«Tus esfuerzos han sido endebles e ilusorios. Te
propusiste la tarea de describir el impulso de la humanidad
hacia la autodestrucción, pero sólo te has
señalado a ti mismo.»
Greg Bear
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UNO
En el exterior, el cielo color gris sucio, cubierto
por la lluvia y la contaminación industrial, cubría
los inmensos contornos de la megalópolis. Los Ángeles
se derrumbaba bajo su propio peso, convertida en un hervidero
de fuegos incandescentes y fumarolas. Enormes bloques de apartamentos
superpoblados se extendían hasta el horizonte, punteados
por los zigurats de las grandes Corporaciones...
DOS
Nessa abandonó el dormitorio, con una
expresión consternada en el rostro, encajando los dientes
para no llorar. Aunque fuera una máquina, un sentimiento
de derrota punzaba su interior, acababa de despedirse de lo único
que le importaba. Aturdida, se detuvo en el salón del hogar,
estudiando su entorno. El dolor era una sensación desgarradora,
jamás hubiera imaginado que podía experimentar emociones
humanas, la novedad le era difícil de asimilar. A través
de los ventanales del salón, la imagen de la ciudad le
resultó odiosa, no quedaba esperanza en un universo desolado
a causa la alta tecnología. Desanimada, la cyborg comprobó
los tambores de sus armas, corroborando que estuvieran bien cargadas.
Durante un segundo, tuvo el deseo de volver atrás, retroceder
sus pasos, pero era demasiado tarde, llevaba meses meditando aquella
decisión, prefería perecer antes de que los Agentes
Ejecutores de la Schneider eliminaran a Dorian.
TRES
El apartamento desordenado, a oscuras, está
cubierto por el olvido. A la derecha, un Disco Selector de alimentos,
a la izquierda, un sofá tapizado con poliuretano, en frente,
un televisor Thompson de cincuenta pulgadas con pantalla líquida
ultraplana. Un haz de luz recorrió el salón, atravesando
las persianas de aluminio anodizado, iluminando los bordes ajados
del mobiliario de diseño nipón. Un dirigible publicitario
surcaba los cielos, emitiendo un eslogan tridimensional: «viajes
interplanetarios a mitad de precio, aproveche la ocasión
para visitar Marte, un planeta virgen lleno de riquezas por conquistar»...
CUATRO
Dos personas ocupaban la habitación. El
alemán mide un metro noventa: anatomía fibrosa de
soldado, pelo rubio albino, anchos hombros hundidos por el cansancio.
La mujer es una Beta-3: cabello artificial cortado a capas de
desigual tamaño, ajustado mono de cuero sintético,
ojos biónicos llenos de secretos. Stark daba la espalda
a la mujer:
-Ya no tengo nada por lo que luchar... ¿Crees
que algo cambiará si me abandonas?
Nessa lanzó un suspiro:
-Hago esto por ti. Por mi culpa, sigues atado
a un pasado que murió hace mucho tiempo.
-Eres lo único que me queda -le reprochó
con amargura-. ¿Nunca has sentido nada por mí?
La cyborg pasó por alto su pregunta:
-No debes amarme. Estarías condenado
a morir. Yo también estoy condenada... ¡Tanto o más
que tú!
El Agente Ejecutor exclamó:
-¿Piensas que me importa? ¡Ya no
soy capaz de sentir nada!
Nessa se aproximó:
-Hace falta algo más que carne y hueso
para ser humano, Dorian...
CINCO
La avenida resplandecía con decadente
esplendor: razas multiculturales, discotecas, puestos de comida
tailandesa, bidones de basura prendidos con fósforo rodeados
por vagabundos, rótulos publicitarios, salones de realidad
virtual, zocos repletos de clientes, fumaderos de opio líquido,
tiendas de armas... Desde los cielos ennegrecidos, sirenas de
policía surcaban el infinito, vigilando veinticuatro horas
diarias la megalópolis desolada por el caos, controlados
por los ojos invisibles de los presidentes de las Casas Madres.
SEIS
Andaba sola, abandonada a su suerte, entre bolsas
de ba-suras destripadas que cubrían las calles estrechas.
Los tacones de sus botas de combate aplastaron los desperdicios
que cubrían la acera. Un mechón de pelo le cruzó
la frente, sus ojos sintéticos lloraban, mientras recordaba
lo que acaba de hacer. La trinchera se le pegaba a los hombros,
dos pistolas le golpeaban los costados rítmicamente, sabía
que no le quedaba mucho de vida. Con la cabeza inclinada por el
dolor, avanzó bajo la tormenta torrencial que lamía
su llanto, ignorando el zumbido del tráfico aéreo.
Tenía calor, la lluvia no la auxiliaba, al contrario, exacerbaba
su culpabilidad. Apretó las manos en los bolsillos, los
callejones estaban llenos de vida, de texturas que nunca había
reconocido. Las gotas de agua se deslizaron por el cuello de la
gabardina, manchándole la espalda, ateriendo los circuitos
biosensitivos de su espina dorsal. Cuatro niños descendieron
por la calzada, pedaleando en sus bicicletas, irradiando con la
luz de los faros su rostro oriental colmado de aflicción.
SIETE
El dormitorio rezumaba frialdad. Un magnetotrén
circuló debajo de la ventana. Los pasajeros eran una masa
de carne indistinta, obreros quebrados por el sistema que sólo
aspiraban regresar a casa, para olvidar otra inmunda jornada laboral.
Una estela de humo lo acompañó al doblar el lateral
del rascacielos, mientras se perdía en las entrañas
del Barrio Turco, desapareciendo sin dejar rastro...
OCHO
-Te quiero -susurró-. Eres lo único
que me queda.
Nessa le acarició la cara con manos frías:
-Lo sé...
Con lentitud, se tumbaron sobre el lecho de
látex, conscientes de que era una despedida. Dorian descendió
por su cuello, recorriendo sus senos de la base hasta el pezón,
que tomó entre sus labios, mordisqueando la punta endurecida
por el deseo. Luego, su mano se introdujo en su entrepierna, moviendo
el dedo corazón con lentos círculos. Lamiendo el
otro pecho, bordeó su forma, trazando un arabesco hasta
la altura de su sexo. Apasionado, recorrió sus curvas con
infinita ternura, llenándose del olor y del sabor de su
piel. Los suspiros subieron de intensidad, la cyborg llegó
al clímax, arqueando la espalda hacia arriba. Nessa lo
envolvió con sus piernas musculosas, apretándole
las nalgas con ambas manos, metiéndole la lengua en la
boca. Su miembro penetró su feminidad, sus cuerpos se unieron
en un sueño, encendiendo pasiones ocultas, fundiéndose
uno en los brazos del otro. La danza apasionada los llevó
al límite de las estrellas, mientras se entregaban todo
lo que eran capaces de ofrecer, la última noche que estuvieron
juntos...
NUEVE
Detrás del mostrador, un hindú
hacía cuentas, examinando con ojos codiciosos la pantalla
del ordenador. Una hilera de cabinas se perdía en la oscuridad,
cubículos fabricados con espuma plástica de dos
metros de largo por dos metros de ancho, donde los usuarios podían
acceder libremente a Internet, sin barreras de hardware que les
impidieran navegar por la Red.
DIEZ
Nessa se puso los guantes de retroalimentación.
Ignorando el manual de instrucciones, preparó la madeja
de cables de fibra óptica, reprimiendo el temblor de sus
manos. Con profesionalidad, colocó el casco orgánico
sobre su cabeza, y aplicó la clavija de conexión
detrás de la oreja, asegurándose de que estuviera
bien instalada. Insegura, cerró los ojos durante un instante,
encendiendo la consola...
BAUDELAIRE 618.448 @ CORPORACIÓN SCHNEIDER
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Una retícula de luz envolvió sus
sentimientos, el láser de baja frecuencia llenó
sus pupilas, transformando la negrura sin límites de la
Red. Meridianos de topacio cruzaron el infinito: logotipos de
multinacionales, caracteres orientales impresos en neón,
estructuras piramidales de grandes corporaciones, y bloques de
información reservada. Apretando los dientes, la cyborg
avanzó dentro de Internet con movimientos perfectamente
estudiados, sorteando los gráficos que se fundían
en el abismo. Su imagen estaba modelada por palpitaciones de estática,
era una figura trazada con barras de software, que evadía
el vacío delineado ante ella, con una pericia condicionada
por años de práctica implantados neuronalmente.
Esperaba que la contraseña falsificada los entretuviera
lo suficiente, por lo menos hasta que pudiera perforar las defensas
del perímetro exterior. Al llegar a su objetivo, quedó
paralizada por el terror: un astro maligno flotaba en el no-espacio,
alcanzando con su onda de emisión las esferas que lo rodeaban.
Alrededor del núcleo, fulgurantes cometas defensivos giraban
con círculos concéntricos, protegiendo la base de
información de la que pocos Ícaros habían
logrado escapar:
Debo entrar —pensó con
fatalidad—. Aunque sea lo último que haga...
Un Bloque Anti-intrusos apareció de improviso,
despidiendo llamaradas de sodio por las fauces abiertas, bloqueando
su camino. Su cuerpo estaba cubierto por escamas metálicas,
la cola terminaba en una hilera de espinas de mercurio, que se
agitaba en torno a las patas delanteras provistas de cuchillas
de doble filo. Desde la realidad, la mujer estuvo apunto de lanzar
un grito de alarma, pero pudo contenerse en el último instante.
Sólo es uno —reflexionó—.
Quizá pueda librarme de él.
De sus miembros temblorosos, surgió un
Programa de Defensa con forma de fénix, desplegando sus
alas rojizas de cuarenta metros de envergadura. Las plumas ondeantes
coloreadas de un brillante carmesí hirieron sus pupilas,
mientras agitaba la cola veteada de azul en dirección al
enemigo. Las dos bestias se enfrentaron con un estallido de chispas
en medio de la inmaterialidad. La mujer puso todos sus esfuerzos
para escapar de la lucha, cegada por el resplandor químico
que circundaba su programa de asalto. Pulsó una serie de
códigos eludiendo a los antagonistas. El dragón
se volvió, furioso, extendiendo una garra en su dirección.
Fue demasiado tarde, Nessa logró escapar de su área
de interacción, rompiendo el muro de hielo que protegía
el orbe. Había dejado un rastro identificable desde que
se registró en la Red, debía darse prisa, o la localizarían
nuevos Bloques de Defensa Anti-intrusos. El interior de la base
de datos era una copia en alta fidelidad de la Schneider. No tuvo
dificultad en llegar a la Sección OC, pasando los pasillos
e intersecciones del rascacielos en un tiempo record. La cyborg
encontró lo que buscaba. Tecleó las claves de acceso
sobre una pared semitransparente, la información apareció
enmarcada en un rectángulo rosa. Arrastró el campo
de movimiento, chequeó el historial del alemán,
volcando los datos dentro de su memoria RAM. Con lentitud, retrocedió
de aquella trampa, antes de que la Corporación mandara
a sus perros de presa. No tuvo tiempo, había sido localizada.
Al otro lado del corredor, una docena de Agentes Ejecutores aparecieron
con un siseo, dispuestos a acabar con ella.
Mierda —pensó—.
La he jodido.
Abriendo una compuerta, zigzagueó entre
hangares bañados por luces cenitales, sacando las automáticas
de las fundas sobaqueras. El sonido de los balazos llenó
su campo auditivo, rozando los bordes de su uniforme con precisión.
Sin detenerse a mirar, disparó siguiendo la frecuencia
de los estampidos, guiándose por sus sentidos de máquina.
Con un alarido de dolor, uno de los soldados se derrumbó
con la cabeza destrozada. Al terminar el corredor, reventó
los controles de una puerta de seguridad de una patada, eludiendo
los goznes cuando se cerró detrás de su espalda.
Rodando por el suelo, Nessa abrió fuego contra otro hombre
que la atacaba por la derecha. Los impactos lo hicieron caer con
las manos rodeando su vientre. Al ponerse en pie, volvió
a disparar tras una hilera de controles, derribando a dos agentes
más. La detonación de una M-15 le arrancó
un aullido, atravesando su columna vertebral, un segundo impacto
le fragmentó el corazón, el tercero hizo que su
cráneo estallara en mil pedazos. La mujer sintió
cómo sus ojos ardían, consumiéndose dentro
de los archivos de la Corporación, arrancándole
la vida...
ONCE
Un bosque multicolor la rodeaba, las copas crecían
hacia el cielo como brazos implorantes, anhelando una respuesta
sobre los dilemas de la existencia. Cruzó senderos cubiertos
de estática, inmersa en una pesadilla emitida por millones
de canales de televisión descodificados, que procesaban
imágenes confusas a las regiones posteriores de su cerebro.
La cyborg era una figura varada entre árboles de neón,
incapaz de encontrarse a sí misma, perdida dentro de los
vastos e inabarcables confines de Internet...
DOCE
No podía respirar, sus circuitos mecánicos
estaban atrapados en una red virtual, le era imposible acceder
a su memoria, alguien había borrado los datos almacenados
en su interior. Intentó flexionar los dedos, extender las
falanges en el infinito, perturbada por las luces brillantes que
la rodeaban, buscando la manera de escapar de su prisión.
El vacío le arrebataba los sueños, nutriendo sus
dudas, desmantelando su CPU. Poco a poco, iba perdiendo los programas
que formaban su personalidad, mientras oscilaba en un océano
de bordes reticulados que se extendía en la eternidad.
Las subrutinas desaparecieron por completo. Sabía que no
podría resistir mucho más, el olvido reclamaba sus
sentimientos, absorbiendo sus fuerzas, haciéndola girar,
interminablemente...
NESSA: ¿Dónde
estoy? -se preguntó, confundida, sin poder ofrecerse una
respuesta-. ¿Quién soy?
El dolor lacerante aguijoneaba sus párpados
quemados. La lluvia ácida comenzó a caer en el alabastro
donde flotaba sin forma ni sustancia alguna, perdida en un universo
de luces multicolores y flujos de información. Trasladada
como una sombra, en un constante oleaje de fluidos lechosos, se
perdió en el infinito. Asustada, se encogió en posición
fetal, tan sólo unos pocos recuerdos la mantuvieron despierta
dentro de la matriz:
-No debes amarme. Estarías condenado
a morir. Yo tam- bién estoy condenada... ¡Tanto o
más que tú!
-¿Piensas que me importa? ¡Ya
no soy capaz de sentir nada!
-Hace falta algo más que carne y
hueso para ser humano, Dorian...
La cyborg sollozó por última
vez. Su alma murió, escapando a borbotones de
su cuerpo, todo había terminado...
publicado en diciembre de
2007
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