| 12-20-2034
Eisenhower Executive Office
Washington D.C.
Extraordinary Assembly
NSC-National Security Council
Prologue nº-663B
Guests exceptional-managing directors:
IMCOM HQ-SE Region-Redstone
Arsenal, AL
IMO (International
Meteor Organization)
USRA (Universities
Space Reseach Association)
PPARC (Particle Physics
and Astronomy Reseach) (U.K)
LEOC ( Leonid Environment
Operations Center )
UAH ( University
of Alabama, Huntswille)
Ref: 55P/Tempel-Tuttle 18-11-2034
Related topic:
Possible connection between the events
discovered on Wheeler Lake, and Triana,
AL town, people diseases.
Diapositiva nº 1
-Aquí se nos enseña
la muestra obtenida en el fondo del lago Wheeler, el
día 25 del mes pasado. A pesar de la lógica
pérdida de la mayor parte de su masa, apreciarán
detalladamente que su tamaño pese a todo, es
bastante considerable. Pueden compararlo con las marcas
de medida dispuestas a su lado, en la fotografía.
Corresponde aproximadamente al tamaño de una
manzana y su peso es exactamente de 14.69 libras».
Diapositiva nº 2
-Esta fotografía al detalle
nos muestra la estructura porosa de la roca. La película
negruzca que recubre la muestra, se debe a las altas
temperaturas alcanzadas durante su penetración
atmosférica. Observarán que en su parte
superior izquierda falta un pequeño trozo, el
utilizado para las labores de prospección microscópica
y análisis espectográfico».
Diapositiva nº 3
-Aquí, una foto al microscopio
de la muestra, en la que se observa perfectamente una
cantidad considerable de elementos extraños aún
sin identificar. En la siguiente toma, podremos observarlos
más al detalle».
Diapositiva nº 4
-En esta toma podemos observar
perfectamente la forma de estos organismos protozoarios,
en apariencia fosilizados a la roca. Pero si sumergimos
la muestra en agua, los organismos reaccionan de una
manera extraordinaria, como verán a continuación».
Diapositiva nº 5
-Notarán que tras rehidratarse,
nadan por el fluido con normalidad, tras haber vuelto
a la vida en un proceso que desconocemos. En apariencia
no difieren demasiado del género Aulacantha,
un protozoo radiolario común en nuestro planeta.
El estudio cromosómico determinó un cariotipo
de 1600 cromosomas, número similar al que contiene
el organismo antes indicado, y curiosamente, se trata
de la especie terrestre que posee mayor número
de ellos».
Diapositiva nº 6
-Aquí podrán apreciar
el cariotipo espectral cromosómico de esta especie.
Sin ánimo de ser exhaustivos con la explicación,
diremos que encontramos similitudes en la forma y disposición
de la cromátida con las especies de nuestro planeta.
Entre sus pares podemos encontrar grupos metacéntricos,
submetacéntricos, acrocéntricos y telocéntricos.
El par 36 contiene satélites, aunque esto no
es lo extraño. Lo que nos llama la atención
es la forma de los cromosomas sexuales. Sabemos que
se reproducen por bipartición, pero el par de
heterocromosomas es diferente al de cualquier especie
terrestre».
Diapositiva nº 7
-Aunque hay especies en que
el sexo masculino es homogamético y otras carecen
del cromosoma Y -pudiendo determinar el sexo por
el número de X que posean- verán
que este modelo parece estar formado solamente por un
cromosoma Y. Pero si se fijan con atención, observarán
que cuenta con un apéndice satélite en
su parte inferior».
Diapositiva nº 8
-Siendo dispuestos en una muestra
distinta que contenga otro tipo de organismos protozoarios
de nuestro planeta, su comportamiento es bien distinto.
Aquí los vemos nadando en una solución
preparada junto con amebas y paramecios, especies que
pueblan comúnmente las aguas. Ahora fíjense
en los ejemplares del centro de la fotografía».
Diapositiva nº 9
-Observen cómo el paramecio
se ha acercado y ha fagocitado completamente al intruso.
Ahora, en vez de ser digerido por él, el organismo
alienígena se despliega y pasa a la acción.
Por medio de un inédito mecanismo, el intruso
procura inmediatamente reproducirse con él. Es
en este momento cuando creemos que su heterocromosoma
(Y) se pone en funcionamiento aliándose con heterocromosomas
del paramecio. Los isogametos de ambos logran aliarse
y formar otra especie distinta».
Diapositiva nº 10
-Aquí vemos el resultado.
No es un paramecio, es otra forma de vida totalmente
distinta y de errático comportamiento. Su existencia
será cuestión de horas, no sin antes haber
intentado reproducirse con otros paramecios. Este mismo
ejemplo nos ha servido para las amebas, los dinoflagelados
y los cilióforos, y mucho nos tememos que el
organismo extraño puede intentar recombinarse
por medio de sus cromosomas especiales con multitud
de especies diferentes. Su secuencia de ADN aún
está en fase de estudio, pero creemos que este
organismo posee una cualidad especial que le permite
sobrevivir en las condiciones más extremas. Tal
vez, inserto en su mapa genético, se encuentren
trazas de otras especies alienígenas, pues la
complejidad de su cromatina no debe ser casual».
Diapositiva nº 11
-La aparición de numerosos
peces muertos sobre las orillas del lago Wheeler, es
un misterio, pero también la base de una teoría
que toma mucha fuerza. Nos podría indicar que
probablemente el organismo, a partir de la caída
del astrolito portador dentro de sus aguas, se haya
liberado y expandido, infectando el agua que han respirado
estos peces».
Diapositiva nº 12
-Como ven en esta fotografía,
algunos de los ejemplares capturados sufren de terribles
mutaciones que han deformado totalmente su estructura,
haciéndolos totalmente irreconocibles. Sus vidas
no se prolongan mucho más allá de las
doce horas por término medio, pero nos tememos
que en algún momento pueda mutar y asentarse
dentro de una especie recombinando sus cadenas
de ADN con las del organismo receptor».
Diapositiva nº 13
-Naturalmente, para evitar esta
posibilidad y que ésta catástrofe natural
se extienda, se han tomado medidas de urgencia inmediatamente
de su descubrimiento. El perímetro del lago está
sellado y controlado, y ya se están vertiendo
al agua miles de litros de cloro transportados con premura
en camiones cisterna desde las industrias papeleras
más próximas. Evidentemente hemos comprobado
con antelación que este elemento químico
resulta válido indefectiblemente en todas las
muestras, y esteriliza el agua que contiene estos organismos».
Diapositiva nº 14
-No obstante, la cercana población
de Triana se abastece del agua del lago, y el aumento
inusual de consultas médicas por parte de sus
habitantes, nos puso inmediatamente en alerta. Pudiera
ser que el organismo alienígena hubiese conseguido
llegar hasta las vías de agua potable, e incluso
no se descarta que los mismos pescadores hubiesen capturado
ejemplares infectados en los días posteriores,
y hubiesen consumido su carne. Si los peces no están
perfectamente cocinados, el organismo podrá sobrevivir».
Diapositiva nº 15
-Triana cuenta con una población
de 965 personas, y de ellos, el 40% ha consultado a
su médico la aparición de síntomas
de índole muy similar. Diarreas, vómitos,
cefaleas y molestias musculares. No descartamos en absoluto
que sea una epidemia causada por el organismo. Por ello,
toda la población fue puesta en cuarentena inmediatamente,
y hemos desplazado al lugar un amplio equipo médico
especializado que está tomando múltiples
muestras a todos sus habitantes. Todos los afectados
están en observación a pesar de la mejora
generalizada que se observa con la administración
de antibióticos. Naturalmente, el agua corriente
ha sido cortada y sólo se suministra en bidones
dispuestos por la ciudad a efecto de dar oportunos servicios
mínimos. Por fortuna, parece que los síntomas
adversos no se prolongan más allá de tres
o cuatro días, y la situación a priori,
parece controlada».
-Off
-Tras esta escueta presentación,
abriremos el debate ordenado que nos permitirá
discutir nuevas posiciones a tomar dentro de esta compleja
trama. Rogamos que expresen cualquier idea u opinión
al respecto, que nos permita avanzar de modo seguro
en la resolución de este problema. Así
nos aseguraremos de no dejar al azar cabos sueltos que
comprometan la seguridad ciudadana. Cualquier duda o
sugerencia será tratada con el máximo
rigor a partir de ahora.
-Pide la palabra la Doctora
Chelsey Hampton...
***
Mañana prepararé las
maletas. Han sido tres meses de convivencia obligada
con las gentes de esta pequeña ciudad que ya
tocan a su fin. La crisis oficialmente se da por concluida.
La policía local ha retomado el control de las
labores de seguridad y funciona normalmente, mientras
que el personal militar se ha reducido al mínimo.
El agua ya circula por los grifos y en consecuencia
se han retirado los depósitos de la calle. Ya
han procedido a desmantelar todas las instalaciones
sanitarias eventuales y barracones, y Triana parece
retomar poco a poco su pulso cotidiano.
Ha sido una temporada dura, estresante,
de idas y venidas, visitas de toda índole y controles
y pruebas por doquier. Esta gente ha logrado sobreponerse
satisfactoriamente al caos en que se convirtió
su rutina diaria y por ello se merecen todo mi respeto.
No todo el mundo hubiera logrado soportar tan bien como
ellos la experiencia de vivir aislados en cuarentena
durante tantos días.
Los familiares de muchos de ellos,
han estado esperando pacientemente en las afueras, y
desde la semana pasada, visitan a sus seres queridos
después de estar separados tanto tiempo. Triana
ha duplicado su población en pocos días.
Otros se preparan para marcharse. Huir durante un tiempo
de su hogar tras haber sido reconvertido en cárcel
preventiva. Unas vacaciones son para muchos, más
que necesarias para su ánimo.
Antes de que me vaya, debo despedirme
de algunos de ellos, los más ancianos, que han
sufrido tanto y a los que guardo un aprecio especial.
El señor y la señora Scheffer,
octogenarios, amables y cariñosos conmigo a pesar
de los pinchazos. Y por su puesto de su nieta Sandy,
a la que se concedió un permiso especial de entrada,
para facilitar las labores de apoyo y atención
a sus abuelos. También a la señora Bartlett,
a pesar de ser tan gruñona conmigo, y al matrimonio
Riggs por todas las facilidades prestadas.
O al señor Wuckovih, que tristemente
se quedó viudo hace unas semanas, ya que su esposa
padecía una larga enfermedad que se agravó
durante la cuarentena. Y tantos otros que se me quedan
en el tintero...
Al menos me marcho con la satisfacción del deber
cumplido y que no hayamos tenido que lamentar mayores
desgracias. Todos se recuperaron bien de la intoxicación,
y su salud, salvo uno o dos casos aún convalecientes,
es en líneas generales muy satisfactoria.
Supongo que hasta la próxima
lluvia de meteoros de las Leónidas no habrá
que preocuparse. Es cierto que a mediados de Noviembre
de todos los años nos visitan, pero esta vez
-como cada treintena de años aproximadamente,
y coincidiendo con el pico máximo que marca la
proximidad de la órbita del cometa Tempel Tuttle
a la Tierra-, se marcaron registros históricos.
No sólo por superar la cifra de 150.000 meteoros-hora
de 1966, o la también espectacular de 1998, sino
porque en esta ocasión, al menos un pedazo que
sepamos, logró cruzar la criba atmosférica.
Y lo más impactante de todo, es que ese pedazo
de roca contenía inesperados pasajeros, trayendo
consigo una respuesta tan largamente esperada.
Se había confirmado. Si, existía
vida extraterrestre; tantas veces predicha y rebatida.
Sobreponiéndose a las más adversas condiciones,
abriéndose paso entre los espacios. La imaginación
desde ese momento se ha disparado. Noticiarios, libros,
cómics y revistas -y por supuesto el cine-,
han visto resurgir un sentimiento que parecía
apagado, y ya nadie descarta que otros seres inteligentes
habiten en otros mundos. Por el momento, todos los ojos
se encuentran vueltos hacia Urano -concretamente
hacia su satélite Miranda-, del que parece
ser -según los últimos estudios,
desciende el cometa. Tal vez fue un impacto contra otra
roca interestelar el que propició el desprendimiento,
quien sabe. Pero este satélite tan poco atractivo
para sustentar vida, parece ser el origen del elemento
Verona Rupes, que así es como se ha bautizado
extraoficialmente al organismo alienígena. De
hecho, ya está planeado el envío de un
Voyager III a este mundo.
El organismo en cuestión es
mucho más complejo de lo que aparentaba dado
su tamaño microscópico, y su estudio se
prolongará por años. Lo que sabemos es
buscó adaptarse enseguida a las nuevas condiciones,
y de no ser por la rápida intervención
de las autoridades, quien sabe a qué extremos
hubiera logrado llegar. Ahora se encuentra perfectamente
aislado, custodiado y controlado en un laboratorio especial
dependiente directamente del estado. Supongo que cualquier
novedad al respecto de los avances científicos
sobre la muestra, será comunicada por el gobierno
a su debido tiempo.
***
El coche me espera. Sólo me
tomará unos minutos acercarme de nuevo al domicilio
de los Scheffer. No puedo negar que siento
algo especial e imprevisto por su nieta Sandy.
Y ella creo que siente lo mismo por mí. Ayer
en su casa, lamenté tener que separarme de ellos
al despedirme, y creo que ella me miró con ojos
apesadumbrados por mi pronta marcha. Y cuando le di
mi tarjeta, olvidé pedirle su número de
teléfono. Hoy lo haré, y le prometeré
una pronta visita en cuanto arregle mis muchos asuntos
pendientes. Tal vez, por fin, el amor haya llamado a
mi puerta.
***
Noto algo extraño durante mi
breve paseo hasta casa de los Scheffer. El
barullo de gente de estos días atrás,
hoy se había diluido por completo. La calle principal
aparecía desierta. Aún era temprano, pero
no dejaba de ser inusual la nula actividad que observaba.
-¡Eh, señora Bartlett!
La señora Bartlett cerraba
en ese momento las persianas de la ventana, y no pareció
que me hiciera caso. Tal vez no me oyera.
Allí a lo lejos, divisé
a un hombre en el jardín delantero de su casa.
Me parecía que se trataba del señor Wilson,
pero no estaba seguro.
-¡Eh, oiga, espere un momento
por favor!
Nada. El hombre caminaba despacio
hasta la puerta de su casa atravesando el jardín
sin prestarme la más mínima atención.
Subió las escaleras, abrió la puerta y
penetró dentro. Me pareció notar en él
un caminar apesadumbrado, con el rostro vuelto hacia
abajo siguiendo sus propios pasos.
-¡Señor Wilson,
por favor, salga un momento! ¡Solo quiero hablar
con usted un segundo!
Pero el señor Wilson cerró
sus persianas ante mí sin la menor consideración.
Todas estaban cerradas. Todas las
persianas y contraventanas cerradas a cal y canto. En
una actitud más que extraña. Mi ánimo
me dictaba que algo estaba pasando que escapaba a mi
control, y debía averiguarlo.
Seguí caminando en dirección
a casa de los Scheffer. Allí habitaba
mi máxima preocupación por el momento.
Mi paso era ligero, y en un par de minutos me plantaría
ante su porche. Mientras seguía andando, observaba
las casas de ambos lados de la calle buscando atisbar
un rastro de actividad que desbaratara mis malos presentimientos.
Pero el pueblo permanecía mudo y silencioso.
Mi móvil sonó en el
interior de la chaqueta, y su alerta repentina me sobresaltó.
-¿Sí?
-¡Frank, soy
Sandy! ¡Ven a mi casa, por favor! No
sé qué está sucediendo...
-Dame un minuto. Ya estoy de
camino.
Eché a correr por la calle y
las suelas de mis zapatos resonaban con ecos repetidos
entre el silencio que guardaban las casas. El corazón
empezó a golpear el pecho con furia tras ser
ampliamente solicitado por el esfuerzo y la ansiedad
que me impulsaba a correr.
Giré a izquierdas enfrentándome
al porche de los Scheffer. De dos amplias zancadas
superé los cinco escalones de acceso, y al tiempo
que posé mis pies en el tillado de madera, la
puerta principal de la casa pretérita se abrió
de golpe sobresaltándome de nuevo. Mi cerebro
ahora estaba demasiado embotado como para recordar la
identidad de aquel hombre que salió de súbito
vomitando en la entrada de su domicilio. Apenas posé
tres segundos mi atención sobre él, ya
que me urgía conocer el estado de esta familia
en particular; tiempo justo para ver cómo caía
de rodillas expulsando porquerías por su boca,
a modo de aspersor abierto.
La puerta cedió sola. Estaba
abierta. Sobre el suelo de la cocina yacía el
señor Scheffer, preso de unas terribles
convulsiones que le hacían incluso desplazarse
lateralmente de su sitio, mientras su nieta Sandy,
trataba inútilmente de sujetarle echando todo
su peso sobre el pecho de su abuelo.
-¡Frank, mi abuela...!
En medio del pasillo, la señora
Scheffer permanecía tumbada en estado
catatónico, con los ojos muy abiertos. De vez
en cuando era sacudida por una convulsión seca
y violenta, que provocaba una nueva expulsión
de líquidos por su boca y su ano. Su rostro descansaba
en el suelo sobre un lateral, en medio de un gran charco
de pus y sangre. Me eché sobre ella dispuesto
a reanimarla de algún modo.
***
Diez minutos desesperados e inútiles.
Sandy se abrazó a
mí buscando consuelo para sus lágrimas.
Yo la tomé del hombro dispuesto a guiarla hacia
la calle para que tomara aire fresco, despejándola
de la vista de los dos cadáveres y del fétido
olor que desprendía la estancia. Mientras la
mitad de mi cerebro se ocupaba de Sandy, la
otra se concentraba en la mano derecha, en donde mi
pulgar descorría el menú del teléfono
móvil buscando en la agenda los teléfonos
de todo el personal científico y militar que
había prestado apoyo durante la cuarentena.
Pero salir al exterior no fue la mejor
idea. La calle, antes desierta, era ahora transitada
por algunos individuos, que deambulaban a trompicones
vomitando por las orillas. Algunos caían de rodillas
y quedaban inmóviles con el rostro vuelto al
cielo. Esta era la misma postura que conservaba el vecino
de al lado, justo como le dejé la última
vez. Otros simplemente, caían desplomados en
el suelo, exhaustos tras haberse desparramado largamente
por las esquinas.
Sandy pareció reaccionar
al comprobar que su mal era un mal común a todos,
y agarró fuertemente mi mano para preguntarme
con desespero:
-¡Qué es lo que
está sucediendo, Frank! ¿...
Frank?
-Nnno lo sé, Sandy,
no lo sé, pero creo que debemos irnos de aquí
cuanto antes.
Mientras andábamos deprisa por
el centro de la calle, sorteando a una distancia prudencial
a todos aquellos que iban saliendo desde sus casas expectorando
su agonía, yo iba efectuando una y otra llamada
concatenada. El mensaje era lo suficientemente escueto
y directo como para ser entendido rápidamente
por mis superiores.
La calle se iba repoblando cada vez
más y nos costaba encontrar espacios por los
que circular manteniendo una distancia de seguridad.
Alguien se acercó a mí tras reconocerme
como uno de los médicos que le prestó
atención durante la cuarentena, escupiéndome
súplicas que en ese momento yo no podía
atender. Me aparté de él cobardemente
y seguí corriendo, guiando a Sandy con
mi mano -casi arrastrándola.
A pesar de los nervios provocados por
la inminencia de nuestra huída, pude discernir
un detalle significativo de entre todas las imágenes
bárbaras que penetraban por mi retina. Mientras
la gente de raza negra como nosotros, parecían
caer indefectiblemente víctimas de los extraños
síntomas, los de raza blanca permanecían
invariablemente en la misma postura. Arrodillados y
mirando al cielo hacia un mismo punto con expresión
vaga. En sus porches, en los jardines y en la calle.
Ni los violentos vómitos ni las diarreas aparentaban
haberlos vencido del todo. Parecían todos a la
espera de algo, y ese -algo» me aterraba.
Al final de la calle, vislumbramos
un retén del ejército que llegó
presto desde la próxima base militar de Redstone.
Varios Hummer H y Navistar N9 se desplegaron
formando una barrera para impedir la salida de nadie.
Supongo que lo mismo sucedería pronto en el resto
de calles de salida. Tras la barrera, comenzaban a llegar
varias ambulancias y equipos de emergencia, los mismos
que días antes se habían marchado tranquilos
tras el fin de la cuarentena.
Sandy y yo seguíamos
corriendo de la mano, exhaustos por la carrera, calle
abajo en dirección al retén del que nos
separaban tan sólo unos cincuenta metros. Mientras,
observamos cómo varias personas del personal
sanitario recorrían la calle en dirección
contraria a la nuestra, dispuestos a prestar ayuda a
los afectados conscientes más cercanos. Enfundados
en sus asépticos trajes blancos y aislados por
aparatosas mascarillas que ocultaban su cabeza por completo.
Mientras corríamos fijé la atención
en el primero de ellos, que llegó a la altura
de un hombre de raza blanca que permanecía inactivo
en su jardín, de rodillas, con los brazos colgando
y la mirada perdida al cielo, como si estuviera en trance.
El médico se acercó y se arrodilló
ante él para quedar a su altura. Sacó
la pequeña linterna para valorar los reflejos
pupilares y encañonó sus ojos con el fino
haz de luz.
Su boca se abrió, convirtiéndose
en la puerta de salida para sus babas, entremezcladas
con sangre y pus, y empapando el impoluto uniforme del
auxiliar con su inmundicia. Pero él, como buen
profesional, no se apartó inmediatamente y continuó
su tarea.
La boca continuaba abierta de par
en par, para dar salida al ente que se había
gestado silencioso en su interior. Los viscosos tentáculos
surgieron por sorpresa de la garganta buscando el cuello
de su antagonista, enroscándose por decenas a
su alrededor, sujetándolo bien por la cabeza,
que desaparecía oculta tras ellos. Otros buscaban
nerviosos, aberturas por las cuales penetrar dentro
de la presa, tentando la máscara de protección
por todos sus ángulos. El hombre se debatía
desesperado intentando alejarse de su agresor, apoyando
sus manos fuertemente contra el pecho. Pero era inútil.
Los tentáculos le aprisionaban con fuerza juntando
cada vez más los dos cuerpos. Y el pecho del
pseudo-hombre se abrió. Una nueva amalgama de
tentáculos aún más gruesos y poderosos
enrolló el torso del auxiliar, y las costillas,
reconvertidas en afilados dientes, se separaron del
esternón dando una dentellada en el pecho de
su víctima. Las protuberancias finalmente encontraron
vía libre por la cual penetrar al interior del
organismo buscando alimento.
El soldado más próximo,
reaccionó demasiado tarde. Ningún entrenamiento
le había preparado para semejante circunstancia
y los reflejos le traicionaron. La ráfaga no
hizo distinción de especies. Atravesó
invariablemente los dos cuerpos. Uno cayó inerte,
y el otro continuó retorciéndose unos
instantes más, elevándose finalmente sobre
sus cuartos traseros dispuesto a viajar hacia su atacante.
Hicieron falta muchas más balas de las previstas,
disparadas desde varios ángulos, para abatir
de forma definitiva a la criatura antes de que llegara
acercarse hasta ellos.
Sandy y yo, habíamos
quedado paralizados contemplando la horrorosa escena,
representada justo delante de nosotros y a escasos metros
de nuestra meta. Repuestos momentáneamente de
la impresión, decidimos proseguir nuestra carrera
y llegar a la zona segura.
Pero una voz y un cañón,
nos lo impidió.
-¡Deténganse ahí
o disparo!
-¡Por favor! ¡Soy
el doctor Sanders! ¡Frank Sanders,
y esta señorita es Sandy Scheffer!
-¡Lo siento señor!
¡Les digo que se detengan ahí inmediatamente!
-¡Pero esto es una locura!
¡Nosotros estamos sanos...!
-¡Tenemos órdenes
de no dejar salir a nadie! ¡Quédense donde
están si no quieren que abramos fuego contra
ustedes!
Mientras aquel sargento nos tenía
perfectamente encañonados y guardaba que no diésemos
un solo paso más hasta ellos, dos pelotones de
ataque armados hasta los dientes pasaron raudos por
nuestros flancos guardando las distancias, dando relevo
al personal sanitario que se replegaba de nuevo por
detrás del pelotón de contención.
A nuestras espaldas comenzó
a desatarse una guerra entre salvas y tentáculos
desperezados de la que no se sabía a ciencia
cierta quien era el justo dominante. Aquellas cosas
salieron de su trance dispuestas a apresar toda la comida
posible que diera nuevos bríos a sus horrendas
anatomías. Y a buena fe que algunos lo lograban.
Eran demasiados. Demasiados incluso para un ejército
entero.
La doctora Chelsey -jefa
de los servicios médicos durante la cuarentena-,
asomó su rostro tras los soldados que nos custodiaban.
Estábamos presos del pánico y la confusión,
y le lancé una nueva súplica.
-¡Leeann, por
favor! ¡Diles que nos dejen pasar, por Dios!
-No puedo Frank.
-¡Estamos bien! ¡No
estamos contagiados! ¡Míranos atentamente,
por favor!
-Lo siento Frank. No
puedo.
-¿... Pero por qué?
¡Tú me conoces bien, sabes que no te miento!
-Lo sé Frank.
Perdóname, pero no podemos hacerlo. Tenemos órdenes
estrictas. Tú aún no lo sabes, pero...
la plaga se ha extendido más allá de este
lugar. Hay muchos más casos, Frank.
Esto no se terminará aquí ¿sabes?
- ... Quieres decir que...
-Sí Frank. No
debimos dejar salir a nadie. Es incontrolable, incurable,
monstruoso. Esto que contemplas es sólo la punta
del iceberg, créeme. La nueva forma de vida se
extenderá tan rápido que será imposible
de parar a corto plazo. ¿Sabes lo que esto significará
para todos? ¿...para todo el mundo?
-¡Dejarme que os ayude
como hasta ahora Leeann! ¡Podremos frenarlo
de algún modo, lo sé!
-No Frank. No se puede.
Una vez manifestado, sólo el fuego puede. Eso
que contemplas es un organismo invasor. Invasor de mundos,
invasor de vidas, que no le ha importado esperar millones
de años, asentado en una roca inerte seguramente
por su causa, aguardando un transporte que le aposente
en un nuevo destino del que tomar su savia hasta extinguirlo.
La gente de raza negra actúa como machos de la
especie y mueren después. Y los de raza blanca
ejercen de hembras, gestando y expandiendo su especie.
¿Sabes Frank? Todos los que de aquí
salieron portando la Verona Rupes oculta en
el tuétano de sus huesos, han orinado en otras
partes. Y su orina se ha mezclado con el agua, y ese
agua ha sido reabsorbida por muchos otros organismos
y mucha otra gente, completando un ciclo que no parará.
Y ya no habrá fuego suficiente para liquidarlos
a todos. Seremos muy pocos los que podremos salvarnos,
Frank.
-Eres una auténtica hija
de puta, ¿lo sabes?
-Sí Frank. Lo
sé.
publicado en diciembre de
2008
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