| Paraíso
…entonces Fra Angélico
por fin dio por terminada su obra última, y fue
a su lecho en busca de gran reposo. Luego, se le apareció
un Ángel radiante que le anunció: “Por
el merito de la delicada belleza sin igual, de tus composiciones,
Aquel que todo lo puede te concede la opción
ahora, de ayudarle a crear el Paraíso mismo,
con el uso de tu arte excelso”. Fra Angélico
aceptó: y tras esto, los acontecimientos todos
de su vida volvieron a darse; cada pequeño suceso,
cada gran triunfo. Los retablos, frescos y temples maravillosos
de su inspiración fueron apareciendo y dándole
hermosura al mundo de los hombres. Hasta que ya anciano,
ya más que maestro, se decide a efectuar una
postrera creación: y la hace… entonces
Fra Angélico por fin dio por terminada su obra
última, y fue a su lecho en busca de gran reposo.
Luego, se le apareció un Ángel radiante
que le anunció: “Por el merito de la
delicada belleza sin igual, de tus composiciones, Aquel
que todo lo puede te concede la opción ahora,
de ayudarle a crear el Paraíso mismo, con el
uso de tu arte excelso”. Fra Angélico
aceptó… y la hace…
Edén
Hamlet, príncipe de Dinamarca,
se encuentra ante la disyuntiva de ser o no ser. Pero
pocos saben que tal vez elegiría esto último:
entonces Yorick el patético bufón, deja
de soñar contemplando su risible rostro malforme.
En las aguas calmas del arroyo, suspira, recoge su soga,
y regresa al Castillo de Elsinore.
Cuando se ha ido ya, la pequeña
Ofelia emerge de entre las flores, ocupa su lugar ante
el espejo cristalino, y canta...
Alguien arroja un cráneo a
ningún lado.
Infierno
En los últimos momentos del
mundo, cuando en la Tierra sólo quedan doce dentro
de la mansión en ruinas; mientras, afuera, el
cielo se cae a pedazos literalmente, entre fulgores
alucinantes y torbellinos de fuego, que absorben todo
hacía la nada, Hércules Poirot, el famoso
detective, se encuentra a punto de resolver su caso
final. Se levanta ante su muda concurrencia y les dice:
-He descubierto al culpable: aunque
todos ustedes hayan tenido una coartada perfecta, y
estén escudados en una evidencia incuestionable,
bien sé quién es el único responsable
del crimen y la muerte que se ha suscitado. Fue difícil,
pero al final la sagacidad del detective se impone a
la conciencia de todo criminal, aún involuntario.
El horror debe ser detenido ahora,
de tal manera que… ¡tú eres el asesino!
Y entonces Poirot, hace accionar el
gatillo del arma que tenía en la mano.
La extraña mueca inmutable
de los once sentados a la mesa, transforma el silencio
que sigue en una auténtica y pesada mortaja.
Afuera suena una trompeta.
publicado en febrero de
2008
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