación, reposando sobre el acolchado
respaldo de su asiento de cuero; los profundos ronquidos
de éste resonaban en sus tímpanos. Con aparente relajación
miró el indicador de profundidad, nueve mil cuarenta
y dos metros, vigiló que la inclinación continuase siendo
de dos grados, cincuenta y seis minutos, sesenta segundos
en dirección a las coordenadas establecidas; treinta
grados nueve minutos latitud Norte, setenta y un grados
veinticuatro minutos longitud Este...; todo correcto.
Vigiló en el panel de control el estado del reciclador
de aire, todo funcionaba según lo previsto. Dado lo
precipitado de su construcción y el material utilizado,
era un alentador milagro el ver que todo marchaba a
la perfección. Posó su mano sobre una de las piernas
de su compañero y la zarandeó suavemente.
-Eh... Vamos, despierta -tuvo que aumentar
la intensidad del zarandeo al ver que Marcel no parecía
reaccionar-, eh, vamos bella durmiente... ¡Despierta,
hombre!
-Ummm... ¡Oh, mierda! -exclamó mientras
lentamente volvía en sí.
-¿Fastidiado por volver a la realidad?
-¿Se nota mucho?... Creo que prefiero
seguir... ¡Ay!
-¿Qué te pasa? -preguntó con una sonrisa.
-¡Joder, el cuello! ¡Podías haberme
avisado que lo tenía tan torcido!... Ahora tendré tortícolis
durante días.
-Ya será menos quejica. Además, piensa
que eso significaría que aún nos quedan días por delante.
-Ya... Mira tío, no seas tan optimista
¿vale? Llevamos... ¿Cuánto llevamos dentro de esta lata?,
¿tres días?, ¿tres días y medio?
-Noventa y ocho horas.
-¡Noventa y ocho horas! Y nos encontramos
perfectamente... ¿Noventa y ocho, ya?
-Sólo nos quedan dos para alcanzar
el objetivo.
"Dos y media, en teoría" Dijo una
voz procedente de uno de los paneles.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí, Olivier?
"Acabo de conectarme... ¿Qué tal
lo lleváis? Según el ordenador de seguimiento todo marcha
aparentemente normal."
-Correcto, nuestro amiguito responde
a la perfección -contestó Philippe.
-Pero nosotros ya estamos deseando
acabar con esto...
"Tranquilo hombre; sabes que yo
te cambiaba el puesto si pudiera... Si de veras piensas
que estar ahí abajo, dentro de nuestro Pequeño Topo,
es lo peor que te puede pasar es porque ya se te ha
olvidado lo que significa tratar con nuestros amigos
musulmanes... De veras que os envidio."
-Tú organizaste todo este follón, así
que si tantas quejas tienes de ellos, haber elegido
a otros para que financiaran todo el proyecto.
"Philippe, tío... Sabes tan bien
como yo que ellos fueron nuestra última esperanza. Además,
fueron los únicos que creyeron en la viabilidad de tal
idea."
-Creo que en la tirria que sienten
hacia los americanos se encuentra la clave del éxito
de la financiación. De no ser por eso, ahora nos encontraríamos
delante del pozo, manifestándonos con nuestras pancartas,
en vez de estar aquí abajo jugando a la diana con una
venda puesta sobre los ojos -dijo Marcel.
"No olvides que esto lo hacemos
por una buena causa."
-¿Ah, sí! ¿Sabes por qué estamos aquí
abajo?
-Venga tío, cálmate -intentó persuadir
Philippe.
-No, no... Que me diga por qué cojones
estamos nosotros aquí abajo.
"Lo sabes tan bien como yo. Intentamos
conseguir la reserva de crudo del principal yacimiento
de Daulatabad ya que no aceptamos, por injusto, que
los americanos apliquen su supuesto derecho de explotación
privada, derecho que se otorgaron libremente cuando
invadieron Pakistán, y todo ello mientras existen países
enteros que, por distintas circunstancias, no han podido
aún adaptarse a la tecnología necesaria para aprovechar
los recursos de las nuevas energías renovables... Necesitan
ese petróleo con urgencia si quieren sobrevivir mientras
esa tecnología llega... y nosotros vamos a intentar
dárselo..."
-Ah, no, estás muy equivocado. Da igual
que esta sea la última reserva de crudo, da lo mismo
que los demás pozos estén secos y menos importa aún
que los países se descabalen por no haber sido previsores;
nosotros no estamos aquí para ser héroes ¡Joder tío,
ni siquiera yo creo en lo que hacemos!... Aquí, lo único
que sí es cierto, es que somos los únicos gilipollas
capaces de hacer la estupidez de enterrarnos vivos mientras
nos adentramos en Pakistán desde la India en espera
de localizar una cavidad petrolífera que se encuentra
doscientos kilómetros tierra adentro, confiando en unos
malditos cálculos que tú, que Philippe y que todos los
demás que os encontráis allí arriba creéis precisos,
pero que estoy seguro que son tan erróneos... -Hizo
una pequeña pausa para respirar e intentar calmarse-,
que no sé qué cojones hago yo aquí...
-Oye, tú creías en esto tanto como
nosotros.
-No te equivoques. Yo no tengo mis
ideas tan claras como vosotros, mi personalidad es débil
e influenciable y eso es precisamente lo que vosotros
hicisteis, influenciasteis sobre mí, que es muy diferente...
"Pero debes de reconocer que hasta
ahora todo ha salido bien... ¿Acaso no conseguimos el
apoyo económico y los permisos del gobierno hindú?"
-Oh, sí... Apoyo económico de un grupo
musulmán suní, cuyas tendencias radicales les acerca
más a los shiíes de lo que se puedan imaginar, a cambio
del treinta y cinco por ciento del crudo que logremos...
Y los hindúes nos conceden los permisos, pero claro,
si tenemos éxito, el treinta por ciento de la explotación
será para ellos. Pues sabes lo que te digo, que se van
a quedar con nada, porque no sé si lo sabes, pero el
sesenta y cinco por ciento de nada es nada.
-Tío, reconoce que lo más complicado
fue encontrar financiación. ¿Quién, en su sano juicio,
iba a confiar en un proyecto cuya principal idea es
abrir un conducto subterráneo de doscientos kilómetros
para llegar hasta el interior del propio pozo y dejárselo
más seco que una momia egipcia? Si tenemos éxito, lo
que han invertido será mínimo comparado con lo que pueden
ganar.
-¿Y de veras pensáis que nos van a
dejar manejar el treinta y cinco por ciento de ese crudo
a nuestra discreción? ¡Qué ingenuos sois!
"Puede que sí lo seamos... pero
ese es el trato. Recuerda que no es la primera vez que
nos metemos en líos como éste sin conocer el resultado
final."
-Yo te diré el resultado final -insistió
Marcel-, si volvemos sin dar con el pozo, cosa que de
seguro ocurrirá, nos rebanarán nuestros preciados cuellos
por haberles hecho perder tanto su tiempo como su dinero...
Recuerda esto que te digo.
"Vamos, hombre. Sé más optimista..."
-¡Sí, sí... Optimista del todo! -acentuó
con cierto sarcasmo.
-Bueno -interrumpió Philippe-, en algo
menos de dos horas sabremos si hemos sido afortunados
o, por el contrario, nos debemos sumar a tu pesimismo.
-¿Mi pesimismo? ¡Pero cómo quieres
qué esté si me siento como una sardina enlatada! Sólo
espero que nada se estropee porque lo único que nos
falta es que nos llegue también el aceite hasta el cuello...,
ese que pronto perderemos.
"Escuchadme un momento chicos. Siento
interrumpir pero aquí, en el campamento, se ha levantado
algo de revuelo..., no sé bien que ocurre."
-Pues estás tardando en enterarte y
decirnos algo -apuntó Philippe.
"Eso pensaba hacer. Mientras podéis
ir revisándolo todo de nuevo, no quiero sorpresas de
última hora..."
-De acuerdo. Por cierto... ¡Pásalo
bien, capullo!
" Sí..., yo también te quiero. Corto."
-Será posible -dijo algo malhumorado
Marcel-, qué se piensa, que nos estamos tocando aquí
abajo las narices.
-Lo ha dicho por decir. Él también
se preocupa, pero sabe que aquí estamos atentos a todo
lo que los indicadores nos marcan; tanto tú como yo
somos los más interesados en que todo salga bien.
-Mira, eso sí que es verdad... ¿Cuánto
nos queda?
-Pues según todos los cálculos -observó
los datos en la pantalla-, unos tres kilómetros hasta
llegar a la cavidad. Esperemos que sea cierto eso de
que el pozo será eruptivo y que la propia presión generada
por el agua y los hidrocarburos gaseosos almacenados
provoque suficiente caudal como para impulsarnos de
vuelta... Aun así en la magnitud de la fuerza de tal
impulso es algo que como sabes no se han puesto de acuerdo.
-¿Pero al final decidieron que entre
veinte y treinta kilómetros hora, no?
-De ser así tendremos un movido viajecito
de vuelta de unas ocho o nueve horas aproximadamente...
Si todo va bien, no nos quedan mas de diez u once horas.
-¡Joder! Todavía tanto, me siento anquilosado
del todo..., necesito andar algo.
-Entonces comprueba el depósito de
polimeratol; según el indicador no parece que quede
mucho.
-¿Crees de verdad que está funcionando?
-Debemos confiar en que sí; las pruebas
previas dieron positivo.
-Ya... Pero me cuesta creer que ese
líquido, a la presión que sale, vaya creando una fina
capa de un resistente plástico en cuestión de segundos
por las paredes del agujero que vamos escarbando.
-Intenta creerlo. Recuerda que es tecnología
NASA.
-¡Pero nosotros no somos la jodida
NASA! ¡Sólo copiamos su tecnología!
-Cálmate hombre. Piensa que nuestro
agujero es circular; la teoría dice que tales paredes
sufren prácticamente la presión por igual en cualquiera
de sus puntos. El polimeratol lo único que hace al solidificarse
es reforzar esas paredes para asegurarnos una tubería
con un alto grado de impermeabilidad para que fluya
bien el crudo, si de paso evita pequeños derrumbamientos,
mejor que mejor.
-Pues espero que lleguemos pronto a
esa maldita bolsa, porque se está agotando.
-Da más de sí de lo que parece... ¿Qué
marca? ¿Una sexta o séptima parte de depósito?
-Más bien una octava... y te estoy
exagerando.
-Eso aún es veinticinco o treinta kilómetros,
y la bolsa sólo está a un par de ellos.
-Siempre en teoría, recuerda...
"Eh chicos, ¿seguís ahí?"
-¿El sol del desierto te ha hecho más
tonto?
"Vale, vale, me lo merezco. Pero
oidme, oidme bien un momento."
-¿Qué ocurre Olivier? -preguntó Philippe
mientras Marcel volvía a su asiento y se ajustaba sus
cintos con cierta curiosidad.
"El revuelo que antes había... No
son buenas noticias"
-¿Qué coño pasa, tío? -preguntó impaciente
Marcel.
"Por lo visto nuestros "promotores"
han recibido pruebas, conseguidas por los alemanes,
de que la reserva de Daulatabad... Como decirlo... Está
ya seca, no queda en teoría nada de crudo. Parece ser
que mantenían un engaño y, ahora que se ha descubierto,
está previsto que Estados Unidos emita en la CNG un
comunicado oficial dentro de una hora... Lo siento."
Philippe se sujetó la cabeza con ambas
manos en claro gesto de desesperación. Marcel, por su
parte, desahogaba su impotencia golpeando el inocente
panel de control que tenía delante; él lo había estado
presintiendo durante toda aquella inútil aventura, pero...
¿Cómo se iban a fiar de un sentimiento tan negativo?
-Marcel... Vamos chico déjalo ya...
¡Joder, estate quieto un momento! -éste se detuvo ante
el grito de su compañero que, pese a no expresarlo de
la misma manera, se sentía tan mal como él-. Dime Olivier...
¿Es segura esa noticia? ¿Es fiable la confirmación?
Piensa que puede tratarse de una treta...
"Me temo que desafortunadamente
no es así..., está confirmado."
-Bien, entonces tenemos que decidir
qué vamos a hacer ahora. Podemos hacernos los incrédulos
y comprobarlo nosotros mismos..., ya estamos cerca...
"Pero existe un problema. Vuestro
retorno depende de la fuerza del caudal de crudo...
Si llegáis a la cavidad, y ésta se encuentra seca...
no podréis volver."
-¿Pero qué estás diciendo? -saltó alarmado
Marcel. Cuando se enroló en aquella nefasta aventura,
se ve que evitaron advertirle de todos los pormenores-
¿Es eso cierto? -preguntó algo sofocado a su compañero.
-Tú lo has dicho antes; no somos la
NASA. El Pequeño Topo ha sido diseñado con un fin concreto,
pero todo lo que se saliera de ese objetivo era retardar
su construcción y aumentar los gastos. Todas las capas
de rocas que hemos atravesado, eran densas y de escasa
porosidad. El especial estriado del trépano que utilizamos
para perforar redirecciona la energía desprendida en
cada rotación para añadirla en la siguiente, se auto
realimenta, por eso cuanto más sólida es la roca, se
necesita menos esfuerzo para perforar con mayor velocidad...
"Pero el petróleo se encuentra impregnado
en calizas y areniscas, rocas muy porosas y totalmente
permeables..., blandas en definitiva. Si llegáis allí
y resulta que o no hay o queda poco, la presión será
baja y el caudal insuficiente para sacaros de ahí; el
trépano se ralentizará hasta pararse y, con el escaso
hidrógeno que os queda, la hidroturbina no generará
suficiente potencia como para reiniciar la rotación..."
-Por eso ahora debemos pensar en qué
es lo que vamos a hacer.
-Joder tío, está claro. Damos la vuelta
a este cacharro y volvemos a la superficie.
"No Marcel, no es tan fácil. El
camino diseñado era un trayecto en línea recta..."
-Déjame averiguar -dijo con sarcasmo-,
no está diseñado para girar.
-Es cierto, no lo está... Pero sí lo
está para hacerle pequeñas correcciones de rumbo en
caso de que fuera necesario, un grado cada treinta metros
aproximadamente.
"Si os quedan unos dos kilómetro,
sólo podréis girar entre sesenta y cinco y setenta grados...
No parece suficiente para salvar la cavidad..."
-¿Acaso queda otra opción? -preguntó
irónico Philippe.
"En realidad hay una, aunque creo
que no os va a gustar mucho."
-¿Y crees que estar aquí abajo, jodidos,
es algo que nos guste?
"No Marcel, pero... bueno, no lo
sé. Escuchadme... Cuando estuvimos preparando este asalto,
llegaron a mí unos estudios geofísicos que aseguraban
que bajo este yacimiento existía otro de volumen similar
y sólo separados por una fina capa de esquisto y roca
impermeable. En su día este estudio se desestimó ya
que, al parecer, no era todo lo exacto que debiera pero,
tras el desarrollo del motor de hidrógeno, resultaba
poco rentable su renovado estudio y todo el proyecto
cayó en el olvido... Cuando se agotasen las reservas
de crudo, bye-bye; así que sólo es una mera suposición
pero, si tenemos en cuenta que os dirigís a la zona
central de la cavidad, sólo tendríais que modificar
el rumbo hacia abajo... y llegar así a ese pozo fantasma..."
-¡Dios mío! ¡Te has vuelto loco! -sentenció
incrédulo Marcel-, lo que queremos es salir ya de aquí.
Que no hay petróleo, pues tiempo perdido, mala suerte...
Pero ten por seguro que no nos vamos a dedicar a buscar
pozos fantasmas.
"Pensad que si no lo encontráis,
siempre podréis dar la vuelta bajo la cavidad agotada..."
-Lo siento Olivier, pero esta vez comparto
la opinión de Marcel. Vamos a arriesgarnos con la modificación
de rumbo.
"Sois vosotros los que estáis ahí
abajo, no puedo reprocharos nada. Recordad que durante
el giro se perderá poco a poco el enlace... En vuestra
vuelta estaréis solos."
-De acuerdo. No te preocupes, ya contaba
con ello.
"Buena suerte chicos. Volved sanos
y salvo."
-Descuida, lo haremos.
***
Estrujó con rabia aquel papel entre
sus manos mientras intentaba entender el porqué nadie
les había informado de aquello con anterioridad. ¡Maldita
sea! Los supuestos servicios de "Inteligencia" de todos
los países siempre hacían lo mismo...; espionaje, contraespionaje
y en definitiva preservación y mutismo absoluto de todos
sus secretos. Si lo hubieran sabido antes, jamás lo
habrían intentado, pero ahora ya era tarde. Cuando se
perdió la conexión con el Pequeño Topo no se produjo
de manera paulatina, como estaba previsto; el corte
fue brusco, como cuando te cortan un cable que lleva
una comunicación...; solo que allí no había cables.
Entonces..., ¿qué demonios les podía haber ocurrido?
El informe posterior fue de lo más revelador y concluyente;
un grupo de minas sísmicas había explosionado en el
trayecto de sus amigos. Era de prever que los americanos
se encontrarían preparados y, si de ellos habían copiado
la tecnología de aquel pequeño perforador, cómo no iban
a estar preparados para una posible incursión subterránea.
Habían perforado alrededor de la cavidad en que se encontraba
el petróleo, pero no con el fin de sondear, sino para
colocar pequeños artefactos que se activaban por vibración...
El perímetro del pozo se encontraba repleto de ellos;
una vibración cerca y fin de la amenaza. Olivier, en
su lamento, sabía que ya no podía hacer nada. Quizás,
con suerte, sólo les había afectado en su sistema de
comunicaciones y continuasen en su intento de dar la
vuelta... En tres o cuatro días recibiría la noticia
de que habían aparecido en un remoto paraje de aquellas
áridas tierras. Todo era posible. Pero la razón chocaba
con lo que le dictaba su corazón. Aunque se negaba a
aceptarlo, sentía que aquella suma de pequeños seísmos
marcó el final de sus dos amigos.
Pese a los esfuerzos que hacía por
evitarlo, un imparable manantial rojo manaba de la golpeada
frente de Marcel y desbordaba los límites del claro
pañuelo que éste presionaba contra su cabeza. La sacudida
había sido fuerte y repentina, y el dolor, al golpearse,
intenso; pese a todo entendía que había salido mejor
parado que Philippe, cuyo zarandeo provocó la fractura
de su clavícula derecha y la dislocación de uno de sus
hombros. Por desgracia no era lo único que allí se había
roto.
-¿Y bien? -preguntó con esfuerzo Philippe
mientras intentaba inmovilizarse el brazo con unos jirones
de la camisa-, ¿cómo está todo?
-Estamos jodidos..., total y absolutamente
jodidos. El sistema de comunicaciones no funciona...,
está kaput, finito, muerto... Aunque lo peor es... el
reciclador de aire, está bastante tocado y no creo que
lo podamos reparar, al menos yo no creo que pueda...
-Parece que no tenemos suerte... ¿Qué
tal el resto?
-También... También está estropeado
el difusor del polimeratol, así que tampoco podremos
seguir reforzando el maldito túnel... Ya te dije desde
el principio que no era una buena idea... y mira a donde
nos ha llevado el no haberme hecho caso. ¡Ah! Bueno,
nos seguimos moviendo, esa es la buena noticia.
-No creas que lo es tanto. La estructura
externa está dañada... No sé bien el alcance de tales
daños pero... parece que el rotor del trépano se ha
desestabilizado... No podremos hacer variaciones de
rumbo superiores ni a izquierda... -se tomó un instante
para analizar la situación-. Marcel, ven y siéntate.
Tenemos que hablar.
-¡Ah, no! Conozco ese tono.
-¡Marcel! Por favor. La situación ha
cambiado ¿No lo ves?... No sabemos qué narices ha provocado
esto, pero nos ha dejado sin polimeratol, sin comunicaciones
y sin sistema de reciclado... ¿Sabes lo que eso significa?
-Nos quedaremos sin aire.
-Esto empezará a llenarse de dióxido
de carbono, hará que respiremos con más intensidad y
acabemos antes con el oxígeno que nos quede. Muy posiblemente,
antes de que el aire residual de éste habitáculo se
acabe por completo, nos habremos muerto por una hipoxia.
Aunque consiguiésemos abrir la portezuela, el polimeratol
es tóxico y el gas que desprende inunda los doscientos
kilómetros de conducto... Yo le calculo unas diez, doce...,
quizás quince o veinte horas, pero no más. Así que todo
esto nos lleva a una conclusión... -hizo una dramática
pausa- ¿Queremos que nuestra muerte sea inútil o, por
el contrario, intentamos que nuestro sacrificio no sea
en balde?
-Pero... Intentar volver... Podemos
subir directamente hacia arriba...
-¿Acaso no me has oído?, no podemos
modificar el rumbo hacia arriba... Todo, ¿me oyes? Absolutamente
todo lo que recorramos desde este momento... nos entierra
más..., no hay vuelta atrás... Sea lo que sea, estamos
muertos. Parece que nuestro único camino... es acertar
en ese maldito pozo... Podemos intentarlo.
Marcel cerró los ojos. Aún sentía el
punzante dolor de la herida en su frente, pero el tomar
aquella decisión intensificaba otro tipo de dolor, el
producido por un temor que le agarrotaba los músculos
y que casi le impedía pensar. Su instinto le decía que
si intentaban dar la vuelta tendrían una posibilidad,
quizás pequeña, pero algo a lo que aferrarse. Pero si
continuaban a ciegas en busca de aquel maldito pozo...
sería consciente de su final durante horas; una tortura
que de ninguna manera deseaba vivir.
-Lo siento Philippe, pero no puedo...
Tengo demasiado miedo.
-Y yo amigo mío..., pero debemos confiar...
***
Pierre vio como los ojos de su padre
se cristalizaban. Sintió como el recordar aquella historia
le había emocionado bastante, de hecho no recordaba
la última vez que le vio llorar; ni siquiera lo hizo
cuando se enteró de la muerte del abuelo. Su madre lo
abrazó desde atrás por la cintura... "Vamos, vamos..."
la oyó decir antes de que él, con cierta perplejidad,
reaccionara de su abstracción.
-¿Ya estás bien, papá?
-¿Qué? ¡Oh, sí, perdona!... ¿Por dónde
iba?
-Por el aviso -dijo el pequeño.
-Ya, pues eso. Avisaron a Olivier de
que un potente caudal de petróleo brotaba del conducto
que días atrás iniciaron y fue, en el preciso momento
de llegar él al lugar, cuando en la gigantesca válvula
bifurcadora se notó el impacto de lo que no podía ser
mas que el Pequeño Topo en agitada llegada tras su viaje
de vuelta. Cuando consiguieron aislar el vehículo, bastante
maltrecho por cierto en su aspecto exterior, abrieron
la escotilla y allí estaban, sujetos en sus asientos,
inconscientes por la falta de oxígeno...
-Pero tú decías que se morirían por
no tener aire.
-Y así habría sido si Philippe no hubiese
conseguido que el reciclador funcionase al quince por
ciento de su capacidad, eso les proporcionó unas pocas
horas más de un aire enrarecido, pero aire al fin y
al cabo. Salvó la vida al abuelo aunque no ocurrió lo
mismo con la del pobre Philippe, que jamás llegó a despertar...
Tras una larga recuperación, tu abuelo Marcel se hizo
cargo de la explotación del porcentaje de crudo que
les correspondían y que, hasta entonces, había estado
a cargo de Olivier. Pero éste mantenía sus inquietudes
aún vivas y con ganas de luchar, siempre en su línea
de activista pacífico, así que se embarcó en nuevas
aventuras. Tu abuelo, que tras aquella experiencia entendió
que le había sido concedida una maravillosa misión,
tenía la oportunidad de realizar su sueño; se lo debía
a aquellos que necesitaban lo que él había conseguido
y, sobre todo, se lo debía a Philippe. Gracias a aquella
heroica aventura, mucha gente encontró una oportunidad
en un mundo en que todo lo tenían ya perdido.
-¿Y por eso tiene entonces tantos amigos?
¿Por hacerse rico?
-No por hacerse rico, sino por tener
poder y no aprovecharse de ello. La gestión y distribución
que del petróleo hizo estuvo siempre regida por sus
ideales, por eso fue la justa y la necesaria, impecable
en definitiva. Su riqueza personal se elevó a un pequeño
terreno, en concreto éste que ahora pisas, y a su casa.
El resto lo compartió con aquellos que más lo necesitaban
y eso fue lo que le creó amigos, porque les dio a cambio
de nada algo que, hasta entonces, nadie les había concedido.
Lo que tu abuelo les dio valía mucho más que el petróleo
en sí.
-¿Y qué fue?
-Fue algo tan importante como tiempo;
un tiempo que les permitía soñar con un futuro, un tiempo
cargado de ilusiones y aliento... Un tiempo, en definitiva,
lleno de esperanza.
|