| Ella se acerca a la
ventana, ve la figurita de un hombre de cera que está
en la repisa, con la cara modelada mirando hacia fuera,
y se vuelve hacia él.
-¿Lo has puesto tú
ahí?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque sí.
Ella lo contempla fijamente. Se gira
y quita la figurita de la ventana, la mete en una caja
de madera y cierra la tapa.
-No lo guardes en la caja.
-¿Y por qué no?
-Lo asfixias.
Ella levanta una ceja y mira hacia
la caja.
-No. Para nada.
Él se levanta con la cara enrojecida
de ira.
-Trae aquí.
Saca la figurita de la caja y la pone
en la repisa de la chimenea. Ella se pasa la mano por
la frente con resignación.
-Ahí encima se va a derretir.
Él la mira furioso.
-No, no se va a derretir.
-Bueno, tú mismo.
Ella se sienta en una silla y se cruza
de brazos.
Él frunce los labios, irritado,
y respira fuerte. La chimenea crepita debajo de la figurita.
Al rato, él resopla.
-Vale, de acuerdo, lo quito
de ahí.
Coge la figurita y la pone encima
de un estante. Se vuelve de nuevo hacia ella.
-Algún día tendré
paciencia y verás cómo no se derrite.
-Lo que tú digas.
-No me des la razón así.
-Vale, no te la doy.
Él resopla otra vez.
-¿Qué te has creído,
su madre?
-No.
Él da un golpe sobre la mesa.
-Ya está bien. Lo tratas
como a un prisionero, no dejas que esté nunca
fuera de esa caja. No le dejas que respire ni que sea
mínimamente libre.
-¿Para qué, para
que vea lo que hay fuera y se escape?
-No hace falta tenerle encerrado
para evitar que se escape. Puedes dejarle vivir dentro
de esta habitación al menos.
-Bueno, y si se escapa de nuevo,
¿irás a buscarlo tú esta vez?
-No se escapará. Las
puertas y las ventanas están bien cerradas.
-No pienso dejarlo fuera de
la caja, date por enterado.
-Pues tú date por enterada
de que yo lo sacaré de la caja cada vez que tú
lo guardes ahí.
Los dos oyen un ruido y se giran.
Ven cómo la figurita del hombre de cera ha trepado
hasta la ventana e intenta abrirla.
Ella se levanta muy enfadada. Agarra
a la figurita y la encierra en la caja. Después
se gira hacia él con los brazos cruzados.
-¿Y?
Él mira hacia otro lado con
indiferencia.
-Daba igual, no hubiese podido
abrirla.
Ella resopla indignada y sale de la
habitación, llevándose bajo el brazo la
caja con la figurita.
publicado en septiembre
de 2008
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