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Despertar Más sobre Martín Adrián Ramos

Ella despertó. Tenía comezón. Bajó del ropero y deslizó una de las puertas. Sacó la maleta, la abrió y activó a la nena.

-Helado -dijo la nena.

-Shopping -dijo ella.

Bajó las escaleras. Se detuvo un segundo ante la puerta. No llamó al taxi. Salió a la calle. Estaba desierta. Una mole oscura. Eran las 04:30 hrs. En quince minutos abría el shopping. Se detuvo en la esquina de la plaza, en una vieja parada de taxis. La mole empezaba a iluminarse. Pasó un taxi. No se detuvo. Ella observaba sus zapatos. El taxi hizo cincuenta metros y regresó. Subieron.

-¿Videojuegos? –preguntó el taxista.

-Shopping –respondió la nena.

Llegaron al shopping y ella se sacó los guantes para pagar.

-¿Cuánto es? –preguntó.

-Nada –dijo el taxista-. Hace siglos que nadie me para en una parada de taxis.

Entraron. A las 04:45 hrs. Los videojuegos se activaron. La nena fue hacia las pantallas. Ella se sentó y observó a otras madres que observaban a otras madres que observaban a otras madres. La nena regresó un par de horas después.

-Gané -dijo-. Pero perdí dos dedos.

-No te preocupes -contestó ella-. En casa te injerto dos nuevos. ¿Nos vamos?

-Helado -respondió la nena-. Yo pago.


ON

Stand by…

ACTIVACION CONFIRMADA

Ella abrió los ojos y parpadeó. El hombre sonrió, apartándose de la caja.

-Ya está, mi amor.

La nena se acercó batiendo palmas.

-¡Es hermosa! ¡Gracias, papi!

Alargó la mano para tomar la suya, pero se detuvo volviéndose hacia él.

-¿Los robots sueñan, papi?

El se sonrió.

-Claro, corazón. Seguro soñaba contigo.

 
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