| Mentalmente podía
volver a verlo como si fuera ayer que sucedió;
allí estaba de nuevo el pobre chico, retorciéndose
entre continuas convulsiones, perdiendo el control de
todo su cuerpo mientras éste permanecía
grotescamente desparramado en el suelo, incluso antes
de que él, su querido abuelito, entrase en la
habitación. Manos, brazos, piernas, pies, cabeza...
todo se descoordinaba aquella tarde delante de sus viejas
y cansadas pupilas, convirtiéndose en un torbellino
de movimientos espasmódicos y desordenados al
tiempo que la vestimenta del muchacho se impregnaba
de orina y de aquella espuma que de cuando en cuando
burbujeaba de sus púberes labios.
Mientras pedía ayuda a gritos,
y procuraba que su nieto no se golpease o atragantase
con su propia saliva, se vio obligado a verle botar
cada vez con mayor violencia, sacudiéndose como
si estuviera recibiendo una potente descarga eléctrica.
De nuevo las conexiones de su cerebro funcionaban de
forma inadecuada por un corto periodo de tiempo. Aquel
día, después lo supo, además de
permanecer “en trance” más de cinco
minutos, su nieto perdió por primera vez la memoria…
y después de aquello se decidieron a operar.
Ahora, después de dos años
de esa crisis decisiva y a pesar de padecer aquella
horrible enfermedad, allí estaba, en su habitación-burbuja
como si nada hubiera sucedido. Tan tranquilo…
y saludándole al verlo entrar con una increíble
sonrisa que iluminó su corazón, y un poco
más su alma, si eso era posible.
-Hola Clinton -el abuelo guiñó
un ojo a su nieto, que ni mucho menos se llamaba así.
En realidad se trataba de una broma, ya que el muchacho
decía que algún día sería
el mejor político del mundo. Él, dadas
las circunstancias, no se atrevía a llevarle
la contraria-. ¿Cómo te encuentras hoy,
hijo?
-Bueno... supongo que bien, pero no
soy tu nieto Clinton, abuelo, soy Hertz -¿cambiaba
de personaje? Mal asunto…-, por cierto ¿has
visto lo que estuve haciendo esta misma mañana?
-evitó continuar con aquel tema de conversación
que tanto le aburría, y aprovechando la proximidad
de su abuelo, le enseñó desde el otro
lado del cristal su reciente invento: el pequeño
cajón, no era otra cosa que un antiguo transistor
más o menos claveteado de agujas de hacer punto-.
Estas piezas me las consiguió el androide -señaló
a la mujer de semblante extraordinariamente serio que
permanecía sentada al otro lado de su burbuja,
como su abuelo, pero en un rincón más
apartado de la habitación-, y gracias a ellas
he podido construirlo, ¿lo ves? ¿Sabes
para qué sirve, abue? -el otro negó con
la cabeza-. Sirve para poder hablar con ellos, por si
aún estuvieran ahí. Ahora podremos decirles
que ya nunca más volverá a suceder, que
lo hemos conseguido, que somos gente civilizada e inteligente.
¿Verdad que podremos hacerlo? ¿Verdad
que comunicaremos con ellos? ¡Cuéntame,
cuéntame otra vez cómo sucedió
todo, ahora mismo sólo recuerdo el final!
El anciano observó el pecoso
rostro de su nieto, procurando dominar el nudo que empezaba
a formársele en la boca del estómago…
Seguían en las mismas. Las crisis hacía
tiempo que volvieron y estaba claro que su pérdida
de memoria continuaba progresando, lo cual significaba
que estaban peor que al principio, ya que ahora no había
ninguna solución a la vista. Todo lo que se podía
hacer estaba hecho ya; no había fármacos
más potentes, ni dietas cetógenas que
valiesen, ni más operaciones alternativas ya
que tras la intervención no sólo no se
pudo hacer más, sino que se demostró que
ésta misma no había servido de mucho,
salvo, eso sí, para hacerles saber que la supuesta
epilepsia en realidad no lo era. Su nieto padecía
una grave enfermedad cerebral, eso estaba claro, pero
no se trataba de ninguna conocida, sólo parecida
a otras, y además de no responder a los mismos
tratamientos, ésta, avanzaba, avanzaba y avanzaba...
y mientras lo hacía no quedaba más remedio
que medicarle con cualquier fármaco anteriormente
prescrito y esperar. Esperar a que aquellos brotes de
amnesia remitiese, y se llevaran consigo la última
secuela que la enfermedad había traído
consigo hacía a penas quince días. Si
no sucedía así, entonces sería
la degeneración de su sistema inmunológico
lo que se llevaría al muchacho, eso, o quizá
con el tiempo su nieto terminaría por convertirse
en lo que en un principio procuraron evitar con la operación,
en un individuo-ausente.
-¿En serio no lo recuerdas?
-el viejo tomó una silla y se sentó frente
al cristal que los separaba a ambos.
-No joder, abuelo...
-¡Eh! ¡Jovencito, ya sabes
lo que opino de ese vocabulario!
-¡Lo siento, se me ha escapado!
En fin, si lo recordase no te pediría que me
lo contaras. Además, hace tiempo que no lo haces
y tengo tantas cosas en la cabeza...
El anciano no quiso preocuparle diciéndole
que ya habían hablado de todo aquel asunto la
tarde anterior, ¿para qué?
-Está bien. Veamos -se lo había
contado tantas veces que ya no sabía cómo
hacerlo para que no resultase tan monótono, aun
cuando no recordase su versión anterior-, la
cosa empezó de la forma más simple que
te puedas imaginar, bueno, lo de simple es un decir...
con la penúltima guerra que se liberó
en territorio iraquí a causa del petróleo.
¿Recuerdas, cuando los EEUU junto a Inglaterra
y a... ?
-¡España! ¡España
abuelo, España, que tampoco hace tanto de lo
de la unificación geopolítica de Europa!
-Eso, sí, España, que
no me has dado tiempo a terminar... Oye, ¿pero
tú no decías que no te acordabas? -su
corazón se aceleró. Tal vez algo estaba
cambiando, tal vez aquella secuela que había
aparecido hacía días fuera el summun de
la enfermedad y ahora ésta empezaba a remitir.
¿Sería eso posible? Al fin y al cabo faltaban
cinco días para que cumpliese los catorce años
y quizá... Por último comprobó
que su nieto hablaba y hablaba sin parar, y eso le obligó
a dejar de fantasear, porque eso es lo que estaba haciendo,
alimentarse sólo de fantasías.
-... Pero de algunas cosas sueltas
sí.
-Ya, bueno, entonces... ¿quieres
que siga?
-¡Por supuesto!
-Bien, pues, como te decía,
estos tres países decidieron declararle la guerra
a Iraq. ¿Por qué? Bueno, porque, según
ellos, estaba siendo capitaneado por un dictador-terrorista-genocida-racista-y-noséquémáscosasfeas,
que además de ser un peligro público para
su propio país, también lo era para el
resto del mundo. Claro que antes de declararle la guerra,
o al menos de hacerlo en voz alta, tuvieron la delicadeza
de instarle a deshacerse de todas sus armas de destrucción
masiva porque, ¡vaya!, era lo que realmente les
tenía preocupados y tal vez, si el iraquí
decidía deshacerse de ellas por las buenas, mostrando
así un importante gesto, se podría evitar
que las cosas terminaran saliéndose de madre.
¡Tonterías! En realidad esto sólo
sirvió para que el resto del mundo pudiera hacerse
a la idea de que habría una guerra más...
-¿Pero entonces quiénes
eran los buenos? -los ojos del muchacho se habían
abierto de par en par.
-¿En esta historia? Eeeeh, bueno,
no sé si decirte que no los había o que
según el punto de vista y creencias de quien
lo cuente, porque la verdad, ¡no lo sé!
Además, ¿quién soy yo para juzgar
a nadie? Sólo sé que los unos no respetaban
a los otros, y abusaban al mismo tiempo de su poder
sólo en su propio beneficio y en el de aquellos
que les siguieran a pies juntillas.
-Aaaah.
-Pero por dónde iba, ¡ah,
sí!, pues lo que te decía, que los yanquis
y sus dos países amigos terminaron declarándole
la guerra en voz alta a los iraquíes, escudando
decisiones y acciones en la “inmaculada”
bandera de la paz, cuando en realidad lo que siempre
habían perseguido era hacerse con, ya sabes,
el oro negro. Así podrían mantener su
nivel y ritmo de vida tal y como lo hacían hasta
ese momento.
Al escuchar esto último el chico
dio un respingo, y tirando definitivamente su reciente
invento sobre la cama, corrió a sentarse en el
suelo, de piernas cruzadas y frente a su abuelo;
-Eso es algo que a veces me pregunto,
¿por qué consintieron llegar hasta ese
extremo? ¿Si sabían que el petróleo
era un recurso perecedero, no entiendo muy bien por
qué continuaron consumiéndolo y guerreando
por él hasta llegar a ese punto? ¿No hubiese
sido mucho más fácil acabar haciendo lo
que terminaron por hacer y dejar al resto de países
en paz? Me refiero a que si sabían que los recursos
se acabarían tarde o temprano, y que además
utilizar medios de transporte impulsados por motores
que requerían el consumo de combustibles derivados
del petróleo; producir ciertos plásticos,
y blaaaa, blaaaa, blaaaaa... contaminaban el medio ambiente,
¡pues eso!, ¿por qué no se pusieron
manos a la obra antes e inventaron los medios de transporte
y materiales que utilizamos en la actualidad? Si además
son más rentables y ecológicos. La verdad,
abuelo, no entiendo cómo en el fondo podían
ser tan animales, no sólo mataban por el, ¿cómo
lo has llamado antes?
-Oro negro.
-Sí, eso, oro negro, sino que
iban a fastidiar pero bien a las siguientes generaciones
con tanta contaminación.
-Pueees -el abuelo tragó trabajosamente-,
en fin, qué sé yo, hijo, qué sé
yo .Tal vez porque había demasiados intereses
creados, no lo sé...
El muchacho se percató de que
el viejo se había entristecido merced a aquel
inocente comentario e intentó poner remedio;
-Bueno, como tú dices, el pasado
pasado está. Venga, sigue, sigue…
-¿Eh? -el viejo parpadeó
repetidamente-. De acuerdo, veamos, eeeeeh, bueno, pues
después de derrocar al líder iraquí
y cuando, varios años después, pudo ser
elegido un nuevo gobierno para ese país, todo
fue mucho, mucho peor. Este nuevo gobierno no sólo
se revolvió contra los que se supone fueron sus
salvadores, sino que sin dejarse amedrentar, supo muy
bien cómo jugar sus cartas. Aprovechó
la coyuntura y las nuevas desavenencias en las ya de
por sí menoscabadas relaciones entre los distintos
países de occidente y los EEUU, y consiguió
hacer que temporalmente reventase todo, ¡la mismísima
ONU...! Y sé que ahora te estarás preguntando,
¿y cómo lo consiguieron? Pues muy fácil,
hijo. Por un lado, el nuevo gobierno iraquí supo
cómo edulcorar sus discursos regalando los oídos
del resto del mundo con aquello que quería oír,
aunque en realidad se tratase sólo de amistosa
y comprensiva moralina, y por otra parte, pasó
lo que tenía que pasar; como ya ocurrió
antaño, en el momento de mayor tensión
y en vista de que no podían obtener aquello que
tanto volvían a anhelar sólo con sus bonitas
y, ¡oh, qué raro! patrióticas palabras,
los EEUU y sus queridos países aliados, volvieron
a enrabietarse cual niños que a veces parece
que son, y terminaron desoyendo a aquellos otros países
que abogaban por el diálogo y la espera. Con
éstas, y creyéndose en todo momento los
dueños y señores del mundo, y por descontado
de la suerte de todos sus habitantes, volvieron a actuar
bajo su propia responsabilidad.
-Le declararon la guerra otra vez a
Iraq -por primera vez la cara del muchacho se tiñó
de ansiedad.
-Eso es. Nuevamente enviaron tropas
y más tropas de guapetones muchachotes armados
hasta los dientes de aquello que era lo último
en armamento. Así que ya ves, mientras se deshacían
alegremente de un misil, y de otro, y de otro más,
y enviaban a más y más gente a disparar
en favor de la paz, los altos mandos de estos países
permanecían en sus respectivas “guaridas”
decidiendo quién debía celebrar la próxima
navidad o disfrutaría de una próxima paternidad,
y engañando entre tanto con emotivos discursos
a aquellos patriotas que se dejaban engatusar. Y ni
qué decir tiene, que al mismo tiempo desoían
a aquellas voces disconformes que salían a la
calle dispuestas a manifestarse una y otra vez, pidiendo
libertad para un pueblo que de una forma u otra estaba
siendo oprimido. Y todo ello, por supuesto, sin dejar
de asistir a sus sesiones de manicura. Afortunadamente
para todos fue entonces cuando...
-¡Fue entonces cuando desaparecieron,
eh, eh!
Un sonido metálico los interrumpió.
Ambos, nieto y abuelo, se volvieron para comprobar qué
sucedía;
-Otra vez lo ha vuelto a hacer, ¡lleva
una mañana! Creo que esta es la quinta vez que
se le cae algo de las manos, creo que Marta... Ese androide
está bastante jodido la verdad.
Esta vez el abuelo tardó un
poco más en reaccionar, pero al final lo hizo
tras dejar de examinar a la mujer:
-¡Ey! ¿Qué te dije
antes?
-¡Ostrás, lo siento, de
verdad, te juro que me sale solo! Pero es que, es que
creo que deberíais hacer algo con él porque
seguro que la cosa irá a peor, oye, ¿por
qué no me regaláis otro para mi cumpleaños?
-la mujer se levantó en ese momento sin hacer
casi ruido y salió de la habitación-.
Yo podría ahorrar y echaros una mano si son muy
caros. Podríais comprarme uno femenino también,
pero más joven y tal, ya sabes, con más
formas y un programa emocional un poco más evolucionado
que el de éste...
El muchacho se echó a reír
mientras el viejo le miraba sin seguirle la broma, procurando
no disimular su disgusto.
-Vale, vale, aguantaré con este
hasta que se caiga a trozos si eso te hace feliz...
pero sigue, sigue con lo que me estabas contando.
Su abuelo siguió observándole
en silencio.
-¡Vaaaaamos! -el chico golpeó
suavemente el cristal con los nudillos- ¿Qué
te pasa ahora? ¿Tendré que avisar a un
médico o qué? ¡A ver si va a resultar
que estás tú peor que yo! -ahora sí,
los ojos de su abuelo le dejaron entrever que estaba
a punto de conseguir lo que buscaba.
-Está bien, pero no vuelvas
a ser tan cruel con Marta, ¿de acuerdo?
-Vaaaaaale.
-Bien, pues, eeeeeeh, a ver, ¿por
dónde iba? -“Hertz” abrió
la boca pero enseguida la cerró. De buenas a
primeras o quizá por la historia con el androide,
ya no recordaba el punto exacto en el que se habían
quedado-. ¡Ah, ya!, sí, llevabas razón.
Ambos líderes, tanto el iraquí como el
estadounidense, desaparecieron pocos días antes
de que la guerra concluyese. Aquello desconcertó
al mundo entero, tanto, que aunque se siguió
guerreando, la ONU y otras alianzas que también
se tambaleaban, volvieron a restituirse. Entre tanto
el gobierno americano desconfiaba del iraquí
y lo mismo sucedía a la inversa, hasta que por
último, el conflicto concluyó dándoles
forzosamente la victoria a los americanos; sus enemigos
se habían terminado rindiendo, y esto fue lo
que evidenció que el pueblo iraquí ya
no contaba con su antiguo líder. No sabían
cómo aguantar la presión. Mientras, las
investigaciones habían seguido y nada se sabía
del paradero de ninguno de los dos desaparecidos. No
había ni rastro de ellos, ni vivos ni muertos,
así que tras “mediounirse” ambos
bandos, vencedores y vencidos, lo que sí supieron
a ciencia cierta es que los dos se habían desvanecido
del mapa exactamente en la misma fecha y seguramente
a la misma hora; uno de ellos mientras dormía,
y el otro creo que -el viejo soltó una corta
pero intensa carcajada-, bueno, ya sabes, mientras estaba
en el W.C.
-Ja,ja, ¡qué bueno!
-Muy bueno, sí... pero lo más
importante es que todos los países continuaron
aunando esfuerzos para intentar encontrarlos a ambos,
y sobre todo, eso era lo principal, quién podía
estar detrás de aquello.
-¿Y mira por dónde, quién
se lo iba a imaginar, eh ? ¡Oye, cuéntame
lo que pasó justo antes de que volviesen a aparecer
ambos sanos y salvos!
-¿Cuándo encontraron
el programa?
-¡Cuando encontraron el programa!
-Vaya, creía que eso era imposible
pero ya veo que cada vez tienes menos paciencia.
-Venga jod... ¡no te enrolles,
que además tengo hambre y dentro de media hora
van a venir con un par de hamburguesas para ti y para
mí! -el muchacho miró su reloj y después
guiñó un ojo-, me han dicho que por esta
vez puedo saltarme la dieta. Lo tengo todo previsto
¿eeeh?
-Ya veo ya, no se te va una. ¿Pero
estás seguro que puedes?
-Síiiiii, no te preocupes, ¡vamos!
-Eeeeh, pues, como sabes, aun sin sus
líderes a la cabeza, entre tanto las cosas continuaron
desarrollándose como lo venían haciendo
desde un principio. De nuevo, como pasó años
atrás, aquellos que ahora eran los amos y señores
de aquel territorio cuyo fluido subterráneo era
el preciado oro negro, comenzaron a extraer éste
y a almacenarlo allí donde se requería
en tanques próximos a algunos de los yacimientos.
Y bien, para no enrollarme mucho más, ¿por
cierto dijiste que mi hamburguesa fuera sin pepinillos?
-el muchacho asintió sonriendo-. De acuerdo,
entonces, como iba diciendo, justo una semana después
de empezar a sustraer el añorado petróleo,
uno de los tanques tuvo una fuga. Ésta dejó
escapar una enorme cantidad de crudo y de él,
salió disparado lo que en un principio se creyó
que era un burdo trozo de metal de este tamaño
aproximadamente -señaló palma y dedos
de su mano.
-¡El programa!
-Sí señor, el programa.
-Pero abuelo, cómo, ¿cómo
fue? Aunque sé que lo he debido ver en algún
documental de esos antiguos y cutres, ya me entiendes,
la verdad es que no lo recuerdo.
-Siempre lo digo y nunca lo hago, en
fin, un día de estos intentaré hacerme
con alguna copia actualizada de aquella segunda filmación,
para que puedas volver a verla. Prometido.
-¡Eso estaría cojo...!
¡Genial!
El viejo meneó la cabeza, pero
cuando el otro indicó sospechosamente la hora
en su reloj de pulsera, en seguida continuó con
aquella parte de la historia que a su nieto tanto le
entusiasmaba;
-Cuando volvieron a activar la holograbación,
ya con altos mandatarios y todo los medios de comunicación
habidos y por haber, en seguida activaron el programa
alienígena y un chorro de luz se proyectó
inundándolo todo de una cegadora luz. Como sabes,
en medio de aquel chorro, la imagen de un rostro semihumano
apareció como por ensalmo y empezó a aconsejar
a nuestra raza diciéndonos que... ¡bueno!
Tampoco recuerdo las palabras exactas, pero lo que escucharon
vino a ser más o menos algo así: Una
vez llegados al punto al que habíamos llegado
y dada la situación, no tenían más
remedio que intervenir, aun cuando tenían serias
dudas de cómo hacerlo. Según nuestros
amigos alienígenas, llevaban unos años
observándonos, justo como relatábamos
en algunas de nuestras ridículas películas
y obras literarias. Precisamente cuando estaban a punto
de dejarnos vivir en paz -pues parecía que efectivamente
éramos una raza inteligente-, a punto de ocuparse
de otros planetas que, como el nuestro, también
podrían interesarles dadas sus condiciones atmosféricas,
metimos la pata pero bien. ¿Cómo? Pues
parece ser que, sin saberlo, empezamos con el penúltimo
conflicto en Iraq y con todo lo que vino después
de éste, pero la gota que terminó colmando
el vaso fue cuando, unos años después,
volvimos a las andadas demostrando nuevamente que, según
ellos, nuestros intereses estaban por encima de cualquier
otra cosa; incluido el respeto por la vida. Gracias
a este hecho, el problema que se les planteó
fue el siguiente; si algunos de nosotros nos permitíamos
el lujo de ocupar territorios a la fuerza para hacernos
con las riquezas que había en su subsuelo, fuera
ésta o no la causa principal del conflicto, lleváramos
razón o no, ¿por qué no podían
hacer ellos lo mismo? Según parecía su
raza necesitaba de planetas con una atmósfera
como la de la Tierra, básicamente por su oxígeno.
Efectivamente no era imprescindible que el nivel de
oxígeno fuera exactamente el mismo que el que
había en el aire de nuestro planeta, pero sí
era lo más cómodo y satisfactorio para
su organismo, así que, aunque ciertamente ya
contaban con algún otro planeta que no era el
suyo natal, ¿por qué no poseer también
la Tierra? Ellos procreaban con demasiada frecuencia
y abundantemente, y siempre estarían más
cómodos si ya pudiesen tomar nuestro planeta.
Además, al igual que hacíamos nosotros
con el petróleo y otros recursos naturales, ellos
también podrían comerciar con nuestro
espacio una vez fuera suyo... por ello, después
de haber destapado descaradamente nuestro egoísmo,
¿por qué no podían actuar ellos
también guiándose del suyo? Ya nos dieron
una oportunidad y ahora, después de habernos
tambaleado definitivamente hacia el lado del barbarismo,
¿qué les impedía actuar del mismo
modo que lo hacíamos nosotros? ¿Nuestra
inteligencia? Según nuestros amigos, ésta
la hubiésemos demostrado encontrando una solución
al problema, no matando por un recurso que tarde o temprano
se acabaría agotando... Y bien, digamos que el
caso es que empezaban a tener las cosas claras y la
conciencia tranquila. ¿Así que, por qué
no tomar la Tierra YA? De otro modo tendrían
que esperar y ponerse manos a la obra para encontrar
un nuevo planeta, y no es que la cosa fuera ni muy fácil
ni muy abundante. Además, en caso de encontrarlo,
tendrían que volver a investigar el nivel de
inteligencia de aquella raza que lo habitase, si estuviera
habitado... Demasiado trabajo cuando ya tenían
un exquisito bocado listo para ser prácticamente
servido en el mismo interior de sus hambrientas boquitas
alienígenas. Pero aun así, y decidiendo
darnos una segunda oportunidad dado que ellos sí
se consideraban una raza civilizada e inteligente, decidieron
“tomar prestados” a ambos líderes
suponiendo que tal vez ellos acabarían esclareciendo
las pocas dudas que ya tenían al respecto, y
como era de esperar, el secuestro también acabó
resultando un fracaso. De todos modos, continuaron echando
mano de sus últimos resquicios de paciencia en
honor a aquellos momentos acertados de nuestra historia
-porque también los había-, e incluyendo
su mensaje junto a aquello que más parecíamos
anhelar en esos momentos, lo lanzaron haber si esta
vez había suerte. Al fin y al cabo nuestra raza
ya parió mentes algo más inteligentes
y humanas a lo largo de los años... ¡Y
en fin, qué más te voy a contar que no
estés viviendo ya! Afortunadamente se demostró
que haberlas las había porque, gracias a ellas,
gracias a todas esas mentes y brazos que se pusieron
manos a la obra cambiando radicalmente nuestro modo
de vida, y también gracias a esos nuevos políticos
que abogaron por la paz AUTÉNTICA y el libre
comercio... ¡Gracias a todos ellos, puedo ahora
contarte una y mil veces la historia de nuestra verdadera
evolución, querido hijo! Gracias a ellos, sí...
***
Volvió a limpiarse por enésima
vez la comisura de los labios con una servilleta de
papel. ¡Menudo banquete! El viejo cerró
la puerta de la habitación de su nieto y de nuevo,
como sucedía cada tarde, mientras sus pisadas
resonaban a lo largo del pasillo de aquella ostentosa
vivienda, volvía a sentirse satisfecho. Aunque,
tal vez...
Tal vez se había excedido relatando
su historia, tal vez cuando le contaba a su nieto aquellos
sucesos que le venía de contar, no debiera excederse
dándole opiniones personales o críticas
que pudieran ponerle de la parte que quizá, por
las circunstancias, no debía ser la suya.
Según empezó a bajar
las escaleras que le llevaban a la primera planta del
chalecito de sus hijos, vio subir a aquella mujer a
la que su propio hijo confundía ahora con un
androide. Marta la androide, ¡pobre!
-Papá…
El viejo, una vez estuvieron en el
mismo peldaño, tomó el rostro de su nuera
entre sus manos y le dio un beso en ambas mejillas.
-Como cada día, gracias, cielo.
Ella le miró durante unos instantes
en silencio, sin saber qué más le podía
decir y menos aquel día, pero en seguida cayó
en la cuenta:
-Creo -miró su reloj de pulsera-,
papi, creo que ya va haciéndose tarde.
-Lo sé, no te preocupes. ¿Acaso
crees que mi hijo no sabe que estoy aquí?
-¿Por qué lo dice?
-¿Qué por qué?
Muy fácil, querida, cada día que vengo
me voy más tarde y todavía no he coincidido
con él. Me refiero a aquellos días que
no tiene que viajar, por supuesto.
-¡Está muy ocupado! Últimamente...
-Sí, ya sé, ¡sé
perfectamente en qué está tan ocupado!
Desgraciadamente lo sé.
-Papá no empiece otra vez ¡por
favor! Sabe que yo, yo no puedo hacer nada.
-Lo sé, ni tampoco yo. Sólo
traté de darle mi opinión pero ya veo
que no sólo no la comparte, sino que no la soporta.
En fin, al menos tengo la certeza de que mi opinión
es la de la gran mayoría, y eso me hace sentir
bien. Ir con la cabeza bien alta, y no como él,
debería darle vergüenza...
-¡Papá por favor, no siga!
¡No siga!
-No, no sigo, ¡claro que no sigo!
Sé que tú no opinas como él y que
estás sufriendo, así que ya me callo,
o mejor aún, me voy. Pero eso sí, voy
a serte sincero por última vez con respeto a
este tema, y juro que ya no volveré a hablar
más de ello cuando vuelva, al igual que haré
todo lo posible por no cruzarme con tu marido como hace
él desde que hablamos seriamente de esto... Hoy,
tenía la esperanza de cruzarme con él
para poder mirarle a los ojos antes de “la gran
noche”, querida, ¿y sabes por qué?
Porque me hubiese gustado estar seguro de que seguía
siendo mi hijo, aquel pequeñajo a quien cuidé
y eduqué con todo mi amor. Aquél que,
como ahora mi nieto, quería ser “el mejor
político del mundo”... en serio, cariño,
me hubiera gustado haberlo visto para estar seguro de
que aún está ahí aquel ser humano
a quien yo engendré, y no uno de esos politicuchos
de segunda.
-¡Papá, por favor! Yo...
en fin, no es que quiera disculparle pero es que él,
él tampoco es el presidente. No está en
su mano...
-No sigas que sé por dónde
vas, y he de decirte, querida, que al menos para mí
eso no es excusa. Nos conocemos desde hace tiempo y
sé que tú eres de mi misma opinión,
pero, claro, por amor a tu esposo y a tu hijo... en
fin, no te lo reprocho, por supuesto, pero tampoco te
consiento que intentes disfrazar la verdad o convencerme
de algo que ni tú misma te crees. Que mi hijo
no sea el presidente de su partido político,
no significa que no sea una persona independiente y
aunque afín a las ideas políticas de su
“líder”, con sus propios criterios
con respecto a ciertos temas... o al menos eso espero.
En fin, creo que aquel que contempla cómo mata
el asesino, sin intentar hacer algo cuando es seguro
que si lo hace puede evitar esa muerte, se convierte
en un ser tan miserable como él. En este caso
“el asesinato” estaba más que premeditado,
y él ha estado apoyándolo desde el principio
hasta el final... es decir, que ha tenido tiempo más
que suficiente para decir HASTA AQUÍ y no lo
ha hecho, lo que a mis ojos lo convierte en un ser despreciable
-la mujer terminó echándose las manos
a la cara-. Pero en fin, me voy. Que tengas un buen
día durante la tarde de hoy, cariño, porque
mañana, mañana por supuesto será
otra historia que procuraré reinventar para cuando
vuelva a ver a mi nieto. Afortunadamente a él
siempre le gustó la ciencia-ficción...
La mujer subió lentamente un
par de escaleras, enjuagándose el llanto para
que su hijo no la viera así:
-¡Ah, por cierto! Sé que
lo sabes de sobra, pero -el viejo continuaba en el mismo
escalón pero ahora girado para poder contemplar
a la mujer-, por si surgiese el tema entre tu marido
y tú y todavía no fuera demasiado tarde
para que, al menos él, deje de apoyar esta farsa,
coméntale que de todas las versiones que le conté
sobre este tema a su hijo, la que más le ha entusiasmado
es aquella donde todos nos damos cuenta del error que
estamos cometiendo. Coméntaselo si no lo has
hecho ya, a ver qué le parece. Dile que lo que
más le gusta es saber que la humanidad cambiará
en el futuro, que será capaz de madurar y ya
no volverá a cometer errores tan estúpidos
como el que se cometerá esta misma noche, cuando
empiecen los bombardeos. Y ahora sí, adiós
querida, y que tengas un buen día.
|