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Más sobre Javier Fernández

12-20-2034

Eisenhower Executive Office

Washington D.C.

Extraordinary Assembly

NSC-National Security Council

 

Prologue nº-663B

Guests exceptional-managing directors:

IMCOM HQ-SE Region-Redstone Arsenal, AL

IMO (International Meteor Organization)

USRA (Universities Space Reseach Association)

PPARC (Particle Physics and Astronomy Reseach) (U.K)

LEOC ( Leonid Environment Operations Center )

UAH ( University of Alabama, Huntswille)

Ref: 55P/Tempel-Tuttle 18-11-2034

 

Related topic:

Possible connection between the events discovered on Wheeler Lake, and Triana, AL town, people diseases.

 

Diapositiva nº 1

-Aquí se nos enseña la muestra obtenida en el fondo del lago Wheeler, el día 25 del mes pasado. A pesar de la lógica pérdida de la mayor parte de su masa, apreciarán detalladamente que su tamaño pese a todo, es bastante considerable. Pueden compararlo con las marcas de medida dispuestas a su lado, en la fotografía. Corresponde aproximadamente al tamaño de una manzana y su peso es exactamente de 14.69 libras».

Diapositiva nº 2

-Esta fotografía al detalle nos muestra la estructura porosa de la roca. La película negruzca que recubre la muestra, se debe a las altas temperaturas alcanzadas durante su penetración atmosférica. Observarán que en su parte superior izquierda falta un pequeño trozo, el utilizado para las labores de prospección microscópica y análisis espectográfico».

Diapositiva nº 3

-Aquí, una foto al microscopio de la muestra, en la que se observa perfectamente una cantidad considerable de elementos extraños aún sin identificar. En la siguiente toma, podremos observarlos más al detalle».

Diapositiva nº 4

-En esta toma podemos observar perfectamente la forma de estos organismos protozoarios, en apariencia fosilizados a la roca. Pero si sumergimos la muestra en agua, los organismos reaccionan de una manera extraordinaria, como verán a continuación».

Diapositiva nº 5

-Notarán que tras rehidratarse, nadan por el fluido con normalidad, tras haber vuelto a la vida en un proceso que desconocemos. En apariencia no difieren demasiado del género Aulacantha, un protozoo radiolario común en nuestro planeta. El estudio cromosómico determinó un cariotipo de 1600 cromosomas, número similar al que contiene el organismo antes indicado, y curiosamente, se trata de la especie terrestre que posee mayor número de ellos».

Diapositiva nº 6

-Aquí podrán apreciar el cariotipo espectral cromosómico de esta especie. Sin ánimo de ser exhaustivos con la explicación, diremos que encontramos similitudes en la forma y disposición de la cromátida con las especies de nuestro planeta. Entre sus pares podemos encontrar grupos metacéntricos, submetacéntricos, acrocéntricos y telocéntricos. El par 36 contiene satélites, aunque esto no es lo extraño. Lo que nos llama la atención es la forma de los cromosomas sexuales. Sabemos que se reproducen por bipartición, pero el par de heterocromosomas es diferente al de cualquier especie terrestre».

Diapositiva nº 7

-Aunque hay especies en que el sexo masculino es homogamético y otras carecen del cromosoma Y -pudiendo determinar el sexo por el número de X que posean- verán que este modelo parece estar formado solamente por un cromosoma Y. Pero si se fijan con atención, observarán que cuenta con un apéndice satélite en su parte inferior».

Diapositiva nº 8

-Siendo dispuestos en una muestra distinta que contenga otro tipo de organismos protozoarios de nuestro planeta, su comportamiento es bien distinto. Aquí los vemos nadando en una solución preparada junto con amebas y paramecios, especies que pueblan comúnmente las aguas. Ahora fíjense en los ejemplares del centro de la fotografía».

Diapositiva nº 9

-Observen cómo el paramecio se ha acercado y ha fagocitado completamente al intruso. Ahora, en vez de ser digerido por él, el organismo alienígena se despliega y pasa a la acción. Por medio de un inédito mecanismo, el intruso procura inmediatamente reproducirse con él. Es en este momento cuando creemos que su heterocromosoma (Y) se pone en funcionamiento aliándose con heterocromosomas del paramecio. Los isogametos de ambos logran aliarse y formar otra especie distinta».

Diapositiva nº 10

-Aquí vemos el resultado. No es un paramecio, es otra forma de vida totalmente distinta y de errático comportamiento. Su existencia será cuestión de horas, no sin antes haber intentado reproducirse con otros paramecios. Este mismo ejemplo nos ha servido para las amebas, los dinoflagelados y los cilióforos, y mucho nos tememos que el organismo extraño puede intentar recombinarse por medio de sus cromosomas especiales con multitud de especies diferentes. Su secuencia de ADN aún está en fase de estudio, pero creemos que este organismo posee una cualidad especial que le permite sobrevivir en las condiciones más extremas. Tal vez, inserto en su mapa genético, se encuentren trazas de otras especies alienígenas, pues la complejidad de su cromatina no debe ser casual».

Diapositiva nº 11

-La aparición de numerosos peces muertos sobre las orillas del lago Wheeler, es un misterio, pero también la base de una teoría que toma mucha fuerza. Nos podría indicar que probablemente el organismo, a partir de la caída del astrolito portador dentro de sus aguas, se haya liberado y expandido, infectando el agua que han respirado estos peces».

Diapositiva nº 12

-Como ven en esta fotografía, algunos de los ejemplares capturados sufren de terribles mutaciones que han deformado totalmente su estructura, haciéndolos totalmente irreconocibles. Sus vidas no se prolongan mucho más allá de las doce horas por término medio, pero nos tememos que en algún momento pueda mutar y asentarse dentro de una especie recombinando sus cadenas de ADN con las del organismo receptor».

Diapositiva nº 13

-Naturalmente, para evitar esta posibilidad y que ésta catástrofe natural se extienda, se han tomado medidas de urgencia inmediatamente de su descubrimiento. El perímetro del lago está sellado y controlado, y ya se están vertiendo al agua miles de litros de cloro transportados con premura en camiones cisterna desde las industrias papeleras más próximas. Evidentemente hemos comprobado con antelación que este elemento químico resulta válido indefectiblemente en todas las muestras, y esteriliza el agua que contiene estos organismos».

Diapositiva nº 14

-No obstante, la cercana población de Triana se abastece del agua del lago, y el aumento inusual de consultas médicas por parte de sus habitantes, nos puso inmediatamente en alerta. Pudiera ser que el organismo alienígena hubiese conseguido llegar hasta las vías de agua potable, e incluso no se descarta que los mismos pescadores hubiesen capturado ejemplares infectados en los días posteriores, y hubiesen consumido su carne. Si los peces no están perfectamente cocinados, el organismo podrá sobrevivir».

Diapositiva nº 15

-Triana cuenta con una población de 965 personas, y de ellos, el 40% ha consultado a su médico la aparición de síntomas de índole muy similar. Diarreas, vómitos, cefaleas y molestias musculares. No descartamos en absoluto que sea una epidemia causada por el organismo. Por ello, toda la población fue puesta en cuarentena inmediatamente, y hemos desplazado al lugar un amplio equipo médico especializado que está tomando múltiples muestras a todos sus habitantes. Todos los afectados están en observación a pesar de la mejora generalizada que se observa con la administración de antibióticos. Naturalmente, el agua corriente ha sido cortada y sólo se suministra en bidones dispuestos por la ciudad a efecto de dar oportunos servicios mínimos. Por fortuna, parece que los síntomas adversos no se prolongan más allá de tres o cuatro días, y la situación a priori, parece controlada».

-Off

-Tras esta escueta presentación, abriremos el debate ordenado que nos permitirá discutir nuevas posiciones a tomar dentro de esta compleja trama. Rogamos que expresen cualquier idea u opinión al respecto, que nos permita avanzar de modo seguro en la resolución de este problema. Así nos aseguraremos de no dejar al azar cabos sueltos que comprometan la seguridad ciudadana. Cualquier duda o sugerencia será tratada con el máximo rigor a partir de ahora.

-Pide la palabra la Doctora Chelsey Hampton...

 

***

 

Mañana prepararé las maletas. Han sido tres meses de convivencia obligada con las gentes de esta pequeña ciudad que ya tocan a su fin. La crisis oficialmente se da por concluida. La policía local ha retomado el control de las labores de seguridad y funciona normalmente, mientras que el personal militar se ha reducido al mínimo. El agua ya circula por los grifos y en consecuencia se han retirado los depósitos de la calle. Ya han procedido a desmantelar todas las instalaciones sanitarias eventuales y barracones, y Triana parece retomar poco a poco su pulso cotidiano.

Ha sido una temporada dura, estresante, de idas y venidas, visitas de toda índole y controles y pruebas por doquier. Esta gente ha logrado sobreponerse satisfactoriamente al caos en que se convirtió su rutina diaria y por ello se merecen todo mi respeto. No todo el mundo hubiera logrado soportar tan bien como ellos la experiencia de vivir aislados en cuarentena durante tantos días.

Los familiares de muchos de ellos, han estado esperando pacientemente en las afueras, y desde la semana pasada, visitan a sus seres queridos después de estar separados tanto tiempo. Triana ha duplicado su población en pocos días. Otros se preparan para marcharse. Huir durante un tiempo de su hogar tras haber sido reconvertido en cárcel preventiva. Unas vacaciones son para muchos, más que necesarias para su ánimo.

Antes de que me vaya, debo despedirme de algunos de ellos, los más ancianos, que han sufrido tanto y a los que guardo un aprecio especial. El señor y la señora Scheffer, octogenarios, amables y cariñosos conmigo a pesar de los pinchazos. Y por su puesto de su nieta Sandy, a la que se concedió un permiso especial de entrada, para facilitar las labores de apoyo y atención a sus abuelos. También a la señora Bartlett, a pesar de ser tan gruñona conmigo, y al matrimonio Riggs por todas las facilidades prestadas. O al señor Wuckovih, que tristemente se quedó viudo hace unas semanas, ya que su esposa padecía una larga enfermedad que se agravó durante la cuarentena. Y tantos otros que se me quedan en el tintero...


Al menos me marcho con la satisfacción del deber cumplido y que no hayamos tenido que lamentar mayores desgracias. Todos se recuperaron bien de la intoxicación, y su salud, salvo uno o dos casos aún convalecientes, es en líneas generales muy satisfactoria.

Supongo que hasta la próxima lluvia de meteoros de las Leónidas no habrá que preocuparse. Es cierto que a mediados de Noviembre de todos los años nos visitan, pero esta vez -como cada treintena de años aproximadamente, y coincidiendo con el pico máximo que marca la proximidad de la órbita del cometa Tempel Tuttle a la Tierra-, se marcaron registros históricos. No sólo por superar la cifra de 150.000 meteoros-hora de 1966, o la también espectacular de 1998, sino porque en esta ocasión, al menos un pedazo que sepamos, logró cruzar la criba atmosférica. Y lo más impactante de todo, es que ese pedazo de roca contenía inesperados pasajeros, trayendo consigo una respuesta tan largamente esperada.

Se había confirmado. Si, existía vida extraterrestre; tantas veces predicha y rebatida. Sobreponiéndose a las más adversas condiciones, abriéndose paso entre los espacios. La imaginación desde ese momento se ha disparado. Noticiarios, libros, cómics y revistas -y por supuesto el cine-, han visto resurgir un sentimiento que parecía apagado, y ya nadie descarta que otros seres inteligentes habiten en otros mundos. Por el momento, todos los ojos se encuentran vueltos hacia Urano -concretamente hacia su satélite Miranda-, del que parece ser -según los últimos estudios, desciende el cometa. Tal vez fue un impacto contra otra roca interestelar el que propició el desprendimiento, quien sabe. Pero este satélite tan poco atractivo para sustentar vida, parece ser el origen del elemento Verona Rupes, que así es como se ha bautizado extraoficialmente al organismo alienígena. De hecho, ya está planeado el envío de un Voyager III a este mundo.

El organismo en cuestión es mucho más complejo de lo que aparentaba dado su tamaño microscópico, y su estudio se prolongará por años. Lo que sabemos es buscó adaptarse enseguida a las nuevas condiciones, y de no ser por la rápida intervención de las autoridades, quien sabe a qué extremos hubiera logrado llegar. Ahora se encuentra perfectamente aislado, custodiado y controlado en un laboratorio especial dependiente directamente del estado. Supongo que cualquier novedad al respecto de los avances científicos sobre la muestra, será comunicada por el gobierno a su debido tiempo.

 

***

 

El coche me espera. Sólo me tomará unos minutos acercarme de nuevo al domicilio de los Scheffer. No puedo negar que siento algo especial e imprevisto por su nieta Sandy. Y ella creo que siente lo mismo por mí. Ayer en su casa, lamenté tener que separarme de ellos al despedirme, y creo que ella me miró con ojos apesadumbrados por mi pronta marcha. Y cuando le di mi tarjeta, olvidé pedirle su número de teléfono. Hoy lo haré, y le prometeré una pronta visita en cuanto arregle mis muchos asuntos pendientes. Tal vez, por fin, el amor haya llamado a mi puerta.

 

***

 

Noto algo extraño durante mi breve paseo hasta casa de los Scheffer. El barullo de gente de estos días atrás, hoy se había diluido por completo. La calle principal aparecía desierta. Aún era temprano, pero no dejaba de ser inusual la nula actividad que observaba.

-¡Eh, señora Bartlett!

La señora Bartlett cerraba en ese momento las persianas de la ventana, y no pareció que me hiciera caso. Tal vez no me oyera.

Allí a lo lejos, divisé a un hombre en el jardín delantero de su casa. Me parecía que se trataba del señor Wilson, pero no estaba seguro.

-¡Eh, oiga, espere un momento por favor!

Nada. El hombre caminaba despacio hasta la puerta de su casa atravesando el jardín sin prestarme la más mínima atención. Subió las escaleras, abrió la puerta y penetró dentro. Me pareció notar en él un caminar apesadumbrado, con el rostro vuelto hacia abajo siguiendo sus propios pasos.

-¡Señor Wilson, por favor, salga un momento! ¡Solo quiero hablar con usted un segundo!

Pero el señor Wilson cerró sus persianas ante mí sin la menor consideración.

Todas estaban cerradas. Todas las persianas y contraventanas cerradas a cal y canto. En una actitud más que extraña. Mi ánimo me dictaba que algo estaba pasando que escapaba a mi control, y debía averiguarlo.

Seguí caminando en dirección a casa de los Scheffer. Allí habitaba mi máxima preocupación por el momento. Mi paso era ligero, y en un par de minutos me plantaría ante su porche. Mientras seguía andando, observaba las casas de ambos lados de la calle buscando atisbar un rastro de actividad que desbaratara mis malos presentimientos. Pero el pueblo permanecía mudo y silencioso.

Mi móvil sonó en el interior de la chaqueta, y su alerta repentina me sobresaltó.

-¿Sí?

Frank, soy Sandy! ¡Ven a mi casa, por favor! No sé qué está sucediendo...

-Dame un minuto. Ya estoy de camino.

Eché a correr por la calle y las suelas de mis zapatos resonaban con ecos repetidos entre el silencio que guardaban las casas. El corazón empezó a golpear el pecho con furia tras ser ampliamente solicitado por el esfuerzo y la ansiedad que me impulsaba a correr.

Giré a izquierdas enfrentándome al porche de los Scheffer. De dos amplias zancadas superé los cinco escalones de acceso, y al tiempo que posé mis pies en el tillado de madera, la puerta principal de la casa pretérita se abrió de golpe sobresaltándome de nuevo. Mi cerebro ahora estaba demasiado embotado como para recordar la identidad de aquel hombre que salió de súbito vomitando en la entrada de su domicilio. Apenas posé tres segundos mi atención sobre él, ya que me urgía conocer el estado de esta familia en particular; tiempo justo para ver cómo caía de rodillas expulsando porquerías por su boca, a modo de aspersor abierto.

La puerta cedió sola. Estaba abierta. Sobre el suelo de la cocina yacía el señor Scheffer, preso de unas terribles convulsiones que le hacían incluso desplazarse lateralmente de su sitio, mientras su nieta Sandy, trataba inútilmente de sujetarle echando todo su peso sobre el pecho de su abuelo.

Frank, mi abuela...!

En medio del pasillo, la señora Scheffer permanecía tumbada en estado catatónico, con los ojos muy abiertos. De vez en cuando era sacudida por una convulsión seca y violenta, que provocaba una nueva expulsión de líquidos por su boca y su ano. Su rostro descansaba en el suelo sobre un lateral, en medio de un gran charco de pus y sangre. Me eché sobre ella dispuesto a reanimarla de algún modo.

 

***

 

Diez minutos desesperados e inútiles.

Sandy se abrazó a mí buscando consuelo para sus lágrimas. Yo la tomé del hombro dispuesto a guiarla hacia la calle para que tomara aire fresco, despejándola de la vista de los dos cadáveres y del fétido olor que desprendía la estancia. Mientras la mitad de mi cerebro se ocupaba de Sandy, la otra se concentraba en la mano derecha, en donde mi pulgar descorría el menú del teléfono móvil buscando en la agenda los teléfonos de todo el personal científico y militar que había prestado apoyo durante la cuarentena.

Pero salir al exterior no fue la mejor idea. La calle, antes desierta, era ahora transitada por algunos individuos, que deambulaban a trompicones vomitando por las orillas. Algunos caían de rodillas y quedaban inmóviles con el rostro vuelto al cielo. Esta era la misma postura que conservaba el vecino de al lado, justo como le dejé la última vez. Otros simplemente, caían desplomados en el suelo, exhaustos tras haberse desparramado largamente por las esquinas.

Sandy pareció reaccionar al comprobar que su mal era un mal común a todos, y agarró fuertemente mi mano para preguntarme con desespero:

-¡Qué es lo que está sucediendo, Frank! ¿... Frank?

-Nnno lo sé, Sandy, no lo sé, pero creo que debemos irnos de aquí cuanto antes.

Mientras andábamos deprisa por el centro de la calle, sorteando a una distancia prudencial a todos aquellos que iban saliendo desde sus casas expectorando su agonía, yo iba efectuando una y otra llamada concatenada. El mensaje era lo suficientemente escueto y directo como para ser entendido rápidamente por mis superiores.

La calle se iba repoblando cada vez más y nos costaba encontrar espacios por los que circular manteniendo una distancia de seguridad. Alguien se acercó a mí tras reconocerme como uno de los médicos que le prestó atención durante la cuarentena, escupiéndome súplicas que en ese momento yo no podía atender. Me aparté de él cobardemente y seguí corriendo, guiando a Sandy con mi mano -casi arrastrándola.

A pesar de los nervios provocados por la inminencia de nuestra huída, pude discernir un detalle significativo de entre todas las imágenes bárbaras que penetraban por mi retina. Mientras la gente de raza negra como nosotros, parecían caer indefectiblemente víctimas de los extraños síntomas, los de raza blanca permanecían invariablemente en la misma postura. Arrodillados y mirando al cielo hacia un mismo punto con expresión vaga. En sus porches, en los jardines y en la calle. Ni los violentos vómitos ni las diarreas aparentaban haberlos vencido del todo. Parecían todos a la espera de algo, y ese -algo» me aterraba.

Al final de la calle, vislumbramos un retén del ejército que llegó presto desde la próxima base militar de Redstone. Varios Hummer H y Navistar N9 se desplegaron formando una barrera para impedir la salida de nadie. Supongo que lo mismo sucedería pronto en el resto de calles de salida. Tras la barrera, comenzaban a llegar varias ambulancias y equipos de emergencia, los mismos que días antes se habían marchado tranquilos tras el fin de la cuarentena.

Sandy y yo seguíamos corriendo de la mano, exhaustos por la carrera, calle abajo en dirección al retén del que nos separaban tan sólo unos cincuenta metros. Mientras, observamos cómo varias personas del personal sanitario recorrían la calle en dirección contraria a la nuestra, dispuestos a prestar ayuda a los afectados conscientes más cercanos. Enfundados en sus asépticos trajes blancos y aislados por aparatosas mascarillas que ocultaban su cabeza por completo. Mientras corríamos fijé la atención en el primero de ellos, que llegó a la altura de un hombre de raza blanca que permanecía inactivo en su jardín, de rodillas, con los brazos colgando y la mirada perdida al cielo, como si estuviera en trance. El médico se acercó y se arrodilló ante él para quedar a su altura. Sacó la pequeña linterna para valorar los reflejos pupilares y encañonó sus ojos con el fino haz de luz.

Su boca se abrió, convirtiéndose en la puerta de salida para sus babas, entremezcladas con sangre y pus, y empapando el impoluto uniforme del auxiliar con su inmundicia. Pero él, como buen profesional, no se apartó inmediatamente y continuó su tarea.

La boca continuaba abierta de par en par, para dar salida al ente que se había gestado silencioso en su interior. Los viscosos tentáculos surgieron por sorpresa de la garganta buscando el cuello de su antagonista, enroscándose por decenas a su alrededor, sujetándolo bien por la cabeza, que desaparecía oculta tras ellos. Otros buscaban nerviosos, aberturas por las cuales penetrar dentro de la presa, tentando la máscara de protección por todos sus ángulos. El hombre se debatía desesperado intentando alejarse de su agresor, apoyando sus manos fuertemente contra el pecho. Pero era inútil. Los tentáculos le aprisionaban con fuerza juntando cada vez más los dos cuerpos. Y el pecho del pseudo-hombre se abrió. Una nueva amalgama de tentáculos aún más gruesos y poderosos enrolló el torso del auxiliar, y las costillas, reconvertidas en afilados dientes, se separaron del esternón dando una dentellada en el pecho de su víctima. Las protuberancias finalmente encontraron vía libre por la cual penetrar al interior del organismo buscando alimento.

El soldado más próximo, reaccionó demasiado tarde. Ningún entrenamiento le había preparado para semejante circunstancia y los reflejos le traicionaron. La ráfaga no hizo distinción de especies. Atravesó invariablemente los dos cuerpos. Uno cayó inerte, y el otro continuó retorciéndose unos instantes más, elevándose finalmente sobre sus cuartos traseros dispuesto a viajar hacia su atacante. Hicieron falta muchas más balas de las previstas, disparadas desde varios ángulos, para abatir de forma definitiva a la criatura antes de que llegara acercarse hasta ellos.

Sandy y yo, habíamos quedado paralizados contemplando la horrorosa escena, representada justo delante de nosotros y a escasos metros de nuestra meta. Repuestos momentáneamente de la impresión, decidimos proseguir nuestra carrera y llegar a la zona segura.

Pero una voz y un cañón, nos lo impidió.

-¡Deténganse ahí o disparo!

-¡Por favor! ¡Soy el doctor Sanders! ¡Frank Sanders, y esta señorita es Sandy Scheffer!

-¡Lo siento señor! ¡Les digo que se detengan ahí inmediatamente!

-¡Pero esto es una locura! ¡Nosotros estamos sanos...!

-¡Tenemos órdenes de no dejar salir a nadie! ¡Quédense donde están si no quieren que abramos fuego contra ustedes!

Mientras aquel sargento nos tenía perfectamente encañonados y guardaba que no diésemos un solo paso más hasta ellos, dos pelotones de ataque armados hasta los dientes pasaron raudos por nuestros flancos guardando las distancias, dando relevo al personal sanitario que se replegaba de nuevo por detrás del pelotón de contención.

A nuestras espaldas comenzó a desatarse una guerra entre salvas y tentáculos desperezados de la que no se sabía a ciencia cierta quien era el justo dominante. Aquellas cosas salieron de su trance dispuestas a apresar toda la comida posible que diera nuevos bríos a sus horrendas anatomías. Y a buena fe que algunos lo lograban. Eran demasiados. Demasiados incluso para un ejército entero.

La doctora Chelsey -jefa de los servicios médicos durante la cuarentena-, asomó su rostro tras los soldados que nos custodiaban. Estábamos presos del pánico y la confusión, y le lancé una nueva súplica.

Leeann, por favor! ¡Diles que nos dejen pasar, por Dios!

-No puedo Frank.

-¡Estamos bien! ¡No estamos contagiados! ¡Míranos atentamente, por favor!

-Lo siento Frank. No puedo.

-¿... Pero por qué? ¡Tú me conoces bien, sabes que no te miento!

-Lo sé Frank. Perdóname, pero no podemos hacerlo. Tenemos órdenes estrictas. Tú aún no lo sabes, pero... la plaga se ha extendido más allá de este lugar. Hay muchos más casos, Frank. Esto no se terminará aquí ¿sabes?

- ... Quieres decir que...

-Sí Frank. No debimos dejar salir a nadie. Es incontrolable, incurable, monstruoso. Esto que contemplas es sólo la punta del iceberg, créeme. La nueva forma de vida se extenderá tan rápido que será imposible de parar a corto plazo. ¿Sabes lo que esto significará para todos? ¿...para todo el mundo?

-¡Dejarme que os ayude como hasta ahora Leeann! ¡Podremos frenarlo de algún modo, lo sé!

-No Frank. No se puede. Una vez manifestado, sólo el fuego puede. Eso que contemplas es un organismo invasor. Invasor de mundos, invasor de vidas, que no le ha importado esperar millones de años, asentado en una roca inerte seguramente por su causa, aguardando un transporte que le aposente en un nuevo destino del que tomar su savia hasta extinguirlo. La gente de raza negra actúa como machos de la especie y mueren después. Y los de raza blanca ejercen de hembras, gestando y expandiendo su especie. ¿Sabes Frank? Todos los que de aquí salieron portando la Verona Rupes oculta en el tuétano de sus huesos, han orinado en otras partes. Y su orina se ha mezclado con el agua, y ese agua ha sido reabsorbida por muchos otros organismos y mucha otra gente, completando un ciclo que no parará. Y ya no habrá fuego suficiente para liquidarlos a todos. Seremos muy pocos los que podremos salvarnos, Frank.

-Eres una auténtica hija de puta, ¿lo sabes?

-Sí Frank. Lo sé.




publicado en diciembre de 2008

 
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