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Oníricas Más sobre Jesús Ademir Morales

El arte de la fuga

…era irresistible la marcha de mis dedos sobre el órgano. En el cielo rasgado, colosales seres parecidos a traslúcidas morsas acéfalas arrojaban miríadas de huevos luminosos. Por entre sus fragmentos emergían esbeltos hombres de luz, uno de los cuales ya devoraba al viejo sabio Leibniz hasta la cintura.

-¡Te lo dije! -me musitó entre risas y llanto poco antes de desaparecer en aquellas entrañas fulgurantes.

(Luego sería expelido humillantemente, en la forma de uno de aquellos huevos radiantes. Una de las bestias descendió entonces lo suficiente para absorberla con su miembro gigantesco.)

Los huevos caídos, innumerables, se abrían. Un hombre de luz se me acercaba. Pronto conocería por fin, los órdenes recónditos del ser profundo, y todo gracias a esta exploración heredada de los alcances matemáticos de la composición, llevada más allá de todo límite. Entonces mi joven esposa abandonó su aterrada inmovilidad y me arrebató la última hoja de las partituras. ¡No!

Cesé de tocar por el afán de recuperarla, pero ya ardía en el fuego de la chimenea. Ante el súbito silencio, las bestias volantes chocaron entre sí sus moles gelatinosas, para luego desplomarse lentamente hacia ningún lado. Los hombres de luz se doblaron en mudos alaridos de resplandor que inundaron el recinto entero. Caímos. Pronto todo fue devorado por las sombras.

 

Habiendo dictado esto ahora, habiendo descargado tal peso de la conciencia, acepto ofrecer al mundo las ahora inofensivas partituras incompletas, de la última obra de Johann Sebastián Bach, pero en el alma me llevo el secreto de los motivos de mi ceguera y de la enigmática desaparición de mi padre.

Y por supuesto, el doloroso secreto del inexpresable arte de la fuga.

(Fragmento del diario extraviado de C. P. E. Bach)

 

Ícaro

Nunca supo a ciencia cierta cuándo dejó de pertenecerle. Un día simplemente ella soltó las cadenas que lo sujetaban, le quitó el bozal, los arneses con púas, las tenazas minúsculas de los testículos, y lo dejó ir hacia el centro del laberinto. Durante su exilio forzoso por entre aquellos corredores iluminados tenuemente con luz púrpura, miró a las demás parejas entrelazadas en sus cotidianos ejercicios de sublime deleite. Alambres, picas, tijeras, bombas y látigos. Y sin embargó lo consoló el saber que aún sin ella, sin su contacto, en el corazón del dédalo lo esperaba quien podría sublimar su dolor hasta la curación absoluta. Pero luego de mucho andar, súbitamente los entreverados pasillos vacíos lo condujeron al extraño cielo, la luna fragmentada, y a las montañas. Y justo entonces, se extravió por completo.

 

Dulcinea

El ingenioso hidalgo emergió desnudo y sangrante de entre la umbría floresta. Sonríe: por fin había derrotado al enemigo que tanto sufrió. En algún lugar Sancho permanece soñando su propio funeral. Rocinante asoma su cabeza por la ventana, con los ojos en blanco y nos mira. Sólo.

 

Espiral

...(rojo)(eras tú) en secreto me digo lo que me sucederá ayer andaba por aquel camino sinuoso sola una vez más sola esperando en las sombras aparece quien siempre esperaba y me inunda el temor de por fin reconocer el rostro que tanto deseo aborreciendo de quien me acosa a cada instante llenándome de deseo que te alejes no verte más y es cuando en la soledad de aquella vereda extraigo el filo con fiereza que me penetra fatal limpia inmaculada siempre y sale directo al cielo en merecida ascensión pura para luego ante el vacío del resto de la obligada vereda caer de nuevo impelida por una circular pasión caer caer en un alarido…(rojo)(eras tú)

 

Muerte

Al final del túnel, luego de atravesar levitando aquel oscuro conducto de engranes colmado de suspiros, se encuentra en un ámbito cerrado pero inmenso, orlado de brillos azules y dorados, y flores cantarinas de exotismo indecible, en donde un fatigado anciano de barba nívea de piel de bambú, que se sostiene cayado en mano sentado sobre una piedra inmensa de mármol, al verle venir hacia él, ansioso y esperanzado le dice:

- Haz perdido el cielo… haz caído de él, ahora a vivir por fin, y esperar el siguiente… eternamente. Bienvenido…

Al reparar lleno de pasmo en el sentido de las ominosas palabras de Aquel, no puede dejar de reconocer en aquella carcajada desquiciada de pergamino, las facciones de su propia faz… de nuevo.

 

Sin título

...era preciso que pusiera en orden aquél lugar, el tiradero era enervante, la basura lo hacía tropezar, bultos pesados y sucios le caían por doquier, todo era mugre y polvo, que le invadían cada orificio de su cuerpo provocándole un escozor desquiciante… desesperado, se llevó las manos al rostro intentando retirarse esa cochambre infecta, tallando una y otra vez y desgañitando su garganta, en frenéticos alaridos…

A la mañana siguiente el enfermero lo encontró inerte y con el rostro desollado. Un silencioso charco de rojo intenso, mancillaba la estéril pureza de su vacía y blanca celda…

 

publicado en abril de 2008

 
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