Contacta con NGC 3660
 

El día que me abandonaste Más sobre Pily B.

¡Que me dejes de una vez, estoy harto de esta jodida situación!, ¿me oyes? Si te vas, ¡vete! Pero vete de verdad, no sólo a medias, no en algunos momentos. ¿Se puede saber por qué de buenas a primeras me haces esto? ¿Es que no tienes otra cosa que hacer que perseguirme y luego abandonarme?, ¿qué recordarme constantemente tu presencia, o debería decir tu ausencia, ahora que ya no estás? Porque ahora sí es seguro, ¡no estás! Aunque dentro de un momento... ¡Deja de jugar al escondite conmigo y mis sentimientos!, ¿quieres? ¡Por el amor de Dios, si te vas, vete, y no vuelvas! ¡Deja de acosarme, de obligarme a recordar además todos aquellos momentos que hemos pasado juntos, felices y desgraciados, solos o en compañía! Déjalo ya ¿me oyes? ¡Deja de hacer todo lo que estás haciendo, no lo soporto!, ¡NO TE SOPORTO!

¡Eh, un momento, no, era broma, de verdad que lo era! ¿Dónde estás? Por favor muéstrate, vuelve a hacerlo, hazlo y quédate. Deja que te explique lo que siento por ti y cómo me siento cuando me dejas. Permíteme que te lo explique sólo por esta vez, verás, estoy seguro que si me esfuerzo, si consigo escoger las palabras idóneas, si soy capaz de expresar mis sentimientos con la misma claridad con que puedo sentirlos, inevitablemente cambiarás de opinión, haré que te quedes. ¡Estoy seguro de ello!

¿Dónde estás? ¿Estás ahí? Te siento, pero sigo sin verte.

Cariño, te lo ruego, déjame verte. De acuerdo, lo haré sin tocarte. Prometo que no intentaré tocarte, sé que eso es importante para ti, y es más, sabes que lo respeto, siempre lo he hecho. Si quieres, en fin, si lo prefieres ni siquiera me acercaré a ti, pero ven, ven hasta aquí, por favor, necesito tenerte cerca de mí, todo lo cerca que tú consientas, sí, vale, de acuerdo, pero cerca... quiero observarte, ver cómo me rodeas cuando giro en torno tuyo, como hemos hecho jugueteando otras veces, disfrutar de tu imagen, de tu presencia, volver a dibujar una vez más tus formas...

Yo, ¡joder se me va la cabeza! ¿Qué estaba diciendo?... En fin, yo, no sé qué más puedo decirte para que salgas de donde estés. Ya sabes que no puedo vivir sin ti, lo sabes ¿a que sí? ¿Entonces por qué insistes en hacerme sufrir? ¿Por qué has desaparecido de mi vida, de mi vista, sin más? Dime, ¿qué te he hecho yo para que me trates de este modo? ¿Es que ya no significo nada para ti? ¿Ya no soy lo suficientemente bueno, lo suficientemente humano? ¿Tanto he cambiado acaso? No, no he cambiado, a eso puedo contestarte en este preciso momento. Sigo siendo el mismo. En esencia, soy exactamente igual al de aquel soleado día que nos conocimos.

Seamos sinceros, ¿o debería decir adultos? Lo que ocurre ahora, nuestro problema, si es que lo hay, es el tiempo que nos ha tocado vivir, el lugar donde lo hicimos durante un tiempo, y las circunstancias, ¡sí, sobre todo las circunstancias! Si hubiésemos estado siempre en la Tierra todo sería distinto, nuestra relación seguiría yendo viento en popa, como siempre lo hizo. Seríamos el uno para el otro, yo formaría parte de ti y tú de mí, porque ambos nos necesitamos para existir, somos complementarios, y sabes que eso es así te pongas como te pongas.

Venga preciosa, deja de jugar, por favor te lo pido. Querida, ¿estás ahí? ¿Acaso te importa algo de lo que digo? ¿Te emociona saber que estoy sufriendo, eh?

¿Hola? ¡Joder! ¿Se puede saber dónde coño te has metido y por qué sigues con este estúpido juego? Me aburre ¿sabes? Me cansa. ¡Eh!, ¿me estás escuchando? ¿Cariño? Cariiiiiiñoooo.

Vale, perfecto, ya entiendo, a ti te parece gracioso todo esto, ¿verdad? Te divierte hacerme sentir así ¿no es eso? Sí, ya sé, supongo que sentirás un inmenso placer mientras ves cómo me retuerzo de dolor, cómo temo volver a sentir ese vacío que me pone del revés cuando sé que me has abandonado. Cuando me dejas solo.

¿Qué haces? ¿Te mueves, estás quieta? No puedo verte pero sé que estás ahí, ahora, precisamente ahora, sé que estás ahí, moviéndote en la oscuridad de un lado al otro, al mismo tiempo que yo te busco medio arrastrándome por la habitación. Sí, te gusta castigarme con tu silencio mientras te paseas alrededor mío, sin que yo pueda verte, pero sintiéndote a cada segundo que pasa, porque esa es la ventaja que tengo sobre ti, que hagas lo que hagas, te escondas donde te escondas, puedo sentirte. Y sé que ahora estás aquí conmigo.

¡Vale, ya está, se acabó el juego! No pienso moverme. Pienso dejar mis pies completamente inmóviles sobre este baldosín, esperando que te dejes ver, no trasmitas nada si no quieres, pero déjate ver.

Uno, dos, tres.

¡Querida basta ya!, ¿me oyes? ¿Amor?

Esto ya no tiene gracia. ¡Muéstrate!

¿No lo haces? ¿No? ¿Serás zorra? ¡Eh!, ¿pues sabes qué te digo? Que si no apareces en este preciso momento, si no apareces YA, juro que lo lamentarás durante el poco tiempo que te quede de existencia, porque, y puedes estar segura de ello, ya me encargaré yo de que ese tiempo sea poco. ¡Cerrrda! Eso es lo que eres, siempre, SIEMPRE lo fuiste. Llevas meses burlándote de mí, provocándome y luego huyendo, para dejarme con el corazón destrozado. Desde el mismo día en que me di cuenta de tu ausencia, desde el mismo día en que supe que aunque no estuvieras eras mía y sólo MÍA, has hecho todo lo que ha estado en tu mano por obsesionarme con tu presencia, con tu existencia, con la hermosura de tu imagen... pero no eres más que basura, sí, eso es lo que eres, basura. Disfrutas haciéndome sufrir, demostrándome que eres imprescindible, que yo sin ti no soy nada, ¿pero sabes qué? Que esto se va a acabar, en el preciso momento en que consiga verte yo...

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH! ¡Dios no, no, no! ¡Por favor... devuélvemela, devuélvemela!

-Eh, eh, Fede, ¡Fede tío, despierta!

-¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? ¿Dónde? ¿Qué? ¡Dios, Manu, otra vez, otra vez lo mismo!

-¿La misma pesadilla?

-Ajá.

-¡Pero vamos a ver, esto ya clama al cielo, tío! ¿Se puede saber a qué narices vienen esas pesadillas? ¿De qué van? ¿Tan horribles son? Vamos, explícate, y no te dejes nada. Creo que ya he soportado esto durante bastante tiempo, cualquier persona en mi lugar y sobre todo en sus cabales, habría renunciado a vivir contigo. ¡Las noches en la habitación de al lado, son un infierno gracias a ti, chaval! A ver, ¿es que te has vuelto majara o qué? ¿Qué es lo que te pasa? Desde que volviste de L-yan III no eres el mismo. Es más, juraría que esas pesadillas se repiten con más frecuencia desde que sabes que yo iré. ¿Qué pasa, es que no te agrada la idea de que yo repita tu experiencia?, ¿estás envidiosillo?

-Manu, a mí esto no me hace ni puñetera gracia ¿sabes?

-Venga tío no te pongas así, dime, ¿es que presenciaste algo negativo, algo que no te gustó y que no quieres contarme por no desanimarme? ¿Qué pasa, es que aquellas gentes no son lo que parecen o algo así? Viniste hablando maravillas de ellos y ahora...

-Nooo, no, ¡que va! El planeta es la caña. En serio. Creo que ir allí es lo más excitante que he hecho en los últimos tiempos, lo que ocurre es que, en fin, yo, no sé, no sé cómo explicarlo exactamente. Además, sé que me vas a tomar por un majadero...

-Ah bueno, para eso ya es tarde.

-Menos coñas ¿vale? Verás, yo al principio no fui consciente de nada, de entrada L-yan III me parecía maravilloso; sus gentes, sus costumbres, sus creencias, incluso su oscuro hábitat subterráneo. Durante los primeros días no noté nada extraño, la verdad, y es que la cosa no era para menos, todo era amabilidad y atenciones hacia mí y hacia aquellas otras personas que, como yo, realizaban uno de los viajes de vacaciones culturales programados. En fin, qué te voy a contar, las relaciones interraciales iban a las mil maravillas, las rutas turísticas a lo largo y ancho de la ciudad l-yanense eran de lo más entretenidas y didácticas, y mi estancia en general transcurría sin ningún tipo de contratiempo... ¡No te digo más! Ni me afectó el cambio de horario, ni el clima húmedo, ni las comidas... ni siquiera las gafas que te obligaban a llevar, esas mismas que necesitarás también tú para poder moverte aún con ellas en semipenumbra por cualquier rincón de la ciudad, pero bueno, eso ya te lo explicarán cuando llegue el momento. El caso es que yo no tuve un solo dolor de cabeza, como me advirtieron que podría pasar, ni un mareo, ni una alucinación, ¡nada! Así que, en definitiva, no podía hacer otra cosa que disfrutar de todo aquello que me rodeaba, ¡L-yan III era perfecto! No obstante una tarde, de buenas a primeras, sobrevino mi pesadilla: Allí estaba, o mejor dicho, me percaté por primera vez de que no estaba. Verás, esa tarde estábamos visitando uno de los muchos museos pictóricos que hay en L-yan III y, cansado de escuchar las explicaciones del guía sobre el cuadro que teníamos delante, acabé desconectando. No sé durante cuánto tiempo me quedé rezagado una vez terminaron de observar el dichoso cuadrito, pero lo cierto es que, cuando volví en mí, no vi a ninguno de mis compañeros, ni extranjeros ni l-yanenses, y tampoco oía sus lejanas voces a lo largo de los siguientes corredores. En fin, supongo que eso me puso un poco nervioso, eso, y el comprobar que, al mirar a mi alrededor, tampoco había ninguno de esos tipos que están al tanto de que no toques lo que debes, o te lleves lo que no es tuyo. Y entonces ocurrió... Volví a mirar en derredor mío y noté su ausencia. Decidí quitarme las gafas, comprobando lo que ya me advirtieron al ponérmelas, que los l-yanenses vivían rodeados casi de la más absoluta oscuridad. Aterrorizado ya a esas alturas, volví a ponérmelas y a buscar; nada, no vi nada... Me moví adelante y atrás y seguí sin verla, sencillamente no estaba; ni en el techo, ni en ninguna de las paredes que empezaban a pasar a toda velocidad una vez eché a correr en busca de mi grupo, ni tampoco en el suelo... Definitivamente no estaba, no había ni rastro de ella, y lo peor de todo no era que su ausencia hubiera tenido lugar en el mismo momento en que llegué, sino que no fui capaz de percatarme de ella hasta ese momento. No la eché en falta, y quizás eso era lo más triste de todo. Sí, supongo que ese fue el motivo, lo que hizo que me sintiese mal a partir de ese momento y hasta el día de hoy...

-¿Pero y qué narices es lo que no estaba ya? ¿Qué es lo que te faltaba, qué te dejaste aquí?

-¿Aquí? JAJA, ¡nada! Aquí no me dejé nada. Lo que echaba en falta es una parte muy importante de mí. Una parte que todos poseemos y que dejamos de lado sin percatarnos de ello en la mayoría de las ocasiones, sin darnos cuenta de lo preciosa que es, de la compañía que puede llegar a hacernos. En fin, no sé, tal vez lo hagamos porque esta parte nuestra no tiene nada de espiritual, no tiene nada de sesuda, nada de material, pero sí es misteriosa, ¡eso te lo aseguro!, y por supuesto otra forma esquiva de nuestro yo...

-¿Y qué otra parte es esa, si puede saberse?

-Nuestra sombra, Manu, nuestra sombra. Y yo fui un desconsiderado con ella. Ahora bien, desde que llegué aquí, me lo está haciendo pagar pero bien... ¡Qué! ¡No me mires así hombre, que hablo completamente en serio! Desde que llegamos a la Tierra, no hace más que rehuirme.

Junio 2003

 

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc[arroba]ngc3660.es