| La adrenalina corre
vivaz por la sangre de mi cuerpo, es una sensación rara,
excitante. Aprieto aún más el Libro contra mi costado.
Si me encuentran con él me costará un Juicio y eso es
algo que sólo con pensarlo me provoca un miedo atroz.
–Muchacho, (Blop-blop-BLOP mi corazón
se acelera) tienes idea de por dónde está el almacén
Sur?
(Suspiro, inspiración profunda)
–No, Señor, no lo sé.
No me he parado apenas y no lo ha podido
notar, sigo por lo tanto trotando. Durante un cuarto
de hora camino sin mas tropiezos indeseados y llego
a mi Lugar. Aquí por fin tengo más tranquilidad y me
permito echar una lenta ojeada al Libro.
Tiene ilustraciones de humanos y una
letra pequeña que me cuenta cosas que creo que ya nadie
sabe. Palabras que he aprendido con esta lectura han
sido, por orden de preferencia más o menos: LIBERTAD,
MARGINAL, GOZAR, REBELDE... luego hay algunas más, pero
no con la importancia de las anteriores. Los Libros
los he hallado en un Lugar de ese alejado sitio al que
no debemos ir llamado ZONACONTAMINADA. Yo, claro
está, he entrado varias veces pues tengo algunos en
mi poder. Como hace tiempo descubrí, creo que soy el
más inquieto entre la gente que conozco; pero prudentemente
mantengo mis conocimientos ocultos y disimulo bastante
bien mi falta de UNIDADSEGURIDAD.
–Toc, toc, toc (escondo velozmente
el Libro).
–Pasen, por favor (lo digo mientras
abro la puerta y las palabras se me quedan heladas en
la boca. Siento un golpe en el pecho mientras mis ojos
quedan fijos, clavados en las insignias que portan en
el tórax los dos policías).
–¡Queda arrestado por atentar contra
la sagrada norma UNIDADSEGURIDAD, por internamiento
prohibido en ZONACONTAMINADA y por tenencia ilícita
de material impreso!
(Mi cara se pone blanca y yo lo
noto como si estuviera en este momento fuera de mí...
las garras se me contraen y yo lo noto con absoluto
estupor, avanzan los dos y me sujetan y yo lo noto preso
de un enorme nerviosismo; me marcho con ellos y ya tristemente
sólo noto cómo tiemblo de pánico).
Si nos cruzamos con alguien, ese individuo
aparta la mirada de nosotros o se aleja cabizbajo dejándonos
paso libre.
Si me resisto a andar me golpean con
dureza sin dudarlo un instante.
Sin ser totalmente consciente de ello,
me viene a la memoria una frase que leí en uno de los
Libros:
“Será castigada toda aquella mente
que sea capaz de volver a vivir por sí sola, es decir,
que vuelva a pensar de una forma libre”.
El miedo que ahora me domina, de improviso
se transforma en odio, mi debilidad en loca fuerza que
recorre mis miembros, desperezándolos. Al mismo tiempo
que ocurre esto, me muevo rápida y violentamente a un
lado y le pego una dentellada en el hombro a mi guardián
de la derecha. Reaccionan con prontitud y mientras el
de la izquierda me sujeta con firmeza, el otro se lanza
a mi yugular, cortándomela de un mordisco.
(Me muero, pero tú cabrón te vendrás
también conmigo).
Creo que le he contagiado con el extraño
virus que pillé en mi anterior excursión...
|