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Adiós Señor Lobo Más sobre Felideus

"A veces el páramo necesita olvidar que es yermo, para un día convertirse en prado."

 

El padre, el crítico feroz, el hombre que los había arrojado al bosque oscuro por no poder o no querer alimentarlos, yacía en el fondo del nicho, dos metros más abajo. Hansel y Gretel se dieron la mano y observaron indolentes la semilla humana que acababan de plantar en el seno de la herida de tierra, abierta.

-¿Crees que está lo bastante profundo? -Preguntó Gretel.

-Claro.- respondió Hans.- ¿Ves como los gusanos que habían crecido en su cabeza se abrazan con los gusanos que habitan el nicho? Es la profundidad exacta. Se trata de un acto de amor para gusanos.

-Me gustan los gusanos.

-Caro data vermibus -Sentenció Hans, un gran amante de las citas latinas-. "Carne para los gusanos". Los gusanos también tienen que comer, y eso no es malo.

-¿No crees que esto puede tener algo de Freudiano? Tampoco me gustaría responder a un arquetipo Junguiano. Odio que me clasifiquen o me encorseten, o me atribuyan expectativas que coarten mi libre albedrío. -Comentó Gretel, que odiaba el psicoanálisis, casi tanto como le fascinaba.

-Freud no hablaba en sentido literal. Esto es fruto de la combinación del azar y el instinto de supervivencia; y ya sabes que el azar es territorio de la magia y la física cuántica, y el instinto de supervivencia sólo lo ignoran los muertos, o los que quieren ser muertos.

Los hermanos trabajaron mano a mano hasta sellar el hoyo. Y tan llana quedó la tierra, tan integrada en el entorno, que parecía que nunca la hubiera horadado pala alguna.

El sol del mediodía despertó el reflejo incierto de una gota de agua suspendida en una yema de hoja, que ahora comenzaba a germinar sobre la tumba.

 
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