| -No grite tan fuerte,
señora. ¿No ve que está asustando
a su hijo? Mire, aquí nadie va a oírnos.
¡AAAH! ¡¡AAAAAAAHH!! ¿Lo ve?
Yo también grito si quiere. Pero nadie puede
oírnos.
-Y tú, chico, no te retuerzas
tanto; acabarás cayéndote de la silla
y te harás daño. No llores, tu madre está
ahí detrás, ¿no la oyes? Aún
no tienes motivos para ponerte así. Ni siquiera
te he tocado.
-¡Qué bonito pelo tienes!
Rubio y suave como el oro. Mira, ¿conoces esta
herramienta? Son unas tenazas. Verás, dame una
manita, te enseñaré cómo se usan.
Se coge un dedito así y se tiiira paaaraa atrás.
¡Ya está! Joder, qué pulmones, chaval.
¿Sabes? Mi padre me dijo una vez, cuando era
chico, como tú, que uno nunca debe quejarse por
nada, porque las cosas siempre pueden ir a
peor. Y tenía mucha razón. Porque tú
tienes nueve deditos ¿verdad?, pero nueve menos
uno, ¿cuántos son? ooocho!! ¡Sííí!
¿Comprendes? En un solo segundo, todo puede ser
peor.
-Dios…me vais a dejar sordo.
-¡Mamamamamamama! ¿Quieres
ver a tu mamá? Déjame que te ayude a girar.
¿La ves ahora? ¡Cállese señora!
¡Ya llegará su turno!
-Pero las tenazas también sirven
para más cosas, atiende. Te dan un mordisquito
en la nariz y…¡Chas! ¿A que ya no
huele a mierda? Uhmm…creo que un niño no
debería ver estas cosas. Y para eso tenemos el
cuchillo.
-¡Cállese de una vez
señora, he dicho!
-…Un momento…no te muevas…un
corte en el iz…quierdo y otro en…el…dere…cho…así.
Vas a matar de un disgusto a tu madre, chico. Y lo estás
poniendo todo hecho un asco.
-¿Dónde están
ahora su soberbia, su prepotencia?...¿Sabe qué
es lo más triste de todo esto, señora?
Que cuando le pedí desde el suelo unas monedas,
para comer y beber algo, usted me quiso matar con la
mirada. Eran sólo unas putas monedas…
-Ahora ya es demasiado tarde…
-Y yo tengo tanta… tanta hambre…
publicado en febrero de
2008
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