|
-Entonces, estoy, sin
ninguna duda, hablando contigo.
-Ni vos ni yo podríamos negarlo.
-Pero eres un gato.
-Mmm... Casi perspicaz si no fuera
tan evidente.
-Y dime... ¿cómo ha sido
que hemos empezado esta conversación?
-A ver, rememoremos: os quedasteis
solo, medio dormido en la hamaca, hubo un bostezo, me
subí en vuestro regazo a afilarme las uñas,
me mirasteis distraído y empezasteis a hablar
como quien no quiere la cosa. No puedo decir que haya
sido muy educado por vuestra parte, la verdad.
-Porque no esperaba respuesta. Cualquiera
sabe las tonterías que dije.
-Si me lo permitís, me abstendré
de opinar sobre eso.
-Mmm. ¿Y a qué se debe
esta alucinación? ¿He comido flor de hadas
sin saberlo o estoy soñando?
-Oh, no creo probable la indigestión
por flor de hadas: no veo a vuestra esposa envenenándoos
para quedarse con las deudas. Más bien se trata
de la Puerta que abristeis en la duermevela. Pero si
deseáis que recurramos a la reducción
al absurdo, estoy dispuesto a arañaros el muslo.
-Espera un momento... debo recoger
mi cuaderno de campo.
-Estad tranquilo.
-Ya está. Ahora, dime.
-¿El qué?
-Pues la verdad... no sé qué.
Supongo que un gato que arranca a hablar tiene muchas
cosas interesantes que contar.
-¡Desde luego que no es la primera
vez que hablo! ¿Cómo podría dominar
el sarcasmo si estuviera aprendiendo a juntar palabras?
-¿Qué sarcasmo?
-Dejémoslo. Contadme mejor sobre
vos: ¿qué anotáis en ese cuaderno?
-Efectos imaginarios en la realidad...
-Pues esto no se convertirá
en imaginario hasta que os arañe.
-... bordes de irrealidad, donde la
realidad se distorsiona o se convierte en otra cosa.
Y si esto no es un sueño... acabo de encontrar
uno de esos bordes.
-Rmrmrmrmrmrm... Me está embargando
un ligero sopor. Oídme, ¿os apetece saltar
hasta el muro? Resultaría enriquecedor para un
ego agotado como el vuestro escuchar al perro de al
lado discutiendo con sus garrapatas.
-Oh... creo que no. Me temo que esos
ladrillos viejos no me sostendrán, y mi vecino
tiene muy malas pulgas. Mmmm. Así que no eres
el único animal que habla...
-Animal... Dudosa descripción.
Sí. Bueno, no. Cuando alguien se amodorra como
vos, no. ¿No escucháis ahora al pájaro
de ahí arriba, lamentándose por un familiar
fallecido?
-Sí, si presto atención...
-Al contrario, debéis no prestar
tanta, no os vayáis a hacer daño.
-Es difícil mantener la ilusión.
-Claro que es difícil. ¿A
cuántos de vuestros vecinos habéis visto
hablando con un gato, mmm?
-Ahora que lo dices, el del perro departe
habitualmente con las fregonas o el césped, así
que la verdad, no me extrañaría que...
-Eso es otra cosa. Haced el favor.
-No te enfades.
-No me enfado. Es que creo que yo sí
me he indigestado un poco y voy a vomitaros encima:
haced el favor de apartar la mano.
-¿No puedes contenerte? Oye,
ese pájaro de arriba está junto a la jaula
del canario de mi esposa.
-Una información muy relevante
en el contexto actual, sin duda...
-¿Cómo dices?
-Nada. Si realmente no me vais a ayudar
con el vómito, casi mejor que me ausente.
-¡Espera! Tengo que escribir
algo sobre esto.
-¿Con ese lápiz sin punta?
-Es verdad. Bueno, tengo por aquí
un bolígrafo que...
-Ah, el que está hueco, con
el que me soléis disparar granos de arroz.
-¡Maldita sea!
-No os alteréis. De todas formas
pensaríais que escribisteis medio dormido y dudaríais,
como todos los que lo lean.
-Quizás tengas razón.
-Es un efecto típico de la Puerta
de la Duermevela.
-En fin. Entonces que pases una buena
tarde.
-¡Gracias! Aunque creo que la
indigestión me lo impedirá.
-Pues espero que se te pase.
-Miaooooo. Muy amable. ¿Le presentaríais
mis respetos a vuestra esposa? Ah, y mencionadle, si
no os importa, la posibilidad de no engordar tanto a
los canarios. ¡Adiós!
El
experimento PHAUMA
|