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La decepción por la victoria Más sobre Gabriel Romero

«La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre»

Friedrich Nietzsche

 

Prólogo: Un cuento para dormir

-¡Abuelo! ¡Venga, abuelo, cuéntame una historia!

El anciano Mohamed Boulaich se alejó de la ventana, y olvidó al instante los últimos rayos de sol sobre las tejas grises, los hombres preparando sus modestas embarcaciones, las risas de las jóvenes doblando la ropa limpia en las callejas.

Anochecía otra vez en el Paraíso, y sus gentes abandonaban el asfalto, caliente y exhausto, después de un largo día de terribles faenas… Un día más.

-Eres incansable, ¿eh, Ismael?

El viejo sonreía, entre el mar de arrugas en que se había convertido su rostro, y el niño le observó con la alegría pintada en su negra carita.

-¿Qué historia quieres que te cuente hoy?

-La de Haqq, abuelo, por favor… Cuéntame la de Abdel Haqq.

-¿Otra vez? Estoy seguro de que ya te la sabes mejor que yo...

-Pero es mi favorita. Venga, abuelo, por favor…

-Muy bien… Como quieras….

El anciano respiró hondo, echó hacia atrás la cabeza y dejó que los recuerdos le inundaran. La felicidad y el dolor. Los olores, los sonidos del desierto…

La muerte.

 

1. La revolución de los analfabetos

Abdel Haqq…

Han pasado muchos años desde entonces, pero nosotros nunca lo olvidaremos. Puede que el resto del mundo termine por borrarlo de sus recuerdos, y su estela se pierda en la bruma del tiempo, pero la herencia de sus actos estará siempre en África.

Él mismo se ha encargado sobradamente de que la Historia no pueda ignorarle. De que le haga inmortal. Poco importa ahora que sus acciones fueran más o menos aceptables, si salvó vidas o las condenó…

De un modo u otro, todos repetiremos por siempre el nombre de Abdel Haqq.

Eran otros tiempos, una época dura y maldita, en la que la orgullosa nación de Nilidia vivía sometida bajo un duro régimen colonial. Había sido conquistada en las primeras décadas del siglo XIX, igual que el resto de nuestros desafortunados vecinos, y esa odiada Reina Victoria estableció una inamovible estructura de castas en la que los nilidios de piel oscura, pobres e incultos musulmanes que vivían de la tierra, no éramos más que títeres sin voz, esclavos para llenar sus minas y campos.

Por aquel entonces, Inglaterra ya había desarrollado una enorme expansión. Eran los años de la Revolución Industrial, de la Era Victoriana. Lograron su tremenda ascensión a costa de las pequeñas naciones a las que esclavizaban. Abandonaron su viejo estado agrario y primitivo a cambio de imponérselo a las provincias de ultramar, que vivían condenadas a ese mísero primitivismo para enriquecer al Londres de la fastuosa Reina de Gran Bretaña y Emperatriz de la India.

Ellos construían ferrocarriles por todo su territorio, y diseñaban nuevos sistemas de aguas residuales y luz de gas, mientras en Nilidia nos mataban el cólera y el tifus. Y a nadie le importaba…

Excepto a Abdel Haqq.

Cuando él vio Nilidia, había transcurrido un siglo de dominio inglés en nuestra hermosa nación. Corrían los primeros años cuarenta, y éramos todavía más pobres que entonces. Cien mil ricos de piel blanca vivían en Nilur, la capital del norte, gobernando con mano de hierro a doce millones de árabes analfabetos, que sólo podían rezar y guardar silencio. Perder la vida trabajando, pero sin levantar la voz.

Él fue el primero en llevar la contraria.

Nació como Jon Reuben Kane, hijo del poderoso sir James Brogdan Kane, favorito de la reina y regente de Nilidia, encargado por el grandioso Imperio Británico del gobierno cruel e injusto de una nación sometida. Y gracias a eso, nuestro héroe pudo ver de primera mano la situación real en que vivíamos…

Su madre fue la digna Umara Aziz, bella como ninguna, que un día entregaron al regente como compromiso de los pueblos del sur, y al final su amor fue sincero e infinito. Ella le enseñó al muchacho la sabiduría del mundo árabe, y sentó las bases de lo que estaba destinado a ser.

Estudió Derecho en Oxford, y Ciencias Políticas, pero nunca creyó que eso le bastara en la vida. Podría haberse contentado con heredar la regencia de su padre, podría haber sido un títere más de la Corona Británica… pero eso no le interesaba.

Él deseaba conocer la auténtica Nilidia.

De modo que se internó solo y sin ayuda en las regiones del sur, un desierto cruel e inhóspito a merced de las bestias salvajes que lo consideraban su reino. Las bestias… y los Tuareg, que se llaman a sí mismos Imoshag 1.

Nadie más que ellos podía sobrevivir en las ardientes y letales arenas del desierto. Ellos, un sinfín de pueblos nómadas que se esparcen de manera caótica por al menos seis grandes naciones de África, y que se consideran hijos de las mismas dunas. Ellos, que viven organizados en linajes familiares, y éstos a su vez en una ettebel o tribu, y ésta regida por un amghar o líder. Los Tuareg no son de nuestro mismo origen, Ismael, sino que provienen de los antiguos nativos del reino de Garama, famoso hace muchos siglos por resistir imbatidos el acero y la furia de los Emperadores Romanos. Y de la misma forma han resistido desde entonces las invasiones árabes e hilalianas. Y en las tierras de Nilidia vencieron a los ingleses.

Fue de ellos que aprendió Reuben Kane las técnicas del viaje por el desierto, las costumbres de un pueblo más antiguo que cualquiera que pudiera haber conocido, y el mundo tal y como era realmente. Los Tuareg fueron su llave hacia los pueblos musulmanes de los ríos del sur, y hacia su adopción como uno más de los nilidios.

Cambió su nombre por el de Abdel Haqq 2, e inculcó en los pobres y los desheredados un anhelo fuerte e imborrable: la lucha por un futuro mejor. La exigencia de aquello que nos pertenecía por derecho. Una vida próspera y libre. La revuelta.

Con frecuencia se ha dicho, Ismael, que la revolución sólo puede calar entre los más pobres, porque sólo ellos no tienen nada que perder. Yo te digo también que los pobres sólo pueden ser revolucionarios, porque es el único gobierno que les promete comida y dignidad para sus hijos.

El verdadero mérito es el de Reuben Kane, que pudo ser un rico heredero británico y regir sin destreza el destino de una nación… pero eligió ser pobre y musulmán, y por ello le convirtieron en caudillo.

Dos años después de su partida y desaparición, Haqq volvió a casa, pero lo hizo al frente de un millón de soldados imazighen 3, equipados con armas ligeras provenientes de Europa, y entrenados en las mismas tácticas del Ejército de Su Majestad. Cruzaron el desierto por rutas secretas, sitiaron Nilur, nuestra orgullosa capital, y en sólo ocho meses expulsaron para siempre a los británicos de Nilidia. Las tropas rebeldes fueron clementes en extremo, pese a la violenta oposición armada de los impiadosos conquistadores, y la llamada Guerra de Liberación quedó finalmente reducida a una sangrienta lucha de guerrillas, de la que todos se avergonzaron…

Era 1943, y Abdel Haqq fue nombrado primer Presidente de la República Islamista de Nilidia. Y reunió en torno a su heroica figura un nutrido Gobierno de reconstrucción que devolviera la grandeza a un país que nunca debió perderla: Baraka ibn Hallim fue el Ministro de Agricultura, y su labor era que nunca faltase comida en el plato de una sola familia. Zara Dermin llevó el Ministerio de Industria, y construyó bajo su guía numerosos puentes, presas y ciudades, que llevaron calidad de vida a la gente. El anciano Taymullah, antiguo profesor universitario, fundó el Ministerio de Educación, y se encargó de formar a los niños, y más tarde a los adultos, para aprender lo que sus amos nunca les habían permitido. Y por último, a Omar Bekkrin se le entregó el mando del Ejército, para reforzar sus defensas, y asegurar que nunca volvieran a someterse a nadie.

Y Kane nos guió a todos…

Nuestro héroe libertador contrajo matrimonio con la bellísima Zara Dermin, y pocos meses después se anunció que esperaban descendencia. El pueblo de Nilidia celebró seis días de fiesta en honor de la pareja.

Muchos años duró aquella paz y felicidad, y gracias a él los nilidios aprendimos a confiar en nuestras propias posibilidades.

Fue por eso que en la crisis mundial de 2010, sólo Nilidia y su rico subsuelo pudieron responder a las crecientes demandas energéticas de un mundo superpoblado. Y cuando el poder de Occidente se derrumbó sobre sí mismo, y las grandes naciones cayeron como fichas de dominó, entonces los soldados del Presidente Haqq cruzaron Europa como hijos vengativos.

La Tierra se había convertido en un lugar trágico y penoso, en el que el hambre eterna e inhumana de los países ricos había esquilmado las reservas naturales. Ya no quedaba petróleo, ni maíz en los campos, ni hielo en la Antártida. Destruyeron la capa de ozono, sacrificaron las regiones costeras al saber del ascenso del nivel del mar, y dieron vida a nuevos e innombrables horrores. Habían conseguido erradicar la viruela, y muchas de las enfermedades de otra época eran tratables sin dificultad… en el Primer Mundo.

Pero mientras unos mantenían su nivel de vida a costa de los demás y del mañana, en África seguíamos igual de pobres. Y enfermos. El cólera y la malaria se habían convertido en familiares poco deseados, y la propia riqueza de nuestros campos y minas no significaba nada en el mercado internacional.

Hasta que Abdel Haqq volvió a tomar la palabra.

Y en aquel famoso Domingo de Resurrección cristiano, los Ejércitos de Nilidia agruparon bajo su bandera a todos los Hombres Libres del norte de África, y volvieron a cruzar el Estrecho con ansias de conquista, del mismo modo en que lo hizo Tariq bin Ziad en el 711 d.C. Las legiones imazighen atravesaron Europa como firmes dominadores de un territorio que nunca debieron haberles negado, y apenas tuvieron que abrir fuego un par de veces en las afueras de Berlín. Occidente se había hundido bajo el peso de su propia grandeza, y admitió benevolente a sus nuevos dueños.

Guerrilleros bereberes en los Campos Elíseos, en Varsovia, en el Big Ben. Los aviones y los barcos de los Pueblos Unidos de África se proclamaron señores de toda Europa sin apenas violencia. Y nuestro gran señor fue dueño ya de dos continentes.

Navegábamos silenciosos por el Canal de la Mancha, y nuestras negras pieles calcinadas por el sol devolvieron la visita de setenta años atrás a la estirada Reina de Inglaterra. Y tuvo que rebajarse y sonreír a sus conquistadores.

El Presidente de turno de la Unión Europea se entrevistó por una hora con los capitanes de los Ejércitos victoriosos, y en esa misma reunión aceptó someterse.

Corría el año 2015, y en el día preciso en que cumplía un siglo de edad, Abdel Haqq fue nombrado Emperador de toda Europa y Norte de África.

El hombre más poderoso que jamás ha existido.

Y llevó la riqueza de nuestra cultura a los mismos reyes blancos que antes nos habían despreciado.


El anciano Mohamed Boulaich apartó la vista de la ventana, y al volver a mirar a su nieto, vio satisfecho que estaba dormido como un ángel.

Sonrió, apagó la luz, y entre tinieblas salió del cuarto.

Un día más había acabado…

 

2. La decepción por la victoria

Sin embargo, al dejar la habitación, se encontró cara a cara con su hija, la hermosa Yaiza. Y su rostro era de enorme enfado.

-Padre, ¿qué has hecho?

-Hola, princesa, ¿qué sucede?

-Sabes bien lo que sucede. Esas historias malditas están prohibidas en esta casa, y tú te empeñas en seguir haciéndolo.

-No quiero volver al tema de siempre, Yaiza.

-No, claro, a ti te da igual lo que yo piense. Le metes ideas al niño en la cabeza, tus ideas, las mismas que sabes que yo desprecio. Pero no te importa lo que eso provoque, ¿verdad? Vas a hacer de él un soñador como tú, un infeliz. ¿Es eso lo que quieres para tu nieto?

-No creo que sea tan mal destino. Es nuestra historia, Yaiza, y el niño debe conocerla. ¿Debo sentirme yo culpable por eso?

-Es tu versión de la historia, padre, y sabes que quitaste muchas cosas que no te gustan. ¿O acaso niegas todo lo que pasó después?

-Eso es tema para otro día… Habría mucho que hablar al respecto…

-Por supuesto, eso ya no te interesa, ¿verdad? Terminas tu historia con el gran héroe de la guerra convertido en dios, llevando su enorme sentido de la justicia por todo el continente europeo… Pero ocurrieron muchas más cosas. ¿O ya se te ha olvidado? Cuando se volvió un tirano… igual que los ingleses…

-Eso no es cierto… No fue igual…

-¿No fue igual? ¿Me lo vas a contar a mí? ¿Cuando llenó las calles de soldados, y las casas de micrófonos? ¿Cuando prohibió las reuniones y controló la prensa y la televisión para decidir lo que el pueblo llegara a conocer? Cuando empezó a desaparecer gente, y nunca más volvimos a saber de ellos… Yâzid Allül, Mujâhid Kabral, Burhan bin Müllah… ¿Te suenan de algo?

-Tú no puedes entenderlo… Eres demasiado joven… Él sólo quería nuestra seguridad. Los ingleses estaban furiosos, e hicieron de todo para reconquistar su preciosa isla. Había un plan secreto para infiltrar espías en los altos cargos del Gobierno…

-Eso es mentira, padre, y tú lo sabes. Ésa fue la invención de nuestro gran héroe, para causar el pánico y conservar el poder.

-Haqq no lo hizo por el poder. Él ya había nacido con poder, estaba acostumbrado a gobernar Nilidia, y sus pensamientos sólo se dirigían al bien común. Lo hizo por nosotros

La mujer observó los ojos cansados de su padre, y no pudo retener las lágrimas. Y cuando habló, su garganta era un nido de rabia y dolor acumulados.

-¿Cómo? ¿Que lo hizo por nosotros? ¡Maldita sea, padre, lo hemos perdido todo! ¡Por culpa de Haqq estamos refugiados en un país extraño, viviendo de la miseria y hundidos en la vergüenza! ¡Por su maldita culpa te expulsaron de la Universidad, y a mí del trabajo! Y sólo porque él lo quiso fue encerrada mamá en un campo de prisioneros hasta que murió de hambre, y yo perdí a Umayr en el Atlántico…

Yaiza Boulaich se derrumbó entre sollozos, y el dolor de otro tiempo vino a ensombrecer aún más su terrible presente.

El anciano la rodeó con sus enormes brazos castigados por el sol, y no pudo decir una sola palabra.

Cuando finalmente la mujer levantó la cabeza, su voz llenó el aire con el estruendoso sonido de la verdad:

-Abdel Haqq ha destrozado mi vida, padre. Yo también creí en sus sueños de grandeza, en su lucha por un porvenir justo… pero lo único que me ha dado es sufrimiento. Voy a luchar por salir adelante, puedes estar seguro de eso, por mi hijo, y por la memoria de Umayr, que así lo querría… Pero no pienso vivir siempre con el fantasma de la Europa hundida sobre mi cabeza.

Tuvimos que escapar de noche de nuestros propios hogares, corriendo como ladrones para no ser capturados por su maldita Policía Interior. Muy bien. Lo acepto.

Debíamos cruzar el Atlántico en un ruinoso pedazo de madera rota, y allí me despedí para siempre del único hombre al que podré amar. Y duele, como nunca soñé que dolería nada en la vida, pero puedo superarlo si es a lo que me obliga el destino.

Y ahora, cuando se supone que ya estamos a salvo, tenemos que vivir en este lugar, donde no ganamos apenas ni con qué alimentarnos, y somos mal vistos y despreciados sin motivo… Me va a costar, padre, pero juro por ese niño que duerme detrás de la puerta que lo voy a conseguir. Porque ni todos los tiranos del mundo, ni sus crueles ejércitos ni los mares que nos rodean podrán impedir que vea a Ismael convertido en un hombre. Y feliz, ya que yo no lo seré nunca.

Ahora bien, lo que no consentiré más es que le cuentes a mi hijo tus mentiras sobre el malnacido que acabó con la vida de su padre. Porque yo no le implico en los horrores del pasado. Yo no le cuento nada sobre las torturas que sufrimos toda la familia por considerarnos sospechosos, ni sobre los ataques con gas tóxico que lanza el propio Ejército contra las naciones sometidas, sólo para probar su eficacia… ni sobre la miseria a la que Abdel Haqq condena a su propio pueblo, mientras él fabrica armas nucleares con las que provocar a sus vecinos. ¿Quieres que le explique esas cosas, padre… con detalle?

El viejo hundió la cabeza entre los hombros, y su voz se oyó a lo lejos, como un susurro.

-Yaiza… Sé que son recuerdos difíciles… Que todos lo pasamos mal por mi culpa… Y no puedo evitar sentirme responsable por lo que te hicieron… Pero yo también soy parte de esos recuerdos difíciles… y no puedo negar quién soy, a pesar de todo…

 

Epílogo: El ministro que huyó en el mar

Mohamed Boulaich caminó solo y despacio por la diminuta aldea, en dirección a su modesta casita. Y por primera vez en mucho tiempo, lloró en silencio.

Recordó la antigua belleza de Nilidia, el ardor de la guerra, y la importancia de los valores por los que luchaban. Aquellos tiempos… Cuando aún había buenos y malos, y estaba claro quién pertenecía a cada bando. Antes de que todo cambiase, de que el hombre en el que confiaban se convirtiera en su enemigo, y tuvieran que enfrentarse a él como antes habían hecho con los malditos británicos.

Los tiempos en que Boulaich se hacía llamar Taymullah, Ministro de Educación de Nilidia, maestro de niños y adultos en tiempos de Abdel Haqq. Uno de los muchos que creyó en los valores de la Revolución, y que seguía creyendo incluso ahora.

Ahora, que vivía como inmigrante en un pequeño pueblito de la costa brasileña, con nombre falso y una existencia mísera. Ahora, que vendía su poca salud trabajando en una oscura fábrica de conservas, de sol a sol, por cuatro asquerosas monedas que apenas le llenaban el plato. Ahora, que tenía que ver a su nieto flaco y a su hermosa hija sola y triste… Y dar las gracias, porque aún tuvieron suerte.

Él, que había sido Profesor de Universidad, Ministro de Cultura, y uno de los más valiosos intelectuales de su país… Y ahora tenía que esconderse entre extraños de los fantasmas del pasado… y del asco del presente.

Boulaich miró a las estrellas, las mismas que lucen impasibles en las gélidas noches del desierto… y lloró amargamente. Y supo que algún día Abdel Haqq lograría encontrarle. Aunque tuviera que atravesar cien mares y todos los continentes… Cualquier cosa, con tal de llevar a cabo su venganza.

Y entonces, Boulaich y su familia morirían, de alguna forma atroz.

Pero hasta ese momento, decidió seguir con su pacífica vida, caminar hasta su pobre hogar, y aguardar pacientemente el día en que ocurriera. Y disfrutar de su dura y desagradecida existencia en América…

La que se habían ganado con tanto esfuerzo.

(Porque él, a pesar de todo cuanto había ocurrido, y del dolor que ello le acarreaba… aún seguía creyendo en los ideales de la Revolución)


«Toda persona que emigra lleva a sus espaldas una historia que le persigue»

 

REFERENCIAS

1.- No está claro de dónde proviene el término «Tuareg»: Se habla de un origen en su ancestro Tariq bin Ziad (que conquistó la Hispania Visigótica en el 711), o bien en una palabra arábiga que significa «Abandonados por los dioses», o incluso en la antigua ciudad de Fezzan, denominada Targa en las lenguas bereberes. De un modo u otro, ellos prefieren llamarse Imoshag, Imushaq, o Imuhagh (que significa «Hombres Libres» u «Hombres Nobles»). [volver]

2.- Abdel Haqq: «Sirviente de la Verdad». [volver]

3.- Imazighen (Plural de Amazigh): «Hombres Libres.» Nombre con que se designan a sí mismos los pueblos bereberes del norte de África, por considerar peyorativo el nombre «bereber» (pues proviene del latín «barbarus»: «Bárbaro, que rehusaba integrarse a la cultura grecorromana»).[volver]

publicado en diciembre de 2008

 
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