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El verdadero espíritu de la Bestia

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EL ANTICRISTO

¡Pudiera ser yo!, ¿por qué no usted?

Un quiosquero de prensa que llevaba una vida corriente, como la mayor parte del   mundo, me entregó la traducción de un manuscrito antiguo. Lo abrí, ojeé su contenido y prácticamente lo mastiqué hasta que la más profunda de las angustias invadió mi asustada alma.

Un escalofrío gélido recorrió mi espina dorsal, hasta tal extremo, que tuve que arroparme con algunas mantas que había sobre el diván.

Yo era un hombre acostumbrado a leer la Biblia de una forma bastante habitual, libros sagrados de otras religiones, no judeocristianas, así como de las más diversas mitologías. Estaba convencido que las profecías que se encontraban en algunos de aquellos escritos  iban a cumplirse. Lo peor de todo era que el pensamiento confirmaba un cumplimiento inminente.

¿Cómo había llegado a tales conclusiones?

Hombres de ciencia, teólogos, astrólogos y videntes lo proclamaban a gritos. La Edad de Oro de la humanidad de Acuario se aproximaba y ¿casualidad?

Descubrí que todo estaba anunciado en el libro del Apocalipsis de Juan.

Empezó la paranoia a cebarse en mi alma. Sabía demasiado y muy pronto llegaría a creer, estaba convencido, que alguien me vigilaba.

Hace poco escribí un ensayo dedicado al Caos Universal; a la Guerra Interdimensional que sucediera antes del nacimiento del hombre. El libro era una especie de recopilación, anárquica, de los datos que había obtenido ora de aquí otrora de allá.

No sé cómo, pero desde el principio me dio la sensación de que la aventura que escribía no era una novela cualquiera; sino más bien una crónica de algo vivido o por vivir.

Quisiera aprovechar la oportunidad que me ofrece esta revista para exponer una hipótesis alucinante y aparentemente absurda; pero que explicaría una serie de hechos. Unos extraños, otros no tanto.

Pongamos, por caso, el ejemplo de los fenómenos paranormales o el de los tan discutidos ovnis. También el caso de las desapariciones misteriosas o el origen de la locura.

¿Por qué un hombre o un país, buen vecino y pacífico con sus paisanos, un buen día arremete con extrema violencia contra ellos, matándolos o declarándoles la guerra?

¿Por qué una eterna dualidad permanece con el Ser Humano desde el nacimiento hasta la muerte?

Nuestro Universo vendría a ser una especie de punto de paso, un tránsito. No entre dos galaxias; sino una especie de vía de escape de otra u otras dimensiones. En dichos planos existirían dos rivales opuestos: Uno bueno y otro malo, uno positivo y otro negativo, uno masculino y otro femenino...

Nuestro Mundo, el Hombre físico, vendría a ser el atanor donde unas poderosas batallas interdimensionales tuviesen lugar. Las de las sempiternas fuerzas del bien y del mal.

El Alma del Hombre y su Cuerpo Físico actuarían con relación a aquellas a modo de un amplificador. Lo que sucede a un nivel inferior repercute ampliado a niveles espirituales. Por lo tanto, podríamos pensar que el hombre da el poder a unos o a otros. Lo que sucede en el ámbito atómico o molecular repercute a niveles siderales y galácticos.

Entonces bien, el Hombre vendría a ser un Ser Superior venido a menos..., un Ser encarcelado en una prisión de carne y huesos. Una prisión de donde la fuga es prácticamente imposible. Lo peor de todo, son unas cadenas prisioneras que han sido asumidas, en origen, de buen grado.

De este modo, esos seres egregóricos o pseudo espirituales influyen en los deseos y sentimientos de la humanidad para ordeñar su alimento a través de causas indirectas como los fenómenos paranormales o por medio de causas directas como las guerras o la enemistad entre los hombres.

Nuestras diversas acciones les darían el poder de la Fuerza del Bien y de la Fuerza del Mal. Ellos no pueden destruir nuestro espíritu. Ellos pueden destruir nuestras almas provisionales y nuestros cuerpos físicos; pero en estado natural, esto tampoco les interesa pues sería como eliminar a una buena gallina ponedora o a una buena vaca lechera cuando pasa por su mejor momento; por otro lado, si nos destruyesen como especie, se destruirían a sí mismos ya que no tienen vida propia más que la que nosotros les proporcionamos.

Si intentásemos destruir, ipsofacto, un Cáncer extendido por metástasis en nuestro organismo, lo conseguiríamos; pero también nos destruiríamos a nosotros mismos.

Nuestros sueños, escritos, teatros, películas, ensoñaciones, pensamientos..., toda la imaginación y fantasía, en sí, no sería tal sino más bien una Fuerza Real. La nuestra que actúa en múltiples dimensiones de real existencia y cuyas interrelaciones fueran recíprocas. Luego H. P. Lovecraft aún sin haberlo comprendido, en toda su plenitud, probablemente se acercara a la Verdad.

Veía en mis sueños a unos seres dimensionales que ocupaban la Tierra primigenia. Aquellos habían venido de una galaxia lejana a la Vía Láctea; pero cuyo, cercano eco, pertenecía a una dimensión diferente a la nuestra.

Era una dimensión a la que se accedía dando un pequeño salto desde nuestro mundo de materia aunque invisible para nuestros sentidos físicos.

Pude ver la rebelión de un Arcángel llamado Lucifer.

Cómo se alzaba contra su creador.

Cómo fue derrotado, tras una batalla de eones, la cual transformó para siempre a nuestro Universo.

El sueño era repetitivo y siempre volvía. Por ello, mi ánimo caía derrotado en una profunda depresión espiritual.

Me sentía como vacío.

Algo impulsaba a mi Ser a una acción desconocida. También surgía una acción contraria que se oponía a la primera. Como si de algún modo se negaran mutuamente.

Siempre vislumbraba algo nuevo en mis desconocidos sueños. Quizá debido a una extraña neurosis producida por mis pseudoconocimientos basados en una heterogénea cultura que había sido entremezclada por una delirante imaginación.

Ahora podía verlo con meridiana claridad.

- Hijo de Luz, amado hermano, tus pecados han sido por eones infinitos. El Padre siempre te ha perdonado; pero tu maldad ha rebozado el cáliz de la divina paciencia pues ha sido aderezada con tu perpetua rebeldía. No sólo te has perdido tú, sino que has arrastrado al fango a miríadas de nuestros hermanos.

-Ahora, el Dios de la Creación, nuestro Padre Eterno, me ha enviado a mí, Miguel, tu gemelo hermano, para que os condene a ti  y a tus seguidores, llamados desde ahora demonios, a ser encerrados en las mazmorras infernales del corazón de Dios.

- Nuestro Padre llora noche y día por ti. Tú fuiste el fundamento de su Creación, la Luz...

Igual que si lo sintiera con mis propios sentidos y lo viera con mis propios ojos, contemplé la agonía de Satanás que, junto con sus hordas diabólicas, era encerrado en lugares inaccesibles y de nombres desconocidos. Contemplé cómo aquel lugar era extremadamente cercano y sin embargo muy lejano. Era otra dimensión, a la que se accedía por vía de lo onírico.

Unas frases mágicas fueron pronunciadas en aquella dimensión, justo enfrente de las grutas diabólicas y unos sellos divinos sellaron la prisión de Satanás y sus maléficas huestes.

Paulatinamente fui comprendiendo, no sin sentir un ligero aire de terror, cómo aquellos seres demoníacos poseían una ventana amplia para comunicarse con la nueva raza humana. Los Sueños. Eso era, la débil mente humana les servía de paso para comunicarse con los seres de nuestra dimensión.

La esquizofrenia hizo su aparición. La locura más inaudita me envolvió hasta el último átomo.

¿Era posible que pudiese creerme semejantes barrabasadas siderales?

Lo asombroso del caso no era eso, sino que mi mente deliraba frecuentemente y mi cuerpo se resentía con un tremendo cansancio. Tenía la sensación de estar siendo manipulado. Tenía miedo a todo.

Ya no podía abrir la puerta de mi casa sin tener una extraña sensación de acoso. El más ligero movimiento de las cortinas del ventanal hacía que sintiese escalofríos.

Seguía preguntándome ¿Por qué? Quizá sabía demasiado. Nunca debí investigar sobre aquellos misteriosos temas. Estaba convencido que ellos ya lo sabían. Que los delataría al mundo. Así no podrían jamás cumplir sus diabólicos planes.

Sí, Satanás podía infiltrarse en nuestro mundo y poseía temporalmente a algunos humanos que vibran en su misma frecuencia. Ha intentado encarnarse; pero eso no ha sido posible gracias a los sellos que aprisionan su espíritu en el interior del corazón del Creador. Un agujero Negro. Múltiples agujeros negros. Cada uno es la Celda de un Demonio.

Lo conseguirá al final de los tiempos cuando llegue la Edad de Oro de la Humanidad. Ese tiempo ha llegado. Es ya. Sé que Satanás está encarnado en el Anticristo; pero es una realidad demasiado terrorífica para siquiera pensar en ello. Me conformo pensando que sólo se trata de elucubraciones de mi mente enferma.

El mundo creado después del cataclismo fue entregado al hombre. Lucifer se introdujo en un sueño de Eva e hizo caer a Adán. Desde aquel terrible instante, el innombrable fue coronado como regente del suelo que pisa su democrático elector.

Gracias a Dios, se trata de un Primer Ministro  en el exilio.

Esas y otras eran las palabras que una y otra vez bombardeaban, sin cuartel, mi maltrecho cerebro; pero decidme a mí: ¿Por qué sabía cosas que el resto del mundo ignoraba?

Mi intelecto no se había parado en la perfección de un tema en concreto. Mi polifacetismo llegaba a tal extremo que había tocado un poco de mucho y mi infantil mente había hecho el resto. Había atado los cabos sueltos y rellenado los huecos con conocimientos que en apariencia eran ajenos a la materia en cuestión. Quizá fuese eso lo que llevó a mi intelecto a una mezcolanza absurda y sin sentido.

Tiempo atrás escribí una carta en la Revista Mundo Desconocido. Por aquel entonces, no di demasiada importancia  a lo que escribiera.

Me siento cada vez más vigilado, como consecuencia de la publicación de aquel maldito escrito. Esa misiva jamás debió salir a la Luz. Satanás está descubierto y posiblemente me esté buscando. A lo peor ya me ha encontrado.

No obstante, algo más fuerte que mi yo es lo que me impulsa a seguir escribiendo. Si ustedes, lectores, me lo permiten, introduciré a continuación aquellas líneas que nunca debieron ser publicadas; más que nada, para ponerles en antecedentes.

Esto lo hacemos bajo el luminoso impulso de un pequeño atisbo de humanidad, para que el conocimiento pueda estar al alcance de todos. De toda la humanidad.

Esta fue la Carta:....

El artículo continuaba en otro número de la revista MUNDO DESCONCOCIDO

¿Por qué Hitler pudo ganar la Segunda Guerra Mundial y no fue así? ¿Qué influencia tuvo en ello los enfrentamientos mágicos de la Orden de Thule por parte de los Nazis y la Golden Dawn por parte de los aliados?

Seres de otra dimensión que han existido desde que el espíritu del Hombre tomara contacto con este Universo, como dijimos, luchan por hacerse con los favores de los Hombres.

¡Señores!, hemos descubierto la farsa. Seres extragalácticos siguen atemorizando a la Raza Humana desde su más lejano pasado.

- Soy Dios -dicen, justos, poderosos omnipresentes. Permitiendo, sin embargo, el aniquilamiento sistemático de pueblos enteros, tan sólo por no adorar a su Dios o ser considerados como paganos.

Otros dioses propugnan y favorecen el sacrificio humano y terrores de todo tipo; posiblemente puedan parecer menos hipócritas que los anteriores, pero no por ello menos despreciables.

Estos seres, de otras dimensiones, son cambiantes y en las distintas épocas se han mostrado de diferente modo. Ahora, en nuestro tiempo, se nos muestran con la cara de seres extraterrestres. Esto se acerca algo más a la teoría dimensional.

Hitler debió de ser ayudado por estas entidades extra dimensionales con el único propósito de desestabilizar al mundo de la época y así poder cosechar los megatones de energía desperdiciada, su alimento, y que se produce como energía residual en la permanente lucha de las fuerzas contrapuestas del Universo. El Ying y el Yang de los orientales.

Estas fuerzas cósmicas se pierden inútilmente en propósitos más inútiles, si cabe, para el Ser Humano; pero de máximo interés para esos vampiros de fuera de nuestro Mundo.

El Dictador llegaría a usar unas armas y unas estrategias que no eran las propias de su época. También, casi con total seguridad, su propia personalidad debió ser poseída por los Señores que dominan en los sueños y en las fantasías humanas del Mundo de Magonia.

El Tirano creyó tener la panacea del Poder absoluto; pero ese no era el plan de sus invisibles señores.

No ganó la guerra porque debió defraudar a Ahrimán. Si pretendía imponer, en el Mundo, los mil años de paz del Apocalipsis bíblico, arruinaría los planes de los ganaderos dimensionales; pues se debía mantener la rivalidad entre los hombres que da lugar al odio, las rencillas y la más impura de las maldades. Todo parece ser comestible para esos basureros del hiperespacio.

¿De qué forma podían los dioses mantener su chollo galáctico?

Pasándole el relevo del Poder, temporalmente, a otras potencias que como tal eran inexistentes y que, como no podía ser de otro modo, habían comido de la tecnología extraterrestre de los Nazis, arruinando la vida del dictador y provocando su suicidio...

Debemos darnos cuenta que esos seres, de dimensiones paralelas, son auténticos vampiros espirituales que nos utilizan como nosotros al ganado. De vez en cuando, usan a ciertos individuos de nuestra especie como mediadores para conseguir, ladinamente, sus sutiles artimañas. Ellos lo saben.

UNA SÚPLICA: IMPIDÁMOSLO

Así terminaba el artículo, el cual se encuentra publicado. Es por ello y por otras convicciones posteriores que temo que mi Vida toque a su fin; pues esos Seres, existen y saben también que se les ha descubierto. Ellos no permitirán que un alma traidora siga importunándoles.

En muchas ocasiones, a partir de entonces, las pesadillas más extrañas se convirtieron en mis compañeras inseparables. Algunas veces, me despertaba llorando entre un mar de sudores fríos. Pedía clemencia y perdón.

Muy pocas veces pude atrapar el contenido de aquellas experiencias oníricas, pues de un modo extraño mi mente siempre acababa siendo borrada por alguna fuerza invisible.

En una ocasión pude recuperar una tenue fantasía del fondo del subconsciente. Esa historia es la que reproduciré a continuación:

... Poco a poco, la niebla que invadía mi estado de duermevela se fue disipando hasta encontrarme en estado de vigilia. Un sueño absurdo para una vida absurda.

Pero ¿qué es esto?

Me encuentro ante una vieja puerta de roble de doble hoja.

Maciza o hueca, ¡qué más da!

Pareciera ser la entrada a un pub o de una discoteca privada.

No alcanzo a ver el título que pende del macizo cerco. Es como si alguien me lo hubiese preparado. Un leve ruido musical silba en el interior, traspasando la casi perfecta imitación de una puerta de roble macizo.

Permanezco agazapado junto a la entrada del local, intentando descubrir el extraño significado de algunas palabras. Sí, se oyen voces...

-Porque Hermanos, ¡el Diablo!

Por mi cerebro pasean los pensamientos más macabros y tenebrosos. Un extraño frío, propio de ultratumba, vuelve a envolver toda mi aura etérica. Empiezo a entender lo que dicen... ¡Silencio!

-Porque Dios..., Jehová..., Jesús...

Me dispongo a huir de aquel lugar. Debo de huir. Hay algo interior que me impulsa a alejarme corriendo...

No hay remedio. Las hojas de falso roble se abren. Aquellos seres, en apariencia humanos, me atrapan con su aparente dulzura. Ya es tarde ¡no puedo escapar!

Oigo las nauseabundas voces de los apresados en el estercolero de la ignorancia, la hipocresía y el fanatismo. Me hablan...

-Hermano, entra con nosotros. Dios te ama..., conviértete a la fe de Jesús.

Me siguen hablando, con susurros hipnóticos, por casi una eternidad. Me chupan la etérica sangre del alma. No puedo más. Me siento débil, muy débil. Voy con ellos. No, soy uno más con ellos.

Siguen absorbiendo mi alma, pero no puedo hacer nada. Mi Alma se ha vampirizado y perdido todo atisbo de personalidad propia.

Tengo sus voces en el interior de mi mente.

-El Anticristo vendrá..., todas las religiones son falsas..., sólo el Dios vivo de la Biblia es la Verdad y el Amor..., Hay de ti, Gran Ramera Católica..., Hay de ti, Testigo del Falso Dios...

Ahora se dirigen a mí.

-El proselitismo es bueno, debes traer almas al rebaño del Señor Jesús. Recibirás, en los días postreros, una corona. Ayuda con tu dinero. Paga el Diezmo y Dios te recompensará. Él hace buen uso de tus generosos donativos.

Apenas sí me daba cuenta del tremendo negocio que suponía aquel integrismo cristiano. Siempre, un negocio, más espiritual que mundano. Había unas recompensas: Coronas, privilegios en el cielo, etc., etc...

- No estás preparado para hacerte Pastor. Tu novia no se puede bautizar pues no está preparada. A nuestros ojos es una falsa creyente. Además y como más importante no cumples con el Diezmo. No ofreces tu dinero a la causa del Señor. En cinco años tan sólo has convertido a una persona.

Al oír aquellas ladinas palabras, susurradas en parábolas sólo comprensibles por mi persona, salí aullando como un lobo herido. Con gran esfuerzo logré apartarme de sus garras y corrí. Corrí como nunca lo había hecho. No les era útil y dejaron que marchara.

Ahora los veía con los ojos limpios.

Almas hipócritas y prisioneras de una doctrina antigua. Cucarachas amenazantes con la pestilencia del no libre pensar. Almas huecas que aspiraban a sentarse lo más cerca posible de su Dios. Tener aquí, en este Mundo, o en el otro algún que otro privilegio que les alejara del fuego eterno de los avernos infernales.

Ahora, con serenidad y tras la distancia, volví mi rostro. Pude leer el rótulo que pendía de la Puerta Iglesia Evangélica interconfesional..., Pude ver la Calle...,

 

***

 

Terminé de anotar, sobre papel, aquel turbador sueño. Posiblemente fruto de una mente impaciente por descubrir la auténtica verdad, aunque comprendía que eso podría significar mi final. Ese final, ahora..., sólo ahora lo espero sin temor; Puesto que el Miedo que se esconde en los más recónditos rincones del alma humana es siempre al sufrimiento, al dolor. A ese temible mensajero del más allá es al que tememos las criaturas humanas y sobre todo, cuando sabemos a ciencia cierta que por medio de dicho dolor puede perderse el Alma del Hombre.

 

De cuando los Vampiros Estelares surgen demoniacamente en ciertos

lugares, bajo ciertas condiciones especiales; Pero siempre, siempre por la Voluntad del Hombre.

 

EL CAMINO ESTÁ PREPARADO

Ayer, cuatro de abril de 1987, fue el día más tétrico de mi vida pues presencié el fin del mundo conocido.

Lo vi cayendo en las garras del Innombrable. Aquel que fuera profetizado por los libros sagrados así como por profetas del subconsciente.

Todo comenzó cuando aquel día, un hombre vulgar y corriente que hallábase sentado en el interior de su quiosco de prensa, me facilitara un número especial de una revista de la que era habitual: MUNDO DESCONOCIDO.

El Especial, concretamente, era el número 2 y contenía, en su integridad, la traducción de un famoso y antiquísimo manuscrito y cuyo título era el NECRONOMICÓN.

Un aire frío friccionó mis vértebras. Esa impresión se transformó en gélida cuando llegué a la traducción castellana del manuscrito.

Sé bien que en algunos medios se considera que la Obra del Viejo Árabe Loco “Al Azif” fue una invención de la calenturienta mente de Howard Phillips Lovecraft; pero yo difiero de dicha versión. El que suscribe esto se preocupó de hacer las correspondientes comprobaciones.

El Documento ha sido localizado y descifrado a numerosos idiomas para desgracia de la humanidad.

Se estarán preguntando ¿qué existe de malo en ello? Pero si lo supiesen, temblarían conmigo.

Ese manuscrito está lleno de frases blasfemas para invocar a las entidades demoníacas que allí se nombran. También hay múltiples conjuros mágicos para frenar el poder de los Entes dimensionales y así, poder evitar que pudieran andar libremente por toda la faz de la Tierra.

Hoy, desgraciadamente está en manos de cualquier desaprensivo. Es lo mismo que decir que prácticamente están con nosotros. Los Sellos han sido violados y las llaves perdidas.

De un momento a otro, si no se ha producido ya, alguien invocará a Satanás; el cual, es puerta y llave de las hordas luciféricas y como una tenebrosa cascada infernal, la Tierra se llenará de horribles criaturas que dominarán el mundo y pedirán tributo a los hombres. No de sangre sino de almas.

Ese fue el error de Lovecraft, ya que no creía en las historias, que le dieran de comer, pues el materialismo de su época sólo le dejaba contemplar a seres fantásticos que chupaban la sangre o extraían el cerebro de sus víctimas. La verdad es mucho más terrible ya que los demonios del Averno, surgidos de las profundidades del subconsciente, se alimentan de la energía producida por la dualidad del Alma Humana.

Siento algo horrible cerca de mí...

Huele raro...

Siento que el miedo se apodera de mí por enésima vez...

Oigo pasos...

Llaman al timbre...

De pronto no sé...

Abrí la puerta, automáticamente, pese al miedo que me embargaba. Algo más fuerte que yo me impulsó a ello. Dos hombres, cuyo rostro era impenetrable por las obscuras gafas que portaban, me llamaron con mi nombre.

-Anthoni, ¡Venga con nosotros!

Ahora lo sabía. Sí, eran ellos. Me habían descubierto.

¿Qué me harían esos súbditos del Creador del Mundo? No obstante, no tuve fuerzas para oponerles resistencia y acompañé a mis secuestradores calzados, vestidos y cubiertos de negro.

¿Fue un secuestro?

Podría haberme opuesto a ir con ellos. Podía haber cerrado el portón acorazado con su cerrojo de seguridad; pero no lo hice... ¿Por qué?

Debían tener algún poder que me impulsaba a seguirlos sin oponer resistencia.

Pero una pequeña luz, resplandeciente, en mi cerebro me decía que No; pues parecía algo creado por alguna fuerza de lo más profundo de mi Ser.

Subí en el coche, negro azabache.

Mis acompañantes, durante el trayecto, no me dirigieron la palabra y se encontraban tan inmóviles que parecieran algún tipo de autómatas en estado de espera. Yo, sin embargo, me digné a echarles una ojeada. No cabía duda de que serían autómatas sino fuera por lo perfecto de su rosada piel humana.

El miedo que seguía teniendo me impidió realizar las preguntas que se me pasaban por la cabeza. Las mismas que a vosotros, lectores, se os están ocurriendo en este momento.

Los macabros pensamientos, debido al pánico, se sucedían de un modo incontrolable. Esa sensación se apoderó de mi alma y me entró un temblor iniciático.

¡Yo sabía demasiado! Acerca de los Seres de la Noche.

¡Les había delatado!

¿Acabarían conmigo?

Intenté calmarme y lo conseguí a medias.  Entonces fue cuando empecé a preocuparme de veras.

¿Qué me harían? ¿Dolor Físico? O quizá una agonía indescriptible. Mi cuerpo lo podrían destruir pero ¿y mi Alma?

Quizá directamente no; pero el dolor, siempre el dolor. Acompañante permanente de quien permanece fiel en el camino iniciático.

Nos apeamos del automóvil y uno de mis acompañantes, con voz fría y mecánica, me instó  a que les acompañaran.

Yo les seguí, si es que no me llevaban ellos a mí.

Penetramos por unas callejuelas estrechas y bajamos una escalinata que conducía a la entrada de un amplio sótano. Cuando salí del vehículo que nos había llevado hasta allí pude fijarme que nos encontrábamos en las cercanías de la Plaza de Cuatro Caminos. La chirriante puerta de un garaje fue abierta por alguien a quien no pude ver, ya que la obscuridad cubría su rostro.

Por fin entramos en una estancia iluminada por velas y con olor a incienso de rosas, de hojas de marihuana y con una pizca de opio.

Pude ver la Cruz Egipcia del Dios Athon. En las paredes de ambos lados, según se bajaban los escalones, pude contemplar signos astrológicos, papiros egipcios y algunas que otras inscripciones lapidarias.

Sin motivo aparente me sentí distinto. El miedo desapareció de mi espíritu.

Envueltos en el silencio más sepulcral se encontraba una multitud de Seres humanos que hermanaban con unas extrañas criaturas que no me sorprendieron.

Por última vez, volví a preguntarme ¿Por qué sé cosas que la Gente ignora? ¿Por qué ha desaparecido el Miedo sin dejar rastro alguno, como si nunca lo hubiese soportado?

Había llegado la hora de la Verdad.

Unos seres que no podían ser de este Mundo  surgieron de entre las sombras y se postraron ante mí con reverencia. Hicieron un gesto similar al de arrodillarse  y fijaron su vista en el lustroso suelo a modo de humillación.

Por fin lo había comprendido.

De entre la multitud surgió un alto mandatario de una nación poderosa y con una inexpresable humildad se dirigió a mi divina persona.

-Señor, nuestro Dios Satanás, aquí tienes a tus fieles servidores.

Mientras decía estas palabras apuntaba son su dedo índice de la mano derecha a toda aquella multitud que se encontraba bañada en la luz de una multitud de velas y envuelta por el sonido del Silencioso ruido de las llamas de aquellas.

 

- segunda parte -

 

 
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