| Ella despertó.
Tenía comezón. Bajó del ropero
y deslizó una de las puertas. Sacó la
maleta, la abrió y activó a la nena.
-Helado -dijo la nena.
-Shopping -dijo ella.
Bajó las escaleras. Se detuvo
un segundo ante la puerta. No llamó al taxi.
Salió a la calle. Estaba desierta. Una mole oscura.
Eran las 04:30 hrs. En quince minutos abría el
shopping. Se detuvo en la esquina de la plaza, en una
vieja parada de taxis. La mole empezaba a iluminarse.
Pasó un taxi. No se detuvo. Ella observaba sus
zapatos. El taxi hizo cincuenta metros y regresó.
Subieron.
-¿Videojuegos? –preguntó
el taxista.
-Shopping –respondió
la nena.
Llegaron al shopping y ella se sacó
los guantes para pagar.
-¿Cuánto es? –preguntó.
-Nada –dijo el taxista-. Hace
siglos que nadie me para en una parada de taxis.
Entraron. A las 04:45 hrs. Los videojuegos
se activaron. La nena fue hacia las pantallas. Ella
se sentó y observó a otras madres que
observaban a otras madres que observaban a otras madres.
La nena regresó un par de horas después.
-Gané -dijo-. Pero perdí
dos dedos.
-No te preocupes -contestó
ella-. En casa te injerto dos nuevos. ¿Nos vamos?
-Helado -respondió la nena-.
Yo pago.
ON
Stand by…
ACTIVACION CONFIRMADA
Ella abrió los ojos y parpadeó.
El hombre sonrió, apartándose de la caja.
-Ya está, mi amor.
La nena se acercó batiendo palmas.
-¡Es hermosa! ¡Gracias,
papi!
Alargó la mano para tomar la
suya, pero se detuvo volviéndose hacia él.
-¿Los robots sueñan,
papi?
El se sonrió.
-Claro, corazón. Seguro soñaba
contigo.
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