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La condición de amar Más sobre Rafael Rius Sánchez

Echó un último vistazo por toda la sala de estar revisando hasta el más mínimo detalle y ya, por fin, consideró que se encontraba en perfectas condiciones. La luz ambiental, suave y armoniosa, era la adecuada; ni demasiado tenue ni en absoluto brillante, ideal para que ella no se sintiera incómoda. Había regulado la temperatura a veintiún grados sabiendo que sería la apropiada, la conocía bien por lo que sus gustos no eran un enigma para él. Deseaba que todo se encontrase en perfecto estado para ella, en perfecto estado para ese momento tan esperado durante tanto tiempo, en perfecto estado para el ansiado reencuentro entre él y su amada.

Se acomodó en uno de los confortables sofás que amueblaban la estancia y miró de reojo a su asistente; se trataba de un modelo PTH de la CyberHuman, las siglas correspondían a Polivalent Type Humanoid, un modelo multifuncional ideal para tales labores que ahora le observaba fijamente. No era habitual que se sintiera nervioso, pero reconocía que se encontraba altamente excitado y su torpeza había hecho acto de presencia desde hacía ya rato.

-Bueno... –dijo titubeando- ¿qué?

-Señor, no alcanzo a entender el significado de su pregunta, ¿podría ser más específico por favor?

-Claro, perdóname. Quiero decir que si a tu entendimiento lo ves todo como debería estar.

-Entiendo que tal y como está da un resultado altamente agradable, ahora bien, desconozco si es lo apropiadamente correcto dada la situación, Señor.

-Ya, comprendo... ¿Sabes que esta falta de determinación y seguridad es prácticamente nueva para mí?

-Lo sé, Señor.

-Por eso mismo me es importante tu opinión, lo agradezco.

-Es muy considerado Señor... ¿Me permite una sugerencia?

-Por favor...

-Es posible que la Srta. Harlin se encuentre algo confusa, puede que no asimile de la forma esperada los cambios que ha sufrido desde el accidente, no debemos olvidar que éstos son de bastante consideración. Por ello le sugiero que no se precipite, sea paciente, dado su nuevo estado es más que probable que su reacción no sea la esperada por usted.

 

Miró de nuevo a su asistente, la breve conversación le había distraído un poco, por ello se permitió esbozar una incipiente sonrisa, poco apreciable, pero que le devolvía a su rostro un ápice de tranquilidad.

-No debes preocuparte, me han asegurado que eso no pasará. Será tal y como lo he soñado, tal y como lo he esperado desde aquel fatídico día, será... perfecto.

-Veo que su convicción es absoluta y sería estupendo para usted que todo ocurriera como lo desea. Siento no compartir su opinión, pero celebraría el hecho de que estuviera en lo cierto.

-Créeme, lo estoy, de eso no me cabe la menor duda.

 

Un suave zumbido les interrumpió. Tal y como reconoció se trataba del avisador de la puerta indicando que era la hora que tanto había ansiado. Se levantó y esperó unos segundos, inmóvil, como si un abanico de dudosas posibilidades se hubiera apoderado de él; un estado de semiconsciencia del que se vio arrancado cuando un segundo zumbido sonó en el salón.

-Señor, ¿desea que sea yo quien reciba a la Srta. Harlin?

-No, lo haré yo.

Se dirigió hacia la entrada y agarró de forma firme, a la vez que suave, el pomo de la puerta; inspiró profundamente... y la abrió. Un chico joven con gorra y tez morena apareció en el marco de su puerta, en su cazadora marrón se apreciaba el emblema de la CiberHuman Tecnologies.

-¿El Sr. Harlin? ¿Robert Harlin?

-Sí, soy yo.

-Buenos días, -sonrió el repartidor luciendo una inmaculada dentición- le traemos su pedido, un revolucionario clase L, una ciber humanoide de género F. ¿Es correcto verdad?

—Perfecto.

-Bien, pues si me dice dónde quiere la vaina...

-Claro, directamente en el salón, ya le he despejado el camino.

-Ah, estupendo. Denos un par de minutitos para descargarla y enseguida se la dejamos donde usted quiere... No nos cierre la puerta por favor.

-Descuide.

Observó impaciente cómo el repartidor y un compañero suyo realizaban las precisas maniobras para descargar desde el camión la vaina que, con cuidado, depositaron sobre un deslizador totalmente robotizado; éste carecía de dispositivos externos de control ya que en su programación tenía perfectamente definido el cometido que debía de llevar a cabo. Con calculada pero desesperante lentitud, la llevó al mismo centro del salón y allí fue depositada verticalmente gracias a un eje móvil que incorporaba el propio deslizador.

De forma ovalada, medía más de dos metros de altura y contaba en su ecuador con casi metro y medio de diámetro. Sus herméticos cierres no impedían la visión de las juntas de los distintos paneles que la componían. Los datos reflejados en una pequeña pantalla informaban del óptimo estado de la mercancía almacenada en su interior.

-Bueno -dijo el repartidor- aquí la tienen... Si conocen cómo es el proceso de crisalización, estupendo, si no este sensor táctil de aquí   -señaló con un gesto un pequeño sensor junto a la pantalla- les proporcionará toda la información para dicho proceso paso a paso, de forma sencilla y rápida.

-La verdad es que lo conozco, por ello no debe preocuparse, gracias.

-Aunque no es complicado, siempre es mejor tener algo de idea, ya sabe, estos productos no son precisamente asequibles y una mala manipulación... ¿Comprende?

-Comprendo, pero ya le digo que por ese asunto no debe preocuparse.

-Como puede apreciar en el indicador la mercancía se encuentra en perfecto estado... Supongo que dispone de todo lo necesario ¿verdad Sr. Harlin?

-No lo dude, llevo mucho tiempo esperando este momento, lo tengo todo más que preparado y no creo que ahora pudiera olvidarme de algo.

-Pues entonces no le molestamos más, si está conforme con la entrega no tiene más que digitalizar aquí... aquí... y aquí, si es tan amable.

 

Tras cumplimentar el trámite el repartidor volvió a su camión para continuar con su labor. Robert se quedó al fin solo ante aquella maravillosa y esperada vaina, bueno, del todo solo no. A pocos metros de él se encontraba su fiel e inseparable asistente.

-Veo que lleva ya un rato observándola, quizás prefiere el Señor que sea yo quien proceda a su apertura...

-No, en absoluto. Estoy disfrutando..., saboreando este momento.

-Sin duda de alguna morbosa forma que no consigo entender, ¿no sería más apropiado abrirla cuanto antes? Ya se encuentra aquí, ya no hay nada que retrase ese momento deseado.

-No espero que lo comprendas, éste es un momento precioso, especial, único, es como si Susan volviese a nacer; una recién nacida adulta, con sentimientos, con deseos..., y lo primero que verán sus curiosos ojitos... será a mí, en ese instante me daré cuenta de que todo lo que he soñado, todo lo que he anhelado durante este tiempo, se ha hecho realidad, aquí, en este lugar... o si por lo contrario, he cometido el error de crearme una falsa esperanza sobre lo que más ansiaba mi corazón.

-Definitivamente somos distintos, permítame que se lo diga, Señor.

-Eso nos hace únicos, y especiales para algunos.

Se acercó a un cajón y abriéndolo apareció una pequeña cajita plateada, la cogió con delicadeza y se situó de nuevo frente a la vaina.

-Ha llegado el momento..., me noto algo... amedrentado..., es extraño –con suavidad la abrió y observó dos pequeños cilindros transparentes que descansaban en su interior; uno del tono del atardecer, el otro celeste como el cielo en un día despejado- vamos allá...

 

Rozó un sensor y la palabra “CODE:” apareció en la pantalla. Robert conocía perfectamente la clave para la activación de la vaina, la había estado repasando constantemente los últimos días desde que la CiberHuman Tecnologies le comunicó que su solicitud de pedido había sido aceptada y que ya habían iniciado los preparativos pertinentes para atenderla lo más brevemente posible; en ese momento le facilitaron su Key-Code de activación, imprescindible para el correcto inicio y funcionamiento durante el proceso de crisalización.

-Ya está... Key-Code correcto, bien... Ahora insertar morfología externa..., el cilindro anaranjado...

 

Lo situó en el orificio indicado y vio cómo éste era autotransportado a una pequeña cavidad del interior donde un viscoso líquido ámbar lo cubrió en su totalidad. Conocía bien el proceso, sabía que a través de esa sustancia la vaina podría acceder a la información contenida en el cilindro, en concreto al aspecto físico de Susan. Pensó en la fortuna que había tenido al haberse ella presentado a un proceso de compatibilización antes de aquel trágico accidente, pues éste consistía en la creación de un duplicado exacto, pero virtual, de una persona y cotejar tales datos con el amplio campo de parámetros para los que estaban programados los ciber humanoides neutros. Sólo si el resultado era un factor de compatibilidad del cien por cien se daba luz verde al programa.

 

Parecía que el tiempo en aquel salón se había detenido con la única excepción de un eterno y desesperante “PROCESO EN CURSO” parpadeando de forma intermitente en la pequeña pantalla.

 

“PROCESO FINALIZADO”

 

En el rostro de Robert se podía percibir una esperanzadora mueca de confianza, la mitad del proceso ya se había llevado a cabo y hasta ese momento todo estaba saliendo de forma satisfactoria.

 

“INSERTAR PARÁMETROS DE SUBCONCIENCIA INTERIOR”

 

La esencia de Susan, su alma. Le habían asegurado que una fracción de ella se encontraba en el interior de ese cilindro; la forma en que pensaba, su manera de sentir, su pasión al amar. Aquel pequeño trocito de cristal se convertía así en lo más importante del proceso, esa diminuta cantidad de ella daría sentido al estupendo ser que se encontraba en el interior de aquella vaina.

 

“PARÁMETROS DE SUBCONCIENCIA COMPATIBLES. INICIACIÓN DE PROCESO”

           

Esta parte era la que se desarrollaba con mayor rapidez pues sólo consistía en redefinir algunos circuitos cerebrales para que las funciones resultantes se asemejasen al comportamiento intrínseco y extrínseco de la propia Susan.

Ciertamente el proceso en esta etapa era más rápido, pero se había convertido en el más delicado.

 

“ERROR”

 

Al ver el mensaje se sobrecogió, era algo que no esperaba que ocurriera y le dejó perplejo durante unos segundos mientras se preguntaba qé era lo que estaba sucediendo, ¿cómo era posible que algo fuera mal? ¿Y Susan? Dios Santo, ¿qué pasaría ahora con ella?

 

“ERROR SUBSANADO. PARÁMETROS ESTABILIZADOS. PROCESO EN CURSO”

 

Respiró. No comprendía lo que podía haber pasado y mientras divagaba mentalmente en busca de una explicación su mirada se posó sobre su asistente que seguía todo el proceso desde una cómoda distancia.

 

-No debe preocuparse Señor. Quizás un pequeño error en la transcripción de parámetros fuera la causa de tal mensaje. En cuanto el procesador ha realizado una nueva lectura ha quedado corregido y de seguro no afectará al resto del proceso. No se alarme, la Srta. Susan no se verá afectada.

-Claro... Eso espero... -sabía que sus propias palabras no sonaban nada convincentes. Conocía bien el proceso de crisalización  y lo que su PTH le había indicado era perfectamente factible, pero ello no impedía que el terrible sentimiento de que algo podía salir mal le invadiese su corazón y no fuera nada fácil arrancarlo de allí-... Espero que estés en lo cierto...

 

“ERROR”

“ERROR GRAVE”

“ERROR GRAVE. ES ACONSEJABLE LA DESCONEXIÓN PREMATURA”

“ERROR GRAVE. ES NECESARIA LA DESCONEXIÓN PREMATURA”

“ERROR GRAVE...

 

-¡No! ¡no! ¡no! ¡¿pero qué ocurre?!... No Susan, tú no, no puedo perderte de nuevo, no lo soportaría... ¡Susan! ¡Susaaan! Su...

 

“DESCONEXIÓN AUTOMÁTICA PREMATURA EN PROCESO”

“DESCONEXIÓN TOTAL INMINENTE”

 

La pantalla de la vaina se apagó.

Tardó varios minutos en reaccionar y al final se quedó sentado frente a lo que había sido un capullo generador de vida, ahora convertido en un simple ataúd lleno de rotas esperanzas. Mirándolo, simplemente imaginaba todos esos momentos que había perdido, todos esos instantes que ya no viviría junto a su amada y que una macabra jugada del destino se había encargado de que jamás pudieran ya suceder. Era consciente del único uso de los cilindros y, si no había funcionado, significaba que todo se había perdido de nuevo en ese intento..., todo... Perder dos veces al ser que completa tu vida es demasiado para cualquier persona, para cualquier hombre.

Pero él no era un hombre...

 

-Necesito tu generador de energía...

-Supongo que está bromeando ¿verdad Señor?

-No, no con la vida de Susan en juego. Si puenteo nuestras fuentes energéticas tendremos la suficiente potencia para realizar un By Pass en el sistema de desconexión de la vaina. Con energía, podré conectarme a su microprocesador, averiguar que salió mal e intentar subsanar dicho problema.

-Pero Señor..., ¿por qué no devolverla a la CiberHuman y que traigan otra? ¿Por qué, con todo mi respeto, tiene la intención de sacrificarme?

-Sabes tan bien como yo que una vez impregnados los cilindros ya no hay posibilidad de retorno, o funciona... o se pierden para siempre. Si devolvemos la vaina, enterramos a Susan... ¿Por qué arriesgar nuestras vidas? Acaso no lo ves... Sólo por amor.

 

Robert se levantó y con cuidado, pero sin ninguna consideración, arrancó con sus propias manos el panel frontal en que se encontraba la pantalla. Analizó de forma precisa el interior y rápidamente localizó los cables adecuados entre el amasijo multicolor que controlaba todo el sistema. Sus dedos, desprovistos de la metacarne que había sido rasgada al arrancar el panel, tantearon su propio pecho hasta localizar el punto exacto de su fuente de energía.

 

-Ahora viene lo más duro...

 

Toda la operación no duró más de una hora.  Su fiel asistente yacía inmóvil junto a él, unido a éste y a la vaina por los vitales conductos energéticos; no era lo único que les unía, una treintena de cablecillos y enlaces de fibra óptica partían de la cabeza, pecho y brazos de Robert y acababan fusionados a los cables del sistema de la vaina, dotándolo todo de un dantesco aspecto. Tras verse obligado a arrancarse la metacarne de su pecho, hizo lo propio con la de la parte posterior de su cabeza y la anterior de ambos antebrazos; un líquido oleaginoso de color granate oscuro lo bañaba todo ya que varios microconductos de lubricación habían sido seccionados. Pero para completar la terrible escena, tras sus terribles inmolaciones se podía llegar a apreciar algunas secciones de su endoesqueleto, tan resistente como el acero, tan real como el de un humano.

Estaba decidido a ello. Todo aquel riesgo merecía la pena por revivir a Susan, su sensación inevitable de dolor físico, su lenta y dramática agonía al ir decreciendo su aporte energético y el total desconcierto e inseguridad ante una satisfactoria resolución de lo que estaba llevando a cabo, no impedirían que él siguiera intentándolo ya que, si la perdiese de nuevo, sería como morir igualmente.

No tardó en darse cuenta de que algo iba mal, aunque esta vez el afectado era concretamente él. La escasez de energía le obligaba a la autodesconexión forzosa de algunos sistemas auxiliares. Un convulsionado ritmo de micro-relés activándose y desactivándose podía oírse en su interior; un fatídico y frenético baile que de forma rápida iba menguando su capacidad y que pronto le llevaría a una desconexión total de sus propias funciones. El control ejercido sobre su tono muscular cedió, al igual que el de sus facciones, dada la imposibilidad de un control estructural por la falta de energía. Su rostro adquirió una horrenda hinchazón que cedió ante la fuerza de gravedad al igual que el resto de su cuerpo, que tampoco se vio libre de tales efectos, amorfoseándose de tal forma que prácticamente llegó a perder todo parecido al de una musculatura humana.

-Por favor..., sólo pido un poco más..., sólo un último esfuerzo...

 

El imparable ritmo que marcaban los micro-relés lo condujo hasta el final, hasta el momento en que la maquinaria interior de Robert dejó de funcionar paralizando de manera inexorable su vencido cuerpo; ya nada podía hacer salvo observar cómo había fracasado en su intento por salvar a Susan. Había violado el interior de su PTH y sacrificado su propia existencia sólo por intentarlo, aun así había merecido el esfuerzo ya que sin ella no valía la pena vivir.

 

“REALIZACIÓN DEL PROCESO COMPLETADO”

“ÉXITO EN EL 98% DEL PROGRAMA”

“¿DESEA REINICIAR ACTIVACIÓN DE PROCESO O ADMITE EL 98% DE ÉXITO?”

“REINICIALIZAR PROCESO”  “ADMITIDO PROCESO AL 98%”

 

No lo podía creer, el proceso de crisalización se había llevado a cabo con un porcentaje más que aceptable, lo había conseguido ¡Susan volvería a la vida! Aunque para ello todavía tenía que realizar un último esfuerzo. Sabía que si pasados unos minutos no se aceptaba ninguna opción el propio programa de la vaina optaría por la decisión preseleccionada, que en este caso era reinicializar el proceso, bien con los datos ya almacenados o con otros aportados por un juego nuevo de cilindros; la finalidad era alcanzar el cien por cien en dicho proceso. Robert sabía que no aguantaría si tuviera que pasar de nuevo por todo ello, y lo peor era que sin su ayuda Susan... Aunque carecía de fuerzas y movilidad para pulsar en la pantalla, hizo un último esfuerzo por intentar localizar la opción a través de sus conexiones al sistema, la falta de energía le hacía perder constantemente el camino que le llevaba a la instrucción deseada. El tiempo transcurría, pronto se autoseleccionaría la opción de “REINICIALIZAR...”, no le quedaba más que alguna poca corriente de fuga, pero tenía que conseguirlo, debía hacerlo...

 

“ADMITIDO PROCESO AL 98%”

 

...Y la vaina eclosionó.

El cuerpo de Susan apareció desnudo en su interior. Poseía el mismo aspecto físico que la desaparecida tiempo atrás, su misma estatura, su larga melena oscura y sus preciosos ojos verdes que resaltaban en aquel hermoso rostro de niña pese a tener bien entrada ya la treintena. Robert sabía que la estructuración morfológica había sido un éxito desde el principio ya que en esa parte del proceso no hubo ningún problema, lo que realmente le preocupaba ahora era otra cuestión, algo sutilmente más delicado.

Observó con mirada curiosa todo lo que se encontraba en el salón y después, con lentos movimientos, salió de la vaina. Se centró en el desecho que tenía delante y le vio a él allí, de rodillas, descarnado en su mayor parte, amorfo y deforme en otras, con decenas de cables que le conectaban a la vaina y a su fiel PTH que permanecía a su lado, tan inerte como él. Le miró a sus ojos y descubrió una mirada cálida, llena de bondad y alegría a la vez, una esperanza que le arrancó unas lágrimas de sus ahora vivos ojos verdes. Se arrodilló frente a Robert y su mano le acarició su cara con suma delicadeza; su rostro era toda dulzura.

 

-Pero tonto ¿qué has hecho?

-... Su... Susan...

-No te preocupes mi amor, yo te ayudaré...

 

Deslizó la cámara suavemente unos grados hacia la derecha. En la imagen del monitor podían observar un dormitorio y en él a dos personas que charlaban animosamente; uno se trataba de Robert que recostado en un sofá reclinable sonreía y parecía feliz. La otra persona frente a él era Susan, sentada sobre la cama, con las piernas cruzadas, le seguía con otra sonrisa la conversación. En otro lugar, dos hombres miraban fijamente lo que acontecía en el monitor, uno con curiosidad, el otro con cierta satisfacción.

-¿Así que desde hace tres meses viven igual de felices?

-Son la pareja ideal por antonomasia, se lo aseguro. La Dra. Harlin tenía unas ideas bastante claras sobre lo que para ella significaba el amor. Creía en el amor ideal, en ese amor verdadero que muchos son incapaces de encontrar en toda su vida, pero ella lo defendía por convicción y de corazón. Según Susan, lo único que ponía freno a ese sentimiento era la vejez y la muerte... No me malinterprete, los ancianos aman igual o más que los jóvenes, pero al sufrir enfermedades, al deteriorarse sus organismos, pierden la cabeza y ese amor se distorsiona, no es lo mismo... a veces ni siquiera llegan a reconocer a la persona que junto a ellos las han amado toda su vida... Sí, eso la desarmaba, el amor para siempre era algo que la obsesionaba.

-Comprendo.

-Ella, como científica, era muy buena, buenísima... Hay que reconocerlo, era brillante..., pero también algo rara. Dedicó toda su investigación a solventar lo que ella entendía era un problema y que en realidad no se trataba más que de una persistente obsesión psíquica suya. El resultado fue el primer prototipo totalmente operativo de ciber humanoide con capacidad de amar, todo un reto que al principio en la CiberHuman Tecnologies no acabábamos de aceptar ya que entendíamos que la gente, siendo reacia de por sí a los robots humanoides tradicionales, no aceptaría un modelo que les amase, alegarían que sería antinatural o algo por el estilo, y por ello pensábamos que se convertiría en una pérdida de tiempo, dinero y recursos... Pero ella hizo hincapié en que nos equivocábamos, nos aseguró que serían el futuro, que dejarían atrás a los tradicionales modelos trabajadores y hasta superaría en ventas a los modelos estándar bélicos; que en el mundo había mucha gente necesitada de verdadero amor y que ellos cubrirían esa necesidad, que los modelos con capacidad de amar eran el futuro...

-¿Eso pensaba ella?

-Bueno, así es como nos vendió el proyecto. Pienso que el factor de beneficios de la CiberHuman no le importaba en absoluto, ella continuaba su búsqueda del amor verdadero, de ese sentimiento que durase toda la vida independientemente de lo longeva que ésta fuera, ella seguía buscando ese amor eterno.

-Y construyó al ROB-ert clase L.

-En efecto. Fue el último de una serie de pruebas y el primer prototipo funcional que la doctora creó. Como era de esperar lo hizo basándose en su concepto de hombre ideal, tanto físico como emocionalmente... Y lógicamente acabó enamorándose de él. Susan era una de esas personas que necesitaban cubrir ese vacío y suponemos que con Robert se sintió completa. Poco antes del accidente ella se autorrealizó unas pruebas de compatibilización, suponemos que motivadas por la naturaleza de sus investigaciones... ¿Casualidad? Queremos pensar que sí, aunque quién sabe lo que pasaba por su cabeza en aquel momento. El caso es que Robert había sido expresamente diseñado con una función específica, y claro, no tardó en solicitarnos una compañera a la que pudiera amar. Conocía las pruebas realizadas por Susan y creemos que ya por entonces se había enamorado pues insistía en que era la única en su vida y que debía de ser ella.

-Ya veo, ya...

-La CiberHuman pensó que se les presentaba de este modo una única oportunidad para estudiar y ampliar el conocimiento sobre el comportamiento de estos modelos, así que decidimos preparar una vaina y una ciber humanoide receptora para la Dra. Harlin. El resto ya lo conoce.

-Es... fantástico. Pero si yo fuera la doctora no me gustaría estar vigilada por cámaras durante el resto de mi larga vida.

-Es probable, pero entienda que ella ha conseguido lo que tanto ansiaba, el amor eterno junto al hombre de su vida, Robert. Su metacarne ya se encuentra totalmente adherida y sus sistemas en estado óptimo ¿qué más puede querer? ¿Qué más puede desear? Muy posiblemente nos sobrevivan a todos, es lo que buscaba. Pero debe de comprender que le quedó una deuda pendiente con nosotros, y continuaremos las investigaciones estudiando sus comportamientos, no lo dude. Así que, como ve, ella estaba en lo cierto, ellos son el futuro en ciber humanoides, cuando el mundo conozca la nueva facultad de estos modelos para entablar relaciones sentimentales será una revolución total y absoluta y, si al final decide invertir en la CiberHuman Tecnologies, créame si le digo que se hará una persona muy rica, ya lo creo.

-Ciertamente estoy muy impresionado con todo esto... Necesitaría tiempo para asimilarlo.

-Perfecto, ya que conoce todos los detalles podremos discutirlo durante el almuerzo... Ya verá como toma la decisión apropiada, no se arrepentirá.

 

 

Enero de 2003

 

 
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