| ¡Que me dejes
de una vez, estoy harto de esta jodida situación!,
¿me oyes? Si te vas, ¡vete! Pero vete de
verdad, no sólo a medias, no en algunos momentos.
¿Se puede saber por qué de buenas a primeras
me haces esto? ¿Es que no tienes otra cosa que
hacer que perseguirme y luego abandonarme?, ¿qué
recordarme constantemente tu presencia, o debería
decir tu ausencia, ahora que ya no estás? Porque
ahora sí es seguro, ¡no estás! Aunque
dentro de un momento... ¡Deja de jugar al escondite
conmigo y mis sentimientos!, ¿quieres? ¡Por
el amor de Dios, si te vas, vete, y no vuelvas! ¡Deja
de acosarme, de obligarme a recordar además todos
aquellos momentos que hemos pasado juntos, felices y
desgraciados, solos o en compañía! Déjalo
ya ¿me oyes? ¡Deja de hacer todo lo que
estás haciendo, no lo soporto!, ¡NO TE
SOPORTO!
¡Eh, un momento, no, era broma,
de verdad que lo era! ¿Dónde estás?
Por favor muéstrate, vuelve a hacerlo, hazlo
y quédate. Deja que te explique lo que siento
por ti y cómo me siento cuando me dejas. Permíteme
que te lo explique sólo por esta vez, verás,
estoy seguro que si me esfuerzo, si consigo escoger
las palabras idóneas, si soy capaz de expresar
mis sentimientos con la misma claridad con que puedo
sentirlos, inevitablemente cambiarás de opinión,
haré que te quedes. ¡Estoy seguro de ello!
¿Dónde estás?
¿Estás ahí? Te siento, pero sigo
sin verte.
Cariño, te lo ruego, déjame
verte. De acuerdo, lo haré sin tocarte. Prometo
que no intentaré tocarte, sé que eso es
importante para ti, y es más, sabes que lo respeto,
siempre lo he hecho. Si quieres, en fin, si lo prefieres
ni siquiera me acercaré a ti, pero ven, ven hasta
aquí, por favor, necesito tenerte cerca de mí,
todo lo cerca que tú consientas, sí, vale,
de acuerdo, pero cerca... quiero observarte, ver cómo
me rodeas cuando giro en torno tuyo, como hemos hecho
jugueteando otras veces, disfrutar de tu imagen, de
tu presencia, volver a dibujar una vez más tus
formas...
Yo, ¡joder se me va la cabeza!
¿Qué estaba diciendo?... En fin, yo, no
sé qué más puedo decirte para que
salgas de donde estés. Ya sabes que no puedo
vivir sin ti, lo sabes ¿a que sí? ¿Entonces
por qué insistes en hacerme sufrir? ¿Por
qué has desaparecido de mi vida, de mi vista,
sin más? Dime, ¿qué te he hecho
yo para que me trates de este modo? ¿Es que ya
no significo nada para ti? ¿Ya no soy lo suficientemente
bueno, lo suficientemente humano? ¿Tanto he cambiado
acaso? No, no he cambiado, a eso puedo contestarte en
este preciso momento. Sigo siendo el mismo. En esencia,
soy exactamente igual al de aquel soleado día
que nos conocimos.
Seamos sinceros, ¿o debería
decir adultos? Lo que ocurre ahora, nuestro problema,
si es que lo hay, es el tiempo que nos ha tocado vivir,
el lugar donde lo hicimos durante un tiempo, y las circunstancias,
¡sí, sobre todo las circunstancias! Si
hubiésemos estado siempre en la Tierra todo sería
distinto, nuestra relación seguiría yendo
viento en popa, como siempre lo hizo. Seríamos
el uno para el otro, yo formaría parte de ti
y tú de mí, porque ambos nos necesitamos
para existir, somos complementarios, y sabes que eso
es así te pongas como te pongas.
Venga preciosa, deja de jugar, por
favor te lo pido. Querida, ¿estás ahí?
¿Acaso te importa algo de lo que digo? ¿Te
emociona saber que estoy sufriendo, eh?
¿Hola? ¡Joder! ¿Se
puede saber dónde coño te has metido y
por qué sigues con este estúpido juego?
Me aburre ¿sabes? Me cansa. ¡Eh!, ¿me
estás escuchando? ¿Cariño? Cariiiiiiñoooo.
Vale, perfecto, ya entiendo, a ti te
parece gracioso todo esto, ¿verdad? Te divierte
hacerme sentir así ¿no es eso? Sí,
ya sé, supongo que sentirás un inmenso
placer mientras ves cómo me retuerzo de dolor,
cómo temo volver a sentir ese vacío que
me pone del revés cuando sé que me has
abandonado. Cuando me dejas solo.
¿Qué haces? ¿Te
mueves, estás quieta? No puedo verte pero sé
que estás ahí, ahora, precisamente ahora,
sé que estás ahí, moviéndote
en la oscuridad de un lado al otro, al mismo tiempo
que yo te busco medio arrastrándome por la habitación.
Sí, te gusta castigarme con tu silencio mientras
te paseas alrededor mío, sin que yo pueda verte,
pero sintiéndote a cada segundo que pasa, porque
esa es la ventaja que tengo sobre ti, que hagas lo que
hagas, te escondas donde te escondas, puedo sentirte.
Y sé que ahora estás aquí conmigo.
¡Vale, ya está, se acabó
el juego! No pienso moverme. Pienso dejar mis pies completamente
inmóviles sobre este baldosín, esperando
que te dejes ver, no trasmitas nada si no quieres, pero
déjate ver.
Uno, dos, tres.
¡Querida basta ya!, ¿me
oyes? ¿Amor?
Esto ya no tiene gracia. ¡Muéstrate!
¿No lo haces? ¿No? ¿Serás
zorra? ¡Eh!, ¿pues sabes qué te
digo? Que si no apareces en este preciso momento, si
no apareces YA, juro que lo lamentarás durante
el poco tiempo que te quede de existencia, porque, y
puedes estar segura de ello, ya me encargaré
yo de que ese tiempo sea poco. ¡Cerrrda! Eso es
lo que eres, siempre, SIEMPRE lo fuiste. Llevas meses
burlándote de mí, provocándome
y luego huyendo, para dejarme con el corazón
destrozado. Desde el mismo día en que me di cuenta
de tu ausencia, desde el mismo día en que supe
que aunque no estuvieras eras mía y sólo
MÍA, has hecho todo lo que ha estado en tu mano
por obsesionarme con tu presencia, con tu existencia,
con la hermosura de tu imagen... pero no eres más
que basura, sí, eso es lo que eres, basura. Disfrutas
haciéndome sufrir, demostrándome que eres
imprescindible, que yo sin ti no soy nada, ¿pero
sabes qué? Que esto se va a acabar, en el preciso
momento en que consiga verte yo...
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!
¡Dios no, no, no! ¡Por favor... devuélvemela,
devuélvemela!
-Eh, eh, Fede, ¡Fede tío,
despierta!
-¿Qué pasa? ¿Dónde
estoy? ¿Dónde? ¿Qué? ¡Dios,
Manu, otra vez, otra vez lo mismo!
-¿La misma pesadilla?
-Ajá.
-¡Pero vamos a ver, esto ya clama
al cielo, tío! ¿Se puede saber a qué
narices vienen esas pesadillas? ¿De qué
van? ¿Tan horribles son? Vamos, explícate,
y no te dejes nada. Creo que ya he soportado esto durante
bastante tiempo, cualquier persona en mi lugar y sobre
todo en sus cabales, habría renunciado a vivir
contigo. ¡Las noches en la habitación de
al lado, son un infierno gracias a ti, chaval! A ver,
¿es que te has vuelto majara o qué? ¿Qué
es lo que te pasa? Desde que volviste de L-yan III no
eres el mismo. Es más, juraría que esas
pesadillas se repiten con más frecuencia desde
que sabes que yo iré. ¿Qué pasa,
es que no te agrada la idea de que yo repita tu experiencia?,
¿estás envidiosillo?
-Manu, a mí esto no me hace
ni puñetera gracia ¿sabes?
-Venga tío no te pongas así,
dime, ¿es que presenciaste algo negativo, algo
que no te gustó y que no quieres contarme por
no desanimarme? ¿Qué pasa, es que aquellas
gentes no son lo que parecen o algo así? Viniste
hablando maravillas de ellos y ahora...
-Nooo, no, ¡que va! El planeta
es la caña. En serio. Creo que ir allí
es lo más excitante que he hecho en los últimos
tiempos, lo que ocurre es que, en fin, yo, no sé,
no sé cómo explicarlo exactamente. Además,
sé que me vas a tomar por un majadero...
-Ah bueno, para eso ya es tarde.
-Menos coñas ¿vale? Verás,
yo al principio no fui consciente de nada, de entrada
L-yan III me parecía maravilloso; sus gentes,
sus costumbres, sus creencias, incluso su oscuro hábitat
subterráneo. Durante los primeros días
no noté nada extraño, la verdad, y es
que la cosa no era para menos, todo era amabilidad y
atenciones hacia mí y hacia aquellas otras personas
que, como yo, realizaban uno de los viajes de vacaciones
culturales programados. En fin, qué te voy a
contar, las relaciones interraciales iban a las mil
maravillas, las rutas turísticas a lo largo y
ancho de la ciudad l-yanense eran de lo más entretenidas
y didácticas, y mi estancia en general transcurría
sin ningún tipo de contratiempo... ¡No
te digo más! Ni me afectó el cambio de
horario, ni el clima húmedo, ni las comidas...
ni siquiera las gafas que te obligaban a llevar, esas
mismas que necesitarás también tú
para poder moverte aún con ellas en semipenumbra
por cualquier rincón de la ciudad, pero bueno,
eso ya te lo explicarán cuando llegue el momento.
El caso es que yo no tuve un solo dolor de cabeza, como
me advirtieron que podría pasar, ni un mareo,
ni una alucinación, ¡nada! Así que,
en definitiva, no podía hacer otra cosa que disfrutar
de todo aquello que me rodeaba, ¡L-yan III era
perfecto! No obstante una tarde, de buenas a primeras,
sobrevino mi pesadilla: Allí estaba, o mejor
dicho, me percaté por primera vez de que no estaba.
Verás, esa tarde estábamos visitando uno
de los muchos museos pictóricos que hay en L-yan
III y, cansado de escuchar las explicaciones del guía
sobre el cuadro que teníamos delante, acabé
desconectando. No sé durante cuánto tiempo
me quedé rezagado una vez terminaron de observar
el dichoso cuadrito, pero lo cierto es que, cuando volví
en mí, no vi a ninguno de mis compañeros,
ni extranjeros ni l-yanenses, y tampoco oía sus
lejanas voces a lo largo de los siguientes corredores.
En fin, supongo que eso me puso un poco nervioso, eso,
y el comprobar que, al mirar a mi alrededor, tampoco
había ninguno de esos tipos que están
al tanto de que no toques lo que debes, o te lleves
lo que no es tuyo. Y entonces ocurrió... Volví
a mirar en derredor mío y noté su ausencia.
Decidí quitarme las gafas, comprobando lo que
ya me advirtieron al ponérmelas, que los l-yanenses
vivían rodeados casi de la más absoluta
oscuridad. Aterrorizado ya a esas alturas, volví
a ponérmelas y a buscar; nada, no vi nada...
Me moví adelante y atrás y seguí
sin verla, sencillamente no estaba; ni en el techo,
ni en ninguna de las paredes que empezaban a pasar a
toda velocidad una vez eché a correr en busca
de mi grupo, ni tampoco en el suelo... Definitivamente
no estaba, no había ni rastro de ella, y lo peor
de todo no era que su ausencia hubiera tenido lugar
en el mismo momento en que llegué, sino que no
fui capaz de percatarme de ella hasta ese momento. No
la eché en falta, y quizás eso era lo
más triste de todo. Sí, supongo que ese
fue el motivo, lo que hizo que me sintiese mal a partir
de ese momento y hasta el día de hoy...
-¿Pero y qué narices
es lo que no estaba ya? ¿Qué es lo que
te faltaba, qué te dejaste aquí?
-¿Aquí? JAJA, ¡nada!
Aquí no me dejé nada. Lo que echaba en
falta es una parte muy importante de mí. Una
parte que todos poseemos y que dejamos de lado sin percatarnos
de ello en la mayoría de las ocasiones, sin darnos
cuenta de lo preciosa que es, de la compañía
que puede llegar a hacernos. En fin, no sé, tal
vez lo hagamos porque esta parte nuestra no tiene nada
de espiritual, no tiene nada de sesuda, nada de material,
pero sí es misteriosa, ¡eso te lo aseguro!,
y por supuesto otra forma esquiva de nuestro yo...
-¿Y qué otra parte es
esa, si puede saberse?
-Nuestra sombra, Manu, nuestra sombra.
Y yo fui un desconsiderado con ella. Ahora bien, desde
que llegué aquí, me lo está haciendo
pagar pero bien... ¡Qué! ¡No me mires
así hombre, que hablo completamente en serio!
Desde que llegamos a la Tierra, no hace más que
rehuirme.
Junio 2003
|