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Nessa Más sobre Alexis Brito Delgado

«Tus esfuerzos han sido endebles e ilusorios. Te propusiste la tarea de describir el impulso de la humanidad hacia la autodestrucción, pero sólo te has señalado a ti mismo.»

Greg Bear

 

UNO

 

En el exterior, el cielo color gris sucio, cubierto por la lluvia y la contaminación industrial, cubría los inmensos contornos de la megalópolis. Los Ángeles se derrumbaba bajo su propio peso, convertida en un hervidero de fuegos incandescentes y fumarolas. Enormes bloques de apartamentos superpoblados se extendían hasta el horizonte, punteados por los zigurats de las grandes Corporaciones...

 

DOS

 

Nessa abandonó el dormitorio, con una expresión consternada en el rostro, encajando los dientes para no llorar. Aunque fuera una máquina, un sentimiento de derrota punzaba su interior, acababa de despedirse de lo único que le importaba. Aturdida, se detuvo en el salón del hogar, estudiando su entorno. El dolor era una sensación desgarradora, jamás hubiera imaginado que podía experimentar emociones humanas, la novedad le era difícil de asimilar. A través de los ventanales del salón, la imagen de la ciudad le resultó odiosa, no quedaba esperanza en un universo desolado a causa la alta tecnología. Desanimada, la cyborg comprobó los tambores de sus armas, corroborando que estuvieran bien cargadas. Durante un segundo, tuvo el deseo de volver atrás, retroceder sus pasos, pero era demasiado tarde, llevaba meses meditando aquella decisión, prefería perecer antes de que los Agentes Ejecutores de la Schneider eliminaran a Dorian.

 

TRES

 

El apartamento desordenado, a oscuras, está cubierto por el olvido. A la derecha, un Disco Selector de alimentos, a la izquierda, un sofá tapizado con poliuretano, en frente, un televisor Thompson de cincuenta pulgadas con pantalla líquida ultraplana. Un haz de luz recorrió el salón, atravesando las persianas de aluminio anodizado, iluminando los bordes ajados del mobiliario de diseño nipón. Un dirigible publicitario surcaba los cielos, emitiendo un eslogan tridimensional: «viajes interplanetarios a mitad de precio, aproveche la ocasión para visitar Marte, un planeta virgen lleno de riquezas por conquistar»...

 

CUATRO

 

Dos personas ocupaban la habitación. El alemán mide un metro noventa: anatomía fibrosa de soldado, pelo rubio albino, anchos hombros hundidos por el cansancio. La mujer es una Beta-3: cabello artificial cortado a capas de desigual tamaño, ajustado mono de cuero sintético, ojos biónicos llenos de secretos. Stark daba la espalda a la mujer:

-Ya no tengo nada por lo que luchar... ¿Crees que algo cambiará si me abandonas?

Nessa lanzó un suspiro:

-Hago esto por ti. Por mi culpa, sigues atado a un pasado que murió hace mucho tiempo.

-Eres lo único que me queda -le reprochó con amargura-. ¿Nunca has sentido nada por mí?

La cyborg pasó por alto su pregunta:

-No debes amarme. Estarías condenado a morir. Yo también estoy condenada... ¡Tanto o más que tú!

El Agente Ejecutor exclamó:

-¿Piensas que me importa? ¡Ya no soy capaz de sentir nada!

Nessa se aproximó:

-Hace falta algo más que carne y hueso para ser humano, Dorian...

 

CINCO

 

La avenida resplandecía con decadente esplendor: razas multiculturales, discotecas, puestos de comida tailandesa, bidones de basura prendidos con fósforo rodeados por vagabundos, rótulos publicitarios, salones de realidad virtual, zocos repletos de clientes, fumaderos de opio líquido, tiendas de armas... Desde los cielos ennegrecidos, sirenas de policía surcaban el infinito, vigilando veinticuatro horas diarias la megalópolis desolada por el caos, controlados por los ojos invisibles de los presidentes de las Casas Madres.

 

SEIS

Andaba sola, abandonada a su suerte, entre bolsas de ba-suras destripadas que cubrían las calles estrechas. Los tacones de sus botas de combate aplastaron los desperdicios que cubrían la acera. Un mechón de pelo le cruzó la frente, sus ojos sintéticos lloraban, mientras recordaba lo que acaba de hacer. La trinchera se le pegaba a los hombros, dos pistolas le golpeaban los costados rítmicamente, sabía que no le quedaba mucho de vida. Con la cabeza inclinada por el dolor, avanzó bajo la tormenta torrencial que lamía su llanto, ignorando el zumbido del tráfico aéreo. Tenía calor, la lluvia no la auxiliaba, al contrario, exacerbaba su culpabilidad. Apretó las manos en los bolsillos, los callejones estaban llenos de vida, de texturas que nunca había reconocido. Las gotas de agua se deslizaron por el cuello de la gabardina, manchándole la espalda, ateriendo los circuitos biosensitivos de su espina dorsal. Cuatro niños descendieron por la calzada, pedaleando en sus bicicletas, irradiando con la luz de los faros su rostro oriental colmado de aflicción.

 

SIETE

 

El dormitorio rezumaba frialdad. Un magnetotrén circuló debajo de la ventana. Los pasajeros eran una masa de carne indistinta, obreros quebrados por el sistema que sólo aspiraban regresar a casa, para olvidar otra inmunda jornada laboral. Una estela de humo lo acompañó al doblar el lateral del rascacielos, mientras se perdía en las entrañas del Barrio Turco, desapareciendo sin dejar rastro...

 

OCHO

 

-Te quiero -susurró-. Eres lo único que me queda.

Nessa le acarició la cara con manos frías:

-Lo sé...

Con lentitud, se tumbaron sobre el lecho de látex, conscientes de que era una despedida. Dorian descendió por su cuello, recorriendo sus senos de la base hasta el pezón, que tomó entre sus labios, mordisqueando la punta endurecida por el deseo. Luego, su mano se introdujo en su entrepierna, moviendo el dedo corazón con lentos círculos. Lamiendo el otro pecho, bordeó su forma, trazando un arabesco hasta la altura de su sexo. Apasionado, recorrió sus curvas con infinita ternura, llenándose del olor y del sabor de su piel. Los suspiros subieron de intensidad, la cyborg llegó al clímax, arqueando la espalda hacia arriba. Nessa lo envolvió con sus piernas musculosas, apretándole las nalgas con ambas manos, metiéndole la lengua en la boca. Su miembro penetró su feminidad, sus cuerpos se unieron en un sueño, encendiendo pasiones ocultas, fundiéndose uno en los brazos del otro. La danza apasionada los llevó al límite de las estrellas, mientras se entregaban todo lo que eran capaces de ofrecer, la última noche que estuvieron juntos...

 

NUEVE

 

Detrás del mostrador, un hindú hacía cuentas, examinando con ojos codiciosos la pantalla del ordenador. Una hilera de cabinas se perdía en la oscuridad, cubículos fabricados con espuma plástica de dos metros de largo por dos metros de ancho, donde los usuarios podían acceder libremente a Internet, sin barreras de hardware que les impidieran navegar por la Red.

 

DIEZ

 

Nessa se puso los guantes de retroalimentación. Ignorando el manual de instrucciones, preparó la madeja de cables de fibra óptica, reprimiendo el temblor de sus manos. Con profesionalidad, colocó el casco orgánico sobre su cabeza, y aplicó la clavija de conexión detrás de la oreja, asegurándose de que estuviera bien instalada. Insegura, cerró los ojos durante un instante, encendiendo la consola...

 

BAUDELAIRE 618.448 @ CORPORACIÓN SCHNEIDER

 

Una retícula de luz envolvió sus sentimientos, el láser de baja frecuencia llenó sus pupilas, transformando la negrura sin límites de la Red. Meridianos de topacio cruzaron el infinito: logotipos de multinacionales, caracteres orientales impresos en neón, estructuras piramidales de grandes corporaciones, y bloques de información reservada. Apretando los dientes, la cyborg avanzó dentro de Internet con movimientos perfectamente estudiados, sorteando los gráficos que se fundían en el abismo. Su imagen estaba modelada por palpitaciones de estática, era una figura trazada con barras de software, que evadía el vacío delineado ante ella, con una pericia condicionada por años de práctica implantados neuronalmente. Esperaba que la contraseña falsificada los entretuviera lo suficiente, por lo menos hasta que pudiera perforar las defensas del perímetro exterior. Al llegar a su objetivo, quedó paralizada por el terror: un astro maligno flotaba en el no-espacio, alcanzando con su onda de emisión las esferas que lo rodeaban. Alrededor del núcleo, fulgurantes cometas defensivos giraban con círculos concéntricos, protegiendo la base de información de la que pocos Ícaros habían logrado escapar:

Debo entrar —pensó con fatalidad—. Aunque sea lo último que haga...

Un Bloque Anti-intrusos apareció de improviso, despidiendo llamaradas de sodio por las fauces abiertas, bloqueando su camino. Su cuerpo estaba cubierto por escamas metálicas, la cola terminaba en una hilera de espinas de mercurio, que se agitaba en torno a las patas delanteras provistas de cuchillas de doble filo. Desde la realidad, la mujer estuvo apunto de lanzar un grito de alarma, pero pudo contenerse en el último instante.

Sólo es uno —reflexionó—. Quizá pueda librarme de él.

De sus miembros temblorosos, surgió un Programa de Defensa con forma de fénix, desplegando sus alas rojizas de cuarenta metros de envergadura. Las plumas ondeantes coloreadas de un brillante carmesí hirieron sus pupilas, mientras agitaba la cola veteada de azul en dirección al enemigo. Las dos bestias se enfrentaron con un estallido de chispas en medio de la inmaterialidad. La mujer puso todos sus esfuerzos para escapar de la lucha, cegada por el resplandor químico que circundaba su programa de asalto. Pulsó una serie de códigos eludiendo a los antagonistas. El dragón se volvió, furioso, extendiendo una garra en su dirección. Fue demasiado tarde, Nessa logró escapar de su área de interacción, rompiendo el muro de hielo que protegía el orbe. Había dejado un rastro identificable desde que se registró en la Red, debía darse prisa, o la localizarían nuevos Bloques de Defensa Anti-intrusos. El interior de la base de datos era una copia en alta fidelidad de la Schneider. No tuvo dificultad en llegar a la Sección OC, pasando los pasillos e intersecciones del rascacielos en un tiempo record. La cyborg encontró lo que buscaba. Tecleó las claves de acceso sobre una pared semitransparente, la información apareció enmarcada en un rectángulo rosa. Arrastró el campo de movimiento, chequeó el historial del alemán, volcando los datos dentro de su memoria RAM. Con lentitud, retrocedió de aquella trampa, antes de que la Corporación mandara a sus perros de presa. No tuvo tiempo, había sido localizada. Al otro lado del corredor, una docena de Agentes Ejecutores aparecieron con un siseo, dispuestos a acabar con ella.

Mierda —pensó—. La he jodido.

Abriendo una compuerta, zigzagueó entre hangares bañados por luces cenitales, sacando las automáticas de las fundas sobaqueras. El sonido de los balazos llenó su campo auditivo, rozando los bordes de su uniforme con precisión. Sin detenerse a mirar, disparó siguiendo la frecuencia de los estampidos, guiándose por sus sentidos de máquina. Con un alarido de dolor, uno de los soldados se derrumbó con la cabeza destrozada. Al terminar el corredor, reventó los controles de una puerta de seguridad de una patada, eludiendo los goznes cuando se cerró detrás de su espalda. Rodando por el suelo, Nessa abrió fuego contra otro hombre que la atacaba por la derecha. Los impactos lo hicieron caer con las manos rodeando su vientre. Al ponerse en pie, volvió a disparar tras una hilera de controles, derribando a dos agentes más. La detonación de una M-15 le arrancó un aullido, atravesando su columna vertebral, un segundo impacto le fragmentó el corazón, el tercero hizo que su cráneo estallara en mil pedazos. La mujer sintió cómo sus ojos ardían, consumiéndose dentro de los archivos de la Corporación, arrancándole la vida...

 

ONCE

 

Un bosque multicolor la rodeaba, las copas crecían hacia el cielo como brazos implorantes, anhelando una respuesta sobre los dilemas de la existencia. Cruzó senderos cubiertos de estática, inmersa en una pesadilla emitida por millones de canales de televisión descodificados, que procesaban imágenes confusas a las regiones posteriores de su cerebro. La cyborg era una figura varada entre árboles de neón, incapaz de encontrarse a sí misma, perdida dentro de los vastos e inabarcables confines de Internet...

 

DOCE

 

 

No podía respirar, sus circuitos mecánicos estaban atrapados en una red virtual, le era imposible acceder a su memoria, alguien había borrado los datos almacenados en su interior. Intentó flexionar los dedos, extender las falanges en el infinito, perturbada por las luces brillantes que la rodeaban, buscando la manera de escapar de su prisión. El vacío le arrebataba los sueños, nutriendo sus dudas, desmantelando su CPU. Poco a poco, iba perdiendo los programas que formaban su personalidad, mientras oscilaba en un océano de bordes reticulados que se extendía en la eternidad. Las subrutinas desaparecieron por completo. Sabía que no podría resistir mucho más, el olvido reclamaba sus sentimientos, absorbiendo sus fuerzas, haciéndola girar, interminablemente...

NESSA: ¿Dónde estoy? -se preguntó, confundida, sin poder ofrecerse una respuesta-. ¿Quién soy?

El dolor lacerante aguijoneaba sus párpados quemados. La lluvia ácida comenzó a caer en el alabastro donde flotaba sin forma ni sustancia alguna, perdida en un universo de luces multicolores y flujos de información. Trasladada como una sombra, en un constante oleaje de fluidos lechosos, se perdió en el infinito. Asustada, se encogió en posición fetal, tan sólo unos pocos recuerdos la mantuvieron despierta dentro de la matriz:

-No debes amarme. Estarías condenado a morir. Yo tam- bién estoy condenada... ¡Tanto o más que tú!

-¿Piensas que me importa? ¡Ya no soy capaz de sentir nada!

-Hace falta algo más que carne y hueso para ser humano, Dorian...

La cyborg sollozó por última vez. Su alma murió, escapando a borbotones de su cuerpo, todo había terminado...

 

publicado en diciembre de 2007

 
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