Iber... ¿qué? (La paja en el ojo ajeno y Vigo en el propio) PDF Imprimir
Escrito por Joan Antoni Fernández   
Jueves, 17 de Noviembre de 2005 00:00

 

[6 pags. aprox]

 

Una vez más ha sucedido lo inevitable. Como era de prever la HispaCon de Vigo, también llamada IberCon, ha concluido con diversidad de opiniones. Unos dicen que ha sido mala y otros que peor. Incluso hay quien declara sin empacho que se trataba de un timo y casi le ponen precio a la cabeza del pobre Nacho Agulló. Realmente, ¿hay para tanto? Difícil cuestión.

Vaya por delante que esta presunta IberCon no ha sido lo que se dice un alarde de medios, ni de organización, ni de actos, ni de publicidad, ni de nada. El programa brillaba por su ausencia, el baile de horarios y de actividades era constante, la adecuación de las paradas de libros resultó funesta, ni siquiera la improvisación parecía funcionar. El escaso público asistente navegaba entre el desconcierto sin llegar a entender a través de la estática unas sinuosas traducciones. Porque sin duda había muy buenos traductores, el problema era que ellos traducían del portugués al suahili. ¿Qué culpa tenían los pobres si los asistentes a los actos bilingües desconocían semejante idioma? Haber preguntado antes.

Yo llegué el sábado por la tarde a consecuencia a un retraso de más de dos horas en el avión (éramos pocos y parió la abuela), así que de lo acaecido durante el viernes y el sábado por la mañana no puedo dar fe de nada, sólo de oídas.

Lo único cierto es que La Gran Esperanza Blanca también conocida como Laura Gallego deslumbró con su incondicional público juvenil en la primera tarde. ¡Un hurra por ella! Eso sí, un fallo garrafal de la organización fue intentar cobrarles seis euros a los jóvenes por asistir a un (cito del programa) encuentro con la autora. ¡Manda huevos!, que diría aquél. ¿Cómo vamos a potenciar la ci-fi entre la juventud con semejantes atracos? ¡Si luego la chica estaba firmando gratis en la Casa del Libro! Después de semejante desaguisado la Invitada de Honor desapareció del mapa y ya no se le vio el pelo durante el resto de HispaCon. Lógico.

Pero vayamos a mi crónica personal. El sábado llegamos a Vigo y descubrimos que a pesar de la hora debe de ser muy temprano, pues todavía están poniendo las calles. Comemos con Miquel Barceló, Toni Segarra y señoras a la espera de que abran la IberCon. Salimos del hotel y llegamos al fastuoso edificio del Centro Cultural Caixanova jugando a la oca: de obra en obra y salto porque me toca.

Una vez dentro recogemos nuestras credenciales y una bolsa de bienvenida que debe de ser para el mareo, porque prácticamente está vacía de todo regalo. Eso sí, nuestros anfitriones son muy atentos y encantadores, me descubro ante ellos. Lo que nadie puede reprocharles es su amabilidad y dedicación para con los invitados.

La tarde empieza con una especie de vacío sideral en el edificio. ¿Qué hacen, dónde, cuándo? Visto lo visto visitamos las paradas de libros, ocultas cual fumadero de opio en una trastienda, despertando de paso a los pobres y aletargados vendedores. Compruebo que la HispaCon no es un desastre total porque el amigo Luís Prado se lanza a mi cuello intentando venderme lo-que-sea. Respiro satisfecho. Si Luís está al pie del cañón, incólume en sus intentos de colocar el producto al primero que pasa, es que la HispaCon sí funciona. Sólo me asustaré el día que no quiera venderme nada.

¡Hombre! ¿Quién está al fondo a la izquierda, cual vulgar lavabo? Son los chicos de Parnaso, Víctor y Graciela, junto a Raúl, «mi querido editor» de AJEC. Todos ellos comparten parada y aburrimiento. Desastre total, el libro mío que debíamos presentar al día siguiente no ha salido aún de imprenta. O sea que no habrá presentación.

Ahogo mis penas metiéndome en la sala donde se celebra la Aznarcon, el ambiente que allí se respira me fortalece. Las películas de Alfonso Seijas y las teorías sobre el universo de la Saga son muy interesantes y francamente divertidas. Me lo paso pipa. Con eso y un bizcocho nos preparamos para la Cena de Gala.

La cena es en la parte alta de la marisquería Bahía de Vigo, detrás del hotel. El menú marinero está bastante bien, la verdad. Nos sentamos con los amigos de la TerBi e intentamos sonsacar a Ricardo quién se llevará los piedros, pero no suelta prenda. Sue Burke me explica que en Estados Unidos hay mucha más competencia y me da cifras mareantes, tanto de asistentes a convenciones como de escritores que optan a premios. ¿Ha dicho veinte mil? ¡Ostras Pedrín!

Los piedros son repartidos entre aplausos. Más tarde llegarán las broncas y los recelos, pero por ahora todo son sonrisas satisfechas. Todos los ganadores me parecen muy bien, de veras. Y los finalistas son igualmente dignos, como alguno que no ha llegado a la final por cualquier motivo técnico. No sé si es por efecto de la queimada, pero propongo que les den un piedro a cada uno y tan amigos. Total…

Al día siguiente hay Asamblea de la Asociación. Demasiado para el body, así que nos abrimos y nos vamos a conocer Vigo. La nota chusca es que han cambiado el horario, atrasando una hora, así que creemos hacer tarde a la presentación de Espiral cuando nos sobraba tiempo. Comemos de fábula y regresamos por la tarde a tiempo de asistir a la conferencia de mi idolatrado Alfonso Merelo. Como era de esperar me lo paso bomba, este hombre es un genio. Realmente su disertación sobre la música de series fantásticas en la televisión, hábilmente acompañada por unos efectos multimedia muy resultones, ha sido lo mejor que he visto hasta el momento.

La noche nos llama. Corramos un tupido velo sobre la juerga a horas intempestivas (que no para de llover, puñeta). Una duda me corroe: ¿habrán vendido algún libro en las paradas? Pues como no sea entre ellos… que allí sólo entran los inscritos.

El lunes un chico de la organización, Jaime Velasco, explica exultante a cuatro gatos las diferencias existentes entre un Alien y un Predator. Pues vale, pues muy bien. El próximo que vea lo miraré mejor. ¡Y luego nos quejamos por tener el sambenito de «raritos»! Vamos, es como una disertación de entomología pero en plan serio, jejeje.

Luego Nacho Agulló nos explica cómo ver el futuro. Algo paradójico porque si el conferenciante hubiera visto el suyo seguro que no se metía en este fregado de organización. Pero bueno, aparte de eso su disertación está bien, tiene detalles muy buenos y en las preguntas tanto el portugués Joao Barroso como el irlandés representante de la EuroCon (cuyo nombre no recuerdo) elevan el tono. Rafa Rius hace una pregunta y no se le contesta. Yo hago una pregunta y se me riñe. ¡Qué divertido!

Después de comer hablo con unos y con otros. Meto las narices en la Aznarcon, que sigue viento en popa a toda vela. ¡Es el único programa que funciona a la perfección! Y encima es donde hay más gente.

¡Ey, es Noche de Halloween! A las once de la noche nos vamos para la cafetería Dragon’s Spirit donde se ha concertado una fiesta de disfraces, con premios y todo. El amigo Rafa Rius gana de calle con su impresionante «Viejo Torturador.» ¡Si da miedo verle! Yo soy el único que reconoce el disfraz de Sue Burke: va de Doctor Who. ¿Significa eso que soy un carrozón? ¡Ay, ay, ay! La cosa se alarga y los más lanzados se van a las dos de la mañana a la discoteca. Nosotros nos retiramos de forma prudente, que mañana toca madrugar.

Último día: pasamos de todo. No nos interesa la clausura y sólo nos despedimos de la gente que podemos encontrar. Se acabó lo que se daba y ahora toca hacer un poco de turismo por Vigo. Fin de la Fantástica IberCon. Bueno, no nos quejemos que menos da una piedra. Eso sí, ha llegado el momento de hacer balance.

Tras todo lo expuesto, ¿quiere decir que la IberCon fue un rotundo fracaso? Pues según se mire. Uno que ya lleva años asistiendo a Hispacones de todo tipo y pelaje debe confesar que no ha notado excesivas diferencias entre ésta y otras convenciones, tal vez una falta de reflejos para improvisar. Quizás el problema es que en la presente ocasión se había puesto el listón muy alto, así que alguien más inocente podía tener falsas expectativas sobre su éxito. No un servidor, desde luego. España, las Hispacones y yo somos así, señora, como apunta el refrán.

Digámoslo sin ambages: la HispaCon de Vigo no ha sido peor que otras anteriores. ¿O nadie recuerda Burjassot y la controversia con su carísimo monolito, o Santiago donde para encontrar la sede había que jugar al escondite por media ciudad y éramos cuatro y el cabo, o Gijón fagocitado en una minúscula sede por la Semana Negra y donde no había ni un metro de parada a compartir entre todos los expositores? ¿Fueron ésas malas Hispacones? ¡Noooo! Yo me lo pasé pipa en todas. Y esta vez no ha sido la excepción, ha resultado una experiencia cara (¡ahí nos duele a todos!) pero divertida.

¿Cuál es el problema entonces? Muy sencillo: que nadie sabe para qué puñetas sirve una Hispacon. Es evidente que para vender libros no, ni para acercar la Ciencia Ficción al gran público, desde luego. Si se trata de una convención de amigos y amiguetes, quienes se reúnen para saludarse, comer y hablar de sus cosas, repartirse libros, cromos y regalos, amén de algún piedro, entonces todo Está De Maravilla, oyes. Luego vendrán las discusiones sobre quién tenía derecho a piedro, que si éste sí y el otro no, que si uno es más bonito y el otro más feo, y así estaremos donde siempre. Para eso sirven las Hispacones, fíjate, para crear ambiente y para que una lista más bien muerta cobre repentina vida discutiendo la jugada. Y es que en el fondo el modelo no da para más.

Un ejemplo evidente: a día de hoy el esqueleto que sustenta las Hispacones, mal que le pese a alguien, son las Aznarcones. En su día fueron los trekkies y los tolkinianos, gente que dotaba a las convenciones de colorido y… público. Resulta curioso y hasta patético que tanto unos como otros tengan más vida y se hayan escindido para celebrar sus propios congresos, donde suele acudir mucha más gente. Si en Vigo la Aznarcon hubiera cerrado sus puertas la cosa habría sido terrible. Vamos, entonces sí que nos habríamos saturado de cerveza en el bar Cosmos sin tener alternativa alguna.

El problema de la IberCon ha sido ése: su propio nombre. Vamos, que si había más portugueses en los lavabos de El Corte Inglés no sé a qué llamar a la convención de forma tan rimbombante. Ignoro qué pasaría en Portugal, pero nadie a excepción de Joao Barroso y algún despistado más se atrevió a aterrizar por allí. Así que de IberCon nastis de plastis, una Hispacon más y sanseacabó.

Ahora que la Asociación cambia de Junta tal vez sería el momento de replantearse el modelo a seguir y los resultados que se esperan obtener con estos encuentros anuales. Que nadie se rasgue las vestiduras por lo acontecido en Vigo, los organizadores hicieron lo que pudieron con los medios que tenían y sería injusto ensañarse con ellos. Hasta la fecha sólo se han montado convenciones donde se reúnen los coleguis de turno. Vamos, que sólo acostumbran a ir los conocidos de siempre y algún despistado que se deja caer por error o curiosidad. Eso no sirve, repito No Sirve para expandir la Ciencia Ficción. Según los medios que se dispongan será más o menos atractivo, pero sigue siendo una reunión de amigos.

Si lo que se pretende es atraer al público en general, tal vez sería interesante montar una especie de Feria de muestras en lugar de una convención. Incluso sería mejor un lugar fijo que uno itinerante, a merced de los imponderables de turno, donde todos los socios participaran de una forma u otra. Con paradas de libros, pases de películas, actividades lúdicas y atractivas, concursos para noveles, y todo ello a precios populares. Que al precio de veinte euros no se llenan estadios a no ser que jueguen el Barça y el Real Madrid.

¿Qué esto es muy difícil? Desde luego, pero entonces no critiquemos el esfuerzo de unos pocos mientras nosotros no hemos hecho nada en todo el año.

Y es que yo me lo he pasado bien en Vigo. Tal vez porque no le pedía peras al olmo.

Ójala se repita.

 

 

 

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