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Mira hacia la ventana Más sobre Daniel Pérez Espinosa

Ella se acerca a la ventana, ve la figurita de un hombre de cera que está en la repisa, con la cara modelada mirando hacia fuera, y se vuelve hacia él.

-¿Lo has puesto tú ahí?

-Sí.

-¿Por qué?

-Porque sí.

Ella lo contempla fijamente. Se gira y quita la figurita de la ventana, la mete en una caja de madera y cierra la tapa.

-No lo guardes en la caja.

-¿Y por qué no?

-Lo asfixias.

Ella levanta una ceja y mira hacia la caja.

-No. Para nada.

Él se levanta con la cara enrojecida de ira.

-Trae aquí.

Saca la figurita de la caja y la pone en la repisa de la chimenea. Ella se pasa la mano por la frente con resignación.

-Ahí encima se va a derretir.

Él la mira furioso.

-No, no se va a derretir.

-Bueno, tú mismo.

Ella se sienta en una silla y se cruza de brazos.

Él frunce los labios, irritado, y respira fuerte. La chimenea crepita debajo de la figurita. Al rato, él resopla.

-Vale, de acuerdo, lo quito de ahí.

Coge la figurita y la pone encima de un estante. Se vuelve de nuevo hacia ella.

-Algún día tendré paciencia y verás cómo no se derrite.

-Lo que tú digas.

-No me des la razón así.

-Vale, no te la doy.

Él resopla otra vez.

-¿Qué te has creído, su madre?

-No.

Él da un golpe sobre la mesa.

-Ya está bien. Lo tratas como a un prisionero, no dejas que esté nunca fuera de esa caja. No le dejas que respire ni que sea mínimamente libre.

-¿Para qué, para que vea lo que hay fuera y se escape?

-No hace falta tenerle encerrado para evitar que se escape. Puedes dejarle vivir dentro de esta habitación al menos.

-Bueno, y si se escapa de nuevo, ¿irás a buscarlo tú esta vez?

-No se escapará. Las puertas y las ventanas están bien cerradas.

-No pienso dejarlo fuera de la caja, date por enterado.

-Pues tú date por enterada de que yo lo sacaré de la caja cada vez que tú lo guardes ahí.

Los dos oyen un ruido y se giran. Ven cómo la figurita del hombre de cera ha trepado hasta la ventana e intenta abrirla.

Ella se levanta muy enfadada. Agarra a la figurita y la encierra en la caja. Después se gira hacia él con los brazos cruzados.

-¿Y?

Él mira hacia otro lado con indiferencia.

-Daba igual, no hubiese podido abrirla.

Ella resopla indignada y sale de la habitación, llevándose bajo el brazo la caja con la figurita.

 

publicado en septiembre de 2008

 
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