Contacta con NGC 3660
 

Tiempo de esperanza Más sobre Rafael Rius Sánchez

La agradable temperatura de aquel atardecer hizo que el tiempo no pesara en exceso sobre los asistentes a aquella despedida. Días atrás el calor en la zona había sido sofocante y, pese a ello, aquella tarde se había levantado una leve brisa; de esta manera aquel lugar también quería dar su adiós a ese hombre que tanto había hecho por los demás. Estaba en su hogar, se encontraba en su tierra, y no porque naciese en aquellas áridas y secas arenas del desierto de Thar, no; ese lugar era suyo porque se lo había ganado. Jamás había sido nominado al Nobel de la paz, tampoco le importó mucho; después de todo, pocos eran los que sabían de él y de su desinteresada labor humanitaria. Pero todas esas personas, que en número no llegaban al centenar, se encontraban precisamente allí, acariciados por la misma agradable brisa, dándole el adiós a ese amigo que acababa de marcharse; otro desconocido más para el mundo, un simple hombre al que muchos le debían su propia existencia, un extraño incluso para algunos de su propia sangre, como era el caso de su nieto de nueve años de edad, llamado Pierre.

Para aquel mocoso de grandes ojos castaños, este no era su primer viaje a la India. A la edad de cuatro años ya viajó a fin de conocer a su abuelo, pero aquel recuerdo no cuajó lo suficiente en su infantil y frágil memoria de entonces; una breve y fugaz imagen de aquel hombre era lo único que podía asociar a las fotos y grabaciones que de él tenían en casa. Ahora ya no lo podría conocer mejor. Pese a la distancia que separaba aquel apartado paraje en el noroeste hindú de su hogar al norte de Paris, no consideraba demasiado el tiempo que habían invertido en aquel viaje... Entonces por qué se había pasado cinco años sin ver de nuevo a su abuelo; los comentarios de su padre hacia éste le permitía, incluso a él, entenderlo. Cuando años atrás su abuelo decidió venirse a vivir a este lugar, lejos de su familia, le dolió profundamente y no le llegó a perdonar.

Le observó en silencio. En ese momento, que pese a todo entendía duro para él, buscaba el íntimo apoyo de su familia. El simple hecho de ir agarrado de la mano de su mujer mientras reposaba la otra mano sobre su hombro parecía ser suficiente. Tras el silencio que había marcado aquella emotiva despedida, sus pasos les guiaban directos al coche.

-Ha sido un oficio precioso -comentó la mujer.

-Sí que lo ha sido -le contestó el hombre-. Siempre fue una persona querida en este lugar... No es de extrañar que se hayan volcado en su adiós.

-Oye papá -dijo Pierre con la curiosidad natural de quien con nueve años no comprende y busca aclaración a sus dudas-, ¿por qué hay tanta gente en el entierro del abuelo?

-Bueno -sonrió el padre-, porque tu abuelo era un gran hombre, había hecho cosas buenas y muchos así se lo reconocieron.

-Pero tú estabas peleado con él...

-Es cierto, pero más que peleado era enfadado..., algo disgustado con él. Cuando tu abuelo decidió venirse a vivir aquí yo estaba empezando a encarrilar mi vida en París. Allí tenía a mis amigos, la universidad e incluso ya conocía a tu madre... No me resultaba agradable la idea de abandonarlo todo para venirme aquí, al desierto a vivir. Así que efectivamente discutimos ya que yo no acababa de entender sus razones y él parecía no querer comprender las mías. Yo le quería, y me consta que él a mí también, pero los motivos que cada uno tenía nos impulsaban a hacer lo que creíamos correcto; al final nuestros caminos se separaron y bueno... desde entonces no nos hemos visto mucho.

-Pero el abuelo... ¿Era bueno, no?

-Claro que lo era, pero ya te he dicho que simplemente llevábamos caminos diferentes.

-¿Y toda esa gente... eran sus amigos?

-Sí, todos ellos. En mayor o menor medida, con sus acciones se había ganado el respeto y la amistad de muchas personas, más de las que puedes ver hoy aquí.

-¿Más todavía? Pero... esto es el desierto, aquí hay mucha arena, y no veo apenas casas... ¿Cómo se pueden hacer amigos dónde no hay gente?

-Buena pregunta renacuajo -no pudo evitar una sonrisa-. Mira, tu abuelo dedicó su vida a ayudar a los demás; durante toda una vida se conoce a mucha gente. Pero la forma de hacerlo no siempre fue la misma. Durante gran parte de su vida fue una persona ejemplar, que pudo ayudar y dar esperanza a muchos que lo necesitaron... Pero hasta llegar a eso, su vida, su actitud, todo lo que le rodeaba, aun manteniendo su misma filosofía, había sido... ¿Cómo llamarlo...? Diferente, más alocado e impulsivo...

-¿Y...?

-Pues que fue precisamente eso, su forma de ser, lo que le llevó a participar en aquella locura...

-¿Qué locura? Cuéntamelo papá.

-No creo que ahora te apetezca oírlo...

-Vamos cariño -dijo la madre-, cuéntale lo que ocurrió.

-Pero si ya se lo conté una vez.

-Pero no ves que no se acuerda. Además, te vendrá bien contárselo para que recuerdes lo que él hizo... Creo que te hace falta.

-Está bien, pero que conste que no me hace tanta falta -dijo mirando a su esposa-. Veamos... ¿Ves ese coche de ahí?

-Sí -dijo el niño.

-¿Y podrías decirme que es lo que lo mueve?

-Un motor.

-Un motor... Bien. ¿Pero qué es lo que mueve ese motor? ¿Qué es lo que mueve los motores de todos los vehículos?

-El hidrógeno.

-¿Y eso es algo normal?

-¿No lo es? -dijo extrañado por la pregunta de su padre.

-Claro que sí, por eso hasta un pequeñajo como tú lo sabe. Es lo normal hoy en día, a nadie le resulta extraño. Pero hubo un tiempo en que no fue así.

-¿Ah, no?

-No. Por aquel entonces todo era impulsado por combustibles derivados de una sustancia que se encontraba bajo la tierra, era el petróleo.

-¿Petróleo?

-Sí, petróleo. Esa sustancia viscosa y oscura era casi lo más valioso en la sociedad, las economías de los países dependían directamente de él; el quehacer diario en las ciudades dependía de sus derivados y de hecho algunos países se erigieron como potencias mundiales gracias a su posesión y, por lo tanto, al poder que esto representaba. Pero al contrario que el hidrógeno, energía renovable y prácticamente inagotable, el petróleo había necesitado millones de años y condiciones especiales para que se formara, y en apenas siglo y medio las reservas mundiales se empezaron a agotar.

-¿Agotar es acabarse?

-Así es. Por eso se buscó otras fuentes de energía alternativas, limpias y renovables, que fueran sustituyendo al cada vez más escaso petróleo.

-¿Entonces hicieron el hidrógeno?

-No hijo. El hidrógeno no se hace, es un elemento que se encuentra en la naturaleza en tales cantidades que se considera inagotable; mismamente el mar está lleno de él.

-¿El mar?

-Sí, el agua es potencialmente hidrógeno. Por eso lo que sí hicieron fue desarrollar la tecnología adecuada para poder conseguir de él energía y poder así compensar la falta de combustibles procedentes del petróleo.

-Y eso... ¿Qué tiene que ver con el abuelo? ¿Él fue quién inventó esa tecnología?

-No, que va, ni mucho menos. Él, por aquella época, era un pacifista, un activista que se dejaba llevar por sus locas ideas y que luchaba e impulsaba causas perdidas. Se embarcaba en proyectos en los que rara vez no terminaba con sus huesos en prisión o en un hospital. Así que, como no era de extrañar, cuando la época dorada del petróleo llegó a su fin, tu abuelo, junto con otros dos amigos igual de locos e idealistas que él...

 

***

 

El reducido habitáculo se encontraba suficientemente iluminado por una tenue luz azulada; una mayor intensidad supondría un gasto mayor de energía y no era lo más adecuado si querían completar con éxito aquella locura. Philippe observó a Marcel, su rara colocación en el asiento le hacía parecer como si hubiera caído sobre éste desde un segundo piso, con los brazos estirados por encima de su cabeza, una pierna encogida y la otra apoyada sobre uno de los paneles de control y, su cabeza en aparente dislocación, reposando sobre el acolchado respaldo de su asiento de cuero; los profundos ronquidos de éste resonaban en sus tímpanos. Con aparente relajación miró el indicador de profundidad, nueve mil cuarenta y dos metros, vigiló que la inclinación continuase siendo de dos grados, cincuenta y seis minutos, sesenta segundos en dirección a las coordenadas establecidas; treinta grados nueve minutos latitud Norte, setenta y un grados veinticuatro minutos longitud Este...; todo correcto. Vigiló en el panel de control el estado del reciclador de aire, todo funcionaba según lo previsto. Dado lo precipitado de su construcción y el material utilizado, era un alentador milagro el ver que todo marchaba a la perfección. Posó su mano sobre una de las piernas de su compañero y la zarandeó suavemente.

-Eh... Vamos, despierta -tuvo que aumentar la intensidad del zarandeo al ver que Marcel no parecía reaccionar-, eh, vamos bella durmiente... ¡Despierta, hombre!

-Ummm... ¡Oh, mierda! -exclamó mientras lentamente volvía en sí.

-¿Fastidiado por volver a la realidad?

-¿Se nota mucho?... Creo que prefiero seguir... ¡Ay!

-¿Qué te pasa? -preguntó con una sonrisa.

-¡Joder, el cuello! ¡Podías haberme avisado que lo tenía tan torcido!... Ahora tendré tortícolis durante días.

-Ya será menos quejica. Además, piensa que eso significaría que aún nos quedan días por delante.

-Ya... Mira tío, no seas tan optimista ¿vale? Llevamos... ¿Cuánto llevamos dentro de esta lata?, ¿tres días?, ¿tres días y medio?

-Noventa y ocho horas.

-¡Noventa y ocho horas! Y nos encontramos perfectamente... ¿Noventa y ocho, ya?

-Sólo nos quedan dos para alcanzar el objetivo.

"Dos y media, en teoría" Dijo una voz procedente de uno de los paneles.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí, Olivier?

"Acabo de conectarme... ¿Qué tal lo lleváis? Según el ordenador de seguimiento todo marcha aparentemente normal."

-Correcto, nuestro amiguito responde a la perfección -contestó Philippe.

-Pero nosotros ya estamos deseando acabar con esto...

"Tranquilo hombre; sabes que yo te cambiaba el puesto si pudiera... Si de veras piensas que estar ahí abajo, dentro de nuestro Pequeño Topo, es lo peor que te puede pasar es porque ya se te ha olvidado lo que significa tratar con nuestros amigos musulmanes... De veras que os envidio."

-Tú organizaste todo este follón, así que si tantas quejas tienes de ellos, haber elegido a otros para que financiaran todo el proyecto.

"Philippe, tío... Sabes tan bien como yo que ellos fueron nuestra última esperanza. Además, fueron los únicos que creyeron en la viabilidad de tal idea."

-Creo que en la tirria que sienten hacia los americanos se encuentra la clave del éxito de la financiación. De no ser por eso, ahora nos encontraríamos delante del pozo, manifestándonos con nuestras pancartas, en vez de estar aquí abajo jugando a la diana con una venda puesta sobre los ojos -dijo Marcel.

"No olvides que esto lo hacemos por una buena causa."

-¿Ah, sí! ¿Sabes por qué estamos aquí abajo?

-Venga tío, cálmate -intentó persuadir Philippe.

-No, no... Que me diga por qué cojones estamos nosotros aquí abajo.

"Lo sabes tan bien como yo. Intentamos conseguir la reserva de crudo del principal yacimiento de Daulatabad ya que no aceptamos, por injusto, que los americanos apliquen su supuesto derecho de explotación privada, derecho que se otorgaron libremente cuando invadieron Pakistán, y todo ello mientras existen países enteros que, por distintas circunstancias, no han podido aún adaptarse a la tecnología necesaria para aprovechar los recursos de las nuevas energías renovables... Necesitan ese petróleo con urgencia si quieren sobrevivir mientras esa tecnología llega... y nosotros vamos a intentar dárselo..."

-Ah, no, estás muy equivocado. Da igual que esta sea la última reserva de crudo, da lo mismo que los demás pozos estén secos y menos importa aún que los países se descabalen por no haber sido previsores; nosotros no estamos aquí para ser héroes ¡Joder tío, ni siquiera yo creo en lo que hacemos!... Aquí, lo único que sí es cierto, es que somos los únicos gilipollas capaces de hacer la estupidez de enterrarnos vivos mientras nos adentramos en Pakistán desde la India en espera de localizar una cavidad petrolífera que se encuentra doscientos kilómetros tierra adentro, confiando en unos malditos cálculos que tú, que Philippe y que todos los demás que os encontráis allí arriba creéis precisos, pero que estoy seguro que son tan erróneos... -Hizo una pequeña pausa para respirar e intentar calmarse-, que no sé qué cojones hago yo aquí...

-Oye, tú creías en esto tanto como nosotros.

-No te equivoques. Yo no tengo mis ideas tan claras como vosotros, mi personalidad es débil e influenciable y eso es precisamente lo que vosotros hicisteis, influenciasteis sobre mí, que es muy diferente...

"Pero debes de reconocer que hasta ahora todo ha salido bien... ¿Acaso no conseguimos el apoyo económico y los permisos del gobierno hindú?"

-Oh, sí... Apoyo económico de un grupo musulmán suní, cuyas tendencias radicales les acerca más a los shiíes de lo que se puedan imaginar, a cambio del treinta y cinco por ciento del crudo que logremos... Y los hindúes nos conceden los permisos, pero claro, si tenemos éxito, el treinta por ciento de la explotación será para ellos. Pues sabes lo que te digo, que se van a quedar con nada, porque no sé si lo sabes, pero el sesenta y cinco por ciento de nada es nada.

-Tío, reconoce que lo más complicado fue encontrar financiación. ¿Quién, en su sano juicio, iba a confiar en un proyecto cuya principal idea es abrir un conducto subterráneo de doscientos kilómetros para llegar hasta el interior del propio pozo y dejárselo más seco que una momia egipcia? Si tenemos éxito, lo que han invertido será mínimo comparado con lo que pueden ganar.

-¿Y de veras pensáis que nos van a dejar manejar el treinta y cinco por ciento de ese crudo a nuestra discreción? ¡Qué ingenuos sois!

"Puede que sí lo seamos... pero ese es el trato. Recuerda que no es la primera vez que nos metemos en líos como éste sin conocer el resultado final."

-Yo te diré el resultado final -insistió Marcel-, si volvemos sin dar con el pozo, cosa que de seguro ocurrirá, nos rebanarán nuestros preciados cuellos por haberles hecho perder tanto su tiempo como su dinero... Recuerda esto que te digo.

"Vamos, hombre. Sé más optimista..."

-¡Sí, sí... Optimista del todo! -acentuó con cierto sarcasmo.

-Bueno -interrumpió Philippe-, en algo menos de dos horas sabremos si hemos sido afortunados o, por el contrario, nos debemos sumar a tu pesimismo.

-¿Mi pesimismo? ¡Pero cómo quieres qué esté si me siento como una sardina enlatada! Sólo espero que nada se estropee porque lo único que nos falta es que nos llegue también el aceite hasta el cuello..., ese que pronto perderemos.

"Escuchadme un momento chicos. Siento interrumpir pero aquí, en el campamento, se ha levantado algo de revuelo..., no sé bien que ocurre."

-Pues estás tardando en enterarte y decirnos algo -apuntó Philippe.

"Eso pensaba hacer. Mientras podéis ir revisándolo todo de nuevo, no quiero sorpresas de última hora..."

-De acuerdo. Por cierto... ¡Pásalo bien, capullo!

" Sí..., yo también te quiero. Corto."

-Será posible -dijo algo malhumorado Marcel-, qué se piensa, que nos estamos tocando aquí abajo las narices.

-Lo ha dicho por decir. Él también se preocupa, pero sabe que aquí estamos atentos a todo lo que los indicadores nos marcan; tanto tú como yo somos los más interesados en que todo salga bien.

-Mira, eso sí que es verdad... ¿Cuánto nos queda?

-Pues según todos los cálculos -observó los datos en la pantalla-, unos tres kilómetros hasta llegar a la cavidad. Esperemos que sea cierto eso de que el pozo será eruptivo y que la propia presión generada por el agua y los hidrocarburos gaseosos almacenados provoque suficiente caudal como para impulsarnos de vuelta... Aun así en la magnitud de la fuerza de tal impulso es algo que como sabes no se han puesto de acuerdo.

-¿Pero al final decidieron que entre veinte y treinta kilómetros hora, no?

-De ser así tendremos un movido viajecito de vuelta de unas ocho o nueve horas aproximadamente... Si todo va bien, no nos quedan mas de diez u once horas.

-¡Joder! Todavía tanto, me siento anquilosado del todo..., necesito andar algo.

-Entonces comprueba el depósito de polimeratol; según el indicador no parece que quede mucho.

-¿Crees de verdad que está funcionando?

-Debemos confiar en que sí; las pruebas previas dieron positivo.

-Ya... Pero me cuesta creer que ese líquido, a la presión que sale, vaya creando una fina capa de un resistente plástico en cuestión de segundos por las paredes del agujero que vamos escarbando.

-Intenta creerlo. Recuerda que es tecnología NASA.

-¡Pero nosotros no somos la jodida NASA! ¡Sólo copiamos su tecnología!

-Cálmate hombre. Piensa que nuestro agujero es circular; la teoría dice que tales paredes sufren prácticamente la presión por igual en cualquiera de sus puntos. El polimeratol lo único que hace al solidificarse es reforzar esas paredes para asegurarnos una tubería con un alto grado de impermeabilidad para que fluya bien el crudo, si de paso evita pequeños derrumbamientos, mejor que mejor.

-Pues espero que lleguemos pronto a esa maldita bolsa, porque se está agotando.

-Da más de sí de lo que parece... ¿Qué marca? ¿Una sexta o séptima parte de depósito?

-Más bien una octava... y te estoy exagerando.

-Eso aún es veinticinco o treinta kilómetros, y la bolsa sólo está a un par de ellos.

-Siempre en teoría, recuerda...

"Eh chicos, ¿seguís ahí?"

-¿El sol del desierto te ha hecho más tonto?

"Vale, vale, me lo merezco. Pero oidme, oidme bien un momento."

-¿Qué ocurre Olivier? -preguntó Philippe mientras Marcel volvía a su asiento y se ajustaba sus cintos con cierta curiosidad.

"El revuelo que antes había... No son buenas noticias"

-¿Qué coño pasa, tío? -preguntó impaciente Marcel.

"Por lo visto nuestros "promotores" han recibido pruebas, conseguidas por los alemanes, de que la reserva de Daulatabad... Como decirlo... Está ya seca, no queda en teoría nada de crudo. Parece ser que mantenían un engaño y, ahora que se ha descubierto, está previsto que Estados Unidos emita en la CNG un comunicado oficial dentro de una hora... Lo siento."

Philippe se sujetó la cabeza con ambas manos en claro gesto de desesperación. Marcel, por su parte, desahogaba su impotencia golpeando el inocente panel de control que tenía delante; él lo había estado presintiendo durante toda aquella inútil aventura, pero... ¿Cómo se iban a fiar de un sentimiento tan negativo?

 

-Marcel... Vamos chico déjalo ya... ¡Joder, estate quieto un momento! -éste se detuvo ante el grito de su compañero que, pese a no expresarlo de la misma manera, se sentía tan mal como él-. Dime Olivier... ¿Es segura esa noticia? ¿Es fiable la confirmación? Piensa que puede tratarse de una treta...

"Me temo que desafortunadamente no es así..., está confirmado."

-Bien, entonces tenemos que decidir qué vamos a hacer ahora. Podemos hacernos los incrédulos y comprobarlo nosotros mismos..., ya estamos cerca...

"Pero existe un problema. Vuestro retorno depende de la fuerza del caudal de crudo... Si llegáis a la cavidad, y ésta se encuentra seca... no podréis volver."

-¿Pero qué estás diciendo? -saltó alarmado Marcel. Cuando se enroló en aquella nefasta aventura, se ve que evitaron advertirle de todos los pormenores- ¿Es eso cierto? -preguntó algo sofocado a su compañero.

-Tú lo has dicho antes; no somos la NASA. El Pequeño Topo ha sido diseñado con un fin concreto, pero todo lo que se saliera de ese objetivo era retardar su construcción y aumentar los gastos. Todas las capas de rocas que hemos atravesado, eran densas y de escasa porosidad. El especial estriado del trépano que utilizamos para perforar redirecciona la energía desprendida en cada rotación para añadirla en la siguiente, se auto realimenta, por eso cuanto más sólida es la roca, se necesita menos esfuerzo para perforar con mayor velocidad...

"Pero el petróleo se encuentra impregnado en calizas y areniscas, rocas muy porosas y totalmente permeables..., blandas en definitiva. Si llegáis allí y resulta que o no hay o queda poco, la presión será baja y el caudal insuficiente para sacaros de ahí; el trépano se ralentizará hasta pararse y, con el escaso hidrógeno que os queda, la hidroturbina no generará suficiente potencia como para reiniciar la rotación..."

-Por eso ahora debemos pensar en qué es lo que vamos a hacer.

-Joder tío, está claro. Damos la vuelta a este cacharro y volvemos a la superficie.

"No Marcel, no es tan fácil. El camino diseñado era un trayecto en línea recta..."

-Déjame averiguar -dijo con sarcasmo-, no está diseñado para girar.

-Es cierto, no lo está... Pero sí lo está para hacerle pequeñas correcciones de rumbo en caso de que fuera necesario, un grado cada treinta metros aproximadamente.

"Si os quedan unos dos kilómetro, sólo podréis girar entre sesenta y cinco y setenta grados... No parece suficiente para salvar la cavidad..."

-¿Acaso queda otra opción? -preguntó irónico Philippe.

"En realidad hay una, aunque creo que no os va a gustar mucho."

-¿Y crees que estar aquí abajo, jodidos, es algo que nos guste?

"No Marcel, pero... bueno, no lo sé. Escuchadme... Cuando estuvimos preparando este asalto, llegaron a mí unos estudios geofísicos que aseguraban que bajo este yacimiento existía otro de volumen similar y sólo separados por una fina capa de esquisto y roca impermeable. En su día este estudio se desestimó ya que, al parecer, no era todo lo exacto que debiera pero, tras el desarrollo del motor de hidrógeno, resultaba poco rentable su renovado estudio y todo el proyecto cayó en el olvido... Cuando se agotasen las reservas de crudo, bye-bye; así que sólo es una mera suposición pero, si tenemos en cuenta que os dirigís a la zona central de la cavidad, sólo tendríais que modificar el rumbo hacia abajo... y llegar así a ese pozo fantasma..."

-¡Dios mío! ¡Te has vuelto loco! -sentenció incrédulo Marcel-, lo que queremos es salir ya de aquí. Que no hay petróleo, pues tiempo perdido, mala suerte... Pero ten por seguro que no nos vamos a dedicar a buscar pozos fantasmas.

"Pensad que si no lo encontráis, siempre podréis dar la vuelta bajo la cavidad agotada..."

-Lo siento Olivier, pero esta vez comparto la opinión de Marcel. Vamos a arriesgarnos con la modificación de rumbo.

"Sois vosotros los que estáis ahí abajo, no puedo reprocharos nada. Recordad que durante el giro se perderá poco a poco el enlace... En vuestra vuelta estaréis solos."

-De acuerdo. No te preocupes, ya contaba con ello.

"Buena suerte chicos. Volved sanos y salvo."

-Descuida, lo haremos.

 

***

 

Estrujó con rabia aquel papel entre sus manos mientras intentaba entender el porqué nadie les había informado de aquello con anterioridad. ¡Maldita sea! Los supuestos servicios de "Inteligencia" de todos los países siempre hacían lo mismo...; espionaje, contraespionaje y en definitiva preservación y mutismo absoluto de todos sus secretos. Si lo hubieran sabido antes, jamás lo habrían intentado, pero ahora ya era tarde. Cuando se perdió la conexión con el Pequeño Topo no se produjo de manera paulatina, como estaba previsto; el corte fue brusco, como cuando te cortan un cable que lleva una comunicación...; solo que allí no había cables. Entonces..., ¿qué demonios les podía haber ocurrido? El informe posterior fue de lo más revelador y concluyente; un grupo de minas sísmicas había explosionado en el trayecto de sus amigos. Era de prever que los americanos se encontrarían preparados y, si de ellos habían copiado la tecnología de aquel pequeño perforador, cómo no iban a estar preparados para una posible incursión subterránea. Habían perforado alrededor de la cavidad en que se encontraba el petróleo, pero no con el fin de sondear, sino para colocar pequeños artefactos que se activaban por vibración... El perímetro del pozo se encontraba repleto de ellos; una vibración cerca y fin de la amenaza. Olivier, en su lamento, sabía que ya no podía hacer nada. Quizás, con suerte, sólo les había afectado en su sistema de comunicaciones y continuasen en su intento de dar la vuelta... En tres o cuatro días recibiría la noticia de que habían aparecido en un remoto paraje de aquellas áridas tierras. Todo era posible. Pero la razón chocaba con lo que le dictaba su corazón. Aunque se negaba a aceptarlo, sentía que aquella suma de pequeños seísmos marcó el final de sus dos amigos.

Pese a los esfuerzos que hacía por evitarlo, un imparable manantial rojo manaba de la golpeada frente de Marcel y desbordaba los límites del claro pañuelo que éste presionaba contra su cabeza. La sacudida había sido fuerte y repentina, y el dolor, al golpearse, intenso; pese a todo entendía que había salido mejor parado que Philippe, cuyo zarandeo provocó la fractura de su clavícula derecha y la dislocación de uno de sus hombros. Por desgracia no era lo único que allí se había roto.

 

-¿Y bien? -preguntó con esfuerzo Philippe mientras intentaba inmovilizarse el brazo con unos jirones de la camisa-, ¿cómo está todo?

-Estamos jodidos..., total y absolutamente jodidos. El sistema de comunicaciones no funciona..., está kaput, finito, muerto... Aunque lo peor es... el reciclador de aire, está bastante tocado y no creo que lo podamos reparar, al menos yo no creo que pueda...

-Parece que no tenemos suerte... ¿Qué tal el resto?

-También... También está estropeado el difusor del polimeratol, así que tampoco podremos seguir reforzando el maldito túnel... Ya te dije desde el principio que no era una buena idea... y mira a donde nos ha llevado el no haberme hecho caso. ¡Ah! Bueno, nos seguimos moviendo, esa es la buena noticia.

-No creas que lo es tanto. La estructura externa está dañada... No sé bien el alcance de tales daños pero... parece que el rotor del trépano se ha desestabilizado... No podremos hacer variaciones de rumbo superiores ni a izquierda... -se tomó un instante para analizar la situación-. Marcel, ven y siéntate. Tenemos que hablar.

-¡Ah, no! Conozco ese tono.

-¡Marcel! Por favor. La situación ha cambiado ¿No lo ves?... No sabemos qué narices ha provocado esto, pero nos ha dejado sin polimeratol, sin comunicaciones y sin sistema de reciclado... ¿Sabes lo que eso significa?

-Nos quedaremos sin aire.

-Esto empezará a llenarse de dióxido de carbono, hará que respiremos con más intensidad y acabemos antes con el oxígeno que nos quede. Muy posiblemente, antes de que el aire residual de éste habitáculo se acabe por completo, nos habremos muerto por una hipoxia. Aunque consiguiésemos abrir la portezuela, el polimeratol es tóxico y el gas que desprende inunda los doscientos kilómetros de conducto... Yo le calculo unas diez, doce..., quizás quince o veinte horas, pero no más. Así que todo esto nos lleva a una conclusión... -hizo una dramática pausa- ¿Queremos que nuestra muerte sea inútil o, por el contrario, intentamos que nuestro sacrificio no sea en balde?

-Pero... Intentar volver... Podemos subir directamente hacia arriba...

-¿Acaso no me has oído?, no podemos modificar el rumbo hacia arriba... Todo, ¿me oyes? Absolutamente todo lo que recorramos desde este momento... nos entierra más..., no hay vuelta atrás... Sea lo que sea, estamos muertos. Parece que nuestro único camino... es acertar en ese maldito pozo... Podemos intentarlo.

Marcel cerró los ojos. Aún sentía el punzante dolor de la herida en su frente, pero el tomar aquella decisión intensificaba otro tipo de dolor, el producido por un temor que le agarrotaba los músculos y que casi le impedía pensar. Su instinto le decía que si intentaban dar la vuelta tendrían una posibilidad, quizás pequeña, pero algo a lo que aferrarse. Pero si continuaban a ciegas en busca de aquel maldito pozo... sería consciente de su final durante horas; una tortura que de ninguna manera deseaba vivir.

-Lo siento Philippe, pero no puedo... Tengo demasiado miedo.

-Y yo amigo mío..., pero debemos confiar...

 

***

 

Pierre vio como los ojos de su padre se cristalizaban. Sintió como el recordar aquella historia le había emocionado bastante, de hecho no recordaba la última vez que le vio llorar; ni siquiera lo hizo cuando se enteró de la muerte del abuelo. Su madre lo abrazó desde atrás por la cintura... "Vamos, vamos..." la oyó decir antes de que él, con cierta perplejidad, reaccionara de su abstracción.

 

-¿Ya estás bien, papá?

-¿Qué? ¡Oh, sí, perdona!... ¿Por dónde iba?

-Por el aviso -dijo el pequeño.

-Ya, pues eso. Avisaron a Olivier de que un potente caudal de petróleo brotaba del conducto que días atrás iniciaron y fue, en el preciso momento de llegar él al lugar, cuando en la gigantesca válvula bifurcadora se notó el impacto de lo que no podía ser mas que el Pequeño Topo en agitada llegada tras su viaje de vuelta. Cuando consiguieron aislar el vehículo, bastante maltrecho por cierto en su aspecto exterior, abrieron la escotilla y allí estaban, sujetos en sus asientos, inconscientes por la falta de oxígeno...

-Pero tú decías que se morirían por no tener aire.

-Y así habría sido si Philippe no hubiese conseguido que el reciclador funcionase al quince por ciento de su capacidad, eso les proporcionó unas pocas horas más de un aire enrarecido, pero aire al fin y al cabo. Salvó la vida al abuelo aunque no ocurrió lo mismo con la del pobre Philippe, que jamás llegó a despertar... Tras una larga recuperación, tu abuelo Marcel se hizo cargo de la explotación del porcentaje de crudo que les correspondían y que, hasta entonces, había estado a cargo de Olivier. Pero éste mantenía sus inquietudes aún vivas y con ganas de luchar, siempre en su línea de activista pacífico, así que se embarcó en nuevas aventuras. Tu abuelo, que tras aquella experiencia entendió que le había sido concedida una maravillosa misión, tenía la oportunidad de realizar su sueño; se lo debía a aquellos que necesitaban lo que él había conseguido y, sobre todo, se lo debía a Philippe. Gracias a aquella heroica aventura, mucha gente encontró una oportunidad en un mundo en que todo lo tenían ya perdido.

-¿Y por eso tiene entonces tantos amigos? ¿Por hacerse rico?

-No por hacerse rico, sino por tener poder y no aprovecharse de ello. La gestión y distribución que del petróleo hizo estuvo siempre regida por sus ideales, por eso fue la justa y la necesaria, impecable en definitiva. Su riqueza personal se elevó a un pequeño terreno, en concreto éste que ahora pisas, y a su casa. El resto lo compartió con aquellos que más lo necesitaban y eso fue lo que le creó amigos, porque les dio a cambio de nada algo que, hasta entonces, nadie les había concedido. Lo que tu abuelo les dio valía mucho más que el petróleo en sí.

-¿Y qué fue?

-Fue algo tan importante como tiempo; un tiempo que les permitía soñar con un futuro, un tiempo cargado de ilusiones y aliento... Un tiempo, en definitiva, lleno de esperanza.

 

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc[arroba]ngc3660.es