Contacta con NGC 3660
 

Abuelito dime tú... Más sobre Pily B.

Mentalmente podía volver a verlo como si fuera ayer que sucedió; allí estaba de nuevo el pobre chico, retorciéndose entre continuas convulsiones, perdiendo el control de todo su cuerpo mientras éste permanecía grotescamente desparramado en el suelo, incluso antes de que él, su querido abuelito, entrase en la habitación. Manos, brazos, piernas, pies, cabeza... todo se descoordinaba aquella tarde delante de sus viejas y cansadas pupilas, convirtiéndose en un torbellino de movimientos espasmódicos y desordenados al tiempo que la vestimenta del muchacho se impregnaba de orina y de aquella espuma que de cuando en cuando burbujeaba de sus púberes labios.

Mientras pedía ayuda a gritos, y procuraba que su nieto no se golpease o atragantase con su propia saliva, se vio obligado a verle botar cada vez con mayor violencia, sacudiéndose como si estuviera recibiendo una potente descarga eléctrica. De nuevo las conexiones de su cerebro funcionaban de forma inadecuada por un corto periodo de tiempo. Aquel día, después lo supo, además de permanecer “en trance” más de cinco minutos, su nieto perdió por primera vez la memoria… y después de aquello se decidieron a operar.

Ahora, después de dos años de esa crisis decisiva y a pesar de padecer aquella horrible enfermedad, allí estaba, en su habitación-burbuja como si nada hubiera sucedido. Tan tranquilo… y saludándole al verlo entrar con una increíble sonrisa que iluminó su corazón, y un poco más su alma, si eso era posible.

-Hola Clinton -el abuelo guiñó un ojo a su nieto, que ni mucho menos se llamaba así. En realidad se trataba de una broma, ya que el muchacho decía que algún día sería el mejor político del mundo. Él, dadas las circunstancias, no se atrevía a llevarle la contraria-. ¿Cómo te encuentras hoy, hijo?

-Bueno... supongo que bien, pero no soy tu nieto Clinton, abuelo, soy Hertz -¿cambiaba de personaje? Mal asunto…-, por cierto ¿has visto lo que estuve haciendo esta misma mañana? -evitó continuar con aquel tema de conversación que tanto le aburría, y aprovechando la proximidad de su abuelo, le enseñó desde el otro lado del cristal su reciente invento: el pequeño cajón, no era otra cosa que un antiguo transistor más o menos claveteado de agujas de hacer punto-. Estas piezas me las consiguió el androide -señaló a la mujer de semblante extraordinariamente serio que permanecía sentada al otro lado de su burbuja, como su abuelo, pero en un rincón más apartado de la habitación-, y gracias a ellas he podido construirlo, ¿lo ves? ¿Sabes para qué sirve, abue? -el otro negó con la cabeza-. Sirve para poder hablar con ellos, por si aún estuvieran ahí. Ahora podremos decirles que ya nunca más volverá a suceder, que lo hemos conseguido, que somos gente civilizada e inteligente. ¿Verdad que podremos hacerlo? ¿Verdad que comunicaremos con ellos? ¡Cuéntame, cuéntame otra vez cómo sucedió todo, ahora mismo sólo recuerdo el final!

El anciano observó el pecoso rostro de su nieto, procurando dominar el nudo que empezaba a formársele en la boca del estómago… Seguían en las mismas. Las crisis hacía tiempo que volvieron y estaba claro que su pérdida de memoria continuaba progresando, lo cual significaba que estaban peor que al principio, ya que ahora no había ninguna solución a la vista. Todo lo que se podía hacer estaba hecho ya; no había fármacos más potentes, ni dietas cetógenas que valiesen, ni más operaciones alternativas ya que tras la intervención no sólo no se pudo hacer más, sino que se demostró que ésta misma no había servido de mucho, salvo, eso sí, para hacerles saber que la supuesta epilepsia en realidad no lo era. Su nieto padecía una grave enfermedad cerebral, eso estaba claro, pero no se trataba de ninguna conocida, sólo parecida a otras, y además de no responder a los mismos tratamientos, ésta, avanzaba, avanzaba y avanzaba... y mientras lo hacía no quedaba más remedio que medicarle con cualquier fármaco anteriormente prescrito y esperar. Esperar a que aquellos brotes de amnesia remitiese, y se llevaran consigo la última secuela que la enfermedad había traído consigo hacía a penas quince días. Si no sucedía así, entonces sería la degeneración de su sistema inmunológico lo que se llevaría al muchacho, eso, o quizá con el tiempo su nieto terminaría por convertirse en lo que en un principio procuraron evitar con la operación, en un individuo-ausente.

-¿En serio no lo recuerdas? -el viejo tomó una silla y se sentó frente al cristal que los separaba a ambos.

-No joder, abuelo...

-¡Eh! ¡Jovencito, ya sabes lo que opino de ese vocabulario!

-¡Lo siento, se me ha escapado! En fin, si lo recordase no te pediría que me lo contaras. Además, hace tiempo que no lo haces y tengo tantas cosas en la cabeza...

El anciano no quiso preocuparle diciéndole que ya habían hablado de todo aquel asunto la tarde anterior, ¿para qué?

-Está bien. Veamos -se lo había contado tantas veces que ya no sabía cómo hacerlo para que no resultase tan monótono, aun cuando no recordase su versión anterior-, la cosa empezó de la forma más simple que te puedas imaginar, bueno, lo de simple es un decir... con la penúltima guerra que se liberó en territorio iraquí a causa del petróleo. ¿Recuerdas, cuando los EEUU junto a Inglaterra y a... ?

-¡España! ¡España abuelo, España, que tampoco hace tanto de lo de la unificación geopolítica de Europa!

-Eso, sí, España, que no me has dado tiempo a terminar... Oye, ¿pero tú no decías que no te acordabas? -su corazón se aceleró. Tal vez algo estaba cambiando, tal vez aquella secuela que había aparecido hacía días fuera el summun de la enfermedad y ahora ésta empezaba a remitir. ¿Sería eso posible? Al fin y al cabo faltaban cinco días para que cumpliese los catorce años y quizá... Por último comprobó que su nieto hablaba y hablaba sin parar, y eso le obligó a dejar de fantasear, porque eso es lo que estaba haciendo, alimentarse sólo de fantasías.

-... Pero de algunas cosas sueltas sí.

-Ya, bueno, entonces... ¿quieres que siga?

-¡Por supuesto!

-Bien, pues, como te decía, estos tres países decidieron declararle la guerra a Iraq. ¿Por qué? Bueno, porque, según ellos, estaba siendo capitaneado por un dictador-terrorista-genocida-racista-y-noséquémáscosasfeas, que además de ser un peligro público para su propio país, también lo era para el resto del mundo. Claro que antes de declararle la guerra, o al menos de hacerlo en voz alta, tuvieron la delicadeza de instarle a deshacerse de todas sus armas de destrucción masiva porque, ¡vaya!, era lo que realmente les tenía preocupados y tal vez, si el iraquí decidía deshacerse de ellas por las buenas, mostrando así un importante gesto, se podría evitar que las cosas terminaran saliéndose de madre. ¡Tonterías! En realidad esto sólo sirvió para que el resto del mundo pudiera hacerse a la idea de que habría una guerra más...

-¿Pero entonces quiénes eran los buenos? -los ojos del muchacho se habían abierto de par en par.

-¿En esta historia? Eeeeh, bueno, no sé si decirte que no los había o que según el punto de vista y creencias de quien lo cuente, porque la verdad, ¡no lo sé! Además, ¿quién soy yo para juzgar a nadie? Sólo sé que los unos no respetaban a los otros, y abusaban al mismo tiempo de su poder sólo en su propio beneficio y en el de aquellos que les siguieran a pies juntillas.

-Aaaah.

-Pero por dónde iba, ¡ah, sí!, pues lo que te decía, que los yanquis y sus dos países amigos terminaron declarándole la guerra en voz alta a los iraquíes, escudando decisiones y acciones en la “inmaculada” bandera de la paz, cuando en realidad lo que siempre habían perseguido era hacerse con, ya sabes, el oro negro. Así podrían mantener su nivel y ritmo de vida tal y como lo hacían hasta ese momento.

Al escuchar esto último el chico dio un respingo, y tirando definitivamente su reciente invento sobre la cama, corrió a sentarse en el suelo, de piernas cruzadas y frente a su abuelo;

-Eso es algo que a veces me pregunto, ¿por qué consintieron llegar hasta ese extremo? ¿Si sabían que el petróleo era un recurso perecedero, no entiendo muy bien por qué continuaron consumiéndolo y guerreando por él hasta llegar a ese punto? ¿No hubiese sido mucho más fácil acabar haciendo lo que terminaron por hacer y dejar al resto de países en paz? Me refiero a que si sabían que los recursos se acabarían tarde o temprano, y que además utilizar medios de transporte impulsados por motores que requerían el consumo de combustibles derivados del petróleo; producir ciertos plásticos, y blaaaa, blaaaa, blaaaaa... contaminaban el medio ambiente, ¡pues eso!, ¿por qué no se pusieron manos a la obra antes e inventaron los medios de transporte y materiales que utilizamos en la actualidad? Si además son más rentables y ecológicos. La verdad, abuelo, no entiendo cómo en el fondo podían ser tan animales, no sólo mataban por el, ¿cómo lo has llamado antes?

-Oro negro.

-Sí, eso, oro negro, sino que iban a fastidiar pero bien a las siguientes generaciones con tanta contaminación.

-Pueees -el abuelo tragó trabajosamente-, en fin, qué sé yo, hijo, qué sé yo .Tal vez porque había demasiados intereses creados, no lo sé...

El muchacho se percató de que el viejo se había entristecido merced a aquel inocente comentario e intentó poner remedio;

-Bueno, como tú dices, el pasado pasado está. Venga, sigue, sigue…

-¿Eh? -el viejo parpadeó repetidamente-. De acuerdo, veamos, eeeeeh, bueno, pues después de derrocar al líder iraquí y cuando, varios años después, pudo ser elegido un nuevo gobierno para ese país, todo fue mucho, mucho peor. Este nuevo gobierno no sólo se revolvió contra los que se supone fueron sus salvadores, sino que sin dejarse amedrentar, supo muy bien cómo jugar sus cartas. Aprovechó la coyuntura y las nuevas desavenencias en las ya de por sí menoscabadas relaciones entre los distintos países de occidente y los EEUU, y consiguió hacer que temporalmente reventase todo, ¡la mismísima ONU...! Y sé que ahora te estarás preguntando, ¿y cómo lo consiguieron? Pues muy fácil, hijo. Por un lado, el nuevo gobierno iraquí supo cómo edulcorar sus discursos regalando los oídos del resto del mundo con aquello que quería oír, aunque en realidad se tratase sólo de amistosa y comprensiva moralina, y por otra parte, pasó lo que tenía que pasar; como ya ocurrió antaño, en el momento de mayor tensión y en vista de que no podían obtener aquello que tanto volvían a anhelar sólo con sus bonitas y, ¡oh, qué raro! patrióticas palabras, los EEUU y sus queridos países aliados, volvieron a enrabietarse cual niños que a veces parece que son, y terminaron desoyendo a aquellos otros países que abogaban por el diálogo y la espera. Con éstas, y creyéndose en todo momento los dueños y señores del mundo, y por descontado de la suerte de todos sus habitantes, volvieron a actuar bajo su propia responsabilidad.

-Le declararon la guerra otra vez a Iraq -por primera vez la cara del muchacho se tiñó de ansiedad.

-Eso es. Nuevamente enviaron tropas y más tropas de guapetones muchachotes armados hasta los dientes de aquello que era lo último en armamento. Así que ya ves, mientras se deshacían alegremente de un misil, y de otro, y de otro más, y enviaban a más y más gente a disparar en favor de la paz, los altos mandos de estos países permanecían en sus respectivas “guaridas” decidiendo quién debía celebrar la próxima navidad o disfrutaría de una próxima paternidad, y engañando entre tanto con emotivos discursos a aquellos patriotas que se dejaban engatusar. Y ni qué decir tiene, que al mismo tiempo desoían a aquellas voces disconformes que salían a la calle dispuestas a manifestarse una y otra vez, pidiendo libertad para un pueblo que de una forma u otra estaba siendo oprimido. Y todo ello, por supuesto, sin dejar de asistir a sus sesiones de manicura. Afortunadamente para todos fue entonces cuando...

-¡Fue entonces cuando desaparecieron, eh, eh!

Un sonido metálico los interrumpió. Ambos, nieto y abuelo, se volvieron para comprobar qué sucedía;

-Otra vez lo ha vuelto a hacer, ¡lleva una mañana! Creo que esta es la quinta vez que se le cae algo de las manos, creo que Marta... Ese androide está bastante jodido la verdad.

Esta vez el abuelo tardó un poco más en reaccionar, pero al final lo hizo tras dejar de examinar a la mujer:

-¡Ey! ¿Qué te dije antes?

-¡Ostrás, lo siento, de verdad, te juro que me sale solo! Pero es que, es que creo que deberíais hacer algo con él porque seguro que la cosa irá a peor, oye, ¿por qué no me regaláis otro para mi cumpleaños? -la mujer se levantó en ese momento sin hacer casi ruido y salió de la habitación-. Yo podría ahorrar y echaros una mano si son muy caros. Podríais comprarme uno femenino también, pero más joven y tal, ya sabes, con más formas y un programa emocional un poco más evolucionado que el de éste...

El muchacho se echó a reír mientras el viejo le miraba sin seguirle la broma, procurando no disimular su disgusto.

-Vale, vale, aguantaré con este hasta que se caiga a trozos si eso te hace feliz... pero sigue, sigue con lo que me estabas contando.

Su abuelo siguió observándole en silencio.

-¡Vaaaaamos! -el chico golpeó suavemente el cristal con los nudillos- ¿Qué te pasa ahora? ¿Tendré que avisar a un médico o qué? ¡A ver si va a resultar que estás tú peor que yo! -ahora sí, los ojos de su abuelo le dejaron entrever que estaba a punto de conseguir lo que buscaba.

-Está bien, pero no vuelvas a ser tan cruel con Marta, ¿de acuerdo?

-Vaaaaaale.

-Bien, pues, eeeeeeh, a ver, ¿por dónde iba? -“Hertz” abrió la boca pero enseguida la cerró. De buenas a primeras o quizá por la historia con el androide, ya no recordaba el punto exacto en el que se habían quedado-. ¡Ah, ya!, sí, llevabas razón. Ambos líderes, tanto el iraquí como el estadounidense, desaparecieron pocos días antes de que la guerra concluyese. Aquello desconcertó al mundo entero, tanto, que aunque se siguió guerreando, la ONU y otras alianzas que también se tambaleaban, volvieron a restituirse. Entre tanto el gobierno americano desconfiaba del iraquí y lo mismo sucedía a la inversa, hasta que por último, el conflicto concluyó dándoles forzosamente la victoria a los americanos; sus enemigos se habían terminado rindiendo, y esto fue lo que evidenció que el pueblo iraquí ya no contaba con su antiguo líder. No sabían cómo aguantar la presión. Mientras, las investigaciones habían seguido y nada se sabía del paradero de ninguno de los dos desaparecidos. No había ni rastro de ellos, ni vivos ni muertos, así que tras “mediounirse” ambos bandos, vencedores y vencidos, lo que sí supieron a ciencia cierta es que los dos se habían desvanecido del mapa exactamente en la misma fecha y seguramente a la misma hora; uno de ellos mientras dormía, y el otro creo que -el viejo soltó una corta pero intensa carcajada-, bueno, ya sabes, mientras estaba en el W.C.

-Ja,ja, ¡qué bueno!

-Muy bueno, sí... pero lo más importante es que todos los países continuaron aunando esfuerzos para intentar encontrarlos a ambos, y sobre todo, eso era lo principal, quién podía estar detrás de aquello.

-¿Y mira por dónde, quién se lo iba a imaginar, eh ? ¡Oye, cuéntame lo que pasó justo antes de que volviesen a aparecer ambos sanos y salvos!

-¿Cuándo encontraron el programa?

-¡Cuando encontraron el programa!

-Vaya, creía que eso era imposible pero ya veo que cada vez tienes menos paciencia.

-Venga jod... ¡no te enrolles, que además tengo hambre y dentro de media hora van a venir con un par de hamburguesas para ti y para mí! -el muchacho miró su reloj y después guiñó un ojo-, me han dicho que por esta vez puedo saltarme la dieta. Lo tengo todo previsto ¿eeeh?

-Ya veo ya, no se te va una. ¿Pero estás seguro que puedes?

-Síiiiii, no te preocupes, ¡vamos!

-Eeeeh, pues, como sabes, aun sin sus líderes a la cabeza, entre tanto las cosas continuaron desarrollándose como lo venían haciendo desde un principio. De nuevo, como pasó años atrás, aquellos que ahora eran los amos y señores de aquel territorio cuyo fluido subterráneo era el preciado oro negro, comenzaron a extraer éste y a almacenarlo allí donde se requería en tanques próximos a algunos de los yacimientos. Y bien, para no enrollarme mucho más, ¿por cierto dijiste que mi hamburguesa fuera sin pepinillos? -el muchacho asintió sonriendo-. De acuerdo, entonces, como iba diciendo, justo una semana después de empezar a sustraer el añorado petróleo, uno de los tanques tuvo una fuga. Ésta dejó escapar una enorme cantidad de crudo y de él, salió disparado lo que en un principio se creyó que era un burdo trozo de metal de este tamaño aproximadamente -señaló palma y dedos de su mano.

-¡El programa!

-Sí señor, el programa.

-Pero abuelo, cómo, ¿cómo fue? Aunque sé que lo he debido ver en algún documental de esos antiguos y cutres, ya me entiendes, la verdad es que no lo recuerdo.

-Siempre lo digo y nunca lo hago, en fin, un día de estos intentaré hacerme con alguna copia actualizada de aquella segunda filmación, para que puedas volver a verla. Prometido.

-¡Eso estaría cojo...! ¡Genial!

El viejo meneó la cabeza, pero cuando el otro indicó sospechosamente la hora en su reloj de pulsera, en seguida continuó con aquella parte de la historia que a su nieto tanto le entusiasmaba;

-Cuando volvieron a activar la holograbación, ya con altos mandatarios y todo los medios de comunicación habidos y por haber, en seguida activaron el programa alienígena y un chorro de luz se proyectó inundándolo todo de una cegadora luz. Como sabes, en medio de aquel chorro, la imagen de un rostro semihumano apareció como por ensalmo y empezó a aconsejar a nuestra raza diciéndonos que... ¡bueno! Tampoco recuerdo las palabras exactas, pero lo que escucharon vino a ser más o menos algo así: Una vez llegados al punto al que habíamos llegado y dada la situación, no tenían más remedio que intervenir, aun cuando tenían serias dudas de cómo hacerlo. Según nuestros amigos alienígenas, llevaban unos años observándonos, justo como relatábamos en algunas de nuestras ridículas películas y obras literarias. Precisamente cuando estaban a punto de dejarnos vivir en paz -pues parecía que efectivamente éramos una raza inteligente-, a punto de ocuparse de otros planetas que, como el nuestro, también podrían interesarles dadas sus condiciones atmosféricas, metimos la pata pero bien. ¿Cómo? Pues parece ser que, sin saberlo, empezamos con el penúltimo conflicto en Iraq y con todo lo que vino después de éste, pero la gota que terminó colmando el vaso fue cuando, unos años después, volvimos a las andadas demostrando nuevamente que, según ellos, nuestros intereses estaban por encima de cualquier otra cosa; incluido el respeto por la vida. Gracias a este hecho, el problema que se les planteó fue el siguiente; si algunos de nosotros nos permitíamos el lujo de ocupar territorios a la fuerza para hacernos con las riquezas que había en su subsuelo, fuera ésta o no la causa principal del conflicto, lleváramos razón o no, ¿por qué no podían hacer ellos lo mismo? Según parecía su raza necesitaba de planetas con una atmósfera como la de la Tierra, básicamente por su oxígeno. Efectivamente no era imprescindible que el nivel de oxígeno fuera exactamente el mismo que el que había en el aire de nuestro planeta, pero sí era lo más cómodo y satisfactorio para su organismo, así que, aunque ciertamente ya contaban con algún otro planeta que no era el suyo natal, ¿por qué no poseer también la Tierra? Ellos procreaban con demasiada frecuencia y abundantemente, y siempre estarían más cómodos si ya pudiesen tomar nuestro planeta. Además, al igual que hacíamos nosotros con el petróleo y otros recursos naturales, ellos también podrían comerciar con nuestro espacio una vez fuera suyo... por ello, después de haber destapado descaradamente nuestro egoísmo, ¿por qué no podían actuar ellos también guiándose del suyo? Ya nos dieron una oportunidad y ahora, después de habernos tambaleado definitivamente hacia el lado del barbarismo, ¿qué les impedía actuar del mismo modo que lo hacíamos nosotros? ¿Nuestra inteligencia? Según nuestros amigos, ésta la hubiésemos demostrado encontrando una solución al problema, no matando por un recurso que tarde o temprano se acabaría agotando... Y bien, digamos que el caso es que empezaban a tener las cosas claras y la conciencia tranquila. ¿Así que, por qué no tomar la Tierra YA? De otro modo tendrían que esperar y ponerse manos a la obra para encontrar un nuevo planeta, y no es que la cosa fuera ni muy fácil ni muy abundante. Además, en caso de encontrarlo, tendrían que volver a investigar el nivel de inteligencia de aquella raza que lo habitase, si estuviera habitado... Demasiado trabajo cuando ya tenían un exquisito bocado listo para ser prácticamente servido en el mismo interior de sus hambrientas boquitas alienígenas. Pero aun así, y decidiendo darnos una segunda oportunidad dado que ellos sí se consideraban una raza civilizada e inteligente, decidieron “tomar prestados” a ambos líderes suponiendo que tal vez ellos acabarían esclareciendo las pocas dudas que ya tenían al respecto, y como era de esperar, el secuestro también acabó resultando un fracaso. De todos modos, continuaron echando mano de sus últimos resquicios de paciencia en honor a aquellos momentos acertados de nuestra historia -porque también los había-, e incluyendo su mensaje junto a aquello que más parecíamos anhelar en esos momentos, lo lanzaron haber si esta vez había suerte. Al fin y al cabo nuestra raza ya parió mentes algo más inteligentes y humanas a lo largo de los años... ¡Y en fin, qué más te voy a contar que no estés viviendo ya! Afortunadamente se demostró que haberlas las había porque, gracias a ellas, gracias a todas esas mentes y brazos que se pusieron manos a la obra cambiando radicalmente nuestro modo de vida, y también gracias a esos nuevos políticos que abogaron por la paz AUTÉNTICA y el libre comercio... ¡Gracias a todos ellos, puedo ahora contarte una y mil veces la historia de nuestra verdadera evolución, querido hijo! Gracias a ellos, sí...

***

Volvió a limpiarse por enésima vez la comisura de los labios con una servilleta de papel. ¡Menudo banquete! El viejo cerró la puerta de la habitación de su nieto y de nuevo, como sucedía cada tarde, mientras sus pisadas resonaban a lo largo del pasillo de aquella ostentosa vivienda, volvía a sentirse satisfecho. Aunque, tal vez...

Tal vez se había excedido relatando su historia, tal vez cuando le contaba a su nieto aquellos sucesos que le venía de contar, no debiera excederse dándole opiniones personales o críticas que pudieran ponerle de la parte que quizá, por las circunstancias, no debía ser la suya.

Según empezó a bajar las escaleras que le llevaban a la primera planta del chalecito de sus hijos, vio subir a aquella mujer a la que su propio hijo confundía ahora con un androide. Marta la androide, ¡pobre!

-Papá…

El viejo, una vez estuvieron en el mismo peldaño, tomó el rostro de su nuera entre sus manos y le dio un beso en ambas mejillas.

-Como cada día, gracias, cielo.

Ella le miró durante unos instantes en silencio, sin saber qué más le podía decir y menos aquel día, pero en seguida cayó en la cuenta:

-Creo -miró su reloj de pulsera-, papi, creo que ya va haciéndose tarde.

-Lo sé, no te preocupes. ¿Acaso crees que mi hijo no sabe que estoy aquí?

-¿Por qué lo dice?

-¿Qué por qué? Muy fácil, querida, cada día que vengo me voy más tarde y todavía no he coincidido con él. Me refiero a aquellos días que no tiene que viajar, por supuesto.

-¡Está muy ocupado! Últimamente...

-Sí, ya sé, ¡sé perfectamente en qué está tan ocupado! Desgraciadamente lo sé.

-Papá no empiece otra vez ¡por favor! Sabe que yo, yo no puedo hacer nada.

-Lo sé, ni tampoco yo. Sólo traté de darle mi opinión pero ya veo que no sólo no la comparte, sino que no la soporta. En fin, al menos tengo la certeza de que mi opinión es la de la gran mayoría, y eso me hace sentir bien. Ir con la cabeza bien alta, y no como él, debería darle vergüenza...

-¡Papá por favor, no siga! ¡No siga!

-No, no sigo, ¡claro que no sigo! Sé que tú no opinas como él y que estás sufriendo, así que ya me callo, o mejor aún, me voy. Pero eso sí, voy a serte sincero por última vez con respeto a este tema, y juro que ya no volveré a hablar más de ello cuando vuelva, al igual que haré todo lo posible por no cruzarme con tu marido como hace él desde que hablamos seriamente de esto... Hoy, tenía la esperanza de cruzarme con él para poder mirarle a los ojos antes de “la gran noche”, querida, ¿y sabes por qué? Porque me hubiese gustado estar seguro de que seguía siendo mi hijo, aquel pequeñajo a quien cuidé y eduqué con todo mi amor. Aquél que, como ahora mi nieto, quería ser “el mejor político del mundo”... en serio, cariño, me hubiera gustado haberlo visto para estar seguro de que aún está ahí aquel ser humano a quien yo engendré, y no uno de esos politicuchos de segunda.

-¡Papá, por favor! Yo... en fin, no es que quiera disculparle pero es que él, él tampoco es el presidente. No está en su mano...

-No sigas que sé por dónde vas, y he de decirte, querida, que al menos para mí eso no es excusa. Nos conocemos desde hace tiempo y sé que tú eres de mi misma opinión, pero, claro, por amor a tu esposo y a tu hijo... en fin, no te lo reprocho, por supuesto, pero tampoco te consiento que intentes disfrazar la verdad o convencerme de algo que ni tú misma te crees. Que mi hijo no sea el presidente de su partido político, no significa que no sea una persona independiente y aunque afín a las ideas políticas de su “líder”, con sus propios criterios con respecto a ciertos temas... o al menos eso espero. En fin, creo que aquel que contempla cómo mata el asesino, sin intentar hacer algo cuando es seguro que si lo hace puede evitar esa muerte, se convierte en un ser tan miserable como él. En este caso “el asesinato” estaba más que premeditado, y él ha estado apoyándolo desde el principio hasta el final... es decir, que ha tenido tiempo más que suficiente para decir HASTA AQUÍ y no lo ha hecho, lo que a mis ojos lo convierte en un ser despreciable -la mujer terminó echándose las manos a la cara-. Pero en fin, me voy. Que tengas un buen día durante la tarde de hoy, cariño, porque mañana, mañana por supuesto será otra historia que procuraré reinventar para cuando vuelva a ver a mi nieto. Afortunadamente a él siempre le gustó la ciencia-ficción...

La mujer subió lentamente un par de escaleras, enjuagándose el llanto para que su hijo no la viera así:

-¡Ah, por cierto! Sé que lo sabes de sobra, pero -el viejo continuaba en el mismo escalón pero ahora girado para poder contemplar a la mujer-, por si surgiese el tema entre tu marido y tú y todavía no fuera demasiado tarde para que, al menos él, deje de apoyar esta farsa, coméntale que de todas las versiones que le conté sobre este tema a su hijo, la que más le ha entusiasmado es aquella donde todos nos damos cuenta del error que estamos cometiendo. Coméntaselo si no lo has hecho ya, a ver qué le parece. Dile que lo que más le gusta es saber que la humanidad cambiará en el futuro, que será capaz de madurar y ya no volverá a cometer errores tan estúpidos como el que se cometerá esta misma noche, cuando empiecen los bombardeos. Y ahora sí, adiós querida, y que tengas un buen día.

 

 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc[arroba]ngc3660.es